¡Holi nuevamente!

Ya sé que actualicé a penas antier, PERO ES QUE NO PUEDO CONTENERME AHORA, ahre. (?) Bueno, estoy aprovechando mis vacaciones de dos semanas, porque luego dentro de clases me es muy difícil venir a actualizar y creo que ya los he hecho esperar demasiado por ésta historia y ya va siendo tiempo que agarre rumbo para el final x'D.

Well, aún no entramos a la recta final de ésta historia... Aún, aún. Yo les diré cuando eso sea, pero de todos modos, prepárense. (?)

Habíamos quedado en el drama por parte de Kise y Haizaki :v, así que espero disfruten lo que viene ahora.


Lo único que fue capaz de distraer a Kagami, antes de terminar haciéndose notar al percatarse de que Kise no era tan víctima como se hacía ahora, fue el fugaz brillo que Haizaki tuvo en sus orbes como la plata. Aunque él mostrara una expresión de goce al hacer sufrir al rubio o cosas así, sus ojos no pudieron mentir, al menos no al pelirrojo, que estaba sintiéndose de una forma similar que éste: a un lado. Solo que, a diferencia, si era correspondido y el otro no.

Frunció el ceño, porque ahora menos comprendía la situación de ese sujeto que hace semanas intentó matarle. Ya le había dejado la mala experiencia, así que ahora no podía compadecerle realmente, pues pese a la rápida mirada que tuvo del sufrimiento ajeno, la actitud de éste impedía muchas cosas sinceras que podrían ayudarle a sentirse mejor.

Aomine suspiró y cerró los ojos unos segundos que los humanos no notarían.

—Kise, yo no te pedí me explicaras las cosas.

Esas palabras fueron capaces de romper la burbuja en que la que el rubio se metió solo.

—… Lo sé, yo solo… Aominecchi… —Kise frunció el ceño y negó— Voy a cazar, necesito estar fuerte si queremos ganarle a Akashi —se apresuró a agregar con una luminosa sonrisa y no esperó nada más para salir de ahí—. ¡Ya luego me cuentan como quedaron las cosas! —exclamó a lo lejos.

Iba a hacer un ciclo muy doloroso empezar a hacerse ilusiones y que luego se rompieran de ese modo. De ser así, Kise de verdad preferiría seguir encerrado en Eretz, ese maldito lugar era mejor que soportar esto. Y era mejor, porque así no tendría que deberle nada a Kagami y podría recuperar a Aomine con más facilidad.

Haizaki simplemente quedó mirando como el rubio desapareció de ahí y apretó las manos; deseaba ir tras él, como en los viejos tiempos, cuando su ex amigo se ponía de drama queen y solo era a él a quién siempre escuchaba. Mas las cosas ya no eran las mismas.

—Espero que estés feliz, imbécil —Aomine avanzó un pasó hacía el peligris, como todo un depredador a punto de matar—. Lo diré una última vez, haces alguna estupidez como ésta nuevamente, y en serio te mataré, Haizaki.

—Mira como me orino del puto miedo —contestó Haizaki, haciendo una expresión siniestra y altiva, regresándole la misma amenaza al otro lycan—. Tú ya no amas a Ryota, así que, ¿qué mierda te importa, Daiki?

—Tú no sabes nada de Kise, así que déjalo tranquilo ya, hijo de la mierda —rugió Aomine de forma pausada.

Shogo empezó a reírse.

—Sí tú lo conocieras como dices, hubieses sabido protegerlo —su expresión facial no cambió en nada al pronunciar esas palabras y repitió, adelantándose al peliazul, cuando éste iba a responder: —A diferencia tuya, yo conozco a Ryota más de lo que te imaginas.

— ¡…! —¡¿qué mierda…?! Aomine no evitó sentir sorpresa por esas palabras y un coraje tremendo, ¿era otra de sus malditas burlas? ¡Tenía que estar jodiéndolo! Decir eso de esa manera era demasiado… Pero se mentiría a sí mismo si no aceptara que esa oración era la más seria salida de la boca del peligris.

La pequeña discusión cesó de esa manera tan extraña, no porque Daiki se fuera a quedar callado tras escuchar semejante tontería, pero Shogo no dio oportunidad a más, porque igualmente salió a cazar en dirección opuesta a la de Ryota. Con ello, el pelirrojo y el primer mencionado, quedaron solos, como la pareja que eran.

— ¿Estás molesto? —masculló Aomine, girándose para ver a su pareja tras varios minutos en silencio.

—Estoy más que molesto, Aomine Daiki —fue la respuesta de Kagami, estando con los brazos cruzados y reclinado en la pared del lado derecho del lycan—, estoy sumamente furioso —y ahí fue cuando se le notó en la expresión—. Es más, debería estarte golpeando por lo idiota que eres.

