¡He tardado mucho, lo siento!

En mi defensa digo que es por la universidad, éste cuatrimestre esta siendo bastante pesado para mí, además de que me he enfermado. Pero finalmente hoy pude darme una buena escapadita y por ende paso por aquí, aksdjkasjkdasl.

Me siento casi satisfecha porque falta muy poco para que ésta historia finalice. Espero que de verdad los capítulos hasta ahora continúen siendo de su agrado xD.

Bueno, sin más palabrería, les dejo leer.


/Sábado 15 de Noviembre del 2014/

Nadie sabía que fecha era en el mundo humano —del que la mayoría se guiaba para saber el ritmo de tiempo (al menos el grupo de Alexandra) y vivir— cuando todo esto acabó, pues el tiempo en La Noche transcurría de forma diferente y más de uno lo sabía.

Resultaba muy difícil de creer que todo hubiese acabado al fin, por las Diosas del cielo, ¿en verdad todo había acabado?

La sonrisa que se dibujó en el rostro de Kise al terminar de ver aquella pelea fue tan brillante, a pesar de estar en muy mal estado; fue lo único que hizo antes de desplomarse por completo y caer en la inconsciencia que su cuerpo estaba reclamando desde antes. Era una suerte que Shiro siguiera sosteniéndolo o se hubiese golpeado contra el suelo.

— ¡Kise-kun! —exclamó Shiro al percatarse de ese hecho— ¡Alex, necesito ayuda aquí, este chico está muy mal herido!

Sin embargo, quién llegó en respuesta a la petición, fue Midorima. Tensó la mandíbula al visualizar el estado en que estaba el rubio y pidió que lo recostaran en el suelo.

—Yo me haré cargo de él —aseguró, empezando a pasar sus manos por la anatomía impropia de forma superficial, dejando fluir la energía y utilizando su magia para sanar las heridas corporales de él. Siento haber tardado tanto, pensó, frunciendo el ceño. Se sentía culpable por no haber tomado las riendas del asunto antes.

Aomine contempló desde la distancia el cuerpo de Kise, herido y suspiró. Tal parecía tenía muchas cosas que descubrir en torno al rubio, pero bueno, no siguió centrándose en eso, ya que Kagami abrió los ojos finalmente.

—T-Tatsuya… —musitó, dado que era su hermano quién lo sostenía y luego sus orbes rubíes se encontraron con esos que tanto amaba— Aomine… —extendió una de sus manos hacía él y fue jalado para ser abrazado por el nombrado con mucha fuerza.

—Eres un Bakagami de pies a cabeza, maldita sea —susurró Aomine, acunando el cuerpo del híbrido en su pecho, abrazándolo con todas sus fuerzas, sintiendo que finalmente podía respirar, podía volver a vivir. Joder, se le da tan bien preocuparme.

Himuro se incorporó y sonrió discretamente al ver la escena, bueno, ya tendría su tiempo para estar con el pelirrojo y ahora alguien debía empezar a asistir a todos los participantes de la lucha y evitar más muertes. Así que se situó cerca de Alex y Shiro, puesto estaban juntas.

Ambas rubias lo abrazaron con fuerza que casi lo tiran.

—Hey, estoy bien —dijo, acariciándoles la espalda y correspondiendo al gesto.

—Me parece tan injusto que ese muchacho —Shiro señaló con la mirada al peliazul— me quite el tiempo con mis dos niños.

—Nos parece injusto —secundó Alex con una sonrisa y suspiró—. Bueno, ya tendremos el tiempo, ahora necesitamos curar a los heridos antes de que haya un muerto más.

—Creo que nadie está preparado para eso —susurró Shiro, mirando al vampiro rubio de reojo.

—No te preocupes por él, te aseguro que al final de cuentas, se repondrá —Alex miró de forma misteriosa al vampiro de ojos miel y luego alzó su mirada a la Estrella, recordando algo muy interesante.

Cumplí mis palabras, Shogo, pensó, tal como te lo dije aquella vez.

Sin embargo, la euforia que se daba entre muchos gritos, sobre todo por la manada de Hyuuga se vieron interrumpidos de repente por una exclamación de Midorima, quien detuvo por un momento la sanación al rubio.

— ¡Necesitan sacarlo a él de aquí, rápido! —avisó, señalando al híbrido pelirrojo, sin usar ese adjetivo calificativo. Estaba sintiendo como su propio hechizo hacía los habitantes y los otros nuevos miembros de la Unión Milagrosa se debilitaba, esto por su habilidad mágica; era capaz de sentir la energía.

Parecía que el cambio estructural de los astros había desequilibrado un poco la energía de La Noche.

Aomine iba a responderle de forma nada amable, cuando se percató de que la tensión en Midorima era muy notoria, así que no habló.

—Difícilmente ellos entenderán de razones si lo ven al despertar, luego de que hizo dañó a uno de su grupo —Midorima estaba susurrando, seguro de que los que estaban ahí cerca lo oirían y los que todavía venían no—. Y ya no queremos más problemas, ¿o sí?

—Tsk, mierda…

—Aomine-kun, te encargo a mi hermano —advirtió Himuro, solemne, mientras que el nombrado se incorporó, porque también sintió la debilitación de su hechizo. Necesitaba concentrarse más para mantenerlo otro momento; al menos en los tres nuevos miembros, porque al pelimorado podría persuadirlo si despertaba.

— ¿Por qué? ¿Qué está pasando? —inquirió Kagami, frunciendo el ceño y nada conforme.

—Te lo explicaremos después, Taiga, pero ahora, debes resguardarte en lo que soluciono todo —habló Alex de forma persuasiva y mirando a su sobrino—. Además, estoy segura necesitas un tiempo a solas con Daiki —le guiñó un ojo.

—Sí, pero…

— ¡Yo te tomaré la palabra, necesito a éste idiota! —exclamó Aomine e inesperadamente alzó en brazos al pelirrojo, como si fuera un bebé y sonrió con satisfacción.

