Este coso está incompleto, se supone que estaría basado en todas cartas del coso de Copas del Tarot. Este es una de las varias veces que lo he intentado y me quedé en el tres, pero el dos termina bastante normal así que lo corté ahí.

Copas #2

(Estudio de personaje)

As.

La primera vez que Dick Grayson pisó la mansión de Bruce, estaba demasiado ocupado descifrando las intenciones del millonario como para prestar atención al derroche de antigüedades que el lugar tenía para ofrecer. El shock, aunque tardío, vino a la segunda noche, cuando se perdió entre los largos y escalofriantes pasillos y se encontró con cientos de pequeños detalles desplegados en vitrinas, mesas y estanterías.

Muchas de las cosas eran artefactos sencillos, pero Dick podía ver cuán abandonados estaban. Por ejemplo, varias de las jarras de decoración y muebles elegantísimos, estaban cubiertos por sábanas blancas y la más mínima capa de polvo. A Dick le ponía triste, pensar en una casa tan grande —con tanto espacio por explorar y lugares altos de los que Dick ya podía verse saltando— habitada por sólo dos personas que nunca disfrutaban de ella como se merecía.

—Mm, está decidido —afirmó, parándose bajo el marco de una puerta e ignorando por una vez la tristeza que le había acompañado ese mes—. ¡Yo seré el amigo de esta casa!

(Y, en las profundidades oscuras de la mansión, algo cálido se estremeció.)

Dos de copas.

Dick tardó menos de lo esperado en acomodarse a la mansión Wayne. Si bien las miradas de impaciencia del mayordomo en ocasiones le incomodaban —y le hacían desear aún más volver a casa con sus padres— y las conversaciones con Bruce eran casi nulas, pronto armó una rutina por su propia cuenta. En las mañanas, Alfred le servía el mejor desayuno que hubiese comido, nunca igual al anterior y después Bruce insistía en acompañarle durante su rutina matutina de ejercicios.

En las tardes, luego de almorzar otro de los platillos exquisitos de Al y despedirse de Bruce, Dick estaba libre para merodear en la mansión, actividad que rápidamente se convirtió en su favorita. Incluso después de un mes viviendo en ella, había espacios que no conocía a profundidad.

A Dick le encantaba acariciar el suave tapiz de las paredes y dejarse llevar por sus pies y las corrientes extraviadas de aire, en busca de alguna nueva aventura.

(En los cimientos, mil murciélagos entonaban gritos en su honor.)

¡Gracias por leer!