¡Holaaaaaaaaaaaa!

Nuevamente paso por aquí, a poquitos días de haber actualizado, pero cómo ya había dicho antes; ¡estoy muy emocionada con la historia ahora! Ya llegó la parte central, es decir, lo que siempre se esperó que sucediera xD. Por ende aún no he actualizado "En el mismo cielo", pero no se preocupen, pronto tendrás capítulos de esta.

Ahora, aprovechando su atención por aquí, déjenme decirles que, efectivamente, Haunted Moon oficialmente ha llegado a su recta final ;u; Estamos a menos de diez capítulos del desenlace, por lo que prepárense; en algún momento verán el título de "Epílogo" QwQ.

En fin, más cosas son reveladas en el capítulo, así que espero lo disfruten, que ya se viene lo bueno.


—Algo está pasando, las Lunas saben que algo va a cambiar —susurró ese Akashi, mientras tocaba el diamante donde su cuerpo dormía, atrapado, bajo la mirada preocupada de cierta pelirrosa.

—Tetsu-kun no tardará en estar aquí —mencionó Momoi— y seguramente vendrá con un plan.

—Quiero creer que será así o esto se va a descontrolar —Akashi miró a la muchacha, con esos ojos extrañamente amables, que su otro yo, no poseía.

Gracias a que las lunas compartían un pequeño vínculo con éste vampiro pelirrojo, es que podía darse una idea de lo que estaba sucediendo en el mundo exterior, de lo que su otro yo estaba haciendo y lo que quería lograr con ello. Antes de eso no pudo luchar y ganarse su lugar en ese cuerpo, debido a su padre, pero si ahora tenía la oportunidad para pelear por lo que le pertenecía por ley, ganaría.

La impotencia estaba aumentando en su sistema espiritual, cuando de pronto, un destello se formó desde una de las paredes de La Montaña Carmesí, se extendió y de ahí cayó cierto peliceleste que todavía recordaba muy bien, acompañado de dos personas más a quiénes por ahora, no prestó atención.

—Kuroko… —la sombra que era Akashi experimentó lo que era la dicha, cuando contempló ese blanco rostro ajeno.

— ¡Akashi-kun…! —el pecho de Kuroko se estrujó cuando miró de pies a cabeza la figura traslucida que era el pelirrojo y pese a que solo parecía ser un simple espíritu y una energía débil, podía observar la diferencia abismal de éste vampiro, con el otro que ahora mismo estaba liderando a la Unión Milagrosa.

Porque definitivamente, este era su Akashi Seijuro, ese que tanto anhelaba encontrar en el otro vampiro de ojos bicolores.

Los dos se quedaron mirando, sin hacer nada más, sin mostrar acciones que indicaran que estaban por morirse sino se tocaban de una vez. Aunque la mirada de ambos podía dar a entender lo que deseaban hacer, sin embargo, se estaban reservando ese goce; no había tiempo. O eso se estaban diciendo ambos en sus mentes, Kuroko siempre sereno y Akashi siempre paciente, sabían que éste no era el mejor momento para dejarse llevar por su encuentro.

Lo sabían y aun así…

—Estoy tan feliz de verte… otra vez —musitó Akashi, optando un tono nuevo de voz.

Kuroko se olvidó unos momentos de los presentes, del verdadero motivo por el cual llegaron hasta ahí y dio un paso hacía la sombra espiritual que era el vampiro y sus belfos se elevaron en una discreta sonrisa.

—Eres tú, sin duda alguna…, Akashi-kun, de verdad eres tú —no le importó y alzó la mano, tocando con las yemas de los dedos la silueta impropia, hasta que la atravesó y su mano se topó con el frío cristal del diamante, donde la esencia completa del chico estaba atrapada.

—Por completo —Akashi correspondió a esa pequeña sonrisa, cuando notó el nudo de la garganta que se le formó al peliceleste cuando miró su "tumba"—. Todo va a estar bien.

Ambos, de una manera u otra, eran los únicos capaces de leerse a sí mismos, eso pasaba hasta con el otro Seijuro, por lógica, con éste todavía sería más fácil. Y se sustentaban.

— ¡Dai-chan, estás aquí! —la alegre voz de Momoi interrumpió repentinamente el momento de forma accidental, pues ella suponía su amigo peliceste vendría solo.

Aomine casi pierde el equilibrio cuando su amiga se lanzó a abrazarlo con gran energía.

