¡Holisssss! Bien, ya estoy de vacaciones finalmente, y aunque solo son dos semanas, me tendrán más constantemente por aquí xD. Por otra parte, estoy muy feliz porque estoy a un capítulo de terminar de escribir ésta historia ;u; Ya tengo todo editado, todo listo, listo para las publicaciones, solo es cuestión de ello.
Espero que disfruten lo que hoy vengo a dejarles con éste capítulo, que no puede faltar el drama con Kise y Haizaki en la misma habitación que con Aomine y Kagami :v.
/Domingo 26 de Octubre del 2014/
A lo lejos de la ciudad, se escuchó el fuerte y grueso tintineo de la campana de alguna catedral. Seguramente estaría bastante lejos como para que los oídos humanos pudieran escucharla, pero para quienes habitaban la casa de Alexandra García, no era así, porque ninguno de ahí, era humano en lo más mínimo; incluso podían oír pequeñas conversaciones a las afueras de las personas que pasaban en las calles y los automóviles. Y aún de todo lo que ellos se podrían enterar con esa audición tan aguda, ninguno prestaba atención a eso, pues como vampiros y licántropos que eran, ya estaban a acostumbrados a ignorar las cosas innecesarias que sus oídos captaran. Además, el ambiente de la casa ya era muy pesado y más ahora, porque todos estaban reunidos otra vez en la enorme sala: de pie y sentados, para el plan que harían.
Ayer, luego de que Alex sacara a todos de la zona subterránea para quedase a solas con Haizaki, la mayoría decidió salir fuera para refrescarse la mente o para cazar, pero no dentro del territorio. Si las cosas hubiesen estado más calmadas, la vampira de ojos turquesa les habría dicho sobre la sangre superficial para que evitaran matar personas, mas no fue así. Nadie estaba de humor para mostrarse muy compasivos que digamos, a excepción de Kuroko, que se conformó con los cadáveres de un accidente automovilístico y luego decidió distraer un momento su pensamiento hacía Kagami; quién todavía no había revelado muchas cosas de su extraña y nueva especie.
Escuchó como Aomine le preguntó que quería comer o beber, pero simplemente el híbrido de ojos rubíes negó y no supo sí eso debía inquietarle o tenerlo aliviado. Tal vez simplemente su apetito no estaba despierto por completo.
Kise también salió de aquella casa, intentando no revelarse hacía El Hada, pese a que estaba completamente furioso y perplejo con la decisión de ésta al término de "aliados". Himuro se ofreció a guiarlo en la ciudad para mostrarle los mejores lugares de caza, acompañado de su madre, Shiro, pero el rubio simplemente negó con una simpática sonrisa; mismo sentimiento que no calentaba el brillo de sus ojos fríos y llenos de desconfianza. Algo que no hubiese sido nada típico de él hace un siglo, pero ya no era él mismo, y desahogó su pena, su dolor, su ira y todos los sentimientos negativos que querían nublarle el juicio cazando, matando a tantos inocentes como pudo, sin diferenciar entre niños, adultos, mujeres u hombres. Simplemente cazó y cazó, compensando todo lo que no había bebido en un siglo, olvidándose de las cosas que debía meditar. Y por eso, fue el último en regresar a la casa de Alex, con un cambio de ropa y un corte nuevo de cabello, ¿dónde consiguió todo eso para alimentar la vanidad de su interior? Nadie se lo preguntó.
Y Haizaki se había quedado todo el día, hasta hace unas horas, en la misma habitación con aquella vampiresa, porque estaba terminando de curarle su cuerpo, claro, mientras tenían una cerrada conversación, en donde los insultos del licántropo siempre estuvieron presentes, como era de esperarse. Del mismo modo que muchas emociones en su cuerpo, no solo por las cosas que Alex le decía, sino porque cuando Aomine llegó, más de una vez lanzó sus comentarios mordaces indirectamente muy directos. Porque aunque éste estuviera hasta la planta de la sala—que eran como dos pisos más arriba—, Shogo sí podía escuchar, a diferencia de los otros, que no podían gracias al campo magnético que seguía ahí, debido a la misma Alex.
Como resultado de tantas personas diferentes juntas en ese lugar, el ambiente ahora era peor que el de ayer, eso debido a la maravillosa noticia que El Hada les dio.
—Bueno, ya tenemos una ayuda para nosotros —dijo al fin, rompiendo el silencio y todos los presentes dirigieron sus ojos a la puerta que era la salida de las escaleras subterráneas.
De ese lugar, Haizaki ascendió con su expresión superior, dispuesto a moler a golpes al primero que hablara. Estaba completamente curado, vistiendo un pantalón negro de mezclilla con decorados de cadenas metálicas y una camiseta azul grisáceo, aunque estaba descalzo, por preferencia. Y no es que los demás estuvieran luciendo zapatos de lujo—excepto Kise—, porque solo calzaban sandalias. El cabello gris plateado del licántropo relució del mismo modo que sus pendientes en cada oreja, acentuando su apariencia cretina.
—Como los infelices reciben tan buen trato, ya veo porque abunda tanto maldito en el mundo —dijo Aomine con una sonrisa sarcástica, chocando su mirada zafiro con la plateada.
—Tú eres el maldito ejemplo de eso, Daiki —contraatacó Haizaki, alzando ligeramente el rostro y rió entre dientes.
El electrizante deseo homicida que recorrió la estancia parecía casi tangible, y eso que los dos licántropos estaban de punta a punta. Igualmente ambos estaban en una posición defensiva y de forma inconsciente, estaban preparando su cuerpo para la lucha física.
