¡Holiiiis! xD
Finalmente estoy de regreso con ésta historia y creo que no tardé demasiado como las veces anteriores, ¿verdad? Asddjkadlskaslas.
¡Me emociona mucho estar llegando al capítulo treinta! Hace casi dos años, si mal no recuerdo, empecé a publicar ésta historia ;A; Y de verdad que me hace muy feliz ver que a muchos de ustedes les ha gustado mi trabajo, asdljkasl. Aún le queda historia a Haunted Moon, tranquilos, que cuando entré a la recta final, yo les avisaré por completo uwu.
Mientras tanto, disfruten el capítulo, un Kagami celoso les espera(?) :v
El amanecer estaba culminando justo en el momento en que Kagami y Aomine llegaron al bosque, ahí, justo en el claro donde se suscitó aquel juego de basquetbol con la manada de Hyuuga hace más de una semana. Seguramente no habían venido a jugar nuevamente como aquel viernes, porque por la brisa del bosque no se sentía el olor de aquellos licántropos, asimismo todo estaba muy tranquilo; lo único que se oía era el cantar de los pájaros en las copas de los árboles que adoraban el amanecer irradiante de frescura.
Sin embargo, el ambiente no hacía muy buen contraste con el que rodeaba a los dos muchachos; se sentía tenso y estaban muy callados, porque en todo el camino se mantuvieron en silencio y no es como si les hubiese llevado más de cinco minutos, pero usualmente, ellos hablarían, cosa que no fue así y eso tenía a Daiki algo nervioso e incómodo. Quizá era alguien que podía controlar sus emociones en las expresiones, mas con el pelirrojo le era todo mucho más difícil.
Y Taiga, bueno, no ayudaba mucho cuando se reclinó contra un árbol—gigante, era el triple de su ancho y muchísimo más alto— y se cruzó de brazos, fijando sus ojos rubíes en los zafiros. Era obvio que estaba muy enojado y no sería él quién rompiera el silencio, su expresión lo dejó en claro.
Hasta ese momento, Aomine lo observó detalladamente, de un modo en que no pudo hacerlo mientras estaban peleando por sus vidas en La Noche el día de ayer, y se dio cuenta de que el cuerpo de Kagami se veía tan liso, como de porcelana, como sí al tocar cada perfecto músculo que resaltaba la figura del chico como un Dios griego, fuese completamente suave al tacto; incluso ese tono bronceado de siempre en el pelirrojo ahora parecía acaramelado.
Para cualquier humano que viera a Taiga, no sería capaz de notar el cambio en su cuerpo luego de su despertar, pero Daiki sí podía notarlo y no solo en el nuevo contraste de la piel ajena, si no en las facciones del rostro que ahora parecían talladas dándole un aspecto salvaje, como digno de un tigre; con ese intenso brillo felino que refulgía como las gemas en los ojos del pelirrojo.
Y sus gestos, aunque fueran sin cuidado ni delicadeza alguna, sino más bien con rudeza, se percibían elegantes, además de que tal parecía que ahora mismo Kagami podía quedarse tan quieto como un vampiro, así como también tenía la belleza de ellos. Pero no solo era eso, su olor era tan cálido; como oler una taza de chocolate caliente en un atardecer lluvioso, es decir, era reconfortante y dulce.
Igual al de la muchacha que conoció hace muchas décadas atrás y que era el pelirrojo, solo que en diferente sexo, como se lo explicó Alex en algún momento.
Ahora mismo, Kagami tenía la elegancia y belleza de un vampiro, pero el olor más inclinado a un licántropo. Sin embargo, tenía la destreza e inteligencia de ambas especies.
