CAPÍTULO 4
CAPRICHOSO DESTINO

Yokohama, Kanagawa
18:12, 13 de abril de 2016

Hanamichi aparcó su motocicleta en el pequeño estacionamiento que tenía reservado justo delante del bloque de departamentos en el que vivía. Estaban situados en el extrarradio de Yokohama, la capital de la prefectura. Quedaba claro a simple vista que no se trataba de un lugar de lujo pero bastante pulcro y en un barrio decente, de lo mejor que su sueldo de entrenador en un gimnasio le permitía.

Mientras subía las escaleras en dirección a la elevada planta en la que vivía, le dio vueltas a la cabeza. El pisar de nuevo el Shohoku y, en especial, aquel gimnasio le había traído muchos recuerdos. Para el pelirrojo su etapa de preparatoria habían sido una casi inmejorable. Recordaba sus años en el equipo de baloncesto como algo genial, pese a haberse perdido su tercer y último año por la lesión de columna que le seguía atormentando de vez en cuando. Podría decirse que echaba de menos el equipo y los partidos, lo que a su vez cada vez parecía más el motivo por el cual había decidido aceptar la inesperada oferta para entrenar al equipo. Lo único que le apenaba era haber perdido contacto con casi todas las amistades que había hecho en esa época, pensó a medida que abría la puerta de su casa.

‒ Si que has vuelto pronto… ‒ dijo una voz femenina nada más el hombre atravesó el portal, tras lo que se quitó los zapatos y dejó el casco de la moto sobre un mueble del recibidor.

Aquel "casi todas las amistades" excluía a aquellos que con el tiempo se habían convertido en su familia. No sólo había encontrado amistad en el Shohoku, sino también al amor de su vida. Llevaba ya casi quince años casado con Haruko y lo único que había podido lamentar de aquella decisión era el hecho de que durante años tuvo que soportar la inquisitiva vigilancia de su cuñado, otrora su capitán en el propio equipo de baloncesto. Es más, había sido gracias a la menor de los Akagi que Kogure se había podido poner en contacto con Hanamichi para ofrecerle el puesto de nuevo entrenador.

‒ Hoy sólo era el día de las inscripciones. ‒ le contó, mientras la mujer seguía en el salón aparentemente delante del televisor. Su sonido entorpecía un poco la conversación. ‒ Pretendía pasar desapercibido, pero la he terminado cagando y me ha tocado contarles que yo soy el nuevo entrenador.

Hanamichi se dirigió hacia el salón, dónde se encontró a su mujer tirada encima del sofá mirando uno de aquellos programas de noticias de media tarde que él era incapaz de tragarse. El pelirrojo se acercó por detrás y le dio un cariñoso beso en la mejilla para luego dirigirse hacia la cocina en busca de un vaso de agua.

‒ ¿Y qué tal el equipo? ‒le preguntó ella, silenciando por fin la televisión.

‒ Bastante bien. No parecen malos chavales ni tampoco malos jugadores… Hay tres miembros nuevos de primero. ‒ respondió, dirigiéndose de vuelta al sofá, dónde se sentó junto a su mujer, dándose unos segundos de pausa para dar un largo trago y refrescarse la garganta seca debida al cigarro de antes. Fue entonces como, casi por arte de magia, recordó algo que quería contarle a Haruko a toda costa pero que se le había pasado por completo hasta ese punto.

‒ Vaya, eso está bastante bien.

‒ Y no te vas a creer lo que te voy a contar. Escucha… ‒ la interrumpió, esbozando una sonrisa sólo de imaginarse la reacción que tendría su mujer al enterarse de aquello.


Yokohama, Kanagawa
17:37, 13 de abril de 2016

‒ Usted conoció a mi padre, ¿verdad?