—Tsk, con tanto escándalo puedo comprobar que no te ha pasado nada —resopló con fingida molestia, aunque luego sonrió fugazmente—. Me alegro… casi mato a Tetsu por hacerte venir a éste lugar tan… malo —sus ojos azules volaron hasta donde estaba esa tumba de diamante y miraron a la sombra, sintiendo desconfianza.

Akashi es Akashi, eso es lo que pensaba. Es decir, que si el otro vampiro era un maldito, este no tendría por qué ser diferente.

—Estás juzgando antes de tiempo, Aomine —musitó Akashi calmadamente—. Es natural que no confíes, después de todo, nosotros no nos hemos tratado y tampoco pareces llevarte muy bien con mi otro yo —porque sí, gracias a las Lunas y su poder espiritual, sabía exactamente la historia del moreno.

—Pero si Tetsu-kun se esforzó tanto, entonces, debería creer que vales la pena, ¿no? —inquirió Aomine con un deje superior en la voz, todavía desconfiado.

El ambiente cambió, cuando Alex caminó hasta acercarse a la sombra del vampiro pelirrojo y tocó con vacilación el gran diamante, mientras su mirada parecía perderse en el pasado.

Y pensar que ella estuvo a punto de acabar con esa alma tan maravillosa… Se notaba que había sido heredada de la noble licántropo que tuvo como madre ese Akashi. Además, las Lunas habían ayudado bastante en brindarle su energía para mantenerlo vivo y si eso era así, significaba que su destino no era morir ahí.

—Me alegra tanto ver que… lograste vivir, Seijuro.

Los ojos de Akashi miraron a la vampira rubia durante unos segundos y luego alzó la mirada hacía la luz lunar; esos astros eran tan poderosos que embrujaban.

—No de la manera que hubiera querido, pero lo hice, Alexandra —sonrió débilmente y posteriormente, miró al resto de los ahí presentes—. Imagino ella ya les contó mi origen, ¿no es así?

—Exacto, por eso no vinimos aquí para charlar sobre el pasado, sino porque queremos que tú detengas al otro Akashi —Aomine se sintió extraño hablándole a la misma imagen del vampiro que quería derrotar.

— ¡Dai-chan, no tienes por qué ser tan grosero! —regañó Momoi con un mohín.

Kuroko miró de reojo a esos dos lycan y luego suspiró.

—Tú otro yo, Akashi-kun, debe ser detenido lo antes posible o no solo afectará éste mundo.

—Sé lo que mi otro yo hace, Kuroko, siempre sé lo que él hace y vive —Akashi caminó hasta quedar más cerca del diamante que era su tumba y se reclinó en está. Su esencia se notaba más deteriorada—. Pero desde aquí, no puedo hacer nada.

—Seijuro, para eso he venido; voy a encontrar una manera de sacarte de aquí para que lo enfrentes, porque tú eres el único capaz de derrotar a tu espejo —dijo Alex, segura de sí misma—. Ni siquiera yo podría detener a ese Seijuro por más "El Hada" que sea.

— ¡Soy solo una simple energía en ésta cueva! —exclamó Akashi, sintiéndose consternado. Tenía un carácter calmado, sí, pero, ¿cuántos siglos se la había pasado atrapado en éste lugar y ahora que aparecía una oportunidad para ser libre, seguía sin ser posible? Era tan frustrante, porque desde que nació, siempre había estado solo— Aunque pudieras sacarme, ¿qué podría hacer yo? Puedo luchar, pero solo en mi terreno, aquí dentro… —frunció el ceño y suspiró.

—Tú no eres él único que está sufriendo por esto, diablos —Aomine resopló—. ¿Éste Akashi es así de débil? Tetsu, ¿de verdad merece la pena sacarlo? —puntualizó, haciendo una mueca de abatimiento.

Los ojos amables del vampiro pelirrojo, se posaron en el moreno y lo miró fijamente, con unos orbes calculadores. Una faceta similar a la que su otro yo siempre cargaba.

—Entonces, Aomine, ¿tú cuerpo sería tan poderoso como para contener el espíritu de un híbrido sin explotar en el intento? —Akashi habló robóticamente.

El mencionado moreno le miró con mala cara por esa insinuación. ¿Acaso lo estaba llamando débil? Iba a responderle de forma mordaz, pero el pelirrojo volvió a hablar.

—He estado matando a muchos con tal de conservar mi espíritu y no solo depender de las Lunas y mi energía está envuelta en el olor a muerte y si tú no vas a soportar eso, entonces, no tienes derecho a decidir quién es débil o no.

Momoi se estremeció al recordar la figura de sus padres en la entrada de La Montaña Carmesí y apretó los labios, pese a saber que éste Akashi no los había matado como tal.

