Hola de nuevo :D.
Una pequeña actualizacion por Halloween, queria subir más pero no me dio tiempo...para diciembre esperen una superactualización esten atentos!
Capítulo 3a: Cimientos
En realidad John y Amarisa no sabían qué pensar de este 'Sherlock Holmes', o su daimonion. Él era un hombre atractivo, y si se encontraba en el laboratorio Barts entonces seguramente él era inteligente, pero cuál había sido exactamente su propósito en el laboratorio, John no podía adivinar, y Stamford había sido menos que comunicativo. Su daimonion era macho y albino, y parecía ser una criatura muy grande tipo hurón.
El daimonion en cuestión había pasado la entera conversación mirando fijamente a Amarisa, y mientras ella y John estaban acostumbrados a personas y daimonions observándola, había sido un poco desconcertante.
Sin mencionar la lista interminable de hechos que el hombre había recitado como si él hubiera hecho que un detective privado estuviera vigilado a John. Era algo bastante extraño, y John se sentía en una particular desventaja, así que tan pronto como él y Amarisa estaban de regreso en su piso el goggleó al hombre.
—La Ciencia de la Deducción, —Amarisa leyó en voz alta, apoyando sus patas frontales en el escritorio al lado de John mientras ella le echaba un vistazo a la pantalla de la laptop. —Suena medio sospechoso.
—Lo es, —John estuvo de acuerdo, recargándose en su silla mientras extendía una mano para acariciar las orejas de Amarisa. —Vaya, creeré que puedes decir algunas cosas de observar a las personas, pero seguramente no todo esto. A lo que me refiero, ¿Un piloto de avión por su pulgar?
Amarisa volteó a verlo, —Entonces, ¿Vamos a ir a ver el piso o no?
—Da igual, —John se encogió de hombros. —Además probablemente él no será la persona más extraña que hayamos encontrado.
—No, creo que ese honor todavía va a Ragnvald, —Amarisa accedió. —Aún si el daimonion de Sherlock parece un poco...intenso.
John encogió los hombros de nuevo. —Quizás esa solamente es su manera de ser. O tal vez el sólo actúa de esa forma con personas que ha conocido recientemente.
John leyó un libro por el resto de la tarde mientras su daimonion dormía la siesta en la cama, hasta que era hora de ir a Baker Street.
—Desearía que tomarás un taxi, —Amarisa regañó a John mientras el cojeaba por la calle. —Sería mucho mejor para tu pierna...
—Estoy bien, Risa, —John murmuró —De todas formas, está todo en mi cabeza.
Amarisa mordisqueó ligeramente sus dedos en protesta. —Te dispararón con un hechizo mortal, ¿Recuerdas? No es el tipo de cosa que sólo se va. 'Intenta pensar en cosas felices' ¡Esa es la respuesta! Honestamente – ¡Eso hace sonar a la guerra como una producción de Peter Pan!
—¿Qué más sugerirías tú? —John refunfuñó y predeciblemente, Amarisa se quedó callada.
John inmediatamente se sintió arrepentido. Él sabía que ella sólo estaba intentando alegrarlo, y que en el fondo Amarisa se sentía tan desamparada como él se sentía, así que el rasco gentilmente su cabeza en una disculpa silenciosa.
Ellos llegaron a buen tiempo, y Sherlock salió de un taxi justo mientras ellos alcanzaban la puerta frontal. La dueña, la Señora Hudson, parecía amable (aún si la historia sobre su esposo era un poco bizarra), y su daimonion – una ardilla roja que se presentó como Kai a Amarisa – era amigable y agradable sin ser irritable. John había estado observando alrededor, intentando lograr una mejor opinión de Sherlock y su daimonion (que Kai había llamado Raniel), cuando ellos fueron interrumpidos por un hombre entrando apresuradamente al piso.
Él parecía estar en sus treintas, y su daimonion era un halcón de ojos perceptivos montado en su hombro, su mirada penetrante analizando la habitación. Y aunque John no estaba completamente seguro, él también parecía ser un policía.
