Disclaimer: De haber sido yo la creadora, Yoon tendría todos los libros que desee leer al alcance de su mano. So, AnY pertenece a Kusanagi-sensei.
[Este fic participa en la actividad "Refranero de madres" para el foro «El feliz grupo de hambrientos»].
Sick
—Refrán 21º: A la mejor cocinera, se le ahuma la olla — propuesto por oxybry.
Ese día definitivamente dio un giro inesperado cuando Yoon sirvió la cena.
—Uh… —murmuraron todos extrañados después de dar el primer sorbo.
Yoon, que había terminado de servirse a sí mismo después de sentarse, los miró con una ceja alzada. Todos lo miraban. —¿Qué?
—N-nada, Yoon-kun —respondió Jae-Ha adelantándose a los demás, sonriendo conciliador.
Yoon mantuvo su mirada, pero no dijo nada. El dragón verde suspiró quedamente con alivio, y después miró su sopa, que lucía como la sopa a la que estaban acostumbrados, totalmente normal y deliciosa. Los cuatro dragones, Hak y Yona hicieron lo propio. «Debí haber estado equivocado» era el pensamiento común.
Los presentes, moviendo la cabeza para espabilarse, se armaron de valor y tomaron un segundo bocado, seguros de su error. Pero en cuanto tragaron, todos quedaron estáticos en un cavernoso silencio, el aire llenándose de una incómoda opresión. «Ésta sopa sabe…»
—La sopa sabe horrible, muchcho —interrumpió el silencio Zeno alegremente. Todos lo miraron acusdoramente, para después girar sus miradas a Yoon, esperando por su reacción asustados. Él parecía más bien en shock, como si no procesase las palabras del dragón.
«Nunca en mi vida… —pensó un muy impresionado genio guapo, inclinándose peligrosamente hacia atrás, como si hubiese recibido un golpe—, nunca nadie…».
A falta de reacción por parte del cocinero, Kija se alarmó. —¡Zeno! ¡Discúlpate con madre inmediatamente! —exclamó, tomando por el cuello de la túnica al dragón amarillo. Después se giró hacia Yoon—. ¡No escuches a Zeno madre, tu comida es deliciosa! ¡El problema debemos ser nosotros!
Muy convencido, Kija asintió con los ojos brillantes de resolución. Los otros lo dudaban, pero nadie dijo una palabra al respecto.
—Mucha sal —murmuró Shin-Ah con voz queda después de unos segundos de silencio tenso.
—Las verduras no están bien cocidas —mencionó Hak en el mismo tono.
—La carne esta cruda —se escuchó la vocecita de Yona.
—Sabe a agua con tierra —río Zeno—. Y Zeno lo sabe, Zeno tomaba agua con tierra cuando estaba muy sediento.
—La mía tenía un insecto —aportó Jae-Ha, poniendo una mano en su barbilla.
—¿¡Insecto!?
—¿¡Ahora resulta que son expertos en cocina!? —clamó Yoon con las mejillas muy sonrojadas, sintiéndose mareado. Era verdad que se había sentido algo confundido durante el día, demasiado distraído, cansado y con el cuerpo pesado pero… ¡pero él era Yoon! ¡su comida era alabada desde que tenía memoria! Nunca antes había hecho una comida menos que deliciosa, mucho menos había recibido la calificación de agua con tierra. ¡Era indignante, una blasfemia, mentira! ¡Decirle a él, a un chico tan apuesto y tan listo era tan...!
—Hasta al mejor cocinero se le ahuma la olla, no te mortifiques muchacho —comentó Zeno, encogiéndose de hombros con una sonrisa, dando paso al rostro horrorizado del aludido.
—¡Pues yo…! —comenzó a decir el más joven poniéndose en pie, sintiendo que las palabras de Zeno habían sido la gota que colmaba el vaso de su lastimado orgullo—. Yo… yo…
Y colapsó.
