-Capitulo II-
Brasov Rumania 1904
En una de las muchas habitaciones de la mansión Mutou, una mujer daba a luz a su segundo hijo, sin embargo no todo era felicidad, pues al perecer algo no estaba bien, ya llevaban más de veinticuatro horas en las labores de parto, la madre y esposa de Akun Mutou, no soportaría más presión; al llegar el día, el grito de un bebe llorando lleno de alegría a la familia Mutou, pues su segundo hijo había nacido.
El parecido del recién nacido con el hermano mayor era muy similar, solo unos cuantos mechones rubios eran diferentes y los ojos, ya que los del bebe eran color amatista y los del mayor rojo carmesí.
— Su nombre será Salomón — dijo Akum a su esposa, quien debido a las dificultades en el parto no le quedaba mucho tiempo de vida.
Un pequeño niño de apenas ocho años, observaba la escena, vio como su madre con una mano le pedía que se acercará.
—Atem, él es tu hermano menor, por favor, promete que lo vas a cuidar— dijo la mujer, quien a pesar de la palidez de su cuerpo, su belleza seguía siendo deslumbrante, al igual que sus ojos color carmesí.
—Claro que si mamá, yo lo protegeré— dijo el niño, tratando de no dejar caer las lagrimas de sus ojos.
La mujer solo asistió, le dio el bebe a Atem para que lo cargará, se recostó sobre la cama y dio su último aliento.
A la mañana siguiente, todos los amigos y familiares estaban en el cementerio acompañando a la familia Mutou, colocaban en ese momento las cenizas de la mujer en el mausoleo familiar.
Cabe mencionar que le mausoleo de la familia Mutou era uno de los más grandes, tenia forma circular y dentro de este había un espacio amplio donde cabían al menos 10 personas, además de que se tenía como regla que cada miembro de la familia que muriera, debía ser quemado y enterradas únicamente las cenizas, estas eran colocadas sobre las paredes, y selladas con piedra que llevaría únicamente el nombre de la persona y fecha.
Cada persona ahí presente se fue despidiendo poco a poco, hasta que solo quedó un niño de ocho años, que lloraba cerca de la piedra inscrita de su madre.
—¿Porque lloras?— dijo una voz
Atem se sobresaltó al escucharla, pues se suponía que se había quedado solo, volteo hacia atrás y vio a una persona de piel pálida que traía puesto un traje negro junto con una capa larga con color rojo por la parte de adentro y negra por fuera; poseía unos ojos café que parecían brillar como si la luz les diera de lleno, además el cabello blanco lago que le llegaba más debajo de los hombros, hacía que se viera muy hermoso; que se encontraba parada justo en la puerta del Mausoleo.
—Mi madre acaba de morir— le dijo
—Ya veo, ¿y por eso estas triste?—
—¡Déjame solo! — contesto enojado Atem, que acaso esa persona no se daba cuenta del dolor que sentía.
El ser solo se acerco a él, saco un pañuelo de sus ropas y se lo dio diciendo.
—Esos bellos ojos no deberían estar cubiertos por las lágrimas—
Atem tomo el pañuelo, cerro sus ojos para limpiar sus lágrimas, no tardo más de dos segundos en hacer esa acción, pero cuando los abrió se dio cuenta de que estaba solo de nuevo, esto le causo miedo, así que se levantó del lugar y salió de ahí tan pronto como pudo.
Brasov Rumania 1908
Pasaron varios años, Atem comenzaba a aprender el oficio de la familia, después de todo la casa de Vampiros no era algo que se tomará a juego; tenía apenas trece años y el ya dominaba el arte de la espada, el arco y por supuesto, sabia clavar estacas justo en el corazón sin fallar.
Ese día iban a la caza de un vampiro pequeño, pues se trataba de un niño que al parecer había tenía apenas seis años, pero la matanza que causaba en la ciudad era exagerada.
—Estás listo, es tu primer misión después de todo— dijo Akum, cargándose una bolsa que contenía el equipo necesario.
—No puedo estar más listo— Contesto Atem, pues tomaba su trabajo muy en serio, después de todo no quería que Salomón tuviera que exponerse al peligro, así que debía dar muerte a esas criaturas de inmediato.
—Andando entonces—
Llegaron a una casa que había sido devastada por un incendio, entraron procurando no hacer ruido, aunque parecía imposible, pues la madera crujía con cada pisada, además el hollín quedado en las paredes hacia que todo se viera más oscuro, exploraron cada rincón; Akun observo unas huellas pequeñas en el techo que bajaban por una de las paredes y se perdían de la nada.
Al ocultarse el sol por completo, la oscuridad de la casa se incrementó, sacaron unas lámparas de aceite para poder ver mejor, seguido de esto, sonó un ruido extraño proveniente del sótano.
Atem no lo pensó dos veces para asomarse, sin embargo esto fue una muy mala idea, ya que la creatura que buscaban salió disparada aventándolo por los aires; hubiera sufrido lesiones grabes si su mejor amigo Tristán no lo hubiera atrapado.
—¿Estás bien Atem?— pregunto una chica de cabello castaño de nombre Anzu.