—Jaa, pero no lo estás haciendo, Kagami, y eso dice mucho —contraatacó Aomine, de forma cariñosa y coqueta, pero siendo cuidadoso de no hacerlo enojar más.

—No dice nada —los orbes de Kagami rufulgían por completo.

—Claro que sí, dice que me amas —Aomine se acercó a velocidad lycan para abrazar al pelirrojo.

Pero Taiga rechazó ese gesto y se hizo a un lado de forma muy evidente.

—Las palabras bonitas no siempre te van a funcionar —dejó en claro y frunció el ceño, bastante serio.

—Oye, sabes bien que yo no hice nada ahora, Taiga.

—Lo haces, muy a menudo, idiota —el aludido entrecerró los ojos y bufó.

—Pues dime qué es, según tú —Aomine empezó a impacientarse—. ¿Qué no te dejé en claro aquella vez mi verdadera decisión…?

— ¡Pero te la pasas meneando el trasero para defender a Kise! —exclamó Kagami, dejando ver que estaba todavía más que furioso, como había dicho— Sí a mí me cuesta tanto intentar comprender el motivo del porque lo haces, ¡¿cómo quieres que lo haga Kise sino dejas de querer protegerlo del otro idiota de Haizaki?! Así él no tomará en serio tu elección.

—Kagami, ¿tienes idea de lo que Kise tuvo que pasar? Es lógico que no lo dejé solo así como así, al menos no con la presencia de Haizaki aquí —intentó explicar Aomine, lo más paciente posible.

— ¡Entonces te hubieras largado con él, así de sencillo y si tanto lo quieres cuidar, en lugar de querer jugar al estúpido perro de las dos tortas! —rugió Kagami, mandando a volar el cristal de la ventana, cuando su cuerpo se encendió, literalmente, con ese elemento fuego que cargaba, ya que no soportó que el peliazul terminara defendiendo al vampiro rubio. Lo que le faltaba.

— ¿Qué diablos pasa contigo, Kagami? ¡Ese no es el verdadero motivo por el que hago las cosas, entiende! —Aomine empezaba a enojarse también. Ni siquiera aquella vez en que el impropio le encontró besándose con el rubio, reaccionó así.

— ¡Eso no es lo que tus malditos actos me desmuestran, Aomine! ¿Crees que es fácil para mí ver la manera en que no te deslindas de Kise?

—Es curioso que lo digas, Kagami, ¿cómo crees que me sentía yo al verte con Himuro?

—Eso es algo diferente ahora.

—Antes no, y lo sabes. Siempre viendo a ese estúpido chupasangre de esa jodida manera que yo no…

— ¡Pero yo nunca hice ademan de traicionarte, siempre has sido mi elección! —Kagami volvió a estallar, de tal modo, que el fuego arrasó con parte del techo, atravesando al segundo piso, pero era la única manera que tenía ahora para no terminar desmoronándose como una vil niña con el corazón roto, porque ésta situación le dolía.

— ¡Yo estoy haciendo lo mismo, idiota! —señaló Aomine, no temiendo si terminaría por quemarse, se acercó lo más que pudo hasta el híbrido de orbes rubíes— ¡Entiende, joder! Hago lo que hago, porque sé cómo es el maldito de Haizaki y se lo debo a Kise, por lo menos eso.

—Ja —Kagami sonrió con mofa y le miró—. Entonces tú entiende que yo empiece a pasar más tiempo con Tatsuya que contigo, porque se lo debo. Se lo debo mucho.

—Y una mierda con tu maldito hermano, ¿te sigue gustando a pesar de eso, eh? —insinuó Aomine con una sonrisa prepotente.

— ¡No es eso lo que te quiero dejar en claro, maldita sea! —Kagami empujó con tremenda fuerza el cuerpo del peliazul hasta estamparlo contra el suelo, a varios metros lejos, casi quemándolo.

Daiki se levantó con agilidad, ahora sí, completamente cabreado. Como le irritaba cuando el pelirrojo se ponía tan terco, aunque era la primera vez que conocía es etapa tan fuerte de éste y con los humores calientes y furiosos, estaba dispuesto a regresarle el golpe. Sin embargo, se detuvo con las próximas palabras del híbrido:

— ¡Entiende, mierda, no es que no crea en tu decisión, pero me jode tanto que cuando veas a Kise o lo defiendas, luego parezcas culpable por estar conmigo y así no poder ayudarlo como quisieras!

— ¡…! —Kagami…, pensó Aomine y abrió los ojos como platos ante esas palabras, ¿de verdad había estado haciendo eso?

