CAPÍTULO 3
EL CICLO

Yokohama, Kanagawa
17:06, 13 de abril de 2016

La presentación tomó a todos los jóvenes por sorpresa. A nadie se le había comunicado nada. De no haber sido por la naturalidad con la que aquel tipo se había presentado como el nuevo entrenador, Hideki se hubiera creído que era una broma de mal gusto. Apenas unos días atrás el director Kogure le había dicho que seguía sin noticias de sus posibles candidatos para ocupar el puesto. Y ahora lo tenía allí, justo enfrente. Un hombre que decía ser su nuevo entrenador.

‒ Encantados de conocerle, entrenador. ‒ se adelantó Nobuo, utilizando el tono formal que le caracterizaba. ‒ Por favor, acérque…

El joven trató de continuar, pero el recién llegado alzó la mano derecha, pidiéndole que parara. Con la otra seguía rascándose su cabeza llena de cabello pelirrojo, ya algo canoso, y en sus labios se esbozaba una sonrisa incómoda.

‒ Mirad muchachos, si tengo que ser totalmente sincero con vosotros… no tenía previsto todo esto. Mi intención era pasar desapercibido. ‒ confesó, mientras se acercaba al cúmulo de jugadores veteranos. ‒ Y veo que hoy ya lo tenéis todo muy controlado y organizado. ‒ dijo, en clara referencia a como el equipo de capitanes había organizado la jornada de inscripciones. ‒ No quiero estorbaros. Así que si os parece bien... yo me sentaré ahí, sin molestar, y vosotros podéis seguir como si no estuviera. ‒ su mano señaló uno de los bancos de madera que se colocaban al borde de la pista. ‒ Os lo pido como un favor. ‒ terminó, bajando la mano con la que rascaba la cabeza, colocándola dentro de los bolsillos del pantalón como ya había hecho con la otra.

Allí, una vez estuvo al lado de todos los jugadores, quedó algo muy patente. Pese a que los años habían empezado a pasarle una evidente factura, el entrenador había sido un tipo imponente. El hecho de que fuera más alto que todos los integrantes del equipo era una muy buena señal. Su complexión bastante fuerte y musculada que conservaba todavía a sus cuarenta servía como la confirmación de ello.

‒ Comprendo. ‒ dijo Hideki, tomando el papel de capitán una vez recuperado de la sorpresa. ‒ Haga como desee, señor.

Aquello último le cayó como una patada en la entrepierna a Hanamichi. La palabra "señor" le hizo sentirse viejo y le hirió el orgullo. Un orgullo que se había visto ya tocado al no haber sido reconocido por ninguno de los presentes cuando dijo su nombre. Se había hecho demasiadas esperanzas. Creer que un grupo de estudiantes de preparatoria recordaría su nombre había sido una estupidez. Por el amor de Dios, hacía veinte años que había dejado el Shohoku. Por muy famoso y polémico que hubiera sido en su día, su nombre había desaparecido a medida que el ciclo de jugadores entrantes y salientes había seguido su imparable curso.

‒ Siento la interrupción chicos. ‒ dijo, sentándose en la banca. ‒ Por favor, continuad.

Una vez sentado, sus ojos se encontraron directamente con la mirada de uno de los novatos. Se trataba del joven alto y de cabellos morenos. Al que había interrumpido al entrar. Era el único que todavía le observaba detenidamente, con una mirada y una presencia que a Hanamichi le eran vagamente familiares.


Yokohama, Kanagawa
17:07, 13 de abril de 2016

La aparición del entrenador provocó reacciones distintas en Kawata y Shiro. Mientras que el primero lo consideró como una muestra de falta de seriedad, el segundo sintió cierta empatía por aquel tipo grandullón y aparentemente torpón que había entrado en el gimnasio. "Me gusta este tipo." se dijo para sí mismo Shiro, mientras en la cabeza de su amigo se formulaba la sentencia opuesta. Sin embargo ambos coincidieron en algo, en el hecho de que dejaron de lado sus pensamientos propios cuando la voz de Hideki se hizo sentir de nuevo en el interior del gimnasio.

