Notas: Primer capítulo re-editado, algunos términos revisados para que concuerden con los libros originales y nuevas notas al final de cada capítulo...
Capítulo 2: Peldaños
Francamente, un poco de conocimiento sobre daimonions podría decirte muchas cosas sobre las personas. Sherlock estaba sorprendido de que la policía no hiciera un hábito de identificar cada daimonion con el que ellos entraban en contacto durante un caso, y así se lo dijo a Lestrade.
—Porque no todos nosotros tenemos una condenada enciclopedia en nuestras cabezas, Sherlock, —el inspector estalló, Zarania mirando a Raniel desde su percha en un estante cercano. —Vemos un daimonion que parece una hormiga, ¡Nosotros vamos a asumir que solamente es una hormiga!
Sherlock se burló – ¿Cómo podrían ellos no haberse dado cuenta de la diferencia entre una verdadera hormiga tejedora y una Myrmarachne plataleois, una araña que imita a una hormiga tejedora con el fin de disuadir a los depredadores? Un daimonion como ese indicaba una naturaleza engañosa, y mientras era verdad que una persona podía tener una naturaleza engañosa y perfectamente buenas intenciones, ciertamente justificaba un análisis más detallado de la mujer.
Y efectivamente, ella había sido la única en envenenar a su amiga porque ella estaba acostándose con su esposo. Insignificante, estúpido y aburrido.
—Las cosas serían más interesantes si los daimonions de las personas no fueran tan obvios, —Sherlock se quejó con Raniel cuando estaban de vuelta en su pequeño piso. —Esa Myrmarachne plataleoides, ahora eso era interesante.
—No ocurre lo suficiente, —Raniel accedió. —Nos tomó diez minutos completos descubrirlo, y en primer lugar solamente estábamos observando porque el aroma era equivocado para una hormiga.
Sherlock sonrió satisfecho, brevemente recordando como útil era tener un daimonion con una nariz aguda. Otras personas tenían que confiar en sus propios ojos para identificar a los daimonions, pero a menudo Raniel podía detectarlos únicamente por su esencia.
Sherlock tomó su violín y empezó a tocar, así que cuando empezó la pelea a gritos entre la pareja de al lado (cinco treinta y cinco, un poco tarde ésta vez) él ya estaba intentando bloquearlos.
Sin embargo, incluso su violín no podía ayudarlo, no cuando él ya sentía amarga frustración arrastrándose por su cerebro. ¿Por qué los daimonions de las personas tenían que ser tan obvios todo el tiempo? Los daimonions insectos eran los menos expresivos, y hasta ellos se movían nerviosos y ondeaban sus antenas y repentinamente irrumpían en un vuelo agitado y en general poseían un millón de gestos que podían traicionar a su humano. Sólo las personas y daimonions más controlados podían permanecer calmados y serenos mientras eran cuestionados sobre un asesinato.
Incluso en comparación los robos y fraudes eran más interesantes, ya que las personas tenían menos probabilidad de sentir culpabilidad por ellos – especialmente si era en búsqueda de algo a lo que ellos creían que tenían derecho – así que sus daimonions tenían menos probabilidad de traicionarlos. Por supuesto, incluso en un asesinato Sherlock raramente sabía quién lo hizo desde el comienzo, pero las personas con los daimonions más agitados eran siempre los únicos que él primero observaba.
Por un momento, él deseó no haber dejado las drogas, al menos ellas serían una distracción.
—¡No! —Raniel dijo en voz alta desde su ubicación en el brazo del sofá.
—¿Qué?
—¡No! —el daimonion repitió. —Hemos estado limpios por tres meses, y esa cosa siempre me hace actuar como un idiota —¡No!
Sherlock iba a responder, pero entonces el griterío empezó otra vez.
—Necesitamos un nuevo piso, —él suspiró.
No importa a cuántas misiones de rescate había ido John, el método nunca variaba; correr como demonio, y quedarse detrás del oso acorazado.
—Oh, maravilloso, hay brujas, —Amarisa se quejó mirando brevemente hacia el cielo mientras ella caminaba al lado de John.
John no se molestó en mirar; sus ojos estaban fijos en Ragnvald, siguiendo el camino que estaba haciendo el panserbjørn a través del campo de batalla. —Sabes el procedimiento, Risa.
—Lo sé, lo sé – ignorarlas, si ellas nos disparan nos darán lo veamos venir o no.
John le había preguntado a Aeliana sobre los tipos de hechizos que las brujas pondrían en sus flechas, y ella le había dicho que uno sencillo para la puntería era por mucho el más común. No permitía a la bruja especificar exactamente que parte del objetivo ella acertaría (si se pudiera, todos ellos habrían estado muertos con flechas en las gargantas dentro de quince minutos), pero aseguraba que impactarían a su objetivo en algún lugar. También había un hechizo que le permitiría a la flecha causar una grave herida – ya que dos hechizos no podían ser mantenidos en la misma flecha – menos mal que ellos no veían mucho de ese.
John también había estado preocupado si era posible poner algún tipo de hechizo en la flecha para inducir muerte instantánea. Aeliana había confirmado que era posible, pero raramente hecho.
"Requiere que tu propio poder – en esencia, tu deseo de que ellos mueran – sobrepase la propia fuerza de vida y deseo de vivir de la víctima. Tanto como puedas imaginar, es difícil reunir esa cantidad de convicción de ver a alguien perecer; los hechizos mortales solamente son usados en las mas amargas venganzas."