—Si, estoy bien, ya me puedes bajar Tristán—
—Ten más cuidado, pues sería vergonzoso que murieras en tu primer encuentro— dijo Tristán regalándole una sonrisa sincera a Atem, mientras lo depositaba con cuidado en el suelo.
—No me volverá a pasar—
En eso escucharon un rifle ser disparado, alertando a los tres chicos, corrieron en dirección al ruido y encontraron al papá de Atem, Akun, haciéndole frente a la pequeña criatura.
El pequeño niño solo esquivaba los disparos del arma, moviéndose con gran destreza sobre las paredes y el techo.
—No dejen que escape — ordeno Akun.
Los chicos se alistaron con sus armas: Atem tomo la estaca, Tristán el disparador de flechas y Anzu el agua y crucifijos benditos.
Sin esperar, comenzaron a atacar al niño, y solo se escuchaban los gritos que emitía cada que una flecha lo alcanzaba.
Cuando al fin lograron tenerlo en el suelo, Atem clavo la estaca sobre el corazón del niño diciendo —Que tu alma sea permitida en el cielo—, mientras Anzu vertía el agua bendita para que se purificara el cuerpo.
—Buen trabajo a todos— dijo Akun, ganándose la sonrisa de los jóvenes de trece y dieciséis años, así es Anzu y Tristán eran más grandes que Atem.
—Vamos a casa, nos merecemos un buen festín — dijo Akun, mientras guardaban el equipo.
Estaban tan contentos por el éxito obtenido, que no notaron la otra presencia que había estado observándolos desde que habían llegado.
—Y los monstruos somos nosotros, me vengare malditos, los matare a cada uno de ustedes de la forma más dolorosa que se me ocurra— dijo el ser, desapareciendo entre las sombras.
Al llegar a la mansión, un festín completo los esperaba, comida y vino adornaban el gran comedor; Atem entraba justo por la puerta principal, cundo un niño de cuatro años se abalanzo hasta él y de un pequeño brinco logró que su hermano lo cargará.
—Te extrañe Hermano —dijo el niño.
—Pero si no tardamos tanto Salomón —
—Para mí fue eterno —
Atem le dio un pequeño beso en la frente al niño, quien correspondió al gesto dándole un gran abrazo, después lo bajo y comenzó a alborotar su cabello.
—No hagas eso, me acaban de arreglar—
—Vamos al comedor, Salomón deja que Atem coma, no quiero que regrese tan tarde — dijo Akun, dirigiéndose al comedor.
Atem y Salomón solo lo vieron, pero ninguno se molestó, después de todo su padre no era nada amoroso con ellos y ese día menos.
En el comedor, todos disfrutaron de la cena y felicitaban al pequeño Salomón por su cumpleaños, él niño disfrutaba mucho el estar con todos ellos, cuando el festín acabó, Atem cargo entre sus brazos al niño para llevarlo a su habitación, lo recostó en la cama, le dio un beso de buenas noches, lo tapo y salió de la habitación.
Era el aniversario luctuoso de su madre, y como cada año, Atem le llevaba flores para adornar su tumba, al estar enfrente se hincó para hacer una oración.
—¿No te cansas de venir año con año?—
Atem solo sonrió, pues reconocía esa voz.
—¿Y tú no te cansas de verme venir año con año?—
—Si me cansará, ya no lo haría— dijo la voz, haciendo que Atem sonriera.
—¿Ahora si me dirás tu nombre, extraño?— pregunto Atem
—Solo si me dices el tuyo—
—Soy Atem— dijo levantándose y girando para ver a esa persona
—Atem, tienes un hermoso nombre, yo soy Bakura—
Desde ese día Atem iba cada fin de semana al cementerio para verse con Bakura en el mausoleo, le gustaría ir todos los días, pero se la pasaba ocupado con la casería de vampiros.
Brasov Rumania 1912
Había pasado el tiempo, casi se daba la extinción de los vampiros, pues el equipo de cazadores formado por Atem, Anzu, Tristán y Akun; trabajaban arduamente para cumplir con el objetivo.
—Debemos encontrar la fuente — dijo Akun, mirando por la ventana hacia el jardín.
Sentados en el sillón del despacho se encontraban los tres jóvenes; Anzu, Atem y Tristán.
—A que te refieres ¿con la fuente? — preguntó Atem
—Simple, hasta ahorita solo hemos acabado con señuelos, pero si encontramos al Vampiro responsable de las transformaciones, acabaríamos con todos de una vez por todas — dijo Tristan.
—¿Y donde lo buscamos? — dijo Anzu
—Podemos revisar los archivos, triangular en qué lado de la ciudad se dan más los ataques, es ahí donde debe de estar— propuso Atem.
—Buena idea Atem, hagámoslo enseguida— dijo Tristán.
—Anzu, Tristan hagan eso ustedes en otro lado, necesito hablar con Atem a solas— dijo Akun, sobresaltando al muchacho.
Anzu y Tristan solo asintieron, tomaron los papeles que ocuparía y salerón del lugar dirigiéndole una sonrisa de aliento a Atem.
