Antes de ni siquiera preguntarse si debería seguir molestando a su novio cuando ni son las ocho y media de la mañana -hora a la que Sasuke suele levantarse-, el primer instinto es contestar el teléfono sin ni siquiera replanteárselo.

—Dobe, ¿qué hora es allí?— Es todo lo que dice cuando la línea se abre, y algo ocurre en Naruto. Sus músculos se relajan, su corazón se acelera, y en mucho, mucho tiempo, él puede respirar bien. Ha vuelto la sensación que dejó atrás en el aeropuerto, cuando vio a Sasuke marcharse con su cabeza baja y diciendo que sí, que quizás lo echaría de menos, pero solo un poquito.—¿Estás bien?— Pregunta antes de darle tiempo a responder la otra pregunta, y Naruto recuerda el día antes de ir de viaje con sus padres.


Es doce de Marzo e, increíblemente, Naruto ya tiene preparada la maleta, colocada en el lugar de siempre -detrás de la puerta de Sasuke-y él está tumbado boca abajo en la cama, con los ojos cerrados e intentando no pensar que dentro de unas horas estará en un avión.

—Naruto, ¿has visto mi...?— Su tono muere entre sus labios, para dar una mirada por toda la habitación. Da tres pasos rápidos y se deja caer a su lado en la cama, para empezar a acariciar su espalda.—Hey, dobe, ¿todo bien?

—Sí, yo solo...— Quiere darse la vuelta y encararlo, pero entonces llorará, porque, ¿qué más va a decir? "¿No quiero ir en avión?" "¿No quiero hacer ese viaje?" "¿No quiero estar lejos de ti?" "¿Tengo miedo a estar con mis padres?" "¿No quiero seguir decepcionándolos?" "¿Por favor, dime qué hacer para no pasar frío con ellos?" Todo eran tonterías. No podía decir eso.— Estoy pensando.— Una buena forma de reducir el ataque de pánico que estaba teniendo interiormente.

Sasuke contrae sus labios y los aprieta con fuerza por la preocupación. Él sabe lo que pasa. Lo sabe desde hace años. Pero Naruto se tensa y parece que va a romperse cada vez que el tema sale, así que él de verdad no sabe qué hacer.

—¿De verdad?— Insiste, porque allí está su novio, con la cabeza escondida en la almohada, a punto de llorar.

Naruto levanta la cabeza y mira a Sasuke, quien le sonríe de forma cálida, sus ojos oscuros brillando hacía él, sus labios rosados por el frío, y es que a pesar de que están en la estación cálida, hay un problema con la calefacción y su piso retiene el frío en las paredes. Segundos después se fija en que lleva puesta aquella bufanda que él le regaló en su primer cumpleaños, cuando ni siquiera eran tan cercanos, la que ahora estaba algo deshilachada y suelta por los bordes.

—Te queda muy bien esa bufanda, Sasuke-teme.— Susurra, bajo y cariñoso, para luego dejarse caer de nuevo en la cama, esta vez sobre la almohada.

—Gracias. Entonces, ¿en qué piensas?— Pregunta, dándose media vuelta sobre sí mismo para así empezar a acariciar de nuevo la cabeza del menor. Naruto cierra los ojos ante el tacto y deja que la felicidad y la sensación de esto es lo correcto lo hagan sentir mejor.

—Oh, ya sabes, cuestionándome la vida.

—¿La vida? ¿Tú? ¿Dobe?— Ambos sueltan una pequeña risa, pero Sasuke de verdad que está preocupado.—¿Qué te cuestionas, Naruto?

—Es solo que... ¿La comida gratis compensa el mal Wi-fi? ¿Ver distintos paisajes merece la pena cuando no te sientes digno de estar con tu familia?— Y él sabe. Lo sabe a ciencia cierta, que está hablando de más, pero no puede cellar sus labios, por lo que sigue hablando, aún cuando Sasuke quiere preguntar. Y después, como si la cuerda se hubiese terminado, las palabras dejan de fluir.

—¿No quieres ir al viaje, verdad?— Pregunta, besando su coronilla y acariciando su espalda.— Eso está bien. No tienes porqué ir. Puedes quedarte aquí conmigo y veremos televisión, saldremos a pasear un rato, quizás iremos al parque, te llamaré idiota cuando te caigas en el cuarto pasaje, al lado de la tienda de helados, como siempre, luego regresaremos a casa, haremos de cenar y te haré el amor hasta que llegue la mañana de nuevo.