Eso no había sido exactamente alentador, pero John había encontrado reconfortante saber que él no tendría que lidiar con hechizos mortales.
Un suave sonido sibilante rompió la concentración de John, y algo dibujo una linea de hielo a través de su cadera derecha mientras él y Amarisa saltaban una pequeña zanja. John tropezó y cayo en una rodilla, sintiendo sangre empapando sus pantalones mientras él se volteaba y apuntaba su arma hacia el cielo.
Él jalo el gatillo dos veces y un pequeña figura cubierta en seda negra cayó al suelo, su rama de nube pino[13] deslizándose de su agarre. Pero en el siguiente instante, otra flecha impactó en su hombro izquierdo.
La fuerza tras ella empujó a John de espaldas, y podía ver a la bruja dirigiéndose hacia él, gritando en triunfo...
Pero el descenso en picada la llevó dentro del rango de Ragnvald. Quizás ella simplemente se olvidó de él en su júbilo, tal vez ella pensó que un oso contratado para luchar en la guerra no se preocuparía por un simple soldado humano...cuál fuera la razón, ella ignoró a Ragnvald.
Fue el último error que ella haría.
Ragnvald dejó salir un rugido que hizo a los huesos de John temblar, y la lanzó por los aires como a una mosca. Su daimonion golondrina de mar desapareció mucho antes de que ella alcanzará el suelo.
John se dijo a sí mismo que tenía que levantarse, regresar a luchar…
Excepto que él no podía. Un frío entumecedor se estaba esparciendo cómo veneno desde la herida, y el mundo iba apagándose y difuminándose ante los ojos de John, como una fotografía desapareciendo en una televisión.
Él tenía tanto frío. Mucho frío y estaba tan cansado, y él sólo podía cerrar sus ojos y marcharse…
—¡John! —Había un repentino estallido de sensación en su lóbulo izquierdo – Amarisa lo había mordisqueado.
—Risa… —él murmuró, su lengua pesada e inchada.
Él no podía levantar su mano y enterrar sus dedos en su collar cómo él usualmente hacía. Él no podía abrir sus ojos. Se sentía desconectado de todo su cuerpo – estaba desgastado y vacío, igual que la carcasa de la piel de una serpiente, y él sólo la podía descartar y continuar...
Excepto que no, porque ¿Donde dejaría eso a Amarisa? Al pensamiento de su daimonion – sus luminosos ojos dorados, el rico pelaje negro que siempre era tan cálido – la frialdad menguó de alguna forma. Ragnvald estaba todavía rugiendo, y mientras John con esfuerzo abría sus ojos para ver el brillante metal que cubría al estómago de su amigo, el oso cubriéndolo protectoramente con su cuerpo, la frialdad se alivió una vez más.
Amarisa estaba echada a su lado, jadeando pesadamente y estremeciéndose, y John tenía la certeza de que gritar su nombre había tomado lo último de su fuerza. La flecha debe haber estado envenenada, probablemente con uno de esos endemoniados brebajes que lograban afectar a daimonions también como a sus humanos.
Lentamente, los ojos de John se arrastraron a la flecha clavada en su carne. Había penetrado profundamente; solamente las plumas y algunos cuantos centímetros del eje podían ser vistos, la tela alrededor ya pesada con sangre.
'Sácala,' era el único pensamiento que circulaba por la mente de John. 'Necesitas sacarla de ti.'
Él sabía que a menudo las brujas usaban flechas de púas que hacían mas daño saliendo que entrando. Él sabía que no debería tocarla – la presencia de la flecha podría estar poniendo la muy necesaria presión en arterias y venas para prevenirlo de desangrarse – pero algo en las entrañas de John, algo profundo, un instinto primitivo le dijo que él necesitaba sacar la flecha.
Y en situaciones como ésta, John confiaba más en sus entrañas sobre su mente.
La mano derecha de John se deslizó lentamente por su pecho, dedos envolviéndose fuertemente alrededor de la flecha. Probablemente debería haber dolido – él podía sentir su agarre moviendo la flecha sobre la herida – pero no había dolor, nada más el frío entumecedor que había entrado por cada célula. Él no se preparo a si mismo, no podía tensar sus músculos, o solamente sería más difícil. él tomó una respiración profunda, sintió a Amarisa presionar su nariz contra su cuello, y entonces jaló con toda la fuerza que él podía reunir.
La flecha salió libre con un sonido húmedo de succión, y John la tiró a un lado. Pero el terrible frío no se fue, y en momentos John estaba temblando como si estuviera yaciendo en suelo congelado en vez de arena calentada por el sol.
Amarisa se acurrucó en su pecho, extendiéndose en toda su longitud cómo si ella estuviera intentando calentarlo. John sabía que debería doler – sus patas habían jalado la piel alrededor de la herida más de una vez – pero el dolor era suave y distante, como si él estuviera drogado.
Una enorme pata se deslizó bajo su cuerpo, levantándolo y a Amarisa como si ellos fueran gatitos recién nacidos, colocándolos contra un enorme pecho cubierto de metal. El gruñido bajo de Ragnvald pasó a través de las costillas de John mientras el oso empezaba a moverse, alejándose de la batalla.
Momentos antes de deslizarse en la inconsciencia, John sintió a Ragnvald echar a correr.
—¿Por qué todos los pisos aceptables son tan costosos? —Sherlock explotó, cerrando con disgusto la laptop. —Uno pensaría que podríamos encontrar al menos ulguno que esté en una zona de alta criminalidad o supuestamente encantado o algo que bajaría el precio.