Una vez solos en ese despacho, Akun fue directo.
—¿Con quién te ves cada que estas en el mausoleo?—
—Yo…— trato de decir, era tan sencillo haber contestado que con nadie o solo que con un amigo, pero no podía, y no sabía porque le era tan difícil responder esa pregunta tan sencilla.
—A partir de mañana, no iras más a ese lugar…—
—Pero…— trato de objetar Atem, pero su padre no paro de hablar.
— necesito que te enfoques más en la misión, ya falta poco para que cumplas diecisiete años, te nombraré jefe de esta familia, después de todo, eres el ejemplo de Salomón — dijo Akum, volteando a ver a Atem, solo para cerciorarse de que había quedado todo claro.
—Como diga Padre — dijo Atem, agachando su cabeza, solo podía hacer lo que su padre le ordenaba.
Esa noche, como todos los días, Atem iba con su pequeño hermano para desearle las buenas noches.
—¿Qué te pasa Atem?— preguntó Salomón, pues desde que lo vio entrar a su habitación, notó el semblante decaído de su hermano.
—Nada, estoy bien — Trato de mentir Atem, mostrándole una sonrisa fingida a su hermano.
—A mí no me engañas, a ti te pasa algo y no me quieres decir que es — dijo el niño, dejando ver un semblante serio.
—Es solo que…padre me ha prohibido la ida al Mausoleo —
—¿Ya se dio cuenta?—
—Eso parece, pues me pregunto que con quien me veía —
—¿Y qué le dijiste?— pregunto Salomón, tapando su boca con las manos, pues se supone que muy pocas personas conocían entre ellas él, que Atem se iba al mausoleo para verse con un chico.
—No pude contestar, no me dio la oportunidad —
Salomón se levantó de la cama y abrazo a su hermano.
—No te preocupes, sabes que cuentas con mi apoyo —
—Lo sé, ahora debes de dormir, los niños buenos se duermen temprano — dijo Atem, mientras recostaba a su hermano de nuevo en la cama y lo tapaba.
Al cerciorarse de que su hermano se había quedado dormido, salió de la habitación; asegurándose de que nadie lo viera tomo su capa color rojo, se dirigió hasta la salida principal.
Una vez fuera de la casa, corrió hacia el Mausoleo, después de todo ese día era uno muy especial, y había prometido estar ahí.
Al llegar se dio cuenta de que Bakura ya lo esperaba; la felicidad que lo embargo fue tan grande, que acelero su paso, extendiendo las manos se dejó caer a los brazos de Bakura.
—Pensé que no vendrías —
—Lo siento, me costó trabajo salir de la casa— dijo Atem de manera agitada — por cierto feliz aniversario — agregó sacando una pequeña caja de color rojo aterciopelado.
—¿Aniversario? —dijo Bakura muy confundido, pues hasta donde el sabia no estaba casado con Atem como para tener aniversario.
Atem sonrió de manera divertida, enrojeciendo sus mejillas le dijo — De nuestro primer beso, de que más podría ser —
—¡Oh!, eso, no sabía que se hacían aniversarios por eso— contesto, tomando la pequeña caja roja.
—Pues ahora ya lo sabes, así que quiero mi regalo—
—Está bien, cierra los ojos—
Atem obedeció cerrando sus ojos, Bakura se acercó hasta que sus labios hicieran contacto con los del chico rodeando su cintura con sus manos, mientras que Atem colocaba las manos alrededor del cuello de Bakura para profundizar el beso; Bakura metía su lengua en la boca del muchacho saboreando ese sabor a manzana y canela, ambas lenguas parecían danzar una con la otra; hasta que Atem sintió la necesidad de tomar aire, fue como se separaron, la verdad no sabía cómo es que Bakura podía aguantar tanto sin respirar.
—¿Te gustó tu regalo?—
—Me encantó— dijo Atem ruborizado, pues no entendía como es que le gustara una persona de su mismo género, además sabía que si alguien llegaba a verlos, podrían quemarlos vivos, pero aun así, amaba estar cerca de Bakura, —abre el tuyo —
Bakura vio la cajita en sus manos, se había olvidado de ella, la abrió con sumo cuidado, tomo lo que se encontraba ahí para observarlo.
—¿Un collar?— dijo, era muy bonito, pues era de oro y tenía forma de corazón con finos trazos plateados; aunque él no era de estar usando esa clase de joyería.
—Ábrelo—
Bakura abrió el pequeño corazón y vio una pequeña foto de Atem dentro.
—Es para que siempre este cerca de ti—dijo Atem mientras agachaba la cabeza, —sobre todo ahora que no podre verte más—
—¿Qué?, ¿A qué te refieres? — dijo Bakura, no podía creer lo que escuchaba.
—Mi padre me ha prohibido venir — dijo, tratando de contener sus lágrimas, — Esta es la última vez que estamos juntos — agregó dejando caer las primeras lágrimas.
Bakura por su parte solo logro enfurecerse, utilizando sus poderos de hipnotismo logro mantener a Atem en un trance, haciendo que el muchacho quedará completamente a su merced.