Ahí estaba otra vez eso, ¿cómo es que no se había dado cuenta antes de ello? Sí, era cierto que el pelirrojo lo tuvo de una manera similar con Himuro, sin embargo, esto no era igual, porque esa relación no era una indefinida—al menos no para Kagami— y tampoco de pareja, como lo fue la de Kise y el peliazul. Podían tener cosas muy similares, pero jamás sería algo igual. Jamás, y pretender que Taiga no notara eso y entendiera a Aomine, era algo bastante egoísta.

Porque era como comparar el viento con un remolino; de algo tan tranquilo que no expresaba nada y a la vez mucho, a algo tan grande que tenía sus cimientos.

—… Tsk —Kagami apretó los labios con fuerza y el fuego poco a poco empezó a desaparecer alrededor—. ¿Cómo crees que me siento cuando noto eso, Daiki?

—… —Aomine únicamente apretó las manos. Quería decir algo, mas no sabía qué, temía cagarla aún más.

Y por fin, Kagami suspiró y desvió su mirada unos segundos, para posteriormente ver al moreno.

—Daiki, soy consciente de que te hice pasar una situación similar, sin embargo… Yo no digo que tú no llegues a llevarte bien con Kise, pero… Mierda… —no era alguien bueno con las palabras y como su momento de sinceridad explosiva había pasado, era más difícil expresarse ahora— Creo que entre los "buenos" términos que quedaron, él tiene que asimilar muchas cosas antes dé y que tú parezcas querer protegerlo, no va ayudar a que eso pase.

—Yo no confío en Haizaki —masculló Aomine, frunciendo el ceño y desviando su mirada de la del pelirrojo, porque sabía que tenía razón; era algo de lo que no se había percatado hacía, quizá también por costumbre, no solo por querer cuidarlo del peligris.

—Kise es muy fuerte —Kagami miró hacía la ventana, encontrándose con el cielo—. Cuando lo saqué de la prisión de Eretz, dio excelente lucha para huir de la quimera y luego en La Noche… Tú lo viste.

—Nunca me contaste como terminaste al lado de Kise y salvándole el trasero —Aomine regresó sus ojos sobre los ajenos.

— ¿Quieres escuchar eso ahora?

—Sí me harías el enorme favor, Taiga —ahora sí, más calmados los dos, fue que Daiki aprovechó a sujetarle la mano al susodicho, como un caballero que le pide bailar a una señorita y le besó el dorso.

—Idiota fanfarrón —gruñó Kagami, ruborizándose ligeramente, pero sin mostrar vergüenza en sus facciones.

—Pero éste idiota te ama más que a su vida misma —susurró Aomine y sonrió, cuando la tormenta estaba terminando de pasar—. ¿Sabes? Aun si a Kise le cuesta aceptar las cosas, de verdad, yo no dudo en haberte elegido a ti —agregó de forma casi inaudible contra el oído impropio.

Kagami ya no soportó más los centímetros que los separaban y se lanzó a besarlo con frenesí. Y el lycan se aseguró de expresarle con sus belfos un muy sincero "perdóname", que no pudo decirle con las palabras, pero que no por eso perdía significado y valor. Cuando el pelirrojo sintió ese sentimiento, le abrazó con una fuerza tremenda, que podría ser estranguladora para cualquiera mundano.

Y así, se olvidaron que todavía estaban el resto de sus amigos en los pisos subterráneos de la casa de Alex. Pero bueno, lo importante era que las cosas ya habían sido resueltas.


— ¿Así que ahora la rubia se volvió sanguinaria?

Kise se puso en guardia cuando la voz de Haizaki se hizo presente detrás de él, mientras observaba desde un rascacielos una fiesta gánsteres, de los cuales, el olor de sangre caliente le llegaba con fuerza. Y sí, planeaba devorarlos a todos, solamente esperaba el momento oportuno, aunque de haber sabido quién vendría a encontrarse, hubiese terminado lanzándose contra todos ellos sin un plan; después de todo, siendo un vampiro, no le dañarían simples humanos. Secretamente, esta medida le serviría bastante para calmar el ácido líquido que recorría su interior, colmándole de dolor y sufrimiento por lo sucedido antes con cierto peliazul.

—Shogo, ahora no estamos en la casa de Alexcchi y sin duda alguna, mis deseos de matarte no se harán a un lado —advirtió Kise, con un gesto solemne, frío y burlón.

—Sí, sí, sé que te vas a cobrar mi "traición" y todas las que te debo —Haizaki puso los ojos en blanco—. Lamento decepcionarte, Ryooota, porque tengo más deseos de comer que de prestar atención a tus dramas.

El rubio frunció el ceño.

—Yo los vi primero, ellos son mi cena.