—Sea lo que sea, tenemos que pensar en algo, porque si no, de todos modos no podremos abandonar éste lugar sin que se robe nuestra fuerza vital —masculló.

— ¿A qué te refieres con eso? —a Aomine le estaba dando mucha más desconfianza que antes todo esto, ya no solo por el roce de palabras que mantuvo con aquella sombra.

—Resulta lógico de pensar, Akashi-kun solo es un espíritu aquí y si solo depende de la fuerza que Las Diosas le den, no viviría mucho tiempo —explicó Kuroko con serenidad.

—Nadie dijo que esto sería fácil —recordó Alex, mirando a cada uno, hasta llegar al pelirrojo—. Lo que dices tiene sentido, Seijuro; la única manera en que podríamos sacarte de aquí, sería que tú entrarás a otro cuerpo —puntualizó, acomodándose un mechón de cabello.

—Pero nadie sería capaz de soportar la naturaleza de un híbrido —masculló Momoi con la expresión apenada. Ella deseaba poder ser de más utilidad en esto y no sabía otra manera de poder contribuir

—Te equivocas, Momoi-san, sí existe alguien que pueda contener a Akashi-kun —dijo Kuroko repentinamente.

Y del mismo modo tan rápido en que él se dio cuenta de que existía una oportunidad, Aomine y Alex comprendieron a lo que se estaba refiriendo.

— ¡No puedes estar hablando en serio, Tetsu! —exclamó, alterándose— ¡Definitivamente no pueden…!

El suspiro de Alex interrumpió toda protesta, mientras que sus ojos turquesa observaron al vampiro traslucido; apretó los puños y cerró los orbes con fuerza. Hace un tiempo, había tenido un puñado de visiones incoherentes, que decidió no hacer caso, porque vamos, era imposible que pudieran suceder, dado su lado ilógico en ese momento y con su poca experiencia en analizar sus visiones..

Shiro no estará nada feliz con esto, pensó. Tal vez era parte de su castigo, cargar con esta responsabilidad, por no haber intentado luchar por el alma de éste Akashi, decidiendo dejarlo en el olvido.

—Vea donde lo vea, tal parece que no hay otra opción —susurró, derrotada, pero con firmeza.

— ¡Estás loca, chupasangre, si creas que yo dejaré que eso pase! —Aomine enfrentó con la mirada a la rubia, caminando unos pasos para acercársele— ¿Tienes idea del grado de peligro que puede haber?

—Lo sé mejor que tú, Daiki, pero tú también sabes que es la única salida que tenemos —Alex le miró con un gesto frío, era obvio que a ella tampoco le gustaba esa idea.

— ¡Pero yo no estoy dispuesto a que Kagami se sacrifique por esto!

Repentinamente, la figura espiritual de Seijuro se movió hasta situarse en medio de la vampira y el licántropo, como intentando calmar las cosas. No se necesitaba ser adivino para notar que entre el otro híbrido y el peliazul existía un vínculo bastante fuerte, incluso él mismo sintió curiosidad ante eso, porque jamás se hubiera imaginado que alguien como el lycan azul terminara enamorado de una persona así, luego de lo que pasó con Kise.

—Sí el es un híbrido, mi presencia no lo dañará en lo más mínimo; su cuerpo me aceptará, siempre y cuando él lo desee —comentó—. Mi intención no es dañar a ese chico, lo único que deseo es que La Noche vuelva a la normalidad —agregó con sinceridad, posando sus ojos en cada uno de los que estaban ahí.

Las manos de Aomine estaban transformadas en puños, con tanta fuerza, que sus venas estaban completamente exaltadas de sus brazos y su mirada era afilada, se notaba lo poco que confiaba en ese plan; su lado racional se iba a la mierda tratándose de su amado pelirrojo. Joder, si solo su cuerpo pudiera contener ese estúpido espíritu, no dudaría en ofrecerse, pero era cierto que sabía la única esperanza era Taiga, solo él. No es que le sorprendiera ese hecho, siempre supo que el pelirrojo era como un ángel, digno para acabar con la desgracia que le perseguía, mas no hubiese esperado que todo se diera de forma tan literal.

Por otro lado, Momoi miraba a su amigo con preocupación. No estaba enterada de lo que había sido la vida del peliazul en todo este tiempo, por lo que sí le sorprendió notar ese brote de preocupación a ese nivel por alguien que no fuera Kise o ella misma y eso solo significaba una cosa: su amigo al fin había superado esa ruptura y encontrado a alguien para ser feliz.