La pregunta tomó bastante por sorpresa a Hanamichi, que se esperaba una cuestión referente al baloncesto y no de un aspecto tan personal. Aun así, se recompuso rápidamente y estrujó su memoria tanto como pudo durante unos buenos segundos, en busca de algún recuerdo sobre alguien apellidado Yamakawa, que era cómo había oído a algunos jugadores referirse a aquel estudiante de primero alto, con piel pálida y cabello oscuro.

‒ Estoy bastante seguro de no conocer a ningún Yamakawa aparte de ti, chico. ‒ le respondió, tras pasarse unos largos segundos en silencio haciendo memoria. Dio una calada y echó todo el humo de un solo golpe. Su mujer le mataría si viera que fumaba delante de un menor. ‒ Lo siento. Sin más que eso no puedo decirte más.

Ante las palabras de su entrenador, el joven rápidamente cayó en cuenta de su error, golpeándose con fuerza la frente. Un gesto que, de nuevo, tomó por sorpresa al pelirrojo.

‒ Mis más sinceras disculpas, señor entrenador. Yamakawa es el apellido de mi madre. ‒ una aclaración que lo cambiaba todo, además de insinuar que, muy probablemente, el muchacho fuera hijo de una madre soltera. ‒ Mi padre se apellidaba Sendoh, Akira Sendoh. Estoy bastante seguro de que al menos habrá oído hablar de él.

Aquello último sí que ya fue demasiado. Por simple inercia, Hanamichi abrió la boca tratando de articular alguna palabra de sorpresa, cayéndosele el cigarrillo de entre los labios mientras la imagen mental del antiguo número siete del Ryonan le venía inmediatamente a su cabeza. Entonces miró al chico a los ojos y lo vio, aquella mirada confiada y amablemente desafiante del que había sido durante años el oponente más duro al que se había enfrentado.


Yokohama, Kanagawa
18:14, 13 de abril de 2016

A Haruko casi se le cayó la taza de café que tenía entre las manos cuando su marido le contó que el hijo de Akira Sendoh era uno de los tres novatos que le había comentado. La mujer, sin salir de su asombro más absoluto, recordó perfectamente al as del Ryonan con su pelo moreno en punta y su asombrosa habilidad en la cancha de baloncesto. Si la memoria no le fallaba, había llegado a hacerse profesional, hasta el punto de ser uno de los pocos jugadores japoneses que había logrado competir, aunque brevemente, en Europa.

‒ ¡No fastidies! ‒ espetó, asombrada, dejando el café sobre la mesa del salón y centrándose completamente en la conversación con su marido. ‒ ¿Y se parece al padre?

Hanamichi soltó una carcajada ante la reacción de Haruko. ¿Qué si se parecía a su padre? Vaya si lo hacía. Era muy difícil negar que tuvieran parentesco. No sólo se parecían en lo físico, sino que el muchacho no sólo había heredado la altura y el pelo negro desgarbado de su progenitor, por sus venas también fluía el mismo talento para el baloncesto que su padre había derrochado durante años.

‒ Se parecen, mucho. Aunque me ha costado atar los cabos. Al parecer Sendoh es sólo su padre biológico, vive sólo con su madre y nunca ha tenido contacto con él. Usa el apellido de ella y si no me lo hubiera dicho él mismo seguramente nunca me hubiera dado cuenta de que se asemejan bastante. ‒ le confesó, resumiendo en pocas frases lo que había sido una conversación de unos cuantos minutos entre él y el joven mientras el entrenador se dirigía en busca de su motocicleta. ‒ Maldita sea, una vez lo he sabido me he dado cuenta que hasta son similares en la pista.

‒ ¿Y no estudia en el Ryonan? ‒ preguntó ella, casi inmediatamente. Una pregunta que el propio Hanamichi se había formulado en su momento. Sobre el papel, lo más lógico era que hubiera ido al mismo instituto en el que su padre había triunfado.

‒ Le he preguntado lo mismo. Al parecer no logró entrar por sus cualificaciones académicas. Y al parecer también está el hecho de que el Shohoku queda más cerca de su casa… ‒ el pelirrojo ladeó la cabeza de lado a lado. ‒ No sé a quién me recuerda eso último.