—Maldito Akun, no solo te diviertes matando a mis creaciones, sino que también quieres quitarme aquello que aprecio — dijo más para así, después de todo Atem se encontraba en trance — Así que es la última vez que te veo he— agrego, acercando el cuerpo de Atem hacia el suyo, abrió la boca dejando ver dos colmillos muy afilados, tomo la cabeza de Atem posicionándola de lado, logro ver un pequeño crucifijo de oro — eso no impedirá que me lo quede — dijo riéndose, mientras se acercaba de manera peligrosa hacia el cuello.
—Bakura, te amo—
Al escuchar la declaración, detuvo su ataque; lo único que pudo hacer fue cerrar sus ojos, mientras lo cargaba en brazos para poderlo llevar hasta su casa.
Pasaron varios días, y como Akun lo había pedido, Atem ya no iba al Mausole, ahora se encontraba estudiando y mejorando sus técnicas de combate, además que ahora tenía más tiempo para estar con Salomón, aunque su hermano le dijera que debía de hacer caso a su corazón también, no podía ir en contra de la orden de su padre.
Ese día el equipo de cazadores tenía un misión muy importante y peligrosa a la vez, pues según a las investigaciones de los chicos, el vampiro responsable de todo se encontraba cerca del cementerio, además tenían la ubicación del nido de todos ellos, ese día atacarían.
—…Y ahí es donde tu entras Atem, entendido — dijo Tristan viendo al joven, quien al parecer no había puesto atención en nada de lo que le habían dicho.
Atem solo suspiro, ocasionando que Anzu y Tristan se vieran mutuamente.
—Oye, no tienes que ir sino quieres, además será muy peligroso — dijo Anzu, tocando el hombro de Atem como señal de apoyo.
—Descuiden estoy bien— contesto Atem con desanimo, pues sentía un gran dolo en su pecho y no comprendía porque, solo sabía que le dolía desde aquel día en el que vio a Bakura por ultima vez.
Al acercarse la noche, el equipo de cazadores ya estaba enfrente de una antigua mansión, que había pertenecido a la misma condesa Bathory.
—Cuanta ironía — decía Akun, encabezando al grupo de cazadores, y avanzando hasta la puerta principal, levantó un pie y con una fuerte patada la abrió, después de todo el lugar ya estaba casi en ruinas, — Tengan cuidado, el lugar podría colapsar en cualquier momento — agregó avanzando en la espesa oscuridad.
Los jóvenes lo siguieron hasta llegar al recibidor de la mansión.
—Nos separaremos, Anzu y Triztan, revisen la parte de arriba; Atem y yo lo haremos aquí abajo, tengan cuidado, si están en peligro lancen un tiro con su arma, los demás iremos a ayudarles—
—Así lo haremos — dijeron los chicos al unísono.
La noche cubrió el cielo por completo, así que ahora debían de prender las lámparas.
—Esta casa es muy grande, Atem tu ve a la derecha y yo por la izquierda —
Atem asintió comenzando su búsqueda, abría puertas con cautela, pues sabía que podría ser sorprendido en cualquier momento, en eso llego a una habitación bastante amplia donde estaba todo cubierto por sabanas, el polvo y las telarañas le daba un aspecto frio y solitario; ahí había una cuna, una cama amplia, el tocador que estaba ahí estaba lleno de joyas, perfumes, cremas y una cajita musical; tomando esta última, le dio cuerda, haciendo que la cajita empezará su melodía, al escucharla no pudo evitar perderse en sus pensamientos, pues todos iban dirigidos hacia Bakura.
—Tal parece que recuerdas a alguien — dijo una voz femenina.
Atem abrió sus ojos, pues los había cerrado cuando comenzó a recordar, observo su reflejo en el espejo y vio que solo estaba él, sin embargo podía sentir esa voz cerca de su oído, además no conocía esa voz; bajo la caja musical hasta el tocador, y trato de llevar su mano hasta la estaca que traía colgando cerca de su pantalón blanco.
—Que no se te ocurra precioso, estoy muy cerca de ti— dijo la voz, haciendo que su pecho tocara la espalda de Atem; comenzó a reír de manera burlona cuando el chico se estremeció por completo — Seré gentil — agregó la vampira, mientras abrazaba a Atem con sus brazos y comenzaba a tocarlo.
Atem sintiendo mucho asco, trato de gritar, sin embargo la mujer lo callo, pues había metido su mano dentro de su pantalón, y ahora lo masturbaba mientras pasaba su lengua por la cara de este.
—Bas…ta — decía Atem, tratando de no caer en el placer que estaba sintiendo.
—Mm, ¿acaso no te gusta precioso?, pero si ya se te puso duro — dijo la mujer besándolo.
Atem quería pedir ayuda, pero no podía, la mujer sabía lo que hacía, pues mientras su mente le decía que hiciera algo pronto, su cuerpo sucumbía ante el placer recibido.
De pronto la mujer grito de dolor, pues Atem había logrado encajarle la estaca en una pierna, liberándose para poder salir de ahí y alertar a los demás; ya casi salía cuando sintió que alguien lo jalaba de los cabellos y lo aventaba hasta la cama con fuerza, levantando una nube de polvo.
