¡Buenas!
Un día o dos más tarde, pero aquí tenéis el capítulo. Tengo exámenes de recuperación en septiembre, y lo llevo todo para adelante. ¡Espero que perdonéis mi tardanza!
Intentaré no tardar más de una semana en subir el siguiente capítulo, ¡prometido!
Gracias por seguir leyendo la historia, y con esto, ¡disfrutad del capítulo!
Revive
Brillaba el sol y el cielo estaba claro. Lucy despertó en una orilla, cubierta de arena y empapada. Estaba aturdida, no se acordaba muy bien de lo que había pasado. Se sentó y se llevó una mano a la cabeza, ya que le dolía.
-A ver, Lucy, rebobina. Había una tormenta… Y me caí…- intentaba pensar- ¡Mis llaves! ¡¿Dónde están mis llaves!?- empezó a mirar por todos lados desesperada. No tenía la funda en el cinturón, pero sí el látigo. Se incorporó con rapidez, lo que hizo que se mareara.-Necesito encontrarlas- dijo con esfuerzo.
Cuando se puso de pie, pudo observar algo brillante que asomaba en la arena. Corrió hacia allí. Era la llave de Horologium. Supuso que gracias a este espíritu ha podido sobrevivir, lo invocó para saber qué había visto.
-¡Ábrete, puerta del Reloj! ¡Horologium!- lo invocó, y pudo comprobar que el reloj estaba empapado- Gracias por salvarme- le dijo con una sonrisa.
-De nada, señorita Lucy. Me invoqué cuando vi que la señorita Lucy estaba en peligro, y hemos terminado en esta isla- dijo Horologium.
-Y, ¿dónde están las demás llaves?-
-Cuando la dejé en la orilla las tenía, señorita- contestó con su peculiar forma de hablar. Sabiendo que no sabía nada más, decidió cerrar su puerta. Nunca podrá agradecérselo lo suficiente.
-Muchas gracias, vuelve a tu mundo y descansa-
-Sí, señorita Lucy-
Decidió dar una vuelta por la playa, estando atenta por si veía algún otro brillo por ahí. Al rato, se topó con unas rocas que le impedían el paso, por lo que tenía dos opciones: volver por donde había venido y continuar por el resto de la playa, o adentrarse en la isla.
Parecía más seguro andar por la playa, y como Lucy no estaba para disgustos, decidió probar suerte. Ella anduvo todo lo que ya había recorrido otra vez, y avanzó por el otro lado de la costa.
Estuvo andando bastante más, hasta que pudo ver otro brillo que estaba fuera de lugar. Se encontraba más cerca de la mata de plantas que daban a entender que a partir de ahí, era el interior de la isla. Se acercó para observar mejor. Era la llave de Virgo.
-¡Bien!- exclamó en voz alta. Agarró la llave con cuidado y la atrajo hasta sí, en el amago de un abrazo.
"Me alegra haberte encontrado…" pensó con alivio. Vio unas huellas cerca de la llave, que se adentraban en la isla. ¿Se las habría llevado un animal? Desde luego, las huellas son como pezuñas pequeñas.
-No voy a tener más remedio, ¿eh?- pensó en voz alta. Tendría que explorar, a ver si daba con él y las llaves. Decidió seguir las huellas, era lo más lógico. Empezó a andar.
-Vaya, esto es enorme- dijo mirando a su alrededor. Palmeras altísimas que no dejaban ver el cielo, y muchos arbustos de plantas que ella no conocía. El rastro de huellas la llevó a un claro, y observó en el extremo contrario una funda que le resultaba familiar.
-¡Mis llaves!- exclamó. Comenzó a avanzar para alcanzarlas, pero nada más pisar el claro, empezaron a iluminarse los bordes. Las luces brotaban del suelo, sin ningún aparato a la vista que las originara, eran de color blanco. Ahí es cuando se dio cuenta de que el claro formaba un círculo perfecto. ¿Había caído en una trampa? Se temía lo peor.
Se había detenido por la sorpresa, pero debía llegar a sus llaves antes de que pasara cualquier otra cosa más. Echó a correr, pero tuvo que volver a parar. Alguien estaba empezando a aparecer en medio del claro, ocultando sus llaves.
-¿Quién…?- Lucy se llevó instintivamente la mano al látigo, y empezó a materializarse una figura que le resultaba familiar.
"Imposible" Se quedó totalmente inmóvil, sin saber qué hacer o qué pensar, apareció un hombre rubio y alto, con bigote. Claro que lo conocía, la había criado.
-Papá, ¿qué haces aquí? Tú estás…- empezó. Su padre se limitaba a mirarla, impasible.