‒ Bueno, vamos a continuar dónde lo dejamos. ‒ el capitán se tomó unos segundos para recordar exactamente dónde se encontraban cuando la puerta se había abierto. Tardó poco en caer en la cuenta de que era el momento en el que el último novato se había presentado como un ex-jugador de la escuela secundaria Ochanomizu. Antes de continuar se dio la vuelta sólo un segundo y agarró con la mano uno de los balones que tenía a su espalda. Nobuo al verlo no pudo evitar contener una sonrisa. Sabía lo que venía a continuación.

‒ Vamos a jugar un partidillo. Tres contra tres. Los de primer año contra los veteranos. ‒ los tres más jóvenes se buscaron entre ellos con la mirada. Cada uno con una cosa distinta pasándole por la cabeza. Los nervios en el caso de Kawata eran emoción en Shiro y cierto resquemor en Hayao.

Por su parte, Hideki se acercó a Nobuo y le hizo saber que él sería uno de los dos que jugarían con él en el equipo de veteranos. El otro elegido fue Aki Ueda, el tercer y último jugador de tercer año. Se trataba del más bajito de los tres, pues se quedaba unos pocos centímetros corto para llegar al metro ochenta. Por su parte, Hideki sí superaba esa marca por unos dos o tres centímetros. Mientras que Nobuo estaba un poco por encima del metro noventa. Por último, uno de los jugadores de segundo año quedó a cargo de arbitrar el encuentro.

‒ Vamos a enseñarles de que somos capaces los más viejos. ‒ dijo el joven de gafas, mientras los tres veteranos calentaban un poco antes de saltar a la pista.

En el otro lado, los tres aspirantes a formar parte del equipo aquel año se juntaron en un círculo para hablar entre ellos. Fue Hayao quien tomó la palabra inmediatamente.

‒ Yo jugaré abajo, en el poste, me encargo de marcar al tipo con gafas. ‒ el tono del joven era autoritario. Más cercano a una orden irrefutable que a una petición. ‒ Tú puedes encargarte del capitán. ‒ dijo, refiriéndose a Shiro, que le observaba con el ceño fruncido. ‒ Y tú te emparejas con el más bajito. ‒ comentó a Kawata, que apenas le escuchó, pues su mirada estaba fija en su marcador. Su comportamiento ausente no era casualidad. Sus pensamientos giraban alrededor de la enorme diferencia de altura que había entre él y Aki, su más que posible marcador. El golpe que su amigo le dio en la espalda le devolvió de sopetón a la realidad.

‒ No te preocupes tío. ‒ le respondió Shiro a Hayao esbozando una sonrisa y alzando el pulgar. ‒ Kawa y yo lo tenemos todo controlado. Entre los tres vamos a patearles el culo. ‒ su actitud bravucona y confiada no dejaba lugar a dudas, creía totalmente en lo que decía. Las únicas respuestas que obtuvo fue una tragada de saliva de Kawata y un suspiro de Hayao, que rápidamente les dio la espalda y se dirigió hacia la cancha para calentar.

‒ Menudo cretino. ‒ le susurró Shiro a Kawa. "Tiene razón, pero es un cretino alto y talentoso" pensó el segundo. No hacía falta ser ningún ojeador profesional para ver que el tal Hayao tenía talento. Que en su caso, por desgracia, parecía venir acompañado de una actitud bastante deplorable.

‒ Vamos a calentar, va. ‒ fue lo único que dijo Kawata, que siguió los pasos de Hayao y se dirigió hacia la banda para realizar las rutinas de preparación.


Yokohama, Kanagawa
17:16, 13 de abril de 2016

El calentamiento apenas duró unos diez minutos. Tiempo tras el cual Oba, el alumno de segundo encargado de arbitrar, se dirigió hacia el centro del campo y llamó a los dos equipos para hacer un salto inicial.