Estaba claro que éste hombre y Sherlock eran conocidos, y que parecía ser en una capacidad profesional, pero cómo eso funcionaba John no tenía idea. Sherlock salió por la puerta como un huracán, Raniel colgando de su cuello como una bufanda de piel, y John fue dejado en la silla, incapaz de evitar sentir una punzada de envidia a su visible emoción, su propósito.
Había sido mucho tiempo desde que él había tenido algo parecido a un propósito.
Su amargura lo hizo gritarle a la Señora Hudson, de lo que él estaba instantáneamente apenado, Amarisa lamiendo su mano en un esfuerzo para consolarlo. Él apenas volteó a ver el periódico cuando una voz interrumpió sus pensamientos.
—Tú eres un médico.
John levantó la vista, y Amarisa se levantó por reflejo.
Sherlock estaba de pie en la entrada, poniéndose un par de guantes.
—De hecho, tú eras un médico militar, —él continuó, con el aire de alguien siendo deliberadamente casual.
Sintiendo la necesidad de ponerse de pie para ésta conversación, John agarró su bastón y se paró.
—Sí, —él dijo inmediatamente.
—¿Eres bueno? —Sherlock preguntó.
Ofendida, Amarisa, se erizó, pero la voz de John era calmada. —Muy bueno.
Tampoco era fanfarronería – era la verdad; él sabia que era un buen doctor. Quizá no en la cima absoluta de su profesión, pero aún por encima del resto.
—Entonces, ¿Has visto muchas heridas? ¿Muertes violentas? —los ojos de Sherlock estaban observando muy intensamente en los suyos.
Raniel estaba de nuevo mirando a Amarisa igual de intensamente, pero – como John sabía que ella haría – el perro-lobo simplemente estaba tomándolo con calma, inclinando su cabeza mientras ella lo miraba de vuelta.
—Sí, —fue todo lo que dijo John.
Sherlock estaba acercándose a ellos lentamente, y había un aire de emoción restringida a su alrededor. —Algo de problemas, también, apuesto.
—Por supuesto, sí, —John replicó, entonces sintió la necesidad de agregar. —Suficiente para toda una vida, demasiado.
Él sabía que era cómo se suponía él debía sentirse. Pero John no podía evitarlo – él quería un propósito de nuevo, y sabía que Amarisa sentía lo mismo.
Pero reenlistarse estaba fuera de la cuestión con su pierna de la forma en la que estaba, y Aeliana y los otros lo querían en Inglaterra hasta que descubrieran porque un clan de brujas había intentado asesinarlo (francamente, era algo que el mismo John se preguntaba muy a menudo). Uno pensaría que ser perseguido por brujas habría puesto una chispa a su vida, pero Inglaterra era un santuario como le habían prometido: a él ni siquiera lo habían asaltado.
Así que las siguientes palabras de Sherlock parecían una bendición. —¿Quieres ver un poco más?
—¡Oh, Dios, Sí! —exclamó John en un instante.
Amarisa ladró felizmente, y su cola estaba agitándose furiosamente mientras ellos seguían a Sherlock por la puerta.
Cuando Sherlock conoció por primera vez a John Watson, él se imaginó que Raniel y él podrían haberse encontrado con mucho peores compañeros de piso. El rompecabezas acerca de la forma de Amarisa era una sorpresa placentera (él seguía sin poder decidir entre una especie oscura de lobo o una exótica raza de perro, y el abundante abrigo negro planteaba la posibilidad de que ella era una variante de color), y ella y su humano parecían relativamente de fácil convivencia, aunque Sherlock sospechaba que John quizás intentaría insistir en un molesto nivel de limpieza en la sala y la cocina.
Muchas horas después, hurgando a través de la basura buscando una maleta rosa, Sherlock y Raniel estaban llegando a la conclusión de que habría sido difícil mejorarlo.
John Watson y Amarisa eran interesantes.