—Entonces no te queda más que compartir.

Ninguno de los dos perdió tiempo al entrar a ese enorme salón, donde la reunión incluía políticos, empresarios, prostitutas y todas esas cosas típicas de mafias. Kise podía aprovecharse ahora para envolverse en una lucha de venganza contra Haizaki, pero no lo hacía, porque no iba gastar energías para la pronta batalla contra Akashi, mas eso no significaba de verdad no se las cobraría al peligris. Simplemente éste no era el momento para hacerlo; solo quería comer, saciar su sed para que ahogara así lo más que pudiera su dolor, en los gritos humanos que pedían piedad.

Vampiro y licántropo no se dijeron nada, ni siquiera cuando empezaron a armar el caos en ese lugar y las muertes no tardaron en aparecer; desde los guardias hasta las mujeres, los charcos de sangre aparecieron y las paredes se pintaron de carmesí. Nadie pudo escapar de eso.

Y los colmillos de Ryota se enterraron con violencia—sin perder su elegancia— al delicado cuello de una de las prostitutas y bebió toda su sangre, para finalmente, apretarla tan fuerte que le aplastó la tráquea, para ya luego con sus manos terminar por separarle la cabeza del cuerpo y sonrió ligeramente, porque esa mujer, todavía no estaba muerta. El poder de tener la vida de alguien entre las manos era exquisito, un delicioso antídoto.

A lo lejos, el rubio vio como la figura gloriosa de licántropo que poseía Shogo se bañaba entre los miembros de los cuerpos despedazados de las personas. Las fauces del peligris se enterraron en el pecho de un hombre que pedía ayuda y clemencia, y le sacó el corazón para devorarlo sin siquiera masticarlo. Posteriormente, soltó un aullido con orgullo. E incluso con su pelaje gris cenizo manchado de sangre, se veía… Se veía como en los viejos tiempos en que también salía a cazar con el vampiro.

Ambos seres intercambiaron una mirada que solo duró unos segundos, tan pocos como para dar a entender algo que jamás existiría de todos modos. Solamente era el eco de lo que ambos fueron antaño. Pero Haizaki no podía negar qué ese lado sádico y cruel que el rubio escondía, le sentaba perfecto; en verdad amaba todas las facetas que el vampiro tenía para mostrar.

Los pensamientos de los dos se perdieron y únicamente se concentraron en seguir devorando y bebiendo de aquel alimento que eran los humanos, como si fuesen simple ganado.

Y cuando terminaron, ninguno se dijo nada, únicamente se fueron por caminos opuestos, buscando algo más para quedar satisfechos, aunque por parte de Kise, era porque quería deshacerse de la sensación de sentirse acompañado, que le brindó el peligris al cazar, justo como lo hacía antes al darle su apoyo.

Ridículo, esto es tan ridículo.


/Miércoles 12 de Noviembre del 2014/

Las lunas refulgían como las diosas que eran en ese firmamento, siendo omnipresentes desde ahí arriba para todos los habitantes de La Noche, observando el desequilibrio que se había vuelto a formar en cierto vampiro pelirrojo; echándole condenas de muerte a todo aquel se atreviera a desafiar sus nuevas órdenes y que no aceptara a los nuevos miembros de la Unión Milagrosa.

Era la primera vez que Midorima y Murasakibara desearon rebelarse, dejando en claro que no apoyaban esa pronta decisión, pues por más controlador y absoluto que alegara era Akashi, esto se le estaba saliendo de las manos.

Sin embargo, algo los detenía a ellos dos para hacerlo; no se llevaban muy bien como para formar un trabajo perfecto en equipo, aunque seguramente sus habilidades si congeniarían bastante. Y si querían dejar en claro sus opiniones en contra el pelirrojo líder, debían hacerlo trabajando en equipo.

Mas no era ese el único problema ahí, ya que ambos tenían a quiénes proteger; Midorima vivía solo y llegó a involucrarse por simple gusto sexualmente con Seijuro, pero la seguridad de Takao estaba en sus manos, no porque el vampiro bicolor supiera de sus sentimientos hacía el lycan, mas seguramente al momento de ir en su contra, hurgaría en su mente hasta encontrar ese hecho; y Murasakibara tenía una manada que cuidar y defender, pese a que siempre luciera despreocupado y aburrido de todo, cual niño, era un alfa y a la hora de la hora, sabía ejercer bien ese título. Por eso los dos se cuidaban y mantenían los límites. Si los únicos dañados fueran simplemente ellos, tal vez no lo pensarían dos veces para ir en contra de Akashi en la situación en que estaban ahora.

— ¿Activaste los sensores, Shintaro?