No obstante, entre más pasaba el tiempo, era obvio que Kagami no iba a ser el que rompiera el silencio, seguía manteniéndose con la misma actitud desde que llegó. Y eso para Aomine fue completamente claro, una vez dejó de observarlo de esa manera tan encantada, porque estaba deslumbrado, eso no lo iba a negar y el brillo de sus ojos lo dejaba al descubierto, bueno o no, para su orgullo. Pero era inevitable, porque Taiga jamás se había visto así de glorioso y hermoso, joder que sentía que podría pasarse toda su vida admirándolo, sin necesidad de hacer nada, porque se sentía hipnotizado de alguna manera. Observarlo era una experiencia maravillosa y surreal.
Aomine suspiró y dio un paso hacía enfrente, frunciendo solo un poco el ceño y enfocó sus orbes azules en las rojas ajenas.
— ¿Vas a seguir así? Porque si no tienes nada que decir, mejor regreso —entonces, fue Kagami quién se adelantó a hablar, justo cuando el peliazul abrió la boca, sin lograr emitir sonido alguno.
—Es que con ese aspecto, no me lo pones fácil —expresó Aomine, directo, sin quitarle la mirada de encima al chico—. Me encantas.
El pelirrojo hizo una expresión incómoda e irritada, como si estuviese debatiéndose si sentirse halagado y feliz por ese comentario e ignorar la furia que sentía. No iba a bajar la guardia tan fácil y rápido.
—Hace unas horas, no pensabas lo mismo.
—Pero no es por el motivo que crees…
— ¡¿Entonces por qué?! —si bien Kagami no alzó la voz, su tonó sonó firme y serio.
Sentía un peso en el pecho, era doloroso, demasiado, recordar la jodida imagen de Daiki besándose con Ryota, le llenaba de celos e impotencia. No porque fuese una persona insegura y no creyera en el amor que el lycan le profesaba. Sino porque esto era completamente diferente, ya que no se trataba solo de que Aomine hubiese besado a un desconocido y así, porque Kise no era un desconocido, en lo más mínimo; pues no se necesitaba ser muy listo para darse cuenta que era esa persona de la que el moreno le habló hace varios días atrás—ese alguien que lo traicionó y que fue su primer amor, con quién tuvo toda una historia—. Y como sería normal en cualquier persona, aquello hizo aparecer un sentimiento de temor en el corazón de Taiga. Sentía que podía perder el control y explotar con la misma manera en que se lanza una antorcha a un galón de gasolina.
Empero también sabía que no podía, ni debía, porque de alguna forma a él le había pasado lo mismo anteriormente con Himuro, solo que ahora como conocía la verdad tras su vínculo, para nada era lo mismo, aunque esto no se trataba de comparar.
—Kagami, mi elección sigues siendo tú —dijo al fin Aomine, con firmeza, buscando con sus orbes azules los rojos impropios.
—Eso no explica porque te encontré besando a Kise —replicó Kagami a la defensiva. No podía contener ese fuego en su interior que gritaba y afirmaba que el peliazul era suyo nada más, aunque su reacción también dependía mucho de las palabras que el lycan usara al hablar de éste tema.
—Yo no tenía pensado hacerlo, simplemente fue algo que salió de mi control —contestó Aomine, tratando de no alterarse, porque la terquedad del pelirrojo podía impacientar a cualquiera—. Probablemente no tenga una explicación, pero al menos, créeme cuando te digo que no fue algo adrede, Kagami.
Taiga frunció ligeramente los labios.
—Solo quiero que seas sincero conmigo, Aomine.
— ¡Es que lo estoy siendo! —Aomine resopló, pero sin alterarse. Joder que decir esto era complicado, las palabras que pensó decir al principio se oían diferentes en su mente que a como las intentaba decir ahora.
—No fue nada agradable encontrarte así, mierda, y tú ni siquiera dices nada ahora, ¡¿entonces cómo se supone que debo interpretar todo esto?! —inquirió Kagami, llevándose su mano atrás para aplastar el tronco del árbol donde se recargaba y soltar de esa manera algo de sus sentimientos de enojo y frustración.
