¡Y no volví a tardar!
Bueno, mis vacaciones están por terminar, por ende estoy aprovechando a actualizar lo más que pueda éste fanfic, porque luego no sé que tan frecuente seré; de todos modos ya tengo beteados el resto de los capítulos, así que ya veré uwu.
Esto continúa poniéndose más dramático... Supongo que el título puede darles a intuir muchas cosas, o eso me imagino. Recuerden que el final ya está cerca y muchísimas cosas podrían suceder ahora que todos están en La Noche.
Vale, espero disfruten el capítulo :3
Alex estaba alterada y trataba de calmarse, porque si no las cosas no mejorarían aunque quisiera; ella era el pilar de todo en éste momento y si se equivocaba, ya nada podría detener al otro yo de Akashi.
Sus dientes estaban apretados y estaba concentrada al hablar en la mente de los demás, cambiando repentinamente los equipos cuando se dio cuenta del verdadero plan de Seijuro tanto por la información del otro yo, como la información que la mente de su hermana le dio. ¡¿Cómo no lo había pensado antes?! Ella jamás imaginó que el potencial de Shintaro fuera del calibre como para poder usar un hechizo de reencarnación, de expansión y de posesión; lo había subestimado y dejado que su fama de "El Hada" nublara algo que pudo ser tan obvio.
Midorima era la base de todo le plan de Akashi, él lo mantenía. Y no resultaba difícil de entender todo el trabajo que tuvo que hacer y que pudiera hacerlo, al final de cuentas, era un miembro de la Unión Milagrosa.
Ya sabía que Taiga estaba fuera de control en éste momento y estaba pidiéndole algo muy complicado a Kise, pero era la persona más cercana en estos momentos, pues Himuro o Shiro tardarían demasiado en ella y su amor por el pelirrojo se entrometería en lo que era su nueva estrategia. Porque a Alex ya le estaba costando demasiado haber aceptado esa opción, no quería que se lo hicieran más difícil ahora, ya bastante tenía con la actitud de Aomine.
Tampoco pensaba mencionarles el pequeño inconveniente que estaba teniendo Kagami, definitivamente no. Era algo que ella había estado esperando y que había logrado mantener a raya cuando el pelirrojo era una mujer, puesto estudió bastante su anatomía como para saber lo que su cuerpo posiblemente le exigiría. Y cuando renació, no creía seguiría siendo un problema como tal, pero de todos modos, a escondidas, siempre lograba meterle a la comida del híbrido aquella fórmula que lo mantendría calmada.
No obstante, parecía que gracias a la nueva vida del pelirrojo, esa poción ya no iba a surtir más efecto ahora y como llevaba mucho tiempo conteniendo esa hambre, estaba descontrolado.
"Sé que lo que te estoy pidiendo es demasiado por la situación de Taiga, pero es nuestra única esperanza ahora, pensó Alex directo a la mente de Kise. No puedo ir yo, donde me encuentro es imposible hacer un portal así como así y aunque lo haga, no podré salir, solo dejar entrar. Por eso debes llevarlo a un portal original, a esa cascada".
Sabía de los roces entre Kagami y Kise, por lo tanto era una opción que recibiera una negativa.
Exactamente no sabía que estaba pasando en cada campo de pelea con los subgrupos, su magia no podía salir como tal de La Montaña Carmesí por la misma presión espiritual de Akashi y las lunas, la telepatía era lo único que podía hacer en éste momento.
Los segundos estaban pasando… los minutos…
Por todos los cielos, no podía agarrar más paciencia.
"Está bien, me haré cargo, Alexcchi", respondió Kise.
Podía dejar que Kagami se saliera de control, eso le concedería una oportunidad a él para tener de regreso a Aomine, así que podía declinar lo que El Hada le estaba pidiendo sin ninguna culpa. Lo pensó y esa opción lo tentó de una manera surreal, porque tenía las llaves para borrar del camino aquello que se interponía entre él y el peliazul, pasó un siglo de su propio sufrimiento para salvar sus sentimientos con el peliazul, no podían terminar así.
Pudo ser egoísta. Pero hacerlo sería complacer a Akashi y su desprecio por él no se lo permitía tampoco.
— ¡Deja de perder el maldito tiempo y mueve el culo, Ryota! —ladró Haizaki, quién ahora se enfrentaba a otro par de licántropos.
Kagami no los atacó nuevamente, pues su atención regresó a Akashi, parecía que éste tenía algo místico que lo atraía y no podía alejarse completamente de él como quisiera. ¿Era por qué ambos eran híbridos? O al menos uno lo había sido anteriormente. No existía explicación lógica, no obstante, había una atracción bastante misteriosa entre ambos pelirrojos.
Las toscas palabras del peligris regresaron de golpe a la realidad al vampiro rubio y dio una voltereta para golpear a un lycan que se acercaba a él, incorporándose, regresando a la pelea. Sus ojos estaban fijos en Seijuro mientras que en su mente estaba la voz de Alex. ¿Era más fuerte su deseo de querer vengarse del vampiro pelirrojo al precio que fuera o apartar a Kagami de su camino?
Sin embargo, existía un hecho que Ryota no podía ignorar por más que quisiera: Taiga lo había sacado de Eretz, lo había salvado y no podía no devolverle ese favor. Estaba bien que su lado egoísta estuviese saliendo, pero era un chico que tenía honor, porque entre los rivales existía algo como eso. Así que no podía darle la espalda tan fácilmente.
Por eso aceptó.
Algo no le estaba cuadrando a Haizaki en ésta pelea. ¿Desde cuándo Seijuro se mostraba tan inactivo? Era obvio que quería al híbrido, ¿entonces por qué no usaba su estúpido poder y lo mataba? ¿O acaso no podía? No le gustaba ni una pizca ese detalle, sin embargo no es como si se pusiera a advertir a los que eran su equipo, la verdad es que le importaba poco lo que le sucediera al resto, su atención estaba enfocada en el rubio. Y sobre todo, en una situación de esta magnitud no era razonable que Akashi se pusiera a jugar.
— ¡Kagamicchi! ¿Qué pasa? Hace rato parecías venir por mí —dijo Kise de repente, sorprendiendo a más de uno ahí.
¡¿Qué se supone que estás haciendo, rubia idiota?! Pensó Shogo y mató velozmente a otro licántropo que estaba golpeándolo hace unos segundos.
Akashi no estuvo nada feliz cuando la atención de Taiga se desvió al vampiro de ojos miel y sus facciones parecían deslumbrar como la punta filosa de un cuchillo. No se iban a interponer en su camino ahora que estaba tan cerca del híbrido; en éste momento su poder estaba limitado por una única razón y por eso no estaba usándolo para acabar con todos ahí, pues sería tan fácil para él.