Los orbes esmeraldas del vampiro hechicero miraron al líder de la Unión Milagrosa y asintió, sin decir nada más. Prefería no hacerlo cuando alguno de los otros miembros estaba ahí cerca, porque no los consideraba sus compañeros; Haizaki lo era más que todavía esos desconocidos y que Midorima aceptara eso, decía mucho. También, tenía el presentimiento que Akashi tenía planeado hacer esto siempre, solo terminó adelantándose para no perder más de su orgullo.

—Entonces, todo ha quedado listo —Akashi sonrió, frío y filoso.

Porque él sabía que Kuroko regresaría a La Noche y no solo. Y por eso, había preparado la mejor bienvenida para sus enemigos.


/Jueves 13 de Noviembre del 2014/

Oscilante era le movimiento que el cabello de Alexandra García, El Hada, tenía mientras estaba parada, ahí, en una de las tantas habitaciones subterráneas de su casa, que correspondía a la del gimnasio, donde antaño entrenaban de diferentes maneras, ella junto con Himuro Tatsuya y Kagami Taiga. Los dos chicos mencionados estaban a su lado, mientras que Shiro detrás de su hermana y el resto de los vampiros y licántropos—que incluían a la manada de Hyuuga— estaban detrás, esperando de forma impaciente.

La adrenalina corría por las venas de todos; muchas sensaciones y emociones estaban abrasándolos como si fuera fuego, pero para que negar que el instinto de lucha de todos, estaban activado. Aun si varios terminarían por morir después de esto, era lo de menos, solo querían llegar ya a La Noche y empezar a matar aquellos que iban por el camino de destruir ambos mundos.

El ambiente lejos de sentirse tenso, sabía al éxtasis. Sin embargo, eso no evitaba que más de alguna persona estuviera preocupada por sus amigos; Kagami, Alex y Kiyoshi eran tres de ellos. O mejor dicho, a los que más se les notaba en su mirada, porque no es que los demás no lo estuvieran—al menos los que tenían vínculos tanto de familia como de amigos—, incluso para Haizaki, aunque lógicamente, a éste no se le notaba para nada. Es más, parecía como si fuera a lanzar a la boca del lobo a todos.

Hyuuga tenía el ceño fruncido, pero le aliviaba el hecho que ahora fuese luna llena en el mundo humano, para que no les afectara estar en La Noche, pues seguían desterrados, justo como le pasó a Aomine hace unos días. Él pensó que algunos en su manada no querrían y terminarían huyendo, porque vamos, decidir participar en una guerra donde el líder de la Unión Milagrosa estaría implicado, era de locos. Mas ninguno quiso huir, aunque con todo su pesar, y es que llegó a considerar el hecho de dejar a algunos de la manada en su territorio—a Riko y Kiyoshi, principalmente—, usando de pretexto el hecho de que debían cuidar su hogar, por las nuevas amenazas que habían estado teniendo. Empero, el castaño de quien estaba enamorado le dejó en claro que aunque fuera él el alfa, no dejarían sin ayuda a Kagami, porque después de todo, si Akashi ganaba, mucho terreno iba a tener la manada luego.

—Será mejor que empiecen a agruparse como acordamos, porque seguramente, Seijuro ya nos espera —advirtió Alex con gesto solemne a la vez que sus ojos brillaron como si fueran de diamante; alzó las manos a la altura de su pecho y las posicionó horizontalmente, dejando sus palmas por fuera.

—Tienen a Midorima-kun, después de todo —comentó Kuroko, pasando a situarse detrás del lycan peliazul.

—Si hacemos eso, ellos adivinarán nuestras tácticas —dijo Aomine, frunciendo ligeramente el ceño, como si estuviera concentrándose.

Pero Alex empezó a negar y sus ojos de ese hermoso color turquesa, cambiaron al rojo carmesí y miró de reojo a todos.

—Voy a hacer que cada equipo llegue al lugar que debe llegar —aclaró, causando que más de alguno ahí le viera con asombro. Pero después de todo, ella era la famosa "Hada". Sonrió—, y no sé si Seijuro espere esto, sin embargo, no voy a arriesgarlos de más.

—Alex, ¿de verdad puedes hacer eso? —masculló Himuro, sin usar casi la voz, simplemente moviendo los labios— Gastarás demasiado tu energía.

—Sé bien los riesgos, Tatsuya —Alex el sonrió con suavidad y la mano de su hermana le apretó el antebrazo con fuerza—. Lo sé, Shiro… —respondió a la mirada ajena que dijo más que mil palabras.

