¡Buenas! He tardado un poco más que normalmente en actualizar, ¡perdón!
Lo comenté en el capítulo anterior, pero lo vuelvo a decir. Tengo exámenes de la universidad en septiembre, y son super importantes así que el estudio me ocupa mucho tiempo. Por eso estoy tardando más de la cuenta.
Intentaré que el próximo capítulo sea antes, pero no puedo prometer nada. Como máximo una semana, ¡prometido! Muchas gracias por los comentarios y los mensajes, me dan la vida, ¡en serio!
¡Nos vemos pronto!
Despierta
—Soy yo…—Lucy estaba aterrada, porque la persona que se le había aparecido ante ella era, precisamente, ella misma, era como mirarse en un espejo. Sin embargo, no era como ella, ni como la Lucy de Edolas, ni como la Lucy en la que se transforma Géminis.
No tenía brillo en su mirada, tampoco expresión alguna en su rostro. Se limitaba a estar ahí, de pie, frente a ella. La Lucy inexpresiva habló.
— ¿Tienes miedo? — exactamente la misma voz. Lucy se estremeció.
— ¡Pues claro que tengo miedo! ¿Cómo no voy a tenerlo? —contestó con desesperación. No sabía qué haría. No sabía que pretendía.
—Tú… Vas a estar sola en un futuro —Nuestra Lucy negó con la cabeza. Estaba harta de esos jueguecitos mentales. Sin embargo, le afectaba que se lo hubieran dicho ya tantas veces.
—No, tengo amigos que me quieren— contestó segura.
—No lo entiendes. ¡Te estás quedando atrás! — la Lucy falsa empezó a llorar. Lucy no sabía cómo reaccionar.
—Escúchame, tus amigos ya han intentado confundirme, deprimirme, y matarme incluso, así que dime exactamente que pretendes y ya está— dijo ella cansada.
— ¡Mi padre siempre me ha odiado! ¡Lo he decepcionado desde que mamá murió! Natsu también me odiará, cuando descubra que no soy tan fuerte, que soy débil. El resto del equipo igual. Me volveré mala escritora, porque no tendré nuevas aventuras que contar. Mis llaves me traicionarán, porque no querrán tener de dueño a alguien como yo. ¡Me quedaré sola! — habló mientras lloraba. Lucy tenía dudas. Su llanto parece real. ¿Es esto lo que le esperaba en un futuro? Empezó a pensar.
No es como si esas dudas no hubieran pasado por su cabeza desde que estrechó lazos tan fuertes. Por muy segura que una esté, es difícil que a veces no te surjan dudas, algún pensamiento negativo. Cuando aparecían, intentaba apartarlos al fondo de su mente, cubrirlos con otras cosas, pero seguían ahí.
A lo mejor, estas inseguridades no tenía que guardarlas. A lo mejor, solo tenía que hablarlas con sus compañeros.
A lo mejor solo tenía que releer la carta de su padre cuando falleció, para seguir creyendo fuertemente en que la quería.
A lo mejor solo tenía que aceptarlas, pensarlas, hablarlas, y remediarlas, no ocultarlas en lo más profundo de su mente, ya que volverían a surgir.
Entendió.
Lucy suavizó su expresión, y empezó a avanzar hacia su reflejo. Porque no, no era una Lucy falsa, era ella misma, con sus propias inseguridades.
Abrazó a la Lucy que tenía enfrente de ella, y las piernas de esta última flaquearon.
—Has tenido que tener mucho miedo— dijo Lucy. La otra Lucy dejó de llorar.
—Estaba muy oscuro ahí abajo, tú sabes, — contestó su reflejo con un tono triste, pero más tranquila — en tu mente—.
—Lo siento — agarró a su reflejo por los hombros y la miró — No estás sola, estoy contigo. Los demás también están contigo. Ya no te reprimiré, ni tampoco huiré de ti. Te aceptaré tal y como eres, Lucy— .
—Gracias— contestó. La Lucy reflejo empezó a desvanecerse en una luz brillante, convirtiéndose en un polvo dorado que se elevó para caer sobre Lucy.
Escuchó una voz en la lejanía, llamándola. Era la voz de Natsu.
Entonces, empezó a iluminarse todo a su alrededor, y de ahí, lo último que vio fue el brillo que el entorno emitía, antes de que cerrara los ojos y se convirtiera todo en negro.
Cuando el cuerpo de Lucy se estremeció, todos la miraron expectantes. Necesitaban saber que le estaba pasando a su amiga.
La cúpula que cubría a Lucy empezó a desvanecerse, dejándola totalmente descubierta.