Dios, Naruto querría eso. Todo eso. Pero no puedo.

Tengo que ir, teme... Pero...— ¿siempre hace frío con ellos? No suena como algo que puede entender todo el mundo.— Simplemente desearía que la Wi-fi no fuese tan mierda, ¿sabes? He estado mirando en el hotel que nos quedaremos y ellos han elegido uno que exclusivamente, no tiene línea de internet.

—Y, ¿por qué no hablas con ellos?

—Porque me mirarían mal. Me dirían que son solo tonterías y que debo madurar. Me dirían que me estás llevando al camino oscuro y que necesito alejarme de ti. Me dirían que todo es mi culpa y que soy una decepción andante, porque he dejado la Universidad y estoy en un programa de radio que está destinado al fracaso, como yo. Además, ¿no necesito una razón para justificar este miedo y este desagrado hacia ellos?

Todo está en silencio tras sus palabras, porque ni sabe cómo seguir, ni sabe cómo ha podido decir eso, pero cuando se da cuenta, él está llorando. No es un llanto calmado con solo sollozos. No, él está llorando tanto que le cuesta respirar y está hipando, está llorando con tanto dolor y desgarro que parece que su garganta se va a partir en dos.

—Hey, dobe, tranquilo. Todo irá bien, lo prometo.— Le dice el menor, arrollándolo en sus brazos y depositando besos suaves por toda su cara.— Te lo prometo. Todo estará bien. Incluso si no está bien con ellos, debes saberlo. Tú no eres una decepción. Tú eres increíble. Has dejado la carrera, ¿y qué? Eso no te hacía feliz, solo te hacía dar vueltas por la casa queriendo desaparecer en tu cama. ¡Yo fui quien vi eso, no ellos! Ellos no lo entienden.—Después de tantos años que Sasuke guardaba esas palabras dentro de sí porque pensaba que Naruto no estaba listo, ahora ya puede dejarlas libres.— Ellos no saben nada, no saben las horas que le dedicas a preparar el programa de radio conmigo, como buscamos las noticias para las nuevas secciones y tampoco entenderán la sonrisa que muestras, amplia, brillante y rebosante de felicidad cuando salimos del estudio de grabación. Tampoco se darán cuenta de lo tímido que te pones y la vergüenza que te da cuando encontramos algún fan por la calle y nos agradece por lo que hacemos. ¿Eso ser una decepción? Porque si buscar ser feliz y luchar por tus sueños es serlo, estoy orgullo de que lo seas, y hace que te quiera aún más.

En algún momento de este discurso que no estaba para nada planeado, Naruto detuvo su llanto, llenándose de calma y deja que las palabras de Sasuke se graben en su cabeza para repetirse que está bien.

—Yo sabía que te sentías así, pero no tan... tan devastado, Naruto. ¡Deberías habermelo dicho! Te vi el año pasado, con el día del padre, y pensé que si te hablaba de ello te romperías tanto que no habría punto de retorno...

—Lo siento. Pero... ¡oye, me quejo todo el rato del Wi-fi, ¿no?!— Bromea, porque no sabe qué más hacer. Siempre le es difícil hablar sobre sí mismo, y sobre todo después de lo que Sasuke le ha dicho. ¿Está orgulloso de él?

El semblante del mayor es oscuro y triste, y está apretando sus manos en puños.

—Sí... sí, tienes razón, siempre lo hacías.

El silencio cae entre ellos, mientras están abrazados en la cama, acariciándose y besándose con pereza y mimo.

—Para ti.—Susurra Sasuke, dándole una especie de anillo hecho con hilos que se han desprendido de su bufanda.—Para que te acuerdes de mí.— Susurra y Naruto sonríe felizmente, la mejor sensación que ha sentido desde que llegó la semana de ir 'de viaje'. Cuando se levante, la colocará dentro de la maleta, al lado de su identificación, ya que en los dedos, se le caerá porque... Bueno, es Naruto y es un poco desastre. Y eso está bien. Sasuke se siente orgulloso de él, y quizás él también lo está de sí mismo.

—Gracias teme.— Se acerca y lo besa dulcemente, y el beso sabe a te quiero, te voy a echar de menos y a gracias por estar ahí siempre.

—De nada, dobe. Y... por favor, habla conmigo. Sea de lo que sea. De lo mal que va el internet, o de lo que sea. ¿Vale?

Naruto asiente con simpleza, como si fuese lo más fácil del mundo.