Porque Shiro, después de todo, era su hermana y su preocupación era casi tangible. Por más "El Hada" que fuera, era muy peligroso que hiciera eso, porque las zonas de La Noche a las que deberían llegar, no estaban muy juntas que digamos. Y pese a que Alex se aseguró de nutrirse muy bien con esa sangre artificial, no era lo mismo que beber de la sangre humana—su fórmula todavía no estaba tan completa, solo eran mínimas cosas que le faltaban, pero aun así— o bien la del líquido que mucho tiempo atrás, La Noche produjo.

—Alex… —susurró Kagami, mirando a la rubia con alerta en sus orbes. No entendía todavía muchas cosas, pero saber que lo que la vampira haría era peligroso, no era tan difícil.

— ¡Vamos, chicos! ¿Qué están esperando? ¡Agrúpense! —Alex ensanchó su sonrisa. Ciertamente, a ella no le preocupaba si moría o la capturaban o cual fuera su final, luego de ayudar como debía a todos y hacer que las cosas regresaran a la normalidad. Porque parte de ella, siempre se sintió culpable por no haberle puesto un alto a Masaomi y hacer ese tonto hechizo con el hijo de éste.

Aomine gruñó por lo bajo, nada feliz todavía con cierto equipo que se formó, mas ahora no tenía caso quejarse ni oponerse. Simplemente se inclinó hacía Kagami y le besó la mejilla con detenimiento, hasta que el ajeno se giró, cerrando los ojos ambos en el proceso, para besarse; corta, pero apasionadamente y se alejaron para ubicarse en el lugar que deberían.

Y Kise otra vez no pudo dejar de prestar atención a las demostraciones de amor que los otros dos se daban, no podía… Solo se mostró frío y hasta calculador cuando Haizaki y Kagami llegaron a situarse en sus costados, formando uno de los tantos equipos.

Shiro se fue con Hyuuga, Riko, Koganei y Tsuchida; Himuro con Kiyoshi, Izuki y Mitobe; finalmente, Kuroko pasó a juntarse con Aomine y Alex. Ninguno se había separado mucho entre ellos, solo se movieron algunos pasos, pero ahora se podía notar mejor la división de equipos y entonces, el cuarto desapareció y todos ellos parecían estar en medio del espacio, sintiendo que flotaban.

— ¡Nadie hable y concéntrense al nombre de los lugares que dijimos iríamos! —ordenó Alex, rápidamente y frunció el ceño con fuerza, como signo de concentración. Las venas de su cuello y sienes saltaron demasiado, para después exhalar con fuerza.

Diferentes círculos de colores y en forma de espiral aparecieron, llevándose con ellos a cada grupo que se había formado antes de que pudieran darse cuenta siquiera que esos portarles aparecieron, y eso que siendo las especies que eran, sus sentidos eran perfectos.

Aomine y Kagami solo tuvieron tiempo de darse una última mirada antes de desaparecer.


Era un viaje tremendo, por todos los cielos; Kagami, Kise y Haizaki ya habían viajado antes a través de portales y ninguna de esas veces el traslado había sido así de violento. Sentían que estaban dentro de una licuadora, pero sin moverse, los tres estaban de espaldas y juntos e incluso lo ideal hubiese sido que se sujetaran de los brazos, mas por la preciosa relación que llevaban, decidieron no hacerlo.

De hecho, ni siquiera hablaron en todo el camino, el pelirrojo tenía el pulso acelerado, tenía la adrenalina ya viajando por su sangre, pues podía oler la pelea y no sabía que más pasaría tan pronto llegaran al lugar que debían ir. Su misión era simple, pero la más complicada de todas; destruir las tropas nuevas que Akashi enviara. Y encomendaron esa tarea a los tres, ya que el poder de Kise repelía a todos y los electrocutaba hasta hacerlos cenizas si así lo quisiera, además que el híbrido era todo un enigma para el resto de los soldados y Haizaki, alguien tan sanguinario como él sería capaz de matar a cinco de un jalón.

No obstante, eso los ponía más cerca de Akashi, algo muy malo, porque dado que ahora se sabía que éste podía extender su poder a más de una persona, corrían en una tremenda desventaja. Pero igualmente existía el hecho del poder que poseía Kagami que podía usar a grandes distancias e impedir se acercara de más ante esa ceguera, entre otras cosas.

Shiro era buena estratega, sabía las ventajas y desventajas de haber mandado a esos tres chicos tan cerca del vampiro pelirrojo; no lo habría hecho así, si consideraba que morirían.

Ninguno de los tres respiró cuando el portal los escupió a unos kilómetros lejos del castillo donde Seijuro residía, porque si lo hacían, dirían rápidamente su ubicación. Aunque, el ritmo cardiaco de Kagami o Haizaki, no era algo que pudiera controlarse o silenciarse, más por la pequeña magia del portal eso aún no podría notarse.