Nadie de los presentes ahí podía creer la enemistad natural que ellos destilaban, ni siquiera entre vampiros y licántropos sucedía eso—refiriéndose a los desterrados, porque los de La Noche no eran así de enemistados— cuando tenían algún intercambio hostil, tampoco llegaba a tanto.
Pero Daiki estaba deseando saltar a desgarrarle la garganta a Shogo, ¡tenía tantas cosas que cobrarle al maldito…! Que no podía creer cómo es que se estaba conteniendo ahora, por todos los cielos; porque el mismo desprecio y deseo de matarlo seguía latente en él, justo como hace un siglo. Aunque ahora tenía algo mucho más fuerte que le recordaba debía controlarse lo mejor que podía.
La mano de Kagami, que estaba entrelazada con la del peliazul, le dio un apretón. Claro que él tampoco estaba tan tranquilo, no cuando percibía que el peligris igualmente estaba dispuesto a hacerle daño a su Aomine; eso era algo que completamente no iba a tolerar. Por lo que miró de forma amenazante al otro licántropo.
—No tientes tu suerte, maldito bastardo, porque yo no te aceptaré como ayuda en esto —rugió Aomine de forma fría.
—Haha, no sabes lo feliz que me hace saberlo, Daiki de mierda, así podré matarte en cualquier momento —contestó Haizaki, llevándose sus manos dentro de los bolsillos del pantalón que usaba.
Aomine iba a responder de la misma manera que el lycan de ojos plateados, pero Kise se le adelantó.
—Eso si yo no te lo permitiré, Shogo —cuando las palabras salieron de su boca, caminó varios pasos adelante, quedando a un metro de distancia del licántropo peligris, haciendo que la atención de éste dejara al peliazul y le mirara.
—Siempre has sido un debilucho, Ryooota —zanjó Haizaki, con ese aire propio tan siniestro—. Antes nunca me ganaste en las peleas, ¿crees que ahora será diferente luego del tiempo esclavizado, ah? ¡Debes de tenerlos bien puestos para decir una tontería así!
Aquellas palabras captaron la atención de Aomine y sus ojos buscaron ver los del rubio, pero éste no le enfrentó con la mirada, pese a sentirse observado por el primer mencionado. Porque en todo el tiempo que estuvieron juntos, el vampiro jamás le dijo que el lycan de cabello gris había sido su mejor amigo, nunca sintió la necesidad de decírselo y menos cuando el peliazul siempre le contó su desagrado por Haizaki, y no quería perder su confianza si le decía que conocía al anterior susodicho.
Shogo sonrió al percatarse de la mirada del lycan moreno; ese hecho era algo que sabía y ver la confusión ajena le endulzo su infierno propio.
— ¿Crees que no seré capaz de matarte? —inquirió Kise, con el semblante serio, distante y amenazante. Siempre resultaba extraño ver esa faceta tan intimidadora en su cara de ángel— ¡No me retes, Shogo, porque realmente me encargaré de ti! —su mirada fue similar a las estalactitas de hielo.
Haizaki siempre adoraba cuando el rubio le mostraba esa faceta de su personalidad, porque mostraba al verdadero chico que era él y que casi nunca dejaba los demás notaran con facilidad. Y si bien el motivo no era uno positivo en su caso, no le importaba.
Como respuesta, simplemente cerró los ojos unos segundos, en los que movió la cabeza, negando y burlándose a la vez e iba a decir otra cosa para joder al peliazul, pero la mirada de Alex, le recordó el acuerdo al que habían llegado hace unos momentos y gruñó interiormente.
—Aomine-kun, Kise-kun, pienso que con esos comentarios no harán que Haizaki-kun ayude de verdad, ahora que se ve firme —comentó Kuroko.
—Voy a decirles una cosa a todos ustedes, hijos de puta —Haizaki puso una cara amarga y altanera—: solo existe un puñetero motivo por el cual no los mando a la mierda y traigo al imbécil de Seijuro contra ustedes —les señaló, con advertencia y varios se tensaron—, pero eso no les importa.
A continuación, Alex le lanzó un frasco de medicamento al licántropo y éste simplemente se regresó por donde vino. Si antes tenía pensado quedarse a escuchar el plan que tenían, con solo ver el actuar de Ryota hacía Daiki, el impacto del dolor fue tan caótico ahora que ya había terminado de aceptar sus verdadero sentimientos y… Sentía que no podía con su puta alma. Para él, era preferible haberse quedado desintegrando por el ataque de Midorima, pero ahora las cosas ya estaban hechas, así que solo le quedaba aguantarse. ¿Sería su castigo?
Vaya, que yo esté pensando en tonterías como estas, es porque de verdad ahora estoy jodido, pensó Shogo con una amargura tan palpable.
—Deberías ver que no rompa nada, Kise —la voz de Aomine pronto se hizo notar, de un modo que alertó la intuición del pelirrojo e hizo estremecer al rubio.
Esto era lo que Himuro temía; esa tonta obviedad de qué por más que quisiera Kagami, el vínculo del peliazul y el vampiro rubio, no se iba a romper, justo como lo habían visto sus ojos hace unos meses. Tal vez no fuera lo mismo, si bien el significado de esto no era lo mismo que el vínculo de amor entre Aomine y su hermano, sabía a éste le costaría aceptarlo, justo como al licántropo le costaba aceptar a Tatsuya.
— ¿Por qué debería hacer eso, Aominecchi? —Kise se volteó lentamente, ignorando la presencia del pelirrojo ahí, que seguía sujetando de la mano al moreno.