Solo que se trataba del híbrido que la Unión Milagrosa quería cazar y que debía ser "usado" por Akashi para poder llegar a su otro yo y derrotarlo, era la única manera. Y notaba lo mucho que a Aomine le estaba afectando esa decisión, después de todo, él ya había perdido el amor una vez y de forma bastante dolorosa, era obvio que tuviera miedo de que la historia se volviera repetir.

—Tengamos confianza, Dai-chan —pronunció Momoi con un gesto optimista y sujetó de la mano al susodicho.

Aomine no se atrevió a rechazar ese gesto cariñoso de su amiga, no porque fuera alguien repentinamente cariñoso con todos —a excepción de Kagami—, sino porque necesitaba ese apoyo o entraría en una crisis.

—No sabemos si Kagami aceptará, porque tampoco pueden obligarlo —dictaminó.

Seijuro se situó otra vez debajo de la luz de las lunas, justo en el lugar exacto y alzó la mirada hacía ellas. Él poder que tenía era mucho más extenso que su otro yo, eso lo estaba dejando en claro, para la falta de poder físico lo tenía tan limitado.

—Creo que en estos momentos no será necesario usar la razón para ese híbrido —su expresión se volvió algo preocupada.

Ya había visto lo suficiente para decir algo así y Alex tuvo un muy mal presentimiento.


En esa pelea, incluso Mitobe estaba eufórico; no era un licántropo que usara la voz para comunicarse y hasta podían ser algo maternal algunas ocasiones. Quien lo viera jamás le atribuiría la habilidad para luchar y menos en una pelea como ésta, donde la sangre salpicaba cada lugar y la vida de cada uno corría en riesgo.

Los mejores comandantes de Akashi estaban ahí, no los licántropos, no, sino los vampiros.

Kiyoshi estaba rugiendo tras haber destazado a uno que acorraló a Izuki, luego ambos chocaron las manos y se quedaron espalda contra espalda, llenos de adrenalina mientras más vampiros se acercaban a ellos. No es como si no estuvieran heridos, a decir verdad, varias partes de su cuerpo ya estaban sangrando, pero la energía tardaría bastante en abandonarlos.

Izuki se lanzó al aire, dando una voltereta a una velocidad impresionante y sus fauces atraparon la extremidad de un vampiro, no obstante, una patada fue contra su estómago a tal magnitud que casi le perfora la piel.

Él era un licántropo con un tamaño pequeño, comparado con Kiyoshi y Hyuuga, su pelaje era negro cenizo y en la punta de sus patas era blancuzco.

En esta pelea no iban ganando realmente, puesto dichos vampiros estaban bien entrenados en la pelea. No parecían ser de un clan, porque no los conocían exactamente, pero por los movimientos de estos, sentían que ya los habían visto en algún momento.

O por lo menos Himuro era el que estaba pensando esas cosas. No estaba utilizando su magia, porque no era necesario, simplemente peleaba a puño limpio, era excelente en eso. Es más, ni siquiera estaba usando el poder que ejercía con el agua, sentía que no era necesario y era mejor guardar sus técnicas maestras para cuando lo verdadero estuviera por comenzar, pues esperaba que el otro vampiro capaz de usar magia apareciera.

Se le hacía extraño que simples vampiros estuvieran aquí, ¿acaso Akashi los estaba subestimando? Pensaba que al menos el pelirrojo iba a combinar sus ejércitos para hacer mejor la batalla, pero no entendía muy bien el patrón de las cosas ahora y eso lo estaba molestando bastante. Además de que ningún miembro de la Unión Milagrosa estaba por aquí cerca y tampoco en las visiones de Alex pudieron saber con exactitud la posición de cada uno, como si le estuvieran bloqueando el camino.

—No importa como vea esta pelea, es tan absurda… Le falta tanta chispa —una voz aterciopelada se escuchó de repente; era un tono masculino, pero con un estilo femenino que dejaba mucho que desear.

Y de repente, la figura de un vampiro impactó contra Izuki, mandándolo a volar, sin que hubiese parecido haberlo tocado.

Tenía ojos verdes con pestañas remarcadas —que le daba un toque afeminado—, con el cabello lacio y negro un poco largo y peinado con un camino a la mitad. Cada poro de ese vampiro desprendía elegancia, delicadeza y sus movimientos parecían tan fluídos como los del mismo Himuro e incluso mejor. Sus labios estaban marcados por un ligero brillo y sus facciones eran finas.

— ¡Izuki! —Kiyoshi no pudo permitirse ir a ayudar a su amigo, puesto de repente, la imponente figura de un licántropo de pelaje purpura oscuro apareció delante de él y le rugió.