—Necesitamos un compañero de piso, —Raniel le dijo, disgusto en su voz mientras hablaba del hecho que ninguno de ellos quería reconocer.
—No, —Sherlock dijo, su tono duro y firme. —Absolutamente no.
Él no quería compartir su espacio de vida con alguien más. Alguien que indudablemente sería ordinario e insulso y tan aburrido quelo haría querer gritar. Y ellos estarían desconcertados por el completo desinterés de Raniel en ellos, o más perturbados por el hecho de que era Sherlock el que les hablaba a sus daimonions, no Raniel, o que ellos insistirían en no tener restos humanos en el lugar y él tendría que someterse a sus deseos (al menos en parte) porque sin ellos él tendría que mudarse otra vez...
Sobre la mesa, Raniel se balanceó en sus patas traseras y se paró, mirando a Sherlock a los ojos. —Entonces tendremos que quedarnos aquí o conformarnos con un lugar que es igual de horrible.
—¡No! —Sherlock dijo otra vez, abriendo su laptop nuevamente y empezando una nueva búsqueda. —Tiene que haber algo…
—Tendríamos que salir de Londres para encontrar algo decente al alcance de nuestro presupuesto, —Raniel continúo sin piedad. —A menos que le pidas ayuda a Mycroft.
Los labios de Sherlock se torcieron. —Bien, conseguiremos un compañero de piso.
Tan pronto como ella vió a Ragnvald, Aeliana había sabido que algo andaba mal.
El oso había estado corriendo sobre tres patas, su pata izquierda frontal contra su pecho como si sostuviera algo precioso. Y John y su daimonion no estaban por ninguna parte.
Ragnvald había pasado por delante de todos los doctores humanos y fue directamente hacía ella, y solamente así Aeliana había comprendido que John estaba en el hueco del brazo del panserbjørn, inconsciente y tembloroso, su daimonion encima de él y estremeciéndose igual de violentamente.
—Él fue impactado con la flecha de una bruja, —fue todo lo que dijo Ragnvald, antes de poner gentilmente a John y Amarisa sobre el suelo a los pies de Aeliana.
La bruja había pasado su mano sobre la horrible herida en el hombro de John antes de apartarla abruptamente, un nauseabundo entumecimiento levantándose desde la herida como el calor de una herrería.
Un hechizo mortal. John había sido impactado por una flecha con un hechizo mortal en ella.
El primer pensamiento de Aeliana había sido '¿Por qué?' John era un doctor, un soldado de medio rango, un humano – él estaba lo más alejado posible de las ideologías de los clanes de brujas. ¿Por qué razón una bruja lo quería muerto tan desesperadamente que pusieron un hechizo mortal en su flecha?
Y habían sido dos brujas, no tan sólo una – el profundo corte en la cadera de John había emanado el mism terrible entumecimiento como la herida en su hombro.
Ella habría estado perfectamente feliz de trabajar bajo las estrellas, pero los humanos sentían frío, así que le pidió a Ragnvald que llevará a John a su tienda de campaña. Ragnvald lo hizo así, y entonces se colocó afuera de la entrada, claramente intentando quedarse dónde estaba hasta tener noticias de la condición de John.
Entonces Aeliana se puso a trabajar. Había poco que ella pudiera hacer para ayudar verdaderamente a John – vencer un hechizo mortal dependía únicamente en la voluntad del sujeto – pero había pociones y hechizos que podían facilitar el camino. Y John ya había demostrado ser formidable; la mayoría de humanos y brujas afectados con un hechizo mortal morían al instante, tan pronto como la flecha atravesaba su piel. John no sólo había permanecido consciente por varios minutos pero él actualmente había logrado sacar la flecha, lo que significaba que su propia voluntad era mucho más fuerte que la voluntad de la bruja quién lanzó el hechizo.
Pero los hechizos mortales persistían como veneno y la salud de John podía ser afectada permanentemente si Aeliana no lo neutralizaba.
Así que ahí estaba ella, mezclando pociones y vertiéndolas entre los los labios de John, entonando hechizos sobre hierbas y frotándolas sobre las heridas sangrantes.
Y a través de todo, John yacía inconsciente, inmóvil salvo por su temblor constante y bajo. Amarisa acostada a su lado en el grueso saco de dormir que estaba sirviendo como su cama, y en su delirio ellos a menudo trataban de alcanzar por el otro, los dedos de John agarrando con fuerza el pelaje de su daimonion o la nariz de ella presionando en su costado.
Fue cuando el sol apenas había empezado a levantarse nuevamente, que John se movió, sus ojos abriéndose lentamente, como si sus párpados estuvieran rígidos.
—¿Ae...liana? —Su voz tenia la cualidad lenta y maravillada de los no del todo coherentes y Aeliana puso una mano fría en su frente, esperando que lo calmaría.
—Ésta bien, John, —ella murmuró. —Fuiste impactado por una flecha pero vas a estar bien.
—R-Ragn...vald...?
—Él está bien, John – tan sólo se encuentra afuera, de hecho. ¿Le digo que despertaste?
Pero no hubo respuesta, tan pronto como las palabras 'él está bien' pasaron por sus labios, los ojos de John se habían cerrado casi inmediatamente.
Aeliana suspiró, y alejó de su frente el cabello húmedo de sudor. Era un gesto maternal, pero ella no podía evitarlo – John era muy cercano a la edad de sus hijos, después de todo.
El hecho de que recobró la conciencia decía gran cosa sobre el progreso que él hizo, así que ella salió de la tienda para informar a Ragnvald.
