Well! Nuevamente estoy de regreso a una semana de la actualización, parece xD.

Si bien mis vacaciones ya valieron popó, quise dejarles un regalito antes de volver a ausentarme de las actualizaciones(?); espero que lo disfruten, asldjdsaklas.

Éste capítulo es bastante extenso, ojalá no se les haga tan tediosa la lectura, asdjkadsl, pero es que era necesario dejarlo así ;w;


Una de las habilidades de Kuroko, era que pese a la situación que estuviera viviendo, siempre se mantenía callado, aunque en su interior se creaban remolinos de viento que hacían su mente muy activa, sobre todo ahora, que la situación en que se encontraba él y sus amigos, no era nada bonita. Porque estaba seguro, Akashi no se iba a quedar así como así, dado que en La Noche, estas cosas no debían saberse ni de broma, y más aún, porque ese vampiro pelirrojo siempre terminaba sus sentencias con aquellos que lo traicionaban.

No lo demostraba, pero estaba algo preocupado por Momoi, ¿cuánto hacía que la envió a Las Colinas del Fin?, ¿una semana? El tiempo aquí era completamente diferente, así que no podía decirlo con exactitud, sin embargo, su instinto le decía que ya estaba pasando algo de tiempo sin saber nada de ella. Además, también estaba el pequeño inconveniente de que Aomine no sabía el verdadero paradero de la pelirrosada y tenía que decírselo antes de comunicarle a sus amigos lo que sea que ella hubiera encontrado, estando consciente también del hecho que seguramente su vida correría riesgo cuando el lycan peliazul supiera que mandó a su mejor amiga a un lugar tan peligroso. Pero lo bueno del peliceleste vampiro, era su habilidad para poder manejar personalidades tan salvajes e impulsivas como las de su amigo.

Hacía bastante rato que Kagami y Aomine salieron a hablar para resolver su pequeño inconveniente y todo estaba tan tranquilo, por lo que era fácil suponer las cosas no salieron mal y la fragancia que el viento llevaba a la gran casa—que tenía las ventanas abiertas— lo dejaba más en claro. Mismo hecho que provocó las pequeñas bromas de Alex para con Himuro y Shiro, mientras que Kise estaba en el piso subterráneo, en la habitación específicamente de cierto licántropo peligris que se encontraba por despertar, los latidos de su corazón decían eso para los de fino oído ahí presentes. Y esa era la razón por la que las bromas terminaron y todos se quedaron alerta, gracias al conocimiento del mal portado chico que era Haizaki, asimismo porque no querían más problemas, ya que lo único que importaba ahora era tener la mayor parte de aliados posible para ir en contra de Akashi.

Alex pensaba casi lo mismo que Kuroko; Akashi no se quedaría tranquilo y antes de que él los encontrara a ellos y empezara un tremendo caos en el mundo humano, debían ir ellos. Algo que sabía, no era nada fácil. No obstante, con el maravilloso don que la vampira rubia tenía, estaba enterada un poco de la acción de Kuroko, simplemente que no había querido decir nada, no ahora, por respeto y para evitar traerlos a la realidad tan rápido a todos, cuando apenas se estaban recuperando cada uno de sus heridas obtenidas en la lucha y sobre todo, porque habían algunas para otros, que tardarían demasiado en hacerlo.

—Confío en tu buen juicio, Alex, pero de verdad que no me da buena espina el que hayas curado a ese licántropo —comentó Himuro, frío y pensativo; mismo que estaba sentado al lado de su madre en la mesa del comedor.

—Sé que no te agrada, porque ese chico lastimó a Taiga —comenzó a decir Alex, quien estaba sentada enfrente del vampiro y su hermana, para posteriormente sonreír de forma misteriosa—, sin embargo, ¿de verdad crees que lo hubiera ayudado sino supiera que él nos dañaría?

—Estás depositando mucha confianza en un desconocido y para colmo, ex miembro de la Unión Milagrosa —Himuro se mostró serio, pero aunque no estaba de acuerdo con las decisiones de la rubia, no se opondría. A menos claro, que la seguridad del pelirrojo estuviera en peligro.

—Cariño, entiendo bien tus deseos, porque ese mismo ser dañó a tu hermano —Shiro se mostró inexpresiva del rostro, mas con un brillo interesante en la mirada—. Aunque, considero que ese chico lo único que necesita es una segunda oportunidad.

—No estoy de acuerdo en lo más mínimo, mamá.

Himuro se mantuvo persistente, porque vamos, ¿qué clase de hermano sería si se mostrara tranquilo cuando alguien que anteriormente quiso matar a su "pequeño" hermano estaba en la misma casa? Creía que su mamá y su tía podían entenderlo, ya que Kagami igualmente eran su familia, ¡sobre todo de Shiro! Pero no era así.

—Tatsuya, ¿sabes que los padres de Kai fueron desterrados y que por eso, era señalado por todos los licántropos? —dijo Alex, de repente, lanzándole una mirada a su hermana, como pidiéndole permiso si podía hablar o no y la otra simplemente la miró, como afirmación. Por ende, prosiguió: —Kai se volvió aislado del mundo; no tenía amigos cuando Shiro le conoció, y estaba empezando a seguir los pasos de su familia. Al fin y al cabo, todos lo esperaban.

—Alex, aunque me cuentes eso, yo no puedo simplemente aceptar que… —estaba por decir Himuro, pero alguien le interrumpió.

—No se los dije antes, porque no lo considere tan necesario —intervino Shiro—, mas una de las razones por las que también me perseguían por mantener una relación con Kai, fue por su descendencia y lo que eso podría originar —suspiró silenciosamente ante el recuerdo—. Cariño, tú no lo conociste del mismo modo que yo. Él era todo un rebelde e imponía miedo a todos a su alrededor para que dejaran de meterse con él, no creía en nadie —el rostro de Shiro, que normalmente se mantenía tranquilo, ahora lucía muy emotivo al hablar de su difunto esposo—. Y nos odiábamos al principio.

— ¿Cómo es que lograste mantener todo eso oculto de mí? —Himuro enarcó una ceja y su tía rubia sonrió de forma discreta.

—Soy tu madre, sé como evitar las cosas contigo —Shiro sonó divertida y firme a la vez—. El caso es qué, Kai era considerado el peor y faltaba poco para que la Unión Milagrosa decidiera hacerse cargo de él, cuando nos enamoramos. Y en ese momento me di cuenta que él nunca quiso ser así, se dejó convertir en lo que era, para no salir lastimado, porque fue la forma más fácil para él al estar solo —aclaró.

—Eso no me ayuda a pensar bien de él —dijo Himuro de forma escéptica.

—Todos pueden decir que él era un cobarde por dejarse manipular así al inicio; es fácil juzgar, cariño. Yo incluso lo hice —Shiro miró hacia la nada—. Pero era lo que estaba en sus manos hacer, después de todo, nadie es perfecto y las personas que lo rodeaban no le mostraron más que el rechazo desde que era pequeño por su linaje.

—Lo único que quería Kai, era una oportunidad silenciosa que nadie le daba y tu mamá llegó a tiempo —se metió Alex con una mirada orgullosa.

Himuro suspiró y miró con gesto solemne a las dos vampiras rubias.

—Puedo entender el punto al que quieres llegar e imagino que lo que le pasó a Taiga con Aomine-kun es… similar —frunció ligeramente el ceño, pero eso solo duró unos segundos—. Sin embargo, no puedo ser objetivo si la seguridad de Taiga es la que está en peligro.

