—No quiero —chilló el menor haciéndose bolita en la cama.

Tom sólo puso los ojos en blanco y agarró la cintura del menor segundos antes de tenerlo en su hombro y llevarlo al cuarto al lado del que ya estaban. Armus se removió casi llorando en su hombro, la cama era realmente agradable y no quería despegarse de ella, el mayor casi podía sentir celos ante ese hecho, pero contando que la noche anterior le habían dado un muy buen uso, los celos no llegaron a su organismo.

Toooooom —siseó el menor en reproche.

—No, cariño —contestó riendo ante lo infantil que era su estrella—. Necesitamos bañarnos, estamos pegajosos.

—A mí no me importa —balbuceó haciendo un puchero.

Tom rió por lo bajo mientras entraba al cuarto de baño, dejando a su niño con delicadeza dentro de la pequeña tina muggle que se encontraba en el lugar. A Armus le gustaba la mansión Riddle, tanto que se casaría con Tom sólo para poder vivir ahí todos los días de su vida.

La mansión era grande, sí, pero las habitaciones no tenían más espacio del que necesitaban, el baño era grande, pero no lo suficiente como para tener una piscina dentro... Era reconfortable, cómoda y muy cálida. No necesitaba más para un hogar, aunque, claro, sólo faltaban sus padres gritándose desde la otra punta de la casa mientras Remus se reía de ellos mientras se comía lo que Kreacher cocinaba. Tal vez Tom aceptaría vivir con sus suegros, ¿no?

El agua empezó a recorrer su espalda y a llenar la tina mientras Tom empezaba a traer algún tipo de shampoo y jabones de alguna parte, a Armus no le importaba realmente, nunca había estado tan feliz en ese momento.

El mayor no tardó en meterse con él y empezar a lavarle el cabello con suavidad. El ojiverde simplemente se dejó, poniendo sus manos entre sus piernas y acercándose más al contrario mientras cerraba los ojos, queriendo más contacto. Anhelando la calidez que su cuerpo sentía.

—Eres precioso —suspiró el ojiazul sonriendo, acariciando los pequeños cabellos negros de su pareja—, mi hermoso Harry Potter.

El joven río ante eso y abrió sus ojos, dejando que los zafiros se conectarán con sus esmeraldas.

—Y soy sólo tuyo, Lord Voldemort.

El mayor sonrió de forma hambrienta antes de lanzarse hacia el más joven y atacar sus labios. Armus rió ante eso, no habían servido las horas que pasaron entre las cobijas de la cama para amortiguar el deseo que se había firmado entre ellos dos.

—Te amo —susurró Tom besando los labios del ojiverde—. Te amo —repitió besando esta vez su nariz—. Te amo —beso en la frente—. Te amo...

—Te amo —contestó el menor robando un beso a los labios del mayor, quien ya bajaba por su mejilla—. Te adoro —susurró casi sin voz, dejando que sus ojos se volvieran cristalinos ate el tierno momento.

Parecía que la magia fluía por la habitación, una magia que no era la magia que solían hacer, pero vaya que la conocían. Y la habían extraño.

Se miraron a los ojos con adoración, habían estado lejos del otro que parecían años... No, ni los los años se comparaban con lo que habían sentido es ese pequeño periodo. Ninguno de los dos sabía cómo habían aguantado tanto

Una vez baños y cambiados -que Tom hubiera secado a su pequeña estrella con delicadeza y uno que otro movimiento seductor sólo hizo esa tarea un poco más duradera-, fueron a acostarse en la enorme cama para descansar lo que no pudieron en la noche, aunque, bueno, eso era lo que planeaban hacer hasta que Amus se sentó bruscamente.

—¿Armus...?

—Mis padres deben estar muy preocupados —susurró por lo bajo pensando un poco más las cosas—, y están muuuuuy enojados contigo, más papá Regulus, parecía que te quería quitar la cabeza con sus propios dientes...

—Oh, eso me alienta —comentó el mayor haciendo una ligera mueca al pensar que el dulce y adorable joven Black que se había metido entre sus tropas a los dieciséis años era tan... protector y feroz cuando se lo proponía, claro, más cuando se trataba de su pequeño hijo.

El adolescente de levantó de la cama con tranquilidad y se estiró con tranquilidad antes de dirigirse a la salida de la habitación.

—¿Cariño?

—Voy con mis padres, no quiero que tío Remus tenga que suportar a esos dos locos por mi culpa. —se encogió de hombros dispuesto a irse.

