—Debieron ver a mi padre —comentó Draco negando con la cabeza—, ¡estaba hecho una furia!

—Oh, pero que quede claro que no fue mi culpa —aclaró Harry riendo.

El grupo de amigos se encontraba caminando por el pasillo tres bromeando. No había nadie rondando por aquel lugar, así que no veían ningún problema bajar sus máscaras y disfrutar el momento con sus amigos.

—¡Claro que lo fue! ¡Le teñiste el cabello! —gritó indignado Draco.

—Y le puse pecas —completó el ojiverde sonriendo.

—¿Qué? —preguntó Theo riendo— ¿Acaso querías convertirlo en un Weasley?

—Sólo quería saber cómo se veía con características Weasley —corrigió sonriendo.

—Bueno, al menos seguía teniendo su ropa hecha en Francia —se burló Zabini antes de ver como los dos primos se veían con una sonrisa en el rostro—. No...

—¿Por qué crees que Harry durmió todas las vacaciones en la cocina con los elfos domésticos? —preguntó el de ojos plateados.

—¡No puedo creerlo! ¡Eres mi ídolo! —gritó Pansy riendo y abrazando al azabache.

Tom puso los ojos en blanco al ver como la chica abrazaba a Armus, aunque lo único que lo aliviada era que éste no le correspondía, simplemente se reía... ¿qué pasaría si él fuera quien lo abrazaba?

—Después de ese día soy amigo de todos los elfos de la mansión Malfoy —terminó Harry sonriendo con orgullo—: Todos me aman.

El heredero de Slytherin rió en voz baja, claro que todos amaban a ese pedazo de niño, ¿cómo no hacerlo? Carismático, atractivo, inteligente, poderoso, astuto y valiente, por no mencionar más sinónimos que le describieron.

Las clases del día habían terminado y se encontraban caminando hacia la Torre de Astronomía, ya que, según Harry, ver el atardecer era una de las maravillas del mundo que debían ser apreciadas, como si él no fuera el burro hablando de orejas.

Al llegar a la enorme aula se dirigieron hacía el lugar más cercano al cielo, hablando de lo hermoso que era ese día o de -toda información compartida por Pansy- algunos rumores que recorrían por los amplios pasillos de castillo. El de ojos castaños sólo se conformó con sentarse lejos y mirar el cielo, pensando en lo que debería hacer después de ese día.

Al llegar a Hogwarts Tom pensó en disfrutar de su antiguo hogar en vez de matarse estudiando cosas que ya había aprendido tiempo atrás, pero, con el tiempo, comprendió que su pareja solamente regalaba sus casuales coqueteos a los alumnos que mostraban ciertas habilidades en diversas áreas... aunque sus amigos eran ciertamente inteligentes.

—¿Qué estará pensando esa cabecita llena de conocimiento? —preguntó Harry sentándose al lado del Lord Oscuro, aprovechando la distracción que habían creado sus amigos al discutir entre ellos si las grageas de huevo podrido eran blancas con manchas rojas o con manchas amarillas— ¿En qué piensas, Tom?

El nombrado sonrió al oír su verdadero nombre en los labios de su chico, danzando en su voz con sutileza.

—Últimamente he estado pensando algo en específico —murmuró mirando hacia el azabache y sonreír—, pero no es un qué, sino un quién —aclaró.

—Oh, ¿y en quién piensas? —preguntó interesado—: ¿En Chang?

—Uhg, no —dijo con asco—. Es de Slytherin, con una sonrisa que siempre baila en sus labios y unos ojos tan puros como la misma esmeralda. Suele ser diferente conmigo que con sus amigos, algunas veces me pregunto quién es realmente...

—¿Cómo crees que es?

—No sé, dímelo tú, Armus —susurró acercándose al rostros del contrario—. ¿Quién eres realmente?

Ante esa pregunta el ojiverde se sonrojó y miró sus manos, tratando de pensar en alguna respuesta coherente, ¿cómo contestar a algo que ni tú sabes?

—Yo no...

—No te preocupes, estrella —contestó Tom agarrando el mentón del azabache y besó su frente—. No debes contestar si no quieres.

Ante eso, Armus se dejó caer a las piernas del joven, bufando molesto. Quería decirle, algo dentro él le obligaba a hacerlo.