— ¿Y tú crees que si las cosas no salen como yo las presiento, dejaremos que a Taiga le pase algo? —inquirió Alex, ahora adquiriendo una expresión seria también, algo que la hacía ver diferente, ya que siempre tenía un rostro muy animado.

—… Sé que no —Himuro la miró. Por todos los cielos, no podía poner a discutirse con la vampira cuando se ponía así y bien podía defender su punto de vista, mas no quería discutir ahora que las cosas parecían ir tranquilas.

—Tranquilo, Tatsuya, cariño, ahora yo estoy aquí también y la seguridad de Taiga no depende solo de ti —Shiro agarró la mano de su hijo y sonrió.

Aunque no hubiese querido, Kuroko terminó escuchando aquella extraña plática, obviamente sin meterse ni nada. De hecho, de no ser porque no había otro lugar al que quisiera irse más que aquella tranquila sala de la gran casa, no hubiese querido escuchar nada, pero tampoco es como si le hubiese prestado demasiada atención, porque ahora mismo, sus oídos se concentraron en la habitación donde dejaron a Haizaki descansar y a donde Kise había ido. Empero no pudo seguir concentrándose en las palabras cortantes que se estaban diciendo, porque algo retumbó en su mente, como si estuviera debajo de donde crece un panal repleto de abejas.

Sutil e intenso.

Fue así la forma en que el llamado—o bien aviso— de Momoi al fin le llegó a Kuroko y de forma muy inoportuna a decir verdad. Pero lo importante es que ya sabía algo de la pelirrosa y la furia de Aomine sería menos, pues era obvio que ella estaba bien por la calidad del mensaje.

Y estas serían las palabras que moverían a todos a partir de ahora.

"Tetsu-kun, lo he descubierto, a Akashi-kun".


La vida era completamente irónica. Siempre daba vueltas y vueltas a los demás, regresándoles lo que hacían; bueno y malo, razón por la cual, los humanos decían que era como la rueda de la fortuna, porque no podías estar siempre arriba, ni siempre abajo.

Lo que Haizaki sintió cuando los orbes dorados de Kise le vieron, o mejor dicho, le observaron—aunque fue solo por unos segundos—, fue que había cumplido perfectamente aquella promesa. Esa misma que tantas décadas atrás hizo con la madre de esa fastidioso rubio; era lo único que estaba pensando en estos momentos, asimismo que el vampiro estaba completamente a salvo. Y eso era lo fácil de entender, mas no el hecho del por qué Kise estaba en esa misma habitación, como si estuviera esperando que despertara, pues hasta donde sabía, éste se había quedado odiándolo. Y como no saberlo o intuirlo sin necesidad de que alguien más se lo dijera, si era consciente que la gota que derramó el vaso, fue que terminó delatándolo con Akashi; por ese motivo es que esperaba una reacción violenta y dramática por parte de Ryota, pero no fue lo que recibió y para ser honesto consigo mismo, lo hubiese preferido, en vez de la fría y distante mirada ajena.

Haizaki se sintió desesperado cuando sintió que no podía mover su cuerpo, ¿qué mierda le habían hecho? No le dolía nada, estaba completamente sano, pero mierda, ahora mismo quería moverse y golpear a ese maldito rubio, porque no estaba soportando el cambio que Kise había tenido en todo ese siglo de no verlo; antaño, éste le hubiese empezado a hacer sus dramas, intentando matarlo, justo como fue al delatarlo, pues siempre era muy efusivo en todo, tanto en cosas buenas y malas. Y la mirada de desprecio que le dedicó aquel día, seguía grabada en su mente. En cambio ahora, todo era tan diferente, porque el vampiro de cabellos dorados, no era el mismo.

—No malinterpretes, estás aquí porque no quiero deberle la vida a quién odio —dijo Kise, rompiendo al fin el silencio, cruzándose de brazos mientras estaba reclinado en la pared, sin mover ni respirar; completamente alerta con la inmovilidad de una perfecta estatua.

Ciertamente, él hubiese preferido no venir a enfrentarse con aquel tipo que prácticamente destruyó su vida hace cien años, pero sentía que Shogo ahora era su responsabilidad y por lo menos debía evitar que quisiera matar a quiénes estaban presentes aquí, lo conocía bastante bien como para adivinar que eso era lo primero que querría hacer al despertar.

Para nada se sentía bien estar mirando a la persona que tanto daño dé había causado y el rencor hervía en su pecho como la plata, ahora mismo se preguntaba, ¿por qué lo salvó? Si morir por "salvarle" era lo mínimo que debía hacer después de todo el dolor que le causó ante su traición. Porque Kise, en el fondo de su ser, siempre creyó que el peligris cambiaría en algún momento, pero se estaba olvidando que precisamente, lo abandonó.

Tras las palabras del vampiro de orbes dorados, Haizaki sonrió como el maldito arrogante que era, porque no iba a demostrar jamás—mucho menos a Kise— el dolor que esa oración le causó. Mismo que lo hizo sentir como si aún tuviera el ataque de Shintaro que era para destruir al rubio, o incluso, lo sentía peor que eso. ¿Pero qué podía hacer? Y es que, nunca lo admitiría, mas sabía que se lo merecía, porque después de todo, aquella obsesiva protección, terminó dañándolo aún más, cuando quizá, la solución para todo eso, seguramente sería el que fuera sincero consigo mismo y con el mismo rubio. Sin embargo ahora, qué más daba. Al final, el lycan sí protegió a Kise, lo hizo a su manera, dijeran lo que dijeran.

—No sabes lo agradable que es oír tu agradecimiento, Ryooota —canturreó con presunción y burla, mirándolo de pies a cabeza.

Una de las cosas donde Shogo era bueno, era al momento de ocultar sus emociones verdaderas, porque él mostraba lo que quería mostrar, nada más. A comparación de Kise en estos momentos, que pese a la frialdad que emanaba, las chispas en sus ojos dejaban en claro que no le era tan indiferente al licántropo luego de lo que le dijo y por ello es que le dedicó una expresión sarcástica.

Cierto era que el peligris sabía que como sea que lo tratara el otro, se lo merecía, pero el pedir perdón no formaba parte de su vocabulario o mostrarse humilde tras saber sus errores—que eran pocos los que lograba aceptar—; eso no era algo que caracterizara su personalidad. Ni siquiera cuando parte de él se arrepentía de no haber hecho las cosas de otra manera o por lo menos por no habérsele adelantado a Aomine en antaño. Porque Haizaki no era idiota para eso, sin embargo, ahora mismo la rueda de la fortuna que era su vida, no estaba arriba, y bueno, no es que antes hubiese estado así para él. Solamente lo creía así, pues era eso o terminar pero que en el agujero donde estaba.

La vida para el licántropo era injusta, una mierda como tal y apestaba. Y ni porque parecía estar más tranquilo ahora que en toda su vida desde pequeño, la empezaría a creer diferente.

En aquella habitación, los dos chicos; vampiro y hombre lobo, no decían nada, pese a que los dos se estaban matando el cerebro con tantas dudas sin dejar de estar a la defensiva en ningún momento y eso que Haizaki no podía moverse, porque su brazo derecho todavía estaba curándose. Pero el ambiente estaba tan tenso, que notar lo poco que estaban de cortarse la garganta no sería difícil para nadie, incluso ojos mundanos podrían verlo.

—Espero no creas que con tu intento de héroe que todo ha quedado arreglado, Shogo —habló al fin Kise y su voz salió tan como el hielo.

— ¿Y quién putas te dijo a ti que quiero arreglar algo? —bufó Haizaki con brusquedad— No asumas cosas que no conoces… Ah, pero siempre lo has hecho, Daiki es una de ellas.