La mujer se abalanzo sobre él, y de un solo jalón logro rasgar su ropa, pero Atem con mayor habilidad sacó la pistola y le dio un tiro en la cabeza, haciendo que callera encima de él; trato de tranquilizar su cuerpo, pues aún estaba excitado, con sus manos comenzó a mover el cuerpo de la mujer para poderse levantar.
Una vez de pie, comenzó avanzar a la salida hasta que escucho.
—Sabes, eso no es cortes, dejar a una dama así—
En eso escucho otro disparo proveniente del lado del que se supone estaba su padre, y segundos después otros dos más se escucharon en la parte de arriba de la mansión, eso significaba que ahora él estaba solo contra esa mujer.
—Así que mis hermanas también se han despertado, no te preocupes, ellas se encargarán de tus amigos, tú en cambio te puedes divertir conmigo— dijo la mujer, mientras se acercaba a Atem a toda velocidad, y comenzaba a tocarlo de nuevo.
—Suéltame— dijo Atem, aventando a la mujer lo más lejos que puedo.
—Ya te he dicho que a una dama no se le trata así — dijo la mujer con coraje, dándole una bofetada a Atem, que hizo que lo levantará del suelo y diera contra la pared.
Al dar contra la pared solo se pudo escuchar el quejido de dolor del muchacho, después calló hasta el suelo de espalda, golpeándose la cabeza.
La mujer aprovecho de inmediato el momento, pues de nuevo estaba sobre él, ahora había sacado su miembro y comenzaba a penetrarse.
—No…no…— gritaba Atem, pero la mujer era muy fuerte, sosteniéndolo de la manos y apenas si podía hacer algo.
La mujer comenzó a cabalgar de forma violenta haciendo que Atem solo gritara, pues en lugar de placer, el sentía dolor; en eso vio que la mujer aun tenia la estaca clavada en la pierna, logro soltar una mano del agarre de la mujer, saco la estaca y la clavo en el pecho de esta, haciendo que se levantara y gritará de dolor.
—Maldito— dijo la mujer levantando al chico del cuello, luego prosiguió a aventarlo por toda la habitación, asegurándose de que al caer pudiera lastimarse mucho; a Atem le dolía todo, pues su cuerpo desnudo había recibido varias cortadas por las astillas de madera al caer sobre los muebles, en eso la mujer riendo burlonamente, lo volvió a elevar del cuello, lo llevo hasta su cara, y lo beso.
—¿Sabes?, lo hubieras disfrutado— le dijo, arrojándolo con mucha fuerza contra la pared.
Cayendo en la otra habitación, pues había atravesado la pared, el rompimiento de esta ocasionó que parte del techo se colapsará y cayera sobre el cuerpo de Atem, haciendo que perdiera la conciencia.
La mujer reía a carcajadas, pero se calló en seco al oler la sangre que emanaba del cuerpo del muchacho, su expresión de lujuria y placer aumento al instante, comenzó a danzar para llegar al cuerpo del chico.
—Ya fue suficiente— dijo una voz, que ella reconoció de inmediato.
—Amo, estas aquí— dijo la mujer, yendo hasta él y lo abrazo, —amo, hay un niño ahí, comámoslo juntos—
—Déjame solo con él, ve a ayudar a tus hermanas— le ordeno.
—Pero amo—
—Pero?... acaso te reúsas a una orden directa — le dijo, tomándola del cuello y sin compasión alguna lo empezó a apretar a tal grado que le arranco la cabeza, matando a la mujer.
Comenzó a caminar a paso lento y suave hacia el muchacho que estaba bajo los escombros, al llegar notó que solo sobresalían algunas puntas de su cabello y su mano derecha toda llena de sangre fresca, con sus dos manos tomo los escombros levantándolos sin tener que ejercer fuerza alguna, logro ver al muchacho que estaba inconsciente, se hincó a un lado y le quito un mechón rubio que tapaba su cara.
Al sentir las manos frías, Atem intentó abrir los ojos, sin embargo solo pudo medio abrir uno, pues la otra mitad de su rostro estaba cubierta de sangre, no pudo evitar sonreír al ver a la figura que estaba cerca de él.
—Ba…Kura— dijo en apenas un susurro.
—Ssshh, no hables — le dijo Bakura, pues noto de inmediato que Atem no tenía mucha fuerza, se quitó su capa y la colocó sobre el cuerpo de Atem para cubrir su desnudes, después prosiguió a cargarlo colocando una mano del muchacho alrededor de su cuello, justo al levantarlo del suelo, el joven no puedo evitar gritar de dolor, pues su pecho parecía que se rompería en cualquier momento.
—No, Bakura…vete, es peligroso que estés aquí— decía Atem, mientras intentaba no desmayarse, pues comenzaba a marearse.
—¿Y qué me dices de ti? —
—Yo…se cuidar…me…so…lo— dijo Atem, mientras perdía la conciencia, pues al estar en los brazos de Bakura, él se sentía protegido.
Bakura solo lo observo caer en el sueño profundo, y comenzó a caminar a paso lento para sacarlo de ahí, después de todo aún quedaban tres vampiras más en esa casa.