En vez de sentirse incómodos o molestos por las deducciones de Sherlock, John parecía honestamente maravillado con ellas, y él era tan liberal con sus elogios que al principio Sherlock se había preguntado si él era inconsciente de que estaba expresando sus pensamientos. Mientras la mayoría de daimonions habrían estado perturbados por el inflexible escrutinio de Raniel mientras él intentaba determinar lo que Amarisa era, el daimonion canino lo tomó con calma, aparentemente no preocupado en lo más mínimo.
Observar la reacción de Scotland Yard hacia ellos había sido interesante, por así decirlo. El daimonion gato salvaje de Sally, Matriel, claramente no le había hecho mucho caso a Amarisa, frunciendo la nariz mientras el daimonion pasaba. Lestrade y Zarania parecían ofrecerle a John y Amarisa algo de respeto, pero la observación más interesante había sido que el daimonion beagle de Andersom se negó a mirar a los ojos a Amarisa.
Los daimonions perro usualmente se llevaban relativamente bien, probablemente por la mentalidad de manada, así que la inquietud de Izeah alrededor de Amarisa levantaba algunas preguntas muy intrigantes.
John había trabajado sin problemas y eficientemente, él y su daimonion moviéndose en sincronía como si hubieran examinado cientos de cuerpos. Y tal vez ellos lo habían hecho – no era completamente improbable.
John había investigado los dedos de la mujer mientras su daimonion inclinó su cabeza para oler los labios del cadáver. Sherlock había abierto su boca para preguntarle a ella que esencias detectaba, preguntándose si su sentido del olfato estaba a la altura del de Raniel, cuando su propio daimonion se le adelantó.
—¿Qué hueles?
Sherlock se había retorcido para mirar hacia dónde el turón estaba acuclillado al lado del cuerpo, y él había sabido que Lestrade y Zarania estaban similarmente impactados. Raniel nunca le hablaba a otros daimonions a menos que fuera para decirles que se callarán y dejarán de hablarle, y mucho menos para hacer una pregunta que Sherlock habría sido perfectamente capaz de hacer él mismo.
John y Amarisa, por supuesto, no tenían idea de como insólito eso era, y Amarisa respondió en seguida.
—Perfume – ese nuevo de Chanel, y es muy fuerte, —Amarisa le reportó, arrugando su nariz en desagrado. —Su último desayuno fue algo picante con pollo, pero hay algo más, algo como la tiza y amargo...
Eso había sido la píldora venenosa, claro, y momentos después Sherlock había salido corriendo en búsqueda de una maleta rosa, recogiendo a Raniel en el camino.
—Probablemente no deberíamos haberlo dejado ahí, —Raniel murmuró mientras se asomaban en otro contenedor de basura.
Esto, también, era bastante insólito. Raniel mostraba preocupación por algunas selectas personas y sus daimonions, pero ellos usualmente eran Mamá y Padre exclusivamente, no un potencial compañero de piso que ellos solamente habían conocido hace unas horas.
—Él estará bien, —Sherlock murmuró.
No era una desestimación – era un hecho. La mayoría de las personas parecían creer que John era relativamente inofensivo, lo que era completamente estúpido; tú sólo tenías que mirar a Amarisa para saber eso. Lobo o perro, ella era muy claramente un depredador, y uno intimidante a decir verdad.
Más que eso, John era experimentado. Él era un hombre que pasó por una guerra y había salido sano y relativamente completo, independientemente de la cojera psicosomática.
Si John podía soportar todo eso y aun así regresar social y amigable, las calles de Londres no iban a presentar un problema.
—En cualquier caso, ¿Por qué estás tan interesado en ellos? —Sherlock le preguntó a su daimonion, genuinamente curioso.
Porque Raniel estaba más que encantado con un daimonion de lo que Sherlock había visto...jamás. Él suponía que podría ser el rompecabezas que Amarisa presentaba, pero no podía evitar sentir que era algo más. Algo nuevo y diferente.
—Ella...me agrada...—Raniel anunció lentamente, como si él mismo apenas pudiera creerlo. —Amarisa, quiero decir. Y también John. No puedo explicar por qué, yo sólo...me agradan.