— ¡Qué vas a saber tú! —exclamó Kise, tan fuerte, que fue prácticamente un grito, porque el lycan había pegado en su talón de Aquiles sin cuidado alguno, algo que hizo que se olvidara por completo de la mayor pregunta que estuvo teniendo desde que llevó al peligris con él, ¿por qué lo salvó?— Eres del tipo que solo sabe destruir y destruir.

Haizaki sonrió internamente al lograr su objetivo, ese, donde no quería cuestiones como del porque hizo lo que hizo. Además, Kise no estaba equivocándose en lo que decía, ya sabía que era alguien completamente destructivo.

—No olvides que yo soy el tipo al que no dejaste morir. Debería considerar hacerte otro favor, como con Seijuro —volvió a tocar la herida, como si buscara su propia muerte.

Y Ryota no lo soportó más. A duras penas logró mantenerse en pedazos unidos luego de como acabaron las cosas con Aomine y ahora venía éste otro tipo a echarle limón a sus heridas, ¿pero qué esperaba? Sabía lo que podía suceder al estar presente cuando Haizaki despertara, sin embargo eso no significaba que se iba a dejar. Y por esa razón, se acercó con una determinación homicida y aprovechando que el licántropo no podía moverse, puso su mano en la zona del abdomen ajeno para descargar ahí gran parte de su poder eléctrico, con una expresión llena de resentimiento y sequedad.

—Es por esto que no deje que murieras, ¿entiendes? —Kise sonrió con gran malicia. Y resultaba tan raro y tenebroso ver ese tipo de expresión en alguien tan lindo como él— Para que a cada minuto, la vida te regrese todo el maldito dolor que causaste y peor —tras decir eso, aumentó el nivel de su descarga.

El peligris ahogó un aullido de dolor. Mierda, su cuerpo estaba más sensible que antes y ese poder que emanaba el otro, era tan igual al de Midorima y lo peor era que no podía defenderse ahora. Sin embargo, no iba a soltar de su boca ningún sonido de dolor ni nada por el estilo, su orgullo no le iba a dejar, pero no sabía si le dolía más ese jodido ataque o la mirada que jamás creyó observar en alguien que parecía tan puro como el rubio. Aunque eso no significaba que no fuera a defenderse.

— ¡Pues gracias, Ryota bastardo! ¡Porque ahora me encargaré de joderle la maldita vida a todos y será solo tu culpa! —replicó Haizaki con una sonrisa de oreja a oreja, destilando una altividad llena de agresión.

La ira del vampiro rubio creció todavía más al oír aquello. ¿Acaso esperaba que el otro mostrara algo de arrepentimiento? Al menos no se iba a quedar con el deseo de por lo menos desquitarse con el peligris por todo el sufrimiento que le causó, del mismo modo que lo haría con Akashi en su momento. Por ende, aumentó la fuerza de la presión en el cuerpo ajeno y los toques continuaron, mas debía recordar que éste era alguien difícil de roer.

— ¡Anda, sigue haciéndolo! ¡Pero el dolor que yo causaré será peor que esto, Ryota, sabes que conmigo no se juega! ¡Así que mátame mejor, maldita rubia, o terminaré matándolos a todos aquí! —Haizaki gruñó sin perder la mirada altanera, conteniéndose del dolor de su cuerpo. Era como si todas sus células fueran a explotar y si seguía así, la sangre no tardaría en aparecer con su estómago explotado.

—Creo que sería mejor no arruinaras lo que tanto me costó sanar, Ryota —la voz de Alex se hizo presente y sujetó la mano del rubio para separarla del cuerpo del licántropo peligris; mismos que quedaron sorprendidos porque a ella no le afectó el ataque eléctrico del vampiro.

—Parece que tú no solo tienes de bueno las tetas —comentó Haizaki, con la respiración entrecortada por el ataque que era obvio casi lo mata, pues un hematoma enorme se formó en la zona de su abdomen.

—Sí él intenta matarte otra vez —Alex señaló al rubio con un gesto de la cara— no volveré a intervenir, porque si quieres seguir engañándote a ti de esa manera, solo hazlo y muere con ello sin hacer tanto escándalo.

—Nadie te pidió tu ayuda entonces, perra —respondió Haizaki con la expresión entre arrogante y amenazante, al darse cuenta que por alguna razón, esa bruja parecía conocer aquello que él mismo no quería hacer, pese a saber que era la única verdad.

—Repito, niño: no me hagas arrepentirme de haberte salvado —Alex le miró sombríamente y por más chico hijo de puta que el peligris llegara a ser, esa mirada fue capaz de en verdad hacerlo estremecer, algo que solo pocos lograban.

—Y yo te digo otra vez: nadie te pidió tu ayuda, pe-rra —era lógico que Haizaki no se iba a quedar bien portado pese a saber que se jugaba el pellejo. Solamente se relamió los labios, mirando el cuerpo de la vampira de la forma más obscena posible—. Porque tan pronto salga de aquí, los voy a matar a todos.

Alex frunció el ceño, casi podía oír las palabras de Tatsuya y Daiki decirle "te lo dije", pero luego recordaba a Shiro y entonces simplemente suspiró para controlarse lo mejor que pudo, aunque si algo ofensivo volvía a salir de la boca ajena, ahora sí se le iría encima. Y por eso, es que usó la mano con que anteriormente sujetó la de Kise, para posarla en la boca de Shogo.

—Hasta que yo te diga, callado te quedarás, licántropo malagradecido —eres incluso peor que Daiki, pensó.

— ¿Pero qué…? —Haizaki no completó la oración, porque su voz se esfumó. ¡Maldita puta!, ¿qué es lo que me has hecho ahora?, le insultó mentalmente.

—A-Alexcchi… —masculló Kise, ya más calmado y mirando de reojo al lycan y a la vampira. A ella le tenía respeto, obviamente porque sabía que era El Hada.

—Así las cosas serán más fáciles, al menos hasta que uno de nosotros logre hacerlo entrar en razón —aclaró Alex con calma.

—Él no va a hacerlo —Kise miró fijamente al licántropo de cabellos grises.

Te odio, Ryota hijo de la mierda, gruñó mentalmente Haizaki.

—Ryota, él era tu amigo.

—Shogo me traicionó, me abandonó.

Alexandra suspiró y fijó sus ojos turquesa en los dorados contrarios.

—Retrocede en el tiempo y dime, ¿quién abandonó primero a quién? —antes de que el vampiro dijera algo donde demostrara su inconformidad, volvió a decir: —No estoy excusando los malvados y egoístas actos de Shogo, solo no creas que eres él único que sufre.

Esta maldita, ¡¿cómo mierda lo sabe?! El peligris fulminó con la mirada a la susodicha.

Kise sonrió con amargura, pese a la mirada de chico guapo que tenía.

— ¿Y no es suficiente lo que viví en Eretz y de paso haber perdido a Aominecchi? Shogo no tiene la más mínimo idea…

—No eres la única víctima, solo ten en cuenta eso —interrumpió Alex—. Ahora mismo, ustedes dos, necesitan saber algo.


Serian alrededor de las dos de la tarde, cuando finalmente Aomine y Kagami hicieron acto de presencia en la gran casa de Alex, mismos que destilaban cierto olor que hacía fácil que todos ahí adivinaran el motivo de su tardanza. Y de todos modos, no se necesitaba olerlos, ellos dos eran una pareja que tenía que reconciliarse y en estas cosas, la mayoría de las veces terminaban sucediendo ese tipo de cosas placenteras y porque no decir también, salvajes.