Cuando ya se encontraba caminando por el gran pasillo para llegar a la puerta principal, se detuvo en seco, pues el comité de bienvenida ya estaba ahí.
—No permitiremos que salgas de aquí— dijo Tristán, amenazando a Bakura con su arma.
Bakura volteo a verlo, podría derribarlo con facilidad, aún con Atem en brazos, pero eso podría ser peligroso porque lo lastimaría más.
—Te sugiero que bajes al muchacho— dijo Anzu, mostrando un crucifijo que llevaba en la mano.
—Esta era la última— dijo Akun, mostrando una cabeza de una mujer y arrojándola al suelo, sacó su arma y al igual que Tristán, también apuntó con ella a Bakura.
Bakura solo los observo, sabía que esos sujetos eran capaces de disparar sin importarle si lastiman al joven que trae en brazos; así que comenzó a bajar de manera lenta, hasta que pudo depositar el cuerpo de Atem en el suelo con delicadeza.
—Creo que no nos hemos presentado— comenzó diciendo Bakura, mientras se incorporaba de nuevo, y dando una reverencia como saludo continuo — Nací en 1745, en vida, me conocieron como Bakura Akefia, dediqué mi vida a las malas compañías, a la prostitución, Robo, mate y viole a todas mis victimas, fui sentencia a muerte 1762, mi amo el conde Dracúla me dio la inmortalidad en la celda donde me tenían, mi tarea sencilla en muchos aspectos: crear un ejército de muertos vivientes para mi amo, tarea que sigo cumpliendo aunque él ya no esté — dijo Bakura con orgullo.
Akun no espero más y disparo su arma haciendo que Bakura riera a carcajadas — si crees que conmigo será tan fácil, estas equivocado — dijo, mientras una cortina de humo lo envolvía y desaparecía de su vista.
"Me asegurare de que sus muertes sean lentas y dolorosas" fue lo último que escucharon decir por parte del demonio, antes de quedarse solo en la casa; Akun camino para ver a Atem, levanto su arma y la posicionó justo en el corazón.
—No…— grito Anzu interponiéndose.
—Muévete, lo hago por él, ve su aspecto, lo más seguro es que el demonio lo haya violado y no solo eso, lo más seguro es que debió morderlo — dijo Akun, sin dejar de apuntar con el arma.
—Verifiquemos que así fue— dijo Tristán, corriendo junto a Atem, se agacho y revisó su cuello —No tiene ninguna marca— agrego.
Akun guardo su arma, se dio la media vuelta para salir del lugar, Tristán cargo entre sus brazos a Atem y junto con Anzu, salieron del lugar.
En la mansión Muto, como era costumbre cada que llegaba el grupo de cazadores, el pequeño Salomón corría a abrazar a su hermano, pero esa vez no se pudo, lo primero que vio el pequeño fue a su padre entrar y sin decir nada se encerró en su despacho; después vio que Tristán cargaba a su hermano en brazos cubierto por una capa, Anzu entro corriendo a la casa y pidió a la servidumbre que llamaran al médico, después corrió a abrazar a Salomón y se lo llevo hasta su habitación para que no viera las heridas de su hermano.
En la habitación de Atem, este yacía boca arriba sobre su cama, habían vendado casi todo su cuerpo además de la mitad de su rostro, pues los golpes y cortes eran muchos, sin contar la costilla rota que tenía.
—Hable, lo escucho doctor — Exigía Akun, su aliento alcohólico delataba que no había dejado de beber en toda la noche, cuando amaneció y le avisaron que el doctor ya había terminado con la curación de su hijo.
—El joven Atem, está en estado crítico, pues tiene varios golpes y cortes en su cuerpo, la parte superior de su parpado izquierdo sufrió un corte profundo, es importante que no se mueva mucho, pues tiene una costilla rota, pero no se preocupe, el joven es muy fuerte, con los cuidados adecuados, podrá recuperarse — dijo el doctor.
—¿Algo más?— dijo Akun
—No tiene marcas de mordedura en su cuello— contesto el doctor de inmediato, pues ya sabía a qué se refería el hombre, y sin decir más, hizo una pequeña reverencia, tomo su maletín y se retiró.
Akun entro a la habitación de su hijo, llevaba una copa de vino en la mano, observo a su hijo Salomón, quien ahora dormía profundamente en la cama sujetando la mano de su hermano como si su vida dependiera de ello, pues había estado llorando para que lo dejaran estar con Atem.
Luego observo a Atem quien también dormía en ese momento, movió la mano un poco y bebió más vino; había pasado toda la noche repasando los acontecimientos.
—Tú me guiaras hasta él—
Al día siguiente Akun, Anzu y Tristán fueron de casería, pues habían dado con el paradero de otro nido grande en el templo viejo cerca de una comunidad abandonada.
Atem a pesar de que ya solo tenía vendada la parte del pecho, no los podía acompañar, pues aún era peligroso para él.
Aunque no fue nada sabio haber ido a ese lugar, pues habían caído en una trampa, ya que no había tal nido de vampiros, Bakura se encargo de separarlos, y darles muerte.
