Empatía cap N° 5

Llevaban solos unas horas conviviendo en el mismo lugar y ya se habían recorrido toda la casa, tenían un pequeño living y una biblioteca con escritorio para que pudieran estudiar, la cocina no era extensa pero si lo suficientemente grande como para que ambos cocinaran juntos, cosa que jamás pasaría pensó la castaña.

La mañana transcurrió lenta pero para cuando llego la hora de cocinar ya tenía sus cosas desempacadas y ubicadas en su correspondiente lugar. Por ser el primer día la comida apareció en la mesa del comedor lista para servir y aunque Hermione odiara hacer trabajar de más a los elfos del colegio, se alegraba de que le enviaran el almuerzo ya que no había tenido tiempo de conseguir víveres. El rubio por su parte estaba más que feliz de que al menos se dignaran a atenderlos, por lo que juntos se ubicaron en la mesa para poder disfrutar de su manjar, aunque cada quien estuviera en uno de los extremos, para evitar todo contacto posible. Luego de comer y lavar los platos sucios noto que el rubio se acomodaba en el sillón colocando sus pies sobre la mesa para él te y frunció el ceño diciéndole.

- Malfoy! Baja los pies de la mesa ahora...

- ¿Perdón?... quien te dio el mando en esta casa... hago lo que quiero, cuando quiero Granger, ahora y siempre

-Entonces deja de comportarte como un vagabundo y baja tus pies de la mesa -dijo mirándolo molesta- yo no tome el mando de la casa, solo pensé que tenías algo de educación o como mucho sentido común

-la tengo, pero con las personas que se lo merecen… tú en cambio no has hecho nada para ganártelo

Su cabeza comenzaba a dolerle y el chico no hacía nada para ayudar más que comportarse como un cabezota narcisista. Suspirando cansada y furiosa por su sonrisa victoriosa subió al cuarto, hasta ver las cosas del joven Malfoy aun en su baúl, estaba muy equivocado si pensaba que lo dejaría tener tal desastre en su habitación

- Malfoy -bajo las escaleras molesta- ¡que esperas para ordenar tus cosas! No soy tu sirvienta

- ¿segura? Es que con esa ropa barata hasta te pareces a los elfos que tengo trabajando en mi casa, o acaso es un acto de caridad con los Weasley, quizás te gusta sentirte parte del grupo –le sonrió de lado, estirándose aún más en el sillón-

- vuelves a decir una sola cosa de los Weasley o hablar despectivamente de los elfos domésticos frente a mí y juro que me vas a conocer maldito hurón narcisista –acomodo su ropa, que según ella no tenía nada de malo, es decir un suéter unos talles más grande que ella y un jean despintado era lo más cómodo que tenía para ponerse a ordenar -

- ¿y se supone que eso es una amenaza?, porque créeme si lo es, prefiero perderte antes que tener que concerté, es más prefiero seguir diciendo verdades que tú te niegas a ver antes de tratar contigo de nuevo, si pudiera estaría aquí con alguien más interesante a la que si me gustaría conocer y no con la come libros santurrona que eres.

- ¿no estábamos en tregua? –Lo miro furiosa- por lo cual deja de parlotear y ve a ordenar tus cosas, porque no pienso hacerlo yo

- es verdad, la conveniente tregua, que suerte tienes Granger, ya no podre divertirme mientras te torturo –se puso de pie y camino hasta las escaleras, sin detenerse a mirar a la chica que por lo que sabía debía estar fulminándolo con la mirada-

Draco estaba cansado, no llevaban allí más de unas horas y ya deseaba ser torturado por su tía, eso era más fácil de soportar que estar encerrado con esa chica en una casa que tranquilamente podría entrar en su biblioteca, se sentía sofocado y un tanto asqueado de estar con tantas cosas Muggles cerca. Al llegar a la habitación observo que las cosas del lado de la Gryffindor estaban pulcramente ordenadas, los libros, fotos e incluso su ropa ya estaban adueñándose de la habitación, y eso no podía ocurrir… esa habitación era también suya, por lo cual no deseaba tener fotos de Potty y sus amigos en ese lugar, las pesadillas estaban fuera de discusión, asi que acercándose a su cama volteo los marcos para no verlos antes de ponerse a desempacar.