— ¡Bájame, estúpido Aomine! —gritoneó Kagami.

—Deja de negarte, estoy seguro que del mismo que yo, te mueres porque hagamos el amor —repuso Aomine, mirándolo con fijeza y fue tan deslumbrante para el pelirrojo, que le robó el aliento.

Ambos chicos no tardaron en perderse de la vista de todos los presentes.

Y minutos más tarde, él único de terminó despertándose fue Murasakibara, atontado. No fue difícil para él notar el ambiente, cuando quería podía ser muy observador; frunció el ceño a la defensiva momentáneamente, sin embargo no sentía peligro. Su instinto le decía que todo estaba bien, destrozado, pero el caos había pasado.

Gruñó internamente, no le gustaba recordar la facilidad con que fue sacado de combate. Ahora no tenía necesidad de pelear más por una causa que solo seguía porque tenía pereza de revelarse verdaderamente. Por supuesto que exigiría las explicaciones luego, pero con solo compartir una mirada con Midorima —que estaba ayudando a sus supuestos enemigos—, supo que no tenía por qué volver a alterarse.

Era lo bueno con Murasakibara, era fácil de sobrellevar, como un niño, en diferentes ocasiones.

—Necesitaras una buena dosis de magia para curarte esas piernas —señaló Himuro al ver al chico de cabello morado, que ahora no estaba en su forma lyca y que estaba sentado.

El aludido frunció el ceño y desvió la mirada, dirigiéndola hacía el peliverde otra vez.

— ¿De qué me perdí? —Shiro parpadeó y miró a su hijo de cabello negro.

—No es momento para chismes, mamá, tenemos personas que sanar —contestó Himuro con una sonrisa amable.

Ignorando todos esos hechos por ahora, Kuroko y Akashi estaban metidos en su mundo de emociones y sentimientos, abrazados como si fueran cadenas enlazadas por la eternidad. El cuerpo del pelirrojo poco a poco fue recuperando la fuerza, aunque todavía en una mínima parte, pero lo suficiente como para hincarse y enrollar sus brazos alrededor del peliceleste, de quién sentía escurrirle las lágrimas.

—Está bien, Kuroko, no volveré a irme —le dijo con intensidad, entrelazando los dedos de su diestra en el cabello impropio.

—Lo sé, es solo que yo… —incluso en sus sollozos, Kuroko no hacía escándalos, pero sus ojos bañados en esos cristales de felicidad rompían la inexpresión de siempre en él y sus emociones fueron vistas por el otro vampiro.

Aunque bueno, no es como si Akashi no lo conociera lo suficiente para necesitar esa vulnerabilidad para ver a través de él.

—Te eché tanto de menos —confesó Kuroko finalmente al momento en que las manos ajenas le sujetaron del rostro para ambos verse a los ojos.

Los orbes celestes y los rojos hicieron click.

No dijeron nada, no era necesario, era tan obvio lo mucho que ambos se habían necesitado en todos estos años, cielos. ¿Por qué perder el tiempo hablando cuando podían demostrarlo? Al demonio sino estaban en privado, no podían darse ese lujo, no podían seguir siendo tan pacientes ahora que se tenían en sus brazos.

Y se besaron, finalmente los labios de los dos vampiros se unieron en un nexo poderoso e inigualable como las mismas Diosas en el cielo.

Akashi sostenía del rostro del peliceleste, mientras disfrutaba sentir esos labios contra los suyos, jalándolo más contra su cuerpo. La piel del vampiro podía ser fría y dura, pero para él, la de Kuroko era tan cálida, tan suave, tan maravillosa que producía en su cuerpo las mejores experiencias de toda su vida. ¿Cómo había hecho para aguantar tanto tiempo estando lejos de él?

Esa pregunta dejo de importarle, cuando las manos de Kuroko le sostuvieron de la cintura para apegar más sus cuerpos. Porque él también lo estaba disfrutando, mucho, mucho, ¡le había hecho tanta falta sentir las caricias y la cercanía del pelirrojo! Puede que estuviera conviviendo con su otro yo, pero no era lo mismo. Nadie podía igualar lo que éste Akashi ocasionaba en su ser, nadie.

Todo había sido más pesado para ambos, porque ni siquiera tuvieron tiempo de declararse antes de que Masaomi se llevara lejos a su hijo para el ritual. Claro, ya se habían besado en más de una ocasión como si fuera algo casual, incluso habían tenido un acercamiento bastante íntimo, pero sin llegar a más todavía.

Por eso, ésta era la primera vez que podían sentirse y amarse con tanta libertad, mientras que la Luna y Estrella los contemplaban como los amantes intensos que eran. Era como si ellas también estuvieran felices de que finalmente ambos estuviesen juntos, luego de tantos obstáculos, y eso que ellos no habían sido una pareja "prohibida", sufrieron lo mismo a que si fueran una.

Akashi se sorprendió bastante cuando las manos del peliceleste le abrazaron por completo del torso y lo jaló, aumentando el nivel del beso, cayendo sobre la tierra. Dios santo, esa pasión oculta en Kuroko no se la había esperado, no en éste momento, siendo como era. Sonrió entre el ósculo y le acarició la mejilla, correspondiendo con el mismo tono el nexo.

Más de alguno desvió la mirada para dejarle la privacidad a los dos vampiros y otros se reían disimuladamente, felices por la dicha de ambos.

Y estaba Hyuuga, que parecía querer salir corriendo de ahí. No porque tuviera algo en contra, realmente eso no le importaba, sino que esa aura de romance le hizo sentirse completamente incómodo con Kiyoshi a su lado y éste parecía estar como si nada luego de lo que le había dicho. ¿Es que acaso quería que él le sacara el tema?

Negó ligeramente e hizo un gesto cuando Himuro comenzó a curarlo.

—Es ahora que veo cómo ha cambiado el ambiente de La Noche —dijo Kiyoshi como si nada, sonriendo de oreja a oreja y mirando al otro lycan.