La ceremonia de reencarnación debía seguir ciertas reglas. Ya tenía dos, solo le faltaba una más… O mejor dicho, alguien más.
—No te vas a interponer en esto, Ryota —ordenó.
—Ya no te obedezco, Akashi —respondió con burla y sonrió.
El vampiro de ojos bicolores enseñó los colmillos ligeramente. No podía usar en éste momento su potente habilidad mental, pero eso no significaba su poder fuera tan bajo como para que alguien como el rubio le ganara o tuviera el valor de retarlo. Así que se movió a él y lo golpeó.
Kise lo había visto venir y simplemente no pudo esquivarlo como quería. Rodó por los aires, mas cayó de pie, agazapado. Su mente estaba trabajando lo más rápido que podía para idear algo que pudiera atraer por completo a Kagami y alejara a Akashi, y estaba claro no era algo simple.
Y mucho menos cuando el híbrido pelirrojo llegó a él con los ojos perdidos en la nada, justo como un depredador, por eso Seijuro dejó de atacarlo.
—Ryota, Ryota… Intentas venir por mí, cuando ni siquiera serás capaz de detener a tu "amigo" —dijo con pena, como si de verdad eso le doliera, pero en sus ojos se notaba lo mucho que estaba disfrutando.
El vampiro de cabellos de oro era alguien fuerte, sin embargo su potencial no estaba completamente de regreso, porque un siglo de tortura en el lugar donde había estado, no se borraban tan fácilmente. No fue por eso que no estaba peleando o conteniendo a Kagami, más bien estaba jugando el juego de "corre que te alcanzo", con el único motivo de llevarlo a La Cascada de Cristal. Su brazo herido estaba sirviendo para atraer al chico.
Claro y todo hubiese estado perfecto, hasta que Akashi se hartó de no ver la acción que esperaba y usó su don de hipnosis, aunque no de forma agresiva como tal o estaba pensando hacer. Después de todo, había esperado el tiempo suficiente para que su cuerpo se preparara para el ritual, por lo que tanto Kise como Haizaki quedaron estupefactos en su lugar, sin moverse.
Caminó hasta donde estaba Kagami y lo miró para cegarlo también, no obstante, no surtió efecto, más bien tuvo el efecto contrario; las ansías de sangre aumentaron en su cuerpo y la masacre continuó. El resto de licántropos ahí presentes empezaron a morir con los ataques que el pelirrojo hacía, pues se movían como una metralleta, como si tuviera rabia, ¿qué le estaba pasando a su cuerpo? La parte lejana de su conciencia estaba aterrada, ¡¿qué diablos le sucedía ahora?! ¡¿Qué fue lo qué cambió en él?! ¡¿Por qué no podía controlarse?! ¡Sus amigos dependían de él, maldita sea! A los lejos podía ver lo que sucedía, mas no lograba hacer nada, porque esa hambre despierta en él solo hacía que se alimentara. Era como si estuviera en medio de una pesadilla.
Midorima contemplaba con los ojos consternados el caos que estaba suscitándose en la pelea. No estaba involucrado directamente, pues una de sus misiones era preparar el ritual que Akashi le encomendó para robarle la energía espiritual a Kagami una vez lo tuvieran atrapado; no sabía el motivo del porque el cambio en el líder de la Unión Milagrosa, pero tampoco preguntó como tal. No tenía intenciones de mostrarse reacio o que el pelirrojo lo notara así, sabía el ajeno estaba en una etapa muy peligrosa y lo único que podía hacer, era pensar en Takao.
Había logrado inhibir con su magia los efectos eléctricos de la habilidad del vampiro rubio que una vez estuvo por ser su compañero, pero solo eso. Pudo tener de pretexto el ritual que tenía que preparar, porque así no tendría distracciones innecesarias y en el fondo, él no deseaba acabar con quiénes una vez consideró sus amigos —aunque no lo expresara abiertamente—, mucho menos con Kuroko.
Kise no podía moverse, por más que su mente estuviera luchando, ¡no podía, maldita sea! ¡¿Por qué era tan débil?! Tenía una misión que cumplir, no iba a quedarse con los brazos cruzados.
— ¿De verdad crees que tú y los imbéciles de tus amigos pueden contra mí? —Akashi habló solemnemente— Me han subestimado demasiado y eso me hiere tanto —el sarcasmo bañó su voz—. Esperaba a Alexandra, o a alguien capaz… Pero, ¿tú, Ryota? No eres más que un gusano.
— ¡No te vas a salir con la tuya! —exclamó.
—Ya me salí con la mía desde hace tiempo y nunca has dejado de ser mi juguete favorito —respondió Akashi con una sonrisa cruel.
Entonces, una cascada de recuerdos atacó la mente del vampiro rubio, pero no fue al único que afectó en ese momento. Haizaki igualmente estaba compartiendo la hipnosis y Akashi también le mostró lo mismo con toda la intención del mundo.
Las expresiones de llanto, de sufrimiento de Kise encerrado en ese calabozo, con su cuerpo completamente herido.
Sus ojos llenos de dolor, como causando una explosión hasta quedar vacíos en cierto momento.
El dolor que el Sol ejercía en su cuerpo como un metal caliente contra su piel, el ardor punzante de su garganta ante un siglo sin beber sangre.
El rubio ahogó un grito con esos recuerdos y se retorció en el suelo, apretando la tierra. Otra vez esa tortura…
El dolor de aceptar que su relación con Aomine no podía salvarse y de tener que fingir que jamás lo amó… Las noches tortuosas en la cárcel cuando estuvo esperando se diera el juicio, la agonía y la catarsis completa.
Haizaki tampoco podía soportar esas imágenes. A él también le estaba doliendo, no solo por ver sufrir a la persona que amaba, sino porque estaba viendo como esta estaba sufriendo por amar a otro.
Algo tenía que hacer para acabar con esto, no importaba lo absoluto que Akashi fuera, todo ser tenía un punto débil, porque si hasta alguien tan desgraciado y vil como lo era su persona lo tenía, también el maldito líder de la Unión Milagrosa.
Trataba de no soltar sonido alguno al sentir las puñaladas que la imagen de Kise sufriendo le causaban. Sabía que todo eso que había vivido el vampiro, eran solo su culpa y nada más que su culpa, porque al verse emboscado en la misma telaraña que él mismo hizo, no supo cómo romperla para enfrentarse a sus verdaderos sentimientos y todo le salió mal.
