¡Buenas! Continuamos con la historia.

Espero que os guste, ya me contaréis! Agradezco a todos los que seguís la historia, sois mi mayor motivación!

Y no os preocupéis, dentro de poco empieza la acción.

¡Nos leemos!

Más

Esa mañana la despertó un portazo.

Lucy abrió de repente los ojos, sin saber muy bien qué estaba pasando. Sentía un apretón fuerte en la cintura, y una respiración en su cuello.

— ¿Qué…?— Vio un brazo, y cuando se giró pudo ver a Natsu, abrazándola mientras dormía. Hubiera chillado y pegado una torta, pero había sido ella la que había accedido a dormir con Happy y con él, esto podía pasar.

"A todo esto, ¿y Happy?" pensó Lucy. Miró un poco alrededor y lo encontró en el suelo de la habitación. Lucy quería cogerlo y abrazarlo pero no podía moverse.

—Pss, Natsu— empezó ella — Natsu, despierta— dijo en susurros. El mago de fuego se movió un poco, pero no lo suficiente para dejarla libre. Empezó a tirar de mechones de su pelo y hacerle cosquillas para que se moviera y apartara el brazo. Natsu terminó girándose hacia el otro lado de la cama, soltándola.

Lucy se levantó con cuidado de no hacer mucho ruido, cogió a Happy y lo dejó encima de la cama. Le pareció escuchar que decía la palabra "pescado", muy propia de él.

Los miró con cariño. Ella sabía que eran confianzas que se pasaban mucho de los límites de la amistad con Natsu, pero aceptó que no le importaba. No le resultó difícil comprender que, simplemente, estaban evolucionando sus sentimientos.

Se dirigió al baño para vestirse, porque a pesar de que tenían toda esa confianza, aún no se iba a mostrar delante suya desnuda estando sobria si se puede impedir.

En el baño, mientras se arreglaba, pensó.

"¿Qué hora es?" Se asomó al reloj de pared que había traído con ella, y vio que era casi medio día.

— ¡Natsu! ¡Happy! — Gritó Lucy— ¡despertad, es casi la hora de comer! — Los chicos empezaron a despertarse.

—Lucy, no chilles tanto…— dijo Happy desperezándose.

—Eso, menuda forma de despertar— le dio la razón Natsu.

"Eso significaba, a lo mejor… Que el ruido tan fuerte que me ha despertado, ¡fuera la puerta! ¡Alguien entró y nos vio asi!" Pensó alarmada. No quería rumores ni malentendidos.

— ¡Salid de mi cuarto ya! — gritó ella, desesperada. Los agarró a los dos y los lanzó por la puerta que enlazaba sus cuartos.

"De acuerdo, Lucy, mantén la calma. Arréglate y sal con normalidad del cuarto".

En unos minutos estaba lista, y decidió salir. Se encontró a todos en la cubierta, preparando la cena.

—Lucy, por fin— dijo Gray— Nunca ibas a salir del cuarto, eh— añadió él.

Intentó buscarle el doble sentido a sus palabras, pero no tenía esa tonalidad burlesca.

Erza estaba tranquila cocinando, Gray poniendo la mesa y Wendy arriba, en el mirador.

—Chicos, ¡a comer! — gritó Erza. Apareció Natsu en seguida, como si hace dos minutos no hubiera estado dormido como un tronco.

— ¡Buenas tardes, chicos! — exclamó Natsu.

—Mira, otro al que se le han pegado las sábanas que solo responde al llamado de la comida— dijo Gray.

— ¿Qué has dicho, cubito de hielo? —preguntó Natsu, encarándole.

—Lo que has oído, cerillita— Gray se le acercó, preparado para atacar, hasta que oyeron una voz de ultratumba.

—Chicos… Llevaros bien— dijo Erza, a modo de regaño. Los dos se relajaron en seguida.

Wendy bajó a comer, y cuando cruzó la mirada con Lucy, se puso colorada y se giró. A Lucy le pareció extraño, "¿es posible que haya sido ella? Precisamente la más inocente. Bueno, no es como si estuviéramos haciendo nada…" Ante este pensamiento, Lucy también se sonrojó.