El primero fue Tristán, y como la tradición lo dictaba, había sido empalado con vida; la segunda fue Anzu, quien fue violada por Bakura de manera brutal, trato de defenderse pero fue imposible, al final Bakura la hirió en un costado y la dejo desangrarse poco a poco, en uno de los jalones de Anzu logro quitarle un collar en forma de corazón.
Bakura no se dio cuenta de eso, y después se fue del lugar, después de todo la muerte de Akun sería otro día.
Cuando Akun regreso a la mansión, fue directo a la habitación de Atem, quien dormía junto con su hermano Salomón, lo movió un poco para que despertará.
—Padre, ¿sucede algo? — preguntaba Atem, pues su padre tenía un semblante cabizbajo.
—Solo vengo a decirte que Anzu y Triztán están muertos—
—¡¿Qué…?!— dijo Atem en un susurro.
—Anzu tenía esto en sus manos, creo que ella te amaba mucho como para llevar un collar con tu foto dentro— le dijo Akun, entregándole el collar en forma de corazón a Atem, después se levantó y salió del lugar.
Atem tomo el collar y lo observo no pudiendo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas.
Esa misma noche, Bakura estaba parado en frente de la cama de Atem, observándolo mientras dormía, también vió a su hermano pequeño Salomón quien lo tenía bien sujetado de una mano, se acerco al rostro de Atem y comenzó a acariciarlo con una mano, notando que había estado llorando, pues las lagrimas secas que tenia por el rostro lo delataban,
Atem se despertó pues sintió unas manos frías tocando su rostro.
—Creo haberte dicho que esos hermosos ojos no deberían estar cubiertos por lágrimas— dijo Bakura, limpiando con su mano las lagrimas secas en el rostro de Atem.
Atem no dijo nada, solo se limito a levantar su mano derecha y le entrego el collar en forma de corazón a Bakura; este lo tomo entre sus manos.
—Tú lo hiciste— le dijo más como afirmación.
Bakura no dijo nada, solo se limitó a ver a Atem.
—Escucha bien, un día de estos clavaré una estaca sobre tu corazón— dijo Atem con odio, tratando de pararse pero el dolor de su pecho se lo impidió.
—Alguien en tu condición no debería de amenazar de esa manera— dijo Bakura, tratando de serenarse.
—Te odio—
Bakura sintió como si su muerto corazón hubiera sido clavado por una estaca ante las palabras de Atem, por ello siempre había evitado decirle la verdad al muchacho, pues lo amaba perdidamente, pero ahora, se había ganado su odio.
—Vete, la próxima vez que te vea, es porque acabaré contigo — dijo Atem tratando de contener el llanto, pues no supo cómo pudo ser tan ciego.
Bakura se limitó a dejar el collar sobre la cama y desapareció en un abrir y cerrar de ojos.
A la noche siguiente Akun fue a ver a su hijo, por fin había dado con el escondite de Bakura y no podía esperar para decirle a Atem.
—Padre…dígame—
—Sé que en unas horas cumplirás los diecisiete, solo quería decirte, que he decido que llevemos una vida diferente, por ello, esta misma noche me encargaré de matar al último vampiro, ya sé dónde se esconde, y pienso ir para allá; en caso de que no regrese, tu deberás cuidar de Salomón, como lo has hecho hasta ahora— dijo Akun, pues sabía que la pelea sería dura.
—Pero Padre, es peligroso que vaya solo—
—Lo sé, confió en ti Atem, no me defraudes— dijo Akun y se dirigió a la salida,— vaya está nevando, creo que esa es una buena señal— agregó saliendo del lugar.
Atem por su parte se quedo petrificado, pues si lo que decía su padre era cierto, ya habían dado con Bakura.
El reloj que marcaba las horas, sonó sus campanas doce veces, anunciando las doce la noche; Atem tenía su corazón acelerado, la preocupación por saber que iban tras Bakura lo sofocaba, sabía que le había dicho que lo odiaba, pero no era cierto, lo amaba tanto como para levantarse de la cama con la poca fuerza que tenia.
—¿Hermano que pasa?, aún no debes de levantarte— decía Salomón, mientras veía a su hermano tratando de sentarse en la cama.
—Salomón ayúdame a pararme por favor— le dijo a su hermano.
Salomón lo ayudo a sentarse en la cama, pero cuando vio que giraba sus pies para salir de esta, lo tomo de la mano para que no siguiera.
—Salomón, déjame, necesito decirle— dijo Atem jalando su mano, se levanto de la cama apoyándose con los muebles que tenía a su paso para llegar al closet y sacar su ropa, un traje de caballero de color blanco junto con una capa roja, se vistió como pudo, y comenzó a caminar hacia la salida.
—No seas tonto, solo te estás lastimando— dijo Salomón saltando de la cama, y tomándolo de una mano para que no se fuera.
—Debo advertirle — Dijo Atem soltándose del agarre de su hermano, y comenzando a caminar lo más rápido que podía, ignorando totalmente el dolor de su pecho el cual aun no sanaba.