—Es tu conocido, ¿no? Seguro le vendría bien tu compañía —dijo Aomine con un sarcasmo ácido, que era un indirecto reclamo de lo que se acababa de enterar.
Y Kise se dio cuenta de eso, por lo que su expresión se descompuso e hizo ademan de acercarse a Daiki, para aclararle, para que no se enojara por eso. Ya bastante tenía con todo y ahora…
—Si no recuerdan, si estamos aquí juntos, es porque debemos hablar de un método para luchar contra Akashi —interrumpió Kagami, tratando de sonar lo más calmado posible, pero su temperamento se lo impedía; las llamas de los celos y la ira se notaban hasta para el rubio.
Aomine frunció el ceño cuando la mano del pelirrojo le soltó y le miró, sin embargo, el pelirrojo no le regresó el gesto.
El resto prefirió hacer caso omiso de la nueva tensión que se formó ahí, con ese triángulo amoroso queriendo terminar de crearse.
—Tus amigos, Taiga, la manada de Hyuuga podrían servir como aliados —sugirió Himuro.
—No me gustaría llevar a mis amigos a una lucha donde pueden morir —repuso Kagami, frunciendo el ceño.
—No pareces tener problema en hacerlo con tu familia, Kagamicchi —mencionó Kise, como simple comentario, regresando al lugar donde estaba parado al principio; cerca de la ventana.
—Es diferente, Kise, y seguro entiendes a lo que refiero —Kagami le regresó su mirada como vil volcán a punto de hacer erupción.
—No puedes salvar a todos, es simple, y son momentos críticos.
— ¿La experiencia te lo dice?
De acuerdo, si al principio Kise estaba hablándole a Kagami lo más educado posible, aquella oración le hizo perder un poco el deseo de querer llevar las cosas bien con el pelirrojo, porque después de todo, fue éste quien le salvó de Eretz y sabía reconocerlo. Pero eso no incluía dejarse de él. Y se estaría mintiendo sino reconociera que también tenía celos, por eso le dedicó una mirada seria, que acentuó su intención con la sombra de su cabello, aunque el híbrido solamente lo miró, firme, sin miedo.
—Suficiente —ahora Alex habló, tratando de no perder la calma con los innecesarios enfrentamientos que sucedieron en tan poco tiempo el día de hoy.
—Taiga, cariño —Shiro se incorporó de donde estaba sentada, para acercarse hasta su hijo y le sujetó del rostro, alejándolo momentáneamente del lycan—, sé bien a lo que te refieres con querer proteger a tus amigos y más si no tienen nada que ver en esto —sus ojos fueron completamente comprensivos; ella sabía bien lo que se sentía—, pero si Akashi gana, será algo que afectará a La Noche, como a éste mundo. Por eso necesitamos su ayuda.
Los ojos del híbrido pelirrojo se cerraron con fuerza y suspiró.
—No quiero tener que pedirles algo como eso…
—Puedo ir contigo, Taiga, sabes que yo no te dejaré solo —Himuro se adelantó a decirle, robándole la oración al peliazul y se acercó a su hermano para sujetarle el antebrazo.
—No creo que den buena respuesta si ven llegar a un chupasangre —opinó Aomine, como quien no quiere la cosa, mirando al vampiro pelinegro.
—Aomine tiene razón con eso, creo que será mejor que vaya yo nada más —puntualizó Kagami, alzando una mano para sujetar la de su hermano y sonreírle—. Pero gracias, Tatsuya.
El sabor de los celos no le sentaba para nada al licántropo de cabello azul, para nada, pero su rostro no dejó ver aquella emoción tan catastrófica.
—Pero yo no te dejaré ir solo —insistió Aomine—, así que iré contigo.
—No necesito que me cuides, puedo hacerlo solo —reprochó Kagami, enfrentándose a su pareja.
— ¿Acaso te estás olvidando que eres diferente ahora? —Aomine enarcó una ceja y se acercó a su chico para tocarle ligeramente la mandíbula; un gesto que dejó en claro que más que ser mandón y posesivo, era solo una máscara para ocultar la preocupación tremenda que sentía hacía el pelirrojo. O al menos, éste último fue capaz de verlo— Y no sabes cómo van a reaccionar ellos, sobre todo porque conocen la leyenda y la Ley de Oro —recordó con un tono suave, para bajar los ánimos celosos de ambos, ya que era obvio él también notó eso en el otro.
—No soy un bicho raro, Ahomine, además ellos son mis amigos —gruñó Kagami, sintiéndose algo avergonzado al percibir el aura romántica que destilaban los ojos ajenos, y más cuando su madre sonrió divertida por el cambio de situación, pasando a alejarse junto con su hermano.
—Lo sé, pero no voy a arriesgarte así, Bakagami, y ambos sabemos que tú harías exactamente lo mismo por mí —Aomine sonrió victorioso al notar el suave rubor que su pareja optó y entonces, se olvidó de todo, para después pasar a sujetar el cuello impropio, creando un maravilloso ósculo.
El híbrido hizo ademan de protestar, pero cuando los labios de su peliazul le tocaron, todo se derritió en su interior y correspondió. Aunque el beso era tranquilo, si era profundo, o lo fue, porque no fue un tiempo muy largo en el que los belfos de ambos se abrazaron, gracias a que Alex les interrumpió con un malicioso "entonces, vayan por Junpei para no perder tiempo en esto".
Y Kise agradeció por completo esa interrupción, porque aunque hubiese desviado su atención hacía la ventana y en escuchar los sonidos que emitía Haizaki allá en la habitación subterránea, de todos modos era capaz de escuchar el sonido del beso; tan suave, tan fluido, tan compatible… Y tan doloroso.