Mitobe gimoteó al percatarse de las nuevas amenazas. Aunque era algo que habían estado esperando, uno de los integrantes de la Unión Milagrosa debía de aparecer en algún momento, solo que fue más la sorpresa encontrarse a Murasakibara que a Midorima, dado que el vampiro del lunar estaba aquí; porque Alex había tenido alguna que otra visión donde pudo conocer parte de la estrategia de Akashi o eso se suponía.

A menos que ese bendito vampiro hubiese cambiado todo a último minuto, donde sus planes no pudieran volver a hacerse y las visiones de El Hada no les pudieran alcanzar, porque en La Montaña Carmesí el campo magnético de magia era difícil de controlar y llevaba tiempo establecerlo. Quizá hubiese sido mejor que Tatsuya estuviese con su hermano, resultaba lo más lógico. Sin embargo, su misión no solo era la de derrotar a Akashi, independientemente, lo que precisaba hicieran, era conseguir otro motivo que siguiera dándoles una oportunidad más para derrotar al "emperador".

Himuro se movió como rayo al percatarse que ese vampiro y el lycan iban a atacar al mismo tiempo a Teppei y cuando se interpuso, su piel de granito hizo un eco atronador al chocar con la embestida de Murasakibara, mientras que el otro lycan se encargaba de enfrentar al vampiro. Mitobe no podía unirse a ayudar, pues estaba en otra pelea y no debía desconcentrarse.

—Pensaba que los cargos altos de La Noche conocían el significado de lo equitativo —expresó Himuro con el ceño fruncido, empezando a sacar parte de su carácter que se escondía en su máscara de inexpresión.

El licántropo de pelaje morado le gruñó y giró para darle una patada. No obstante, el pelinegro saltó y robó parte del agua vital de las plantas para atrapar las patas ajenas y congelarlas destructivamente. No iba a ser delicado, porque un miembro de la Unión no se tomaba nunca con ligereza y tenía el presentimiento de que no debía malgastar su energía ni magia en ésta pelea.

—Vas a necesitar algo que simple fuerza bruta para detenerme, Atsushi —pronunció Himuro con cierta arrogancia—. Aunque vengas acompañado, difícilmente Mibuchi-kun hará diferencia aquí —su orbe que no estaba tapado por su cabello miró de reojo al mencionado vampiro.

Reo dejó su pelea con Teppei al escuchar su apellido por alguien que para él era desconocido, y en un movimiento tan elegante, atacó al otro pelinegro, sin embargo, recibió un maravilloso escudo y el golpe no se llevó a cabo.

—Es de mala educación que sepas mi nombre y yo sin siquiera conocer el tuyo —dijo con una sonrisa—. Es una lástima todo esto, pudimos llevarnos bien —Reo adquirió un gesto conmovido.

Esto no le estaba gustando a Tatsuya, no porque creyera que Murasakibara pudiera ganarle o ese otro vampiro afeminado de ahí. Sino más bien era que seguramente Akashi sabía eso, ¿entonces por qué diablos los había mandado ahí? ¿Era por Kagami? ¿Pensaba ir él mismo contra su hermano? Pero si fuera el caso —que era lo más seguro—, entonces Seijuro se encargaría de mandar a los combatientes adecuados para que la distracción surtiera efecto y poder atrapar al híbrido.

¿O es que acaso Akashi no iba a matar a Kagami?


Una de las cosas que Shiro adoraba de los hombres lobo, era lo gloriosos y libres que podían lucir pese a estar luchando atados por vínculos hacía su manada. No todos eran capaces de lucir así, mucho menos los alfas, ¿o solo se trataba de Hyuuga?

Este grupo estaba combatiendo contra uno de los nuevos miembros de la Unión Milagrosa, o es lo que sabía Shiro según las visiones de su hermana.

Hombres lobros y vampiros iban contra ese grupo —Riko, Hyuuga, Koganei, Tsuchida y Shiro—, eran comandados por otro imponente licántropo: Nebuya Eikichi, de un pelaje caoba con jirones negros. Su fuerza era tan descomunal y amedrentadora, casi como la de Haizaki o Murasakibara.

Pero Shiro no estaba conforme con la repartición del equipo de Akashi. Algo no estaba bien y tenía la inquietud de que algo se les había escapado de las manos y de todos modos estaban esperando, porque se trataba de Seijuro y por eso Alex estaba ahora en La Montaña Carmesí, para tener ese as bajo la manga antes de que llegara hasta Kagami.

De todos modos, hasta ahora parecía que todos los equipos de su estrategia estaban bien, ya sabía que eran bastante fuertes.

