Estaba confundido, no sabía dónde estaba ni como había llegado ahí. Tom y él habían caminado -porque nunca diría que corrió por todo Hogwarts con tanta libertad- y, de un momento a otro había sentido un jalón en el estómago, la experiencia le decía que lo sentido había sido una aparición, pero no sabía con exactitud qué ganaba su novio con hacer tal cosa, sin contar que no sabía que Tom pudiera desaparecer, mucho menos dentro de Hogwarts.
—Tom, ¿dónde...?
—Te presento mi casa —interrumpió el mayor abriendo sus brazos con alegría—, espero que la sientas tan familiar como la tuya... ¡Doth! —un pequeño elfo doméstico apareció frente a los dos jóvenes y se inclinó frente a Tom— Prepara la mesa, hay un invitado.
—Por favor —corrigió Armus poniendo los ojos en blanco.
—¿Qué?
—Es un ser vivo, Tom —explicó mirando a su novio como si de un estúpido se tratase—. Un ser vivo que se ocupa de limpiarte el maldito culo cada vez que tú lo desees, por lo menos deberías ser más agradecido.
—Es un elfo doméstico...
—Y tú un mago, igual que yo —siseó molesto el azabache—. Seres vivos, ¿lo comprendes?
Tom miró los ojos esmeraldas sin saber que hacer con exactitud, tratando de alejar los efectos de la poción para poder pensar con claridad.
—Doth no necesita que amo sea amigable. Doth ya está acostumbrado.
En ese momento el ojiverde se quitó el glamour del rostro y se acercó al elfo que tenía frente a él, hincándose a su altura y sonriéndole con amabilidad.
—Nunca dejes que alguien te pisotee, ¿entiendes? —preguntó mirándolo fijamente a los ojos— Eres más de lo que te hacen creer... Ahora, dime —murmuró sonriendo y sentándose en el piso—, ¿limpias toda esta enorme casa tú solito?
Mientras el elfo doméstico y su amado empezaban a tener una conversación civilizada, los pensamientos de Tom volaron hacia otra parte, como porqué había traído ahí a Armus sin haber considerado bien todas las cosas.
Recuperando la consciencia, Tom admiró a su novio con adoración, el chico no podía ser más perfecto, eran tan perfectamente diferente a él que se terminaban complementando el uno al otro con facilidad, pero a la vez se parecían. No podía quejarse de nada de su chico, era simplemente perfecto.
—¡Kreacher!
El nombrado no tardó en aparecer, dando una gran reverencia ante su amo antes de arrojarse sobre él para abrazarle con cariño.
—¡Amo Armus! —chilló alegre— Es una inmensa alegría, joven Black, no sabe la falta que hace en casa cada vez que se va. Kreacher ha cumplido su promesa y a cuidado bien a amito Regulus y amo Sirius, amo Lupin también ha ayudado mucho.
—Me alegro mucho —susurró Harry acariciando la cabeza de la criatura—, espero que sigas así, Kreacher, me enorgulleces mucho.
Los ojos saltones del elfo se cristalizaron, pero eso no le impidió hacer una reverencia ante su amo y amigo.
—¿Qué puede hacer Kreacher por el amo, amigo, amo Armus? —preguntó solemne.
—Quiero que ayudes a Doth a hacer la comida, ¿está bien? El pobre no ha tenido compañía desde hace mucho y el estúpido de su amo no puede ser un poco más noble y tratarlo como debe.
—¡Kreacher estará contento de ayudar a Doth! —respondió contento.
Antes de poder decir algo más, los dos pequeños desaparecieron después de haber compartido una mirada, Armus estaba seguro que aquellos dos se llevarían muy bien de alguna manera... Kreacher ya había pasado por eso en la casa Black antes de que sus abuela muriera, y Doth iba a necesitar el apoyo que su querido amigo sabía dar.
—Algunas veces te odio —bromeó el mayor acercándose a su chico—, ¿por qué te tienes que meter en mi vida?
—Te recuerdo que fuiste tú quien se metió en la mía desde un principio —murmuró sonriendo—, ahora, ¿no me darás un tour por tu humilde mansión? —preguntó con sarcasmo.
Tom sonrió y asintió agarrando la mano de su novio y jalándolo con cuidado por los amplios pasillos de la mansión Riddle. Harry miró con curiosidad todos los lugares de la casa y se fascinó al ver la enorme biblioteca que la propiedad poseía, Tom le explicó que se trataba de una biblioteca con libros muggles, cosa que dejó a Armus más fascinado con el lugar.
—No entiendo tu emoción por los libros muggles —bufó el castaño entrelazando sus dedos con los ajenos.
—No me sorprende que no lo entiendas —declaró el menor sonriendo mientras acariciaba la portada de un libro de... ¿números? ¿Sería como la aritmancia? Pero no creía que los muggles tuvieran habilidades tan bien desarrolladas para llegar hasta ese conocimiento.