—¿¡Yoon!? —jadearon todos en cuanto el joven cayó sobre sus rodillas en la tierra, acercándose a él preocupados. Yona, que era la más cercana, se arrodilló a su lado y acercó una mano a su rostro sonrojado, colocándola en su frente.
—Estás ardiendo —murmuró con inquietud. Frunció el ceño, mirándolo a los ojos—. No has dormido nada, ¿no es verdad? Y estuviste lavando en el río hasta tarde, debes haberte enfermado.
—¿¡Qué!? ¿Madre está enferma? —vociferó Kija, poniendo ambas manos en sus mejillas con un gesto de horror.
—Eso explica por qué la sopa de madre sabía tan mal —señaló Jae-Ha, de brazos cruzados, asintiendo con seriedad. Hubo un murmullo de asentimiento.
—No soy… su… madre —masculló el aludido casi inaudiblemente, más por acto reflejo que por otra cosa. Ao saltó desde el hombro de Shin-Ah hacia Yoon, y de su boca sacó una bellota que intentó meter con fuerza a sus labios.
—Ao, él no puede comerla así —comentó suavemente el dragón azul, pero la ardilla lo ignoró y siguió intentando.
—¡Debemos darle medicina! —clamó Kija siendo secundado por el dragón verde, alejándose de la fogata y comenzando a rebuscar en las cosas de Yoon.
—Estoy bien bestias, no toquen mis medicinas —advirtió él tambaleándose al intentar ponerse en pie, viendo el desastre que los dragones estaban haciendo—. Estoy…
Colapsó de nuevo.
—¡Kija-kun, lleva a madre a la tienda! —ordenó Jae-Ha, apuntando con su dedo hacia el cielo. Al momento, el dragón blanco había alzado en vilo al joven con su garra, y Yoon, con Ao en la cabeza, fue llevado a la tienda que compartía con Yona.
Lo último que Yoon recordaba antes de caer inconsciente, era ser arropado por Shin-Ah con su tapado y tener a Ao aún en su cabeza; y el sentimiento ominoso de que esas bestias estúpidas iban a hacer un desastre con sus medicinas.
•
Yoon despertó sintiendo una opresión en el pecho.
Al intentar incorporarse, se encontró con que algo de verdad oprimía su pecho, una especie de tronco o…
—¡Ah! —exclamó cuando el tronco se movió. Pero el tronco no era un tronco, sino un brazo que estaba conectado a un cuerpo, que pertenecía al Ouryuu.
Zeno roncaba felizmente a su izquierda con los brazos extendidos a ambos lados (uno de ellos sobre Yoon), y a su lado estaba Shin-Ah, abrazando el otro brazo del dragón amarillo. A su derecha estaban Jae-Ha y Kija, el uno recargado en la espalda del otro, mientras que Hakuryuu murmuraba algo sobre bichos entre sueños y Ryokuryuu algo sobre amantes.
Hak y Yona estaban a sus pies (literalmente, Hak estaba aplastando uno de sus pies), hombro con hombro, con la cabeza de la princesa en el recoveco del cuello de la Bestia del Trueno. Finalmente, Ao estaba dormida sobre su cabeza, Yoon podía sentir una bellota en su mejilla que seguramente había dejado ella ahí.
Todos se habían quedado a su lado durante la noche, velando sus sueños.
—Bestias estúpidas —murmuró, escondiendo su sonrisa con una mano—. No cabemos todos en la tienda, tontos.
Lanzó una risita, cuidando de no despertarlos, y volvió a acomodarse entre ellos para dormir, pensando que después de todo, aunque la cena hubiera quedado horrible, no había sido tan malo.
Nota de la autora: ¡Este es en honor al cumpleaños de la mami del fandom, Yoon! *aplausos*. Pásense a "El feliz grupo de hambrientos", donde seguiremos celebrando el cumpleaños de este lindo personaje~
Espero que les haya gustado, ¡nos leemos! :3
