¡Hola a todos nuevamente! :3
Ay, creo que volví a tardarme, sorry(?). Bueno, en mi defensa solo puedo decir que por cuestiones universitarias no había podido pasar, sin embargo ahora que ya estoy de vacaciones ya es más seguro que me vean por aquí.
Estamos a tan poquitos capítulos para que éste long-fic llegue a su fin, asdljdskaljaslas. Por lo tanto, espero que éste capitulo sea de su agrado xD.
Los ojos rubíes de ese tonto híbrido eran los que siempre aparecían en los sueños de Aomine desde ese día donde lo vio por última vez antes de que el maldito portal se cerrara y no volviera a abrirse en todos estos años. ¿Cuántos habían pasado? Que importaba, si llevaba las cuentas era peor para él… y de todos modos lo hacía.
Treinta años.
Todo ese era el maldito tiempo que Aomine Daiki estuvo viviendo con la ausencia de Kagami, incapaz de ignorar el hecho. Y como hacerlo, si era como sentir la presencia del Sol en el cielo en las mañanas de primavera; nunca desvanecido ni ignorado. Solo que en vez de darle confort o algo bueno para él, las ráfagas eran de una irremediable agonía que no disminuía con el paso del tiempo. Era imposible acostumbrarse a algo como eso, pero el lycan peliazul debía vivir, sin importar qué, pues aún debía tener por lo menos una chispa de esperanza, luchando contra la abrumación que le causaba ese mismo vacío para no perderla.
Ya no quería volver a pasar por algo similar como la primera vez que llegó al mundo humano, aunque esto era todavía más inmenso.
Aquel día —tan oscuro y presente todavía para Daiki—, Alex había llegado entusiasmada para recibir a su familia, pero solo se encontró con un peliazul destrozado, desquitándose con la naturaleza que rodeaba a ese pequeño arroyo en Londres y no fue necesario que preguntara el motivo; la misma soledad del lugar, con la impotencia en la mirada de Kise le dijeron todo. Y fue peor, porque ella no tuvo ninguna visión que le advirtiera de esto y eso suceso se debía a que un poder inimaginable y omnipresente era lo que había decidido cerrar todos los portales de La Noche.
Aomine había recurrido a El Hada, no de muy buenas maneras, su estado no era el mejor al verse lejos de Kagami, simplemente necesitaba que un maldito portal se abriera para poder tenerlo de regreso y solo la rubia podía ayudarlo. Solo ella tenía la magia y toda la capacidad de los mundos juntos, era la única que tenía parte de su esperanza…
Y aun así, a pesar de todos los intentos que se hicieron en estos años para lograr volver abrir el portal hacía La Noche, fue en vano. Ya no estaban esas puertas que permitían el acceso.
Era tan desesperante, tan… horrible para Aomine darse cuenta que las probabilidades de volver a ver a Kagami se estuvieran acabando. No podía controlar sus impulsos ante eso, se enfurecía de ver como los portales hacían otras dimensiones si se abrían, pero en La Noche no, ¡como si alguien hubiese marginado a ese mundo! ¡¿Quién había sido ese que osó hacerlo?! Joder que si hubiera un culpable como tal, seguramente el lycan estaría cazándolo para obligarlo a abrir las puertas.
Vivía una pesadilla; recordando a su pelirrojo para luego regresar a la realidad y darse cuenta que no estaba. Esta no era la vida que estaba esperando, ni siquiera sentía que la vivía como tal, se sentía una mera existencia nada más, rondando como un fantasma, como si su verdadera alma se la hubiera quedado Taiga cuando el portal se cerró.
¿Para esto habían detenido a Akashi y regresado las cosas de La Noche a la normalidad? ¿A costa de su sufrimiento? Tal vez era ilógico, pero Daiki no encontraba donde desplazar la culpabilidad de éste asunto.
Por lo menos estaba seguro que el pelirrojo estaba vivo y eso era la única motivación que tenía desde hace tres décadas. Pero no estaba bien y jamás lo estaría, no volvería a ser él mismo, era así como lo sentía y dudaba eso fuera a cambiar.
Sus días eran tan monótonos y no recordaba la vida que tenía antes de Kagami, ¿cómo diablos le había hecho para vivir antes de conocerlo?
Fue tan difícil para él empezar a aceptar el hecho de que no existía otra manera de regresar a La Noche, porque hasta Alex lo empezó a notar; tantos intentos fallidos y nada. Y eso que su mente tan maestra y habilidosa ideó muchísimas cosas y aún seguía sin hacer efecto, por lo que solo podía significar una cosa, que ella tampoco deseaba aceptar. Solo que su sufrimiento no era el mismo que el del peliazul.
Habían dejado de intentarlo hace un año. No obstante, Aomine estaba seguro que la preocupación de Alex no se comparaba con la suya, ella estaba segura que Kagami estaría bien con su hermano y madre en La Noche, tenía fé. Por eso no se sentía con la misma neurosis que el lycan. Que no significaba él no creyera que el híbrido estaría seguro, sin embargo, su necesidad era muy diferente.
Estar separado de quién amaba era una experiencia mortal; ya la había vivido muchos años atrás, pero era peor, porque la ausencia de Kagami era inmensa, se sentía a cada respiración, cada movimiento, cada movimiento de átomos en el cuerpo del peliazul. No había nada que le hiciera olvidar el hecho de que estaban separados.