—Armus, son muggles, no son fascinantes.
—Lo son —aseguró sonriendo mientras abría el libro y veía los garabatos dentro de éste—. Los muggles siempre tratan de entender la vida, obtener más conocimiento del que tienen, ver la vida de muchas maneras, explorar nuevas ciencias... comprender el mundo en el que existen para poder tener una vida con más oportunidades y comodidades —susurró sonriendo—. Nosotros nos quedamos con nuestra comodidad y no queremos descubrir cosas nuevas porque pensamos que lo tenemos todo, cuando no es así.
Tom miró a su novio con adoración, nunca pensó encontrarse con un chico tan maravilloso en toda su vida, ni tenía que pensamiento que hubiera una persona más inteligente que él... hasta que conoció a su pequeña estrella.
—Armus...
—Amo, la comida ya está servida —interrumpió Kreacher dando una pequeña reverencia hacia Armus, quien sonrió complacido y acarició la cabeza del más bajo.
—Muchas gracias, Kreach —dijo el pelinegro sonriendo—... ¿Quiéres seguir conviviendo con Doth o irte a casa?
—Kreacher quiere seguir con Doth —declaró el elfo—. Kreacher no ha convivido con uno como él desde hace más de veinte años.
—Está bien, te sugiero decirle a Remus que te quedarás un poco más antes de que papá Reg maté a todo el mundo sólo para poder encontrarte.
La criatura orejuda dio su última reverencia agradeciendo a su amo antes de desaparecer.
—Eres muy bueno con Kreacher —comentó Tom caminando hacia la puerta de la biblioteca.
—Kreacher me aceptó cuando llegué a grimmauld place, aun cuando odiaba a Sirius por su comportamiento a él —explicó encogiéndose de hombros—. Kreacher me enseñó mucho sobre la comunidad mágica y sus tradiciones, sin mencionar que me cuidó como si fuera el verdadero heredero Black, todavía cuando no sabíamos que no era hijo de James y Lily Potter. Me enseñó que él también tenía sentimientos; que también sentía.
Tom Riddle sonrió con cariño hacia su pareja y pasó sus brazos sobre los hombros de éste, Armus le hacía ver las cosas que nunca fue capaz de ver cegado por su odio y desprecio a los otros seres que no fueran él. Armus le estaba enseñando a usar el corazón.
—¿Crees que alguien se dé cuenta de nuestra desaparición?
—No lo creo, suelen estar más interesados en ellos mismo que en los demás... Eso y que ya deben estar acostumbrados a nuestras pequeñas desapariciones —contestó guiñándole un ojo con picardía, haciendo reír al menor.
El Black miró a su novio detenidamente, no es que fuera un adonis o algo por el estilo, no, pero él lo amaba así como era, y no cambiaría nada de él en ningún momento. Sonrió y miró por la ventana distraído al ver algo familiar en ella. Frunció el ceño al ver la imagen que sobresalía de detrás de la ventana, ¿cuánta posibilidad sea que estén cerca del cementerio donde Lord Voldemort había regresado?... ¿Qué posibilidad había que estén en la mansión que aparecía en sus sueños?
Tom lo llevó al comedor y le ayudó a sentarse con caballerosidad, pero no era como si estuviera prestando atención a lo que pasaba a su alrededor. No podía cuando acababa de pasar por la habitación donde murió el jardinero, antes podía jurar que esa muerte sólo fue un sueño, pero ya no podía tapar la verdad cuando la tenía frente a sus ojos, ¿no?
—Tom, ¿cómo era tu familia? —preguntó con fingida inocencia— Pensé que podría ver alguna foto por todo este gran lugar, pero sólo he encontrado una de una pequeña familia: padres e hijo... no te pareces a ellos.
—Sí, resulté no ser muy parecido a mi familia paterna...
—Cierto, tu cabello es casi rubio y tienes algunos aspectos Malfoy —recordó sonriendo—. Draco dijo que tu madre era prima de su abuelo.
—No me gusta hablar de mi familia...
—Supongo que a muchos no nos gusta decir mentiras —acordó Armus asintiendo.
—¿De qué hablas? ¿Por qué dices eso?
—¿Quién eres? —soltó el heredo Black mirando al joven frente a él con dolor, dolor por sentir que era traicionado, dolor no querer oír la respuesta— Y ya no me mientas, por favor.
Armus se quitó el glamour que tenía en su cuerpo y miró a su supuesta alma gemela... ¿y si eso también era mentira? ¿Y si sólo era una alucinación?
—Yo no...
—Ahora esa mentira. No quiero poner otra dentro del montón —Tom miró a su chico y se dio cuenta de la tristeza y desesperación que invadían esos ojos que tanto amaba—. Sé que no he tenido ninguna relación seria como para hablar de algo como eso, pero sé que, en toda relación, las mentiras no son bienvenidas. Mucho menos en mi vida.
—No entiendo.