—Aquí no hay nadie —dijo Kagami sin voz, solo moviendo sus belfos.

—Por supuesto que no, genio, Seijuro no es imbécil y seguramente previo esto antes —respondió Haizaki sin molestarse en ocultar su voz, empezando a caminar.

— ¿A dónde se supone que vas? —Kise, contra todo su desagrado, dirigió sus palabras al lycan.

Mas Shogo no se dignó a responder.

—Quedarnos aquí, sin movernos, nos hará blanco fácil —habló ahora Kagami.

Tan pronto el híbrido terminó de decir esa oración, un aullido resonó y más rápido de lo que se imaginaron, un licántropo de un hermoso color castaño claro, que parecía tener manchas oscuras igualmente, salió de entre los árboles y se fue contra el mismo pelirrojo, al mismo tiempo en que otra ola de licántropos aparecían.

— ¡Kgh! —Taiga a penas y pudo esquivar las fauces del lycan y adquirió una posición de lucha para seguir recibiendo los ataques ajenos.

—Son muchos hombres lobo —Kise miraba por todos lados; estaban rodeados por ellos, serían una manada completa. No estaba asustado para nada, pero no le daba buena espina ver simplemente lycans aquí, sin ningún vampiro.

—Si tienes miedo, deberías esconderte, rubia —Haizaki rugió con orgullo y en un par de segundos, se transformó en el glorioso animal peludo y grande que era, con ese pelaje gris.

Un par de licántropos se lanzó en contra del vampiro rubio, pero el peligris los destrozó más pronto de lo que creerían posible. Y Ryota simplemente se quedó mirando ese hecho, ¿Shogo siempre había sido así de efectivo al matar? Sintió un estremecimiento recorrerle la espina vertebral, porque era la primera vez que veía a su ex amigo en una pelea verdadera; era muy diferente verlo a la hora de cazar, que de pelear.

Haizaki podía llegar a ser aterrador y completamente sádico. Aunque no por eso Kise se dejaría intimidar.

—No necesito tu estúpida ayuda, Shogo-kun —pronunció su nombre con burla, mientras que su cuerpo empezaba a chispear esos rayos de electricidad dorados; fue así, como acabo con un licántropo más.

Lo que ninguno de los dos se había percatado, era que el tipo más difícil cayó justo con el híbrido de ojos rojos; uno que era igual de veloz que Aomine, aunque éste daba los golpes en un ciantamen; es decir, que su velocidad actuaba al momento de atezarlos contra su enemigo. Por esa misma razón, es que Taiga estaba saliendo golpeado, pese a que su cuerpo era muy duro para dañar.

—Ahá, ¿cómo se supone que le haces para vivir siendo lo que eres? Akashi dice que no durarás vivo mucho —se mofó con aparente inocencia ese licántropo de pelaje similar al de un guepardo.

— ¡Eso ya lo veremos! —Kagami dio una voltereta en al aire y si bien no iba a poder esquivar la embestida que el ajeno estaba por darle, se prendió fuego, haciendo uso al fin de su poder natural.

Y consiguió dañar por lo menos un poco al otro chico.

— ¡Woah! —el joven evitó como pudo la llamarada del cuerpo ajeno y cayó agazapado en el suelo cubierto de pasto. Tenía una sonrisa mezcla de admiración y molestia— ¿Cómo aprendiste a hacer eso?

—Te gustará más saber cómo lo utilizo en ti.

El chico de piel bronceada sonrió con seguridad y se lanzó a golpear al contrario, cubriendo sus puños y patadas con llamas, algo que hizo lograra darle más de alguno, pues el fuego se expandía por si el impropio lo esquivaba y podía servir como escudo, ya que el licántropo no estaba dispuesto a quemarse tampoco. O eso creía Taiga.

—Esos golpes te los devolveré por cuatro —vociferó el chico lobo, ahora con una sonrisa lobuna sombría.

Y sus fauces mordieron el hombro cubierto en llamas del pelirrojo e hizo la piel de éste tronar, usando sus garras lobunas para rasguñarle la espalda, hasta que lo acostó al suelo.

Kagami gruñó ante la sensación de dolor que lo embriagó; no era de la misma magnitud como cuando fue herido por Haizaki hace algunos meses atrás, sin embargo, no podía ser indiferente.
¿Cómo es que no le importó quemarse con tal de herirlo? Fuera lo que fuera, no le iba a dar el gusto, por lo que intensificó las llamas en su cuerpo.

Error, dado que la mordida del hombre lobo aumentó y sus afiladas garras se ciñeron al cuerpo impropio.