Eso era otro primero – Raniel nunca había sentido atracción a otro daimonion sin una razón. Él respetaba a Zarania porque incluso cuando le gritaba ella nunca esperaba que él le respondiera, y él le tenía cariño a Kai por las mismas razones; la ardilla no invadía su espacio y nunca intentaba atraer su atención.
Pero para que a Raniel sólo le 'agradará' un daimonion por ninguna concebible razón...eso era nuevo.
Sherlock estaba consciente de que en realidad era relativamente común para los daimonions agradar o detestar mutuamente a primera vista. Se habían realizado estudios acerca del fenómeno, coloquialmente conocido como la 'prueba de compatibilidad', y ellos parecían indicar que los sentimientos de tu daimonion sobre otro daimonion usualmente indicaban si te llevarías bien con su humano o no. Muchas parejas felizmente casadas (raro en su línea de trabajo) afirmaban que sus daimonions habían tomado un instantáneo, completamente sin precedentes mutuo agrado.
Por supuesto, Sherlock estaba seguro de que no era lo que estaba pasando aquí. No que John Watson no fuera atractivo, porque lo era, aunque de manera sorprendente – el sagaz destello de atracción cuando él lo vio por primera vez de verdad que había atrapado de improviso a Sherlock. John no era particularmente guapo o impresionante, pero había algo cálido y estable y fuerte sobre él, como una roca en el centro de un torbellino.
Sherlock trató de alejar ese pensamiento – información extraña, inútil para su investigación – y se movió al siguiente contenedor de basura.
John no estaba seguro de lo que estaba sucediendo, y la mujer que se presentó como Anthea se negó a decirle.
Ella estaba escribiendo en un Blackberry, su daimonion camaleón en su regazo, una pata delantera descansando sobre la muñeca de ella. Amarisa estaba sentada a los pies de John, sosteniéndose contra el ligero vaivén del coche, sus músculos tensos y listos para saltar a la acción.
Ellos no sabían que estaba pasando, pero sabían que personas que interferían tan casual y detalladamente con teléfonos públicos y cámaras CCTV[1] no eran personas para tomarse a la ligera.
John suponía que debería estar más preocupado por el hecho de que esencialmente él y Amarisa habían sido secuestrados en la calle, pero todo lo que sentía era la extraña calma y claridad que siempre descendía cuando él estaba corriendo hacia una batalla bajo la estela de Ragnvald.
El coche se detuvó en lo que parecía ser un estacionamiento vacío. Bien, vacío excepto por una solitaria silla y el hombre de pie frente a ella.
Él estaba vestido de traje de negocios y sosteniendo un paraguas en una mano. Su daimonion – un cuervo – estaba posado sobre su hombro, sus ojos fijos en John mientras él y Amarisa salían del carro.
Probablemente se suponía que fuera intimidante, pero...bueno, si John se intimidara fácilmente, él no sería amigo de un oso acorazado.
Era evidente en segundos que este hombre estaba interesado en él por su conexión con Sherlock, y John estaba llegando rápidamente a la conclusión de que su potencial compañero de piso llevaba una vida muy interesante.
Amarisa se mantuvo cerca, lo cerca suficiente para que su pelaje rozará el costado de los pantalones de John, sus músculos tensos como preparada para saltar. El daimonion cuervo estaba observando con superioridad al perro lobo, y el pelaje de Amarisa estaba erizado, sus labios alzados muy ligeramente para mostrar sólo las puntas de sus colmillos.
La creciente tensión de la situación era lo que la había hecho tan visiblemente hostil, pero Amarisa usualmente era taciturna con extraños. Le tomaba un tiempo encariñarse con personas y daimonions, aunque ella parecía haberse encariñado con Raniel y Sherlock inusualmente rápido. Pero entonces, el daimonion de Sherlock era interesante (como el mismo Sherlock), y John había escuchado historias sobre daimonions de personas conectando sin razón aparente, así que tal vez eso era lo que había pasado aquí.
