El dolor desaparecía poco a poco, dejando una reconfortante calma. Por alguna razón se sentía mejor que nunca, sentía su magia recorrer todo su cuerpo con libertad y armonía, podía controlarla sin necesidad de algún límite. Se sentía jodidamente bien.

Se estiró oyendo sus huesos crujir a la hora de acomodarse en su lugar, realmente se sentía en el cielo. Abrió los ojos reconociendo el techo arriba de él, no sabía qué había pasado exactamente, pero tal vez la vida le empezaba a sonreír un poco. Se sentó en su cama y bostezó profundamente. Era como volver a nacer.

—Me alegro que ya hayas despertado—casi gritó cuando escuchó al hablante a su lado. No lo conocía, tal vez sólo en una foto, como la que había en la sala de toda la familia de Sirius en ella, pero nunca se atrevió a preguntar nada.

El hombre frente a él era muy parecido a su padrino, demasiado, mas había algo en él que le llamaba la atención, algo familiar -sin contar que era una copia más joven de Sirius-, tal vez la sonrisa que le daba, completamente fraternal y cálida. Miradas que sólo había recibido de su padrino y su antiguo profesor.

—¿Quién eres?—preguntó mirándolo con curiosidad. No sabía quién era ni cómo podía estar sentado a su lado, pero sabía que no era malo. No si Remus y Sirius permitieron su estadía en el lugar, porque lo sabía, sus padres-tíos habían matado a cualquier ser desdichado que quisiera hacerle daño.

Los labios del joven Black formaron una mueca de tristeza, mirando a Harry a los ojos, lo cuales se habían oscurecido. El ojiverde frunció el ceño confundido, ¿había dicho algo malo? Tal vez no es una pregunta que debía hacerse como si nada, aunque, considerando la posición en la cual se encontraban, era una pregunta más que normal.

—¿Señor?—volvió a preguntar curioso.

—Soy Regulus Black—murmuró mordiéndose el labio inferior—. Hermano de tu padrino Sirius...

—Yo pensé que Sirius era el último Black...

—Bueno, yo me escondí...

—¿Por qué?—cuestionó frunciendo el ceño.

—Seguridad—fue lo único que contestó tratando de sonreír.

Algo dentro de Harry se removió justo cuando Regulus sonrió de forma forzada, ¿qué necesidad de hacerlo? Sólo estaban ellos dos, y el azabache no iba a hacer algo porque dejase de sonreír.

—¿Y qué haces aquí?—en ese momento se dio cuesta de algo, el encuentro con el hermano de su padrino parecía ser una entrevista y, en su opinión, parecía que los dos buscaban algo del otro. Aunque no se conociesen.

—Vine a verte...

—No nos conocemos, ¿por qué hacerlo?

—¡Harry! ¡Ya despertaste!—los gritos llegaron justo a tiempo cuando Regulus tenía planeado hablar. Unos brazos lo envolvieron y lo tumbaron a la cama con alegría—... ¡Remus, Harry ya despertó!

El licántropo se recargó en el marco de la puerta viendo el espectáculo que hacía su amigo al encontrar al ojiverde despierto y, tal parecía, hablando con Regulus.

—Canuto, creo que no es el momento—regañó el castaño.

—¿No?—preguntó el mayor mirando a su ahijado y a su hermano, mas algo le llamó la atención al mayor— ¡Cachorro! Estás muy diferente—murmuró picando la mejilla de éste.

—¿Diferente?

—¡Sí!—murmuró sonriendo con orgullo— Deberías ir al baño y verlo por ti mismo.

Harry asintió confundido y, quitando a Sirius de encima suyo, caminó hacia el baño que de encontraba en su habitación, sorprendiéndose al verse en el reflejo de su espejo.

Era la viva imagen el señor que se encontraba en su habitación... ¿Regulus? Sí, él. Se acercó al objeto para mirarse con detenimiento, su cabello seguía estando alborotado, estaba seguro sí se podría peinar con facilidad, tampoco descartó los pequeños brillos azules que salían de éste o que ahora estaba más negro que de costumbre, como el cabello de Sirius. Harry dejó caer su cabeza hacia uno de sus hombros y se admiró en el reflejo. Era un idéntico Black, sin excusas que dar a las personas para que dijesen lo contrario. Seguía teniendo algunas de las características que antes poseía, como sus amados ojos esmeraldas, aunque algunas motas plateadas cubrían ciertas partes de ellos.