Las gotas de agua de los conductos de aquel túnel, caían de forma acompasada, pero ligera. De no ser porque el invierno estaba cerca, el lugar no estaría tan frío, pero gracias que al ser licántropos, ese tipo de temperaturas no les afectaba en nada. Además, casi nunca estaban en casa, solían ser muy aventureros; razón por la cual, se fueron a Canadá y no regresaron hasta ayer al medio día para divertirse en los bosques de ese país. Contemplaron la idea de invitar a Kagami también, junto a Aomine, pero prefirieron no hacerlo, porque Hyuuga no se sentiría cómodo con el peliazul ahí y la principal razón por la que decidieron ir a ese lugar, era para divertirse y distraerse de las peleas que habían empezado gracias al territorio.
Si por Kiyoshi fuera, le gustaría terminar resolviendo todo él solo, pese a ser solo el beta de la manada, porque no era agradable ver el estrés al que Junpei se veía sometido para proteger siempre a la manada de los posibles ataques que otros licántropos querían hacer, debido a que el lugar que ellos poseían era muy agradable y discreto.
—Tal vez deberíamos invitar a Kagami a jugar basquetbol otra vez —sugirió Kiyoshi con una sonrisa, mientras estaba sentado en el suelo, mirando el cuerpo acostado a su lado, que era el de su alfa.
—No creo que debamos traer a un chico humano, ahora que la manda de Nash está fastidiando por ganar éste lugar —regañó Hyuuga, frunciendo el ceño ligeramente—. No entiendo porque todo esto se descontroló así.
—Eres un alfa muy respetado en el submundo, siempre habrán envidiosos —comentó Kiyoshi con un gesto tranquilizador e hizo ademán de acariciar el cabello ajeno, pero el lycan de ojos avellana le dio un manotazo.
—Idiota, vete con tu consuelo con los demás, no los necesito —Hyuuga desvió la mirada, tratando de calmar el golpe de adrenalina que sintió en la boca de su estómago cuando estuvo a punto de sentir una de esas grandes manos de su amigo.
—Hyuuga —llamó Kiyoshi, tan amable como siempre, sin haberse molestado por la agresión ajena, al contrario, con esa mano rechazada, le sujetó de la muñeca al contrario—, no olvides que siempre te apoyaré —musitó con una expresión risueña y adorable, pese a ser un hombre lobo de casi dos metro, podía lucir así.
Algo que siempre ponía en apuros a Junpei, para que negar eso. Porque al verle, sintió un calor subir hasta su cara y se alejó o más bien, intentó alejarse, pero el agarre del más alto se lo impidió.
— ¡Fuera de aquí, Kiyoshi! —gruñó.
Los otros miembros de la manada estaban en el terreno que les correspondía, haciendo unos ajustes, con Riko guiándolos. Así que por esa razón, ellos dos se quedaron solos en su "casa", porque con estos nuevos problemas, no podían dejar sola ninguna parte de su territorio, aunque la mayoría de las veces, al dividirse así, siempre alfa y beta iba en cada grupo. Sin embargo, ésta fue una maravillosa excepción, en la que convenientemente Riko había dicho que ella podía con la salida del día de hoy, y siendo como era, logró convencer a los dos chicos.
—Lo digo en serio, Hyuuga, muy en serio —repitió Kiyoshi nuevamente, ahora con una faceta seria, más formal y muy sincera que estaba rompiendo los candados del espacio personal del pelinegro.
— ¡…! —ese nuevo cambio de actitud tomó por sorpresa a Hyuuga, porque el brillo de los ojos castaños cambió de tal manera que lo dejó inmóvil. Quería moverse, alejarse y golpearlo muy fuerte para que no volviera a hacer algo como esto.
Ambos licántropos se quedaron mirando fijamente, con el pulso acelerado en demasía y los dos eran capaces de escucharse, lo que podría ser suficiente para dejar expuestos y en claro sus sentimientos. Sin embargo, ninguno decía nada de nada, solo sus respiraciones se tocaban, hasta que sus narices casi se rozaban. Te odio, te odio, te odio…, pensó Hyuuga, todavía ruborizado, con la expresión de agresividad desapareciendo poco a poco, empezando a dejarse llevar. Él mismo sabía que no odiaba a Koyoshi en lo más mínimo, ¿cómo odiar a aquel chico que despertaba tantas cosas hermosas en él? Pero él era el alfa, no podía romper ese vínculo tan fácil.
—Hyuuga…
Las manos del susodicho agarraron de la ropa con fuerza al licántropo de cabello castaño, con impaciencia, esperando que fuera el otro quién empezara las cosas, pero de verdad que Teppei siempre lograba sacarlo de sus casillas, incluso así. Por eso fue que Hyuuga lo besó primero.
Un toque ante los belfos estampados, sin embargo, cuando los dos estaban preparados para profundizar el primer contacto de éste tipo con ellos, un nuevo olor los alertó y se separaron.
Eso debido a que por más diferente que llegara a ser, la esencia de Kagami se percibía en éste.
/Domingo 2 de Noviembre del 2014/
Podía decirles a todos que no era el mismo de siempre, que todo ese siglo en Eretz fue suficiente para arruinar bastante su personalidad, o al menos, una parte de ella. Pero eso no significaba que ciertas cosas hubieran sido olvidadas en su mente, o mejor dicho, la situación de ahora, lo ameritaba bastante y el día, no por el clima, no por la hora, no por el ambiente, no.
Si no por la fecha.