Y cada luna nueva o luna llena, iba a ese maldito arroyo en el bosque de Londres —aunque una parte de su persona le dijera que era inútil— esperando que ese portal que se creó ahí, se abriera y el pelirrojo emergiera.
No pasó nada de eso, ni por más que le rugiera al agua, ni por más que lo deseara… Nada pasó y la soledad era lo único que lo acompañaba.
De todos modos, aún con todas las negativas que tenía, con toda esa espantosa realidad que le gritaba Kagami no volvería y jamás podrían abrirse los portales para ir a La Noche, él creía que de un modo u otro, su chico volvería. Debía seguir creyéndolo sin importar qué, ya que su cordura dependia de eso.
Estaba seguro que también el pelirrojo estaba luchando por volver.
Kise había estado a su lado también en éste tiempo, ese ruidoso rubio que igualmente sufría incluso peor que él, cargando enormes sombras no solo del pasado, sino de la guerra que se suscitó. Aunque con él no parecía tan obvio, esforzándose por ocultar todo el mal que lo ahogaba interiormente con su simpatía siempre característica.
Y esta oportunidad era una que el rubio no estaba desaprovechando; sabía que Aomine sufría por la ausencia del pelirrojo y que a éste le debía haber escapado de Eretz, pero simplemente su corazón no podía ignorar el hecho de tener a Taiga fuera del camino para intentar recuperar lo que una vez tuvo en el pasado con el lycan. Hubo muchísimas ocasiones y él de verdad quería recuperarlo.
Sin embargo, lo que Daiki necesitaba no era eso. El consuelo y compañía del vampiro ojimiel no era lo que buscaba y ya no era realmente una tentación peligrosa para él, no cuando su pasado ya estaba bien cerrado, evitando la repetición de ciclos, dejándolo avanzar. Solo que con la ausencia de Kagami, bueno, ese avance ahora estaba truncado y no estaba dispuesto a dejarlo atrás. No importaba que la vida pareciera señalarle otra oportunidad con Ryota, las rechazaría siempre.
Ambos discutían muchas veces en todo éste tiempo. Entre Kise diciéndole que probablemente Kagami ya no volvería y que seguía amándolo y Aomine enfureciéndose, negándose y rechazando sin detenimiento a pensar si le estaba hiriendo más. Pero era algo que le dejaría en claro siempre al vampiro sin cansarse nunca; algunas veces con neutralidad y otras con frialdad, dependiendo de cómo el rubio se acercaba era como le respondía.
—No me importa si Kagami no regresa, no lo voy a sustituir por nadie y eso es algo que quiera que te grabes bien, Kise —dijo Aomine con una potencia de seguridad y frialdad que abrasó el corazón del rubio, mientras estaban en alguna parte de la ciudad, arriba de un rascacielos. Y ya no estaba el amable moreno que habló con él ese día en el bosque de Londres, cuando se reencontraron.
Ese día fue el peor para el rubio, sí, aún con todo lo que ya había pasado. Porque se dio cuenta que estaba perdiendo el tiempo, ¿tan masoquista era? ¡¿Cuántos rechazos necesitaban su corazón para entender y para que su orgullo y demás sentimientos no siguieran empujándolo para atrapar al lycan?! Sabía lo lastimado que estaba y aun así no estaba queriendo desaprovechar esta oportunidad. Patético, ¿no? Seguro si Haizaki viviera hasta se reiría de él.
Pero, ¿qué podía hacer? ¡Había estado encerrado un siglo por defender el amor que nació entre él y Aomine! ¡Era obvio que asimilar que el peliazul ya no lo amaba no iba a ser algo rápido! Mucho menos fácil, así que no le importaba lastimarse más, no le importaba salir empujado cada que intentaba robarle un beso al moreno. No le importaba regresar después y darle algo de compañía, aunque este dijera que no lo necesitaba, además Kise sabía lo horrible que era estar solo. Al menos, en esa tipo de soledad.
—Deja de venir, Kise; nada cambiará y sé que lo sabes —repitió Aomine otra día, hace doce años atrás.
En esa ocasión, él estaba en otro lugar del mundo, intentando apartarse y "animarse" un poco, dado que hacía unos meses fue nuevamente a ver si el portal se abría en luna llena. Pero como siempre, tampoco pasó nada más y necesitó despejarse antes de matar algo inocente, lléndose al mar a cruzar a nado hasta llegar a Canadá y aun así, el vampiro de ojos miel lo encontró y ahí estaba otra vez.
A Daiki empezaba a impacientarle un poco el hecho de que el rubio no entendiera y trataba de no ser tan abusivo al decirle las cosas, pero así, se lo estaba poniendo muy difícil. No solo porque no quería herirlo más con el hecho de ya no amarlo, sino porque, pese a que lo negaba, la compañía de Kise le ayudaba por lo menos un poco; no de la forma en que un amante lo haría, sino como la de un viejo amigo que compartía tu dolor.
Pero obviamente el dolor de ambos era diferente en ese sentido, sin embargo lo compartían.