Durante esos diez minutos esperando sentado en el banquillo, Hanamichi se informó tanto como pudo de los jugadores que iban a estar en pista. No preguntando, sino simplemente escuchando a los miembros del equipo hablar. Lo más destacado es que daban por supuesta una aplastante victoria de los miembros veteranos. Nobuo, el chicho alto con gafas, parecía tener fama de buen anotador en el poste bajo con buen tiro de media distancia, mientras que Hideki, el capitán de aspecto rudo y cabello rapado, era considerado un implacable defensor. El tercer miembro del equipo parecía ser un jugador muy común, sin rasgos destacables, pues apenas oyó mencionar su nombre. Pero no eran ellos quienes en ese momento interesaban más al entrenador. Prefería prestar atención a los tres jugadores más jóvenes del gimnasio. Kawata, Shiro y Hayao eran los nombres que había oído usar para referirse al bajito, al ruidoso y al prepotente respectivamente. Todo ellos enormemente diferentes entre sí, tanto en la actitud como en lo físico. Sus ojos estaban sobre ellos, tenía interés para ver de qué iban a ser capaces. El exhaustivo análisis que hizo de los movimientos que hacían durante el calentamiento le hizo reír al pensar cómo hacía veinte años había entrado en aquel mismo gimnasio sin tener ni idea de baloncesto y ahora se sorprendía a sí mismo haciendo uso de un ojo analítico que tiempo atrás nunca hubiera creído que podría desarrollar.

‒ Os explico. Gana el primero que llegue o supere los veinte puntos. Jugamos limpio, ¿entendido? ‒ preguntó el jugador encargado de arbitrar desde la banda, a lo que todos asintieron.

El "árbitro" entonces se dirigió hacia el círculo central con la pelota, haciendo que todos se colocaran en sus posiciones, incluyendo a Shiro y Nobuo, los saltadores de cada equipo.

La presencia del jugador de primero en el salto llamó la atención de los presentes. Hayao era más alto que él, y habitualmente el puesto de saltador era para el jugador de mayor altura de cada equipo. Todos, Hanamichi incluido, ignoraban que tanto el propio Shiro como Kawata habían insistido en que así fuera, obligando a que su compañero de equipo cediera a regañadientes.

Entonces sonó el silbato, el balón se alzó en el aire y las dudas se despejaron de inmediato. Más de uno abrió los ojos como platos al ver como el jugador de primer año superaba ampliamente a Nobuo, que le sacaba casi diez centímetros, con su potencia de salto, alcanzando el balón antes y lanzándolo hacia atrás, en dirección a la posición de Kawata. Una demostración de físico tan abrumadora que hasta sorprendió a su entrenador, que desde la banda no pudo sino abrir los ojos y apretar los puños al ver a aquel muchacho saltar como si tuviera muelles en las piernas. Una visión que, unida al lugar en el que estaban, le invadió de viejos recuerdos.

El menudo jugador de primer año recogió el balón desviado por su compañero y, sin perder un segundo, botó el balón en dirección al aro contrario. Al ser el único base de los tres novatos, sobre sus hombros recaía el peso de conducir y distribuir el juego durante el ataque. Una tarea crucial que Aki, su defensor, estaba dispuesto a impedir. El jugador de tercer año empezó a defender a Kawata con espacio de por medio, seguramente temeroso de que el menudo jugador le pudiera superar en la penetración al aro, pues sabía que la diferencia de altura le permitiría defender los tiros. Pero el base no tenía intención de tirar, tampoco de entrar a canasta. Presa del miedo, Kawata buscó que la carga de anotar los puntos cayera en sus compañeros. Por eso no dudó en lanzar un pase al poste bajo cuando Hayao se lo pidió.

El joven moreno atrapó el balón sin problemas y se giró, encarando a un Nobuo que le dejó un poco de espacio. Una defensa conservadora, propia de aquel que desconoce por completo a su rival, pero mortal ante jugadores tan hábiles como el novato. Un movimiento, fingiendo iniciar el bote, y un paso en falso fueron una finta suficiente como para que el joven de gafas se preparara para defender una entrada a canasta que nunca llegó. Al ver que la finta funcionaba, Hayao armó rápidamente el tiro y lanzó, encestando limpiamente. Haciendo que los de primer año tomaran la primera iniciativa en el marcador (2-0).

La jugada no pasó desapercibida en el gimnasio. Más de uno silbó al ver la pulida maniobra ofensiva del novato. "Ha leído su defensa en un instante, le ha fintado y ha lanzado un tiro rápido y de mecánica impecable. Ese chaval no tiene nada que envidiarle a ninguno de los presentes." pensó Hanamichi. Lo cierto era que no le había sorprendido. Un famoso comentarista deportivo decía que todos los genios sonreían igual. Y aquel joven desprendía aquella aura característica de los agraciados para el deporte de la pelota naranja.