Junpei frunció ferozmente el ceño y se negó a mirarlo, él no se iba a poner de jodido cursi, tenía un puesto de autoridad que defender en éste momento con su imagen.

—Está bien, Hyuuga, tranquilo —dijo Riko repentinamente y le palmeó la espalda—. Si sigues así, Himuro-san no podrá curarte.

—… Lo siento —masculló.

A pesar de que todos estaban reunidos en el mismo lugar, los escenarios eran completamente diferentes en los grupos que estaban ahí.

Tan pronto se había ido Kagami y Aomine, Alex usó su magia para borrar su rastro del aire, no sería un buen inicio que cuando despertaran, Reo y los demás olieran al híbrido que casi mató a uno de sus amigos. Así que ella estaba atendiendo las heridas de Hayama aun inconsciente.

Es una suerte que no estén familiarizados con el olor de Taiga, pensó Alex, concentrada y a la vez algo preocupada, puesto al contemplar las heridas que el pelirrojo causó…, bueno, debía encontrar una solución para evitar que volviera a tener la misma sed y hambre de antes.

—De todos modos, éste chico sobrevivirá —se dijo a sí misma con una pequeña sonrisa de alivio.

—Me resulta tan increíble de creer que Kuro-chin sintiera eso por Aka-chin —comentó Murasakibara, mirando con aparente aburrimiento a ambos nombrados, sus ojos tenían cierto brillo curioso.

—Existen muchos misterios alrededor —espetó Midorima sin inmutar su expresión, todavía curando al rubio.

— ¿Falta mucho para que termines?

—Kise recibió muchos ataques y necesito arreglar bastante su cuerpo —explicó Midorima—. Para que no esperes tanto puedes recurrir a los otros dos hechiceros.

Murasakibara hizo una mueca y resopló, tirándose en la tierra.

—Prefiero que Mido-chin me cure —finalizó infantilmente.

Momentáneamente, Shintaro alzó la mirada para contemplarlo.

—Entonces luego no me culpes si te aburres o mueres por no ser atendido a tiempo.

—Tsk…

Los ojos de Atsushi miraron de reojo al vampiro del lunar debajo del ojo, pero no dijo nada.

Hasta éste momento, es que recordaba vagamente una noche que estaba recogiendo al ganado humano y se topó con la esbelta figura de una vampireza.

Una vampireza de ojos apasionadamente grises, con el cabello negro, largo y lacio. Tan delgada y bien proporcionada que el lunar debajo de su ojo derecho le daba un toque muy seductor; la había visto más de una ocasión en las veces que le tocaba el territorio de Japón, porque ella parecía competir con la comida. Pero jamás le había hablado, sería gastar demasiada energía involucrarse con un desterrado.

Murasakibara no le dio importancia a esa mujer, ni siquiera lo comentó con nadie de su manada y eran tan vagos sus pensamientos de ella que ni siquiera Akashi pudo haber pensado mal. Era muy molesto para él encontrar similud entre esa vampireza y el vampiro con el collar que estaba curando a la manada de Hyuuga.

Otro punto más, estaba pensando demasiado cuando usualmente no solía hacerlo y hasta Midorima se dio cuenta de eso, por lo que cuando finalmente terminó de curar a Kise, no hizo sonido alguno y se fue de ahí con el cuerpo del rubio para llevarlo a donde estaban los demás ya curados y descansando.

—No sé si eres masoquista o simplemente quieres demostrar tu grandeza como licántropo con las heridas de tu cuerpo —la calmada y serio voz de Himuro apareció nuevamente, sacando de los pensamientos al pelimorado.

—No estoy pidiendo tu ayuda —Murasakibara lo miró con pereza, como si el pelinegro no valiera nada. Luego buscó con la mirada al peliverde para que empezara a curarlo y se dio cuenta de que lo había dejado solo—. Mido-chin… —susurró bastante molesto, sentándose.

—Eres el único que falta para curarse y no parece que alguien más vaya a ayudarte —señaló Himuro con un tono un poco divertido.

Atsushi apretó los labios, como si fuera un niño haciendo una rabieta, algo bastante gracioso de ver en alguien tan grande como él.

—Entonces deja de hablar y solo hazlo.

Pero Tatsuya lo quedó observando con completa intención, muy serio.

—… Por favor —Murasakibara habló entre dientes y desvió la mirada.

Shiro estaba contemplando las acciones de su hijo y empezó a negar mientras veía a ambos, de verdad que parecían ser tan complicados los dos. Además le divertía mucho el modo en que alguien tan de baja estatura —a comparación con el pelimorado—, pudiera ejercer más presión que ese licántropo tan alto.

— ¿Qué es tan gracioso? —quiso saber Alex, acercándose a su hermana, una vez terminó de ayudar a todos los heridos.

—Tatsuya y el chico del clan Murasakibara —señaló Shiro.

— ¿Qué no es ese el hijo del que fue amigo de Tatsuya?

—No, es del hermano de su amigo, Tatsuya nunca entabló amistad con el anterior miembro de la Unión —aclaró Shiro—. Es una lástima que él no esté vivo, seguro también estaría riéndose por ver esta situación.

—O quisiera matarlo, recuerda que Tatsu es mucho mayor —Alex alzó las cejas con cierta picardía y ante la mirada de su hermana, alzó las manos.


/Domingo 16 de Noviembre del 2014/

La yema de los dedos de Aomine dibujaba un montón de cosas en la espalda desnuda de cierto pelirrojo que dormía como si estuviera en coma, admirando las marcas de sus dientes que le dejó en los muslos, cuello y glúteos.

Habían tenido una noche desenfrenada y le importó una mierda el hecho de que en cualquier momento Kagami pudiera usarlo de alimento como al montón de licántropos con los que luchó anteriormente.

Afortunadamente, nada pasó, solo el simple sexo entre ambos, a pesar de que el pelirrojo estuviera lastimado, pues se negó a quedarse con las ganas.