Logró dejar con vida a Ryota, sí, ¿pero para que viviera tal tortura? ¡Joder! Simplemente no podía aceptar que él dejara de existir, egoístamente no podía. Y además, lo había prometido.
Puede que su amor no fuera el más sano del mundo y que ahora su relación con el ojimiel fuera peor que antes —tan tóxica como la plata para ambas razas—, pero ya no estaba dispuesto a cometer el mismo error dos veces.
Ya no. Y por lo poco que pudo pensar, solo existía alguien del lado de Seijuro que podía ayudarlos, alguien que jamás pensó tendría que recurrir a esto.
— ¡Muestra de una vez tu puta nariz, Shintaro! —gritó Haizaki y la impresión atacó inmensamente al nombrado vampiro— ¡Eres un maldito cobarde por no luchar por lo que quieres! ¡¿Crees que Seijuro va a dejarte pasar tu secretito solo porque lo estás ayudando ahora?!
El peliverde casi se atragantó cuando escuchó esas palabras. Ese bastardo…, despotricó mentalmente. Pero, ¿qué quería que hiciera? Ir contra Akashi no era una opción para él, a pesar de que no estaba de acuerdo con todo lo que estaba haciendo. Y si lo hacía, este tenía el poder de saber lo que tanto ocultaba y dañar a esa persona. Aunque si alguien como Haizaki ya lo sabía, ¿qué hacía que el pelirrojo no lo supiera a estas alturas? Porque ciertamente, el vampiro era muy inteligente, a pesar de que había dejado de frecuentar a Takao desde hace tiempo atrás.
— ¡Si tu no mueves una maldita mano, cuando Seijuro te esté cortando las bolas morirás siendo un maldito cobarde! —prosiguió Haizaki, le valía un comino si esto era propio de él o no, le valía con tal de hacer que esa tortura dejara de atacar al rubio.
Los ojos de Akashi volaron hasta el peligris. Había algo que tenía que reconocerle a ese licántropo: era bastante astuto, no por nada su clan siempre perteneció a la Unión Milagrosa.
Empero eso no era suficiente. Y después de todo, la especialidad del vampiro de ojos bicolores era la tortura.
Los recuerdos cambiaron nuevamente y el alma de Kise estuvo por escaparse de su ser con esto, porque seguían compartiendo la hipnosis, mientras que Haizaki se quedó helado, con un veneno quemándole el cuerpo dolorosamente.
—No me engañes a mí, yo sé descifrar bien la forma en que miras a mi hijo siempre —repitió Stephanie nuevamente—. Sé que tú lo…
— ¡Joder, ya entendí, puta madre! —exclamó Haizaki.
—Yo no te pido que lo hagas, Haizaki-kun, incluso aunque estés de lejos, solo protégelo siempre, por favor. Prométemelo —Stephanie le miró con suplica, pero a la vez firmeza—. Yo sé que tú eres la mejor persona para eso e incluso tú lo sientes.
La barrera del lycan gris se estaba derrumbando y no era nada bueno que no solo fuera ante los ojos de Seijuro, sino también de Kise, porque acababa de ver a su madre… ¡¿A su madre pidiéndole a alguien como Haizaki que lo protegiera?! ¡¿Qué clase de mala broma era esa?! No estaba dispuesto a creerlo, seguramente solo era una ilusión creada por el vampiro.
Sin embargo, su poder mental no incluía ilusiones como cierto peliceleste.
—Pero parece que no cumpliste bien tú promesa, ¿verdad? —supuso Akashi divertido.
Todas esas ocasiones en que Haizaki observaba y veía de lejos a Ryota, preocupándose y admirándolo como una puesta de sol.
La impotencia que sintió cuando él empezó a alejarse y su amistad se resquebrajó por completo, él sintió dolor.
El odio que sintió por sí mismo al solo haber sido capaz de mandar lejos al vampiro rubio, pero no salvarlo debidamente.
Todas las veces que se quebraba la cabeza, buscando una solución para sacar a Kise de Eretz.
El deseo de querer protegerlo siempre, porque en lo profundo de su corazón, seguía creyendo en esa amistad.
Kise jadeó y negó. ¡Ese que veía ahí no era Haizaki! ¡Él no era así! ¡Él lo había dañado! ¡Era por culpa de él que su relación con Aomine fue descubierta y se separaron! ¡Por Shogo no estaba con la persona que amaba! ¡Lo odiaba! Él había traicionado su confianza…
La decepción de Shogo cuando el rubio olvidó que entre ellos existía una amistad.
Dios mío, ¿cuántas cosas había ignorado Kise hasta ahora? Aun así, definitivamente, no iba a sentir compasión, no se iba a sentir culpable de algo que tenía que ser una maldita mentira, una ilusión, porque quién más daño había causado era Haizaki, solo él. Además, a pesar de que su amistad quedara en el olvido, nunca tuvo la intención de lastimarlo.
El sentimiento de traición que sintió Haizaki cuando supo que quién era su amigo iba a ser su reemplazo en la Unión Milagrosa. Y era peor, porque Ryota no parecía arrepentido, solo concentrado en que estaría con Aomine y eso lo hacía feliz.
Haizaki se ahogó internamente. No podía seguir hablando y no imaginaba que forma tendría su cara en éste momento por los recuerdos que lo atacaban. Esos que tanto le costaron guardar en lo más hondo de su mente, porque dolían tanto… porque lo hacían sentirse aún más solo; él no esperaba ser la víctima, estaba acostumbrado a ser visto siempre como el malo y eso era lo que era. Después de todo hizo las cosas mal.
Y Kise no estaba dispuesto a seguir viendo eso, no, no, no… una parte de su mente le decía que al final de cuentas, el primero en romper todo había sido él, por haberse dejado atrapar en su fanatismo por Aomine, en ese amor idolatrado. Y obviamente no iba a aceptar algo como eso, ¡él era quién quedó atrapado en todo, no Haizaki!
—Qué egoísta eres, Ryota —dijo Akashi, muy consciente de los recuerdos que estaba haciendo resurgir en la mente del licántropo de ojos grises—. Pensando solo en tú dolor, ¿y jamás te diste cuenta de lo que Shogo sentía? Vaya, ahora comprendo porque terminó delatándote conmigo, si te lo merecías —inquirió con maldad.
— ¡CÁLLATE, TÚ NO SABES NADA! —Haizaki rugió para los oídos sorprendidos del vampiro rubio.
—Qué agresivo, yo simplemente ayudo que a Ryota conozca más de ti —Akashi fingió decepción y suspiró. Una sonrisa torcida apareció—. Sé más de lo que te imaginas.