—Independientemente dé, Aominecchi, no tengo intenciones de dejarte solo con eso —respondió Kise esa vez con una sonrisa muy segura, pero cuando la sombra de su cabello tapó sus ojos, estos se llenaron de tristeza.
Y así es como iba pasando el tiempo entre ambos.
En estos treinta años habían sido los más largos que tanto Kise como Aomine sintieron y el primero estaba empezando a considerar que ni siquiera su estancia en Eretz podía compararse a éste; dolía más e incluso seguía tan eterno por el motivo obvio, pero de todos modos, ahí seguía sin hacerse a un lado.
Muchas cosas más pasaron en estas tres décadas y al final de cuentas, el peliazul y el rubio no se separaron, al menos tratando de mantener una relación más o menos…. Sana. Frecuentándose de vez en cuando, a diferencia de antes, para alivio del mismo Daiki, gracias a que inesperadamente Kise estaba camuflajeandose excelentemente con los humanos y estaba ganando fama por esa gran belleza que siempre poseyó.
Aquello también generó cierto alboroto con el resto del submundo, porque tenían como regla no acercarse tanto a los humanos, solo convivir con ellos, poniendo siempre sus límites, porque al final de cuentas, eran su alimento y no solo era algo que molestaba al resto de vampiros y licántropos en el mundo humano, sino que era algo denigrante que siendo una clase así de poderosa, se prefiriera estar cerca de un mundano que solo era comida.
Muchas riñas y muchos con malas intenciones se acercaron a Ryota para destruirlo, amenazándolo que debía alejarse de los humanos o lo matarían, porque a pesar de haber formado parte de un círculo importante antes, aquí no le respetaban ni temían, porque era un desterrado, según su conocimiento por parte del anterior Akashi que se encargó de divulgarlo antaño.
Aomine no se quedó con los brazos cruzados y por supuesto que defendió al rubio, ignorando los comentarios de este, diciendo que podía defenderse solo y que eso solo dificultaría el que dejara de tener esperanzas de que su relación pudiera resurgir.
—Como tu amigo, es por eso que lo hago —explicó—. Además esos imbéciles no mandan aquí y uno puede hacer lo que quiera.
Y como la grandeza del peliazul se seguía conociendo, ayudó a que las aguas se calmaran, aunque todavía quedaban uno que otro rebelde. Pero ya era la minoría y las amenazas dejaron de acosar a Kise cada que respiraba y logró convertirse en un chico con muchísima influencia en el mundo del espectáculo.
—El súper modelo Kise Ryota —se burló Daiki un día, leyendo una revista por mero ocio—, no me sorprende viniendo de ti.
—Moo, tomaré eso como un halago, Aominecchi —hizo un mohín y luego sonrió—. Si todos los desterrados fueran más inteligentes harían lo mismo.
El lycan puso los ojos en blanco y soltó una risa altiva, pero divertida.
—No, la diferencia es que tú eres una diva, Kise —se reacomodó en el enorme sofá donde estaba acostado—. Debiste seguir mi ejemplo; yo fui más generoso con los humanos y no quise provocarles un infarto con mi genialidad o ahora todos sufrirían de hambre —alegó como si nada.
— ¿Y me dices a mí diva? —Kise enarcó una ceja, riendo.
De eso hacía ocho años atrás, en una temporada donde el licántropo de cabello azul estuvo viviendo con el vampiro por el mismo hecho de ayudarlo a ahuyentar a los idiotas que querían dañarlo, sin ningún otro compromiso en realidad, a pesar de que el rubio en algún momento llegara a insinuar más cosas y en alguna ocasión volvieran a distanciarse.
Pero se mantuvieron así, hasta el momento en que rumores empezaron a crecer un día en que Kise salió a comprar unos muebles para su nueva casa y Aomine lo acompañó. Los paparazzi los vieron juntos y como el anterior mencionado era una cara completamente nueva y el vampiro fue alguien muy abierto en sus gustos personales, esa salida dejó mucho para la imaginación de todos en el país de Japón y con la fama del rubio, empezó otro escándalo más.
Así era, se decía que el súper modelo Kise Ryota mantenía una relación amorosa con otro hombre de cabello azul y piel cobriza y que se les había captado en muchos lugares juntos y se descubió que incluso vivían en el mismo techo. Por ello, es que más acoso empezó y no siempre era por personas que aprobaran y estuvieran emocionadas con esa relación, sino que a otros les inquietaba que su amado ídolo anduviera con alguien más, rompiéndoles el corazón, mientras que otros desaprobaban esa idea, aunque en esta última categoría se incluían muy pocas personas.
Ya que Aomine no soportaba tener a tanta gente que quisiera violar su privacidad y su humor no era realmente el mejor, volviéndose en verdad antipático con la gente externa, decidió dejar la casa del vampiro e irse a vivir aunque sea a un maldito bosque. El mundo de Kise no era para nada cómodo y haciendo caso omiso de la oposición del otro y de que aclararía todo para que dejaran de creer que eran novios, aun así se fue.