Aomine pudo haberse transformado, como aquella vez, pero ya era luna nueva en el mundo humano. Eso no significaba que no hubiesen disfrutado como locos toda la sesión en donde se demostraron cuanto se necesitaban. Con ese recuerdo, el moreno se acercó a Kagami y lo abrazó por detrás, respirando el olor de su cabello, cerrando los ojos; si bien ya no olía como humano, de alguna manera, ese perfume seguía siendo el mismo para los instintos enamorados del lycan.

— ¿No puedes dormir? —susurró Kagami, mirando las manos ajenas sosteniendo las suyas.

—No me gusta hacerlo cuando puedo verte desnudo —Aomine le besó los cabellos y con galantería añadió: —Me encantas, Kagami.

El mencionado le dio un codazo y resopló.

—Deja de comportarte como un idiota, Daiki —gruñó.

—Oh, vamos, te estoy halagando, deberías ser más agradecido, mi amor —le molestó, tocándole las caderas.

— ¡Cállate! —Kagami se ruborizó con irritación y lo empujó.

—Ya, ya, tranquilo —Aomine sonrió simplemente y volvió a jalarlo para abrazarlo—. Estoy tan aliviado de que todo haya acabado al fin —susurró, tan bajo que el pelirrojo casi no lo escuchó, a pesar de sus sentidos tan finos.

—También yo —Kagami se dio la vuelta para ver a los ojos a su pareja y suspiró, besando cortamente los labios del moreno.

Aomine se sintió aliviado al percatarse de un hecho bastante curioso: Taiga parecía no recordar nada del desastre que pasó en la pelea, donde se alimentó de varios licántropos. Algo muy bueno, porque seguramente se armaría un gran escándalo por parte del pelirrojo, sintiéndose culpable y muchas cosas más.

— ¿Estás ocultándome algo? —habló Kagami repentinamente y enarcó una ceja, porque seguía haciéndole muy raro que el peliazul no estuviera todavía durmiendo, conociéndolo.

—Claro que no, Bakagami —puso los ojos en blanco y le besó la frente, escuchando como el chico refunfuñaba por lo bajo.

Aunque Taiga no se tragó eso, no insistió, porque algo en su interior le dijo que era mejor dejarlo así… por ahora.


La Luna Llena brillaba en como si fuera el mismo Sol ahí —aunque sin menos ostentosidad—, en el mundo de los vampiros y licántropos, indicando que era lo más cercano al "día" ahí en La Noche, siendo un divertido juego de palabras.

Los habitantes de todo el mundo seguían bajo el hechizo que Midorima creó antes de la lucha para evitar infiltrados por obvias razones.

La memoria de los nuevos miembros de la Unión Milagrosa fue borrada secretamente, para que el recuerdo de Kagami y la guerra no afectaran cuando Seijuro empezara a actuar como el líder ni con la integración para con los demás. Pese a que Murasakibara informó vagamente, que los únicos que sabían de la existencia del híbrido como tal, era los miembros de la Unión Milagrosa y el grupo de Hayama, nada más. Reo y el resto no fueron informados, pero no quisieron arriesgarse.

Era una ventaja que los soldados no hayan sido ciudadanos de La Noche, porque como todos pelearon a matar, iba a ser un problema cerrar el vacío en sus familias con una simple memoria borrada. Asimismo, los soldados no muertos y no hechizados por Midorima que lo acompañaban se trataban de otros criminales condenados al destierro, pero persuadidos con el hecho de que si juraban lealtad absoluta a Akashi y ayudaban con esto, los convertiría en El Consejo, un nuevo grupo para La Noche.

A ellos no pudieron ayudarlos, porque fueron asesinados y devorados por Kagami.

Alex inspeccionó las mentes de Nebuya, Reo y Hayama para asegurarse quedaran como debían de quedar y comenzó a hacerse cargo del hechizo que Midorima tenía sobre los habitantes de La Noche para que este no se rompiera antes de que formaran otra estrategia y no hubiera sospecha de lo que acababa de suceder.

El cuerpo de los muertos fueron recogidos una vez el resto de los heridos fueron sanados, para así ayudaran en la actividad, ya que eran bastantes.

Kise había despertado justo en ese momento, completamente desconcertado y con las imágenes de todo lo que ocurrió en su mente, que no le hicieron una buena combinación al estar mirando el resto de cadáveres.

— ¿Me permites ser yo quién le de sepultura a Shogo? —dijo Alex, apareciendo de la nada.

Los ojos miel la miraron sin decir nada.

— ¿O quieres enfrentarte nuevamente a él? —insistió El Hada.

Kise apretó los labios, sentía que todo iba tan rápido para él cuando no hacía mucho acababa de procesar todo.

—Alex, no lo estés presionando —intervino Shiro amablemente.

—Solo necesito saber lo que Ryota quiere —contestó.

Finalmente, el vampiro de ojos miel suspiró y se incorporó. Todavía se sentía débil; le caería muy bien una dosis de sangre en este momento, pero al menos su cuerpo estaba mejor a comparación de cuando terminó de pelear contra ese Akashi.

Empezó a caminar, sin decir nada más, sintiendo el olor de la sangre muerta del peligris, tratando de no pensar. Su cabeza ni siquiera quería concentrarse en Aomine, porque sería mucho peor, ¿acaso no existía un remedio para todo el dolor que estaba sintiendo? ¿Qué había hecho para tener que pasar por todo esto?

—No estás solo, Kise-kun —la mano de Kuroko sujetó la muñeca del mencionado—. Puedo ayudarte a recoger y enterrar los restos de Haizaki-kun.

Ryota lo miró, esperando encontrarse con el verdadero Akashi, pero no estaba ahí y tampoco se molestó en buscar en donde estaba ayudando ahora.

— ¿En serio quieres enterrar a alguien como Shogo-kun, Kurokocchi? —inquirió, con la voz extrañada y un poco sofocada— Nadie parece extrañar ni sufrir con su partida.