Empero Shiro estaba sorprendida por la elección de soldados para la batalla que Akashi había elegido. No parecían ser ciudadanos de La Noche, es más, ¿ellos estaban enterados de todo esto? ¿Por qué no sentía o escuchaba la muchedumbre de la ciudad? O por lo menos, algo le que indicara que estaban en sus actividades de siempre.

Los licántropos y vampiros que estaban luchando contra el grupo de Shiro tenían algo extraño, era capaz de sentirlo. No hablaban, solo se reían burlonamente; parecían ser simples títeres, simples robots que se movían… ¿Qué se movían por el control de otro?

—Esto no puede ser posible… —Shiro entró en un trance de pensamientos y sufrió un tremendo golpe al descuidarse así, que la mandó a volar y chocar con un relieve rocos de varios kilómetros lejos del resto de sus compañeros.

— ¡Shiro-san! —exclamó Riko y los demás apretaron los dientes.

Todos ellos quisieron ayudarla, sin embargo, Nebuya no se los permitió. Fue entonces, cuando su verdadero potencial que lo hizo haber sido elegido por Akashi, salió junto con una sonrisa arrogante.

Veloz como todos los de su especie y poseía un dote similar al de Atsushi; solo que él tenía movimientos más impulsivos, como si fuera una pelota descontrolada rebotando contra varios objetivos y de un solo golpe los hacía retroceder. Y su cuerpo parecía casi impenetrable con todos esos músculos que lo rodeaban, cual bestia.

— ¡No la tienen fácil! —rugió con un brillo encendido en sus ojos.

Para Hyuuga era algo que lo puso contra la espada y la pared, quería ir a ayudar a la madre de Kagami, que ahora estaba metida en un buen lío al no poder reaccionar a los golpes por estar ida de la realidad. Y si iba, dejaría al resto de su manada con el enemigo más difícil y un buen alfa jamás haría eso.

Pensó pedírselo a Riko e intentaría abrirle paso para que fuera a ayudar a Shiro, cuando de repente, ésta última reaccionó y se defendió con movimientos mucho más estratégicos hasta decapitar fríamente al grupo de vampiros que por poco y le hacía eso a ella. Lo hizo con tanta precisión, que no pareció real.

Ella no tenía visiones, ella tenía una excelente deducción. Por algo Himuro era tan listo.

— ¡Ellos no son simples habitantes de La Noche! —exclamó Shiro y en ese momento el licántropo con pelaje de franjas negras, dirigió su atención a ella, amenazante.

Dos segundos más y la atacó con toda la intención de matarla antes de que hablara. Como ignoraba el hecho de que Shiro era una vampiresa con mayor experiencia y vida, se sorprendió mucho cuando ella pudo esquivarlo como si fuera hojas en el viento. Le dio una patada en la espalda hasta azotarlo contra el suelo lleno de piedras, agrietándolo.

— ¡No se concentren en darles muchos golpes, concéntrense en usar su máxima fuerza y velocidad en cada golpe, como si su vida dependiera de ello! —Shiro se dirigió a cada uno de su equipo, que no comprendieron con exactitud sus palabras— Yo les explicaré tan pronto me sea posible.

Nebuya se levantó en escasos segundos y volvió a atacarla, ya había notado que el cerebro de ese equipo era la vampira rubia. Rugió amenazante y luego aulló, pero tan fuerte que el sonido lastimó los oídos ajenos e incluso pudo alarmar a la mayoría de los habitantes de La Noche; sin embargo, ese aullido fue toda la afirmación que Akashi necesitó para saber que habían caído en su trampa.

Shiro frunció el ceño al seguir peleando, porque también sabía del riesgo de que todos empezaran a pelear así, como si fuera una bomba de tiempo; no podrían durar eternamente de ese modo. Ellos también tenían un límite, pero lo necesitaba para idear algo más y pronto.

Esos soldados no solo eran para evitar involucrar al resto de la gente en La Noche, sino para atraparlos a ellos y Shiro esperaba que sus hijos se dieran cuenta pronto.


Ninguno de los que estaban ahí presentes habían imaginado que Akashi hubiese aparecido tan rápido, sin siquiera hacer uso de sus estrategias para tenerlos arrodillados y moribundos. Al contrario, los estaban encarando y se había situado en medio del campo de combate con la intención de atacar al híbrido.

Las orejas de Kagami se movieron y saltó tan rápido, que ni siquiera los ojos bicolores impropios pudieron seguirlo. Y si Akashi se alteró en algún momento, su faceta mortal no lo demostró.