Una arenga de Hideki precedió el inicio de la jugada ofensiva de los veteranos, cuya dirección de balón quedaba a manos de Aki. Quien, una vez emparejados todos los jugadores, no dudó un solo segundo en pasarle el balón a Nobuo. El pase, picado, llegó al interior de la zona, dónde Nobuo aguantaba la posición de espaldas al aro pese a la pegajosa e insistente defensa de Hayao. Una defensa que resultó inútil. En una exhibición de juego de pies, el veterano bailó sobre el parqué y con un gran giro con bote se aseguró una bandeja que empató el encuentro (2-2) y confirmó que su fama de hábil anotador interior era merecida. Hayao por su parte miró en dirección a su oponente y apretó los dientes.

El equipo de novatos contraatacó rápido, con un pase de Kawata a Shiro, que se plantó cara a cara con el capitán en la línea de tres. El jugador de primero se dispuso a botar el balón para tratar de superar a su defensor pero antes de que pudiera botarlo por segunda vez, Hideki se lo robó con una facilidad pasmosa, haciendo uso de un rápido movimiento con el brazo. Instantes después, el capitán del equipo se dirigía a la carrera para anotar dos puntos a la contra. Una canasta que creía fácil hasta que la silueta de Shiro le alcanzó por el interior. El joven había enmendado su error recuperando el terreno gracias a su gran velocidad, logrando detener la entrada a canasta de su oponente. Por desgracia Kawata no había logrado lo mismo y Aki solo necesitó que su capitán le pasara el balón para culminar su carrera con una bandeja sencillísima (2-4).

‒ ¡Maldita sea! ‒ maldijo, enfadado, Shiro. ‒ Lo siento chicos. ‒ se disculpó con sus dos compañeros de equipo, sin recibir respuesta alguna.

Mientras conducía el balón de vuelta al área rival, Kawata dirigió una mirada furtiva a Hideki. No había podido evitar fijarse como había anulado por completo a su compañero de equipo en las dos primeras jugadas, incluso forzándole una pérdida de balón. Era indudable que se trataba de un buen defensor, con un marcaje asfixiante y, aparentemente, hábil en el robo de balón. Mientras siguiera anulando a Shiro negándole la oportunidad de un uno contra uno ventajoso, no le quedaba más opción que confiar en su otra arma ofensiva.

A diferencia de la primera jugada, esta vez Hayao pidió el balón más alejado del aro. Dónde, tras recibir el pase y encarar de nuevo a un Nobuo mucho más pegado a él, entró a canasta con un cambio de ritmo rápido y un buen bote de balón. El jugador de tercer año no pudo seguir a su contrincante, que anotó una bandeja fácil (4-4).


Yokohama, Kanagawa
17:26, 13 de abril de 2016

A partir de ese punto, el partido se estabilizó por un buen rato. El marcador nunca alcanzó una diferencia mayor a cuatro puntos, mientras cada equipo atacaba al contrario donde más le dolía.

El juego de pase y circulación de balón de los veteranos demostraba la química conseguida tras dos años jugando juntos. A la vez que ponía en aprietos la defensa hombre a hombre utilizada por los de primer año, especialmente la del menudo base novato. Quien, pese a las ayudas defensivas de Shiro, veía como era el agujero en la defensa de su equipo.

Los estudiantes de primero, por el contrario, basaron su ataque en el talento individual. Concretamente en el de Hayao. Mientras que las anotaciones estaban muy repartidas en el caso de los veteranos, el novato estrella había anotado todos los puntos de su equipo salvo dos, que habían sido una bandeja de Shiro tras un desajuste defensivo de los de tercero.