Sin embargo, siguieron viéndose, aunque no tan seguido. Y no solo porque la insistencia del rubio poco a poco empezó a desaparecer; quizá finalmente comprendiendo y aceptando que su amor no volvería a ser conrrespondido y debía avanzar, después de todo, sí estaba feliz con lo que ahora hacía en el mundo humano. Asimismo porque tenía mucho trabajo, por las Diosas del cielo, le llovían muchas propuestas de pasarelas, de actuaciones en vídeo clips, etc.
Ambos veían a Alexandra igualmente, ella les proporcionaba alimento para evitar asesinar a humanos de forma injusta. Les comentó de su invento, de cómo se nutría en su día a día, sin obligarlos a nada y después de un par de años, tanto Ryota como Daiki decidieron aceptar esa parte compasiva de su raza; el rubio tal vez por su acercamiento a la raza humana y el moreno porque tenía otra perspectiva muy diferente a la de hace más de un siglo.
En alguna ocasión también visitaron a la manada de Hyuuga, pero de forma muy poco continua, solo por simple ocio. Ellos ya sabían que Kagami no regresó por parte de Alex, así que no mencionaron nada de él cuando Aomine llegó por sus aposentos, aunque sí se divirtieron un poco jugando algún deporte poniéndole la adrenalina necesaria de sus razas obviamente.
Aomine no volvió a asesinar a ningún otro vampiro o licántropo, al menos no por el mismo motivo que en el inicio y tampoco es que estuviera haciéndolo realmente en la actualidad, lo cierta era que le daban igual si vivían o no. Lo que sí hacía era que, cuando por casualidad se topaba con algún imbécil aprovechándose, se encargaba del asunto no por obligación, sino porque quería. Y no es como si un sentimiento heroíco hubiese nacido en su persona, era solo que pensaba… ¿Qué haría Kagami en ésta situación? Ah, seguramente el idiota no lo dejaría pasar.
Era una manera un tanto infantil para sentirse "cerca" o intentar sentirse cerca de él, pero lo hacía.
No diario, solo cuando llegaba la casualidad. Y a veces Kise le ayudaba. Como si fuera su pasatiempo o solo para pasar el rato o usar el ocio y que le quitara la monotonía a la vida.
—Aominecchi —llamó Kise con su cantarina voz, una vez terminaron de darle una lección a un montón de neófitos, por pura casualidad—, escuché de un nuevo bar en Shibuya y estaría muy bien fueramos a dar nuestra aprobación.
—No es mi estilo hacer contacto con las gritonas de tus fanáticas mundanas, Kise. Aunque, seguramente te dejarían a un lado cuando me vieran de cerca —apuntò Aomine con cierta superioridad.
—No te pongas celoso, seguro tienes un club de fans aparte, por ahí escondidas —molestó Kise con una sonrisa brillante.
—Bueno, sería desagradable que todas salieran de un bar —Aomine alzó las cejas.
El vampiro se empezó a reír y lo jaló del brazo.
—Sea como sea, no acepto una negativa como respuesta a mí invitación, Aominecchi. Así que vamos.
Y si el aludido no se quejó, era porque el ambiente que sintió esta vez, no fue uno donde Kise estuviera intentando engatusarlo. No, esta vez olió a camaradería.
A una pura y sincera amistad.
Así es como decidieron vivir y como lo seguirían haciendo.
—En definitiva, sí tenemos un hijo, Shin-chan, no me molestará que luzca como Kagami —pronunció un licántropo de ojos azul platino mientras reía.
—Personas del mismo sexo no pueden procrear, nanodayo —Midorima lo miró de muy mala manera, pero solo recibió un beso robado en los labios y su cara se encendió y maldijo que se hubiese alimentado hace unos minutos, sino este rubor no tendría porque aparecer.
—Eso no importa, puedes hacerlo con tus poderes mágicos —volvió a decir el lycan.
— ¡Por supuesto que no, idiota! —pareció indignado— Hazte a un lado ya, Takao.
El mencionado muchacho empezó a reír en suaves carcajadas y volvió a robarle otro beso a su pareja, teniendo una pequeña lucha en fuerzas, porque el peliverde lo estaba empujando avergonzado y enfurruñado, pero el pelinegro se estaba oponiendo muy bien y ambos terminaron cayendo al suelo.
— ¿En verdad es así como vivien su relación? —Kagami pareció confundido al mirarlos, aunque luego desvió la mirada. Era incómodo para él ver muestras de semejante amor cuando estaba solo, refiriéndose a la ausencia de cierto lycan de tez cobriza.
—Creo que no eres candidato a decir eso —aventuró Himuro, quién también estaba ahí, sentado al lado de su hermano y sonrió ligeramente.
— ¿A qué te refieres, Tatsuya?
Su hermano le miró fijamente, como si fuera obvio lo que intentó decirle.
—Bueno, independientemente de lo vergonzosos que sean en una relación Midorima-kun y Taiga, no vinimos aquí para esa evaluación —interrumpió Shiro con un brillo divertido en la mirada por la situación y la reacción de su pelirrojo hijo ante sus palabras, solo que ella no era tan expresiva como su hermana.
—Por el tono de tu voz, sé que es algo importante —Midorima logró incorporarse haciendo a un lado a su pareja, aunque a éste no parecía importarle la falta de tacto que tenía— así entiendo porque Akashi no convocó a una reunión.
—Es importante, pero no de ese tipo de importancia —Himuro habló esta vez y su ojo visible brilló.