Haruko esbozó una sonrisa. No sólo por la referencia que Hanamichi acababa de hacer sobre su antiguo compañero de equipo. Sino porque no le costaba imaginarse a Sendoh como un mal estudiante, por lo que tampoco lo hacía el hecho de que su hijo lo fuera. Dentro del sentimiento general de sorpresa, le alegraba el simple hecho de pensar que el Shohoku pudiera llegar a tener a un jugador de aquel nivel. Pero por otro lado, también le entristecía el pensar que aquel pobre muchacho nunca había tenido la ocasión de conocer a su padre.

‒ Es irónico, ¿no crees? ‒ le preguntó la mujer a su marido con cierto aire de nostalgia.

Y es que en el segundo año de preparatoria de Hanamichi, cuando el Shohoku había sido más fuerte que nunca, el Ryonan de Sendoh había sido el mayor obstáculo en su camino. El que no habían logrado sobrepasar.


Yokohama, Kanagawa
17:39, 13 de abril de 2016

Tardó unos cuantos minutos en darse cuenta de ello, pero Shiro se quedó enormemente sorprendido por la ausencia de Kawata en el gimnasio. Su amigo siempre había sido de los que se quedaban hasta tarde entrenando. Marcharse pronto cuando todavía quedaba gente en el gimnasio era algo tan impropio de él que durante un buen rato se autoconvenció de que simplemente estaba cerca pero fuera de su vista.

‒ Disculpa, Nobuo. ¿Has visto a Kawata? ‒ terminó preguntando al estudiante de tercero, que le había parecido el más amable y elocuente de todos. Este reaccionó de forma dubitativa, echando una ojeada a su alrededor.

‒ Me temo que no… ‒ respondió, siendo interrumpido casi inmediatamente por Hideki, que estaba justo detrás suya.

‒ ¿Dices el más bajito? Le he visto marcharse sin decir nada poco después de terminar. ‒ dijo, con su seriedad habitual, el de tercero. Había visto al novato marcharse con la cabeza baja justo después de terminar el partidillo, pero tampoco había querido mencionar nada al respecto hasta entonces. ‒ El entrenador ha dicho que cada cual haga lo que quiera, así que tampoco pasa nada. Casi todos se han ido, incluido el chico de Tokyo. ‒ una clara referencia a Hayao, que se había marchado tras Hanamichi nada más terminar el encuentro. ‒ Yo pienso quedarme un rato más. ¿Vosotros?

‒ Tenemos que tomar el mismo tren, así que yo me quedo. ‒ respondió Nobuo.

‒ ¡Por supuesto! ‒ por su parte, Shiro contestó con sorprendente entusiasmo.

Apenas fueron unos veinte minutos de entradas a canastas, tiros y alguna risa. Pero al estudiante de primero le sirvieron para conocer un poco mejor a los dos capitanes del equipo. Incluso descubrió que bajo la faceta más seria de Hideki se escondía un joven bastante cordial. Al parecer él y Nobuo llevaban jugando juntos desde la secundaria y por eso tenían esa relación de confianza y cercanía extrema.

‒ Estoy muy contento de que hayas decidido venir al Shohoku, Shiro. ‒ le confesó Nobuo, cuando ya habían recogido sus cosas y estaban cerrando el gimnasio para emprender el camino de vuelta a casa. ‒ Los nuevos parecéis tener potencial.

‒ Estoy bastante de acuerdo. ‒ continuó Hideki, haciendo resonar las llaves de la puerta del gimnasio cuando las guardó en su bolsillo. ‒ A ver si conseguimos encontrar una manera de aprovechar ese físico que tienes. ‒dijo, esbozando una media sonrisa por primera vez ante el recién llegado al equipo. ‒ Pero, ahora por curiosidad. ¿Qué te ha traído aquí?