Mientras que en el living una castaña se debatía si debía escribir o no una carta a sus amigos, le había comentado que se marcharía por un tiempo, pero cuando notaran que Draco Malfoy tampoco se encontraba en el gran comedor, o en sus clases podrían llegar a sospechar algo, por lo que era más conveniente escribirle y contarle lo que había ocurrido, a que se enteraran por otro medio, resignada al no encontrar otra salida busco un pergamino y una lapicera para redactar la carta que provocaría su muerte prematura a manos de Ronald Weasley.

Le había llevado más tiempo de lo que había planeado, pero ya tenía sus cosas ordenadas y su ropa pulcramente guardada, al menos el viejo había accedido a que tuvieran sus propios closet, de esa manera mantendría a Granger lejos de sus cosas, no podía permitir que una sangre sucia tocara o si quiera estuviera cerca de sus pertenencias, las podría contaminar con algún tipo de peste. Estaba cansado y sudoroso, por lo que tomar un baño era una perspectiva que se tornaba sumamente agradable, así que busco una túnica color negro, una toalla para secarse y ropa interior; una vez listo salió del cuarto y fue al diminuto baño aunque deteniéndose al notar que no tenía idea de cómo se utilizaba esa cosa que colgaba de la pared. Cuando estuvo desnudo cubierto por una toalla miro las manillas confundido, pasaba la mano bajo la regadera pero no salía agua, ¿que se suponía que debía hacer?

-maldita cosa... – murmuro molesto con el pequeño artefacto plateado- ¡Granger!

Hermione estaba terminando la carta para sus amigos, realmente convencida de que Ron la mataría en cuanto tuviera oportunidad por haberle ocultado esa información sumamente valiosa con la que, de haberla tenido se hubiera negado a que se marchara del castillo. la Gryffindor estaba renegando de su suerte cuando el grito proveniente del piso de arriba la sobresalto, había casi olvidado que su némesis estaba en el piso siguiente de la misma casa.

- Maldito hurón -susurro- ¿que quieres? -preguntó en voz alta- no sé si lo sabias, pero las personas usualmente tienen una vida propia

- ¡que graciosa Granger!, pero eso no puede tenerme más preocupado –contesto con toda la ironía que le fue posible- Quiero que vengas me estoy congelando, ven... ¡Ahora!-se puso una bata y espero abriendo la puerta para que la castaña ingresara

- Voy a matarte -dijo poniéndose de pie y subiendo las escaleras- juro que voy a matarte si me haces pasar por esto de nuevo -susurro y evito mirarlo entrando al baño- ¿que no sabes usar?

- no se usar esta cosa - se acercó por detrás de ella y pasando la mano bajo la regadera, volteo a mirarla y pudo ver que las mejillas de la chica estaban tan roja como el cabello de su pobretón amigo por lo que no pudo evitar sonreír - no se activa... no pasa nada

-Eso es porque estamos en el mundo Muggle -cerro los ojos armándose de paciencia, para no matarlo allí mismo y cuando los volvió a abrir lo miro- aquí tienes que hacerlo todo manualmente -dijo abriendo la llave del agua-

Draco quito la mano enseguida pues el agua salió fría y entonces se apoyó en el hombro de ella para no caer solo así noto lo cerca que estaban, y que de esa forma podía ver las suaves pecas que cubrían las mejillas de la chica, como así también la forma en que se sobresaltó al sentir su mano sobre su hombro. La castaña, por su parte, trago en seco y respiro hondo, la había tomado por sorpresa y el diminuto lugar no la dejaba escapar rápidamente, no es que se sintiera cohibida con su presencia, pero le ponía nerviosa estar sola con él en un lugar pequeño, así que aclaro su garganta en un claro intento de que él se apartara

- bueno... Tengo que terminar de escribir mi carta... Así que... Me voy

- ¿Algo más que necesite saber de este baño Muggle?... - la miro y se apartó con cautela

- Mmm bueno... Esa llave de allí hace que salga agua caliente -dijo sin mirarlo- y allí están las cosas que necesitaras para ducharte…

