—Harry —llamó el castaño caminando hacia su amigo -y vaya que ahora sí eran amigos-.
El nombrado puso los ojos en blanco y miró hacia atrás, viendo como uno de los mejores Slytherin se acercaba a él.
—¿Qué quieres, Thomas? —preguntó abrazado su libro contra su pecho. Ya casi lo acababa, se había pasado estudiando esas 1207 páginas y, después de tanto tiempo, lograba comprender y avanzar con más rapidez su lectura.
Unos labios se colocaron en su frente mientras que una mano removía sus cabellos con cariño.
—Buenos días —saludó sonriendo. El rostro de Black se sonrojó levemente, escondiéndolo tras el enorme libro que traía entre manos—... y me puedes decir Tom —susurró en su oído—, aunque sólo tú tendrás el derecho de hacerlo.
El joven se sonrojó más, si es que eso era posible, y asintió con lentitud. Las cosas habían mejorado con el castaño días después de que Ómorfos llegara a su vida, dejando un lugar para Tom también. El pequeño de los Black había encontrado una interesante sección en el, no tan pequeño, libro que le había llegado en navidad, respondido muchas de las dudas que el pequeño Slytherin tenía sobre la magia y su funcionamiento de ésta. Era totalmente excelente que un mago se hubiera interesado en algo como eso, con tanta información, ya entendía porqué habían prohibido ese libro dentro de la comunidad mágica de Gran Bretaña.
Caminando al lado de su amigo, Harry se empeñó en ganar el tiempo que había perdido dejando de lado a los lindos ojos miel, sin contar de la información o de las miles de ideas que tenía el chico. Era increíble, casi imposible, que un chico de esa edad tuviera esa mente y hubiera leído tantos libros en su corta vida, hasta Harry, que la mayoría de su tiempo se centraba en tener su nariz metida entre las finas y delicadas hojas de un libro, había leído solo la mitad de los millones de libros que el adolescente mayor había leído.
Era imposible que Thomas Sayre se hubiera fijado en Harry Potter.
—Harry, ¿en qué tanto piensas? —preguntó el diluvio dentro de su cabeza— Estás muy perdido, si quieres descansar o te sientes mal, te puedo acompañar a la Enfermería, no me importaría perder las clases de hoy por estar contigo —comentó el castaño deteniendo su andar.
El azabache miró a su amigo con confusión, antes de entender las palabras que éste había dicho.
—No es necesario que pierdas las clases por mí —susurró—, a parte, me siento bien, no hay necesidad de ir a la Enfermería...
Una mano se coló por su espacio personal y se detuvo en su frente mientras el analizado fruncía el ceño confundido.
—No tienes temperatura alta —murmuró pensando—... Tal vez sea sólo el cambio de clima que te está atontando...
—Oh, querido, me está atontando algo más que el clima...
—¿Qué?
Armus se sonrojó al analizar sus palabras, ¿cómo había sido tan estúpido como para decir eso? ¡Y frente a Thomas! ¿Qué carajos tenía en la cabeza ese día?
—Las materias —recompuso—, las vacaciones han acabado hace mucho, pero los maestros parecen querer vengarse dejando más trabajos que tiempos libres...
—Oh, sí, me he dado cuenta —dijo Tom con la cabeza gacha, por un momento pensó que se refería él, ¿cómo pudo ser tan ingenuo?—, Severus a dejado veinte ensayos de un metro cada uno, ya no siento mi mano...
Harry asintió en acuerdo, pero mentalmente reprochó el hecho de como el castaño se refería a su maestro de Pociones, si tan sólo Snape lo escuchara... ¡Merlín! A él lo a castigado por no decir el 'señor' o 'profesor' antes de su apellido, no quería saber qué pasaba con aquéllos que decían su nombre.
Un cosquilleo lo sacó de su ensimismamiento haciéndolo fruncir el ceño, ese cosquilleo era tan jodidamente familiar, como si se quitara el hechizo glamour...
—¡Thomas Sayre! —rugió volviéndose a poner el glamour, o bueno, intentarlo.
El nombrado había agarrado su mano para detenerlo, acercándolo a su cuerpo y sonriendo al admirar la belleza de la persona que tenía en frente.