El corazón de Shogo empezó a latir con miedo y fuerza con el nuevo recuerdo.
—Sé porque delataste a Ryota, sé la promesa hacía la madre de él y esos sentimientos que tanto niegas, pero qué sabes siguen siendo verdad —había dicho Alex.
—No me conoces, maldita mujer —siseó Haizaki—. Tú no sabes lo que yo…
Alex suspiró, expresando rigor, pero a la vez empatía.
— ¿Tanto am…?
El hilo de los recuerdos se rompió como un cristal golpeado por una piedra, justo en el momento exacto y la magia se hizo presente.
Haizaki se sintió tan aliviado que podría vomitar, definitivamente ese recuerdo era uno que no pensaba sacar nunca a la luz, ni aunque viviera mil años. No obstante, que Kise viera eso, no fue muy alentador que digamos, puesto él mismo recordaba un hecho similar, cuando Alexandra les pidió a todos que salieran aquella vez que debía hablar con el peligris… En pocas palabras, eso distaba mucho de ser una mentira, una ilusión… Y si eso era cierto…
No. rotundamente no, santo cielos.
Los ojos de Akashi se desorbitaron unos segundos al reconocer la presencia nueva en el lugar y giró su rostro para encontrarse con las pupilas esmeralda del vampiro que ahora no tenía sus gafas, mientras que de sus dedos salía una clase de humo verduzco.
— ¡Shintaro…! —eran pocas, muy pocas las veces que algo hacía que la máscara de Akashi se alterara, ya que siempre tenía el control de las cosas. No había pensado en algo como eso, jamás lo considero.
Quién sabía que motivó a Midorima, pero ya estaba ahí y su magia había hecho una barrera para la habilidad del vampiro pelirrojo, era lo único que estaba dispuesto a hacer ahí, porque estaba seguro que ahora la vida de Takao pendía de un hilo y debía estar pronto con él para protegerlo.
Lo único para lo que Kise tuvo tiempo, fue de ver como Haizaki había perdido su transformación y estaba hincado en el suelo, con las manos contra este, en cuatro y jadeando. Rápidamente desvió sus ojos, porque no se sentía capaz de mirarlo a la cara, estaba en una completa etapa de negación. Definitivamente él no tenía la culpa de las acciones malvadas del peligris, no tenía por qué preocuparse por eso, debía cumplir algo más.
— ¡Kagamicchi! ¿Quieres mi sangre? —Kise se incorporó, tratando de no tambalear y le sonrió al nombrado, lamiéndose su propia sangre.
Hasta ahora, el pelirrojo había estado metido en un mar de cadáveres de todos aquellos soldados que llegaron ahí, alimentándose. Era una imagen bastante perturbadora a decir verdad y si bien el rubio no entendía cómo es que eso era una opción para detener a Akashi, no iba a cuestionar a Alex.
Kagami estaba revitalizado, perdido en el sabor de sangre y carne de los licántropos. No tenía noción de lo que estaba sucediendo a su alrededor y ese olor tan tentador hizo que se lanzara contra el rubio con una velocidad terrorífica, era incluso más veloz que Aomine y eso era una desventaja para Kise.
— ¡Ustedes no irán a ninguna parte! —demandó Akashi y antes de irse en contra de ellos, miró al peliverde— Luego me encargaré de ti, Shintaro —su mirada fue mordaz, poderosa e imponente.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Midorima y el peso de los ojos del vampiro le hizo tambalearse, casi cayéndose. Maldita sea, debo proteger a Takao, pensó, era lo único que le importaba ahora. Ya estaba cansado de tener que estar siempre bajo la sombra de Akashi, de temerle y que todas esas reglas lo retuvieran tanto; su familia, la Unión Milagrosa, La Ley de Oro… Quería ser libre.
Le había molestado tanto haberse sentido identificado con la represión de Haizaki, por eso había decidido a intervenir, nadie quería sentirse similar a una lacra como el peligris y además, él era mejor que ese lycan.
Hasta llegó mi colaboración, pensó Midorima con un doble sentido; si bien lo decía por la ayuda al peligris y rubio, también lo hizo por el líder pelirrojo con una seguridad y serenidad impresionante ante su decisión.
Hasta ese momento, nadie había notado que el aspecto del peliverde estaba un poco cansado, debido a todas las cosas que estaba controlando con su magia. Desde los ciudadanos, hasta los soldados; y por supuesto que al decidir dejar de hacerlo, esos soldados caerían como cadáveres al suelo y los equipos de Alexandra habrían ganado. Sin embargo no pretendía dejar de controlar a los ciudadanos de La Noche, eso era algo que estaba seguro debía seguir manteniendo, pero esperaba su magia le durara lo suficiente, porque hasta él tenía un límite.
Bien decían que era mucho mejor hacer los planes sin decirlos. Estaba seguro que Akashi se llevaría una enorme sorpresa con eso y el resto de los nuevos miembros de los nuevos miembros de la Unión Milagrosa. Más les vale a todos aprovechar esto, pensó Midorima nuevamente.
La carrera que Kise tenía planeada se fue al demonio cuando Kagami empezó a atacarlo y estaba bastante débil como para defenderse adecuadamente. De modo que entre golpes, evasiones y más golpes, es que estaba consiguiendo correr y jalar al pelirrojo, puesto no escuchaba de razones en sí. Esperaba que La Cascada de Cristal no estuviera tan lejos, de todos modos la velocidad de ambos eran amplia, el problema era que Akashi venía tras ellos.
Le hubiese venido genial más ayuda de Midorima, al menos la barrera mental era de gran ventaja.
—Maldición, Kagamicchi, ¡¿por qué no reaccionas?! ¡Soy yo, Kise! —intentó hablarle, mientras era rasguñado en su pecho y continuaba corriendo y esquivando las trampas del híbrido.
Pero el aludido solo siseaba y sus ojos lo veían como un manjar.
Algo tengo que pensar, algo que haga regresar a Kagamicchi, pensó con el ceño fruncido y jadeando un poco por el cansancio. Era extraño en el mundo ver a un vampiro cansado, eran lo más cercano a lo perfecto y no simples humanos que se agotaran por la acción física, aunque bueno, él había estado sometido a una tortura mental y era peor.
No le gustó nada reconocer que sí existía algo para mover el ser del pelirrojo, no porque no quisiera calmarlo, sino por el "objeto" que iba a utilizar.
— ¡A Aominecchi no le gustaría verte así, maldición! —gritó, deteniéndose un momento para ver a los ojos al híbrio de cabello rojo.
