CAPÍTULO 5
ENCONTRONAZOS
Yokohama, Kanagawa
17:03, 15 de abril de 2016
Kawata se inquietó cuando el reloj marcó las cinco del mediodía. Shiro seguía sin llegar al gimnasio y la última vez que había revisado su teléfono, no había siquiera leído sus mensajes. Sabía que seguramente se tratara de alguna estupidez. Una siesta demasiado larga, un despiste,… Su amigo era alguien muy propenso a semejante tipo de contratiempos, pero estaba preocupado de que, sucediendo en su primer entrenamiento, eso le pudiera acarrear problemas a largo plazo.
Quizás por eso se esperanzó cuando la puerta del gimnasio se abrió antes de que el entrenador saliera del vestuario. El chico de primero se dio la vuelta rápidamente, buscando comprobar si era su amigo el que había entrado. Y lo era, pero no había llegado sólo. Por unos momentos Kawata olvidó todas sus preocupaciones ante la vista de uno de los jóvenes que habían llegado. Debía sacarle como mínimo tres cabezas, siendo benévolos. Shiro a su lado parecía bajito. Y el tercer recién llegado, todavía más pequeño que su amigo y sólo un poco más alto que el propio Kawata, parecía minúsculo a su lado.
‒ ¡No venís el día de las inscripciones y ahora llegáis tarde! ‒ rápidamente la voz de Ideki se hizo oír en el gimnasio. Sus palabras estaban dirigidas claramente a los dos desconocidos, no hacia Shiro. ‒ Ya sois jugadores de segundo año. ¿Este es el ejemplo que le dais a los nuevos?
‒ Lo siento macho. Es que me he enredado hablando con una chica de tercero mientras venía de camino. ‒ dijo el más bajito, a lo que su gigantesco compañero respondió asintiendo con la cabeza. ‒ Oye, al menos hemos aprovechado para conocer a uno de los de primero. Ha estampado su careto en el ombligo de Arai. ‒ comentó con tono bromista y señalando a Shiro para estallar en una sonora carcajada poco depsués. Por su parte, el susodicho Arai, se limitó a suspirar, pedir perdón e irse a cambiar las zapatillas.
Mientras todo aquello sucedía, Shiro se acercó a dónde estaba Kawata, disculpándose enseguida por la tardanza y explicando qué se había quedado dormido.
‒ Veo que ya has conocido a los de segundo. ‒ mencionó Kawata cuando señalaron a su amigo desde el otro lado del gimnasio.
‒ Me he chocado por error con uno de ellos mientras estaba de camino. ‒ le explicó en respuesta. ‒No sabía que fueran miembros del equipo…
‒ El más bajo es Miyoshi Kitamura, de la 2-D. Y el alto Arai Sasaki, de la 2-B. De Kitamura no sé nada, pero a Sasaki le eligieron cómo mejor pívot novato de Kanagawa el año pasado. ‒ cómo buen aficionado al baloncesto de todos los niveles, Kawata se había tragado los campeonatos de prefectura del año pasado. Y lo más destacable que tenía el Shohoku por aquel entonces era esa mole humana.
Yokohama, Kanagawa
17:06, 15 de abril de 2016
Hanamichi entró en el vestuario y se quitó el mono de motorista tan deprisa como pudo. Una vez con la pesada prenda de cuero fuera, se apresuró a ponerse un chándal que llevaba dentro de la maleta y salió hacia la pista de baloncesto. Todavía se le esbozaba una sonrisa tonta al volver a ese lugar y al ver a aquellos jóvenes le venían a la cabeza memorias de los años que había pasado allí. En ocasiones incluso le asaltaba el pensamiento de querer volver a aquellos días.
No ocurrió entonces, pues su mirada rápidamente se dirigió hacia la cancha y, más concretamente, a la decena de jóvenes que la ocupaban. Reconocía de vista a varios de ellos de la semana pasada. Los dos capitanes discutían con dos jugadores, de alturas completamente discordantes, cerca de la entrada. Dos de los jugadores de primero hacían lo mismo un poco más alejados. Escudriñó entonces el campo, en busca de aquella silueta alta y espigada con cabello negro. Tardó unos segundos en localizarlo, completamente solo, en uno de los lados de la pista. El hijo de Akira Sendoh. La simple idea seguía pareciéndole completamente surrealista. Pero no le quedaba más remedio que aceptarla. Y aprovecharla si, como el partidillo del día de las inscripciones parecía indicar, el muchacho había heredado la genialidad de su padre.