Y Kuroko agradecía mucho que la vampira de ojos turquesas usara su magia para mantener la boca de Haizaki callada, porque si ya de por sí era un peligro enorme tener a éste último en la misma casa con Aomine igual, ahora qué sería si el peligris empezara con sus comentarios mordaces y burlones. Y lo último que todos querían ahí, era terminar en guerra.
Igualmente por esa razón, era que estaban separados; Alex, Shiro, Kise y Haizaki seguían en la habitación subterránea, donde él último continuaba acostado sin poder moverse ni hablar, algo que lo estaba haciendo hervir de furia, porque, ¿quiénes se creían esos idiotas para tenerlo como un puto prisionero? Al menos era así como lo percibía. Mientras que, Himuro, Kuroko, Aomine y Kagami estaban en el último piso de arriba, con el mismo fin que el otro grupo; explicarles la situación y aquel secreto perteneciente a la familia Akashi. Estaban de punta a punta, porque era para evitar aún más la tensión entre Daiki y Shogo, ya que si bien no se estaban viendo ni intercambiando palabras, se percibían con el olfato y el oído.

Anteriormente, podrían ser unos minutos, Alex había tenido la visión con la lycan pelirrosa como protagonista, así como también al otro yo de cierto vampiro pelirrojo. Pero no hubo necesidad que el peliceleste le explicara mucho realmente, por ese mismo don de las visiones, además, el entendimiento de la rubia era perfecto, solamente requirió de la explicación de pequeños detalles, para poder dar a conocer todo esto a los demás.

La verdad era que Kuroko hubiese querido estar de mediador entre la tensión de Kise y Haizaki, pero tenía cierto tema que tratar con el peliazul ahora mismo, porque ese sería el inicio de la explicación. Sabía que estaba arriesgando mucho, nada les aseguraba que el licántropo de cabellos grises decidiera seguir sus pasos contra Akashi, pese a ser un desterrado. Y Aomine, así como el amor que el vampiro de ojos miel le profesaba, eran sus principales impedimentos.

—Primero que nada, me gustaría que te relajaras, Aomine-kun, por favor —empezó a decir Kuroko con sus ojos inocentes fijos en el susodicho, alternando de vez en cuando al pelirrojo al lado de éste.

—Seguro, Tetsu, como tengo a mi mejor amigo en el sótano, es para que reviente de felicidad —respondió Aomine con sarcasmo, haciendo una mueca y usando un tono de completo desprecio, a sabiendas que el peligris lo escucharía.

Solamente se escuchó un gruñido bajo y luego un comentario hacía el peliazul por parte de Alex que lo hizo callarse mejor.

—Ni siquiera Kagami-kun que casi fue asesinado por Haizaki-kun está tan alterado —expresó Kuroko, ahora con los ojos fijos en el híbrido con un brillo ligero de curiosidad.

—Creo que la inquietud de Taiga se debe a otra cosa —acordó Himuro como quien no quiere la cosa.

— ¡Dejen de hablar de mí como si no estuviera presente! —refunfuñó Kagami, fulminando a los tres con la mirada. Pero tenían razón, porque ahora sabiendo lo que sabía, cierto vampiro rubio ahí no le hacía sentirse completamente cómodo; no es como si se arrepintiera de haberlo salvado esa vez, para nada, era solo que ya se había tomado el corto de tiempo de conocerlo y lejos de desagradarle, le cayó muy bien, como para ahora saber que era algo así como su rival en el amor. Sonaba estúpido, él mismo lo creía así, pero le costaba sentirse diferente, al menos por ahora. Tal vez necesitaba hablar con el rubio o algo similar.

—No te avergüences de tu sentir, cariño —dijo Aomine, usando ese último mote de afecto de forma burlona, más que porque así se llevaran. Asimismo, le abrazó por la cintura para apegar al pelirrojo a él.

— ¡Vete al diablo, Ahomine! —Kagami lo empujó y se ruborizó ligeramente, zafándose con mucha facilidad del medio abrazo contrario.

Y Aomine lejos de molestarse por la timidez que el otro podría llegar a tener, simplemente río bajito, escuchando felizmente los latidos acelerados de su pareja, que omitieron el sonido de la respiración de Kise cortarse.

—Sé cómo y dónde está Momoi-san —habló de repente Kuroko otra vez, regresando al peliazul a la realidad.

Aquella oración tan llena de tranquilidad, logró que la expresión de Daiki cambiara por completo y sus ojos ahora mortalmente serios se clavaran en su amigo vampiro. Porque, el hecho que no haya mencionado nada de Momoi en estas tremendas horas al estar en La Noche por obvias razones, no significaba que no regresaría por su mejor amiga, era prácticamente su hermana, y no la abandonaría; esa también era una de las razones por las que sin duda alguna, quería destruir a Akashi, dado que pensaba éste era el responsable de la desaparición de la licántropo.

— ¿Cómo es que tú sabes eso, Tetsu? ¿Acaso Akashi te lo dijo? —sin poder evitarlo, el tono de Aomine se volvió ligeramente desconfiado— ¿O es que tú…?

—Yo le pedí a Momoi-san que huyera antes de que Akashi-kun fuera por ella para usarla contra ti —contestó Kuroko, mirando directamente a los ojos al licántropo—. Pero al mismo tiempo le pedí que hiciera un favor para mí.

Esta plática inicial no era de mucho interés para Himuro, por lo que terminó alejándose un poco, hasta el marco de la ventana de aquella habitación, dándole el espacio al vampiro peliceleste y a la pareja de su hermano. Y aunque Kagami tampoco entendía mucho esto, se quedó al lado del moreno, porque sabía que la mencionada chica era parte de su familia.

— ¿Qué favor? —Aomine frunció el ceño; no le estaba gustando el rumbo que estaban tomando las cosas.

Kuroko suspiró y su expresión se volvió más firme, acentuando perfectamente con la neutralidad que casi siempre tenía en su cara, preparándose para la reacción que fuera a tener el ajeno, cosa no muy difícil de adivinar.

—Le pedí si podía investigar algo en Las Colinas del Fin.

— ¡…!

Había ocasiones en las que Aomine podía ser capaz de tener un temperamento no tan fuerte, tenía el juicio suficiente para saber calmarse, aunque otra cosa era que de verdad quisiera hacerlo. Pero existían ocasiones en donde su instinto ganaba terreno, esta, por ejemplo.

— ¡¿A Las Colinas del Fin?! —rugió como un lobo furioso y terminó agarrando de la ropa al peliceleste con fuerza, casi por arrancársela— ¡¿Ese es el maldito favor que le pediste a Satsuki?! —su mirada llameaba como un escalofriante azul eléctrico— ¡¿Estás seguro que de verdad fuiste para salvarla de Akashi, eh, Tetsu?! ¡¿Cómo mierda se te ocurre pedirle que vaya a ese lugar maldito?!

—No lo hice con el afán de dañarle, Aomine-kun, pero ella era la única persona que podía ayudarme sin traicionarme.

— ¡¿Y crees que eso es importante para mí?! ¡Satsuki puede morir en ese lugar, joder!

—La estás subestimando —Kuroko no se inmutó, pese a que sentía la gran fuerza ajena en ese agarre que seguía en su ropa y evitaba que se moviera—. Deja que explique mis razones…

—Más te vale que ella éste sana y salva, Tetsu, porque puede que haya aguantado que tú quieras ayudar al imbécil de Haizaki, pero esto… —siseó Aomine en un rugido ahogado, completamente amenazante.

—Daiki, deja que Kuroko se explique. Recuerda que él dijo que sabe cómo está ella —intervino Kagami, poniendo una mano sobre el hombro del moreno, con una voz prudente, llamándole con el nombre de pila.

