Capitulo 2
Primer día de clase
A la mañana siguiente el sol golpeó directamente en la cara de Amy, que abrió los ojos con lentitud mientras recordaba lo sucedido.
La noche había sido bastante agradable. No había pasado frío no había tenido pesadillas, no había sido una noche problemática.
Estiró los brazos y bostezó mientras se levantaba de la cama, en ese momento, sintió la necesidad de mirar el reloj y recordar la fecha de hoy.
Eran las nueve y cuarto, de un viernes, un viernes de Noviembre.
Amy abrió los ojos como platos al recordar que exactamente dentro de cinco minutos tenía que estar en una clase, de la cual desconocía la ubicación. Lo más rápido que pudo hacer fue coger de su maleta un pantalón negro de un chándal y salir descalza corriendo de su habitación mientras se colocaba una goma en el pelo.
Al girar en una esquina se chocó con alguien tan bruscamente que ambos cayeron al suelo.
–Auch…–Dijo una voz femenina que Amy desconocía, La nueva profesora levanto la cabeza rapidamente mientras se acariciaba el trasero, ya que había caído de culo contra el suelo. Delante de ella había una mujer de un aspecto parecido al de su madre. Era delgada, tenía el cabello rubio claro, bastante fino brillante y perfectamente peinado. Llevaba un vestido azul claro y un delantal blanco. Su tez era muy pálida y sus ojos castaños bastante claros.
– ¿E...Estas bien?–Pregunto al fin Amy mientras recogía los productos de limpieza que se le habían caído a esa desconocida.
–Si–Dijo la mujer poniéndose de pie al ver que sus cosas ya estaban recogidas y que Amy se las tendía de nuevo. Al reconocer a la joven muchacha que tenía delante la mujer amplió su sonrisa. –Tú debes de ser la nueva.
–Sí, soy Amy.
–Yo soy Liliana–Dijo la mujer –Por cierto, Roger nos enseñó tus horarios, deberías correr a clase ¿no querrás llegar tarde tu primer día no?
– ¡oh! ¡Cierto, cierto!–Amy empezó a correr hacia el otro lado del pasillo, preparada para bajar las escaleras, cuando decidió dar media vuelta y alcanzar de nuevo a Liliana que apenas había tenido la oportunidad de moverse del sitio.
–Por cierto… ¿la clase de plástica?–Pregunto Amy cogiendo aire.
Liliana soltó una carcajada y Amy durante un momento sintió la necesidad de ponerse colorada como un tomate. Era su primer día en ese orfanato y ya la tenían como una despistada de cuidado…
–Es la primera del piso de arriba–Dijo la rubia señalando hacia el techo–Deberías habérselo preguntado a Roger…
– ¡Gracias!–Grito Amy antes de salir volando hacia el piso que Liliana le había indicado.
Llegó a la clase pero antes de entrar cogió el aire que había perdido en esa pequeña carrera mañanera y se arregló un poco el pelo poniéndose la coleta larga que no le había dado tiempo a ponerse debido a el choque.
Abrió la puerta y vio con asombro como todos los niños ya estaban en clase, sentados en su sitio y sin hacer ningún ruido, entró en la clase con la cabeza algo gacha y escondiendo un pequeño sonrojo debido al descuido que había tenido hace unos momentos. Lanzó un suspiro y se colocó en el medio de la clase, midiendo bien sus palabras dos veces antes de decirlas.
–Buenos días–Dijo ella.
–Buenos días–Dijeron todos sin darle tiempo a seguir hablando a la joven profesora.
No había mesas, era todo lienzos colocados en sus respectivos caballetes. Por sillas tenían unas banquetas que giraban sobre sí mismas, y al lado de estas unas pequeñas mesas con todos los materiales que necesiten.
No estaba mal, por ahora eso era todo lo que necesitaba por ahora.
Repasó a todos sus alumnos. Como Roger le había dicho tenían el aspecto de unos niños de 10 y 13 años como mucho y como poco. Los que le llamaron más la atención exactamente fueron tres chicos.