Como el extraño en el traje de negocios señaló, ellos estaban volviéndose muy leales con gran rapidez. Aunque él parecía pasar por alto que la respuesta negativa de John podría haber sido basada puramente en sentido común – cuando un hombre que afirmaba ser su enemigo te ofrecía dinero para espiar a alguien que trabajaba para la policía, probablemente era mejor negarse.
El cuervo repiqueteó su pico, seguramente para sonar amenazante, mientras una vez más el hombre buscaba en su bolsillo y sacaba una pequeña libreta.
—Problemas de confianza, dice aquí, —él comentó ligeramente, abriéndola de un tirón.
Una escalofriante sensación rastrera se deslizó por la espina de John, y Amarisa dio un gruñido bajo y retumbante.
—¿Qué es eso? —él preguntó, su voz severa.
El hombre continuó como si John no hubiera hablado. —¿Podría ser que has decidido confiar en Sherlock Holmes, de todas las personas?
—¿Quién dice que confío en él? —John respondió automaticamente.
—No pareces del tipo que hace amigos fácilmente...
John nunca había sido bueno en dejar a alguien más diseccionar y criticar su vida como si fuera una película barata. Probablemente por eso la terapia nunca pareció ayudar mucho.
—¿Hemos terminado?
El hombre lo miró directamente, algo cercano a una provocación en sus ojos. —Tú dime.
John nunca había tenido mucho agrado por esas clases de charadas absurdas y se dio la media vuelta, determinado a salir a zancadas de ahí...
—Imaginó que ya te han advertido que te alejes de él, —fue declaradó a sus espaldas. —Pero puedo decir de tu daimonion y tu mano izquierda que eso no va a suceder.
John giró rápidamente – él siempre había sido sensible a comentarios sobre Amarisa.
—¿Qué es lo que quieres decir? —él gritó, descansando una mano en su daimonion mientras Amarisa rugía por lo bajo en su garganta.
El extraño sonrió pareciendo complacido por la reacción de John, y su daimonion cuervo ahueco sus plumas en una manera contenta. —La mayoría de las personas que caminan por las calles de ésta ciudad, todo lo que ellas ven son calles y tiendas y coches. Cuando tú caminas con Sherlock Holmes lo que tú ves es el campo de batalla – ya lo has visto, ¿No es así?
Amarisa había dejado de gruñir, pero so no significaba que su ira y ultraje de ninguna manera habían disminuido – solamente que ambos ella y John estaban ahora en mejor control.
—¿Tienes un punto en particular que hacer? —John preguntó, intentando no apretar sus dientes.
—Tiens un temblor intermitente en tu mano izquierda, —él hombre explicó, voz estable y segura. —Tu terapeuta cree que es estrés postraumático; ella piensa que estas atormentado por recuerdos de tu servicio militar...sin embargo, ella cree que tu daimonion tomó la forma de un perro lobo porque sufriste algún tipo de abuso cuando eras un adolescente.
A pesar de sí mismo, John estaba sorprendido. Aparte de la información acerca de su terapia (la que John estaba muy seguro que era confidencial), la mayoría de las personas nunca adivinaban la forma de Amarisa por ellos solos. A primera vista las personas la creían un perro, y era únicamente si ellos pasaban una extendida cantidad de tiempo alrededor de ella y John que ellos empezaban a pensar que ella era algo más...e incluso entonces, ellos raramente lo adivinaban bien.
—¿Quién demonios eres tú? —John preguntó sin poder evitarlo.
El extraño sonrió, la clase de sonrisa que decía que no iba a responder, deliberadamente observando cuidadosamente a Amarisa —No más esconderte intentando actuar como un perro para relajar a las personas, ¿Hmmm?
Ni el perro lobo ni su humano hicieron caso al comentario,
—Tú estás atormentado por recuerdos, pero no por los recuerdos que ella cree, —el hombre continuó, aún sonando supremamente satisfecho consigo mismo. —Estás bajo estrés justo ahora y tu mano se encuentra perfectamente estable. No sueñas acerca de bombas o disparos o batallas – después de todo, eras un soldado y esa era tu vida...tus pesadillas son sobre lo que sentiste cuándo esas brujas te dispararon con sus hechizos mortales.