—No hay nadie, deja que disfrute este pequeño momento —susurró—. Joder, eres hermoso —gruñó acercándose a él—, con tu lunar en la oreja, casi como arete y el gris queriendo invadir el hermoso verde que tapizan tus ojos...
En cada murmuro su rostro se iba acercando al aludido, dejando admirar con más facilidad la obra maestra que su magia había elegido, casi podía besarle los labios, sentía la respiración irregular del chico. Los ojos de Harry se cerraron con devoción, Tom podía sentir la magia de su pareja hacer una guerra dentro de ese bien proporcionado cuerpo, tratando de ganar la batalla y salir a juntarse con la suya.
—¿Por qué yo? —preguntó el pelinegro tratando de alejarse— De todos los alumnos de Hogwarts, ¿por qué me elegiste a mí?
—También quisiera entender eso —contestó acariciando la mejilla de porcelana con su mano—, aunque no me arrepiento. Nunca lo haré, Harry.
—Armus —susurró el ojiverde llamando la atención del joven—, me llamo Armus —declaró confiando en el dueño de su vida, aunque no es como si lo fuera a decir—. Puedes decirme Armus sólo cuando estemos los dos solos...
—¿Sólo yo lo sé? —preguntó el Lord Oscuro sonriendo con ternura.
—¿Dentro de Hogwarts? Sí —afirmó—... Por favor, no le digas a nadie.
—Mi príncipe me a pedido un favor —dijo Riddle—, haré que así sea.
Armus sonrió con cariño y luego negó con la cabeza. No debía sentir cosas como ésas, no cuando no se trataba de Regulus, Sirius o Remus.
—Entonces escolta a tu príncipe a la clase de Transformaciones —ordenó con orgullo alejándose del contrario.
Los dos jóvenes se fueron a dicha clase después de que el último Black se pusiera el hechizo que antes fue removido de su persona.
Las clases habían terminado y Harry se dirigía a la biblioteca para leer un poco más de su libro, estaba en un tema bastante complejo y, para su fortuna, en un tema que siempre había buscado. Aunque lo dejaba con un poco de dudas, el tema nunca había sido mencionado por otros libros, ni siquiera había encontrado un libro qué tratará de explicar es fenómeno que era la magia. Había cosas que ni él había pensado, como el hecho de que era una energía, o que, si el mago lo deseaba completamente, aquel objeto que transfiguró se podría quedar consigo sin necesidad de gastar su magia, pero en cuestiones de invocaciones...
—Thomas —llamó Harry corriendo hacia el nombrado, quien estaba a un paso de entrar a la biblioteca.
No se le olvidaba el hecho de que casi se besaban horas atrás, o que su magia luchó contra sí para poder unirse con la del joven, pero el tema que quería tocar eras muy importante para él.
—Harry, que placer que te acuerdes de mi nombre... —bromeó el nombrado.
—Quiero preguntarte algo —interrumpió posándose frente a su nuevo amigo—: Cuando haces un hechizo, la magia se va degradando poco a poco gracias a que ésta es una energía que sólo los magos controlamos —empezó mirando al Lord Oscuro a los ojos, viendo la confusión que los hermosos ojos que éste poseía—, la degradación se da dependiendo del objeto al cual has enfocado tu magia —el oyente asintió comprendiendo en partes lo que decía el joven hablante, mas no sabía a qué venía esa conversación—. Si tú haces una transfiguración, ésta tiene un límite específico y...
—Armus, basta —murmuró el mayor colocando su mano derecha en el hombro del nombrado—. Me podrías decir, por favor, ¿a qué viene todo esto?
El Black asintió sonrojándose de sobre manera, enamorando un poco más al corazón -que hasta ese momento Tom creía inexistente- de su acompañante.
—Las invocaciones, como es el caso del hechizo serpensortia, también hay un punto en el que el invocado se va —el heredero de Slytherin asintió—... Ya han pasado cuatro meses y sigo teniendo a Ómorfos conmigo, eso implica que sigues usando tu magia para que él siga conmigo y... y...