Los ojos azules del mencionado lycan volaron hasta el rostro del pelirrojo al oír su nombre con esa perfecta voz, digna de un ser mitad licántropo y vampiro. Y por más que quisiera seguir expresando su molestia hacía Tetsuya, era imposible que esos ojos rojos rubíes no tuvieran efecto en su cuerpo. Ah, de verdad que estaba jodidamente enamorado, ésta era la prueba completa, por si alguno de los presentes en aquella casa todavía lo dudaban. La única maravillosa y dolorosa verdad —para uno—, era esta.

—Tsk, Tetsu, bastardo… Será mejor que lo que sea que digas, valga la pena o en verdad enterraré tu diminuto cuerpo en el fuego —advirtió Aomine, todavía sonando furioso, pero corporalmente más calmado.

Acto seguido, pasó a tomar de la mano al pelirrojo y éste no refunfuñó, al contrario, le dedicó una mirada de apoyo.

Por un momento, Kuroko se quedó callado, no porque no supiera que decir, sino por quedarse admirando a la pareja, es decir, a Aomine y Kagami. Era imposible no notar lo perfectamente bien que lucían juntos, porque a sus ojos—y a los de cualquiera, para que negarlo— era justamente como si el universo los hubiera creado para estar juntos. Y mientras los seguía observando, incluso llegó a costarle creer que antaño, el moreno había amado a alguien más.

Al pelirrojo no lo conocía tanto realmente, pero le agradaba mucho. No solo como pareja de su amigo, sino como persona y estaba seguro que buscara lo que buscara en ese chico algo que pudiera ser malo para el licántropo peliazul, solo terminaría confirmando justamente que, en efecto, Taiga había nacido para ser de Daiki y viceversa.

Se sentía feliz, en verdad se sentía feliz por los dos. Aunque también se sintiera preocupado por Kise y hasta de Haizaki, porque la historia de estos dos últimos, era algo muy, pero en demasía diferente.

El peliazul iba a demandar otra vez que Kuroko hablara, dado su nuevo e inesperado silencio, mas éste se le adelantó.

—Aomine-kun, tú y los demás de la Unión Milagrosa no llevan conociendo a Akashi-kun el mismo tiempo que yo —admitió con un ligero sabor a nostalgia en la lengua—. Yo conocí a un vampiro completamente diferente al que les presentaron a ustedes y no lo digo porque yo esté enamorado de él —aclaró, tras adivinar lo que sería el siguiente comentario del lycan de ojos zafiro, haciendo que no dijera nada mejor. Pero esa confesión tomó por sorpresa a todos los demás, que para nada se imaginaron eso y es que Kuroko era tan bueno ocultando sus emociones—. Akashi-kun era alguien que lejos de ser intimidante, era amable y educado con las personas, y justo, tomando en cuentas las opiniones de los demás… Parecía ser aquello que normalmente los vampiros de la nobleza no son; amigable sin ser selectivo —sus ojos se perdieron en los recuerdos mientras contaba todo ello a los demás y casi sonrió al mirar en su mente a ese pelirrojo vampiro—. Pero hubo un tiempo en que se fue y cuando regresó, una década después, era todo lo opuesto; la calidez que antes se percibía en sus gestos, ahora no estaba, solamente frialdad en él. Ya era el Akashi-kun que ustedes conocen.

—… —Aomine le miró con escepticismo— ¿Es que tú quieres creer que algo le hicieron a Akashi para que actú como un maldito insensible?

—No sé exactamente lo que pasó con Akashi-kun para que se volviera así y tan rápido —Kuroko perdió ligeramente el brillo de sus orbes que anteriormente se notó—. Me puse a investigar siempre que podía, porque no iba a descansar hasta saber la verdad, ya que él no me diría nada.

—Tetsu, ¿qué diablos tiene que ver eso con…?

—Descubrí que Akashi vivió un tiempo en Las Colinas del Fin.

Hubo un silencio sepulcral por parte de todos, ni siquiera respiraban cuando escucharon eso. Al menos a excepción de Kagami, que era el menos sorprendido de todos, todavía no entendía las cosas, gracias a que no había crecido en La Noche y sus recuerdos de su vida pasada eran solo del mundo humano, nada más. Pero de todos modos se mostró atento.

—Es mi turno —se escuchó la lejana voz de Alex en una de las habitaciones de abajo—. Déjenme que yo les muestre todo ahora.

Y la mente de todos, incluso de Shiro y Tatsuya, se llenaron con las imágenes o bien "vídeos" que El Hada les quería mostrar, haciendo uso de su magia.


El brillo de esos orbes bicolores que el líder de la Unión Milagrosa tenía era indescifrable, pero temeroso y para darse cuenta de eso, no se necesitaba tener dotes de percepción como Kuroko o Midorima, porque cuando los ojos de Akashi les miraban, los demás sentían como si su piel fuera rebanada por completo; del mismo modo en que un mundano sentiría un cuchillo enterrándose para quitarle todo el tejido epitelial como si fuera la cáscara de una manzana.

Y esa era la razón por la que ahora mismo, todos sabían no debían decir ninguna frase que desatara su enojo, no después del suceso de hace un día con Aomine y el híbrido… Y la aparición y deserción de otros.

Obviamente que con eso, el emperador no estaba nada feliz y mucho menos estable, por más que su expresión se mostrara fría sin revelar nada a nadie más. Y es que, aunque ninguno de los tres—Murasakibara, Midorima, Akashi— lo dijera, la pelea de ayer les tenía terminando de recuperarse todavía, y no es que la fuerza de aquellos otros fuese suficiente, pero tuvieron la suerte de que El Hada apareciera ahí, dándoles una probada de su medicina, y no solo eso, un pariente de ella, Himuro Tatsuya. Eso era algo que nadie contempló y mucho menos que Shiro hubiese sido capaz de quedar libre del mismo modo que Kise, ¿cómo mierda las cosas se le habían salido así de control a Seijuro, el vampiro absoluto de La Noche? Era la primera vez que alguien logró escapar de sus "predicciones" como perfecto estratega, su orgullo quedó herido y ahora su furia era peor que la de un león enjaulado; habían osado faltarle el respeto al único líder de La Noche y por supuesto que se iba a vengar.

Iba a impartir justicia, ya sin importarle muriera quien muriera, porque su legado a partir de hoy, era que solo los fieles a él merecían seguir con vida. Y pese a que eran medidas muy drásticas, Akashi no iba a correr el riesgo de que alguien intentara rebelarse a él, iba a mantener el equilibrio, aunque tuviera que hacerlo a la fuerza.

—Entonces, Aka-chin, ¿qué querías decirnos? —cuestionó Murasakibara, serio, pero con las palabras aburridas, ocultando la pequeña incomodidad que le daba ver esa faceta del vampiro pelirrojo. Es decir, siempre supo su modo cruel de ser, pero esto era diferente.

Tan diferente como los tres chicos que empezaron a entrar a la sala donde el peliverde también estaba sentado y frunció el ceño ante las nuevas presencias.

—Shintaro, Atsushi —llamó Akashi con una sonrisa astuta, incorporándose de su asiento y haciendo un gesto con su brazo derecho para que los otros tres se acercaran más—, les presento a los nuevos integrantes de la Unión Milagrosa; Mibuchi Reo, Nebuya Eichiki y Kotaro Hayama.

Fue la primera vez en toda la existencia de Midorima y Murasakibara, que por fin sintieron no les agradaba para nada la nueva decisión de Seijuro. Y quisieron objetar, pero bastó simplemente para que el pelirrojo usara el verdadero poder de sus ojos sobre ellos, para dominarlos.