Un humano habría hablado, la habría motivado a hablar con un demandante '¿Bien?' o un impaciente '¿Y?', pero Ragnvald simplemente puso su atención en ella y esperó.
—Si él fuera un hombre diferente, estaría aún preocupada, —Aeliana admitió. —pero lo conozco, y ahora que él recobró la conciencia por unos momentos, creo que podemos decir con seguridad que el peligro ha pasado.
Ragnvald asintió. —Eso es bueno.
Con eso, el oso se levantó y se fué.
Aeliana sacudió su cabeza – a los humanos los podía entender, pero ella estaba convencida de que nunca entendería a los panserbjørne.
Mycroft estaba sólo ligeramente sorprendido de descubrir a su hermano esperando en la oficina. Era verdad que Sherlock evitaba usualmente las oficinas de Mycroft (ambas la real y el señuelo) como si él estuviera en peligro de alguna reacción alérgica pero ahora, con Mamá en Afganistán, Sherlock tenía que venir aa ver a Mycroft si quería alguna esperanza de noticias.
—Sherlock, —él saludó, asintiendo a su hermano a sentarse y no sorprendido para nada cuando Sherlock permaneció de pie. —¿A qué debo el placer de tu visita?
Sherlock, por supuesto, ni siquiera se molestó con un educado saludo. —¿Cómo está ella?
Mycroft entretuvó la idea de pretender no saber quién era 'ella', antes de descartar la idea – él solamente no tenía el corazón para hacerlo, no hoy.
—¿Qué te hace pensar que yo sabría? —él preguntó, voz fría y deliberada.
Donde otro daimonion tal vez hubiera cambiado de posición, quizás movido nerviosamente, tal vez traicionado a su humano, Tehayla era tan disciplinada como el mismo Mycroft lo era y permaneció perfectamente inmóvil.
—¡Sé que tienes un aletiómetro[14], Mycroft! —Sherlcok gritó, Raniel erizándose en su hombro. —¡Deja de mentir!
Era verdad que Mycroft poseía un aletiómetro, uno de esos extraños dispositivos que podían responder a cualquier pregunta que se le formulará por medio de los treinta y seis símbolos inscritos en su carátula similar a un reloj. Cada símbolo tenía miles de posibles significados, y el operador del aletiómetro planteá una pregunta por manipular tres manecillas mediante perillas para apuntar a los símbolos equivalentes. La respuesta era obtenida por observar la cuarta manecilla y a los símbolos apuntados por ella mientras rotaba sobre la caratula.
El aletiómetro había sido inventado en el decimoséptimo siglo, y los detalles específicos exactos del dispositivo eran todavía desconocidos. Sólo seis habían sido fabricados, y tan sólo tres habían sobrevivido hasta la actualidad.
Uno había sido destruido en la WWI[15], y dos estaban ahora perdidos (aunque Mycroft se aseguró de que sus contactos estuvieran siempre alerta por noticias de ellos, sólo en caso). De los tres que estaban contabilizados, uno pertenecía a un coleccionista privado en Zurich (a quién Mycroft tenía bajo estrecha vigilancia), uno estaba en exhibición en Louvre[16], y el último estaba en la posesión de Mycroft.
Pero él no lo usaba a menudo. En parte porque, mientras muchos experimentos habían sido realizados, nadie sabía con exactitud que accionaba al aletiómetro, o que lo hacía posible responder cada cuestión tan precisamente. Y si no sabías como funcionaba un dispositivo, no podías saber si había sido manipulado.
Era verdad que nadie había encontrado ninguna sustancia o dispositivo que fuera capaz de afectar al aletiómetro, pero Mycroft sabía mejor que aceptar algo como eso por garantizado.
Sin embargo, la principal razón por la que Mycroft no usaba el aletiómetro era que, con muchos miles de significados para cada símbolo, cada respuesta era vulnerable a malinterpretarse. Y era mucho mejor trabajar sin información que con información equivocada o engañosa.
Sin embargo, por Mamá, Mycroft había hecho una excepción. Él había preguntado que estaba haciendo ella, y la manecilla había girado a los símbolos del camello, la colmena, la luna, el yelmo, el rayo, la serpiente, el yelmo otra vez, y entonces el reloj de arena. Por supuesto, los símbolos eran sólo el principio, el paso más fácil de leer el aletriómetro – la prueba real ocurría en interpretarlos, en intentar las varias combinaciones de significados hasta que dieras con el que parecía ser el correcto.
Mycroft creía que el camello se refería al desierto, indicando que Mamá estaba todavía en Afganistán. La colmena podía indicar ya sea trabajo o compañía, él no estaba seguro. La luna era la forma del aletiómetro de referirse a las brujas, lo que expresaba que ella estaba quizás trabajando con alguien o en la compañía de brujas, había poca diferencia de cualquier forma. El yelmo podía significar lucha o guerra, lo que parecía obvio, pero la adición del símbolo del rayo después, parecía indicar otro significado. El rayo a menudo era utilizado para representar una fuerza de la naturaleza, y junto con el yelmo muchas veces representaban a los osos acorazados. Como los panserbjørne habían sido enviados a Afganistán, esa parte parecía relativamente evidente.
Sin embargo, la serpiente aún lo confundía. Podría significar astucia o engaño (aunque eso usualmente era referido por medio de la imagen del camaleón), o podría ser una forma de indicar reptiles en general. Uno de sus significados más profundos era veneno, y también era una forma de referirse a medicina y algunas a veces a doctores, Lo que podría significar que Mamá había sido tratada por algún tipo de herida, lo que era extraño cuando emparejado con los dos símbolos finales.