"No cabe duda. Es uno de esos jugadores que marca diferencias." pensó Hanamichi al ver como Hayao anotaba por sexta vez para empatar el partido (14-14). Su presencia en el equipo le agradaba. Cualquier entrenador mataría por tener en su equipo a un jugador con semejante talento a ambos lados de la pista. Sin embargo su actuación sobresaliente estaba empezando a suponer un problema para él. Al estar recibiendo todos los balones en ataque, apenas tenía ocasión de ver en acción a sus dos compañeros de equipo. El joven que había hecho el salto inicial, Shiro, sí había tenido ocasión de mostrar algunas cualidades interesantes. Su poderío físico era evidente y su defensa, apoyada en esas capacidades físicas, no era nada mala para un jugador de primer año. Dejaba buenas sensaciones aunque Hideki le hubiera anulado totalmente en ataque, dónde parecía ser más limitado y tener talento por pulir. Sin embargo, al entrenador quien le había llamado más la atención en los últimos minutos era el base. Tenía buena visión de juego y sus pases habían sido precisos. Pero había algo en él que fallaba. Y por mucho que lo observara, Hanamichi no era capaz de discernir el qué. Su defensa era limitada, como la de la mayoría de jugadores recién salidos de la secundaria, pero eso no era lo más destacado. Kawata no había lanzado ni un solo tiro, ni tampoco había entrado ninguna vez a canasta en todo el partido. Y había tenido más de una ocasión clara para hacerlo. Y eso no tenía nada que ver con su físico ni su técnica.

El siguiente ataque de los jugadores de tercer año sacó al entrenador de su ensimismamiento y le devolvió al curso del encuentro. La jugada se inició con un pase a Nobuo, situado en la línea de tiro libre. Era allí desde dónde el veterano interior había demostrado ser más peligroso gracias a sus hábiles movimientos de cara a canasta y un gran tiro de media distancia. Seguramente con eso en mente, Shiro se acercó hacia él, esperando dar un ayuda defensiva que nunca llegó a ser necesaria. El joven con gafas se percató de ello y lanzó rápidamente un pase a Hideki que, con espacio y tras la línea de tres puntos, armó el brazo y lanzó antes de que el propio Shiro tuviera tiempo de llegar a molestarle el tiro. El lanzamiento fue impoluto, entrando en el aro sin siquiera tocar casi la red. Una jugada que provocó algunos aplausos y vítores de los jugadores en la banda. El capitán, que se había limitado a anotar con penetraciones a canasta hasta el momento, se había guardado un as en la manga. Su mano con los triples (14-17).

Los jugadores de primero sacaron de fondo con un rostro mucho más serio que jugadas atrás. Pese a haber aguantado el ritmo hasta ese entonces, el final del encuentro estaba llegando y eran ellos los que estaban más cerca del borde del precipicio. Llegaban los momentos cruciales del partido. Hayao era consciente de ello. Por eso le pidió el balón a Kawata incluso antes de cruzar la línea de media cancha. Pese al gesto algo extrañado tanto del menudo base como de su ruidoso amigo, el primero accedió y le entregó el balón al moreno. Su plan era tan sencillo como claro, superar a su marcador con el bote de balón y anotar un triple para igualar el marcador. Pero todo se vino abajo en el momento en el que el novato se dio cuenta de que su marcador no llevaba gafas. Nobuo y Hideki se habían intercambiado marcajes. Y el segundo no cayó dónde su compañero sí lo había hecho. Ninguno de los amagos de Hayao funcionó, viéndose obligado a lanzar un tiro forzado que no tenía posibilidades entrar.

‒ ¡Reboteee! ‒ gritó el capitán del Shohoku, arengando a sus dos compañeros a capturar el rechace al mismo tiempo que se preparaba para salir en carrera y lanzar un contraataque.

Una contra que nunca se llegó a formular. Cuando Hideki se dio la vuelta y miró hacia el aro pudo ver el balón salir rebotado con fuerza tras golpear el hierro. Y cómo Shiro superaba a Nobuo en el salto por el rebote. El jugador de primero, desequilibrado y con un único brazo estirado, sólo fue capaz de golpear el balón con los dedos. Pero eso y algo de fortuna con el rechace en el tablero hicieron que el balón bailará un poco sobre el aro pero terminara pasando por dentro de la red (16-17).

Hanamichi sonrió. El salto del novato de primero habría sido falta en ataque en un partido convencional debido al excesivo contacto. Pero eso no era lo importante en ese momento. Lo crucial era el hecho de que aquel muchacho de primero delgado y con pelo castaño liso había superado por más de diez centímetros en una lucha aérea a un jugador que le sacaba esa misma estatura. Y era la segunda vez que lo hacía en aquel partido.