Sin embargo, lo que se ganó fue una embestida demoledora que lo dejó sin aire y le rompió el brazo derecho, el eco de sus huesos se escuchó en medio de La Noche y seguramente si los habitantes estuvieran "despiertos", saldrían a ver qué diablos estaba pasando.
Ryota rodó en el suelo y chocó contra una muralla de piedra. El golpe fue tan inmenso que lo aturdió y sus sentidos no le dejaron percibir rápidamente el sonido de la cascada, misma que estaba a un lado —a unos diez metros— de donde chocó. Estaba deshecho, pero al menos había logrado llegar a donde debía llegar, ¿pero ahora qué debía hacer?
Ya está hecho, Alexcchi, dijo mentalmente, esperando que la rubia lo escuchara.
"Por favor, aguanta un poco más", fue la contestación que recibió en su mente.
Kagami levantó a Kise al sujetarle del cuello y lo azotó contra la misma enorme piedra que era la base de la cascada.
— ¿Te estás vengando por qué te mordí aquella vez? —inquirió Kise con una sonrisa deslumbrante, a pesar de su estado— ¿O es por qué besé a Aominecchi?
Curiosamente, aunque el raciocinio del híbrido no estaba despierto, respondió violentamente a esas provocaciones y golpeó al rubio, hasta obtener una posición más cómoda que permitiera degollarlo con facilidad.
—No pensé que fueras tan débil ante tus instintos, Kagamicchi. A éste paso, me estás dejando libre el camino para que Aominecchi regrese a mi lado —dijo con toda la intención del mundo, tanto para hacerlo reaccionar, como porque era verdad—. Porque yo aún no te he cedido el amor de él.
¡No!
Kagami se sujetó de la cabeza y rugió, alzándola. Algo empezó a presionar sus sienes y todo su cuerpo le hormigueaba generándole un dolor indescriptible y agonizante; una guerra se desató en su mente repentinamente cuando las palabras de Ryota fueron captadas por su mente y poco a poco fue descendiendo hasta donde su raciocinio dormía.
Cayó hincado y encorvándose hasta que su cabeza chocó contra el suelo y vomitó. Volvió a alzarse y se acostó, todavía sujetándose la cabeza, porque su instinto y su razón empezaban a pelearse, en uno de esos momentos, sus ojos miraron de refilón al vampiro de ojos miel que lo contemplaba y masculló entrecortadamente.
—Es mío… Aomine.
Kise se sorprendió ligeramente por eso y sonrió.
De repente, el agua de La Cascada de Cristal se detuvo y una voz salió de ahí.
— ¡Ryota, trae a Taiga de una vez! —la imagen de Alex se veía en el fondo del agua, pese a que la presión de la cascada se detuvo, creando un portal.
Ahora estaban un poco más cerca, así que esperaba no se le dificultara jalar al pelirrojo con un brazo roto.
Ls cosas dejaron de parecerle tan poco difíciles cuando un olor entre familiar y nuevo apareció de repente, golpeando el suelo con su forma y con su mirada endemoniada, con esos ojos bicolores adornando una imagen completamente diferente y tenebrosa.
—No voy a dejar que se lleven al híbrido, él me pertenece —rugió Akashi.
De acuerdo, Kise consideraba que ya no había algo a lo que le tuviera miedo, al de cuentas, ya había perdido todo, ¿no? Pero contemplar como el vampiro pelirrojo tenía otra forma completamente diferente a la de hace unos segundos, lo inmovilizó. ¿Qué diablos era eso?
Akashi tenía dos incisiones saliendo de su frente, como cuernos y sus manos estaban deformadas por las uñas que empezaron a crecerle hasta ser garras, unas de color negro, del mismo modo que en sus pies. Su espalda estaba encorvada y tenía unos brotes extraños en la misma, de forma puntiaguda y moviéndose, queriendo salir. Y sus ojos tampoco se habían librado del cambio.
El de iris dorado estaba en un fondo rojo, como si estuviera sangrando, mientras que el rojo estaba en uno negro y su rostro estaba agrietado, mientras que pedazos de piel estaban cayéndose lentamente. Tenía un aura muy diferente a la imponente de siempre, digno del líder que era. En cambio, esta esencia que emanaba de él se sentía pesada, viscosa, como si fuera un monstruo, no el elegante vampiro de siempre. ¿En qué momento Akashi llegó a eso? ¿Era por su naturaleza de híbrido? ¿Kagami se volvería así también?
— ¡Ryota, rápido! —exclamó Alex con aflicción al notar la figura que era el vampiro pelirrojo.
— ¡Maldita sea, Kise, qué estas esperando! ¡Si algo le pasa a Kagami no te lo perdonaré! —se unió Aomine con un tono exigente. No podían culparlo, ya bastante tenía con la idea de que el cuerpo del pelirrojo contuviera el espíritu del otro Akashi y ver que estaba tan cerca de la monstruosidad en que se convirtió éste, era peor.
—Tsk… —Kise hizo una expresión de dolor que no logró ocultar. No era necesario que le echaran en cara lo mucho que se amaban, que incluso pasaban por él, ya sabía lo que tenía que hacer.
Mas Akashi no estaba dispuesto a permitir que se llevaran a Kagami, porque era lo único con lo que podía ganar y no importaba lo que hiciera, lo haría sin remordimientos. Él siempre ganaba, así de sencillo.
Por eso se lanzó contra el rubio, dispuesto a matarlo, el brillo de sus ojos dejó en claro que esta vez no iba a quedarse a jugar con las víctimas, asesinaría sin pensarlo.
— ¡No! ¡Alto! —aulló Kagami repentinamente, cuando la poca conciencia que tenía le hizo estar consciente de su alrededor y notó el peligro que asechaba al rubio. Por más "rivales" de amor que fueran, no le deseaba la muerte, además, seguramente si el peliazul no estuviera de por medio, hasta fueran excelentes amigos.
— ¡Corre, Kagamicchi, a la cascada! —señaló Kise, preparándose para el golpe…
… pero este no llegó a él.
Un rugido tan familiar llegó y un licántropo de pelaje gris saltó contra la criatura que ahora era Seijuro, mandándolo a chocar contra una roca de una patada y se lanzó para continuar golpeándole.
Otra vez, como un círculo vicioso, Haizaki había llegado.
— ¡Haz lo que tengas que hacer de una puta vez, rubia! —ordenó, sin verlo, porque no podía. No después de lo que pasó hace unos momentos.
— ¡¿Por qué diablos haces esto?! ¡Yo nunca he pedido que estés protegiéndome! —gritó Kise, alterándose, recordando aquello que la hipnosis del vampiro pelirrojo le mostró; esas memorias del peligris que escondían tanto y no iba a aceptar. Deseaba reclamarle, no por las cosas obvias, sino por… ¿Por qué?