Juntos el yelmo y el reloj de arena parecían indicar que ella estaba peleando contra la muerte.
Aunque por supuesto, Mycroft no iba a decirle eso a su hermano. No basado puramente en la respuesta subjetiva de un dispositivo que por su misma naturaleza estaba abierto a múltiples interpretaciones.
—Era muy indirecto, —él dijo eventualmente, con sólo la cantidad correcta de reticente frustración en su voz. —Todo lo que me dijo era que Mamá seguía en Afganistán, trabajando con su clan y los osos acorazados.
Sherlock, por supuesto, se burló y demandó que Mycroft describiera exactamente en que símbolos el aletiómetro se había detenido, inventó una docena de diferentes explicaciones, y eventualmente otra vez se fue con un último comentario sobre el peso de Mycroft.
Tehayla repiqueteó su pico resentidamente mientras las puertas se cerraban. —Los hermanos pueden llegar a poner a prueba la paciencia de uno.
—En efecto, —Mycort accedió, deslizando ausentemente deslizando la punta de sus dedos por el pecho de ella.
Ellos se sentaron en silencio por algunos momentos, ambos preguntándose como progresar desde aquí.
—Podría ir a Afganistán, —Tehayla dijo al final, saltando de su hombro y en el escritorio.
Mycroft apretó los labios. —No – te tomaría mucho tiempo llegar ahí.
—Pero Mamá-
—Yo habría sido informado si ella hubiera sido verdaderamente herida, —Mycroft dijo, intentando convencerse a sí mismo y a su daimonion.
Tehayla se movió, extendiendo un ala y acicalandola, un certero signo de que ella estaba perturbada. —¿Y a donde vamos?
Usualmente a Mycroft le gustaba que Tehayka realizará vigilancia durante el día; era uno de los beneficios más tangibles de su separación. Él había sido visto entrando a la oficina con ella – no podía permitir a las personas pensar que él y Tehayla eran de alguna forma inusuales – pero normalmente ella se iba tan sólo minutos después. Sin embargo hoy él descubrió que no quería enviarla lejos.
Él sabía que era ridículo – él nunca confiaba completamente en las respuestas que el aletiómetro le daba, y no estaba por empezar ahora – pero la idea de que Mamá tal vez estuviera herida, quizás muriendo, mientras él estaba sentado en su escritorio…
Él no quería estar solo hoy, por inmaduro que sonará.
—Hoy te estás quedando conmigo, —él anunció, dando un vistazo hacía el escritorio en busca de una excusa. —Trabajaremos en este pequeño problema económico.
Tehayla sabía exactamente lo que él estaba haciendo, por supuesto, pero se abstuvo de comentar. Ella simplemente tomó el habitual lugar en su hombro, acercándose lo suficiente para que sus alas plegadas rozarán el costado de su cabeza cada vez que ella respiraba.
Era la primera vez que John había activamente buscado a Ragnvald en lugar de sólo esperar por el oso a aparecer a su tiempo. Su brazo estaba en un cabestrillo, y la muleta que le habían dado era muy poco fiable, pero lo tenía de pie y moviéndose, y John rechazaba estar en cama por más tiempo del que necesitaba.
Amarisa a su lado, como siempre, John hizo su lenta progresión por el campamento hasta que alcanzó al panserbjørn, Ragnvald colocándose su armadura con una facilidad que siempre maravillaba al doctor. Aunque él sabía que de alguna manera esas enormes patas eran tan hábiles y delicadas como las suyas, siempre era una sorpresa verlo.
Ragnvald, por supuesto, no desperdiciaba tiempo con formalidades sin significado. Él le dio un vistazo al cojeó de John, a su brazo todavía curándose, y él sabía.
—Te vas.
—Sí, —John suspiró, preguntándose si debería estar más entusiasmado. la mayoría de las personas estaban felices de ser enviados lejos de las zonas de guerra.
Pero entonces, la mayoría de las personas no estarían dejando el único lugar en el que ellos se sentían aceptados. Era verdad que la mayor parte de las personas no sabían que Amarisa era un perro lobo – ellos generalmente pensaban acerca de ella como un perro muy grande – pero cuando se daban cuenta, ellos inevitablemente empezaban a darle miradas extrañas a John. Incluso su familia nunca había estado completamente cómoda con ellos. lo que había dolido en más formas que una.
Él deseaba que hubiera alguna manera para que ellos pudieran quedarse, pero él era bastante inútil en su condición actual. Aunque los hechizos mortales habían sido neutralizados por su propia voluntad y los cuidados de Aeliana, habrían efectos secundarios; si John estaba triste, o asustado, o tenía miedo de algo, las heridas punzarían y estallarían con dolor. E inclusive poniendo los hechizos mortales de lado, él todavía tendría un largo pedazo de madera incrustado en su hombro, lo que significaba que en su futuro había una prolongada recuperación y mucha terapia física.
Ragnvald asintió, y aunque John había querido agradecerle al panserbjørn por haberlo llevado a salvo a él y a Amarisa, él se mordió la lengua. Los osos raramente aceptaban gratitud por tales acciones; en la mente de Ragnvald, eso simplemente era un deber cómo el camarada de armas de John.
—Ha sido bueno pelear a tu lado, —Ragnvald declaró repentinamente. —si hubieras nacido un oso, habrías sido uno muy bueno.