La respuesta de los veteranos de tercero no se hizo esperar. Tras una combinación rápida, Nobuo encestó un tiro de media distancia que dejaba el partido a una única canasta de la victoria de aquel equipo (16-19). Esta vez Kawata ignoró las peticiones de pase de Hayao y condujo él el balón hasta el campo contrario. Rápidamente miró a ambos lados. Sus dos compañeros de equipo estaban siendo fuertemente marcados por Hideki en el caso de Hayao y por Nobuo en el de Shiro. Su mirada entonces se dirigió al frente y notó enseguida que su defensor le estaba dejando un paso y medio de separación. Distancia más que suficiente para lanzar un triple con espacio. Miró al aro, luego a su defensor y, por último, a Hayao.


Yokohama, Kanagawa
17:32, 13 de abril de 2016

El entrenador lanzó un lamento cuando Aki interceptó el pase que su oponente, el base de primero, lanzó hacia su compañero estrella. Una decisión tan previsible como incomprensible teniendo en cuenta tanto el desarrollo del partido como la mala defensa que el de tercero estaba ejerciendo en aquella jugada.

Pese a los esfuerzos de Hayao y de Shiro para volver atrás y parar la contra, su contrincante simplemente tuvo que entrar a canasta con toda la facilidad del mundo para anotar la última canasta. La que hizo que el "árbitro" del partido hiciera sonar el silbato para finiquitar el encuentro y desatara unas contenidas felicitaciones a Aki de parte de todos los jugadores del equipo y silenciara por completo a los tres chicos de primero. Kawata contuvo una lágrima de impotencia, mientras que Shiro y Hayao se dirigían, cabizbajos y visiblemente decepcionados, hacia los de tercero para cumplir con la formal felicitación posterior al partido.

‒ Buen trabajo. ‒ Nobuo se acercó a los tres novatos, tendiéndoles la mano. Todos ellos respondieron con la misma frase, un apretón de manos y su mejor expresión de rabia contenida, especialmente Hayao y Shiro. "Son buenos y competitivos… este año será interesante." pensó el joven de gafas.

‒ Buen partido, los seis. ‒ el entrenador se levantó del banquillo y alzó la voz, al mismo tiempo que daba un corto pero sonoro aplauso para felicitar a los jugadores. Se dispuso a hablar, pero la voz de Shiro le interrumpió.

‒ Entonces… ‒ el joven alzó la cabeza, que había mantenido agachada hasta ese entonces, y miró directamente a los ojos de Hanamichi, que sólo pudo ver en ellos la rabia propia de aquel que desea ganar con todas sus fuerzas. Incluso en partidos insignificantes como aquel. ‒ ¿Estamos aceptados en el equipo o no?

‒ Por supuesto, por supuesto. Jajajaja. ‒respondió, sonriente, el pelirrojo mientras un escalofrío le recorría la espalda. La voz del joven transmitía perfectamente lo que sentía. Rabia. Por su parte, a Hanamichi se le había olvidado por completo que aquellos tres novatos todavía no habían sido formalmente aceptados en el club. Aunque él en su cabeza ya contaba con ellos desde el momento en el que había visto botar el balón. El equipo no andaba demasiado sobrado de plantilla como para poder permitirse rechazar a tres nuevos jugadores. ‒ Nos veremos dentro de dos días a las cinco en el gimnasio. ‒ dijo, tras lo que cogió del suelo la bolsa que había llevado consigo. ‒No tengo nada más que deciros por hoy. Haced lo que os plazca. Quedaros a entrenar por vuestra cuenta, ir a casa, ... me da igual. Lo único es que quiero que seáis puntuales pasado mañana. ¡Hasta la próxima! ‒ sentenció, despidiéndose con la mano, dándose la vuelta y marchándose por dónde había venido, recibiendo la despedida unánime de todos sus nuevos jugadores.


Yokohama, Kanagawa
17:37, 13 de abril de 2016

Tal y cómo les había mandado, cada uno de los jugadores hizo lo que le pareció más conveniente. La gran mayoría de los que no habían participado en el partido decidió marcharse a casa y aprovechar el día para descansar. Kawata hizo lo mismo, pero en su caso el menudo base se marchó cabizbajo y silenciosamente, sin siquiera despedirse de su amigo de toda la vida, al que dejó sólo en el gimnasio practicando y charlando un poco con los tres estudiantes de tercero contra los que había jugado minutos atrás. El último novato, por su parte, no tenía intención de marcharse a casa pero salió rápidamente al exterior del gimnasio una vez el entrenador hubo cerrado la puerta tras de sí. Por suerte, Hanamichi se entretuvo a sacar un cigarrillo de su chaqueta antes de ponerse a caminar de vuelta al aparcamiento, por lo que no tuvo problema en alcanzarlo.