—Eso lo sé, ¡así me sentí yo cuando percibí el olor de ese chupasangre emanar de tus labios aquella vez! —expresó Aomine de sopetón. Su intención no era reclamar, ni nada de eso, porque también lo comprendía. Pero bueno, su amor hacía que inevitablemente se pusiera celoso— Y tú ni siquiera me lo contaste, yo tuve que deducirlo.
—Tch, ¡porque no tuve la oportunidad! —exclamó Kagami, empezando a enojarse más, porque el tema estaba cambiando— ¡Además, eso no significa que mi amor por ti haya cambiado!, ¡no fue lo mismo que besarte a ti, idiota!
— ¡Pues eso es lo que yo trato de explicarte, maldita sea! —el poder de la mirada de Aomine se desató contra los ojos del pelirrojo tras decir aquello, haciendo que el susodicho se quedara quieto y mirándolo casi estupefacto— Joder… Te amo, Kagami, y puedo decirte con seguridad que mi alma es tuya, no solo mi corazón. Por eso es que besar a Kise… ese beso que viste no significa lo mismo.
Entonces, Taiga tuvo una sensación entre agradable y deseos de golpear a Daiki, ¿cómo podía estar diciendo esas cosas estando en otro tema completamente diferente? Aunque si lo pensaba mejor, éste era un momento justo para decirlo.
—… —quizá no era un momento adecuado para Kagami, pero este sintió que como se ruborizaba ligeramente— De todos modos, estás queriendo decir que sí significó algo…
Daiki sintió cierta impaciencia, pero se fue a la mierda y la ternura llegó a su sistema ante esa rápida expresión que el pelirrojo le dio y pudo ser capaz de mirar gracias a sus ágiles ojos. Carajo, porque después de todo este pequeño dilema era en parte por los celos, que era imposible que uno u el otro no llegara a sentir.
—Kise fue mi primer amor —habló Aomine con tono neutral y serio, se acercó un poco más al pelirrojo y con su velocidad de lycan lo sujetó contra el grueso tronco del árbol; logró hacerlo, porque el otro chico reaccionó un segundo tarde.
— ¡¿Qué mierda…?! —Kagami se removió, sorprendido por el nuevo actuar ajeno— ¡Suéltame, imbécil!
—Kagami Taiga —la voz de Aomine sonó persuasiva y malditamente seductora a los oídos ajenos—, tú eres la única persona que amo ahora, mis sentimientos del pasado ya no importan, porque en ese lugar han quedado y están superados —al momento de pronunciar todas esas palabras, acercó bastante su rostro al contrario para que sus narices se rozaran y su aliento fuese atrapado por los pulmones del pelirrojo.
—Eres un maldito hijo de puta… —escupió Kagami, todavía resistiéndose, porque tenía orgullo, pero igual su corazón saltaba por la posición y tono del otro, le acariciaban el cuerpo de forma poética. Hasta podría sentirse irritado por todo el poder sentimental que el vínculo entre ambos originaba— Eso no explica por qué…
—Kise fue quién me besó, él lo inició.
—Y tú correspondiste.
—No lo hice porque realmente quisiera besarlo —las manos de Aomine sujetaron las del pelirrojo con fuerza y las apretó contra el mismo tronco del árbol a la vez que entrelazó los falanges de ambos. Pero lo cierto es que le estaba costando, ya que el chico ya no tenía la fuerza de un simple humano y estaba resistiéndose aún—, ¿es que no puedes entenderlo?
— ¡Por supuesto que no puedo! —Kagami frunció el ceño y miró al otro con sus pupilas encendidas como el más puro fuego celestial— ¡No puedo porque el chico que amo fue besado por otro! —su voz iba alzándose poco a poco, algo que el lycan no había previsto— ¡Y porque siento que ardo de solo recordarlo!, ¡¿cómo esperas que lo entienda así?!