Shintaro entrecerró los ojos unos segundos. Usualmente ese vampiro no era muy expresivo que digamos y que mostrara esa clase de emoción en sí, solo podía ser por una persona en La Noche. Y se trataba de un licántropo, uno en especial que quién sabe cómo, se había metido en el corazón del vampiro pelinegro y viceversa; era algo que el peliverde tampoco entendía completamente, teniendo en cuenta el modo de pensar de ese lycan.
—Entonces, imagino tiene que ver con…
— ¿¡Ya vas a formalizar con Murasakibara!? —se adelantó Takao con asombro y alegría.
Cierto pelirrojo ahogó un refunfuñó. No es que no estuviera feliz porque su hermano hubiese encontrado la misma dicha que él con Aomine, simplemente que… Agh, a veces ese gran licántropo morado lo irritaba un poco, tampoco es que fuera la gran cosa o un enorme problema; tal vez solo era cosa de celos de hermano o algo así. Como lo que pasó con Himuro hacía el peliazul.
Shiro apretó la mano de su hijo de forma tierna y éste suspiró.
No prestó mucha atención a la siguiente conversación que se dio entre todos los que estaban ahí presentes, en el humilde hogar de Takao en el territorio perteneciente a la manada de Nebuya —antes perteneció a Haizaki—; Midorima no estuvo dispuesto a llevar al pelinegro a su hogar, porque su familia todavía no asimilaba ni aceptaba su relación como tal, a pesar de que la Ley de Oro se estaba desvaneciendo poco a poco en la actualidad y otra ley estaba en proceso
La Ley de Hibridismo.
Donde Akashi Seijuro, luego de haber tenido una gran reunión con el resto de los miembros que incluían a los tres nuevos —como sustitutos de Aomine, Kise y Haizaki—, dictaminó: "Cada nuevo ser engendrado de la relación entre un vampiro y un licántropo deberá pasar por el ritual de vida antes de nacer, una vez cada mes y después del alumbramiento durante tres años más".
Lógicamente, hubo todo un revuelo con esa nueva ley. Nadie se esperó ese cambio tan radical y eso que Akashi pensó mucho el modo de cómo hacerlo y dio cierto tiempo para darla a conocer. Hubo muchas respuestas —negativas, positivas, de asombro, de pánico, de felicidad— y quizá todavía estaban varias de ellas, pero para la mayoría fue un completo alivio escuchar eso, porque nadie se imaginaba las relaciones truncadas que la Ley de Oro provocó, ni las que estaban escondidas también. Era un número que a todos en la Unión Milagrosa les robó el aliento unos segundos.
De ese mismo modo, muchas leyes injustas fueron desapareciendo poco a poco en todo éste tiempo que Kagami se quedó por obligación en La Noche y donde su existencia decidió dejarse oculta. O mejor dicho, su origen como híbrido, porque se había discutido que lo mejor era no decirle al mundo su verdad, era muy pronto para eso, dado el gran escándalo que causó el romance de sus padres y el drama tendido que dejó Masaomi hace tiempo.
No iba a ser bueno y ni Akashi ni los demás deseaba poner en la mira a Taiga si se revelaba su verdadera identidad. Pero si era un problema mantener oculto esos rasgos tan diferentes que él tenía y los demás no, aunque para eso Himuro se escargó de darle un hechizo para pasar desapercibido, sobre todo porque el pelirrojo tenía un círculo grande de amigos.
Kagami fue invitado por Momoi a vivir en el territorio que una vez fue completamente de Aomine y que ahora pasaba a estar en manos de Hayama. Había aceptado, por simple curiosidad y porque estar metido en ese gran castillo donde residían el vampiro pelirrojo y Kuroko no era muy cómodo para él; oía muchas cosas que no deberían ser escuchadas entre dos amantes.
Shiro rolaba del territorio de Murasakibara al de Hayama para estar con sus hijos y esconder su ser no fue muy difícil, porque la mayoría de las personas que presenciaron todo lo que la involucró en el pasado ya no estaban vivas, de todos modos, entre Tatsuya y Shintaron crearon un hechizo también para ayudarla a camuflarse con el resto de habitantes en La Noche sin levantar sospecha, por lo menos.
Recientamente, no fue fácil estar en ese mundo. Kagami se sentía lejos de lo que conocía como su hogar y extrañaba muchas cosas de aquel lugar mundano donde creció y tenía todos sus recuerdos de su segunda vida. Pero no solo era eso lo que le atormentaba cada noche, no.
La ausencia de Aomine golpeaba su pecho como un martillo en la carne humana, dolorosa y conscientemente, que no lo dejaba tranquilo. Supo como vivir con ello, sin embargo, aquello que tenía no se comparaba como si el peliazul estuviera a su lado, con ese porte desgarbado y vanidoso que a veces soltaba y que normalmente lo irritaba y divertia a la vez.
Ah, cuando daría por estar con él, es ese mundo que era su hogar.
Pero no podía, a pesar de que Himuro y hasta Midorima intentaron hacer algo con el portal en el Lago Espejo o incluso con otro portal para que pudieran atravesar la barrera de los mundos, no pasó nada. En ningún momento la magia funcionó y por más que los ojos rojos del híbrido miraran hacía las Diosas del cielo, no sucedió ningún milagro, sin importar sus peticiones.