Haizaki no respondió, enzarzándose en una pelea a muerte con Akashi, aprovechándose de la barrera mental que seguía en su cerebro. Ambos eran muy fuertes, pero existía una enorme desventaja.
— ¡¿Por qué, maldita sea, Shogo?! ¡Yo jamás te perdonaré!
— ¡Deja de perder el maldito tiempo, Ryota, imbécil! —rugió amenazante y aprovechando que el vampiro pelirrojo estaba agazapado, pensando su ataque próximo, se giró a ver al rubio— ¡Si lo que quieres es ver como termino uniéndome a éste bastardo, deja de retarme, porque lo haré y todo tu puto drama no habrá servido de nada y en verdad voy a matarte! ¡A ti y a todos!
Tal vez Haizaki dijo las palabras que Kise necesitaba escuchar para no sentirse culpable por saber que él también ocasionó dolor al peligris —porque así era más fácil para él, negándolo—, cuando eran amigos o tal vez porque en verdad deseaba hacer eso.
Lo cierto es que con esas palabras, el rubio pudo correr velozmente hacía Kagami y lo ayudó a pararse, dejando que se apoyara en su cuerpo para poder avanzar. Apretó los dientes al momento de compartir la mirada con el lycan de pelaje gris y frunció el ceño, con fuerza, sin perder el encanto brillante de sus facciones.
Todo ocurrió en segundos y aun así, Seijuro se movió más rápido todavía.
Cada parte de su anatomía estaba afilada, cual demonio.
La historia de los vampiros era un secreto entre ellos, escondían un misterio como tal; se decía que eran descendientes de Ángeles Caídos del cielo —otra dimensión— atrapados en ese mundo, que pese a tener toda la belleza y fortaleza, tenían la maldición de ser eternos, es decir, morir lentamente y atrapados siempre en la compleja vida… Y todo lo que pasaba a su alrededor tardaba tanto. Como el tener hijos, por ejemplo.
Por otro lado, se decía que el origen de los hombres lobo habían descendido de una maldición del Dios de La Naturaleza, que en un tiempo muy atrás, condenó al hombre por matar a todos sus hijos animales —en ese tiempo eran grifos, basiliscos, arpías, dragones y más criaturas mitológicas— y lo convirtió en una bestia que sufriría el cambio cada luna llena y condenó a toda su descendencia.
Y compartiendo ambas razas una maldición celestial, crearon su propio mundo y los principales de cada uno —esos que conocieron el arrepentimiento y desarrollaron la gracia de poder—, se habían convertido en los astros que veneraban los demás.
Claro, solo era una simple historia para intentar explicar su vida, su mundo. Solo era un mito.
Sin embargo, existía otra leyenda más en La Noche.
Cuando los vampiros se dejaban consumir por sus bajos instintos, esos que hace muchos milenios atrás hicieron que los ángeles cayeran, otra maldición impuesta por las Diosas del cielo caería sobre ellos, transformándolos en seres endemoniados. En verdaderos monstruos.
Incluso para alguien que tenía un pasado híbrido como cierto pelirrojo vampiro, esa maldición lo atraparía.
Justo como ahora.
Kise no vio venir el contraataque, se confió de que Akashi se entretendría con pelear contra Haizaki y aunque corrió lo más rápido que pudo, nada impidió que el segundo mencionado los alcanzara, teniendo sus manos acomodadas justo para perforara la anatomía del vampiro rubio, porque él sabía perfectamente cuál era la desventaja de Shogo.
— ¡Kise-kun! ¡Kise! —Aomine y Kuroko quisieron saltar del portal para ayudarlo, pero aun así no hubiesen llegado tan rápido, además de que El Hada no se los permitió.
No más de lo que logró moverse cierto peligris.
—En La Noche Daiki no es el único con una velocidad impresionante —dijo Haizaki, exactamente cuando esas afiladas zarpas unidas atravesaron su pecho y la sangre saltó de su cuerpo.
Y los ojos del vampiro rubio se abrieron como platos, como si las cuencas fueran a expulsar sus orbes ante su visión.
— ¡…! —no fue capaz ni de pronunciar nada, no rápidamente— ¡…S-Sho…go…!
— ¡¿Qué estás esperando?! ¡Mueve tu maldito trasero, Ryota! ¡AHORA, MIERDA! —sus ojos llamearon con intensidad al ver al susodicho y, pese a la gran herida de su cuerpo, sujetó las manos ajenas para que no las sacara y lograra atraparlo así, evitando se moviera para seguir al rubio.
Akashi sonrió con psicosis y removió sus garras en el interior del lycan.
—Con qué quieres sacrificarte, heh… ¡Entonces vamos a hacerlo bien! —sin soltarlo, ni intentarlo, lo arrastró hasta los frondosos árboles, perdiéndose de la vista de los demás.
— ¡…! —¡No, no, no…! Kise no pudo decir nada, solo pensarlo.
— ¡Llévate al maldito híbrido de una vez! —exclamó Haizaki antes de que su voz quedara ahogada en un rugido lastimero.
Ryota llegó como pudo frente al portal y solo miró de refilón a Alex y a los demás, no tuvo tiempo ni de impresionarse por el otro yo de Akashi, únicamente lanzó el cuerpo de Kagami semi consciente y esperó hasta que lo atravesó y salió corriendo tras el rastro de sangre que el peligris había dejado.
El portal no se cerró y eso le permitió a Kuroko ver las acciones de su amigo, mas sabía todo estaba pasando demasiado tarde.
De todos modos, a Kise no le ayudaba detenerse a pensar en los motivos que llevaban a Haizaki a actuar como lo hacía desde siempre y por más que estaba luchando ahora, los recuerdos de las imágenes y sentimientos que la hipnosis de Akashi resurgió del peligris y que pudo ver, estaban atosigándolo mientras corría.
No podía creer nada de lo que vio ahí, no quería hacerlo, aceptar que estuvo cegado de muchas maneras en éste tiempo no era algo que su orgullo fuera a permitirle. Por eso se negaba tanto.
—Ryota, él era tu amigo —había dicho Alex esa vez.
—Shogo me traicionó.
—Retrocede en el tiempo y dime, ¿quién traicionó primero a quién? —Alex lo miró atentamente a los ojos— No estoy excusando los malvados y egoístas actos de Shogo, solo no creas que eres él único que sufre.
— ¿Y no es suficiente lo que viví en Eretz y de paso haber perdido a Aominecchi? —sonrió con amargura— Shogo no tiene la más mínimo idea…
—No eres la única víctima, solo ten en cuenta eso —le interrumpió Alex.