El primero era un muchacho que vestía completamente de negro. Los únicos colores que llevaba ese chico eran su extensa cabellera rubia que acababa en sus hombros y sus ojos azulados. Lo que le llamó la atención del fue que estuviera comiendo chocolate y mirándole con indiferencia, como diciendo ''soy mejor que cualquiera''
El segundo, era otro chico, de cabellos muy rojos, cortos y un poco alborotados. Tenía unas gafas de cristal naranja sujetas a su cabeza, encima de su frente. Vestía con una sudadera a rayas blancas y negras y un pantalón vaquero. Este estaba jugando a una Game boy sin enterarse de nada de lo que sucedía a su alrededor.
Y el último era un chico de cabellos plateados, también cortos y bastante más alborotados, lisos y de aspecto suave. Vestía con un pijama de color blanco y estaba sumamente concentrado en juguetear con uno de sus blancos mechones. Sus ojos eran dos orbes grisáceos bastante claros y con muy poco brillo que daba la sensación de estar completamente vacíos, como si tuviera tan solo dos agujeros sin más.
–Bueeeeno–dijo Amy sin saber muy bien cómo seguir. –Vamos a conocernos un poquito ya que es nuestro primer día. ¿Sí?
–Si–Contestaron todos los chicos al unísono dejando sorprendida a Amy. Si cuando ella asistía a la escuela todos fueran como estos niños se habrían ahorrado muchos problemas los profesores.
–Bien, primero paso lista para saber vuestros nombres–Y dicho eso se lanzó contra el papel, en parte para usarlo como escudo contra las fulminantes miradas que le lanzaban sus nuevos alumnos y empezó a recitar los nombres.
–Alice–Dijo Amy con voz clara, una niña de cabellos rizados y castaños levanto la mano sin decir ninguna palabra. – Alissandra–''vaya nombres…'' pensó para sí misma Amy, Una chica pelirroja, de un color algo anaranjado, con el pelo corto levanto la mano seguido de un ''presente''
Paso así un rato, hasta que llego a los alumnos que ella quería llegar. Esos extraños que tanto le llamaron la atención.
–Matt–Nadie levanto la mano. Amy dudo un rato, sin saber si poner una falta de asistencia o no. Volvió a llamar– ¿no está Matt?
El chico rubio vaciló con los ojos y cogió su pincel, acto seguido lo lanzó contra la cabeza del chico de cabello rojo. Este se quejó por el golpe y fulmino al rubio.
–Que te llaman zoquete–Fue lo que el ojiazul usó como excusa contra aquel golpe.
– ¿Qué?–Dijo el recién agredido mirando directamente hacia Amy con cara de ''me importa poco lo que digas''
–N…Nada, solo pasaba lista y como nadie contestaba…–Amy parecía demasiado floja, y ella recordaba que con los profesores que se mostraban así siempre eran martirizados por los alumnos así que rapidamente paso al siguiente nombre–Mello.
El niño rubio levanto la mano sin decir nada y muy poco motivado.
–Near–El chico albino hizo un ligero movimiento con la cabeza.
Ese era el último nombre de la lista. Eran tan solo quince alumnos, diez chicos y cinco chicas. Y los muchachos parecían mucho menos motivados que las muchachas en cuanto esa asignatura nueva.
–Bien, ahora que ya se vuestros nombres ¿Por qué no me contáis algo sobre vosotros?–Preguntó Amy–Porque no empiezas tú…eerrr… ¿Linda?
Una chica alegre y de cabello castaño peinada con dos coletas se puso de pie con una enorme sonrisa iluminando su cara.
–Mi nombre aquí es Linda, soy muy alegre y obediente, me encanta dibujar y leer, soy la cuarta en el rango de sucesores de L.
¿Sucesores de L? ¿Qué demonios era eso? Amy se quedó con rostro confuso sin saber muy bien que decir.
– ¿Sucesores de L?–Repitió al final la profesora más confusa que nunca.
– ¿Qué pasa? ¿Roger no te lo ha contado?–Fue Mello quien hablo poniéndose de pie. –Yo soy el SEGUNDO–Y lanzó una furiosa mirada a Near. –L es el mejor detective del mundo y aquí a nosotros se nos enseña para convertirnos en sus copias.