John sabía que probablemente ése era el mayor cumplido que un panserbjørne podía dar. Pero como Ragnvald no quería ninguna clase de grandes elogios, él prefirió asentir en agradecimiento mientras Amarisa agitaba su cola.
Entonces Ragnvald se inclinó, con sus frentes presionadas juntas igual que habían hecho esa vez cuando quemarón el cuerpo de Aaltje, mirando directo en los ojos de John con una intensidad que todavía intimidaba bastante al doctor.
—Fuerza y victoria, John Watson, —Ragnvald dijo claramente, otorgando la bendición tradicional de los osos acorazados.
—Fuerza y victoria, Ragnvald Finnurson, —John replicó.
Ragnvald gruñó en satisfacción y se alejó, dejando a John darse la vuelta , y alejarse cojeando lentamente.
—Bueno, —Amarisa dijo en voz baja —esa fue una de las despedidas más agradables y simples en la que alguna vez hemos participado.
Ella estaba intentando alegrarlo, y John le sonrió débilmente a ella, apreciativo pero aún incapaz de ver su salida como algo bueno.
Ellos encontraron a Tamsyn, Hasna y Aeliana a orillas del campamento, y John estaba agradecido de que las tres brujas estuvieran presentes – Él prefería hacer las despedidas con todos juntos.
Hasna lo vio primero. —¿John?
—Hey, —él saludó mientras se dirigía hacia ellas, haciendo muecas cuando se movía un poco demasiado rápido y dolor destellaba por su cadera, Amarisa dándole un gruñido en reproche.
—¿Estás bien? —Tamsyn preguntó, luciendo como si ella estuviera indecisa entre extender un brazo para ayudarlo y respetando su orgullo.
—Estoy bien – es sólo mi pierna…
Aeliana parecía incómoda. —Probablemente eso es mí culpa. Concentré la mayor parte de los hechizos en tu hombro, como estaba tan gravemente herido. Podría intentar hacer algo ahora, pero ha pasado mucho tiempo…
—Estará bien, —John dijó, intentando sonreírle. —Y gracias por lo que hiciste – de otra modo, no creo que yo estaría aquí.
Tan pronto como él estuvo coherente, Aeliana le había informado que él había sido impactado con hechizos mortales, aunque los dos seguían desconcertados sobre los motivos. Él no era exactamente el gran enemigo del clan de brujas, y estaba bastante seguro de que ninguna bruja debería tener una venganza lo suficientemente importante para justificar un hechizo mortal.
Pero Aeliana parecía incómoda, con su gratitud, así que John cambió el tema rápidamente. —Entonces, ¿Qué hay sobre ustedes? Y Tamsyn y Hasna – ¿Van a quedarse con esté pelotón por más tiempo, o van a ir a otro lado?
Las brujas se mirarón unas a otras.
—Estamos pensando en retirarnos, —Aeliana admitió. —Sabes por qué nos involucramos en esta guerra, ¿No?
John asintió – Tamsyn le había explicado a él hacía varias semanas.
—Bueno, cuánto más veo de ésta guerra, cuánto más que pienso que no vamos a encontrar respuestas aquí.
—Creemos que el misterio sera desentrañado más cerca de casa, —Hasna agregó. —No vamos a aprender nada nuevo aquí.
—Bueno, buena suerte con eso, —John dijo. —Me voy, mañana, así que-
—Voy contigo, —Tamsyn interrumpió.
Confundido, John le parpadeó a ella por un momento. —¿Qué?
—Dos brujas pensaron que eras digno de un hechizo mortal, John, —Aeliana le recordó, su voz firme. —Tamsyn regresará a Inglaterra contigo, por tu propia seguridad.
—No necesitan hacer eso... —John empezó a decir, protestando automáticamente.
—Pero lo hacemos, —Tamsyn interrumpió. —Si quieren matarte tan desesperadamente, ellas simplemente no se rendirán.
John ahora se estaba empezando a sentir un poco alarmado – la idea de que un completo clan de brujas lo quería muerto no era exactamente un pensamiento placentero. Amarisa se recargó contra su pierna sana para tranquilizarlo.
—No te preocupes, —Hasna dijo, leyendo el miedo de John. —Es únicamente hasta que llegues a Inglaterra.
—¿Es Inglaterra algún tipo de base segura o algo así? —John preguntó, intentando inyectar algo de humor en su voz. —¿Ellas no pueden matarme ahí porque viola algún tipo de ley santificada o algo?
Aeliana sonrió, ligera y reservada. —No exactamente. Pero tengo que decir, ellas no se atreverán a tocarte en Inglaterra.
Hasna asintió. —Y mientras tanto, intentaremos descubrir por qué ellas estaban tan desesperadas por matarte.
John no podía discutir con eso – él se había preguntado la misma cosa muchas veces. Después de todo, él no era particularmente de alto rango en el ejército, no era alguna clase de genio doctor, y ciertamente no era el tipo de persona que cambiaba el curso de una guerra...así que ¿Por qué las brujas repentinamente querían matarlo?
Sherlock hizo un hábito de mantenerse en contacto con personas a las que él asistía. O tal vez no 'mantenerse en contacto', como eso implicaba qué era una comunicación mutua – más como él estaba consciente de en dónde estaban ellos y lo que estaban haciendo, en caso de que alguna vez él necesitará llamar pidiendo un favor.
Por ejemplo, debido a unos cuantos problemas aquí y ahí que él había aclarado, casi cada Giptano[17] de los canales estaría dispuesto a ayudar a Sherlock en cualquier forma que pudieran. Sherlock los había usado muchas veces para localizar a personas perdidas o para obtener información que de otro modo él no habría sido capaz de obtener.