Utilizó el estruendoso sonido de dos palmadas para llamar la atención de sus jugadores. "Mis jugadores" se repitió a sí mismo en su cabeza. Había pasado todo tan deprisa que apenas se había parado en pensar cosas como aquella. Durante unos segundos sintió una gran carga de responsabilidad sobre sus hombros. ¿Iba a ser capaz de ser un líder adecuado para aquellos muchachos? Quería pensar que sí, pero se forzó a desechar la pregunta cuando todos los jóvenes empezaron a acercarse hacia dónde se encontraba él. Varios de ellos llevaban pelotas bajo el brazo o en la mano. Por su parte, el nuevo entrenador cargaba una bolsa gris repleta de conos y otros elementos de entrenamiento que había tomados prestados del gimnasio dónde trabajaba. Tras tantos años a un lado de la balanza, había descubierto el primer pequeño placer que otorgaba estar al otro lado. El de jugar con las "esperanzas" de sus pupilos.
— Buenas tardes muchachos. — dirigió entonces su mirada hacia los dos jugadores que no recordaba haber visto el día de las inscripciones. Se sorprendió al tener que alzar la vista para mirar a los ojos de aquel gigante de cabello largo. Hanamichi superaba holgadamente el metro noventa, el hecho de que estuviera todavía en la preparatoria no hacía sino acrecentar la sensación de estar contemplando a un monstruo de la naturaleza. — Creo que no tuvimos el placer de conocernos el otro día. — les tendió la mano a los dos nuevos jugadores, recibiendo sendos fuertes apretones como respuesta. — Soy Hanamichi Sakuragi, vuestro nuevo entrenador. — se presentó a sí mismo, dejando que los dos jóvenes hicieran lo propio después. El gigante se llamaba Arai Sasaki y su menudo acompañante Miyoshi Kitamura, ambos de segundo año. El pelirrojo recordó haber oído aquellos nombres la jornada anterior, pero no fue capaz de recordar en qué contexto. Tampoco le dio mucha importancia, obligándose a volver otra vez a lo que importaba. El entrenamiento.
— Siento tener que ser el villano ya el buen primer día. — les dijo, esbozando una sonrisa burlona que hizo que los jugadores más veteranos soltaran un bufido. Sabían lo que venía después. — Podéis dejar los balones y cerrar la sala de material. Empezamos con un día de físico. — no lo hubiera admitido en público jamás, pero los quejidos en voz baja de sus pupilos le provocaron una sensación de satisfacción difícil de describir. Al menos él predicaría con el ejemplo en esos entrenamientos. No se había traído el chándal por lo bonito que le quedaba.
Yokohama, Kanagawa
18:47, 15 de abril de 2016
Tendido en el suelo y a punto de que se le salieran los pulmones por la boca, Miyoshi maldijo su suerte. — No nos podía tocar un entrenador tranquilito, no —pensó, mientras hacía un esfuerzo para incorporarse. Había pasado sólo hora y media desde que habían empezado el primer entrenamiento del año, pero le parecía como si llevara una eternidad corriendo. Después de una hora de ejercicios de fuerza explosiva, aquel pelirrojo los había llevado a las puertas del instituto y les había explicado la ruta de cinco quilómetros llenos de cuestas que iban a tener que correr antes de terminar el entrenamiento. Miyoshi había soltado un enorme suspiro de alivio cuando había tomado el último cruce y había visto los muros del recinto escolar. Se había intentado animar con la idea de que no había sido de los últimos, pero por muy cierto que fuera, ver a Arai allí, casi sin sudar, le hundía en la más absoluta de las miserias.
— Te juro que no sé cómo cojones lo haces. — le dijo a su compañero y amigo, que estaba a pocos metros de él haciendo sentadillas. El susodicho, tan callado como siempre, se limitó a sonreír y continuar con su ejercicio. — ¿Has llegado el primero? — le preguntó, sorprendido. El mejor atleta del equipo siempre había sido Hideki, el capitán. Y no le veía por ningún lado.