Ese recuerdo le dolió tanto y le hizo enfurecerse consigo mismo. No era válido que estuviera considerando todo esto, como si las cosas que Shogo había hecho fueran también su responsabilidad, ¡él era el malo! ¡Él lo había dañado!
Él era tu amigo y de la nada lo dejaste solo, dijo un repentina vocecita en su mente, que interrumpió su carrera. No era la voz de la conciencia, para nada y Kise miró a ambos lados, tratando de encontrar el origen, pero estaba solo…
La luna llena del cielo brilló con mayor intensidad y los ojos miel la observaron.
No se trata de buscar culpables, solo de ver lo que nadie más puede ver y entenderlo.
Los puños que eran las manos del vampiro rubio derrumbaron muchos árboles en su carrera —ignorando el dolor de su brazo roto—, tratando de encontrar a Akashi, a donde quiera que se hubiera ido, planeaba vengarse por lo menos un poco de él, dándole una paliza, pese a su estado. Era lo que más deseaba hacer, por eso lo estaba tratando de encontrar.
—Así que viniste —y lo había encontrado.
Sin embargo, sus ojos no buscaron enfrentarlo, no cuando vio el cuerpo despellejado y partido de Haizaki, mismo que tenía los ojos entrecerrados y que se removió con el único brazo que le quedaba, pues incluso en ese estado, fue capaz de percibir la llegada del otro.
— ¡Te dije que… llevaras al híbrido, rubio idiota! —gruñó con debilidad. Era tan asombroso que siguiera vivo con su estado casi desmembrado y con toda la sangre pérdida.
Estaba en su forma humana y el enorme agujero en su pecho era sumamente ostentoso. Y Kise no pensó que al ver así a la persona que tanto daño le causó le provocara… dolor, en vez de sentir felicidad porque al fin estaba sufriendo lo que se merecía.
Akashi estaba arriba de un árbol, sentado, con los pedazos de piel cayéndose lentamente y dejando ver parte de su tez en la cara de color quemado. Las puntas de su espalda que anteriormente se movían, ahora habían salido y optaron una forma de alas de murciélago, que lejos de ser negras, parecían estar hechas con los tendones de la anatomía del vampiro.
—Deberías estar muerto de una vez, ¿tanto te gusta sufrir? —murmuró tenebrosamente, con un tono bastante… perturbador.
Kise contempló como Seijuro alzó el cuerpo del licántropo para herirlo nuevamente y le arrancó el brazo; el sonido que el hueso hizo resonó como la cascada que dejó atrás y ni siquiera el alarido ahogado del peligris lo eclipsó.
La sangre goteaba del cuerpo ajeno y su palidez era tan extrema y peor que la de un vampiro; su cuerpo fue lanzado contra otro árbol y empezó a derribarse, del mismo modo que su vida.
Y el vampiro de ojos miel no lo soportó más.
Dejó de pensar y corrió para sostener el cuerpo horriblemente herido de Haizaki, que no es como si fuera a protegerlo mucho al hacerlo, pero… No quiso dejarlo caer así, a pesar de todo el rencor que le tenía, a pesar de que por su culpa toda su felicidad se arruinó…
Oh, maldita sea.
Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando sintió el cuerpo del licántropo bañado en sangre y lo miró… Estaba tan herido, estaban tan cerca de la muerte y… ¡¿Por qué estaba sintiéndose tan mal de verlo así?! ¡¿Por qué estaba llorando?! ¡Ese no era la clase de sentimiento que provoca la persona que odias! Ese sentimiento no era lástima, era demasiado para ser considerado de ese calibre.
—No necesito tu puta compasión…, tú lástima. Me odias, ¿recuerdas, R-Ryoota? —tosió violentamente, con su mirada pérdida, de hecho, ni siquiera sabía dónde estaba la cara del susodicho ni sentía como tal que era él quién lo estaba sosteniendo.
Sus sentidos perceptivos estaban acabados, ya no podía sentir nada, solo algo borroso era su visión, por lo que no notaba las lágrimas en los del vampiro.
—Me… odias. Recuérdalo siempre… Yo te dañé, yo te delaté con Seijuro… y lo volvería a…
— ¡Cállate de una maldita vez! ¡¿Por qué siempre haces esto, Shogo?! ¡Siempre has ocultado todo de ti, incluso cuando éramos amigos! ¡Nunca me dejaste ver más allá! ¡Así que no es mi culpa que te haya dejado solo y que haya preferido irme con Aominecchi! —las palabras de Kise brotaban con la misma necesidad que sus lágrimas. ¿Por qué rayos seguía llorando? No le dolía, esto no le dolía…
—Ryota… —los labios de Haizaki se movieron con debilidad— ¿Es qué… tú quisiste conocerme de verdad? —no iba a reclamar nada, sería el colmo hasta para él si lo hacía, pero no evitó cuestionar eso, aunque sabía la verdad.
— ¡…! —Kise esperaba que el peligris volviera a sus despotricaciones, como siempre lo hacía cada que sus emociones estaban por ser descubiertas, por ello esa pregunta lo tomó desprevenido. No supo que responder y quizá eso fue suficiente.
Shogo sonrió con amargura y su vista se enfocó mejor, dándose cuenta que estaba en el regazo del rubio y los ojos de él estaban llenos de lágrimas. No era eso lo que esperaba ver, joder.
Y por la puta mierda, esa era su debilidad.
Porque cada que los ojos de Kise se mostraban sinceros, eran capaces de bajar sus barreras, de controlar a sus demonios a tal grado que le aterraba —y por eso jamás quiso aceptar ese hecho— y si el vampiro se hubiera dado cuenta de eso antes, había logrado hacer lo que tanto deseaba: conocer de verdad a Haizaki.
—N-no me arrepiento de nada de lo que hice —siseó, porque su vitalidad estaba desapareciendo y no quería morir sin por lo menos dejarle en claro algo al ajeno—. Porque después de todo, sigues vivo, Ryota, pude… pude… —apretó los labios, mierda, sentía que se iba romper finalmente si decía aquello. No quería quedar descubierto, no quería… pero qué más importaba eso ahora, sí ya estaba cerca de morir—. Pude protegerte, de un modo u otro, sigues vivo.
Y por primera vez pasó, delante de los ojos miel del vampiro, Haizaki sonrió con una satisfacción inocente, pura y completa.