Y ahora un piso había sido abierto en Baker Street, y Sherlock conocía a la dueña. Él había ayudado a la Señora Hudson en América y la recordó como una de las pocas personas que él podía tolerar tener cerca. Ayudaba que su daimonion – una ardilla roja (Sciurus vulgaris) por el nombre de Kai – nunca se incomodaba por la falta de atención de Raniel. Kai nunca esperaba que el daimonion de Sherlock interactuará con él, y nunca estaba ofendido cuando Sherlock le hablaba a él en vez de a la Señora Hudson.
Su antiguo trato con la mujer significaba que ella le presentó una oferta substancialmente más baja que lo que él habría demandado, lo que significaba que él solamente necesitaba un compañero de piso para ayudarlo con la renta. Eso eran buenas noticias; como tan sólo habían dos habitaciones, la única otra opción habría sido rentarlo con una pareja, lo que habría sido muy desagradable.
Ahora, todo lo que necesitaba hacer era encontrar un compañero de piso que no demandará ninguna constante interacción social de él, y a quién Sherlock pudiera soportar tener alrededor.
El hombro de John había sanado a pasos agigantados, y John pensó que él tenía que agradecerle a los hechizos de Aeliana por su rápida recuperación.
Pero eso era únicamente su hombro. La pierna de John todavía punzaba a intervalos extraños, y seguía necesitando un bastón para moverse. Tamsyn le había dicho que podía combatir el dolor de la misma forma que él luchó contra los hechizos mortales – por pensar de la vida, por qué razón quería vivirla y lo que hacía su vida buena.
Excepto que mientras había sido fácil en Afganistán, ahora era mucho más difícil. Él había sido útil en Afganistán, había tenido un propósito, mientras que de regreso aquí él solamente era otro ex-soldado lisiado. Tenía amigos en Afganistán, personas que lo entendían, que aceptaban a Amarisa – y en consecuencia, a él – mientras que aquí las personas empezaban a distanciarse siempre que su daimonion exponía sus características más similares a las de un lobo.
Al menos John había logrado mantenerse en contacto con sus amigos; Caedmon había ido a visitarlo dos veces, para ver como estaba y para informarle de los progresos que las brujas habían hecho. Ellas no estaban más cerca de averiguar por qué él había sido un objetivo para no uno pero dos hechizos mortales, pero el daimonion cisne le había dicho a John que las brujas enemigas parecían estar retirando su apoyo de las fuerzas Afganas – por lo menos, ellas ya no estaban involucradas en el conflicto como lo habían estado antes.
Por supuesto, Caedmon también le dijo, otras noticias menos importantes. Tales como el hecho de que Hasna se había enamorado de uno de esos corresponsales de guerra que había estado siguiendo a la compañía. Al principio John le habia deseado buena suerte y entonces, cuando en su segunda visita Caedmon le había dicho que ellos estaban en la etapa inicial de una relación más seria, le había transmitido sus felicitaciones. Aeliana se había reunido con su familia (aparentemente su esposo e hijos eran de la actualidad, no parte del pasado) y John estaba feliz por ella. Tamsyn seguía soltera, pero estaba intentando acercarse a otra bruja (John vagamente había sospechado que Tamsyn era una lesbiana; no por algo que ella había dicho o hecho, pero simplemente porque vivir con Harry hasta sus años adolescentes le había dado un decente radar gay).
Porque ahora ellas eran tan pocas, el resto de su clan había sido absorbido por uno de sus aliados, y ahora Aeliana estaba en el consejo de ese clan – John había estado bastante conmocionado cuando Caedmon le había informado que Aeliana había sido por un tiempo la reina del clan.
Ragnvald todavía seguía luchando en Afganistán, aunque la impopularidad de la guerra (y la posterior escasez de fondos para ella) junto a la retirada del clan de brujas enemigo hacía probable que el gobierno quizás recortará el numero de osos acorazados próximamente.
Y mientras sin duda él estaba preocupado por sus amigos, John tenía sus problemas de los que preocuparse. Su terapeuta, por ejemplo; como cualquier otro humano en la superficie del planeta, ella parecía creer que Amarisa siendo un perro lobo significaba que ellos estaban escondiendo algún terrible trauma de la infancia. John resentía tal implicación y no hizo secreto del hecho – pero por supuesto, ella solamente pensaba que su actitud defensiva era prueba de que ella iba en la dirección correcta.
El otro problema de John era que sin un compañero de piso, no tenía los ingresos para quedarse en Londres. No que él estaba particularmente encariñado con su actual vivienda; no se sentía como un hogar, y el único toque personal que John había traído al lugar eran sus fotos.
Él no tenía muchas – tan sólo cuatro. Una de su familia, tomada cuando él tenia diecisiete. Otra de él y sus amigos de la universidad, y una del pelotón con el que había servido. La adición más reciente era una tomada por el fotógrafo de guerra y que John terminó conservando, y lo mostraba a él mismo y a Amarisa con Ragnvald, Tamsyn, Hasna y Caedmon.
John no tenía una fotografía de Aeliana, lo que él suponía era una lástima pero difícilmente era algo que él podía cambiar ahora.