Kuroko sabía que Kise no podía hacer caso omiso de ésta fecha. Porque hoy era el cumpleaños de Haizaki, y si bien en todos estos años le dio completamente igual lo que sucediera alrededor del licántropo, todo era diferente ahora. Tal vez porque era la persona que ahora odiaba y no podía serle indiferente como pensó podría hacerlo, no era así. Y al rubio le fastidiaba bastante, porque aun sabiendo lo maldito que era el peligris, en su mente no podía sacarse la absurda necesidad de querer saber el motivo del porque Shogo le salvó de Midorima aquella vez.
Es decir, lo hubiese creído de otro de los miembros de la Unión Milagrosa incluso o de Tetsuya, ¿pero de Haizaki? ¡No tenía sentido! Pese a que sabía le estaba dando muchas vueltas al asunto, era algo no dejaría ir tan fácil; quería una respuesta, la que fuera… Sin embargo, no enfrentaba al lycan de ojos plateados.
En las veces de ésta nueva semana que llevaba viviendo—de forma tortuosa— en la casa de Alex, junto con los demás, las veces que volvió a intercambiar palabras con Haizaki, no terminó en nada bueno realmente. Solo simples enfrentamientos que no eran tan movidos como los que se suscitaron entre el peligris y Aomine, pero sí muy intensos. De entre todos, Ryota y el anterior mencionado, eran los que menos confiaban en el ex miembro de la Unión Milagrosa por obvias razones. Y Kagami también sabía eso, de hecho, su atención no recaía tanto en Shogo, sino más bien en la rara relación que había quedado entre el rubio y su pareja.
Era una suerte que en estos momentos Aomine no estuviera presente, porque nuevamente había ido a acompañar a Kagami a ver a Hyuuga, como hace una semana igual fueron a visitarle para pedirle ayuda—algo que fue enteramente complicado por la verdadera naturaleza del pelirrojo que dejaron conocieran—, quedaron que éste día tendrían una respuesta, porque tras la intervención de Kiyoshi, las cosas luego fueran fáciles de llevar, pero Junpei había dictado que primero necesitaba la opinión del resto de su manada y conocer la pura y simple verdad para decidir sí apoyar o no a Taiga. Algo que, para ser sinceros, fue un buen desenlace. Y todos, o mejor dicho, la mayoría esperaban la respuesta fuera positiva.
Kise no tenía muchas cosas de las que agarrarse al estar en ese lugar, es más, sino fuera por lo que se avecinaba para todos—algo que también compartían—, no se quedaría ahí. Sobre todo, ya había sufrido bastante en aquella prisión y todavía seguía haciéndolo, incluso de forma más dolorosa ahora que ya era libre. El único motivo de eso, era obvio: Aomine y su relación con Kagami.
Era peor, porque cuando quería distraerse de esos pensamientos destructivos, su mente se metía en el asunto de Haizaki, así como hoy y con más ganas. Así que fuera de donde fuera, seguía perdiendo y sufriendo, aunque en algún lugar de su mente, el rubio se preguntó que si las cosas hubiesen quedado diferentes con el peligris, ¿qué pasaría?
Quizá, solo quizá, una diminuta parte de él, quería recuperar al que una vez fue su mejor amigo. Y es que tampoco podía negar, que en esos tiempos, Shogo siempre fue un perfecto sustento para él; pese a ser completamente opuestos—como el Sol y la Luna—, su relación era sólida. Pero desgraciadamente, tanto él, como el licántropo, ya no eran los mismos. Ya no eran simples niños como antes y la vida había pasado sobre ellos de forma muy marcada.
Debo estar muy desesperado para estar pensando en eso, Kise respingo discretamente, mientras estaba acostado en la habitación que Alex humildemente le prestó. Mismo lugar estaba alejado de donde Haizaki se quedaba y de donde no salía, cabe añadir, ni para sus curaciones, porque El Hada era la que se molestaba en ir a verlo. Recordarlo, le hizo al rubio fruncir ligeramente el ceño.
La verdad, él no hubiese creído posible que se podría pasar la semana completa teniendo al lycan de cabello gris en la misma vivienda. Y de no ser porque aparentemente seguía recuperándose del ataque de Midorima, seguro estaría jodiendo a todos y haciendo de las suyas, como siempre acostumbraba. Aunque bueno, tampoco podía saber si lo hacía o no, ya que por algún motivo que no conocía, no siempre era capaz de escuchar hasta la habitación del otro. Igual, eso era mejor.
Ya no siguió pensando en nada más, porque de pronto escuchó como se acercaban los pasos de Aomine y Kagami, junto con el olor de otro licántropo, quien seguramente debía ser ese tal Hyuuga. Así que el rubio se incorporó de golpe y con la elegancia y rapidez propia de un vampiro, salió corriendo hacía la sala—lugar donde se acostumbró a hacer las curiosas reuniones—, porque oler la presencia de ese otro chico, debía ser algo muy bueno.
Pero no todo debía ser tan tranquilo, como creía Kise al menos, eso debido que al llegar al pie de las escaleras, tuvo que detenerse de golpe, cuando la presencia de Haizaki apareció ahí. Pero, cuando esperó que el ajeno le dijera algo para burlarse de él, justo como siempre lo hacía, de forma cruel, él no le dijo nada; únicamente lo miro durante unos segundos e hizo un gesto con su boca, como si no valiera la pena perder tiempo en el rubio ahora o así fue la manera en que lo interpretó. Aunque claro, prefería esto—pese a que igualmente lo hacía rabiar— a oír las palabras impropias.