‒ Vivo muy cerca del instituto. Y tampoco tengo muy buenas calificaciones, así que otras escuelas estaban descartadas… ‒ confesó, rascándose la cabeza con cierta vergüenza, con las risas de sus dos compañeros de fondo.

‒ Entonces te llevarás bien con Kitamura y Sasaki. ‒ comentó Nobuo en tono burlón, provocando una larga carcajada por parte del capitán. Casi inmediatamente, el joven de gafas se dio cuenta de que Shiro no los conocía y corrigió su error. ‒ Son dos estudiantes de segundo año. Son excelentes jugadores, quizás los mejores del equipo, pero son pésimos en los estudios.


Yokohama, Kanagawa
18:24, 13 de abril de 2016

La casa de los Yamakawa estaba bastante cerca del Shohoku, pero aun así Hayao tardó casi una hora en volver del entrenamiento. Su paso lento, sumado al hecho de que se había equivocado de tren en la estación le habían hecho retrasarse. Algo bastante impropio de él, que acostumbraba a llegar siempre antes de hora a todos lados.

Su casa, un apartamento pequeño y sin demasiado lujo, era todo lo que su madre soltera podía permitirse. Cuando había vuelto de Tokyo, dónde vivía en un campus dentro de su propio instituto, su madre se había planteado hacer horas extra para mudarse a un lugar más espacioso y más a las afueras. Hayao se había negado en rotundo.

El joven se sorprendió al girar las llaves en la puerta de su casa y darse cuenta de que el pestillo no estaba pasado. Eso significaba que su madre había llegado antes a casa.

‒ ¡Hola Hayao! ‒ la voz dulce y perennemente agradable de su madre le dio la bienvenida nada más entrar por el portal.

‒ Hola mamá. ‒ respondió escuetamente y con desgana. Algo que tomó algo por sorpresa a su madre, que pese a conocer el carácter de su hijo, notó algo extraño en él.

‒ ¿Qué tal el primer día? ‒ preguntó, tanteando el terreno.

‒ Bien. Algo aburrido, como siempre.

‒ ¿Y el equipo de baloncesto? ‒ una vez segura de que no tenía nada que ver con el instituto, Mika Yamakawa se dirigió hacia el tema que normalmente alteraba más las emociones del adolescente.

‒ Bien, me han admitido. Dentro de dos días empezamos a entrenar en serio. ‒ esta vez la respuesta vino del propio salón en el que se encontraba ella, pasando Hayao por detrás del sofá en dirección a su cuarto. ‒ Estoy algo cansado, voy a darme una ducha. ‒ finiquitó, escueto otra vez, y tras dejar su mochila y su bolsa de deporte en la habitación se dirigió sin mediar palabra al baño.

Mika soltó un largo suspiro. Pese a ser una madre muy joven, en ocasiones le era casi imposible poder gestionar la forma de ser de su hijo. "Creía que ya había superado lo del Ryonan." pensó. Aunque con el paso de los meses se hubiera autoconvencido de que el Shohoku era la mejor opción para él, Hayao había estado empeñado en entrar en el Ryonan desde que había empezado a jugar baloncesto a alto nivel en la escuela media. También había sido el instituto tanto de Mika como de su padre, así que era algo que tenía sentido. La carta con la negativa de su acceso le había sentado fatal. Pero con el tiempo parecía haberlo aceptado como un motivo para demostrarles que estaban equivocados. Por eso no entendía por qué actuaba tan extraño.


Yokohama, Kanagawa
18:07, 13 de abril de 2016

Shiro recorrió con paso lento el corto trayecto que separaba el Shohoku de su casa. Eran apenas unos diez minutos andando, aunque por la mañana había tardado un poco más porque pasaba por delante de la casa de Kawata para irle a buscar.