-Me has decepcionado, Lucy- empezó a hablar.
-¿Qué estás diciendo? -dijo ella, triste. A lo mejor lo estaba soñando, a lo mejor era una ilusión por deshidratación o hambre. ¿Se habría desmayado?
-Nunca te acepté- contestó él. Seguía mirándola con frialdad, sin ningún sentimiento en sus ojos.
-Pero…- Lucy no podía escuchar esas palabras de su padre, se estaba empezando a sentir mal.
-Lo hice para que no te sintieras con más culpa de la que ya tendrías que sentirte. Morí en soledad, Lucy. Me dejaste solo, por un gremio de magos que no valen para nada- añadió.
Lucy estaba a punto de romperse en mil pedazos. Echaba muchísimo de menos a su padre, y escuchar su voz después de tanto tiempo le hizo tener ganas de llorar. Sin embargo, las palabras que estaban saliendo de su boca estaban llenas de veneno.
No. No podía aceptar la situación. No podía encontrarse aquí, delante de ella, diciendo esas palabras sobre su gremio. Ese no era su padre.
-¡Mi padre está muerto!- dijo ella con las lágrimas asomándole por los ojos.
-Estoy delante de ti, niña estúpida.- contestó él -Siempre serás mi gran decepción, casi no puedo ni mirarte a la cara- continuó.
-¡Cállate! ¡Tú no eres él! Mi padre tenía buen corazón, ¡sólo quería protegerme! ¡Él me quería y yo lo quería a él!- en un arranque de valentía, cogió su látigo y lo utilizó, pretendiendo dar al que supuestamente era su padre. Fue rozarlo, y la figura de su padre se convirtió en humo, desvaneciéndose. Dio un paso al frente, con la intención de seguir adelante y conseguir sus llaves, pero escuchó una voz detrás de ella.
-Hola, Luce- esa voz le sonaba demasiado, además ¿quién más la llamaba así?, estaba aliviada. Por fin se reencontraría con su equipo. Se giró.
-¡Natsu! ¡Estás aquí!- empezó a caminar en su dirección con cierta prisa, ya que solo quería abrazarlo. Pero tuvo que detenerse, porque Natsu elevó el brazo hacia el frente, haciendo el gesto de que parase.
-Quiero hablar contigo- dijo él, serio.
-¿Qué sucede?- Esto no era propio de él. Posiblemente fuera otra trampa. Las llaves estaban desprotegidas, si corría, podía alcanzarlas. Antes de que el mago de fuego empezara a hablar, se puso en marcha. Corrió todo lo veloz que pudo, y lanzó el látigo para coger las llaves. Sin embargo, Natsu apareció delante de ella, enrollando el látigo con su muñeca, agarrándolo con la mano y de un tirón, Lucy y él estaban a dos centímetros de separación.
-¡Lucy Kick!- exclamó Lucy, asestándole su famosa patada. Sirvió para distraerlo, pero cuando intentó avanzar a por las llaves la cogió del brazo y la lanzó al otro extremo del círculo con fuerza, impactando Lucy contra el suelo.
-¡¿Pero qué te pasa?!- exclamó ella.
-No puedes ni valerte por ti misma, eres una inútil- contestó Natsu- Sin tus llaves no eres nada-
De posiblemente nada, claramente era una trampa.
-Mira, no sé quién eres, desde luego Natsu no, pero ya podrías dejarme tranquila, yo sigo mi camino y tú el tuyo y tan felices, ¿Qué te parece?- dijo ella medio bromeando, medio en serio. Si podía librarse de él mejor que mejor.
-Huyendo, como siempre- contestó él. Encendió sus puños- Prepárate-
-No, por favor- dijo ella, aún tirada en el suelo. Cuando vio a Natsu venir hacia ella, tan decidido, no tuvo más remedio que reaccionar.
-¡Ábrete, Puerta de la Doncella, Virgo!- exclamó alzando la mano. Sin embargo, Virgo no apareció por ninguna parte. Natsu se había parado justo delante de ella, y empezó a reír. Ella estaba perdiendo la esperanza, habría algún hechizo para que no salieran.
-¿Ves? Sin tus llaves no eres nada- dijo él- Voy a por ti, Lucy- encendió otra vez sus puños, listo para atacar.
Lucy se puso de pie, y lo encaró. Si tenía que luchar, lucharía. Estaba convencida de que no era Natsu, sin embargo, como tuviera el mismo poder mágico que él, estaba perdida.