—La familia Sayre desapareció en 1790 —prefería decir eso que admitir estar dentro de la casa del señor oscuro más temible de todos los tiempos.
—Pero...
—La familia Sayre no estuvo emparentada directamente con la familia Malfoy. Hablas pársel, la única familia que hablaba pársel era la familia Gaunt, descendientes de Salazar Slytherin, la cual dejó de existir después de la muerte de los hermanos Morfín y Merope Gaunt —comentó—, y, al menos que tengas una conexión con Voldemort, no sé cómo podrías hablar ese raro idioma.
—Bien —siseó Tom pasando su mano por sus cabellos—. No sabía cómo decirlo, pero creo que has investigado y facilitarás las cosas. Sí, mi apellido no es Sayre, pero sí soy familiar de ellos, Rionach Gaunt se casó con William Sayre...
—¿Tú eres...?
—Un Gaunt, sí —aceptó encogiéndose de hombros—. Mi madre era Merope Gaunt.
—Pero ella no tuvo hijos...
—Murió al darme a luz, fui abandonado en un orfanato y llevé el nombre de mi padre.
—¿Y tu padre es...?
Tom suspiró.
—Tom Riddle.
El ojiverde miró al joven -o adulto- frente a él sin ninguna expresión, no hasta que se levantó y estampó su puño con la cara del mayor, deleitándose por un momento del crujido que sonó por toda la habitación.
—Bien, perdón. No me gustó la broma —murmuró el pelinegro tranquilizándose, volviéndose a sentar en la silla con elegancia.
Tom miró a su novio con sorpresa, no pensó que Armus fuera capaz de la agresión física... ¡No tenía ni puta idea que Armus golpeara tan fuerte! Se quejó por un momento al sentir un líquido caliente salir por su nariz. Ignorando el dolor, colocó una servilleta en su nariz y le vio después de un momento. Sangre. Los ojos color miel se cerraron por un momento al saber lo que debía de hacer.
Armus sólo pudo contemplar como los párpados de su amado se abrían para dar paso a dos hermosos rubíes, dejando atrás al hermoso color café aperlado. El cambio de color en sus ojos dio paso a la transformación del cuerpo, dejando sorprendido al más joven, aunque esa emoción desapareció para dar paso a algo más profundo.
—¿Tú...? ¿Me has estado mintiendo todo este tiempo? Bueno, sabía que me mentías —admitió parándose de su silla y dando un paso para atrás—, pero no sabía que eras capaz de algo como esto.
La mirada que le lanzaba Armus era un tsunami destrozador para el corazón de Tom, había odio, dolor y, lo que más le dolió, desconfianza.
—Sólo te mentí en mi nombre y apariencia —afirmó—, sigo siendo yo, tu Tom, con quien te recostabas en la Sala Común, con quien platicabas y compartías todos tus miedos...
—¡Mataste a James y Lily Potter! —rugió el menor.
El Señor Oscuro se acercó a su pareja, pero éste sólo se hizo para atrás, evitando el toque. Haciendo una pequeña grieta en el pecho del mayor.
—Armus...
—¡Armus nada! —gritó dolido.
Todos los cristales de la mansión Riddle estallaron y cayeron al piso, siendo más que simple polvo.
—Tranquilo...
—¡Confié en ti! ¡Te presenté a mi familia! ¡Yo...! ¡Joder! —murmuró cayendo al piso destrozado— Yo... te entregué todo —susurró dejando caer las lágrimas de sus ojos—... ¡Le di mi puta virginidad a un asesino! ¡Te amé! —farfulló molesto— ¡¿Aun así quieres que esté tranquilo?! —gritó arrojando su silla detrás de él y acercándose hacia el hombre de rulos frente a él— ¡Te felicito, pedazo de mierda! —siseó— Lograste lo que querías...
—Armus, detente, no es lo que piensas...
—Claro. No es lo que pienso —escupió mirando a los ojos al señor oscuro—, ¿quieres que te crea que en serio me amas y que esto no fue un plan para tenerme a tu poder?
—¡Sí! —exclamó el mayor acercándose al menor y agarrando sus hombros para que no se alejara— Armus, de nada me sirve que me tengas más odio en estos momentos —murmuró acariciando la mejilla de su pareja—. No me sirve que tú me odies.
—¡Amo!
Armus miró a un lado y se encontró con su querido elfo, quien lo miraba preocupado.
—Amito Armus, ¿se encuentra bien?
—Kreacher... llévame a casa —susurró el menor separándose del mayor con un empujón.
Tom quiso volver a tocar a su pequeño, pero una barrera de energía evitó que eso pasara y lo aventó a tres metros atrás.
—No se acerque al amo Armus, monstruo —escupió el elfo defendiendo a su amo—. No dejaré que por su culpa la familia de Kreacher se vuelva a separar.
Lo último que Tom pudo ver fue la mirada entristecida de su chico antes de que éste desapareciera.