—¡Eh! ¿Y yo dónde quedo?

—Bueno... —Armus lo pensó un momento— Tú vienes conmigo para disculparte con mis padres —aseguró el menor guiñando uno de sus ojos con burla.

El Señor Oscuro sólo gruñó por lo bajo ante la descabellada idea de su novio, pero no hizo mucho para contradecirlo, y, lo más seguro, era que se debiese enfrentar con sus locos y salvajes suegros. Genial. Nunca había planteado la idea de poder morir en manos de una familia que le había jurado lealtad, aunque, bueno, nació Sirius Black, debió reconsiderar las cosas.

—¡Llegué! —gritó el menor entrando por la puerta principal con el mayor ruido posible.

—¡Qué gritos! —Tom frunció el ceño cuando oyó el grito de un cuadro que no había visto cuando había visitado la casa... lo peor era que conocía esa voz— ¡Nunca dejan descansar! ¡Siempre se comportan como unos muggles! ¡Desgraciado Sirius! ¡Ven para acá, pedazo de...!

—Hola, abuela Walburga —saludó el menor sonriendo con alegría. La bruja miró al ojiverde frunciendo el ceño ante eso.

—¿Abuela? —preguntó la mayor con curiosidad— ¡Oh, Merlín! ¡No puedo creerlo! ¡Por todos los magos! ¡No! ¡SIRIUS BLACK! ¿Cómo ese pedazo de idiota no me dijo que...? Alto... —la pintura dejó de saltar y aplaudir mirando al joven frente a él— ¿Quién es tu padre?

El menor rió. Sirius había dicho que su madre había estado un poco loca, pero realmente no sabía qué creer cuando Regulus le contaba algunos relatos de la mayor, pero ahora se daba cuanta de lo equivocado que estaba.

—Mi padre es Sirius —afirmó el menor, sin dejar de sonreír ante la histeria de su loca abuela.

La mujer cerró los desconfiada.

—Ese traidor... ¿quién es tu madre? —siseó demandante. Tom pudo ver como los hijos de su antigua compañera llegaban al lugar y retrocedían después de encontrar tal escena— A lo que a mí me concierne, puedes ser hijo de una sangre sucia o, ¡peor!, de un muggle —escupió lo último con asco.

—No creo que a papá Regulus le guste que lo cataloguen como "madre" —susurró el menor con inocencia.

Walburga Black miró al joven sin ninguna expresión, antes de que el ceño se empezara a fruncir demostrando su molestia.

—¡SIRIUS ORIÓN BLACK! ¡¿Te aprovechaste de tu hermano?! ¡¿Cómo fuiste capaz?! ¡Pedazo de idiota! ¡No tienes respeto por nada ni nadie!

—¡Mamá! —se quejó Regulus rojo de la vergüenza mientras se acercaba para que su madre lo alcanzara a ver. Cuando llegó atrás de su hijo, le tapó los oídos, causando gracias tanto al menor como al Señor Oscuro presentes— No seas tan grosera en frente de mi hijo, estoy tratando de educarlo, ¿sabes? —gruñó aún sin dejar su fuerte sonrojo— Y Sirius no abusó de mí, puede que sea un idiota y un bueno para nada, pero no es un violador o algo por el estilo...

—Pero... Reggie, cariño...

—Entre él y yo había más que una hermandad y lo sabe...

La señora Black miró a Regulus y luego a Armus consecutivamente, para luego sonreír de forma amplia y asentir.

—Es idéntico a ti, Reggie —confirmó sonriendo—. Debo admitir que tiene ese toque rebelde de Sirius y unos hermosos ojos verdes, pero eso sólo le da más belleza... A todo esto, ¿dónde está el cabeza hueca de tu hermano? —cuestionó frunciendo el ceño, pero, al menos, ya no había ningún tipo de odio en su voz cuando dijo el nombre del hermano mayor.

Regulus miró a su hermano e hizo una seña para que se acercara. Sirius bufó ante eso y se acercó hacia su pareja e hijo, uniendo un hermoso cuadro familiar frente al retrato de su madre.

—Al fin hiciste algo bien, ¿eh? —preguntó la mujer con burla, levantando una de sus cejas— Haz hecho feliz a tu hermano y conseguiste seguir con la herencia familiar —comentó, mirando de nuevo a Armus—... y vaya herencia has dado —comentó sonriendo de forma maternal hacia el joven—, ¿cómo te llamas, querido?