-¡PUÑO DE HIERRO DE DRAGÓN DE FUEGO!- Y embistió contra ella. Lucy intentó esquivarlo, pero no pudo. Se chocó contra la pared que formaba la luz en los bordes, y cayó al suelo. Natsu empezó a pisarle la cabeza.
-Dime, Luce- empezó Natsu, sin dejar de presionar- ¿Cómo pensabas vencerme, eh?-
-No me llames Luce, solo Natsu puede llamarme así- dijo ella con mucho esfuerzo. Un solo golpe y estaba derrotada. Qué patética.
-Yo soy Natsu, Luce-
-¡No! ¡Natsu daría la vida por sus amigos! ¡Hemos vivido demasiados momentos juntos como para que vengas tú e intentes confundirme, y niegues todo lo que conozco de Natsu!- No se iba a dejar derrotar por palabras de un desconocido. Sabía que lo que pretendía era hacerle daño, y no lo conseguiría mientras tuviera la mente clara.
Se zafó de Natsu poniéndole la zancadilla, lo que hizo que se tambaleara hacia atrás. Lucy aprovechó para dar alejarse unos pasos de él. No podía dejarse vencer. Sus amigos la estaban esperando.
-Te puedo asegurar, Luce, que nunca has significado nada para mí- Esas palabras le cayeron a Lucy como una jarra de agua fría. "Lucy, no te distraigas" se dijo. Sabía cuáles eran sus intenciones, pero… Se le quedó clavada una espinita. Aun así, se repuso rápido y encaró a Natsu.
-No vas a hacer que me confunda.- dijo ella. Aunque casi lo consigue- ¡Voy a terminar contigo, seas quien seas!- Extendió los brazos a sus lados, y empezó a recitar.
"Sonido de los cielos, abre los cielos
Estrellas de todo el universo,
Muéstrense ante mí.
Con todo su esplendor
Tetrabiblos, yo soy la soberana de las estrellas.
Mi aspecto es la perfección.
¡Abrid el portal salvaje,
88 estrellas de los cielos!
¡Abrete!
¡URANO METRIA!"
Una luz envolvió el claro, y 88 esferas llenas de luz y poder cayeron sobre Natsu. Lucy no sabía si soportaría el hechizo, ya que nunca lo había probado desde que aumentó su poder mágico el año que desapareció Fairy Tail.
Pero lo había hecho, y le había salido bien.
Y no estaba cansada, todo lo contrario. Estaba llena de energía.
Lucy era más fuerte, y se había dado cuenta.
Se le apareció una tercera figura casi inmediatamente.
-¿Otra más? ¡Ya no podéis engañarme!- exclamó ella, dirigiéndose a quien o quienes estuvieran manejando esto. Se sentía segura, hasta que vio quien era la persona que tenía enfrente, una vez totalmente formada. Abrió los ojos, sorprendida, y aterrorizada.
Al pasar la tormenta, Natsu decidió ser el que estuviera en la cola observando el horizonte. Los ánimos estaban bajos en el barco, ya que habían perdido a su valiosa amiga, pero no perdían la esperanza. Pasaron unas horas, cuando Natsu vio tierra firme.
-¡Chicos! ¡Veo una isla! ¡Todo recto Erza!- gritó Natsu desde arriba. Así lo hizo la maga. En poco tiempo estaban cogiendo la barca y remando hacia la orilla, si Lucy estaba viva, tenía que estar en esa isla.
Natsu salió corriendo a la mínima que pudo pisar tierra firme, buscando a la rubia. Captó el olor de Lucy y avanzó siguiéndolo. Su equipo intentó seguir su paso.
Lo condujo al interior de la isla, y a un claro. Llegó y vio a la chica que estaba buscando tendida en el suelo, las llaves en la otra punta. Claramente preocupado por su salud, se acercó a ella a toda velocidad.
-¡Lucy!- gritó. Estaba ya cerca suya, se agachó para cogerla en brazos, pero cuando la tocó, una onda expansiva salió del cuerpo de ella, que mandó lejos a Natsu.
-¡Chicos, no os acerquéis!- les dijo a los demás, que acababan de llegar- Algo raro está pasando- añadió.
Lucy seguía en el suelo, sin reaccionar un mínimo. La onda expansiva que se creó, se redujo lo suficiente como para cubrir a la maga celestial, como si fuera una cúpula.
Natsu corrió otra vez hacia Lucy, pero la onda lo volvió a lanzar. Llegó un punto en el que todos atacaron a la cúpula, para ver si se rompía, pero nada.
Desesperado, el mago de fuego solo gritó.
-¡LUCY! ¡DESPIERTA!-
El cuerpo de Lucy se estremeció.