La pierna de John punzó dolorosamente al recordatorio, y ahora él estaba verdaderamente intranquilo – Aeliana y las otras habían intentado mantener escondida la naturaleza exacta de su herida hasta que supieran más. El hecho de que este hombre supiera decía muchas cosas sobre su alcance, nada de lo que agradaba a John.
John intentó por una voz calmada cuando él habló de nuevo. —¿Quién te dijo eso?
—Una parte preocupada
John no había puesto mucha atención a eso, su mente muy ocupada intentando determinar quién podría ser capaz de hablarle a las personas acerca de su herida. Él eliminó a las brujas y a Ragnvald casi inmediatamente – los osos acorazados no eran exactamente conocidos por ser soplones, y en primer lugar había sido idea de las brujas mantenerlo en secreto. Él suponía que habría estado en los documentos del alta, y alguien que tuviera acceso a las notas de su terapeuta sería capaz de revisarlos sin ningún problema.
Eventualmente, el hombre extraño se fue y John se aseguró de ir a buscar su arma antes de que él y Amarisa regresarán a Baker Street.
Sherlock había localizado la maleta rosa, y John había estado más que un poco enojado a la idea de que el otro hombre solamente lo llamó para enviar un texto.
—¿No pudiste mandarlo a él? —le preguntó, asintiendo hacia Raniel, el turón acurrucado en el estomago de Sherlock mientras él yacía en el sofá.
—Sin pulgares opuestos, —el daimonion dijo. —Soy pésimo con teclados
Era inusual para daimonions dirigirse a otro humano directamente a menos que ellos fueran especialmente cercanos o la persona estuviera ausente o indispuesta, en los casos de brujas o pacientes en coma. Pero realmente, cuando comparado a todo lo demás que era inusual sobre Sherlock y Raniel, no era nada para emocionarse.
Sherlock había observado a su diamonion por un momento, luciendo casi sorprendido, como si Raniel estuviera haciendo algo fuera de lo ordinario, pero la expresión había pasado tan rápidamente que John no estaba seguro de que había estado ahí en primer lugar.
John había hecho como le ordenaron y envió los textos, y Sherlock – aparentemente aún zumbando de la adrenalina de encontrar la maleta – estaba ocupado colocándose avidámente su abrigo y bufanda, cuando Raniel repentinamente miró a John y Amarisa.
—¿Quieren venir? —él preguntó casi esperanzado.
Amarisa movió su cola suplicante, y John volteó a ver a Sherlock.
Él vió de nuevo esa extraña expresión en la cara de Sherlock, como si estuviera sorprendido por lo que su daimonion acababa de hacer, antes de que sus ojos se encontrarán con los de John y él se encogió de hombros,
—¿Bien?
—¿Bien, que?
—Bien, podrías sólo sentarte aquí y ver televisión, —él dijo, como si ver la tele fuera la cosa más espantosa que cualquiera pudiera hacer con su tiempo libre.
Sherlock y Raniel no parecían ser de la clase social, así que John sintió la necesidad de aclarar. —¿Quieres que vayamos con ustedes?
—Pienso mejor cuando habló en voz alta, —fue todo lo que dijo Sherlock.
John iba a señalar que un daimonion más bien negaba la necesidad de tener compañía para hablar en voz alta, pero Sherlock y Raniel ya se habían ido.
—¿Bueno? —Amarisa impacientemente le preguntó, ojos brillando.
John suspiró. —Estamos locos, lo sabes, ¿No?
Amarisa rió. —¡Pero es tan divertido!
Era difícil discutir con eso, así que John agarró su bastón y siguió a su daimonion por las escaleras.
Notas:
[1] cámaras CCTV: por si no lo saben, las cctv son un Circuito cerrado de televisión o CCTV, es una tecnología de videovigilancia diseñada para supervisar una diversidad de ambientes y actividades. O sea: cámaras de seguridad.