Mientras andaba, su cabeza no dejaba de dar vueltas a lo sucedido tras el partido. No era nada propio de su amigo desaparecer así como así sin decir nada. Pero Hideki le había dicho algo que todavía le había dejado más inquieto. Cuando se había marchado, Kawata tenía la cabeza baja. Si bien siempre había sido el menos animado de los dos, Shiro sabía más que nadie que aquello era impropio de él. Pero lo cierto era que su amigo había estado comportándose de manera extraña desde el primer momento del día. "Era como si estuviera asustado o en época de exámenes." pensó el propio Shiro, pero finalmente decidió dejar de comerse tanto la cabeza y rebuscó dentro de los bolsillos de sus pantalones hasta encontrar su teléfono móvil. Sin perder un segundo, buscó su aplicación de mensajería y le mandó un mensaje a Kawata.

¡Hey, Kawa! Siento no haberte dicho adiós, no te he visto cuando te marchabas. ¿Qué te ha parecido? ¡J***r, yo creo que este año va a ser genial!

Finalmente el joven llegó a su casa, todavía vacía, y pasó por la ducha para quitarse el sudor de encima. Una vez terminado, se colocó los auriculares y escuchó música mientras esperaba una respuesta de Kawata que se hizo esperar.

Lo siento tío. Estaba de mal humor por haber perdido el partidillo y me he marchado sin decir nada. ¿Nos vemos mañana a la misma hora que hoy?

A lo que Shiro respondió afirmativamente antes de perderse definitivamente en el ritmo que marcaban las canciones de rock que le gustaba escuchar cuando estaba solo.


Yokohama, Kanagawa
16:59, 15 de abril de 2016

‒ Mierda, mierda, mierda, mierda.

Una simple palabra era repetida infinidad de veces por los labios del joven Shiro mientras sus largas y apresuradas zancadas le llevaban lo más rápido posible hacia el gimnasio del Shohoku. Al vivir tan cerca del instituto, había decidido dejar su bolsa de deporte en casa e ir a buscarla cuando fuera hora de entrenar. Pero se había quedado dormido en casa y pese a las constantes llamadas por teléfono de Kawata para avisarle de que se iba sin él, no se había despertado hasta hacía menos diez minutos.

No podía permitirse llegar tarde al primer día de entrenamiento. Por eso corría lo más rápido que podía en dirección al gimnasio, esquivando a todos los que se cruzaba en su camino. Hasta que giró la última esquina antes de llegar a su destino y chocó con un obstáculo inevitable.

El golpe fue fuerte y el joven estudiante de primer año terminó con el culo en el suelo. Maldijo por lo bajo y se aseguró de que su bolsa estaba bien.

‒ Perdón. ‒ se disculpó inmediatamente, alzando la vista desde el suelo.

Tragó saliva cuando sus ojos se encontraron contra el otro implicado en el choque. Tuvo que alzar mucho la mirada para encontrar los ojos marrones y profundos del enorme tipo de cabellos largos y recogidos en una coleta que tenía enfrente. Su mirada entrecerrada, el ceño fruncido, el pendiente en su lóbulo derecho y su estatura, mucho mayor a la que Shiro nunca había tenido delante, le daban un aspecto atemorizante.

‒ ¿Te has hecho daño? ‒ preguntó con una voz grave, pero sin hacer el más mínimo gesto para ayudarle, forzándole a levantarse sólo.

‒ Ten más cuidado, renacuajo. ‒ mencionó una segunda persona en la que Shiro no había caído. Junto al gigante, otro joven más menudo y con aspecto también bastante chulesco, regañaba airosamente al de primero. ‒ Maldita sea, llegáis al instituto y os creéis que podéis hacer lo que os dé la gana. Tsk. ‒ prosiguió, hasta que repentinamente pareció recordar algo. ‒ Maldita sea, Arai. ¡Que llegamos tarde! ‒ y rápidamente, se marcharon… en dirección al gimnasio.