Arai se limitó a sonreír de nuevo, parando sus ejercicios durante unos segundos para erguirse y señalar hacia las verjas de hierro de la entrada del instituto. — El entrenador, el capitán y los dos altos de primero han querido repetir el recorrido. Yo no me he visto capaz. — mencionó con una sequedad que contrastó con la mueca de asombro del otro estudiante de segundo año. — El míster ha dicho que una vez hayamos terminado de estirar, podemos irnos a casa.
— Serán hijos de… — masculló Miyoshi, soltando algún que otro quejido de entre medias, mientras reunía fuerzas y se levantaba del suelo. Quien le iba a decir que iba a echar de menos al entrenador Nagano, con el que se había pasado todo el año pasado peleado. — Parece que va a ser un año bien jodido Sasa.
— Pues yo creo que va a ser divertido.
Yokohama, Kanagawa
20:03, 15 de abril de 2016
La bisagra de la puerta chirrió al abrirse, alertando a Mika Yamakawa de que su hijo estaba entrando en casa. La mujer le echó una rápida ojeada a su reloj de mano, comprobando que, efectivamente, ya habían pasado las ocho de la tarde. Hacía casi doce horas que su hijo se había marchado al instituto y no había tenido noticias de él hasta entonces.
— Ya estoy en casa… — la voz del adolescente llegó hasta la pequeña cocina, donde la madre estaba terminando de preparar la cena. — Lo siento. Hemos hecho un poco de ejercicio extra después del entrenamiento y… — Hayao conocía a su madre lo suficientemente bien como para creer con certeza que se la había cargado volviendo tan tarde sin avisar. Por eso había intentado justificarse tan pronto como le había sido posible.
— La próxima vez podrías avisarme al menos. — protestó ella. En un principio estaba dispuesta a darle un sermón a su hijo, pero al darse la vuelta y verle, se sintió incapaz. Hayao estaba frente a ella, dejando su bolsa de deporte y sus zapatillas en el armario, esbozando una media sonrisa impropia de él. Mika llevaba meses sin ver a su hijo tan animado. No quería arruinar el momento. — ¿Qué tal el entrenamiento? — preguntó, desviando rápidamente el tema. Mientras tomaba los dos platos de pescado que había preparado y los llevaba hacia el salón.
— Nos ha hecho correr. — respondió el joven, haciendo gala de su característica brevedad. Cuando este alzó la mirada y vio la expresión extrañada de su madre, supo que debía explicarse un poco más. — Hemos hecho ejercicios y hemos dado dos vueltas a la colina del instituto. Ha sido más duro de lo que esperaba. — le confesó. Por mucho que en el Ochanomizu el régimen de entrenamiento fuera duro, días con tanto ejercicio físico eran una excepción.
— ¿Y qué tal los compañeros? — Mika era consciente de que su hijo jamás había sido ni sería una persona excesivamente sociable. Nunca había tenido demasiados amigos, y los pocos que tenía, solían tener algún tipo de relación con el baloncesto. Tras la mudanza, su mayor esperanza para que Hayao se adaptara a la vida en Kanagawa era con el equipo de baloncesto del Shohoku.
— Parecen buena gente. — contestó tras tragar un buen bocado de arroz. Lo cierto era que veía a los estudiantes de tercero como senpais responsables y los de segundo año le habían caído bastante bien. — Aunque…
xXx
Yokohama, Kanagawa
18:53, 15 de abril de 2016
Los tres jugadores formaban, inconscientemente, una escalera mientras corrían. Con Hideki unos pasos adelante, Hayao atrás y Shiro en medio, escalaban la última cuesta antes de llegar por segunda vez al Shohoku en orden ascendente de altura. El entrenador les había acompañado durante dos tercios del segundo recorrido, hasta que finalmente se había quedado atrás. Los dos estudiantes de primero no, sorprendiendo mucho y muy gratamente a su capitán. Teniendo en cuenta la marcial rutina de entrenamiento que seguía este durante todo el año, que aquellos dos le aguantaran el ritmo durante la hora que llevaban corriendo hablaba muy bien de ellos.