Mordió su lengua mientras miraba las pestañas de se compañero. Los ojos que custodiaban esas largas pestañas le miraron mientras una mano levemente bronceada se acercaba a su mejilla izquierda, acariciándola cuando llegaron a su objetivo.

—Cuando te quitas el glamour —susurró Tom pasando su dedo índice por su labio inferior—... tienes las finas y aristocráticas facciones de los Black.

Armus se sonrojó y lamió el dedo para luego morderlo con suavidad, haciendo sonreír a los dos Slytherin.

—Tengo relación sanguínea con ellos —aceptó levantando su mano.

La mano de Tom, que antes se encontraba jugando con el rostro del menor volaron hacia la mano en un encuentro anhelado, casi como si hubieran deseado todas sus vidas estar juntas. Un cosquilleo viajó por sus brazos hasta encontrar lugar en su pecho, haciendo que el típico calor se centrara en ese particular lugar.

Los dos jóvenes se miraron sorprendidos, para luego reír ante aquella sensación, por alguna razón daba alegría estar en esa posición, juntos y unidos por alguna extraña fuerza.

Draco Malfoy miró a su amigo, casi hermano, y sonrió por la felicidad que el ojiverde demostraba. Su pequeño Harry merecía ser feliz, sin importar que fuera con el idiota de Sayre.

Un brillo alrededor de los dos estudiantes sentados en el piso lo hizo fijarse en algo importante, parecía que los dos estaban metidos en una especie de esfera transparente. Frunció el ceño curioso.

—Es magia —comentó Pansy sonriendo—, padre me comentó de eso.

Theo levantó la mirada y miró a sus dos amigos, rodando los ojos cuando encontró a la pareja. Algunas veces le gustaría ir con ellos y juntar los dos labios agenos, regañándoles por no haberlo hecho antes.

—Cierto —confirmó Nott notando la pequeña esfera alrededor de ellos—, mi abuelo me lo comentó. Hay magos que pueden unirse de magia, una unión más poderosa que la de nosotros, casi irrompible...

—¿En serio? —preguntó Zabini mirando a sus amigos— Parecen felices...

—Supongo que lo son —comentó Draco asintiendo—, creo que se lo merecen, ¿cuántas veces hemos podido ver los ojos de Harry con ese bri...?

—¡Mierda! —gritó Armus sentándose rápidamente— ¡La tarea de Transformaciones!

El Black se levantó y caminó hacia la salida con rapidez. Riddle, que aún se encontraba sentado, miró a su pareja con una mezcla de confusión y molestia, ¡joder! Se había sentido bien esa unión que habían tenido, ¡y Armus había huido como todas la jodidas veces que trataba de hacerlo!

Se lamentó siseando molesto, no iba a perder la oportunidad que había conseguido, sus magias habían danzado con tanta sutileza que ahora se sentía más vacío. No iba a perder nuevamente esa divina sensación.

Levantándose, Tom caminó el camino que, minutos atrás, Armus había recorrido hasta llegar a la Sala Común y entrar a su dormitorio, donde se encontraba la cama de Armus rodeada por la pesada cortina y con algún tipo de protección en ella para evitar ser abierta, claro, con el joven de ojos esmeraldas dentro de ésta.


Gruñó caminando por lo largos pasillos, ¿por qué será que nada pasaba como quisiera que pasase? Esa mañana Harry se había despertado e ido a desayunar más temprano de lo común, en clases de Encantamientos se había sentado al lado de dos Ravenclaw, totalmente alejado de él.

Había momentos en los cuales lo había desprevenido solo, pero el azabache siempre sabía cómo salir de esa redada sin mucho esfuerzo. Tal parecía que Harry Potter tenía un espectacular don con la suerte.

Miró hacia la ventana y observó como un grupo de estudiantes de primero jugaban en el jardín. Suspiró. ¿Dónde estaría Harry? En la Sala Comunicación, en definitiva, Draco le dijo que estaba metido en la lectura del monstruoso libro...

Decidiendo ir a sacarle sonrojos a su serpiente favorita, caminó hacia la Sala Común de Slytherin dejando atrás a los jóvenes jugando.