Salomón vio a su hermano alejarse, corrió hacia su habitación para cambiarse de ropa, pues no pensaba dejar solo a su hermano, además estaba nevando.
Atem corría lo más rápido que podía, tropezaba algunas veces, pues la debilidad de su cuerpo era grande, al llegar al cementerio comenzó a correr hacia el Mausoleo, sabía que ahí podía ver a Bakura, y no se equivoco, fuere de este, ahí estaba Bakura parado viendo hacia ningún punto en especifico.
—¡BAKURA!— grito Atem, para el ser lo pudiera ver.
Bakura al escuchar su nombre, levanto la cabeza y vio a Atem correr hacia donde el estaba; que estaba haciendo fuera de la cama, sabía que aun no estaba bien, y aún así corria tan rápido como podía.
—¡TIENES QUE IRTE— le decía a gritos de nuevo, en eso tropezó con una lapida y cayó al suelo.
La Luna llena en lo alto iluminaba todo el lugar, Atem que comúnmente tardaba una hora en llegar al cementerio, había tardado tres, acercándose esa hora justamente.
Se levanto lo más rápido que pudo, siguió corriendo, ya casi estaba cerca.
Bakura pudo ver preocupación en su rostro, así que decidió acercarse para dejará de correr, sin embargo, se escucho un disparo alertándolo, volteo a ver a Atem y observo que el traje blanco que traía empezaba a mancharse de sangre, mientras su cuerpo se desplomaba a paso lento.
—¡NOOOOO!— grito Bakura, mientras corría a agarrar el cuerpo de Atem, una vez en brazos trato de tapar su herida, veía sus ojos totalmente abiertos y apagados.
—Atem— decía Bakura una y otra vez mientras lo movía, pero el muchacho había muerto instantáneamente ante el disparo recibido ―Todo es mi culpa, si yo no hubiera puesto mis ojos en ti, perdóname…te amo…mi hermoso Atem ― agregó besando los labios del joven
―¡Apártate de él! ― dijo Akun haciéndose presente en la escena, quien veía el cuerpo de su hijo.
―¡¿Por qué?...¿Cómo pudiste matar a tu propio hijo?! ― gritaba Bakura, sintiéndose el dolor en su voz.
―Fue mil veces mejor, de esa forma no podrás tener su alma―dijo Akun, quien al ver su hijo correr hacia Bakura, con todo el dolor de su corazón apunto el gatillo en dirección a este y disparó.
―¡Papá! ¿Ya lo encontraste? ― gritaba Salomón, quien había corrido lo más que pudo al escuchar el disparo, dejando escapar el llanto al ver el cuerpo de su hermano ―Papá…acaso tu…― quiso decir el niño al ver el arma que traía su padre en la mano.
―¡Salomón vete a casa!, aun no terminamos con el demonio – dijo Akun, dejando caer su arma, tomo una garrafa, destapándola para que su contenido se vaciara, la arrojo hacia donde estaba Bakura.
Bakura al ser un ser de la oscuridad, ardió en llamas de inmediato, quemando todo lo que estaba cerca de él, y eso incluía el cuerpo del joven.
―¡Atem!, ¡Hermano! ― gritaba Salomón mientras veía arder el cuerpo de su hermano.
Akun tomo a Salomón en brazos y se lo llevo de inmediato.
Bakura quien sentía cada pedazo de carne ser quemado, no soltaba el cuerpo de Atem y dejando caer sus lagrimas mientras decía, —Te amo, perdóname—
Después levanto la mirada y vio a Akun llevarse a su otro hijo.
Lo vengaré maldito, lo juro.
Logró escapar de las llamas, para ponerse a salvo, quedando con muy poca fuerza se escondió en el Mausoleo, mientras veía el cuerpo de Atem arder hasta que solo quedaron las cenizas.
Durante el entierro de las cenizas de Atem, llegaron dos familias importantes, los Kaiba quienes se dedicaban a la cacería de Monstruos y los Wheeler dedicados a la caceria de brujas, ambos llegaron con sus hijos, los cuales tenían la misma edad que había cumplido Atem, uno era Cataño y de ojos azules, mientras el otro era Rubio y de ojos castaños.
Todos brindaban su más sentido pésame, pero Salomón estaba molesto, pues cuando preguntaron porque murió Atem, Akun contesto que lo había matado Bakura.
Pasaron lo días, la mansión Muto ardió en llamas, pues Akun decía ver al demonio de Bakura acecharlo, y en su momento de locura encendió la casa, quemándose él con ella.
Ahora Salomón había quedado huérfano y sin nadie en el mundo, por fortuna para él, era muy inteligente y no tardo en obtener una pequeña casa, y hacerse de un negocio.
Bakura por su parte, no descansaría hasta acabar con la sangre de esa familia, y así lo hizo matando al hijo de Salomón después de haber nacido su segundo hijo, después de todo la madre había muerto durante el parto; igual que la primera vez que vio a Atem, así mismo vio a Yami, iba a matarlo en ese momento pero se detuvo al ver la apariencia del niño, ahí estaba su amado Atem, había vuelto a reencarna solo para quedarse con él.