Y bueno, para ser un milagro, se supone que no tenían que ocurrir siempre que una persona los esperaba. Irónicamente.
Aunque no solo era el portal hacía la tierra que se vio imposible de abrir, sino el de otras dimensiones también. Y era horrible, porque La Noche se sintió abandonada y en pánico, ¿de dónde conseguirían alimento para cada individuo? ¿Cómo iban a sobrevivir sino tenían los componentes humanos que siempre eran aportados del otro mundo?
Iba a ser un caos, de no ser porque luego de cinco días de que el Lago Espejo dejara de ser un portal, Akashi sintiera la necesidad de regresar a Las Colinas del Fin y entonces se dio cuenta de que las Diosas del cielo no los habían abandonado nunca; quizá cambiaron muchas cosas, pero siempre habían estado cuidando de los ciudadanos de ese mundo.
— ¡El alimento…! —exclamó esa vez, con los ojos abiertos desmesuradamente. Normalmente era un vampiro que controlaba las emociones que sentía en las ocasiones que debía, porque así fue educado y de todos modos, no se mostraba siempre así de intenso.
Kuroko lo había acompañado y con la misma sorpresa que la ajena, se habían dirigido hacía La Montaña Carmesí y vieron que ese líquido que siempre alimentó a los vampiros, estaba emergiendo y regresando para cumplir lo que siempre había hecho con todos en ese mundo.
La euforia se mezcló extrañamente con el sentimiento de la dolorosa separación en el pecho de Kagami aquel día y no pudo ser tan egoísta como para pedir que siguieran concentrándose en abrir el portal, así que compartió la dicha lo mejor que pudo con el resto, además de que las prioridades cambiaron desde ese día también.
Himuro seguía ayudando a su hermano con toda la magia que podía, no dejaron de intentar y cada que podía también iba Midorima, pero seguía sin lograrse algo. Y no es que desearan perder la esperanza, solo que si ni siquiera el resto de portales se podían abrir con dos grandes hechiceros como lo eran esos dos vampiros, difícilmente de verdad volverían a abrirse. No solo era eso, el alimento había regresado, lo que significaba que ya no necesitaban volver al mundo humano para nutrirse de ellos, era obvio que porque las Diosas del cielo sabían no se podría usar más los portales y les devolvieron el alimento.
Incluso Shintaro dejó de ver aquellas molestas luces de colores en ciertos lugares, que aparecían siempre como indicio de que ahí podía crear un portal. Siguió usando sus lentes por mero lujo pese a eso y Takao lo molestaba a veces por ese motivo.
Y, con mucho pesar, dolor e impotencia, solo quedó aceptar que los portales jamás volverían a abrirse.
Ah, pero Kagami no estaba dispuesto a dejar a un lado su esperanza. Sin importar si las Diosas del cielo estaban de su lado, él sabía que volvería a estar al lado de Aomine, a pesar del tiempo que llegara a pasar, estaba dispuesto a aferrarse a eso.
Y así es como iba a ser.
Otra noche más, dentro de esa tercera década que Aomine vivía con la ausencia del pelirrojo siempre presente.
Era otra noche porque era una persona que prefería dormir de día y vagar de noche, ya que según él, había mejores cosas que hacer en la ciudad en esos momentos. Tampoco es que se metiera a hacer cosas ilegales, pero digamos que por lo menos algo tenía que hacer para pasar el rato, además de las veces en que casualmente se ponía a patear traseros de neófitos o cosas por el estilo.
En la última visita que tuvo con Hyuuga, éste le había comentado algo sobre la manda de cierto licántropo que tenía el hábito de robar territorios no solo de otros lycan, sino también de vampiros, a pesar de que estos fueran mas liberales en su modo de vivir y no formalizaran un "hogar" como tal al que debían regresar, porque cambiaban constantemente de nidos para ocultarse cuando lo requerían. Y mismo sujeto estuvo a punto de hacerlo con el territorio de Junpei, solo que entre otros machos alfas más con sus manadas por parte de Londres, evitaron que Nash se metiera en el país.
Pero eso no significaba que no siguiera intentándolo y, tal parecía, ahora era mucho más influyente que hace treinta años y tenía más poder.
Y a Aomine no le importaba mucho lo que ese desgraciado hiciera, sin embargo, se sentía un poco inquieto cuando empezó a notar cierto olor de alguien que merodeaba un poco cerca de Kise y eso definitivamente no era nada bueno. Porque no era cualquiera olor de licántropo, era uno que se sentía con salvajismo y violencia. Era un olor similar que se sentía cuando se estaba cerca del otro Akashi, del malvado que se logró destruir, solo que con la única característica que poseía un hombre lobo.
Por alguna razón, el peliazul no necesitó que alguien más le confirmara la identidad de ese olor que rondaba cerca del vampiro ahora bastante famoso con los humanos. Aunque puede que solo fuera exageranción suya, ese olor ya no se sentía con la misma intensidad que hace un mes, parecía como si se estuviese alejando y eso era bueno, tal vez simplemente ese licántropo tenía otros asuntos algo cerca de Kise y ahora se estaba retirando. De todos modos, tampoco creía que su amigo no lo hubiese notado y si este no se estaba alertando, no tenía porque hacerlo.