—Lucy, ¿estás bien? ¿Tienes fiebre? Tienes la cara muy roja— dijo Charle.

—No, estoy bien, gracias— contestó ella.

— ¿Fiebre? A ver…— dijo Natsu. Acercó su cabeza a la de Lucy, con la intención de tomarle la temperatura, pero se llevó un empujón por parte de la maga.

— ¡Natsu! No te acerques tanto— dijo ella más colorada todavía.

— ¿Cómo puedes decirle eso a Natsu, Lucy? Después de haber dormido con él— preguntó un exceed azul muy indiscreto.

—Cállate, ¡estúpido gato! — gritó Lucy. Miró a su alrededor, deseando que nadie lo hubiera oído, pero más hubiera querido ella. Todos se quedaron muy quietos, habiendo dejado lo que estaban haciendo, y sus miradas alternaban a Natsu y a Lucy, con cierta alarma y duda en sus miradas.

—A-Así que ya tenéis este tipo de relación…E-Espero que hayas usado protección, chicos, ejem— Dijo Erza con la cara roja como su cabello.

— ¡No, Erza, no es lo que tu crees! — intentó aclarar Lucy.

—Ay que ver, Natsu. Y parecías tonto. Por fin haces algún movimiento— dijo Gray con una sonrisa burlona.

—Gray, ¿tú también? — Lucy estaba desesperada. No sabía cómo podía arreglar la situación.

—Chicos, yo…Los vi esta mañana. ¡No pretendía interrumpir nada! — dijo Wendy con las manos en la cara, intentando tapar su sonrojo.

—Ah, por eso has venido tan confusa antes. Chicos, sed un poco más discretos que hay niños en el barco— les regaño Charle.

—Pero… ¡Happy también estaba con nosotros! ¡Estábamos durmiendo, sólo durmiendo! — contestó Lucy. La situación se le estaba yendo de las manos.

—Lucy, un chico metido en tu cama… Ojalá fuera yo tan atrevida— siguió Erza— Qué envidia—

— ¡Que no hicimos nada más que dormir! ¡Happy, di la verdad maldito gato! Natsu, ¿no vas a decir nada? — preguntó Lucy desesperada.

—Es verdad que dormimos juntos, Luce. No hay por qué avergonzarse— dijo Natsu. Es torpe en los momentos más importantes. Hay que ser lento.

— ¡No se están refiriendo a dormir! ¡Se están refiriendo a "dormir"! — siguió ella, haciendo en el segundo dormir el gesto de las comillas con las manos.

—En realidad, chicos, en realidad…— Todos estaban pendientes de lo que diría Happy, ya que podría salvar a Lucy, o enterrarla directamente—Se gusssssssssstan— terminó.

Lucy pensó en tirarse por la borda. El agua parecía la mejor opción. La vergüenza que sentía le ganaba a la lógica y a la razón.

— ¡Happy, bocazas! — gritó Lucy. Miró a Natsu para ver si también reaccionaba y regañaba al gato, pero no lo hizo. Simplemente la miró y le sonrió.

"¡¿QUÉ SE SUPONE QUE SIGNIFICA ESO?!" Le estaba superando la situación, por lo que decidió escapar a su camarote. En un abrir y cerrar de ojos, Lucy había desaparecido de sus vistas.

—Qué rápido ha sido eso— comentó Erza—Así que Natsu, ¿Lucy y tú dormisteis juntos? — preguntó un poco menos tímida.

— ¡Sí! Lucy, Happy y yo— contestó él.

—Ah, que estabais con Happy— dijo Gray.

—Creo que Lucy lo chilló antes, pero no le hicisteis ni caso— comentó Charle.

—Pero Natsu, ¿qué hicisteis exactamente? — preguntó el mago de hielo.

—Dormir— contestó con simpleza, como si fuera obvio— Voy a ver cómo está Lucy—se giró y se fue por el pasillo que daba a las habitaciones.

Todos respiraron un poco más tranquilos.