Notas del autor:
Lo prometido es deuda y esta vez sí que he podido cumplir con los plazos que os dije (y que trato de ponerme a mí mismo). Aquí tenéis el cuarto capítulo, y si queréis verlo de esta manera... mi regalo de Navidad particular. Espero que os guste y os pido disculpas por adelantado en lo que respecta al siguiente capítulo, pues va a tardar una temporadita porque se me vienen encima los semestrales una vez terminen las Navidades...

Ahora ya hablando del capítulo en sí. Sé que será algo soso, especialmente comparado con el anterior. Pero os diría que es tan o más importante que ese porque me ha permitido dejar totalmente iniciadas las "historias personales" de los personajes y he podido alargarlo un poco más para que hagan su primera aparición dos personajes vitales en la historia y que creo que cuando ganen protagonismo más adelante os van a encantar.

Y ahora, voy a ir a lo que muchos os interesará tras este capítulo. Sí, sé que os hice un poco de bait hacia el hecho de que Hayao fuera hijo de Rukawa. Pero era demasiado "fácil" y me pareció muchísimo más interesante la situación de que Hanamichi tuviera que entrenar al hijo (y clon baloncestístico) de uno de sus mayores rivales en la cancha. Debo confesaros de que en su momento pensé estirar un poco más el chicle del misterio sobre el padre de Hayao. Pero me pareció cruel, especialmente teniendo en cuenta que los dos siguientes capítulos van a tardar.

Otro tema que sé que a alguno no le habrá gustado es el de Hanamichi y Haruko. Lo siento si eráis más de emparejar a Haruko con Rukawa, pero yo siempre preferí esta y creo que daba muchísimo más juego en la historia. Aún así, no dudéis de que el zorro terminará apareciendo (y con importancia) a lo largo de la trama. Y así cómo algún que otro ex-jugador del Shohoku.

¡Feliz Navidad, feliz 2017, un besazo y nos vamos leyendo!


Yiha: Jajajajajaja. Muchas gracias por tu review, me alegro muchísimo de que te guste la idea y la manera de llevar la historia. Respecto a tu pregunta, sí. Hanamichi debería rondar los cuarenta años en el 2016. Si tenemos en cuenta que tiene 15-16 años en la serie original (según el manga, se ambienta en el 1990-1991), debería estar rondado esta edad. Y respecto al éxito, tampoco quiero spoilear, pero no tengo intención de ser tan cruel con los personajes como lo han sido muchísimos otros fics. Que tampoco quiere decir que esto vaya a ser un camino de rosas jajajaja. Espero que esta nueva actu te guste y muchísimas gracias de nuevo.

M.A.: Supongo que la duda sobre Hayao ya está resuelta jajajaja. Me alegro de que te haya gustado la historia y te agradezco mucho la review y los halagos. Espero que el nuevo capítulo te guste tanto como los otros.

miguel98: ¡Me alegra mucho leer eso Miguel! La chispa que hizo que decidiera hacer la historia fue un ataque de nostalgia cuando encontré mi colección del manga y recordé lo que me encantaba esta serie de niño. Muchas gracias y espero te guste lo que queda de historia.

ELISA: ¡Muchas gracias por las reviews! Respecto a lo de Rukawa, siento haberte roto la predicción (me siento un poco culpable por haber baiteado al respecto jajajaja). Ahora en serio, me alegro mucho de que te guste y espero que estos capítulos que están por venir también lo hagan.

Akane: ¡Me alegro de que hayas podido leer el capítulo y que te haya gustado Akane! La verdad es que sí, la guerra por la titularidad ha comenzado ya desde el primer momento y es un tema que quiero tratar bastante porque en la serie original nunca se tocó y es una realidad super importante en todo equipo de baloncesto. Respecto a lo de Hayao, espero que te haya gustado la respuesta al "misterio" (ya me dirás que tal jajajaja) y muchas gracias por lo del manejo del partido, la verdad es que le puse mucho empeño y me alegra saber que valió la pena. ¡Espero que este nuevo capítulo sea de tu agrado y ojalá podamos seguir leyéndonos!