El híbrido tenía la boca manchada de sangre y se relamió los labios, su mente estaba en blanco y solo veía las yugulares de todos los presentes ahí, como un tigre dispuesto a cazar porque su hambre estaba siendo desatada. Sus ojos brillaban y sonreía con la misma seguridad que tendría un asesino antes de torturar a su víctima.

—Kagamicchi…

Todos estaban paralizados por la impresión que se llevaron, nadie podía volver a pelear, porque ahora mismo tenían la duda en su mente, ¿por qué pelear entre ellos cuando era claro quién era la amenaza ahí? No había nadie que no pensara eso, ni siquiera Kise. Porque ese pelirrojo tenía algo que dejó helados a todos. Algo que estaba alterando su instinto de supervivencia.

—Viendo todo esto, ¿ya pueden entender la preocupación que tuvo mi padre? La Ley de Oro es solo por nuestro bienestar —musitó Akashi, con un tono plenamente persuasivo, complacido al escuchar el aullido de otro de sus compañeros a lo lejos.

Hayama se incorporó con aire diferente y aulló casi con demencia, como si el lado salvaje de él también hubiera despertado y se lanzó contra Taiga nuevamente, dando continuación a la pelea. Kise se encargó de un grupo en general, no era difícil para él luchar contra más de uno, teniendo su don y Haizaki, él de por sí ya era un sanguinario de primera.

El problema empezó cuando la electricidad del rubio dejó de hacer efecto y el olor vampírico de cierto peliverde inundó la nariz de los presentes.

Midorima había hecho su movimiento sin hacer presencia corporal y la multitud empezó a hacer efecto en el vampiro de ojos miel, pues si bien éste sabía pelear, sin su habilidad era un caso diferente, porque pese a toda la sangre que consumió en ese corto lapso en casa de Alex, su cuerpo seguía resentido por ese siglo encerrado.

Y Haizaki se dio cuenta. Maldición.

A Akashi no le importaba dejar en desventaja al resto de sus compañeros; si morían o no, le daba igual y seguramente si el grupo de Alex hubiese considerado ese hecho, sus planes también fueran diferentes; y de todos modos, ahora con el aviso de Nebuya, sabía que su estrategia estaba teniendo resultado. Fue algo que nadie pensó, porque a pesar de todo, no imaginaban que el deseo del vampiro pelirrojo era otro y que veía a sus aliados como simples peones, sin ninguna preferencia en ellos. Es decir, no importaba que tan leales le fueran, seguiría deshaciéndose de ellos cuando llegara al momento. Nadie creía que Seijuro tuviera eso en mente, ni siquiera Kuroko lo había considerado y si las visiones de Alex no pudieron ver eso, era por la ayuda de Shintaro.

Si bien todos estaban concentrados en sus peleas, esperando que Akashi hiciera algún movimiento, él únicamente estaba observando la pelea entre Kotaro y Taiga; tan potente, salvaje, llena de violencia y fluidez. Y de hambre. Una muy mortífera y abominable, que solo podía originar el híbrido.

Kise ahora entendía la falta de sed o hambre que el pelirrojo llegó a mostrar en el tiempo que estuvieron en casa de Alex. No comía nada, solo pocas cosas típicas de humano y de no ser porque todos estaban preocupados por el cómo derrotar a Akashi, ese detalle hubiese preocupado a más de uno, mas como el híbrido se mostraba como si nada, nadie pensó que eso de verdad era algo peligroso.

El híbrido era muy poderoso, porque ni siquiera el estado más serio del otro licántropo estaba conteniéndolo como hubiese querido. Kagami estaba rugiendo, como si fuera a transformarse en alguna otra cosa, pero únicamente su fuerza aumentaba y sonreía, jugando con su alimento. Hasta que los colmillos del pelirrojo volvieron a atrapar el cuello de Hayama y algo tronó, acompañado del gruñido del mencionado, dejándolo inconsciente.

Más licántropos se acercaron para detener al híbrido, pero este lo despedazo incluso más rápido que Haizaki. Por eso es que no siguió concentrándose en el lycan de ojos avellana y le dejó con vida.

Kagami chocó sus orbes con los de Akashi y éste sonrió con sus facciones alteradas de un modo sombrío, aunque el primero le respondió con una simple elevación del rostro y su mirada hambrienta.

—Tú sed es incluso peor que la mía —habló Seijuro—. Dime, ¿cómo has podido ocultársela a tus amigos todo éste tiempo? Debe ser tan difícil para ti.