— ¿Nadie la está sufriendo? —Kuroko lo miró fijamente, tan sereno como siempre y el rubio sintió un nudo en la garganta— Haizaki-kun nunca me desagradó como a todos y creo que merece un buen entierro.

Kise no pudo sostenerle la mirada y solo miró hacía el frente, con una sonrisa extraña, caminando.

Ninguno de los dos volvió a decir nada mientras juntaban parte de las extremidades de Haizaki, así como otras partes de la anatomía de éste que estaban incompletas y hasta mordidas. Casi le dan arcadas a Ryota, sin embargo logró contenerse antes de que el peliceleste lo notara o le dijera algo.
Fue como si le dieran una patada en el estómago con plata cuando se percató de que varias partes del cuerpo del peligris faltaban.

— "¡A qué te gustaría saber el modo en que fui devorando la carne de Shogo!" —recordó las palabras de aquel Akashi y tensó la mandíbula.

—Maldito seas… —siseó Kise con una mirada bastante oscura, frunciendo el ceño.

A Kuroko le preocupaba notar que la brillantez del rubio estaba muy rodeada de sombras, siendo que nunca había sido así. De hecho, era como un Sol, o al menos, así había sido antes de ser condenado en Eretz. Y solo podía desear que en algún momento su amigo de ojos miel encontrara lo que tanto quería para ser feliz y volver a ser quién era.

—Ya cave el agujero —avisó.

En La Noche no tenían un lugar específico donde enterrar a sus muertos, pues tenían la creencia de que cuando morían, pasaban a formar parte de la naturaleza, fueran enterrados en el lugar que fuera. Bien podía ser dentro del territorio al que pertenecía o dónde sus amigos lo desearan.

Y en el caso de Shogo como no tenía muchas personas que lo quisieran cerca —su manada ya lo había sustituido cuando Akashi les informó cierto suceso—, de modo que Kise tenía que elegir.

Le pareció un buen lugar éste, rodeado de árboles, en vez de los lugares solitarios que siempre le gustaban frecuentar a Haizaki. El fuerte viento hacía oscilar el cabello de ambos vampiros y hasta el del lycan muerto.

En esta ocasión, Ryota fue el que se agachó para levantar la anatomía rota del peligris y acomodarlo en el agujero, en la que sería su tumba. A diferencia de los humanos, ellos no apestaban al morir, simplemente su olor desaparecía, dejando en claro que su cuerpo estaba vacío y su sangre se secaba. Nada más.

Fue lo único que sintió tenía las fuerzas para hacer, porque se quedó mirando el cuerpo sin vida del lycan. Con ese cabello gris, sus fuertes facciones que gritaban todo de él era peligroso y los pendientes de sus orejas.


En el festival que se celebraba para felicitar a la Unión Milagrosa por su arduo trabajo, Kise y Haizaki estaban mirando desde el techo de uno de los edificios, dado el amontonamiento de los demás en los árboles y las rocas.

No entiendo porque en mi cumpleaños me traes a ver a estos idiotas, rubia idiota chistó.

Moo, no digas eso, Shogo-kun, tu mamá también forma parte y seguro te asesina si te escuchar hablar así de ella se mofó Kise con una sonrisa. Además, ¿me vas a negar que la vista de aquí no sea bonita?

Haizaki frunció el ceño y estuvo a punto de darle una patada por la ocurrencia tan estúpida y cursi. Si lo único que se podía ver desde esta altura eran Las Colinas del Fin, a lo lejos y las dos lunas que brillaban emocionadas por el festival. Y de todos modos, eso podían verlo sin necesidad de subirse a dicho techo.

Eres un imbécil, rubia sin cerebro. Estamos aquí porque quieres al clan Aomine presumir a su próximo heredero.

A ti también te estaría mirando si dejaras de negarte a acompañar a tu mamá, Shogo-kun.

Ooh, ¿o sea que te interesa mirarme? inquirió Haizaki únicamente para molestar y se cruzó de brazos.

No exactamente. Siempre te estoy viendo respondió Kise con una sonrisa deslumbrante, dedicándole una sincera mirada.

Shogo casi se va de espaldas con esa respuesta. Ni siquiera pudo pensar, simplemente se quedó mirando embobado las facciones del rubio, seguramente estaba malinterpretando esas palabras, pero mierda, no podía evitar la sensación de calidez que le embargó.

Porque era la primera vez que Kise le dedicaba ese tipo de mirada tan sincera y sentimental, ya que usualmente ninguno de los dos se quitaba las máscaras. Pero con esa mirada, el peligris sintió que la suya se iba al demonio.

¿Sabes algo, Ryota? masculló Haizaki.

¿Hmm?

Hasta ahora has sido el único.

¿De qué? Kise le miró de reojo.

Haizaki cerró los ojos y respiró hondo.

Que derriba…

¡Mira, ahí va el clan Aomine, Shogo-kun! expresó Kise con los ojos iluminados al centrarse en esa figura morena que pertenecía al sucesor de dicho clan.

Y la oportunidad quedó perdida en el aire, como todo lo que rodeó a ambos alguna vez.

¡Deja de hacer tanto escándalo, puta mierda! gruñó Haizaki. Tal vez todo sea mejor así, pensó.


Kise sintió que perdía la fuerza en sus piernas cuando recordó ese cumpleaños del peligris y era la primera vez que le estaba prestando verdadera atención a las palabras que ambos compartieron, pues había estado bastante entusiasmado con que vería de cerca al clan Aomine que de golpe ignoró a quién fue su amigo.

Era una desventaja que como vampiros tuvieran una memoria muy buena, porque recordar dicho acontecimiento no le hizo sentir nada bien.

Es tan injusto que yo tenga que sentir éste dolor por tu pérdida, aun cuando tú eres quién más daño me ha causado, pensó Kise, mordiéndose el labio inferior y dejando que su cabello le cubriera los ojos. Y de todos modos, ¿qué hubiera hecho si Haizaki siguiera vivo y supiera lo mismo que sabía ahora? ¿Acaso de la nada se iba a volver a acerar a él?