— ¡…! —Aomine se quedó admirado y fueron infinitas emociones las que le recorrieron el pecho y su corazón retumbó con más rapidez, mirando con ojos muy abiertos al contrario por esa declaración que no se esperó— Kagami…
El mencionado muchacho desvió ligeramente la mirada y habló bruscamente:
—Es obvio que no te juzgo, idiota, incluso puedo decir que no eres el único… pero yo no puedo verlo de forma tan racional, joder —se mordió los labios y su ceño se frunció un poco más—, porque no soporto… ¡No soporto la estúpida imagen de verte con alguien más!
Pasaron alrededor de solo tres segundos para que la boca de Aomine atrapara la de Taiga en un apasionante beso, luego de habérsele quedando mirando como idiota. Si fueran humanos, semejante ósculo los dejaría sin oxígeno en menos de lo que se imaginarían. Pero para su suerte, no lo eran, así que en ésta ocasión, el beso fue completamente diferente; Kagami creía que podría morirse por la intensidad del mismo nexo y sintió que en todas aquellas veces pasadas, no había sentido realmente lo que era estar labios contra labios con el peliazul. Esto porque ahora mismo tenía nuevos sentidos despiertos y en lo más mínimo seguía siendo humano, su percepción fue completamente inigualable; podía sentir como la piel de Aomine se erizaba y subía de temperatura con tanta claridad al estarse besando y a la vez los latidos del corazón de éste aumentaban a un ritmo tan desenfrenado como el suyo. Y si Taiga lo sentía, era obvio que el moreno también, de la misma manera que antes.
Con todas esas reacciones que percibía del otro, ya no pudo seguir manteniendo la poca resistencia de perdonar tan rápido a Daiki, pues su orgullo perdió ante su corazón y le seguía siendo imposible mantenerse enojado con él. Parecía estúpido, mas no podía.
Entonces, Kagami hizo uso de su fuerza—esa que despertó y era por mucho más superior a la de un humano, probablemente al mismo nivel de un licántropo o incluso más— para soltarse del agarre al que el peliazul lo tenía sometido, tomando a éste mismo por sorpresa; lo sujetó unos momentos del cuello para seguir besándolo y meter su lengua de lleno y apasionadamente a la boca ajena, causando que éste soltara un gruñido, complacido. Y Aomine hizo ademan de volver a sujetarle las manos para tener el control nuevamente, pero por ello, dejándose atrapar por la sensualidad del pelirrojo, se olvidó por un momento del hecho que el chico ya no seguía siendo humano.
Por lo tanto, ésta vez, Taiga, actuó mucho antes y puso sus manos en el pecho ajeno y lo empujó contra el suelo lleno de pasto y se posicionó justo encima de él, sentándose sobre la pelvis impropia, y ahora fue el moreno quien quedó bajo el control del pelirrojo, cuando éste último le sujetó de las muñecas, apresándolas contra el pasto húmedo, estando cada una de las manos a cada lado de la cabeza del lycan.
Se quedaron observando, con sus respiraciones agitadas, sintiendo como poco a poco la excitación los comenzaba a bañar como el calor que provoca el humo de un incendio: lento, denso y sofocante.
Aomine intentó moverse, pero Kagami le sonrió con coquetería, impidiéndoselo.
—Las cosas no serán tan fáciles ni tan dóciles como antes, Daiki —canturreó Taiga con orgullo, utilizando un tono por demás sexy al pronunciar el nombre del moreno.
—Eso lo que me está enloqueciendo, Taiga —respondió Aomine, calentándose todavía más por el tono en que el otro le habló, relamiéndose los labios y sonriéndolo con un desafío erótico.
Era estremecedor para ambos el llamarse por sus nombres de pila, pero algo jodidamente maravilloso además, porque sus ojos expresaban tanto cuando lo decían mientras se miraban.