- Vale... -miro a su al rededor y asintió- no creo que necesite más ayuda pero cualquier cosa te llamare - la miro cuando salió- dejare la puerta abierta por si es el caso

- No pienso volver a entrar -dijo saliendo rápidamente- así que trata de no llamarme de nuevo

Se ducho y puso un traje negro con una túnica de color verde esmeralda, seco su cabello con una toalla y cuando estuvo listo bajo a buscar a la chica que se encontraba rodeada de libros "ni siquiera se porque me sorprende, las ratas de biblioteca siempre vuelven a su hábitat natural" pensó mirándola mientras terminaba de bajar para tomar uno de los libros

-¿Metales preciosos del siglo XV? – La miro sin entender- ahora se te da por ser alquimista Granger

-En realidad estoy buscando información sobre el diamante gran genio – respondió sin mirarlo siquiera- por lo que si no es mucha molestia, ¿puedes apartarte para que pueda continuar leyendo?

- de eso nada, no te dejare resolver esto sola, corro peligro de que me dejes siendo un asqueroso Muggle el resto de mi vida

-yo no soy como tú – fue lo último que dijo la chica antes de desconectarse de su entorno y olvidarse que tenía al rey de Slytherin a solo un palmo de distancia.

Luego de horas en silencio, como si solo existieran ellos y nadie más la castaña sentía que necesitaba un poco de cafeína en su sistema, adoraba leer pero esos libros tan antiguos y anticuados que estaban comenzando a provocarle unas terribles ganas de dormir, pero no podía… no debía rendirse aún, así que suspirando marco la página donde se había quedado y fue a la cocina, sintiendo la pesada mirada del Slytherin sobre ella, pero fingió no notarla, al cabo de unos minutos volvió a ocupar su lugar con una humeante taza de café dispuesta a retomar su lectura, pero la voz de su compañero la saco de su momento de paz

-cuando alguien prepara algo, usualmente pregunta si la otra no desea lo mismo y no se sirve comida solo para ellas, además siendo tu una persona inferior deberías saber cuáles son tus obligaciones Granger

- Pues que pena, ve acostumbrándote porque yo no soy tu sirvienta -dijo fulminándolo con la mirada y volviendo con su café-

-que mal educada eres, eso pasa cuando los educan estúpidos Muggles -se levantó y se fue a la cocina- plebeyos

-Eres un odioso narcisista -dijo mirándolo molesta- yo no soy una mal educada, tu eres un niñito consentido que solo piensa que el resto nació para servirte, pero lamento abrirte los ojos, -dijo mirándolo fijamente- no eres el centro del mundo hurón

El silbo mientras ella hablaba y se sirvió un café, con un paño limpio su lado de la mesa y puso su taza y en medio galletas para ambos, sin decir nada se cruzó de piernas para retomar con su lectura pero al sentir que ella estaba por preguntar que era esa actitud suya solo atinó a decir

-Tregua Granger… ahora solo quiero leer –ella no replico cosa que el agradeció, logrando así perderse en las palabras que allí estaban plasmadas.

La tarde llego más pronto de lo que ellos habían notado, tan metidos en su lectura estaban que no habían notado que llevaban unos minutos golpeando la puerta, hasta que el rubio hastiado de no encontrar nada útil cerro el libro molesto. Al escuchar los golpes se puso de pie y fue a la ventana logrando ver a una joven menuda, con el cabello rubio rizado golpeando insistentemente la puerta con una mano, mientras que en la otra llevaba un pastel de bienvenida, el miro a la castaña y aclaro su garganta para llamar su atención, pero no parecía dar señales de vida por lo que bufando se acercó y cerro el libro que ella estaba leyendo

- ¿pero qué demonios te pasa? –lo miro molesta-

- tocan, ve a abrir – se quedó de pie mirándola- no esperaras que yo valla

- ¿y por qué se supone que debo ir yo?… ve tu yo tengo que guardar todo esto –sin decir más se puso de pie y comenzó a juntar los libros para llevarlos a guardar en su cuarto, no deseaba que un Muggle viera aquello

- Maldita sangre sucia – bufo molesto y fue a abrir la puerta, mirando a la chica por unos minutos notando la cara de ella, que era una mezcla de asombro y sorpresa- ¿quien eres y que quieres?