— ¿Qué haces en el techo de la compañía donde trabajo, Aominecchi? —la musical voz de Kise apareció ahí, solo que sin tomar por sorpresa al susodicho, porque le sintió acercarse desde hace un kilómetro.
—Vine a pensar si quitarte tu puesto como el modelo atractivo que tienes o darte más años de ventaja —contestó Aomine con presunción.
—Hice bien en no confiarme de ti y venir a interrumpir tus malévolos planes entonces —le siguió Kise con una sonrisa torcida. Pero sabía no era ese el motivo.
—Sí. No solo soy muy genial, también soy muy generoso —añadió Aomine como si nada—. Deberías sentirte privilegiado —sonrió en un gesto arrogante.
—Estás cuidando de mí, así que supongo debo agradecértelo —inmediatamente, Kise rompió el ambiente de juego y le miró con interés.
El ajeno cambió su expresión y frunció el ceño, mirando hacía la calle con gesto calculador.
—Deberías ser más cuidadoso, Kise, no siempre tendré tiempo libre que malgastar.
—Los guardaespaldas no son una opción, ¿sabes, Aominecchi? Y la mayoría son antipáticos.
—Con mayor razón, idiota. Podrías ir a ver a Alex alguna vez.
El vampiro suspiró y se situó a su lado, mirando al mismo lugar que el impropio.
—No es necesario, sé protegerme.
Aomine no dijo nada más, solo se hizo como si esto no le importara y se dio la vuelta, dispuesto a irse.
—Pero no vine a romper tu rutina de vigilancia solo por esto —Kise lo detuvo y se ganó una mirada de advertencia por esa oración que solo le hicieron sonreír—. ¡Hace una semana que no salimos, así que es el momento!
—No, gracias, prefiero ahorrarme el ser confundido otra vez con tu pareja —bufó Aomine.
Una sombra fugaz apareció en la mirada del rubio, aunque fue tan rápida como para que el peliazul reaccionara a tiempo y se arrepintiera internamente de su comentario. Y es que las cosas habían estado yendo en un curso verdaderamente normal y sano entre ellos, que olvidó que por precaución debía seguir siendo cuidadoso con eso.
De todos modos, Kise hizo como si nada hubiese alborotado su cabeza y mantuvo su sonrisa y actitud.
— ¡Vamos, Aominecchi! —insistió— Y te prometo que cuando Kagamicchi vuelva les prestaré la casa que tengo en Canadá para que se diviertan en los bosques —dijo con picardía.
Era la primera vez que Kise decía algo a favor de que el pelirrojo estuviera de regreso y el lycan casi se queda como idiota embobado al escuchar eso. Observó al vampiro ocultando lo mejor que podía su sorpresa por esas palabras y quiso sonreír con alivio; no por sí mismo o algo similar, sino porque el ajeno al fin parecía empezar a estar libre de ese desamor obsesionado que lo lastimaba y podía encontrar una manera de volver a ser feliz.
Y eso sí era digno de celebrarse.
—No me prestarás la casa —Aomine sonrió con suficiencia—, tendrás que regalármela, Kise.
— ¡Haces como si salir conmigo fuera un sacrificio, qué malo! —resopló.
El moreno se rió entre dientes y los dos emprendieron al bar que fueron hace una semana.
No les tomó mucho tiempo llegar, ni tampoco les costó ser discretos al momento de ir saltando de azotea en azotea al ir corriendo con esa velocidad sobrehumana que poseían, llegando tan rápido que ni siquiera tuvieron tiempo para intercambiar alguna palabra y quizá fue mejor así.
La noche era estrellada y notó la luna estaba llena. Hacía calor, aunque no mucho realmente, pues en la primavera era más soportable que en el verano o eso se escuchaba decir de boca de los humanos, pues a los vampiros y licántropos la temperatura no les afectaba de la misma manera, así que no compartían esa misma opinión.
Si bien Kise no estaba vestido de forma exótica o de forma en que se notara era un modelo —porque iba con una boina negra y unas gafas al estilo nerd, intentando ocultar su identidad—, fue tan obvio para todo el mundo que él había llegado. Ni siquiera con ese atuendo tan sencillo que formaba un jean de mezclilla rasgado de la parte media de la pierna y esa playera gris con estampado negro, logró esconderlo. ¡Ni con las sandalias que estaba usando! Y es que tenía un encanto tan grande, que podía estar usando harapos y seguiría luciendo de la misma manera siempre, tan brillante y deslumbrante como el Sol.
Aunque no solo la belleza del vampiro destacaba, también la de Aomine. Mismo que solo usaba una camisa negra con rayas diminutas blancas y estaba semi desabrochada, así como arremangada hasta los codos. Usaba igualmente un jean de mezclilla clara y sandalias negras. Su atractivo no era igual a la de un vampiro, que desprendía elegancia y belleza abrumadora como alguien de la realeza o algo similar, nada de eso. Porque el atractivo de un licántropo era fiero, seductoramente salvaje, abrasador e inmenso.