–…Lo siento, pero no entiendo nada…cuando llegue solo me dijeron que tenía que ser profesora de dibujo en un orfanato de superdotados. –Dijo Amy encogiéndose de hombros.
–Dicen que Watari recogió a L de pequeño–Era un chico de cabello azabache de ojos claros el que habló. Tenía por nombre Oliver. –Watari al ver la increíble mente que L tenia lo instruyó como detective y ahora, trata de multiplicar su inteligencia.
– ¿Watari?–Amy estaba confusa. Eran los alumnos en esta ocasión quienes le estaban enseñando a ella.
–Sí, Watari–Alissandra era quien estaba hablando. Se levantó cuidadosamente para no tirar nada a su alrededor y volvió a hablar. –El fundador de este Orfanato, es un señor muy agradable y suele venir en navidades para comunicarnos con L mediante su ordenador.
Hablaron durante bastante tiempo sobre ese detective y todos los niños se mostraban bastante emocionados con ese tal L, tan emocionados que le pegaron la curiosidad. Quería conocer a L, algo dentro de ella así lo gritaba y lo pedía. Pero por lo que le contaban, era prácticamente imposible, y nadie salvo Watari conocía su auténtico rostro. O eso le contaron los niños.
–Entonces…Near es el que más se asemeja a L, Mello el segundo, Matt el tercero y Linda la cuarta ¿no es así?–Parecía que Amy empezaba a entender las cosas. Los niños asintieron ante la afirmación de Amy–Así que L… ¿es como un superhéroe de la realidad? ¿Y tenéis que pareceros a él? ¿No es demasiada presión para unos niños?
En ese momento Todos agacharon las cabezas con rostros sombríos. Mello rompió el incómodo silencio.
–No pensamos mucho en la presión…no después de lo que les ocurrió a A y a B.
– ¿A y B?
–Si–Near hablo por primera vez en toda la hora que habían estado hablando–A se suicidó debido a la ''presión'' de ser el siguiente L y B enloqueció, no le gustaba ser una copia y quiso demostrar que era mejor que L. quiso ser el autor de un crimen que ni L podría resolver, pero él los resolvió y lo encerró. Ahora está en una prisión de California.
Esa historia la verdad era bastante triste. No se podía creer lo que estaba oyendo. ¿Super detectives? ¿Experimentos humanos? ¿Suicidios? ¿Delincuentes? ¡¿En qué clase de Orfanato se había ido a meter?
La campana sonó y los alumnos se despidieron con una sonrisa de Amy, una sonrisa un tanto amarga y se marcharon a la siguiente clase, sin embargo, ella no se movió del sitio, centrada en una única mota de polvo que había en el suelo. Una voz la despertó de su trance.
–Tu clase es más entretenida de lo que pensaba–Amy levanto la cabeza para toparse con ese chico rubio, Mello. Según Roger ese era problemático, pero en toda la clase no había dado muestras de ser ''peligroso'' es más, estaba más atentos que los demás niños…aunque parecía ser que lo único que le importaba era el tema de conversación, más que otra cosa.
–Gracias–Dijo Amy con una sonrisa, se separó de la mesa del profesor y camino hacia la puerta acompañada de ese chico, ya no tenía más clases y hoy había salido con tanta prisa por haberse olvidado de poner el despertador que no le dio tiempo de coger nada, así que iba con las manos libres.
Mientras salían por la puerta, un sonido proveniente del estómago de la joven alertó a Mello del hambre que estaba pasando. La chica, se sonrojó ante eso, con cara débil se tocó la barriga y agacho la cabeza apoyándola en la puerta.
–Si tienes hambre la llevas clara, no habrá comida hasta las tres–Dijo él.
Ese comentario pareció afectar bastante en la moza, la que se escurrió hasta el suelo resbalando poco a poco. Mello aguanto una carcajada y se despidió de ella corriendo para ponerse al paso de Matt.