Los ojos miel de Kise estaban pendientes de lo que sucedía al mismo tiempo en que seguía sumergido en la pelea. No sabía dónde estaba Midorima, pero esperaba su misión no fuera intervenir aquí o en verdad no sabría qué estilo emplear para no terminar todos deshechos. Esperaba que Alex estuviera pensando algo, después de todo, ella era El Hada.

Lo único que Taiga respondió fue un gruñido. No estaba pensando racionalmente, solo sentía unas tremendas ganas de comer o de algo que le quitara las pulsaciones de locura en su cabeza, como si sus bajos instintos estuvieran atrapándolo. Lo peor es que no solo era un instinto asesino, eran dos; vampiro y licántropo. Y ambos eran feroces cuando no comían. ¿Qué era lo que estaba sucediéndole? Era obvio que cuando tuvo su vida como mujer, no le había pasado eso, ¿a qué se debía el cambio? Tenía muchas preguntas de un modo vago, intentando en vano controlarse.

Por esta razón no había querido alimentarse ni acompañar a Aomine o a los demás al cazar, solo siguió alimentándose de su comida humana.

Se había estado resistiendo a esa pequeña pulsión de comer, porque tampoco sabía que era lo necesitaba para que el hambre desapareciera. Había devorado mucho alimento humano, pero no había sido efectivo. Y dejó de hacerlo cuando empezó a comer la carne cruda.

Y esa era una completa desventaja, porque Akashi sabía que Kagami estaba como un neófito; sediento y sin razonar, justo como los licántropos en la Luna Roja. Así que era una ventaja tan buena para él, que quería ese poder.

Porque sí, Seijuro tenía un solo deseo y no era eliminar al híbrido como había hecho creer a todos, sino usarlo para él, para tener la vitalidad de Taiga en el vacío que su otro yo había dejado y poder ser uno finalmente. Y obtener así el control total de su cuerpo.

Y poder tener el control de todo lo demás.

— ¡¿Qué demonios estás haciendo, Kagamicchi?! —gritó Kise, tras quitarse a un grupo de licántropos, matándolos. Se estaba desesperando por ésta situación, porque no era por esto que había venido y se había tragado su rivalidad momentáneamente.

—Heh… —los ojos de Akashi destellaron y usó su poder mental para atrapar al rubio solo unos segundos y así pasar a su lado cortándole en la longitud del brazo, hiriéndolo.

Cuando el olor a sangre vampírica inundó los pulmones de Kagami, todo se salió de control nuevamente.

Ahora el pelirrojo ya no emitió ningún sonido y se lanzó contra el rubio. Y seguramente lo hubiera podido atrapar para devorarlo por el aturdimiento de la hipnosis de Akashi, de no ser porque Haizaki se metió y golpeó al híbrido, mandándolo lejos.

La situación era tan crítica para éste equipo de combate, porque el cambio de Kagami impactó a Kise y a Haizaki tanto, que las especulaciones que estaban empezando a tener sobre los soldados que Akashi estaba utilizando, se perdieron gracias a su instinto de supervivencia y porque necesitaría otra estrategia si esto se salía de sus manos de verdad.

¡Esto es para todos y necesito que escuchen con atención! Es momento del cambio de planes, pronunció Alex en la mente de Kise —tan repentinamente, que no tuvo tiempo de pensar en el hecho de que el peligris lo había salvado otra vez— y seguramente el resto de su grupo la estaba escuchando, pero hubo solo una parte que el rubio estaba seguro era únicamente para él.

Necesito que lleves a Taiga a La Cascada de Cristal.


Asdjkaslksdjaljdljdfsklsd, ¡esto se pone cada más emocionante!

Jajaja, a pesar de qué hace mucho escribí éste capítulo, al estar editándolo (obvio lo volví a leer, lol), siento esa emoción. Pero no sé ustedes, ¿qué les pareció éste capítulo? Desde los planes de Akashi, los soldados, Alex y el "verdadero Akashi" y la extraña combinación entre Haizaki, Kise y Kagami :v.

Bien, debo decirles una cosa:

Mi especialidad no es la acción, sino el romance y la ciencia ficción, por lo tanto, en cuando a la pelea, debo decir que tal vez no haya sido lo que esperaron(?). Me esforcé para que se viera lo más natural posible, pero obviamente no será un típico shonen :v. Así que eso, mi poca experiencia en ese ámbito me hace querer decírselos xD, asimismo, el hecho de las estrategias y todo. (?) Claro que igualmente, depende de la perspectiva de cada uno, solo espero me haya quedado decente la pelea.

¡Espero me dejen sus comentarios!

Besos.