El olor de la carne quemada del licántropo se coló en la nariz de Kagami, con un ímpetu insano y dio tres tremendos puñetazos contra el estómago del primero, concentrando la dureza de su piel en sus manos, haciendo más fuerte el golpe, logrando así que el otro le liberara. Los dos chicos rodaron contra el suelo y se miraron con ira, con un deseo homicida.

A lo lejos, Ryota miraba la peleaba de refilón, pues también estaba muy ocupado con su propia pelea. Le parecía muy extraño que ningún otro hombre lobo se acercara a dañar al pelirrojo, como si la misión para atacarlo fuera de uno solo, fuera lo que fuera, tal parecía que el híbrido no era un ser débil, por la pelea que estaba dando.

Por otra parte, Shogo estaba luchando con gran pasión, sin importar que su prótesis en el brazo, se sintiera un poco rara, ya que estaba siendo la primera vez que lo ponía en práctica. Pero eso no estaba dificultando en nada que luchara. ¡Al fin algo con lo que pudiera desquitar todos esos malditos sentimientos frustrados! Aunque más que eso, trataba de atraer a todos los enemigos para él solo, lo prefería así, porque era consciente que Kise todavía no estaba tan al cien por ciento como debería por la tremenda tortura que pasó en Eretz.

No importaba que solo fueran tres contra más de cincuenta licántropos, estaban dando una tremenda pelea, sin embargo, ésta pelea no formaba parte de su plan. Porque no estaban interceptando a los soldados enviados contra sus amigos, no, ellos estaban siendo interceptados por otros soldados. Y aunque planearon algo así, no previnieron el número. ¿Toda esta gente estaba dispuesta a apoyar a Akashi aunque significara morir? ¿Cómo es que no lograban ver lo destructivas que podían ser las nuevas ideas que tenía el vampiro líder de la Unión Milagrosa?

Era demasiado extraño notar la falta de presencia de rebeldes, pues por más "querido" o bien temido, que fuera Seijuro, más de uno, por lo menos hubiera expresado algo o los motines típicos. ¿Por qué parecía que La Noche se dejó poseer completamente por la voluntad de Akashi? Esta no era la gente que Kise conocía.

El aullido que el licántropo que luchaba contra Kagami dio, estremeció al resto de la manada, porque la próxima manera que el anterior mencionado usó para contrarrestar un ataque, fue una que nadie se esperó.

— ¡¿Qué demonios…?! ¡¿Qué clase de abominación eres tú?! —rugió con ira, cuando los colmillos del pelirrojo se enterraron en su yugular, mientras se retorcía, intentando escapar de la posición en que el híbrido lo acomodó hace apenas unos segundos.

Y Kotaro no lo entendía. ¡Antes parecía que Taiga no iba a sacarle ninguna gota de sangre en la pelea, más que solo si usaba fuego! Pero ahora… no supo ni de dónde sacó más fuerza, más velocidad, mas logró atraparlo y su sangre estaba saliendo de una manera que no imaginó.

Fue como si la pelea se hubiese detenido por esa simple acción. Porque lo que Kagami estaba haciendo, mientras que su mirada refulgía el más puro salvajismo, no era algo que se hubiese visto antes, en la historia de La Noche.

El híbrido había logrado dominar a uno de los próximos en heredar un puesto en la Unión Milagrosa y le estaba bebiendo su sangre.

Eso era lo único que las mentes del resto de licántropos aún vivos, estaban pensando. Para ellos, tal parecía que Akashi había tenido razón. Su único enemigo era aquel híbrido de poderes y necesidades desconocidos. Y quiénes lo protegían, seguramente desconocían su naturaleza y no sabrían cómo controlarlo.

Por eso era necesario matarlo.

Porque Kagami Taiga era mucho más peligroso de lo que se imaginaban. Y para que molestar en negar que también era algo que Akashi temía, aunque no era lo único.

—Kotaro, deja de jugar —la voz del líder de la Unión Milagrosa apareció en el lugar y ni siquiera el peligris supo cómo reaccionar a eso.

La verdadera pelea iba a comenzar todavía.


¡Y de golpe nos aventuramos hasta aquí! Omg, creo que no se lo esperaron cómo tal, ¿o sí? No soy muy buena narrando peleas y esas cosas de acción, but, siempre hay una primera vez, ¿no? xD. Espero al menos me haya quedado decente, jaja.

Aparte, ¿qué les pareció la escenita entre el rectángulo amoroso Haizaki-Kise-Aomine-Kagami? :v

Ya se viene lo bueno, ahora sí, DESPUÉS de tanto tiempo, puedo decir que la verdadera acción ya viene xD. Ojalá les haya gustado éste capítulo y puedan dejarme sus comentarios, me encantaría poder leer su opinión, ¡yaaay!

Nos vemos pronto, besos.