—Dilo de una vez, querido —apresuró—, si no quieres que te coma a besos con la divina vista que me das. Eres jodidamente bello cuando estás nervioso y totalmente sonrojado.
—Gracias —terminó el aludido segundos después de haberse colorado de rojo hasta los lugares que no pueden ser vistos con tanta ropa—, es mucho para mí que sigas teniendo a Ómorfos aquí y... bueno... lamento como te he tratado cuando tú... eh...
—¿Cuándo yo qué? —preguntó sonriendo de forma burlona.
—Cuando tú has estado cuidando de mí desde el momento que llegaste aquí —terminó mirando al piso, totalmente avergonzado.
Tom Riddle miró a su pareja con adoración, era difícil ver al príncipe de Slytherin sonrojado y hecho un manojo de nervios, claro, no era como si quisiera que cualquiera viera esa expresión en el rostro de su amado. Pero era encantador.
—Tal vez debas darme algo a cambio por mantenerlo aquí, también necesitó energía para seguir con ese trabajo y...
—¿Qué necesitas? —preguntó rápidamente el Black, recomponiendo su mirada y comportamiento con rapidez.
—Es algo pequeño —murmuró acercándose al pequeño—, tan pequeño con un beso —la última palabra fue un susurro que llegó directo a los labios rosados del ojiverde, los cuales recibieron como invitado a otros labios, quienes invadieron por unos pequeños segundos cualquier movimiento de sus labios.
—Nos vemos después, Armus —se despidió Tom antes de irse y dejar a lado su plan de quedarse en la Biblioteca.
Cuando llegó al jardín principal, el cual parecía estar más sólo que los pasillos en vacciones, Tom paró su andar y suspiró, debía reconocer que su pareja era demasiado fuerte si podía contra los mismos impulsos con los que él estaba luchando, impulsos que lo hacían querer agarrar a Armus y estrellarlo contra la pared para luego hacerlo suyo. Impulsos que no iban a durar mucho dentro suyo.
—¿Thomas Sayre? —preguntó una pelinegra a su lado.
El nombrado miró a la chica con despreocupación, ¿quién era esa Ravenclaw? Y sabía que era Ravenclaw por su túnica, pero algo en ella se le hacía familiar, ¿sería la chica de la que hablaban Draco y Pansy el otro día?
Se encogió de hombros mentalmente.
—¿Sí...?
—La profesora McGonagall me mandó a darte esto —dijo dándole un cuaderno de apuntes—, dijo que se te olvidó en su clase...
—Gracias —dijo con frialdad mientras agarraba el libro.
—Espero que no te importe, pero leí tus apuntes —explicó apenada—, son unos apuntes realmente completos y bien redactados, les entendí con facilidad a hechizos que nunca había comprendido en clases...
—Me alegro que tu mente curiosa haya ayudado en algo a la hora de ver mis apuntes —comentó Tom mirándola a los ojos—... ¿Cómo te llamas?
—Cho Chang —contestó.
—Bien, Chang, lamento informarte que debo ir a la Biblioteca a hacer trabajos —informó—. Hasta luego.
—Te acompaño —dijo con rapidez la chica—, quería ir a ver si había un libro que me ayudara en Encantamientos.
—Iba con un amigo —interrumpió.
—No hay problema, al fin de todo, vamos a estudiar...
Tom todos los ojos esa chica era muy molesta.
Al llegar a la Biblioteca se encaminó hacia el lugar donde su Armus siempre se sentaba cuando iba a ese lugar, pero no lo encontró, haciendo que un suspiro relajado saliera de su garganta.
Cho Chang, la chica que Harry odiaba por haberle quitado una de sus conquistas, sí, había oído su nombre en las miles de veces que Draco y Pansy hablaban de ella cuando la veían pasar por un pasillo. Molesta, hipócrita y sabelotodo habían sido las palabras que usaban para describirla, 'quita conquistas' había sido una palabra que salió del mismísimo Harry. Por eso y más estaba agradecido con la pequeña y molesta águila calva Gracias a ella su chico no había tenido al Hufflepuff como novio.
Era algo de lo que siempre estaría agradecido... pero no de su compañía.