Gray miró a Happy, con una ceja levantada.

—Qué te gusta meterte con ellos— dijo Gray.

—Necesitan empujones— contestó él, con una pata en la boca— Aunque esta vez puede que me haya pasado un poco— añadió un poco arrepentido.

Con el primer comentario, todos se quedaron callados. Entendieron perfectamente el significado de esa frase.


Natsu fue en busca de Lucy, con la intención de traerla de vuelta para comer. Sabía que esos comentarios le afectaban mucho, por lo que no terminaba de entender por qué Happy era tan malo con ella.

Se detuvo en la puerta de su camarote, y tocó. Oyó un débil "adelante".

Cuando pasó, se encontró a la maga sentada en el suelo, con la cara sonrojada y los ojos llorosos, pero sin derramar lágrimas.

—Lucy…— empezó Natsu, pero ella le interrumpió.

—Siento haber huido así de cubierta— dijo ella, con voz temblorosa—Ese tipo de bromas… A veces van demasiado lejos— añadió.

—Lo sé— dijo Natsu. Se acercó a ella y se agachó a su lado

— ¿A ti no te molestan? — preguntó.

—La verdad es que no— contestó él. "Natsu está actuando maduro, quién le ha visto y quién le ve", pensó.

— ¿Por qué? —

—Supongo que no me importa que digan esas cosas sobre nosotros— contestó con simpleza.

Lucy no consideraba esa una respuesta clara, ya que no lo era. Quería saber más.

— ¿Y por qué no te importa? — preguntó otra vez. Natsu se quedó pensativo por un momento, mirando para arriba y poniéndose una mano en la barbilla, a modo de estar reflexionando. Lucy se le quedó mirando. "Le ha crecido el pelo" pensó. "Me encanta lo esponjoso que es".

"¿Por qué estoy pensando en su pelo?" se preguntó ella. Se consideraba precavida. Natsu era un torpe, y ya le había pasado una vez. Hasta que no fuera extremadamente descarado, o incluso se lo dijera, no iba a pensar nada raro.

Lo que no podía negar, es que Natsu era la persona que más quería. Sin embargo, y para su suerte o su desgracia, no estaba segura de qué tipo de "querer" era. Estaba empezando a confundirlos. Natsu habló.

—Es posible que… Algo esté cambiando— Lucy iba a preguntar otra vez, pero él se le adelantó a responderle— Entre los dos, me refiero. Un cambio a algo más fuerte. —

Lucy se quedó mirándole, sin decir nada. No se esperaba que llegara tan lejos en su reflexión.

Le daba miedo admitir nada, incluso pensarlo, pero se permitió a si misma que surgiera una ligera idea. ¿Era posible?

—Es posible— contestó ella, antes de siquiera pensarlo. Ambos habían plantado, diciéndolo en voz alta, una semilla. Una semilla que podía florecer, y cambiarlo todo.

Pero eso se vería más adelante.

— ¡Seguro que descubriremos de qué se trata!— dijo Natsu— ¡Tengo hambre, Lucy! Vamos a comer— se levantó y la miró, ofreciéndole la mano.

— ¡Sí! — Con este momento, se le había pasado el mal humor y la vergüenza. Suponía que a partir de ahora, las bromas que hicieran Happy y los demás, no le parecerían tan descabelladas.

Aparecieron en cubierta, y estaban todos sentados esperándoles. Todos pidieron perdón a Lucy, y Happy voló hacia ella y se apoyó en su pecho.

—Lo siento Lucy— Desde luego, sonó muy arrepentido, pero Lucy sabía que lo volvería a hacer, tarde o temprano. Simplemente lo dejó pasar, y lo abrazó.

Se sentaron a comer, que más bien era una merienda, ya que entre una cosa y otra, se habían retrasado.

Natsu se sentó enfrente de Lucy, y comieron con calma. El grupo hablaba de trivialidades, de misiones antiguas y anécdotas de unos y de otros. Había un buen ambiente.

Y, entre risas, dos magos cruzaban miradas continuamente, buscándose el uno al otro, y siempre encontrándose.