‒ ¡Entrenador Sakuragi! ‒ le gritó, algo jadeante, mientras se limpiaba el sudor de la cara con una toalla blanca.

‒ Hey, Yamakawa. ‒ le respondió el pelirrojo, hablando con dificultad al tener el tabaco entre los labios, dándose la vuelta para mirarlo directamente a los ojos. ‒ Muy bien partido, chico. Tienes un don para esto. ¿Querías algo? ‒ dijo, lanzando la pregunta obvia, tras elogiarle aprovechando en ambiente algo más privado y quitarse el cigarro de la boca.

‒ Quería preguntarle una cosa… ‒dijo el estudiante de primer curso, mostrando una faceta algo más tímida que la que había dejado ver en la cancha durante el entrenamiento. Sus gestos con las manos y el rostro también indicaban que buscaba privacidad, algo que su posición actual no le otorgaba en demasía. Por eso Hanamichi, empezó a andar haciéndole señas de que le siguiera.

‒ Por supuesto, dispara.

‒ Usted conoció a mi padre, ¿verdad?


Notas del autor:
Me asusta que se esté convirtiendo en costumbre peeeeeeero es lo que hay. Os pido perdón (otra vez) por la tardanza. Mi excusa esta vez es que la culpa es de la universidad, no mía. Ahora bien, bromas aparte, espero que el próximo capítulo tarde menos (antes de Navidades) porque lo tengo bastante avanzado ya.

Ahora hablando del capítulo, creo que no os podéis hacer una idea de la de dolores de cabeza que me ha dado el partidillo. Quería que quedara bien, se entendiera y que dejara claras las habilidades y defectos baloncestísticos de cada uno (espero haberlo conseguido). Es más, una vez lo tuve terminado lo borré entero porque no me gustaba y lo reescribí, con mejores resultados bajo mi punto de vista. Creo que también queda claro que Nobuo es un buenazo, Hideki un seco, Shiro un joven muy competitivo y Kawata alguien muy inseguro. Quizás me faltó profundizar más en Hayao (que sólo se ha visto que es un orgulloso y un prepotente) pero eso es cosa del siguiente capítulo. Siento dejaros con semejante "cliff-hanger" pero quedaba demasiado bien cortar aquí...

Para el próximo voy a terminar de introducir al equipo, profundizar más en la historia de Hayao y mostrar mejor al nuevo Hanamichi, que el pobre ha hecho poco por el momento y, pese a que sigue manteniendo parte de su esencia de toda la vida, los años no le han pasado en vano. Pero tampoco quiero contaros mucho más por el momento, prefiero dejar que sea el próximo capítulo quien se encargue de ello.

Un saludo enorme, mil gracias y nos leemos.


Akane Mitsui: Muchísimas gracias por el apoyo Akane. Que una escritora que domina esto tanto como tú (me encantó tu historia de "Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica") me diga que le ha gustado el fic significa muchísimo. Respecto a lo de los OC, sé que es difícil, por eso me estoy tomando tanto tiempo y detalle para que los lectores podáis haceros una idea de como son los personajes (su aspecto lo dejo en rasgos más generales y que la imaginación de cada uno haga el resto xD). Y sí, a Hanamichi más pronto o más tarde le va a terminar pillando el karma, no te preocupes jajajaja. Lo dicho, mil gracias y espero que podamos leernos más en el futuro.

HoopsHunter: Me alegro de que te gustara el capítulo. La verdad es que sí, que los dos son "dúos dinámicos" (falta por aparecer el tercero todavía). Respecto a lo de Hanamichi y Hayao, mola ver que está surgiendo el efecto que quería. Y aunque no os haya aclarado mucho en este capítulo, creo que tendréis más respuestas en el siguiente. Como la otra vez, mil gracias por el apoyo :D

Nash: Muchísimas gracias a ti por leerla y tomarte la molestia de dejar una review. Espero que este nuevo capítulo te guste.

Por último, también muchísimas gracias a todos los demás que estáis leyendo o habéis leído la historia. ¡Hacéis que esto valga la pena!