Amy, se levantó poco después y camino hacia su habitación a paso lento. En su cabeza se estaba rebobinando la clase que acababa de tener, deteniéndose en las palabras ''super detective'' y ''Invencible'' Realmente todos parecían tener un gran apego en él, y sin embargo, no le habían visto ni una vez y solo habían hablado por un miserable ordenador. Pero no solo eso, a Amy le parecía increíble que a pesar de que los estean usando como un experimento para multiplicar la mente de L, siguieran tan contentos y tan alegres.
–Auch…–Un quejido salio de sus labios al notar un agudo dolor en el dedo meñique de su pie derecho, que se había golpeado con la puerta de su habitación por no mirar bien por donde iba.
Eso era algo normal en ella. Siempre se golpeaba por no centrarse en el camino. Suele ser muy torpe y casi siempre cuando llevaba cosas frágiles encima solían rompérsele
Lanzó un suspiro y cerró la puerta a la vez que se tiraba encima de la cama, todavía deshecha desde la mañana.
El día, a pesar de haberlo empezado con tan mal pie le había gustado. Se había divertido bastante, más de lo que había tenido pensado, así que no se quedó en la cama tirada a esperar la hora de comer, aunque realmente, era lo que quería.
Se sentó en la cama y se estiró a por la bolsa, cogió unos calcetines y se puso unos cómodos tenis.
Pensó que quizás sería mejor ordenar ahora su habitacion, es decir, dejar la ropa en la cómoda y hacer la cama, pero sabía que en ese momento lo haría de mala gana y quedaría mal hecho, así que salió por la puerta dando un ligero portazo.
Ahora, todo allí parecía más activo que por la mañana, ya que los niños y niñas de varias edades corrían de un lado a otro para llegar a sus clases, y otros, tan solo alborotaban gritando que un profesor había enfermado y no tenían que ir a su clase.
Ver todo aquello lleno de tanta vida iluminó los azulados ojos de Amy, que no podía evitar sonreir mientras los veía corriendo con tanta emoción de un lado a otro.
Se detuvo cuando notó un tirón de la manga de su sudadera grisácea. Volteó para ver quien había hecho eso y vio a un pequeño niño que tendría seis años de cabello castaño bastante claro y con unos ojos algo húmedos debido a las pequeñas lágrimas que le resbalaban por las mejillas. Rapidamente Amy se agachó para ponerse a la altura del pequeño, y le acarició la cabeza con dulzura.
– ¿Qué te pasa?–Preguntó mirándole fijamente mientras trataba de pegarle un poco de alegría. El chico no dijo nada, solo señalo su rodilla, ensangrentada y con una pequeña herida mientras contenía los gimoteos.
– ¿Cómo te lo has hecho?
–Me caí en el patio–Contesto el niño con una ahogada voz–No encontré a nadie más… ¿me puedes curar tú?
Amy asintió lentamente con la cabeza.
–Ponte en mi espalda
El pequeño no tardó en subirse y agarrarse a su espalda, para que luego, Amy se levantara con cuidado, resoplando un poco al comprobar que el infante pesaba más de lo que ella había calculado, empezó a caminar sin saber muy bien a donde dirigirse, así que lo mejor sería buscar a Roger, por suerte eso sí que sabía dónde estaba, ya que había ido allí la primera vez que Roger la invitó para preguntarle si quería unirse al Orfanato.
Cuando llegó a la puerta del despacho sonrió orgullosa y petó con el pie como pudo.
–Oh! Pasa, pasa–Resonó una voz desde el interior. Amy giró la cabeza hacia el niño.
–Me voy a girar, tu abre la puerta ¿vale?
– ¡Sí!–El niño parecía ahora más feliz que antes, y bastante emocionado.
Amy se giró tal y como había dicho, y el niño abrió la puerta muy bruscamente, lo que provocó que la joven se desequilibrara y cayera de espaldas, pero no iba a dejar que el niño se hiciera daño, así que se giró del todo, cayendo de morros contra el suelo mientras que el niño quedaba sentado en su espalda encima de ella. Roger lanzó una enorme carcajada.
– ¿Estás bien?–Pregunto calmando un poco su risa. Amy levantó su cara algo roja por el golpe y la colocó bajo la mano mientras que con la que le quedaba libre daba toques en el suelo, le miraba algo enfadada.