—¡Thomas! Que bueno que te encuentro, hace tres semanas quería hablar contigo —murmuró la Ravenclaw caminando hacia el castaño—. He estado tan ocupada estudiando Pociones que no he tenido tiempo de hablarte, lo siento tanto...

Riddle rodó los ojos y paró su andar para ver a la chica.

—Chang, bendito los ojos que no te vean este día —saludó amargamente.

—Oh, que dramático eres, Thomas —Cho rió—. ¿Cómo has estado? He extrañado tus sarcásticos comentarios este tiempo.

—No era sarcasmo —defendió—. He estado demasiado bien si tú presencia últimamente.

—¿Por qué? ¿Te pongo nervioso? —preguntó sonriendo— No sé porqué la mayoría de los chicos se ponen nerviosos cuando les hablo...

—A mí sólo me pone nervioso una persona y...

—No es necesario que lo digas, Thomas —interrumpió Chang. Tom frunció el ceño y se tragó su 'y no eres tú' viendo con desprecio a la chica—. ¿Sabes? Yo también siento lo mismo...

El Señor Oscuro frunció aún más el ceño, ¿a ella también le gustaba su Harry? Primero la mataba si eso significaba que iba a tener a más personas detrás de su estrella, aunque Armus la odiaba con vida, dudaba que fuera una gran amenaza.

—¿Te gust...?

—Sí —respondió la chica sonriendo.

Hizo una mueca, estaba molesto, ¿quién se creía ella para ir y gustarle a Armus? ¡No! Su chico no se rebajaría a ese nivel, aunque sea sólo para gustarle a una persona. Y él que pensó que la asiática tenía malos gustos.

—¿Y si salimos el sábado? —preguntó Chang— Así le mostramos al mundo nuestra relación...

—¿Relación? Pero tú y yo no somos más que compañeros de colegio...

—¿Qué? Pero si me acabas de pedir que sea tu novia...

—¿Estás loca? ¿No eres una jodida Ravenclaw? Merlín, ¿tienes carencia de neuronas?

—Pero tú...

Siseó con furia, como odiaba a esa chica, ¿cómo no se podía dar cuanta que, simplemente, no era de su agrado? ¡Y mira que decir esas tonterías!

—Perdón, Chang —empezó romano aire para tranquilizarse—, no es de mi placer comunicarte que, personas como tú, no me gustan —aclaró empezando a caminar lejos de ella, tratando de no seguir acorralado por aquella perrita, no se había fijado cuando habían terminado cerca de la pared, con la Ravenclaw obstruyendo su paso—... y, por personas como tú, me refiero a mujeres.

—Tal vez —murmuró agarrándole la mano—... tal vez sólo estás confundido. Sí, a de ser eso.

—¡Merlín, mujer! —gruñó alejándola de él— No me gustas y nunca lo har...

Sus labios fueron invadidos por unos rugosos. Tom se juró que mataría a esa chica después de salir de Hogwarts, ¿cómo se atrevía a hacer semejante cosa? ¡Por su culpa estaba siendo infiel a su Harry!

La agarró de las caderas y la empujó para poder irse lo más lejos posible, sin contar el conseguir una poción desinfectante y limpiar su boca. Pero eso no pensaba la puta, oh, claro que no. La Ravenclaw se sujetó del cuello del ojimiel, enojando al hombre.

—Oye, Tom, ¿tú sabías sobre los...? —la pregunta se interrumpió— Oh, perdón.

Pasos rápidos se oyeron justo cuando el nombrado aventó a la chica lo más lejos posible de su cuerpo, mas, cuando miró hacia la dirección donde se oyó la voz, no había nadie. Se maldijo mentalmente.

—Tú —siseó molesto—, si te vuelvas a acercar más de tres metros —murmuró empezando a oír los gritos de Cho— sentirás ese dolor —susurró rozando los labios de la chica—, pero multiplicado por cuatro, ¿entendido?

Sonrió al ver el asentimiento de la chica y caminó a paso rápido hacia la dirección donde desaparecieron aquello pasos apresurados. Estaba asegurado. Mataría a esa chica de la manera más dolorosa posible.

Entró a la Sala Común buscando a Armas con la mirada y recordando un hechizo paralizador, lo más seguro era que la estrella plateada le mandara al diablo sin siquiera oír sus explicaciones.