Así que Taiga le gruñó seductoramente y ahora, con frenesí retornó a besarle, mordiéndole los labios sin cuidado alguno, a la vez que empezó a mover sus caderas sobre el miembro ajeno, con lentitud, con obvias ganas provocadoras para torturarlo. Un escalofrío le recorrió el cuerpo de Aomine con más fuerza que antes por las acciones impropias, y ésta vez sin necesidad de usar sus manos, más que simplemente sus caderas, movió éstas con fuerza para embestir superficialmente al pelirrojo, con tal magnitud que el otro chico se elevó unos segundos, como si estuviese montando a caballo. Y ante el sentón que eso causó, gimió ahogadamente.
Más que besarse parecía como si se estuvieran comiendo, devorando como animales salvajes; sus salivas estaban mezclándose y causando una balada que iba acorde con los movimientos pélvicos de Kagami; que continuaba moviéndose encima del miembro ajeno que ahora ya estaba erecto. Y como no, pues Aomine estaba enloqueciendo con el aroma del cuerpo impropio, uno completamente diferente a cuando era humano, pero cautivador, como si fuera el perfume de un animal en celo.
La boca de Taiga se deslizó y gruñó tras una nalgada que el otro le pegó con fuerza, que lejos de dolerle, le excitó. Posteriormente, respiró contra la oreja de Daiki y estiró hacía arriba los brazos de éste —que aún tenía sujetos de las muñecas— y le mordió el cuello, sintiendo el impacto del aroma de la sangre de éste, ocasionando que le chupara la piel sin perforar; en consecuencia, los ojos del moreno estaban volviéndose ligeramente de un iris ámbar y los del pelirrojo, pasaron del rojo quemado al carmesí.
—Aah, Taiga… Deberías chupar otra cosa —demandó Aomine con una sonrisa perversa, todavía moviendo su pelvis contra el trasero ajeno.
—Ngh… Grr… —fue el único sonido que la boca de Kagami emitió y sin dejar de ejercer fuerza en sus manos, para seguir manteniendo inmóviles los brazos ajenos, empezó a acariciar la longitud de estos, hasta llegar a los hombros donde rasguñó la ropa.
—El gatito quiere jugar… —siseó Aomine con un deseo sexual tan palpable como la tierra, tras notar como las uñas del ojirojo empezaron a crecer y sus orbes brillaron; empezaba a notar también el cambio físico en él, similar a aquella vez en qué se mostró completamente como el híbrido que era.
Pero Kagami no le respondió. Al contrario, se encargó de devorar visualmente el pecho y torso del moreno una vez que con sus uñas terminó de sacarle la ropa de la parte superior; por el momento, Aomine se dejó hacer y le miró el rostro, para luego observar como seguía frotándose y joder, estaba desesperándose de alguna manera, porque quería probarlo, quería comerlo en todos los sentidos de la palabra ahora mismo.
Y de todas las maneras mundanas y no mundanas.
Ahora que toda la verdad era completamente conocida por Satsuki, la desconfianza que sintió anteriormente, ya no estaba. Pero eso no impidió que se moviera con mucho cuidado desde donde estaba, para acercarse completamente hasta el diamante, donde el otro cuerpo de Akashi dormía como si fuera una estatua perfecta y tocó el cristal que lo tenía encerrado con lentitud, estremeciéndose en el proceso. ¿En verdad el padre del pelirrojo había sido alguien así de ruin? ¿Era capaz que un ser fuese así de cruel y egoísta, tanto como para dañar incluso el origen de su propio mundo? Bien era sabido que los más obsesivos en el amor eran los vampiros, no obstante, había veces que existían excepciones, pero ese era otro tema.
Sintió una terrible compasión de mirar en ese estado aquel cuerpo del gran emperador de La Noche, ¿quién iba a imaginar que escondiera un secreto cómo éste? Seguramente el mundo entero se levantaría en su contra si lo supiera; ahora mismo entendía porque la preocupación y necesidad de Kuroko para saber qué es lo que La Montaña Carmesí escondía.
—Akashi-kun —murmuró Momoi con la voz suave, ligera, todavía mirando el cuerpo dormido dentro del cristal y aunque ya sabía la historia completa, sentía que le faltaba más por conocer.