–Sí, vamos, me sienta genial machacarme la cara contra el suelo, es mas ¿Por qué no lo repito?–Comento ella levantándose poco a poco deslizándose bajo el cuerpo del niño hasta por fin quedar liberada.
–Bueno, ¿Qué te trae por mi despacho?–Amy acariciándose la nariz señaló la herida del niño.
–Me pidió ayuda, pero yo no tengo ni idea de donde está la enfermería, no tengo ni idea de donde está nada en esta casa–Dijo ella sentándose en el suelo mientras que ladeaba ligeramente la cabeza hacia la ventana–Por favor, ¿puedes hacerle las curas? O si no quieres dime donde está la enfermería y se las hago yo.
–No te preocupes–Dijo Roger cogiendo de la mano al pequeño–Ya se las hago yo, tu vete a explorar que veo que te hace falta–Y dicho eso, Amy tardó poco en salir zumbada del despacho
Como había dicho en ayer, lo que quería ver eran tan solo dos cosas, el jardín a la luz del día, y subirse a la torre del campanario, pero parecía que el destino tenía pensado otras cosas para ella, de nuevo, alguien le agarró de la manga de su sudadera, pero esta vez, al estar corriendo lo máximo que podía, se cayó de espaldas al suelo.
Mientras caía pudo ver el rostro de sorpresa de Mello.
Amy trató de reprimir las lágrimas por culpa del golpe.
–Ven a jugar al futbol–Dijo Mello sin dejar a Amy tomar ninguna decisión, tan solo la agarró de la mano y empezó a arrastrarla–Nos falta un jugador y los demás niños están en clase, por no mencionar que ningún profesor va a querer jugar con nosotros.
Amy trato de zafarse, y aun siendo arrastrada por el suelo cogió las fuerzas necesarias para hablar.
–Tengo que preguntarte dos cosas. La primera ¿no tenías tu clase ahora? Y la segunda ¿si los demás profesores no quieren qué te hace pensar que yo si quiero?
Amy pudo ver una sonrisa en el rostro de Mello mientras seguía arrastrándola por los pasillos. "Sí que tiene fuerza" pensó para sí misma.
–Sí, tenía clase, pero mi profesor está enfermo, o algo así, tampoco me importa, y lo segundo–Contestó Mello–Tú no eres como los demás profesores, nos lo dejaste claro en tu clase, eres curiosa y torpe, más bien pareces otro huérfano más. ¡Así que a jugar!
Amy suspiro y después sonrió.
–Vale, pero como castigo tendrás que aguantarme en tu equipo. –Dijo ella con el tono algo sombrío.
Mello se tensó ante esa voz, pero siguió caminando.
[…]
El reloj de su muñeca ya marcaba las 14:50 y eso no pudo ser mejor noticia para Amy. ¡Ya podría comer! ¡Al fin podría calmar su hambre! Se levantó del charco de barro en el cual había caído mientras jugaban al futbol y se levantó dando un grito triunfante: ¡Comida!
Todos allí rieron cuando la vieron hacer eso.
El resultado del partido había sido de 2 a 3. El equipo de Mello había ganado, a pesar de haber tenido la mala suerte de tener a una jugadora tan mala como lo era Amy. La chica lo había demostrado un y otra vez con los tropezones más tontos que todos los niños allí jamás habían visto.
–No mereces comer después de las idioteces que has hecho–Dijo Mello riéndose de ella. Todos allí también explotaron en una carcajada, y Amy no iba a ser la única en no reírse. Las chicas que estaban al otro lado del campo miraron mal a su nueva profesora, no les resultaba fácil creer que Amy estuviera jugando al futbol y ahora mismo, tirada en el barro.
Trató de salir del enorme charco de barro pero cayó de nuevo. Un chico intentó de ayudarla antes de caer, pero fue inútil, ambos acabaron de nuevo en la lama. El muchacho que se había caído con ella dio una mueca de asco al sentir el barro resbalar por su cuerpo.
–Oh! Trevis lo siento–Dijo Amy agachando la cabeza. Pero después, eso le dio una idea. Agarro a Trevis, un chico de cabello negro y largo hacia ella y le susurro algo en el oído. Los demás chicos que jugaban al futbol se quedaron quietos, tratando de averiguar lo que Amy le estaba diciendo a ese huérfano, Mello sintió un escalofrío y Matt se acercó un poco para tratar lo que ahí pasaba, lo cual fue un gran error.