La chica estaba sumamente sorprendida, jamás había visto a un chico tan guapo en su vida, pero la ropa que llevaba puesta la había descolocado, ¿que se supone que era esa capa?. Sonriendo le tendió el pastel mientras lo analizaba con la mirada

-soy Diana, su vecina de enfrente y mi madre horneo un pastel de moras para ustedes… como señal de bienvenida al vecindario…

Hermione que ya se había encargado de recoger todo y acomodar el escritorio fue a la puerta a ver quién era, pero no esperaba encontrarse con una joven sumamente guapa charlando muy amenamente con un rubio que la miraba como si fuera una demente que escapo de san Mungo, sonriendo para aminorar el ambiente tenso que los envolvía se acercó más a ellos y noto el pastel

-Gracias por la bienvenida, yo soy Hermione y él es Mal... Draco... Llegamos aquí esta mañana y realmente no esperaba que nos dieran la bienvenida tan pronto...

-bueno, pensaran que soy una chismosa pero los vi… paseando por la casa, esa casa no tiene gente desde hace años... así que era obvio que se acababan de mudar…

-creo que ya sabemos de quien cuidarnos –murmuro el rubio entrando a la casa ignorándolas por completo, mientras dejaba el pastel en las manos de la castaña- iré a mi cuarto

-discúlpalo… no tiene muy buen humor... últimamente –fulmino con la mirada al chico y suspiro dejando pasar a la rubia sirviéndole una taza de café que había quedado preparada

Charlaron por un rato, mientras que diana la ponía al tanto de la situación del pueblo y de los locales o lugares que necesitaba recordar, como ser la biblioteca o una tienda para comprar lo necesario para sobrevivir. Draco por su parte se había negado a bajar por horas pero al notar que la joven no se marcharía pronto y que su estómago comenzaba a rugir decidió hacer acto de presencia y sentarse con ellas para poder consumir el pastel que había traído su vecina. La chica lo miro extasiada de que el accediera a estar allí y le sonrió coqueta

-¿que es ese traje tuyo?... eres un fanático de alguna banda… ¿o solo le haces propaganda a las fiestas de Halloween?

El ojigris la fulmino con la mirada y la castaña lo noto, por lo que sonriendo intervino al rescate del chico… o quizás era para que su vecina nueva no se metiera en más problemas...

-en realidad solo es un nuevo modelo de sobretodo… se usan mucho en... américa –sonrió nerviosa de que notara su mentira, pero al parecer no había sido así ya que la chica asintió asombrada

-¡eso es maravilloso!... quizás luego puedas hablarme más de américa... Pero ahora debo irme, espero verlos pronto –se puso de pie y Hermione la acompaño a la puerta

No podía creerlo, una Muggle se había burlado de su manera de vestir, de su ropa que era mucho más costosa que cualquiera de las casas de ese vecindario, estaba molesto, ofendido y colérico. Nadie se burlaba de él, de Draco Malfoy... él era el único que podía burlarse de los demás. Cuando la prefecta de Gryffindor volvió a la sala la miro interrogativamente, analizando su manera de vestir, Diana no se había reído de sus arrapos que ella llamaba ropa pero si de su elegante túnica, Hermione al sentirse observada frunció el ceño

-¿qué te pasa?... ¿Por qué me miras así? –se cubrió instintivamente-

-¿que tiene de malo mi túnica? Es mucho más elegante que los trapos que tienes puesto y solo me miraba a mí como si fuera un Weasley

- ¡que te dije de meterte con los Weasley! –lo miro molesta- ¿y sabes porque te miraba así? Porque pareces un maniático que escapo del loquero y cometió un asesinato al buen gusto

-¿que sabes tú del buen gusto sangre sucia? –la miro con desprecio subiendo al cuarto, ya comenzaba a dolerle la cabeza de nuevo- estúpida Muggle, estúpida Granger… yo si tengo buen gusto..