—Para no desaparecer ante la falta de energía y alimento, ellas me han permitido salir así —dijo aquella sombra del otro Akashi, alzando la mirada hacía las lunas en el cielo—. Pero no podía pasarme todo el resto de estos siglos aprovechándome de la poca luz que me daban…
— ¿Por eso matabas a quiénes venían aquí? —inquirió Momoi, interrumpiéndolo y tratando de no tener el tono de reclamo en su boca, aún sin verle.
El silencio reinó durante medio segundo, en los que la sombra de Akashi se situó al lado del diamante para mirar mejor, con sus ojos opacos, el rostro de la pelirrosada.
—No ha todos —respondió con la voz aterciopelada, como si fuera cualquier vampiro ahora, pero con una cortesía que el otro no poseía.
Satsuki se estremeció ligeramente. ¿Qué se supone significaba eso? ¿Acaso cabía alguna posibilidad de que sus padres no hubiesen muerto por la causa de éste Akashi? Tal vez así, una parte de su persona no se sintiera culpable por ayudar al responsable de su asesinato. Y parecía que el pelirrojo era capaz de leer lo que la chica lobo estaba pensando, porque volvió a decir:
—Mi otro yo se aseguró de qué nadie supiera esto —se señaló con su traslucidas manos—. Aunque tampoco puedo echarle toda la culpa él, después de todo —Akashi cerró los ojos unos momentos.
— ¿Qué es lo qué quieres decir entonces? —insistió Momoi.
La verdad es que se sentía un poco rara al estar hablando con éste Akashi, porque no es como si fueran gemelos y destilaran alguna aura diferente para poder saber cuál es cuál; ellos eran iguales, así que lo único que podía dejar a la vista sus diferencias, era que la estatura de éste era más baja y sus ojos eran amables, al contrario del otro. Y teniendo en cuenta la historia de su pasado, era fruto de la misma persona, de la misma alma, era un ser a la mitad.
—Cuando las personas que venían, eran en parejas, yo hacía lo que estoy haciendo contigo, Momoi —explicó Akashi con tranquilidad—. Pero solo tenía en cuenta a aquellos que tenían alguna fragancia de Kuroko, que me indicara que lo conocían; justo como tus padres —finalizó.
Los ojos rosados de la muchacha lobo se abrieron de golpe al oír eso. Sin embargo, ¿eso significaba que el autor de las muertes de sus progenitores fue el otro yo de éste pelirrojo porque se enteraron de la verdad?
— ¡…! —Momoi hizo una expresión consternada al oír aquella. ¡Todavía no le entraba en la cabeza que tantas desgraciadas había sido capaz de crear no solo el padre del pelirrojo, sino éste mismo!
Era obvio que por estas razones Kuroko no hubiese descansado nunca en su deseo de querer conocer la verdad, porque sabía bien su mundo peligraba con todas las cosas que habían estado pasando y con un emperador tan egoísta como lo era el Akashi que gobernaba ahora.
Momoi se sujetó la cabeza unos momentos con sus facciones tristes y cerró los ojos —gesto que antes no hubiese hecho gracias a la ignorancia y falta de confianza—; esto era muy grande, ¿cómo se supone que combatirían todo ahora?
—Yo… Yo necesito ir por Tetsu-kun, para que sepa realmente lo qué está pasando aquí…
Y pensar que Dai-chan fue desterrado por alguien que ha cometido casos peores, pensó Satsuki con un sentimiento increíble de rencor en su pecho. Tal vez por su aspecto dulce que le daba no solo su personalidad y el color de su cabello, era difícil de creer que alguien como ella sintiera ese tipo de emociones negativas. Así que por esa razón, ahora no quería perder tiempo y necesitaba hacer conocer ésta verdad no solo al peliceleste, sino a toda su manada.
—Lamentablemente, Momoi, no puedo dejarte ir así como así —interrumpió Akashi y en ese momento, un tipo de energía desconocida envolvió los pies de la chica, dejándola inmóvil.