Haizaki sabía qué fecha era hoy; su cumpleaños. En La Noche siempre lo celebraba yéndose a joder a las personas para terminar haciendo alguna orgía, así de simple y placentero. Y seguramente hoy por fin terminaría saliendo de ésta maldita casa para alimentarse de lo que quisiera, sin embargo, no de la forma tan desastrosa a como estaba acostumbrado, porque gracias a cierto trato con la muy desgraciada rubia vampira de Alex, tenía que ponerse un poco los frenos.
Sinceramente, nunca se imaginó que en toda su vida, alguien pudiera ser capaz de controlarlo un poco, jamás se imaginó en éste tipo de situación, donde en lugar de ser él el malo, terminaba formando parte para destruir al verdadero villano. Lógicamente que con la simple palabra de "destruir", era mucha motivación para Shogo y otro deseo más por ahí que prefería ya no volver a recalcar; suficiente tuvo con la forma en que El Hada le sacó las palabras de la boca. Y trataba de hacer caso omiso a ese huracán de nuevos sentimientos, diciéndose a sí mismo, que si tuviera opción, sí terminaría yéndose al lado de Akashi para joderse al mundo igual. Porque ni él mismo se creía estar en un papel diferente al que siempre estuvo acostumbrado.
El aura de Haizaki era completamente intimidante, gracias a sus pensamientos tan negativos y característicos de su persona. Solamente miró de una forma impetuosa a todos ahí, que hizo a Hyuuga querer enseñarle el significado del respeto.
—Hey, Kagami, ¿de verdad éste tipo forma parte de tu círculo de amigos? —quiso saber, nada feliz y huraño.
—Yo no soy amigo de nadie, cuatro ojos —chistó Haizaki, tan bravucón como siempre y se inclinó un poco, viendo al lycan de orbes avellana—. ¿Qué clase de licántropo marica eres para usar lentes? —alzó las cejas y torció su sonrisa presuntuosa.
— ¡Cierra tu hocico, maldito niñato! —gruñó Hyuuga, con un brillo pesado en sus ojos, que intimidaría a cualquiera. Estaba controlándose lo mejor que pudo.
—Hah, ¿eres una burla de alfa, verdad? —Haizaki se rió entre dientes, porque aunque sintió el peso de poder que el otro lycan sentía, para él, un ex miembro de la Unión, eso no era nada. Verdadera intimidación era lo que el pelirrojo líder daba.
— ¡No creas que porque hayas formado parte de la Unión Milagrosa no te enseñaré a respetar! —Hyuuga llameaba en ira. Y claro que conocía al peligris, del mismo modo que al vampiro rubio ahí, antes de ser desterrado de La Noche, solo supo sobre el hecho que al primero lo cambiarían.
No iba a armar tanto jaleo por el hecho que tres miembros de la Unión Milagrosa estuvieran como parte del grupo que iría contra Akashi y en el círculo de personas "cercanas" a Kagami, porque se lo explicaron hace una semana cuando interrumpieron su beso con Kiyoshi, pero de verdad no se había creído por completo el hecho que Shogo estuviera ahí, con ellos—pese a que el pelirrojo se lo dijo— y siendo que fue mencionado por su amigo, esperaba una imagen diferente. Pero bien decían que tipos como el chico de cabellos plateados, no cambiaban nunca. Entonces no entendía porque mierda lo tenían ahí. Sin embargo, eso era lo de menos, pues ahora mismo estaba dispuesto a darle una santa lección al impropio.
—Tú problema es conmigo, ¿no, Shogo? —Kise se situó en medio, haciendo que el lycan con lentes se detuviera rápidamente, mientras que los orbes miel enfrentaban a los grises.
— ¿Me vas a pedir que te rompa el culo a ti entonces, Ryota? —Haizaki ni le tomó en serio— Yo no soy Seijuro.
—Cállate, desgraciado —fue Aomine quien intervino ahora, si bien de forma más "tranquila", o mejor dicho, civilizada, pero su aura era una completamente asesina; como si estuviera a punto de transformarse y miraba al peligris, contando los segundos para arrancarle la cabeza—. Deberías recordar que con o sin ti, no habrá diferencia, así que no creas que tu muerte está lejos.
—Hah, Daiki, si te vas a molestar en defender el culo de la rubia así, ¿por qué mierda usas el del pelirrojo de allá para satisfacerte? —Haizaki señaló al último mencionado con la más cruel de las malicias. En parte para joder y en parte porque… era cierto.
Kagami había estado tratando de calmar a Hyuuga tras el pequeño intercambio hostil, pero con ese comentario, fue imposible que hiciera caso omiso y alzó sus ojos fulminantes hacía el peligris. Ese maldito de verdad que sabía tocar las fibras sensibles de los demás, porque en éste momento, Shogo acababa de ponerse a todos contra sí mismo, pero parecía no importarle.
No obstante, eso no impidió el golpe de fuego que casi impacta en la cabeza del licántropo de cabello plateado, porque lo esquivó.
Y es que Taiga no era tan fácil de controlar, valiéndole mierda el agujero que terminó haciendo en la pared de la casa.
—Maldito…
Haizaki le iba a responder, pero sintió un piquete en su mente y de pronto, su visión y demás sentidos se nublaron; Kuroko se le había adelantado a Alex.
—Creo que todos coincidimos que es mejor no pelear entre nosotros, porque nadie más tendría el valor de irse en una pelea contra Akashi-kun —comentó.
Su intervención cual fantasma fue oportuna, porque Himuro ya tenía el hechizo listo para darle su merecido al bocón de Shogo y Alex igual, aunque no de forma tan dolorosa como el primero, ya que no debía matarlo, gracias al trato que tenían.