—¡No te estoy pidiendo permiso!—logró escuchar al otro lado de su puerta.

Algo decía que no debía oír esa conversación, pero también sabía que se trataba de él, de lo que le pasaba, de aquel señor tan desconocidamente conocido. De la mayoría de sus dudas.

Se acercó a la puerta con curiosidad y pegó su oído en ésta, tratando de que no le descubriera en su intento de espía.

—¡No puedes llegar así como si nada hubiera pasado! ¡Ya son dieseis años!

—Sirius—llamó el castaño—, creo que deberíamos dejar a Regulus hablar con Harry sobre eso

—Pero...

—Quiero hablar con mi hijo, Sirius—siseó el otro, sorprendiendo al menor.

—¿Qué rayos...? —murmuró pegándose más a la puerta de madera. No podían estar hablando de él, ¿o sí? Él no podía tener otro padre aparte de Jame y Lily Potter... ¿o en el mundo mágico se podía tener un hijo de tres personas?

—Lo hubieras hecho años atrás si no lo hubieras abandonado—gruñó el mayor de los Black.

—Sabes que no fue mi intención...

—¡Pero lo hiciste!

—¡Tú también lo hiciste!—después del rugido que soltó el menor

Remus suspiró viendo a sus dos amigos, quienes se encontraban cara a cara y con varita a mano.

—¡Claro que no! En cambio, tú se lo dejaste a James para que él lo cuidara, ¡no me dijiste nada!

—Si hubieras sido más inteligente te hubieras dado cuenta...

—¡Claramente no me hubiera dado cuenta!

—¡Entonces no es mi culpa, pedazo de mierda!

—¡Claro que sí! ¡Si tan solo hubieras visto el estúpido árbol familiar!

—¡Nunca hubiera sospechado que Harry era nuestro hijo! ¡Pensé que era hijo de mi mejor amigo!

—Alto, ¿qué?—preguntó el menor con voz aguda saliendo del baño, llamando la atención de los dos Black— ¿De qué mierdas hablan?

Regulus abrió la boca y la volvió a cerrar, mirando a su hermano de paso, matándolo con la mirada. El mayor miró a su ahijado/hijo y se sentó en la cama de éste, mirando sus manos mientras pensaba qué decir. El menor miró al único que parecía comprender la situación con más claridad, pero simplemente negó la cabeza.

—No soy yo quién debe decirte eso, cachorro—confesó haciendo una mueca triste—. Los espero en el comedor para cenar —dijo saliendo de la habitación y dejándolos solos.

Harry miró a sus supuestos padres con el ceño fruncido, hasta se podría decir que molesto. ¿Acaso era una broma? Porque, definitivamente, no era graciosa, mucho menos cuando había vivido todos sus años de vida en una gran mentira, las cuales a tratado de evitar desde su llegada al mundo mágico ala edad de once años, o tal vez doce, si contamos lo antes dicho por su padrino.

—¿Piensan decirme? —preguntó mirando a los dos adultos, quienes se miraban con odio entre ellos.

—¿No te quieres sentar? —preguntó Sirius palmeando la cama.

Regulus se sentó en la silla al lado de su cama, mirando el piso con impaciencia. El de cabellos negros se encaminó hacia la cama, pero, en ves de sentarse al lado del animago, se sentó en la esquina más alejada de ellos y, aprovechando, recargándose en la pared.

—Cuándo tenía dieciocho años mi hermano y yo tuvimos una pequeña aventura —susurró escupiendo la palabra «hermano» con rencor—... no sé si sabías que, dentro de la sociedad mágica, todo es posible. Hasta que un hombre se embarace de otro hombre.

Harry negó con la cabeza ante aquella confesión, ¿quién, en su sano juicio, pensaría que algo así podría pasar?

—Cuando le fui a decir a Sirius lo ocurrido, él estaba muy ocupado para escucharme, echandome de su casa en el primer segundo...