— ¿Eh…? —inesperadamente, un sentimiento de nerviosismo y temor recorrió el cuerpo de Momoi. ¿Se confió demasiado? ¿Esto había sido demasiado bueno para ser verdad?
—Tranquila, Momoi, no pretendo dañarte —se apresuró a decir Akashi con la voz persuasiva y tranquila, acercándose rápidamente hacía el cuerpo de la joven al darse cuenta de lo que su acción ocasionó—. Ahora mismo, no te das cuenta, pero parte de tu energía me está sirviendo para mostrarte lo que has visto ahora y permitirme estar como estoy; si te vas, regresaré a la misma forma en la que me viste, dada la falta de energía viva.
—Pero Tetsu-kun necesita saber esto…, volveremos —Momoi lo dijo con firmeza y se estremeció ante la sensación de inmovilidad de ahora.
—Aun así, éste lugar absorberá tu energía cuando sienta que te vas —aclaró nuevamente Akashi y alzó la mirada a las estalagmitas—. La Montaña Carmesí no es más que una caja de trampas, porque se esfuerzan por mantenerme vivo, ellas no quieren que desaparezca —añadió, justo cuando la luz de una de las lunas bañó con más fuerza aquel diamante en donde descansaba su cuerpo—. Debes de encontrar otra manera de decirle a Kuroko.
Momoi apretó los dientes ligeramente y miró a la sombra de Akashi con un aire de seriedad. Por supuesto que por si las moscas, tenía otra manera de comunicarse con Kuroko —un amuleto pequeño—, no obstante, era algo que prefería no utilizar, ya que conllevaba a utilizar magia y Midorima seguramente podría darse cuenta; algo que no beneficiaría nadie, teniendo en cuenta la lealtad de éste hacía el emperador pelirrojo.
—Tengo algo, pero es peligroso, A-Akashi-kun —masculló, sintiéndose rara otra vez, al pronunciar ese nombre a alguien que era y no era el pelirrojo.
—Quién no arriesga, no gana —Akashi le sonrió, dándole confianza a la chica, liberándola de las energías que poseían su cuerpo.
Ya más calmada, la pelirrosa suspiró al sentirse libre, sintiéndose preocupada aun así y entonces, caminó hasta el centro de la misma cueva, preparándose para hacer el debido llamado.
Tetsu-kun, por favor, escúchame, pensó, sujetándose la muñeca derecha, donde descansaba un brasalete de hileras doradas que brillaron al oír la mente de Momoi.
Dolor, dolor, dolor.
Eso era lo único que su mente era capaz de notar ahora mismo, sin miramientos a otra cosa, porque no se sentía justamente como si de verdad estuviera durmiendo. ¿Estaba muerto acaso? ¿Era así como se sentía la muerte al ser un glorioso licántropo que antes perteneció a la Unión Milagrosa y que decidió poner fin a su vida al salvar a aquel ser que tanto odiaba?
La sangre que recorría sus venas se sentía ácida, potente, mucho peor que estar con la plata en medio de su sistema, quemándolo vivo. Porque a diferencia, en ésta ocasión sentía como si le extrajeran la vitalidad desde todos sus puntos y aunque en algún lugar de su mente se veía a sí mismo abriendo la boca para soltar gritos silenciosos por el dolor, no existía sonido alguno.
Vaya, porque para ser la muerte, estaba sufriendo como la mierda. Aunque si tenía en cuenta que en su vida siempre fue un completo hijo de puta, no le sorprendería que el mismo infierno lo estuviera recibiendo ahora. Definitivamente ésta imagen no era la que un día se le dijo de niño; que al morir se descansaba al pasar a formar parte de la naturaleza de su mundo. Y no era tan imbécil para suponer que la desesperación y dolor que sentía en estos momentos era porque estaba en un modo de transición de su alma, para nada. Sobre todo, porque él no creía en ese tipo de cosas ni aunque su madre se lo hubiese dicho hasta el cansancio, incluso a un día antes de que ella muriera.