Y entonces, nadie pudo decir que no.


Alex jadeó con brusquedad cuando mientras mandaba esos recuerdos—usando su magia— a la mente de los demás, una visión apareció como una explosión en su mente y dado lo que hacía en estos momentos, todos los demás lo miraron. Y la reacción no fue nada monótona, sobre todo porque en esa misma mirada hacia el futuro, las acciones y otras decisiones por parte de Akashi, llegaron.

Ese maldito hijo de puta, pensó Haizaki, justo cuando aquella "telepatía" se esfumó. Se hubiese ido sino estuviera inmovilizado... y si no supiera que Seijuro también estaba con las intenciones de ir tras cierto vampiro, que para qué negar, le importaba. Pero aun así, su expresión fue fiera, arrogante, como si se alegrara que toda esa desgracia les fuese a suceder, mas en su mente se estaba formando algo o al menos intentaba que se formara algo con lo que poder hacer salir ileso a Kise de esa estúpida batalla, porque el lycan peliplateado dudaba demasiado que un montón de idiotas lograran vencer a alguien como el vampiro pelirrojo y no estaba siendo pesimista, sino realista. Dado que alguien como él, sabía bien la diferencia de los que intimidaban con fuerza y los que lo hacían de forma tranquila y escalofriante, además, se trataba del líder de la Unión Milagrosa, no hablaban de ningún neófito ni nada.

—No me importa lo que sea que Akashi vaya hacer en La Noche, regresaré por Satsuki —dijo Aomine, bajando por las escaleras con su rapidez digna, hasta llegar a la sala central de esa casa.

—Y yo no voy a dejarte solo —la voz de Kagami respondió con esa rebeldía y seguridad de siempre, siguiendo los pasos ajenos.

—De ninguna manera voy a permitir que regreses a la boca del lobo, Taiga —ese fue Tatsuya, que no estaba nada feliz con que todos terminaron viendo la visión de la vampira rubia. Hubiese preferido que quedara en secreto y así los planes que se hicieran fueran ajenos a su hermano; no quería ponerlo en peligro. En más de lo que estaría.

—No tiene caso mantener alejado a Kagami-kun, si después de todo, Akashi-kun va tras él y por nosotros —recordó Kuroko, siguiéndolos igualmente, con el ceño ligeramente fruncido, sin perder su voz tranquila.

Himuro hizo una expresión sombría, para nada feliz con esas palabras, pero no eran mentira, él mismo lo había visto. Simplemente que en su mente tenía todavía grabada la oración que su madre le dijo antaño, "cuida de Taiga siempre, cuídale", porque después de todos, él era el hermano mayor.
Y prefirió no responder a nada, solamente seguía los pasos de Kagami, para evitar que hiciera alguna tontería similar a las cosas que el peliazul decía.

Éste último continuó bajando más, sin decir nada más por ahora. Estaba conteniéndose todo lo que podía ahora que sabía su hermana de manada estaba en peligro, no iba a esperar sentado mucho tiempo a que la dictadura de Akashi empezara para ir a sacar a Satsuki de ese jodido mundo, iba a ir ya, sin detenerse a pensar en lo arriesgado que sería llegar sin un plan. Aunque claro, tratándose de él, se dejaría llevar por su instinto animal y su lógica de siempre.

Tanto así, que no le estaba importando el sentir más y más cerca el olor de aquel licántropo que tanto odiaba, pero necesitaba ver a la vampira rubia ya. Y prefirió no responder a los comentarios que Kagami siguió lanzándole, de esos donde le decía que no lo dejaría solo—algo que le llenaba del más puro sentimiento de felicidad—, mas tampoco se daría el lujo de llevar al pelirrojo a un lugar tan peligroso, sin embargo, dejo que lo siguiera hasta ahí, porque confiaba que Alex y Himuro e incluso la madre de éste, detuviera su pareja.

—Alex, chupasangre, necesito que hagas un portal ya —ordenó Aomine, sin ningún tipo de humildad en su expresión.

En aquella habitación subterránea, todos escucharon esos pasos llegar poco a poco hasta ellos, con esos finos oídos, pero aun así, por algún motivo, se sorprendieron. Al menos, tres de ellos, porque Shiro estaba más sumida en sus pensamientos como para prestarle atención a otra cosa ahora, a diferencia de su hermana Alex, que pese a estar pensando las cosas, podía estar en otras a la vez.

—No —fue la simple respuesta de ella.

Kise se había alterado un poco, sus expresiones lo dijeron todo. Estaba bien para él que le dieran caza, podía enfrentarse contra el mismo Akashi, no le temía, pues todavía tenía esos deseos de vengarse. No obstante, no quería que ese mismo peso volviera a perseguir a Aomine, y menos ahora después de todo lo que hizo, porque entonces, ¿de qué sirvió su sacrificio? Claro que, si lo pensaba mejor, no de mucho debido a que de todos modos, el moreno terminó enamorándose de otra persona. Ese alguien que igualmente entró a la habitación. Y no bastando con la tensión ya de por sí de Haizaki y Aomine, añadida la pequeña que empezó a crearse por la respuesta negativa de Alex hacía el anterior mencionado, ahora se unía otra, que provenía de cierto rubio y Kagami. Un excelente ambiente familiar, sin lugar a dudas.

— ¡¿Ah?! ¿Por qué coño no? —Aomine miró a El Hada con desafío— ¡Mi hermana esta allá, no la voy a dejar podrirse con los planes de Akashi!

—Aominecchi… —masculló Kise al ver la desesperación y preocupación del otro. Y de forma inconsciente, se acercó un poco más para oír mejor, dato que no pasó desapercibido para el pelirrojo ni para el peligris.

Haizaki contempló el anhelo que el rubio tenía en sus ojos al mirar al peliazul; una mezcla de amor y dolor que solo él mismo podía entender. Porque ambos amaban lo inalcanzable, pero la diferencia es que uno había logrado tener ese pedazo de amor en sus brazos y el otro no, algo que probablemente seguiría siendo así hasta que muriera.

Quiso vomitar bilis y golpear hasta el cansancio a Ryota, ¿por qué mierda no solamente se iba y ya? ¿Qué tenía que seguir haciendo con Daiki aquí, si éste ya no le amaba? ¿Dónde estaba su puto amor propio para seguir a los pies de ese maldito peliazul? Le asqueaba ver la todavía lealtad en el vampiro de ojos miel… y le dolía. Y seguramente si pudiera hablar, ahora estaría maldiciendo a todos.

—Crear un portal no se hace así cómo así, Daiki —respondió Alex, seria, enfrentando con sus ojos a los del lycan moreno—. Además, sería muy peligroso; rebelaríamos nuestra ubicación y nos superan en número…

— ¡Dejar a Satsuki en ese lugar mientras Akashi empezara a matar a todos nuestros amigos y conocidos es lo que no puede esperar! —interrumpió Aomine, bastante cabreado, ignorando la mirada de advertencia del hermano del pelirrojo— Eres "El Hada", ¿y no puedes hacer un portal sin que nos encuentren? —ahora añadió con una ligera sonrisa llena burla— Que farsa entonces.

Pero Alexandra simplemente le miró.

—Estoy dispuesto a ayudarte, Aominecchi —a Kise no le apenó demostrar su interés en ayudar al peliazul y le sonrió ligeramente, para que viera que todavía contaba con él.

—Yo puedo crear ese portal, en otro lado del mundo —dijo Kagami con una ligera sensación de celos, con la que peleaba para no hacerla crecer más y más.