—Yo no sabía que era tan importante como eso... —se excusó mordiendo su labio inferior.

—Fui con los Potter y te dejé a su cargo, no podía cuidarte, era un mortífago y no quería ponerte en riesgo —interrumpió—. También planeaba que, cuando Sirius te viese, se diera cuenta de los parecidos que tenías a toda la generación Black, pero no tomé en cuenta que James Potter haría una adopción de sangre...

—Lily tuvo que fingir durante nueve meses un embarazo y, al mismo tiempo, ocultarte a ti —prosiguió el mayor—. Todos pensamos que el niño que había nacido el día que fingió dar a luz era su hijo, ¿quién dementores pensaría que era nuestro hijo? —acusó mirando a su hermano menor con odio— ¡Hasta me nombraron tu padrino!

—¿Me están diciendo que, en resumen, he vivido pensando que los Potter son mis padres y tuve que vivir con la odiosa familia Dursley sólo porque ustedes, un par de hermanos irresponsables, no podían con la carga que un error suyo ocasionó? —preguntó Harry dolorido.

—Claro que no —contestó Sirius haciendo una mueca—: James sí es tu padre gracias a la adopción y tú, el cachorro que alegró todos mis jodidos días y motivó a escapar de Askaban, no eres un error. Eres mi hijo, mi cachorro.

—Sé que mi decisión no fue la mejor —Regulus Black se acercó a la cama y se sentó en ella, agarrando una de las manos de Harry y apretándola—, y tal vez no pude estar contigo cuando me necesitabas, pero me siento orgulloso de lo que eres, Orión.

El ojiverde sonrió levemente al sentir el calor que transmitía su papá hacia su mano, pero la última palabra, o nombre, lo desconcertó de sobre manera.

—¿Orión?

—Sí, Armus Orión Black —contestó Regulus—. Ése es tu nombre.

—Pero... —balbuseó confundido—, en el árbol familiar salgo como Harry Potter.

—¿Cómo puede ser que tú hijo se diera cuenta y tú no?

—Bueno, ¿será por qué está en la casa Black y yo no estaba en ella cuando pasó todo?

Regulus puso los ojos en blanco y se giró hacia su hijo, sonriéndole con aprecio.

—El árbol suele agarrar el nombre por el cual lo conocen sus familiares más cercanos, en este caso Sirius, quien te conocía bajo ese nombre —acaró.

—No quiero cambiar de nombre —susurró—, al menos no el Harry.

—Pensaremos en eso luego —dijo Regulus haciendo una mueca molesta hacia el nombre—, por ahora conviene que sigas teniendo ese nombre y tendrías que ir con glamour a Hogwarts, así nadie notará la diferencia.

—¿Y por qué Canuto dijo que habían pasado dieciséis? —cuestionó nuevamente.

—Naciste el Octubre 24 de 1979...

—Pero... ¿entonces por qué las carta de Hogwarts se me fue dada en Julio?

—Porque las cartas se basan en los registros dentro del ministerio y...

—¿Por qué no le Regulus Orión? —interrumpió el mayor con el ceño fruncido.

—Queda mejor Armus Orión que Regulus Orión.

—No es cierto.

—Claro que sí.

El menor de los Black puso los ojos en blanco al notar que sus padres empezaban a discutir nuevamente. Y él que pansaba que se querían demasiado, aunque no desechaba esa idea, fueron tan lejos como para tener ese tipo de cosas significa que se tenían algún tipo de afecto, afecto que se encargaría que saliera a la luz nuevamente. No sería bueno tener a dos personas discutiendo cada que pueden, menos si esas personas terminan siendo sus dos padres.

Sonrió con nostalgia, su vida estaba cambiando de un día a otro y, tal parecía, no podría hacer nada para evitarlo. Sin contar que sentía su magia bailar bajo su piel, alegre de ser liberada de una vez por todas.

Y Harry bailaba internamente, al fin tendría una familia completa, ¡hasta tenía más de lo que pudo haber soñado!

Bajó al comedor cuando sus dos nuevo padres empezaron a soltar hechizos el uno contre el otro. Le sonrió a Remus una vez que llegó al lugar, jurándose mentalmente que juntaría de nuevo a sus padres.