—Voy a pedirles que no respondan a los comentarios de Shogo si queremos llevar esto bien —ordenó Alex, tranquila. Sabía del porqué de la actitud del peligris, aunque no por eso significaba se enojara menos—. Sobre todo tú, Daiki.
— ¿Recuerdas de quién es la culpa de todos modos? —respondió Aomine con rebeldía— Todos te dijimos que lo mejor era dejar que ese bastardo de Haizaki muriera…
—Aominecchi, creo que Kurokocchi tiene razón —Kise se acercó al primer nombrado, ignorando la mirada del pelirrojo, y le sujetó del hombro.
Los dos muchachos se quedaron mirando sin decir nada, haciendo que poco a poco, el vaso de la paciencia en Kagami empezara a llenarse.
/Viernes 7 de Noviembre del 2014/
Al menos las cosas habían podido hablarse luego de que Kuroko hiciera uso de su poder al fin para ayudar a controlar a Haizaki—todos esperaban una peor respuesta luego de que el peliceleste dejara libre al anterior mencionado, pero no fue así— y logrando que todavía con la visita de Hyuuga, pudieran acomodar el plan a su antojo con éste presente. Era admirable que pese a saber que la presencia del peligris estaría ahí, el alfa de la otra manada y amigo de Kagami, siguiera mostrándose firme en su intención por ayudar. Y es que ya había tomado la decisión, no era ningún niñato inmaduro para ponerse a decir "no" por algo como esto.
Nadie había dormido nada—no lo necesitaban tampoco— hasta que el plan quedó completo y aceptable por todo, escuchando opiniones y muchas sugerencias de los posibles ataques y trampas que Akashi les tendería al llegar, así como otros planes por si algo les fallaba. Aunque para hacerlo, fue necesaria la ayuda de Shogo, porque él había estado todo éste siglo con el líder pelirrojo, junto con Kuroko, de modo que el cerebro de los dos era muy necesario, gustara o no gustara a los demás. Sin embargo, no supieron el motivo, pero en ésta ocasión, el peligris se mantuvo a la raya y no insultó—de más— a alguien al estar dando sus opiniones verbales. Y si no fuera un grandísimo hijo de puta, Himuro hubiera aceptado, que la mente de él era casi tan calculadora como la suya cuando se trataba de joder a sus enemigos.
Finalmente, todos habían estado de acuerdo con que tanto el grupo de Kagami—que incluía a Aomine y los otros presentes en la casa de Alex— y la manada de Hyuuga—con Kiyoshi, Riko y el resto— se mantendrían separados, pero que tan pronto empezara el momento de la acción, se formarían mini grupos mezclándose. A Junpei le hubiera gustado tener la opinión de sus amigos con forme a este, sin embargo, no podía darse el lujo de dejar su territorio solo al traerlos a todos y que sus enemigos llegaran ahí a tomar ventaja; al menos, sabía los demás lo entenderían. Aunque se sentía bastante inquieto con estar ya cinco días fuera de su casa, mas nadie podía moverse hasta tener el plan concreto.
Los vampiros y licántropos eran seres muy perspicaces, pero la pelea que se venía en camino, era cien veces más peligrosa de las que ya habían existido en La Noche. Además, no se enfrentarían a cualquiera enemigo, sino a Akashi y con éste, las cosas debían ser tomadas muy en serio. Incluso para seres tan dotados como ellos, esto era bastante complicado, un reto mental al buscar todas las opciones para llegar a la victoria.
Alex, en todo el tiempo que llevaba viviendo, sabía que siempre habría alguna excepción, donde uno o más de uno, no estaría feliz con alguna parte del plan. Lo sabía y Shiro también, por eso ambas estaban preparadas cuando la bomba de Aomine estalló.
— ¡¿Por qué diablos Kagami y Kise deben formar equipo con éste imbécil?! —demandó, señalando con la mirada a cierto peligris ahí.
—Debería sentirme feliz, tengo ya a mi carnada —ronroneó Haizaki de forma cruel y divertido, ocultando su sentir aliviado; pues así podría proteger de esa estúpida pelea al rubio.
— ¡Debes estar jodiéndome! —Aomine miró a la madre del pelirrojo, porque ella había hecho los equipos al dar su estrategia igualmente.
—Ten más respeto cuando te diriges a mi madre —farfulló Himuro, con una mezcla extraña entre la calma y la amenaza.
Pero Shiro simplemente miró al peliazul, seria, sin inmutarse.
—Di mi estrategia, todos los aprobaron y esto forma parte de ella.
—Pero no dijiste eso de que ellos tenían que formar equipo con ese maldito de Haizaki.
El pelirrojo y el rubio no habían protestado nada; el primero porque realmente no le importaba eso, al menos no, porque Kise no haría equipo con Aomine y el segundo, sencillamente porque no quería más discusiones, no ahora. Ya que cada que el peliazul trataba de saltar cuando se enfrentaba al peligris, el deseo de interponerse más rápido de lo que su conciencia le decía, llegaba.
— ¿Y qué te preocupa? —Shiro enarcó una ceja de manera sospechosa— Mi hijo, Taiga, y Kise-kun, saben defenderse, cuidarse… Y sí Haizaki-kun desea traicionarlos, ellos son muy capaces de detenerlo.
—Tsk, ¿por qué mierda no dices nada, Kise? —resopló Aomine, dirigiéndose al mencionado.
—Porque somos muy amigos, ¿no ves? —Haizaki respondió con sarcasmo y escupió— O al menos, la rubia fue una garrapata en mi polla antes —añadió con gesto bruto.