Las miradas de ambos chicos se encontraron. Y fue algo tan extraño para los dos, porque hace un día, se habían agradado por completo; Taiga salvó a Ryota y pese a que éste último mordió al primero, su desarrollo estaba dando a entender la relación de amigos que podrían llegar a tener en un futuro. Pero ahora todo era diferente. Pues si bien el vampiro rubio le agradecía al híbrido pelirrojo haberlo rescatado de ahí, no quería decir que se haría a un lado tan fácilmente, pese a lo que le dijo a Daiki en el bosque. Y Kagami se dio cuenta de eso.

—Ustedes no tienen nada que hacer ahí, yo iré por Satsuki —repitió Aomine, prefiriendo no mirarlos, solo mirando a la vampira rubia otra vez—. Así que te lo repetiré otra vez: has un port…

— ¡No vamos a regresar a La Noche sin un plan! —la voz de Alex sonó llena de autoridad; ésta faceta era nueva, porque ni siquiera el vampiro pelinegro la había visto, a excepción de su hermana, que se situó al lado al notar como se alteró— ¿Crees que eres el único preocupado, Daiki? ¿Él único que va sufrir con esto? —frunció el ceño para acentuar más su expresión grave y la intimidación que causó, ni siquiera se la esperó el pelirrojo, quién no pudo encontrar argumento válido para meterse ahora— ¡No todo gira a tu alrededor, niñato egocéntrico! Yo también voy a proteger a mí familia y si quieres hacer algo, tendrás que esperar a que tengamos algo listo.

—O puedo ir yo solo —advirtió Aomine, tratando de desechar lo más que podía el vértigo de miedo que la vampira causó en su cuerpo. No la tenía fácil si de verdad quería intimidarlo.

—No lo harás, porque de ti depende la seguridad de Taiga —Alex le miró con un aire seguro y firme que podría malinterpretarse por arrogancia—, y lo sabes.

—… —Aomine chasqueó la lengua con una ira homicida y apretó las manos, formando dos puños que emanaban una fuerza ardiente que marcó en demasía las venas de sus brazos y deseó que sus ojos fuesen capaces de decapitar a la rubia— Vaya pedazo de basura en que se convirtió "El Hada" —pronunció con una sonrisa altiva.

Y la mano de Kagami sujetó el antebrazo moreno, cuando éste vio como Himuro estaba a pocos segundos para meterse, y dado que sabía la relación de su hermano y novio, no era muy buena, pudo reaccionar antes. Aomine le miró con enojo y por más que el pelirrojo hiciera cosas mágicas en su persona, ésta vez no era tan fácil calmarlo—qué bueno que pudo casi ignorar la presencia de Haizaki porque éste no hablaba— e iba a apartarse de un jalón al notar el regaño en la mirada de su pareja, hasta que el ajeno simplemente suspiró y negó, mientras que la mano de Taiga se deslizó por el brazo del lycan hasta sujetarle su mano también.

Mierda, el peliazul sabía que Alex tenía razón; no podía hacer nada de esa manera, porque quisiera o no, la seguridad de su amado pelirrojo estaba en juego. Pero le desesperaba tanto saber que Momoi estaba allá, viviendo en el lugar del jodido de Akashi, mientras él estaba aquí, disfrutando.
Suspiró y miró a Kagami de vuelta, sin decir nada más, entendiéndose así, como los amantes que eran.

Lo curioso de eso, era que a Kise por más que le dolía ver la relación entre Aomine y Kagami, ¡no podía dejar de verlos! ¿Desde cuándo se convirtió en un masoquista para torturarse de esa manera? No podía negarlo, su perspicacia vampírica le impedía eso. Porque la química, el aura que esos dos emanaban como pareja, era completamente atrapante, sería imposible no verlos y percibir todas esas emociones y sentimientos tan intensos. Esa unión era tan obvia.

Sentía que se quebraba por dentro, como si su corazón ahora mismo fuese la yema de un huevo podrido; deshaciéndose dolorosamente y dañando de dolor su alma. Lo bueno de ser vampiro, es que no necesitaba parpadear realmente, pues si lo hacía, sentía que no podría contener sus ganas de llorar. Ya bastante sentía con la desesperación en su cabeza por querer desviar su atención a algo más y dejar de verlos. En verdad, ¿qué había hecho para merecer todo este calvario? ¿De verdad que su sacrifico fue en vano? ¿Todo lo que hizo no valió la pena? ¿Por qué a él tenía que pasarle todo eso? Kise sentía que en cualquier momento iba temblar y mandaría todo al caño. Tal vez le prometió al peliazul que estaría bien, pero usualmente él casi nunca terminaba haciendo lo que decía, ya que era inestable, sin embargo tampoco quería darle lástima al lycan ni hacerle sufrir por su culpa.

Lo que él daría por ir y separar la mano de Taiga del moreno y ponerse en su lugar ahora mismo, es más, sentía que su cuerpo poco le faltaba para hacerlo. No podría controlarlo, no, no, no…Perdóname, Aominecchi, se sintió patético, porque ni un mísero día había pasado y ya estaba así, ¿en verdad iba a poder olvidarse de él, después de tanto tiempo aferrándose a su amor? Quería luchar, quería…. A pesar de saber que sus posibilidades de ganar eran muy pocas. ¡Pero es que ver a la persona que tanto ama con otra…!

—Jmpf —el gruñido que Haizaki dejó salir, a modo de desprecio para los presentes terminó distrayendo al rubio, aunque los otros lo ignoraron. Y entonces alzó el rostro ligeramente y su mirada se volvió oscura.

Y Ryota lo tomó por una amenaza y le devolvió la mirada, feroz e indomable, destilando odio por sus orbes con tanta intensidad… pero solo recibió una sonrisa cínica y bravucona por parte del peligris. Estaba tan centrado en dejarle claro al lycan lo mucho que le jodía su presencia y como lo detestaba, que no se dio cuenta realmente, que solo así, dejó de prestarle atención al peliazul y pelirrojo.

— ¿Podrían escucharme primero, por favor? —cuestionó de repente Kuroko, ¿cómo le había hecho para que todos parecieran olvidarse de su presencia, siendo seres con sentidos tan agudos? Porque incluso, eso hizo jadear a algunos ahí y tanto así, que no tuvieron tiempo de decir una negativa como respuesta— Es como dice Alex, necesitamos un plan antes de actuar, Aomine-kun —sus ojos celestes buscaron al peliazul, que solo le miraron con gesto grave—. Y antes que nada, creo que necesitamos aliados que luchen junto a nosotros, porque considero que es mejor ir a Akashi-kun, antes de que el pise el mundo humano y dañe donde no se deba meter, por lo tanto seguramente un ejército estará esperándonos allá, y la ayuda será necesaria.

En algún lugar de su mente, Kagami se preguntó, ¿cómo le hacía Kuroko para planear algo como esto contra la persona que ama? Aún con todo lo que Alex les dejó ver—de la cual no pudo reaccionar, dado a la otra visión que llegó y ahora solo se enfocaban todos en ello—, le parecía increíble que ese pequeño vampiro no estuviera a punto de quebrarse. O más bien, era tan bueno dejándolo escondido.

—Si todos vamos, es obvio que Taiga igual, y yo no puedo dejar que pase algo así —expresó Himuro, situándose al lado de su hermano, mirándolo.

Alex suspiró y miró a Shiro.