Claramente ninguno haría eso, sin embargo, las palabras que nunca se dijeron si hubieran sido necesarias entre ellos.

Se sentía tan mal. No era como estar perdiendo a un amante, pero la amistad que ellos llegaron a tener marcó bastante la existencia del rubio, ya lo sabía, ya se había dado cuenta. Y por eso le dolía. Porque sí, en el fondo si hubiese querido que las cosas fueran diferentes.

— ¿Te gustaría volver a ver a Shogo? —Alex hizo aparición nuevamente ahí, mirando el cuerpo muerto del nombrado y haciendo regresar al rubio de sus pensamientos.

—Él no va a regresar —contestó Kise.

—No es eso lo que te pregunté.

—… —Kise miró a la rubia con un gesto serio, no queriendo tener que afrontar esa respuesta, misma que si le costaba tanto decir, expresaba mucho— No, las cosas acabaron así.

—Solo necesitaba un "Sí" o un "No" —aclaró Alex como quién no quiere las cosas.

—Les dejo el resto a ustedes —finalizó Kise, dándose la vuelta.

Ya no se sentía tan seguro de terminar de enterrar el cuerpo de Haizaki y no pensaba volver a enfrentarse con su inconsciente nuevamente o iba a terminar peor, cuando ni siquiera sabía cómo empezaría a recuperarse de todo.


/Miércoles 26 de Noviembre del 2014/

Ya habían pasado bastantes días desde que la guerra finalizó y para el mundo de La Noche no pasó tan desapercibido que Akashi Seijuro tuvo un cambio. Pero no era problema hacer que creyeran se debía a la relación anunciada entre él y Kuroko Tetsuya, porque al final de cuentas, nadie sabía ni sospechaba nada de su otro yo. Akashi seguía siendo Akashi a sus ojos.

De todas maneras, los ciudadanos no sabían que fueron dormidos en cierto lapso de tiempo porque se avecinaba una gran pelea, pero sí había datos que debían pensar cómo informarles. Por ejemplo, el cambio de los astros en el cielo y que era el más complicado.

No fue tan difícil al momento en que Akashi usó su nuevo encanto para explicar que era un misterio que se encargarían de resolver inmediatamente con la ayuda de Midorima y los mejores investigadores de La Noche; fue un anuncio global. Añadido el hecho que mencionó que quizá existía la esperanza de que el alimento tanto tiempo escaso en su mundo, pudiera regresar.

Eso sí era un hecho, pues ya no estaba él metido en La Montaña Carmesí para robarse la energía vital de ésta. Pero de todos modos, aún no había pruebas contundentes de que el alimento fuera a regresar como tal.

Kagami inició un ritual espiritual por parte de Alex, Himuro y hasta de Midorima en el transcurso de estos días. Según los estudios de la rubia, eso era la única solución que existía para calmar y purificar el ser del híbrido. Algo que tuvieron que explicarle, ya que era necesaria toda la aprobación para que eso pudiera llevarse a cado exitosamente.

Nadie sabía si cada híbrido que volviera a nacer cuando dos de ambas razas se enamoraran tendría lo mismo, pero sí era seguro que necesitarían pasar por éste ritual desde el vientre de la madre y en el nacimiento para evitar anormalidades en su desarrollo físico y mental.

Y con esto, significaba que Akashi estaba dispuesto a anular La Ley de Oro definitivamente, solo que primero necesitaba crear una estrategia para que no resultara tan difícil de aceptar, porque con las ideas que dejaron su padre y su otro yo, tenía mucho trabajo que hacer.

La manada de Hyuuga y Alex tuvieron que irse a escondidas, pues ambos seguían desterrados y no podían mantenerse en ese mundo sin pasar desapercibidos. Ya bastante les estaba costando al hacer uso de su magia y mentirle así al pueblo y que tuvieran un desliz, sería desastroso. Y Hyuuga necesitaba regresar de todos modos a su territorio en el mundo humano para evitar alguien más quisiera meterse a olisquear lo que le pertenecía.

Akashi aunque hubiese querido que ellos no se fueran, puesto les había conocido lo suficiente como para saber que no eran malas personas —¿Por qué su otro yo los desterró?—, una vez alguien era desterrado, jamás podría regresar a La Noche sin sufrir alguna consecuencia fisiológica o hasta espiritual.

Solo se quedaron ahí Kagami, Himuro, Shiro y por obvias razones también Aomine y Kise igual, solo que el motivo del rubio era completamente diferente. Del motivo por el que los tres primeros se quedaron, fue porque Akashi necesitaba hablar con ellos por el hecho obvio del hibridismo.

Así que el momento de irse ya había llegado, era momento de regresar al mundo humano.

Sin embargo, Kagami no podía irse todavía, porque cierto peliazul había decidido ir a dar una vuelta quién sabe a dónde. No lo estaba esperando, de hecho, lo estaba buscando mientras su hermano, mamá y el rubio le esperaban. Se estaba impacientando bastante a decir verdad y ya era muy malo estar paseándose en un lugar donde nadie lo conocía y debía esconderse lo mejor que pudiera.

No le costó pasar desapercibido una vez llegó a una zona rocosa y verduzca del mundo de La Noche, donde estaba un nacimiento de agua cristalina y que se perdía en un arroyo a lo lejos. El pelirrojo se sentó frustrado en una gran roca, ¿dónde diablos te metiste, Aomine Daiki?, pensó con un mohín. Se sentía molesto porque el moreno no le hubiese dicho nada y ahora no sabía dónde encontrarlo, ¿acaso Kise lo habría sabido?

Negó rápidamente antes de empezar a pensar tonterías.

Alzó su mirada la Estrella y Luna del cielo a la vez que una ráfaga de viento lo envolvió de pies a cabeza y la fragancia del peliazul se estampó contra su nariz. Miró velozmente en todo el perímetro, esperando encontrar a Aomine, pero ahí no había nadie, ¿qué es esto? Tan pronto pensó en alguna explicación lógica, empezó a seguir el olor del moreno, acercándose al agua cristalina de ese pequeño nacimiento en dos inmensas rocas.