Aquí vamos otra vez, pensaron Alex, Kuroko y hasta Hyuuga. Y eso que éste último a penas conocía el intercambio de esos tres que parecían formar un rectángulo amoroso y curioso junto con Kagami, ¿o era solo su imaginación? Bueno, él no estaba ahí para averiguar los chismes de la vida de ellos.
— ¡Deja ese maldito tema de una vez! —saltó Kise, repentinamente y se incorporó, al mismo tiempo que el peligris, observándose con desprecio.
— ¿Por qué? ¿Acaso nunca le aclaraste a tu Daiki lo cercanos que éramos? —supuso Haizaki, sonriendo ladinamente, acentuando ese gesto bravucón de siempre— Y así decían su relación era seria, ja —se lamió el pulgar.
Shiro dio una discreta señal a todos los que no pertenecían a ese rectángulo problemático ahora y de forma rápida, cada uno fue desapareciendo hacía el sótano de la rubia. Nadie quería dejar que otra vez volvieran con esas estupideces, pero como Himuro les llegó a decir en algún momento donde salió a cazar con su madre y tía, ¿por qué posponer lo que debía pasar? Era mejor dejarlo fluir de una vez, antes de que sus vidas de verdad estuvieran sentenciadas al ir otra vez a La Noche.
Resultaba obvio que había muchas cosas por aclarar todavía.
— ¡Cállate, yo jamás fui cercano a ti, jamás te consideré mi amigo ni nada! —estalló Kise, para luego sonreír frío y altanero, que le daba un toque siniestro a su expresión— La única persona que siempre me interesó fue Aominecchi.
Para este momento, Aomine se había incorporado igualmente y se situó atrás del rubio. Porque le molestaba, le molestaba el hecho de saber que Kise había estado ocultándole algo en ése tiempo; le jodía, pues el hecho de que sus sentimientos ahora fueran todos de Kagami, el rubio todavía le importaba y mucho. Le tendría cariño siempre, dado que fue su primer amor. Sin embargo, dejarlo en claro ahora, no era la mejor opción, no cuando cierto pelirrojo seguía ahí.
—Hey, Daiki, ¿nunca te interesó saber porque Ryota no te contó de nuestro vínculo? —molestó Haizaki. La destrucción de su interior que las palabras del rubio ocasionaron en su alma eran irreparables, ¿por qué sabiendo todo eso, todavía seguía con el afán de protegerlo? Como si no supiera la maldita respuesta, pero quedar descubierto, no estaba en su vocabulario.
Y Kise se sentía inquieto; no quería tocar ese tema, ya no solo porque el rencor hacía el peligris y porque era algo pasado, sino porque en alguna parte de su ser, le dolía recordar esos buenos tiempos en los que creyó conocer al verdadero Haizaki, cuando se sentía bien que él fuera la única persona que sabía el ajeno no era el desgraciado por el que todos lo tomaban… Para luego darse cuenta de la peor forma, que el peligris siempre fue así. Quizá esto último era lo que más frustraba al rubio. ¿Para esto dejó con vida a Shogo? ¿Para llenarle de la más pura confusión?
—Aominecchi, yo no te conté de eso porque… —empezó a decir, al notar la presencia del peliazul detrás de su cuerpo y pese a que el impropio no le estaba reclamando nada, era obvio que tenía la necesidad de explicarle todo, cómo no, si lo amaba.
—Ya no importa, Kise —objetó Aomine, mirando con explosión al peligris—. No te voy a dar el gusto, bastardo.
— ¡Sí importa, eres la persona que amo aún, claro que importa! —repitió Kise.
Y Haizaki sonrió con amargura y le dirigió una mirada arrogante al peliazul, como diciéndole "claro que me darás el gusto, ambos sabemos cómo es Ryota". Algo con lo que tenía razón.
— ¡Yo nunca quise que desconfiaras de mí por conocer a Shogo! ¡Y tú siempre me importaste más que él!
— ¡…Kise…! —Aomine hizo un gesto ligero de asombro. Él no pensaba reclamarle nada, aunque le molestara saber esto ahora, porque su interés principal seguía siendo su pelirrojo, pero ahora…
—Shogo nunca significó más en mi vida de lo que tú sigues significando en ella, Aominecchi.
El rubio había dado un paso hacía el peliazul de forma inconsciente y le observaba con los ojos llenos de sentimentalismo. Pero no era tan idiota como aparentaba, porque percibió la fugaz mirada que Kagami le dio y aun así, no quiso ni pudo detenerse.
Y entonces Kise lo supo: no podía entregar a Aomine tan fácilmente, por más a lo que sea que le hubiera dicho a éste hace varios días.
Simplemente no podía.
¡Yaaaay! :v
Para quiénes me dijeron por ahí y pensaron, que Kise no se iba a quedar tan tranquilito con Aomine, pues tuvieron razón. (?) Aunque a cómo pudo estarse comportando, la verdad es que está siendo bueno, ya que no se olviden que le debe su libertad a Kagami; lo sacó de uno de sus sufrimientos, pese a que le dio otro (irónicamente), pero Kise está consciente de que simplemente no puede pagarle tan de mala manera a alguien a quién le debe su libertad xD. No es tan hijo de puta el rubio uwu.
Bueno, debo decir que AMO locamente la pareja de Kiyoshi y Hyuuga, por lo que me fue imposible no hacer que su relación diera indicios de querer desarrollarse más allá de una simple camaradería.
Los dramas siguen y seguirán, pero espero hayan disfrutado éste capítulo xD.
¡No olviden dejarme sus comentarios, eh! Siempre es bueno leerlos y creo que hace mucho no lo hago ;u;
¡Besos!