—Vamos. Vamos a ver Hamilton de nuevo, ¿vale?— Propone Sasuke, mientras estira y conecta su mano con la del menor. Este asiente y se deja arrastrar hasta el salón, donde las canciones del Musical que ahora está de moda inundan el salón. Y es allí, entre los brazos de Sasuke, las canciones de fondo, los besos delicados y las sonrisas espontáneas que se pregunta si uno no puede elegir el hogar. ¿La familia es hogar? ¿Qué es hogar? ¿Quién es hogar?


—Síp, teme, estoy bien. Solo quería decirte que mañana dentro de dos vuelvo a casa y... que te echo de menos.

—Yo también te echo de menos, dobe. ¿De verdad estás bien?

—Sí. Ha sido un día extraño, pero ahora estoy bien. De verdad.— Y es verdad. Ahora lo sabe. Mientras deja la playa de fondo, y camina de vuelta al hotel, sabe que ahora sí estará bien. Porque por fin lo está comprendiendo. Por fin lo tiene seguro.

Hogar no es casa. Hogar no es ubicación. Hogar son las personas. Las personas que te hacen sentir bien. Las que tú eliges.

—¿Naruto? Sea cual sea la razón, me alegro de que vuelvas a casa, ¿sí?

—Eso espero, teme. ¿Has comprado muchos tomates mientras yo no estaba?—Está cerca del hotel, a tan solo una calle de distancia, y a pesar de que algo en su pecho se contrae, él sigue riendo.

—Bastantes, pero también he comprado algo de ramen para ti.

—Eso está bien. El año que viene vendrás con mi familia a la casa de la Playa, ¿verdad? Ellos te quieren allí.— El asiente sintiéndose tonto porque Sasuke no puede verlo, así que responde con un sí, entusiasmado y encantado.

Cuando llega a la recepción del hotel, son exactamente las ocho de la mañana. Él ha pasado toda la noche fuera prácticamente y quizás ha sido la mejor noche desde que llegó a estas vacaciones. Él va al salón, y ve allí a sus padres, sentados con su hermano, charlando tranquilamente, y no tiene que acercarse mucho para saber que están hablando algo de la novia de Deidara. Seguramente se irán a vivir juntos. Suspira y con un gesto, los saluda con la mano. Ellos le indican que se sienten con ellos y él lo hace.—Mis padres están comiendo y voy a ir con ellos, ¿vale?

—Vale, dobe. Disfruta de las vacaciones. Te... quiero.

Se sienta en la mesa y hace lo que nunca ha hecho.

—Yo también te quiero, Sasuke.— Seguidamente cuelga, y mira a sus padres que están callados. Deidara lo está mirando con una sonrisa y susurra algo de "que asco, demasiado cursis", pero sus padres no dicen nada. Y está bien. Hay distintas familias, y a él le ha tocado esta. Y está bien. Solo tiene que pasar una semana al año con ellos y ahora sabe que no debe importar lo que ellos digan o hagan porque su hogar no está ahí. Su hogar está con Sasuke, con la familia que sabe que formarán juntos. Y él será un gran padre, cuidará a sus hijos, los hará sentir querido y hará de su casa un hogar para ellos donde nunca pasen frío. Así que lo demás, ahora es consciente de ello, no importa.

—¿Sasuke?—Suena raro el nombre de su novio en los labios de su madre. Él asiente. No hablan de anoche o de cómo están rotos. Su familia se basa en eso. Silencios que gritan y heridas tapadas.

—Sí. Él quería saber cómo estaba.

—Oh. Está bien.

Y se queda allí sentado, quizás con algo de frío aún por su cuerpo, sirviéndose una tostada con mantequilla, con la batería del móvil medio acabada y una conexión demasiado mala de Internet, y con su familia rota.

Y no está bien.

Pero él lo está. Lo está ahora.

Porque muy pronto volverá a su hogar.


¡Y, finalmente, lo hemos terminado! Naruto ha aprendido qué es hogar y que tu 'familia' de nacimiento no debe sentirse como uno. El hogar lo eliges tú, tú eliges donde quieres pertenecer y con quien quieres estar.

¿Qué tal? ¿Les ha gustado?

Realmente tenía muchas ganas de escribir sobre esta temática porque por problemas personales, me costó aprender esto, y... no sé, de alguna manera quería que mi 'Naruto' lo descubriese de forma más lenta, dándose cuenta de que no hay nada de malo con ello, y que hay familias y familias.

¡Nos leemos! ^_^