Se acercaron los metros finales y, como es costumbre en este tipo de ejercicios, Hideki hizo un último esfuerzo y empezó a esprintar para terminar la carrera con fuerza. Si durante esa última esprintada hubiera cerrado los ojos durante un segundo no se hubiera dado cuenta de cómo Shiro le adelantaba con pasmosa facilidad y cruzaba las verjas metálicas de la entrada antes que nadie. — Tienes que estar de broma. — pensó, quejoso, cuando le vio adelantarle. Durante aquel primer partido de práctica había quedado claro que el muchacho era un gran atleta. Ahora que lo podía observar de cerca le quedaba más claro que, al menos sus piernas, no eran para nada normales.
— ¡Y la medalla de oro es para Shiro Rioichi! — gritó el susodicho, soltando una sobreactuada carcajada inmediatamente después. El capitán del Shohoku se limitó a mirarlo y negar con la cabeza antes de ponerse a hacer estiramentos. Sin embargo, cuando el de primer miró a Hayao, pudo ver como el otro jugador novel le dedicaba una mirada y expresión claramente de asco. — No me mires con esa cara hombre. Está mal tener envidia. — continuó Shiro, en un tono claramente irónico y jocoso. Era evidente que desconocía que su compañero de equipo no era especialmente dado al humor o a la ironía.
— ¿Envidia de ti? — por mucho que su rostro hubiera vuelto a aquel tono inexpresivo tan habitual, su voz delataba que Hayo estaba sinceramente irritado por el comentario. — No seas ridículo. Cómo voy a tener envidia de alguien que apenas sabe botar una pelota…
Yokohama, Kanagawa
20:12, 15 de abril de 2016
— ¡Ese engreído de mierda! — vociferó Shiro, con la boca todavía llena de comida. Era habitual que los Murai lo acogieran temporalmente cuando sus padres tenían que viajar por cuestiones de trabajo. Mientras seguía profiriendo una queja detrás de otro, Kawata desde el otro lado de la mesa, le hizo señas de que no gritara tanto. Sabía que eran en vano, pues su mejor amigo no solía atender demasiado a razones cuando estaba molesto.
— Lo que dijo está mal pero… — Shiro fulminó con la mirada a Kawata, que calló y tragó saliva. Pese a todo, no le quedaba más remedio que intentar hacer que su colega entrara en razón. Y es que, pese a entender el enfado de Shiro, Kawata también era consciente de que la forma de ser de este solía hacer que fuera él quien se metiera solito en el lío. — Llevamos una semana en el equipo, no está bien que tengas problemas con los demás compañeros.
El mayor de los dos amigos dio otro enorme mordisco, haciéndose un breve silencio mientras masticaba la comida y, en su cabeza, rememoraba el momento en el que Hayao le había dicho, en resumidas cuentas, que era un inútil jugando al baloncesto. Lo único que lamentaba era que Hideki estuviera allí para dirigirles una mirada asesina a ambos, porque de lo contrario aquel engreído niño de ciudad se hubiera llevado un cabezazo de regalo. — ¿Acaso se cree que por haber ido a una secundaria de Tokyo ya es el mejor de la prefectura? — pensó Shiro, todavía masticando. — Y un carajo. Voy a demostrarle quien manda. Lo voy a machacar. — vociferó, esta vez ya sin comida en la boca.
— Pero si jugaréis en el mismo equipo, melón. — le recriminó Kawata, aunque por la expresión facial de su amigo y las enormes risotadas que profería, estaba convencido de que este no le había escuchado.
Notas del autor:
Hay mil cosas que quiero poner en estas notas, pero creo que lo primero que debo hacer es disculparme. Si no calculo mal han sido casi diez mesazos sin actualizar y os pido disculpas por eso. Lo peor de todo este asunto es que el capítulo lo empecé nada más publicar el último y lo dejé casi terminado pero el último semestre de la carrera se me vino encima, con una mudanza al poco después y no ha sido hasta ahora que he podido terminarlo. Creo que nunca tardaré tanto en escribir las últimas 500 palabras de un capítulo.