Amy se apartó de Trevis y disimuló una malvada sonrisa.
–Ayúdame al levantarme Matt–En ese momento, él negó con la cabeza mientras se reía.
– ¿Te piensas que soy tan idiota?–Dijo el entre carcajadas y se alejó un poco.
–Si–Contesto rapidamente Amy entre risas, en ese momento Matt se dio la vuelta, Trevis estaba detrás del sujetando una bola de barro entre sus manos, El pelirrojo palideció a proporciones épicas mientras veía la bola acercarse hacia su cara, lo único que pudo hacer fue ponerse sus goggles en los ojos para evitar que el sucio líquido entrara en sus ojos, Después de eso, Amy se levantó rápidamente y agarró a Matt de los hombros empujándolo hacia atrás, manchándolo también de barro.
– ¡Puaj!–Grito Matt levantándose mientras se veía el cuerpo por completo. Mello se rió, Matt tardó poco en coger una bola de barro y planchársela en la cara al rubio.
–¡¿Qué haces?–Gritó Mello cambiando drásticamente su rostro de alegría a furia.
Roger apareció por la puerta trasera y sin pararse mucho a ver a los jóvenes embarrados habló.
– ¡A comer!
En ese momento abrió los ojos y se fijó en Amy, Mello, Trevis y Matt los tres completamente sucios.
–No pretendéis entrar así al orfanato–Dijo Roger mirándoles muy severamente, Eso hizo que el alma de Amy cayera directamente a sus pies mientras salía del barro. ¿No podía entrar? ¿No podría comer?
– ¡Roger tengo hambre!–Fue lo único que Amy pudo llegar a articular mientras sacudía su pie derecho para sacar el barro. –No he podido desayunar, no he comido nada durante todo este tiempo.
–Es una broma, tiene que serlo–Dijo Matt mientras se ponía de rodillas en el césped mirando a Roger a través de sus embarradas goggles.
–O vamos, claro que es una broma–Dijo Mello tratando de entrar por la puerta donde estaban entrando los demás niño, pero Roger negó con la cabeza.
–Esperar aquí, os preparare un baño y os llevare ropa limpia, acordaros de entrar por la puerta de atrás–Empezó a decir Roger–Liliana ha estado limpiando y no quiero que ahora se ensucie todo, os avisare cuando el baño esté preparado y os guardaré la comida por si no os diera tiempo a uniros junto con los demás para comer.
Después de decir eso, Amy se dejó caer en el césped, mirando hacia el cielo que se había empezado a nublar hace poco, amenazando con llover.
Su estómago resonó con fuerza haciendo que se quedara roja de la vergüenza, esperando a escuchar las demás carcajadas de los niños que se habían quedado con ella, pero no las escucho.
–Coincido con tu estomago–Dijo Matt dejándose caer también–Es una injusticia…
–Por lo menos nos guardara la comida–Dijo Trevis tirándose también, Mello no dijo nada, camino hacia Amy y se sentó encima de su estómago dejando caer todo su peso, La chica dejó escapar un quejido.
–¿a qué vino eso?–Dijo Amy tratando de sacarse al rubio de encima, pero estaba demasiado débil y hambrienta para eso.
–Una venganza por lo mal que has jugado y llenarme de barro–Dijo el rubio sin más.
–Pero si fue Matt quien te manchó–Protesto la castaña.
–Pero fue por tú culpa–Volvió a decir Mello
–Fue Trevis–Gritó de nuevo Amy
–Tú me diste la idea–Dijo Trevis
–Gracias, me acordare de esto la próxima clase que tengas conmigo–Dijo ella en tono bromista…
–Ya está listo el baño–Dijo Roger desde la puerta. Todos se levantaron y caminaron hacia la parte trasera para tomar el baño y poder saciar su hambre.
Sí que se parece a Taylor…. Pensó Amy mientras veía a Mello adelantarse a todos dispuesto a comer cuanto antes.