Sus oídos captaban el silencio como una simple nota que pasaba sencilla y fantasmagóricamente; su cuerpo se forzaba para exprimir la poca vida que le quedaba y de la cual, ya no quería regresar a sentir. Porque ni siquiera tenía motivos para volver a ésta, debido a que su mayor misión se cumplió.
Aunque tal vez todo lo que hizo no valió la pena y solo terminó causando más daño al ser que siempre debió cuidar, ya no solo por una simple promesa, sino porque su corazón así lo quería, así lo deseaba, pese a que nunca recibiría la compensación y nunca hablaría de ello con nadie.
De verdad que todo esto era una mierda; la vida en sí era una mierda, no valía la pena y aun así, tampoco se arrepentía de todo lo que hizo… Pero sabía que pudo haber hecho las cosas mejor en torno a alguien más.
El sonido de una respiración lejana llegó a los oídos de Haizaki en algún momento en que su consciencia empezaba a recuperarse. Y eso obviamente significaba que no estaba muerto. ¿O acaso Akashi terminó agarrando su cuerpo y metiéndolo a La Nada o al mismísimo Eretz para dejarlo morir lentamente por haber salvado a Kise? Cosa que tampoco creía, pese a que era lo más lógico, porque aquí era capaz de respirar la vitalidad y armonía de un jodido hogar, a diferencia del olor a desgracia, pena y maldad en las otras dimensiones.
En definitiva que percatarse de cosas que eran tan diferentes —que nunca creyó escuchar o ser capaz de percibir por obvios motivos— le estaban haciendo sentirse molesto, muy, muy molesto y el deseo de destruir aquella pequeña caja que destilaba alegría, llegó a él. Sí, abriría los ojos y los mataría a todos, no lo podía evitar; la maldad ya estaba en su interior y su alma no se iba a liberar, porque él mismo lo decidió así y así seguiría. Por lo tanto, nadie podía evitar el caos que ahora mismo se desataría.
Pobre de aquellos seres que hicieron posible su corazón aún latiera. Y sí, se sentía mejor a comparación del inicio, pese a que no entendía nada, tampoco lo agradecería, ya que igualmente él era un maldito y siempre defendería su título sin dudarlo, sin importa qué.
Empero se estaba olvidando que incluso él, tenía una debilidad.
Los ojos de Haizaki se abrieron de golpe, dispuesto a buscar su primer objetivo para revitalizarse con el dolor de los demás. O al menos, esas eran sus intenciones hasta que sus orbes grises como podría llegar a serlo la plata, se encontraron con esos ojos color miel que siempre le habían parecido tan hermosos, aunque en toda su vida lo hubiese negado.
Kise estaba en silencio cuando lo vio despertar.
¡Y nuestro chico malo finalmente despertó! Como seguramente se han estado dando cuenta, Haizaki tiene más cosas de lo que aparenta y ahora que se volverán a ver con Kise, muchas cosas pueden pasar, aunque ninguna fácil. Ah, me da nervios. Aunque yo ya sé qué pasará(?), al ponerme en su lugar y recordar cómo fui formando lo demás, hace que los comprenda x'D.
Bueno, por otro lado, recuerdo haber mencionado que haría lemon de Kagami con Aomine de lycan, algo medio zoofilíco(?). Bien, no sé en qué parte de la historia ponerlo, porque hay sucesos más importantes de ésta y al poner el lemon, le quitaría espacio a esos sucesos (es la primera vez que me pasa ésto en un fanfic, lol), así que ese es mi problema existencial. Ya veré cómo lo resuelto.
Por ahora, ¡ojalá les haya gustado el capítulo! Asdljksdlas, me encantaría pudieran dejarme sus comentarios, ya saben, me gusta saber qué opinan de ésto y lo otro, sus teorías, etc., etc. uwu.
¡Los amo!