—Cariño, ya no tienes que cargar con todo esto solo —habló la segunda vampira, luego frunció los labios y suspiró—. Nadie puede escapar del destino, o la vida, como quieras llamarle, Tatsuya; hace tiempo hice que huyeran para estar a salvo… Y mira, al final, lo que tanto quise evitar, ahora está pasando —Shiro alzó sus ojos y sin importarle que el pelirrojo estuviera pegado al lycan moreno, se acercó a éste para acariciarle la mejilla, al igual que al pelinegro. Sonrió—. Es momento de dejar de huir y enfrentarlo, que yo no dejaré nada les pase, para eso su madre ha regresado.

—Taiga no está solo —masculló Aomine, mirando de refilón la pequeña escena familiar y usando ese hermoso nombre de pila que alborotó las mariposas en el estómago del susodicho.

Sin embargo, la emotividad se interrumpió cuando un gruñido de asco se escuchó más fuerte que antes, proveniente de Haizaki, sin lugar a dudas y al sentir que todos los miraban, les sonrió como si los estuviera insultando a todos. Tal vez no podía hablar, pero parecía que aquel hechizo que Alex le hizo, era temporal, porque sí podía hacer esos sonidos… O quizá simplemente por el hecho de hacer que Kise desviara su atención logró romperlo. Fuera cual fuera la respuesta, la vampira rubia sí supo la correcta.

—El plan de Tetsuya me gusta —Alex miró al peliceleste y sonrió ligeramente—. Aliados —sus ojos dijeron todo al quedarse mirando fijamente al peligris.

Y solo dos personas comprendieron eso al instante.

— ¡No, rotundamente no! —dijeron Aomine y Kise al unísono.

Que los dos lo dijeran al mismo tiempo, no fue una sensación agradable por parte de Kagami, mas prefirió hacer caso omiso.

—Salgan de ésta habitación, todos, déjenme a solas con Shogo —ordenó Alex.

— ¡¿En qué mierda estás pensando ahora, chupasangre?! —parecía que Aomine le había perdido el poco respeto a la vampira— ¡¿Te volviste loca?!

— ¡Shogo-kun no es del tipo leal que sirva para lo que necesitamos! —añadió Kise, más calmado a comparación del moreno, solamente estaba exhaltado en su voz— Él solo sirve para traicionar.

Haizaki solo puso los ojos en blanco y para sorpresa de todos, pudo alzar un brazo y enseñarles el dedo de en medio. Por fortuna, era lo único que podía mover ahora.

—He dicho: salgan de la habitación todos —repitió Alex, caminando hacía el lycan peligris.

—Jodida chupasangre, sí tú haces que ese maldito de Haizaki esté con nosotros, yo haré las cosas a mí manera —amenazó Aomine sin contemplación.

—Rétame —Alex le miró y tras usar su magia, empujó los dos rebeldes por la puerta (porque los otros sí le hicieron caso en salir) y sin esperar más contestación, cerró y creó una pequeña burbuja que impedía los demás pudieran escucharlos.

Y le regresó la voz al peligris, a excepción de la movilidad, porque esa dependía de la recuperación de su cuerpo ahora, luego del ataque que Kise le dio.

— ¿Qué, me vas a usar como objeto sexual, puta? —inquiró Haizaki, con ese tono cabrón de siempre.

—A mí no me engañas, Shogo —empezó Alex, neutra, pero con la mirada firme en los ojos grises ajenos—. Sé bien que tú te sacrificarías por Ryota si es necesario, porque lo amas.

— ¡…! —si la voz de Haizaki no salió, ya no fue por obra de magia, sino porque se quedó atorada en su garganta al oír aquello. Era la primera vez que alguien abordaba el tema del ojimiel de forma tan directa. Y formuló una oración donde la denigraba sexualmente otra vez, mas no tuvo tiempo de decirla.

—Sé porque delataste a Ryota, sé la promesa hacía la madre de él y esos sentimientos que tanto niegas, pero qué sabes siguen siendo verdad.

—No me conoces, maldita mujer —siseó Haizaki, sintiéndose expuesto por primera vez y su expresión estaba alterada por completo, respirando con furia. Seguramente sino estuviera inmóvil, ahora mismo estaría golpeando a la vampira, porque no encontraba palabras para defenderse ahora mismo, no cuando esos secretos ahora ya no lo eran—. Tú no sabes lo que yo…

Alex suspiró, expresando rigor, pero a la vez empatía.

— ¿Tanto amas a Ryota Kise, como para soportar que te odie, no? —su cara se mantuvo neutra y el licántropo de ojos grises tensó la mandíbula, apretando los dientes y no dijo nada— ¿De verdad estás dispuesto a todo por él, Shogo? ¿Qué más soportarías?

La desesperación que Haizaki sentía era tal, que su cuerpo se heló. Había jurado nunca, nunca, ¡pero nunca decir nada de esos tormentosos sentimientos! ¡¿Cómo es que pudieron terminar descubriéndose así de fácil?! ¡Le jodía! Porque para él, sentir éste puto amor era tan patético, era tan mierda… por eso prefería que Kise lo odiara, era mejor a tener que enfrentarse con esos sentimientos que lo hacían vulnerable. Por eso la protección que terminó dándole se torció de un modo sombrío. Y tanto tiempo esforzándose en ocultar todo eso, para evitarlo, para huir y solo pretender que cumplía su maldita promesa, para que al final, viniera ésta maldita vampireza a tirarle todos esos muros que lo alejaban de esa estúpida debilidad.

Porque no quería, no quería, no quería, ¡no quería aceptarlo! Aunque fuera la misma historia de siempre con él y la misma lucha en su interior, no iba a perder contra esos sentimientos; porque sin necesidad de involucrarse tanto y engañándose así, ya estaba sufrimiendo para la mierda, por lo que aceptarlo sería todavía mucho peor. Y no quería sentirse débil. Haizaki no era ningún debilucho, pues ya bastante tenía con ser consciente, dado que una cosa era saber y otra aceptarlo; prefería creer que hacía lo hacía solo por la simple promesa, que todo lo que hizo fue por una puta promesa, porque él será lo que será, siempre cumple lo que promete. Y por eso era mejor seguir engañándose así a enfrentarse a esos sentimientos y menos ahora.

Estaba bien sin amor, ¿de qué le serviría aceptarlo ahora mismo? ¿De qué? ¿Acaso sería mejor? ¿Por qué? Hubiese preferido morir a tener que pasar por esto. No obstante, aún con toda esa negación en su cabeza, sintió que ya no podía más. Y es que, todo tiene un límite siempre; de lo que más se huye, más se termina cayendo.

— ¡Maldita seas, maldita seas…! —exclamó Haizaki, con sus ojos afilados y bestiales al ver a la rubia.

Pero Alex no le respondió, solo continuó esperando su respuesta.

Finalmente, Shogo suspiró y miró hacía el techo con una extraña expresión.

—Lo que sea —admitió.


CHAN, CHAN-CHAN-CHAN-CHAN-CHAN! (?)

Asdljdlasjsdljasklfg, y el verdadero obvio secreto de Haizaki quedó desvelado y finalmente aceptó todo lo que siente por Kise... frente a otra persona x'D. Debo admitir que se sensibilizaron los feels cuando escribí esta parte ;u; Yo sé que muchos detestan a Haizaki, pero yo tengo la ferviente creencia, que los demonios siempre salen del infierno en busca de un ángel, ya saben, es el equilibrio de la vida: bien y mal, pls. (?)

Ok ya xD.

Fuera de eso, el rumbo de la historia se está centrando más y el objetivo parece claro. Ahora, ¿qué les deparará a ellos? Porque con la presencia de Haizaki ahí y aparte del amor no correspondido de Kise... Well, ustedes dirán que creen que pasará xD

Ojalá hayan disfrutado del capítulo, eh, ¡los amo, y espero logren darme sus comentarios, por favor!