Fue un gesto débil, pero estaba libre de la maldad y vileza de siempre… era una sonrisa… complacida y sincera, tan inesperada en alguien como el peligris y que le arrebató el aliento al rubio. No solo por las ilógicas palabras que le estaba diciendo, por todos los cielos, ¡ese gesto tan cálido no podía provenir de alguien como Shogo! Y pareciera que estaba buscando hasta debajo de las piedras todas las excusas para que la sinceridad del lycan no le llegara.
Pero no podía evitarlo, por más que estuviera luchando, debía aceptar que el vínculo con el chico de ojos grises no estaba muerto como tanto creía. Tal vez todo ese rencor era por lo mucho que significó en su vida hace un siglo…
No lo comprendía, no lo comprendía, ¡no quería hacerlo! Iba a ser muy destructivo para Kise si lo hacía, ya bastante le estaba marcando percatarse de que aunque sea un poco, estaba viendo ese interior que hace tantas décadas siempre le pareció enigmático.
—Ryota…, vive —susurró Haizaki y sus ojos perdieron todo brillo de vida, apagándose.
Y no quedó nada de él, más que el simple cuerpo vacío.
No existía una prueba contundente y bien pudo ser por el momento tan lleno de emociones, pero Kise sintió que algo se rompió en su persona.
¡¿Por qué seguía llorando, mierda?! ¡¿Por qué sus ojos no dejaban de soltar lágrimas como si ver morir a la persona que tanto daño le causó, le doliera?! ¡No le dolía! ¡No, no, no, no! ¡Esa amistad perdida ya no era nada en su vida! Esa oportunidad perdida de haber hecho las cosas diferentes, para cada uno de ellos… ¡ya nada podía hacerse, nada! No iba a aceptar un dolor que no debía sentir él.
Ese dolor no era para él, no le correspondía y no iba a sentirlo.
"—Shogo nunca significó más en mi vida de lo que tú sigues significando en ella, Aominecchi."
El recuerdo impactó en el vampiro y dejó de contener sus palabras, esas palabras que tanto quiso decir en algún momento, porque aunque lo negara, Haizaki si ocupó un lugar muy especial en su vida, tal vez no con el mismo sentimiento que con Aomine, pero se había ganado un lugar.
Eran amigos, los mejores. O lo habían sido y si Kise jamás lo hubiese considerado una parte importante en su existencia, entonces saber que él lo delató con Akashi, no le hubiese generado tanto rencor, tanta impotencia, tanto dolor. No lo hubiera considerado una traición si de verdad ya no sentía nada por él como antes, como los amigos que eran. Mismos sentimientos que nunca iba a revelar, porque se vieron opacados por el sufrimiento de su decisión y por lo que le hizo creer al moreno.
Y, por más que le costara ver las cosas, si bien Shogo lo delató, lo que hiciera o no a partir de ese momento, siempre dependió de él; que Ryota hubiese decidido aceptar que su relación con Aomine no tenía escapatoria, dejándose dominar por Seijuro, no era culpa del peligris. Es más, si hubiese tomado ese momento como una oportunidad por luchar por lo que amaba, probablemente ahora estaría libre y feliz con lo que siempre deseó.
Pero no lo hizo.
Y fue de Kise de quién siempre dependió darse por vencido o luchar, no de Haizaki, cuando este le quizá le estaba otorgando una oportunidad para enfrentarse a Akashi y obtener a lo que más quería., visto de otra manera.
— ¡Shogo….! —jadeó, estaba sintiendo que se ahogaba y que una inmenso peso de toxicidad hervía en su pecho y sus ojos seguían soltando esas gotas salinas, ahora que se había dado cuenta de ese dato, no podía controlarse— ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué tenías que hacer todo esto?! ¡No me protegiste! ¡No lo haces incluso ahora! —¡¿Por qué dejaste que me alejara tanto?! ¡Eras mi mejor amigo y yo nunca quise que acabáramos así! exclamó en gritos mentales y verbales— ¡¿Por qué siempre tú me causas dolor?! ¡¿Por qué, Shogo?! ¡Respóndeme! ¡Quiero que me respondas! —esos reclamos para seguir cubriendo la verdad ya no tenían sentido— ¡Yo nunca quise que murieras, Shogo, nunca!
Y era verdad, por más rencor que sintiera, no lo imaginó muerto, era demasiado hasta para él. Ya que después de todo, él no era una persona malvada realmente, como tampoco Shogo.
Ryota se sentía tan roto en estos momentos, que ni la presencia de Akashi le inmutó, es más, se había olvidado de él y no se detuvo a pensar porque ni siquiera lo atacaba en este momento de vulnerabilidad —o estaría gozando con su sufrimiento—, únicamente se concentró en mirar el rostro del peligris y le cubrió los ojos.
Pasó una de sus blancas manos por ese rostro herido, por el resto de las partes mutiladas y ensangrentadas de esa anatomía, como si las estuviera acariciando, deseando que se curaran y regresara a la vida. Quiso abrazarlo, sentir ese cuerpo, pero simplemente apretó sus labios, ¿qué sentido tenía ahora? Ninguno, esas lágrimas que no dejaban de caer y manchar la cara de Shogo lo dejaban en claro.
Todo era inútil. Ya estaba solo y por más intensamente que mirara y sujetara el cuerpo del licántropo, ya no había nada que se pudiera hacer. Haizaki se había ido y la desolación de Kise se escuchó hasta lo más alto de las montañas, hasta para el resto de su grupo que seguía peleando, para Midorima y los demás miembros de la Unión Milagrosa. Incluso dentro de los sueños de los habitantes del mundo que yacían inconscientes.
Hasta a las Diosas del cielo les llegó ese profundo sentimiento de dolor y brillaron con fuerza, como si quisieran brindarle consuelo a ese vampiro de cabellos de oro.
El dolor de Kise sonó cual campanada en anuncio a la primera llamada del climáx de esta guerra.
LASDJLAJKDLJASDKLSDAJKLAAS, AH. (?)
Tal vez muchas vieron venir la muerte de Haizaki, es decir, los frutos que él iba cosechando a lo largo de su vida no han sido los mejores, pese a sus "buenas intenciones" con Kise; siendo realistas, la promesa la cumplió de una forma torcida. Pero al menos si mantuvo vivo a Kise al final, ¿o no? Debo admitir que escribir su muerte me hizo llorar, no sé, me pegó mucho. Vamos, que Shogo fue amigo de Ryota :c
¿Les dolió su muerte? ¿Qué piensan ahora de Haizaki? ¿Y de Kise? Hay dos caras de la moneda, me gustaría saber si las ven del mismo modo que yo o en qué difieren xD.
En fin, estaré esperando sus comentarios, ¡no se olviden en hacérmelos llegar!
Los adoro.