—Armus Orión Black —se presentó sonriendo como un digno heredero Black. Walburga asintió orgullosa.

—Me alegra que la herencia Black esté en tu cargo, Armus —declaró—. Ahora estaré esperando poder conocer a tu futuro hijo.

—Oh... Yo no...

—¡Adiós! —comentó Regulus cerrando la cortina que separaba a su madre de ellos. Armus frunció el ceño curioso, casi molesto por haber sido interrumpido.

Armus miró a su padre menor sin dejar que su ceño descansara, pero no fue capaz de decir ni una sola palabra cuando el ruido de la nariz de Tom quebrándose le interrumpió. El ojiverde no sabía si reír o detener a su padre, quien se encontraba siendo detenido por Sirius.

—¡Suéltame! ¡Juro que lo mato! ¡Desgraciado cabrón! —siseó Regulus. Realmente debía tener un gran autocontrol para no reír en esos momentos, su padre había olvidado el miedo que le tenía a Lord Voldemort que ahora lo quería matar a lo muggle... Aunque debía admitir que Tom no se veía nada temible en ese apuesto y joven cuerpo— ¡Sirius!

—Ya, tranquilo —susurró el nombrado—. Orión, ¿puedes ayudarme a sujetar a Reg?

Armus asintió confundido y se colocó en el lugar donde estaba Sirius, agarrando las manos de Regulus para que éste no golpeara ni hechizara al Señor Oscuro.

—Gracias, cariño. No sabes la fuerza que llega a tener Regulus cuando quiere —suspiró cansado el mayor de los Black, mientras que Tom llevaba una mano hacia su nariz y trataba de detener la sangre que salía de ahí—... aunque claro, no me gana a mí.

En ese momento el menor supo que fue una mala idea haber agarrado a su padre menor y no al loco y rebelde Sirius, sin mencionar que la mirada sombría y maníaca que apareció en la mirada de su padre no ayudaba mucho en controlar la idea.

—¡Remus! —gritó con todas sus fuerzas cuando Sirius se lanzó contra Tom, quien sólo podía esquivarlo sin dejar de atender su nariz. Joder, no tenía ni tiempo de sacar su varita y arreglarse su nueva fractura, y Armus estaba seguro que no quería lastimar a su familia— ¡Remus, ayuda! ¡Va a haber un asesinato!... ¡Papá alto! —chilló el menor cuando el ojiplata sacó su varita y apuntó al mayor— ¡REMUS!

—¡Se pueden callar! —gritó/gruñó el mayor— ¡Sólo pido un puto día para poder descansar! —Remus había aparecido atrás del menor, con el cabello en todas direcciones y una mirada que delataba su enojo y, lo peor de todo, que acababa de despertar—... ¡Sirius Black! ¡Baja eso o juro que te morderé tu horrible trasero!

El nombrado bajo con rapidez su varita y se quedó inmóvil.

—Y tú, Regulus, deja de molestar a mi cachorro antes de que decida que esta familia no está capacitada para educar a un adolescente y llevármelo lejos —amenazó.

Ahora fue el menor de los hermanos Black quien no hizo ningún movimiento más que levantar sus manos en son de paz. Remus miró con intensidad a los dos hermanos antes de dignarse a mirar al nuevo invitado.

—Tú —gruñó digno de un Alfa—, tienes suerte de que mi cachorro esté de tu lado, ya estarías muerto en caso contrario... ¡Orión! —la mirada del licántropo cambió radicalmente, dando paso a una brillante sonrisa, para luego abrazar al menor de los cinco— Te he extrañado —murmuró en su cuello.

Armus sonrió con alivio al no recibir la furia de Remus y correspondió feliz el abrazo.

—Yo también, Rems —concordó el menor al darse cuenta de ese hecho. Remus se había ido a un bosque para su transformación hace dos días, el menor se había ido el día anterior antes de que el castaño llegara y apenas llegaba a casa. Mucho tiempo sin su preciado padrino.

—Ahora, si me permite, iré a dormir —comentó separándose del menor para despeinar su cabello—. Si vuelvo a despertar por su culpa —susurró apuntando a los adultos—, juro que estarán arrepentidos toda su vida... si es que la siguen teniendo.

Y así se fue, dejando totalmente callados a los otros, oyendo de fondo la enorme carcajada que había soltado el cuadro de Walburga Black.