La diferencia era que, los vampiros eran como una flor carnívora; ocultando ese peligro innato que cargaban y los hombres lobo no. Ellos eran como contemplar a la misma flor, pero devorando; ya dejaban en claro que eran peligrosos y aun así, seguían robando el aliento.
Quizá por eso es que las fanáticas se contuvieron un poco, además preferían quedarse admirándolos y hasta se sintieron inferiores con semejante oleada de supremasía belleza.
—Al menos no se han acercado gritando —murmuró Aomine no muy contento.
Iban a sentarse para empezar a beber, cuando de repente, el moreno se paró en seco, percatándose de algo muy obvio en éste día que no debió dejar pasar solo por estar concentrado en ese olor que estuvo asechando unos momentos al rubio hace unos días.
— ¿Aominecchi? —preguntó Kise, confuso.
—Dime, ¿cuánto tiempo es que tardan las fases lunares? —quiso saber Aomine casi con exigencia.
— ¿Eh?
— ¡Solo dímelo, Kise!
—Una semana aproximadamente. Aunque no pueden durar menos de siete días y la luna llena definitivamente debe durar siete días, no más. ¿Por qué, Aominecchi?
—Hoy es… hoy es… —Daiki no pudo completar la frase.
Y salió corriendo, fuera de aquel bar, fuera de todo, maldita sea. Simplemente le importó llegar a un solo lugar.
Kise se quedó ahí, solo y estupefacto por esa reacción. ¿Qué significaba todo eso? Sí hubiese pasado algo así al inicio, seguro hasta se hubiese deprimido, pero ahora no le afectaba tanto, mas tenía curiosidad y no era de quedarse sentado con la duda en la boca. Se preparó para ir detrás de Aomine velozmente, no le tomaría mucho alcanzarlo.
Sin embargo, un aroma impactó contra su nariz y golpeó su garganta como un fierro de acero caliente que hizo de detuviera.
¡¿Qué diablos…?!
Sus ojos miel buscaron a la persona dueña de ese olor con impaciencia y, solo a lo lejos pudo notar al vocalista de la banda que tocaba en el escenario. Mismo que tenía unas cejas muy pobladas y ojos azules y tocaba la guitarra de forma casi profesional, ¿un humano causando ese impacto en él?
Y se olvidó de que quería ir detrás de Aomine.
Aomine ni siquiera llegó al bosque de Londres, porque siendo realistas; por más veloz que corriera, no llegaría en esa misma noche a donde iba cada que había luna llena.
No era que se hubiese atrasado en ir a dicho lugar para esperar a que sucediera algo y que su pelirrojo regresara de alguna manera, sino era más bien que la luna llena se había adelantado. Y, oh, Dios mìo, definitivamente eso era señal de algo. No sabía de qué, pero sus esperanzas crecieron que hasta las quizo vomitar cuando la felicidad se arremolinó en su estómago.
Tal vez solo era una coincidencia y sería peor llegar al lugar y encontrarlo vacío.
Pero supo que no fue así, cuando el viento llevó a sus oídos un sonido muy singular, como si algo se rasgara. Como si alguien estuviera cortando el mismo viento y él conocía muy bien ese tipo de sonido y éste estaba en Japón, en aquel lugar donde hace tanto tiempo Kuroko abrió un portal con ayuda de Midorima para ir a La Noche.
A pesar de su semejante velocidad, por primera vez Aomine sintió que iba lento y trató de apresurarse lo más que podía.
Y así lo hizo y llegó a ese lugar, en un pequeño arroyo a las afueras de la ciudad de Tokyo, donde notó fugazmente como el reflejo de la luna era azul. Aunque lo que hizo su corazón diera un vuelco y su respiración se detuviera para agitarse fue otra cosa que pasó después.
Él esperó y esperó, mirando el agua como un lunático.
Y la figura atlética de Kagami apareció ahí.
¡BUMMM!
Jajajaja, ¿creyeron que en verdad dejaría a Aomina y Kagami separados? Pues no(?). Tal vez su reencuentro sea pronto o quizá ustedes esperaron que tomaría más capítulos, pero la verdad creo que para hacer eso, necesitaría meterle mucho relleno a la historia y no quiero que esto se vuelva como Naruto Shippuden(?), así que pensando bien, me gustó mucho mejor dejarlo así xD.
Además si me ponía a idear otras cosas, entonces todo se iba a alargar más y no tendría fin(?).
De todos modos, creo que éste pequeño lapso o timeskip sirvió para aclarar otras cosas y que otros personajes cerraran ciclos, por ejemplo, Kise. Él siempre será un personaje fundamental entre Kagami y Aomine, y no lo digo por el trío amoroso que se formó, cofcofcof, en algún momento lo entenderán(?).
Bueno, finalmente, ¡espero que puedan dejarme sus comentarios! He visto que no muchos lo han hecho y es un poco desmotivador, ya que no puedo saber su opinión y a mí me encanta leerla y disfrutar sus emociones que tuvieron al leer lo que escribo. Y así también sé si algo me falto o qué puedo mejorar xD.
Sé qué muchos leen entre las sombras, pero un comentario no les hará daño, ¿verdad? Piénsenlo, porque definitivamente a todos los fanfickers siempre nos motivan los comentarios de los lectores.
Vale, los estaré viendo pronto. ¡Besos!