¿Es que el olor de Aomine venía desde ese agujero donde nacia el agua? Kagami frunció el ceño y meditó varios segundos, no estaba loco como para que sus sentidos estuvieran fallando y estaba completamente seguro que ese perfume se trataba del licántropo que amaba.

Movido por sus impulsos y dejándose guiar por su sentido olfatorio, se sumergió al agua cristalina, que solo le llegaba hasta la cintura, ya que era un nacimiento simplemente. Pero continuó avanzando hasta aquel pequeño agujero entre ambas rocas, donde solo podría entra su pie.

Oh.

Cuando pisó justo en ese lugar, Kagami cayó y todo su cuerpo atravesó mágicamente ese pequeño agujero y pasó repentinamente del agua fría y cristalina a caer de pie en una… ¡¿cueva?! ¡¿Qué lugar tan raro era éste?! Él parpadeó muy confuso, mirando a su alrededor, encontrándose con una laguna rodeada de una hermosa vegetación y un par de árboles, como una pradera. Y un cielo muy estrellado se esparcía a lo lejos, como si fuera otro mundo. Aun así, era fácil contemplar a la Luna y Estrella desde ahí, un poco más cercanas.

Y recordó su hogar cuando era apenas una niña, en ese viejo cuerpo.

— ¿Kagami? —la sorprendida voz de Aomine se escuchó detrás del pelirrojo.

— ¿Qué lugar es éste? —preguntó Kagami, admirando la belleza de esa dimensión. Tenía que ser imposible que estuviera encontrándose con éste lugar en éste momento, necesitaba que alguien le dijera que estaba imaginándose cosas.

— ¿Cómo llegaste aquí? —insistió Aomine, acercándose al híbrido y sujetándole de los hombros, ¿no estaba imaginándoselo?

Taiga lo miró de mala manera y enarcó una ceja.

—Eso debería preguntártelo yo a ti —ante la mirada estupefacta del contrario, añadió: —Este era el lugar donde vivía con mis padres antes de que los atraparan.

Las palabras se escondieron de la garganta de Aomine. ¿Esto era una coincidencia acaso? No podía ser cierto que éste lugar, donde el vivió su pasado con Kise fuera precisamente el lugar donde los padres del pelirrojo… Aunque, si se guiaba de la leyenda, entonces, tenía mucho sentido. Pero entonces, ¿por qué Kagami no ingresó en la entrada más conocida, justo donde entró él?

— ¿Por dónde entraste a la cueva?

—Tú dime primero qué estás haciendo aquí.

—Tsk, solo… —al parecer, Aomine no tenía otra opción más que explicarse— la entrada de éste lugar está en mi territorio y como vine a despedirme de Satsuki, pensé sería bueno terminar de sellar todo mi pasado despidiéndome de éste lugar.

— ¿Por qué? —a Kagami no estaba gustándole como sonaba eso.

—Mira, prometo explicarte todo, pero por favor, Kagami, dime cómo entraste a éste lugar —Aomine lo miró con intensidad, pedía a gritos mentales saberlo, porque en las veces que el rubio y él entraron a la cueva, solo fue por una vía.

Ninguno de los dos al ser pareja habían conocido el segundo modo de entrar a éste lugar, por más que buscaron juntos, no pudieron. Y si Kagami encontró esa otra entrada que tanto buscaron, en tan solo una semana y media en La Noche…

Él siempre ha sido lo que tanto buscaba, pensó Aomine, que no es como si no lo supiera desde antes, pero saberlo de esta manera le daba muchos significados más a su relación.

—Por el nacimiento de un arroyo que está a diez kilómetros de La Cascada de Cristal —respondió Kagami finalmente, mirándolo con sospecha—. Aomine, no entiendo…

Sus palabras se ahogaron en su garganta cuando los belfos del lycan de tez cobriza lo besaron apasionadamente, tanto así, que ambos cayeron en la arena.


Himuro era quién estaba abriendo el portal desde el Lago Espejo, puesto Midorima había pedido varios días de descanso al necesitar estar al lado de cierto licántropo que había hecho esperar demasiado. Porque ahora que ya podía ser libre para amarlo como siempre quiso, nada lo iba a detener.

Las siluetas de Kagami y Aomine llegaron justo a tiempo, cuando el portal se estaba abriendo.

—Bien, es hora de irnos —mencionó Kise, mirando el agua del lago.

—Tanto Aomine como tú todavía pueden regresar a formar parte de la Unión Milagrosa —recordó Akashi, que no es como si no hubiese intentado convencerlos antes, pero era inútil.

Ahí estaba también Murasakibara y Kuroko, aunque el primero según por simple cortesía, ya que aparentemente no tenía motivos para ver como Himuro y los demás se iban.

—Eso no pasará y lo sabes, Akashi —respondieron Kise y Aomine al mismo tiempo.

Todavía seguía resultándoles muy extraño tratar con éste nuevo vampiro pelirrojo. Por supuesto que era mucho mejor que el anterior, pero no era como si todo hubiese quedado ya en el olvido tan fácilmente. Sabían bien que éste Akashi era el indicado para gobernar La Noche, pero seguían teniendo casi la misma cara, así que… A ellos les iba a costar acostumbrarse, sí.

—En ese caso, siéntanse libres de volver algún día a saludar por lo menos —Akashi les miró sincero, tomando la mano del peliceleste.

—Ya veremos —Aomine miró a la pareja.

—Bueno, fue bastante interesante todo éste tiempo compartido —dijo Himuro con un gesto educado y tranquilo, mirando a cada uno de los miembros de la Unión Milagrosa, hasta detenerse en un par de ojos púrpura caídos por la pereza y sonrió, negando un poco—. Espero todo marche bien para ustedes.

— ¡Adiós, Kurokocchi, Murasakibaracchi! —exclamó Kise con una sonrisa y tras suspirar, posó sus ojos en el vampiro de cabello rojo— Akashi…cchi, nos vemos… Lo siento, pero no me acostumbro.