En segundo lugar, quiero deciros que no os podéis imaginar cuanto agradezco el apoyo que le dais a la historia. Que las visitas se hayan multiplicado por cuatro desde la última vez que entré en FF y con un parón de diez meses me ha dejado con la boca abierta. Muchísimas gracias. De verdad.
Ahora ya hablando del capítulo. Una vez presentados el dúo calavera de segundo año, ya conocemos a todo el equipo. Es evidente que esos dos no son trigo limpio y, como ya habéis visto, parece que el ambiente entre los de primero tampoco es de lo mejor. Ay la competitividad... Respecto al entrenamiento, me pareció evidente que si Hanamichi se convirtiera en entrenador, iba a darles una caña burra a sus jugadores en lo que al físico se refiere. Al fin y al cabo, era en lo que más destacaba él cuando jugaba en el Shohoku. Lo siento si esperabais a un "genio" de la táctica, pero me temo que eso no lo veréis aquí.
¿Qué se viene ahora? Pues el próximo capítulo todavía será algo más "relax" pero esto ya empieza a rodar y tocará empezar con los partidos de preparación, ¿no creéis? Respecto a cuando estará, no quiero prometer nada ni dar fechas pero os puedo asegurar que no tardaré lo que he tardado con este.
¡Un saludete y nos leemos!
YIHA: ¡Me alegro de que te gustara! La verdad es que Hayao es alguien que pese a tener un gran talento, empieza a ser evidente que tiene muchas dudas (tanto a nivel baloncestístico como a nivel personal) y por eso serán fundamentales en el futuro los papeles tanto de Hanamichi, sus compañeros de equipo y, sobretodo, sus futuros rivales. Hanamichi y Haruko están hechos el uno para el otro, de eso no cabía duda y, quieras o no, quien la sigue la consigue. Así que por mucho que quisiera a Rukawa, lo lógico era que Hanamichi terminara siendo su pareja. Lo dicho, me alegra de que estés disfrutando la historia y que te guste el planteamiento que le estoy dando.
Akane: No sabes lo que me alegra saber que no soy el único que disfruta las tramas personales de un FanFic (o de un manga/anime de deportes en general) jajaja. Es cierto que no tienen la espectacularidad de otros capítulos, pero creo que ayudan mucho a simpatizar y entender a los personajes. Lo cierto es que al final creo que hasta yo terminé cayendo en la "trampa" de su apellido y su aspecto para que hubiera dudas sobre quien podría ser. Evidentemente Hanamichi es ya muy "maduro" pero lo cierto es que preferí que fuera de esta manera (que fuera hijo de Sendoh) para darle otro enfoque a su relación entrenador-jugador. Puedes estar tranquilo, Sendoh sigue vivito y coleando y el "apellidaba" es porque Hayao hace años que no sabe nada de él. Respecto al dúo de primero, lo cierto es que los dos van a tener que aprender a superar esas pequeñas trabas que se han encontrado nada más empezar. ¡Muchísimas gracias y espero que este nuevo capítulo te guste también!
M.A: Esa era la idea, la de que tuviera que entrenar al hijo de uno de sus grandes rivales y viera cosas de este en Hayao. El tema del ship es una cuestión de gusto personal y, sinceramente, me sirve para meter a Haruko en la historia y darle cierto protagonismo (es una manera de que Hanamichi pueda hablar de temas "tácticos" con alguien de confianza). ¡Espero que te haya gustado el nuevo capítulo y enhorabuena por acertar quienes eran esos dos!
Kal-K: ¡Muchas gracias! Me alegra mucho oír que te gustara la historia y que te inspirara a publicar ese capítulo. Hay poco movimiento en este fandom y toda nueva historia es más que bienvenida. ¡Espero que el nuevo capítulo también te haya gustado y te deseo mucha suerte con esa historia tuya!
ELISA: La idea era generar esa duda y parece que no soy el único que siempre creyó que Haruko y Hanamichi hacían buena pareja. ¡Muchas gracias por el apoyo!
Nash: ¡Gracias! Respondo siete meses tarde pero sí, pretendo continuar con la historia. Espero que te guste también lo que viene de ahora en adelante.