Natsu corrió hacia ella con ansia, se agachó y la apoyó en sus rodillas.
— ¡Lucy! ¡Lucy, despierta! — exclamó, aliviado por tenerla entre sus brazos, pero asustado por no saber qué le estaba pasando. Los demás los miraban expectantes.
Lucy empezó a abrir poco a poco los ojos, y lo primero que vio fue a su mago favorito. Sin pensarlo mucho, casi por instinto, levantó la mano y empezó a acariciarle el cabello.
—Hola, Natsu— dijo ella en un susurro —Has tardado mucho— comentó con una sonrisa.
—Lucy, por fin estás con nosotros— contestó él, aliviado, con una ligera sonrisa. El resto del equipo estaba en silencio, porque estaba siendo una escena conmovedora, y no querían interrumpirla. Bueno, excepto uno.
—Se gussssssstan—dijo el gato más indiscreto. Natsu y Lucy oyeron el comentario perfectamente, peo estaban tan ocupados mirándose, que decidieron no hacerle caso.
De repente, Lucy sintió un ardor en el muslo izquierdo. Se arqueó del dolor, sentándose y mirando la parte afectada. Una luz dorada iluminaba la parte que sentía que se le estaba quemando, y de repente cesó.
La luz había dejado una marca de color negra, formando una estrella.
— ¿Y esto por qué? — preguntó más para sí misma que para los demás. Su equipo la miró preocupado. Natsu, que estaba al lado suya, se acercó y percibió un olor familiar.
—Esto es… Huele igual que E.N.D. —
— ¿Cómo es posible? Es decir, ha pasado un año desde que lo modifiqué — dijo ella preocupada.
—Durante este año no hemos ido mucho de misiones, a lo mejor algo en esta misión ha provocado que E.N.D. se active— comentó Gray—Lucy, yo te vi. Por un momento pareció que el libro te tenía controlada. Es posible que E.N.D. haya dejado huella en ti y haya surgido ahora— concluyó.
—Cuando llegamos aquí, e intenté cogerte, una onda me mandó por los aires y te estuvo protegiendo de nosotros hasta que te despertaste tú. ¿Qué te estaba pasando? — preguntó Natsu.
—Es un poco largo de contar…— dijo ella— Sin embargo, ahora lo entiendo todo—.
—Lucy, es mejor que volvamos al barco cuanto antes y puedas descansar. Esta noche en la cena nos lo cuentas todo— sugirió Erza. Era una idea razonable, y asintió.
Lucy se dio cuenta de que aún no tenía sus llaves y se levantó a por ellas, que seguían en el sitio en el que estaban la última vez que las vio. Esta vez pudo cogerlas. Entonces, apareció Loke, habiéndose invocado él mismo. Cogió a Lucy por los hombros con urgencia.
—Lucy, menos mal que estás bien. Hemos visto todo lo que te ha pasado, y no podíamos salir. Ha sido un infierno para nosotros no poder protegerte— dijo Loke con frustración.
— ¿Protegerte? ¿De qué? — preguntó Erza. Todos se hacían la misma pregunta.
—Luego os lo cuento —dijo Lucy — Vosotros, los espíritus, ¿estáis todos bien, no? — Loke se relajó y aflojó el agarre a Lucy, pasando a ser una caricia en los brazos.
—Sí, gracias. Me alegro mucho de verte bien. No puedo sentirme más orgulloso de tenerte como ama. Muy bien peleado — dijo con una sonrisa —Voy a decirles a todos que estás bien. Nos vemos pronto Lucy— le guiñó el ojo, y le besó la mano, como el mujeriego que es. Desapareció en un abrir y cerrar de ojos.
Todo el equipo se quedó callado, sin saber a qué se refería Loke.
Decidieron no presionar a Lucy demasiado, y llegar al barco con calma. Happy estuvo todo el rato abrazándola, y ella no podía estar más a gusto.
Mientras iban para el barco, todos veían a Lucy diferente. Caminaba con soltura, con seguridad, delante de todos ellos. Le brillaban los ojos, y su rostro denotaba calma, mezclada con felicidad.
Pero no, no era solo eso. Había algo más. Cuando prestaron atención, todos sintieron un poder mágico muy fuerte, que no habían sentido antes.
Se miraron entre ellos, extrañados, ¿venía de Lucy? Un poder mágico que podía igualarse al de Erza, o al de Mira. Se volvieron a mirarla.
Lucy seguía caminando, distraída, acariciando a Happy y hablando con él. Seguía siendo la misma de siempre, ¿no?
Todos se dieron cuenta, entonces, de un detalle importante: Lucy era mucho, mucho más fuerte que antes.