El aludido asintió y las comisuras de sus labios se elevaron ligeramente.

—Me alegra que me tomaras en cuenta de todas formas —contestó.

—Despídanme de Midorimacchi, ¡que le deseo mucha suerte con Takao! —Kise agitó la mano y con más ganas que nunca de salir de La Noche, saltó al portal y desapareció.

Hasta ese momento, no notaron como poco a poco la Estrella comenzó a desprender nuevamente un aura azul y como la Luna parecía ejercer un misterioso embrujo alrededor de Las Colinas del Fin.

—Adiós, Aomine-kun, Kagami-kun —los ojos celestes de Kuroko los vieron por última vez y asintió.

—Cuídate, Tetsu y vela porque Satsuki no haga ninguna tontería —casi ordenó Aomine. Y es que la pelirrosada no llegó a despedirlos como los demás, porque bueno, iba a ser peor para ella y ya se habían despedido en privado.

—Gracias —masculló Kagami, mirando más que nada al vampiro pelirrojo y compartieron una sonrisa.

—Sean siempre leales a su mundo —Shiro miró a cada chico de la Unión Milagrosa que estaba ahí presente, a lo ojos y con fervor—. Hagan la paz y no la guerra.

—Será así, de eso no te preocupes. Haré mi trabajo lo más limpio posible para mejorar éste mundo y espero que cuando nos visiten, ya puedan ver los frutos —asintió Akashi con una mirada agraciada y una pequeña sonrisa honesta.

—Esperemos que sí.

A continuación, los tres chicos y Shiro se posicionaron para saltar dentro del agua y lo hicieron.

Sin embargo, la brillante aura azul de la Luna y Estrella destellaron en el Lago Espejo y únicamente Aomine logró atravesar el portal, cerrándose como un cristal a los pies de Kagami, Himuro y su madre.

— ¡¿Què demonios está pasando?! ¡Kagami! —exclamó Aomine desde dentro cuando se dio cuenta de que ell portal se congeló.

Y eso era mala señal, porque los viajes a ambos mundos requerían mucha concentración, así como eran tardados y aun así, el pelirrojo era capaz de ver parte del mundo humano desde el portal. Había sido un viaje demasiado rápido, ¿qué estaba pasando?

— ¡Tatsuya, ¿qué diablos es esto?! —Kagami estaba hincado en el Lago Espejo congelado y lo golpeaba con sus puños para intentar atravesarlo.

— ¡Kagami! —oh, no, no puede estar pasando esto, pensó Aomine con desesperación, mientras golpeaba y golpeaba con furia el maldito portal para que dejara esas consistencia de cristal. No estaba dispuesto a dejar a su pelirrojo en otro mundo— ¡Maldita sea, Kagami, ven de una vez!

— ¡No puedo atravesar el portal, joder! ¡Aomine! —exclamó con los ojos perplejos.

Himuro había alzado los ojos al cielo y fue cuando comprendió todo. Y no le gustó.

— ¡Taiga, tienes que salir del Lago Espejo ya! —advirtió Shiro tras compartir una mirada con su otro hijo.

— ¡No, necesito irme de aquí! —Kagami no la volteó a ver. Sentía que empezaba a faltarse una parte de su ser mientras veía la preocupación y desesperación del moreno.

— ¡Taiga!

El vampiro pelinegro no esperó y tuvo que jalar a su hermano lo más rápido que pudo, segundos antes de que un poderoso y enorme haz de luz lunar cayera en todo el Lago Espejo, atrapándolo. Incluso Aomine tuvo que hacerse un lado del pequeño arroyo del mundo humano, mientras Kise —que se quedó para esperarlos— se protegía los ojos.

La luminosidad bañó ambos mundos y el portal empezó a sellarse.

— ¡No, no, no! ¡No estoy dispuesto a permitir esto, maldición! —rugió Aomine, embistiendo contra el agua congelada, mientras veía la borrosa imagen del pelirrojo empezar a desaparecer, llevándose parte de su alma, así lo sentía.

El pelirrojo únicamente pudo acercar su cabeza, puesto el mismo Lago Espejo seguía desprendiendo un mar de energía con el haz lunar y no era capaz de acercarse como quería. Sus ojos estaban aterrados cuando empezó a darse cuenta que no volvería al mundo humano.

Pero tenía que creer, porque si se demolía ahora, ¿qué sería de Aomine solo, en ese otro mundo?

—Todo va estar bien —dijo Kagami, con una sonrisa. Estaba seguro que el peliazul no podía escucharlo, pero sí leer sus labios—. Nos volveremos a ver, cree en eso, Aomine.

El miedo atacó poderosamente al moreno todavía más con ello, pues no se estaban despidiendo, joder, ¡no! Aomine negó y volvió a golpear contra el agua congelada, pero ya no había nada ahí.

— ¡KAGAMI! —aulló.

Pero todo era en vano, el portal se había cerrado dejando al híbrido y al licántropo en diferentes mundos.


Perdón. (?)

Jajaja, ay, Dios, espero no me maten por ésto, mi vena del drama no me deja hacer las cosas con tranquilidad x'D. Solo puedo decir, no se preocupen, confíen en la autora(?).

Fuera de éste final de capítulo inesperado, ¿qué les pareció los demás?

Quiero aclarar que Kise no es el que más hirió entre el vínculo que tenía con Haizaki, si en algún momento llegan a entender eso al leer todo lo que siente y de lo que se acuerda, déjenme decirles que no es así. Ambos se lastimaron y no hicieron las cosas con diplomacia; se dejaron cegar y ninguno aceptada las cosas. La diferencia radica en que Haizaki se dio cuenta primero de eso, antes de morir y Kise después de que Haizaki murió.

Si tienen alguna duda, comentario extra, ya saben que pueden hacérmelo saber en un review, eh xD. Es grato saber que piensan.

En fin, por ahora los dejo. ¡Los adoro!