El punto era, encariñado con su pequeño piso o no, John no podía vivir en Londres y ciertamente no en ningún departamento decente sin alguien para ayudarlo a pagar por ello. Pero eso era más fácil dicho que hecho – las personas no querían vivir con alguien con un perro lobo por daimonion, y John estaba lo suficiente consciente de sí mismo para saber que probablemente a este punto él sería un terrible compañero de piso. Además de un anfitrión de persistentes reflejos de campo de batalla (por ejemplo, John seguía incómodo con las personas llegando por detrás de él) y un sentido de paranoia – aunque él sentía que esto era al menos parcialmente justificado, ya que él tenía a un clan de brujas en busca de venganza, después de todo – también estaban las pesadillas.
Tal vez habría sido soportable si el soñará sobre la guerra, sobre campos de batalla, pero él no lo hacía. Sus pesadillas siempre eran sobre el hechizo mortal. Noche tras noche, él volvía a visitar el frió todo consumidor, el horrible entumecimiento, el sentimiento de que él estaba enterrado en oscuridad, completamente solo y lejos de todo lo que amaba, lejos inclusive de Amarisa.
Así que, él dudaba que cualquier persona quisiera compartir un piso con él. Harry tal vez estaría dispuesta a aguantarlo, pero John estaba determinado que sería su último recurso.
Así que él no pensó nada al mencionarle sus problemas a Mike Stamford cuando se cruzaron en el parque, por eso lo desconcertó la repentina risa entre dientes de Mike.
—Eres la segunda persona en decirme eso hoy.
Las orejas de Amarisa se irguieron, y John no pudo evitar preguntar, —¿Quién fue la primera persona?
Sherlock levantó la vista de su experimento mientras la puerta se abría, Raniel haciendo lo mismo desde su percha en la mesa, olfateando el aire.
Mike Stamford y su daimonion cerdo (Sus domestica) entraron en la sala, seguidos por un hombre que Sherlock asumió era un prospecto de compañero de piso. Antes él deliberadamente le mencionó sus problemas de vivienda al hombre, esperando que él esparciría la palabra – el circulo de conocidos de Stamford probablemente consistía primariamente de doctores e investigadores, y Sherlock necesitaba a un compañero de piso que no fuera impresionable.
Era claro que el otro hombre era a la vez doctor y soldado, así que Sherlock y Raniel dirigieron su atención a su daimonion.
El primer pensamiento de Sherlock era 'perro' pero eso no encajaba. Mientras el daimonion era obviamente canino, la forma del cráneo era equivocada para un perro, el hocico demasiado largo y la cabeza muy baja. También había algo erróneo sobre la forma en la que ella se movía; muy predatoria para ser un perro. Su siguiente pensamiento – con más que una pizca de interés – era 'lobo', pero tampoco eso era adecuado. El daimonion no podía ser un lobo, porque los auténticos lobos tenían abrigos negros o garras sin espolones. Que ella era algún tipo de canino era obvio, pero ¿De qué clase?
Incluso Raniel se deslizo por la longitud de la mesa para observar mejor a éste extraño daimonion, olfateando intensamente.
Generalmente las personas se inquietaban bajo el escrutinio de Raniel de sus daimonions, pero no parecía molestar al médico militar en absoluto. El mismo Raniel usualmente era suficiente para incomodar a las personas, o por lo menos garantizar una segunda mirada, pero el hombre tan sólo obsevó al daimonion de Sherlock por un momento antes de que él empezará a echarle un vistazo al laboratorio.
Intrigante. Parecía que éste doctor era o sorprendentemente tolerante de daimonions con cualidades extrañas, o Raniel no era el más extraño daimonion que él había visto. Posiblemente ambos.
Raniel regresó a Sherlock, recorriendo su manga para acurrucarse alrededor de su cuello.
Sherlock giró su rostro así que los otros hombres no lo verían hablar, y mantuvo su voz baja así que no llegaría a los oídos de sus daimonions.
—¿A qué huele ella – perro o lobo?
—No lo sé, —Raniel susurró, prácticamente temblando con excitación. —Nunca antes he olido a un daimonion como ella.
Sherlock volteó a ver otra vez al misterioso daimonion, preguntándose si él había omitido algo. Pero definitivamente ella era un canino de alguna clase… ¿Un extraño tipo de lobo? ¿Una raza de perro particularmente exótica?
Él no sabía. Por vez primera desde que ellos tenían once y el hoatzín[18] de esa mujer los había dejado perplejos, Sherlock y Raniel estaban honestamente confundidos por el una persona
Qué interesante.
Notas:
[13] Rama nube pino: (en vez de la usual escoba XD) ramas que utilizan las brujas para volar.
[14] Aletiómetro: muy parecido a un reloj de cadena, pero más grande; posee cuatro manecillas, de las cuales el operador puede mover tres por medio de perillas y la cuarta posee movimiento propio, siendo de un metal distinto a las demás. En el lugar donde los relojes llevan los números, este aparato lleva 36 dibujos (ancla, delfín, elefante, yelmo, caballo, reloj de arena, etc.). El método de uso consiste en usar las tres manecillas para formular una pregunta indicando la figura que mejor represente la idea, la cuarta manecilla se mueve de un símbolo a otro expresando una idea en respuesta. Posee una cantidad símbolos finitos, pero estos poseen una cantidad infinita de significados.
[15] WWI: World War I, la Segunda Guerra Mundial.
[16] Louvre: Museo del Louvre, es el museo nacional de Francia.
[17] Giptano: Un pueblo nómada que navega en botes por los ríos, es una mezcla entre gitanos y piratas
[18] Hoatzín: También llamado hoacín, es un ave con una cara blanca sin plumas y con los ojos rojos, en la cabeza hay una cresta serrada, tiene una capacidad limitada de volar.
