Todo se encontraba en silencio. El ruido se había ido hace más de dos horas, se podía sentir la tensión por todo el lugar, aunque eso era lo que menos importaba en ese momento.

Dos pares de ojos plateados mataban con la mirada al ojirojo, quien sólo regresaba la mirada con aburrimiento, sin demostrar verdaderamente sus emociones. No era como si estuviera asustado, no, pero sí que estaba fatigado, los dos padres de su pareja eran realmente estresantes, sin mencionar raros... Sí, raros era lo que mejor les describía.

—Y... ¿qué hacemos? —preguntó Armus sintiendo la tensión en el ambiente.

—¿Conquistar el mundo? —preguntó Tom mirando a su novio, quien empezaba a levantar la comisura de sus labios— ¡Era broma! —siseó el mayor cuando dos varitas le apuntaron con rapidez.

El menor de los Black se carcajeó ante eso, ganando las miradas de los presentes, quienes ya se encontraban levantando una de sus cejas. Tom casi pone lo ojos en blanco, ¿era mucho pedir que su niño no terminara igual de loco que sus padres?

—¿De qué te ríes? —preguntó Regulus con los ojos entrecerrados.

—¡Oh, vamos! —contestó el menor haciendo un puchero al notar que a nadie le daba risa lo que a él le daba risa... ¿o será que no veían lo que daba risa? Se encogió de hombros mentalmente— Es una buena idea...

—¡Orión! —rugieron sus padres al mismo tiempo— No es adecuado pensar en eso —siguió Regulus tratando se respirar con tranquilidad.

—Es cierto, a parte, eso de matar no va contigo —siguió el mayor de los hermanos—, ¿te imaginas mancharte las túnicas con sangre? Duh...

Regulus puso los ojos en blanco.

—¿En serio?—cuestionó.

—¿Qué? —preguntó Sirius confundido— No le compré túnicas de alta costura para que las estuviera manchando de sangre como si se estuviera metiendo a una alberca.

—Eres un estúpido —siseó el antiguo mortífago dándoles un golpe detrás de la cabeza—, ¡tu hijo quiere ser asesino!

—¿Qué? —esta vez le tocó preguntar a Armus, quien veía la escena con gracia— Yo nunca dije algo de matar a personas, par de desquiciados.

Regulus levantó una de sus cejas, dando a entender lo que pensaba del tema.

—Yo hablaba más del aspecto político —comentó el menor cruzando sus brazos en su pecho—, ya saben, después nos podríamos pasar a lo económico, ganar contactos que faciliten los movimientos dentro del ministerio, aunque creo que eso Tom lo tiene todo resuelto... ¿No les parece una gran idea? —preguntó encogiéndose de hombros— Sin mencionar que en muchos países la economía es igual o más importante que la política...

—Black's Industry, me gusta —comentó Tom encogiéndose de hombros.

—Afiliados a Riddle's Compañy —Armus y Tom se miraron empezado a sonreír, viendo las miles de ideas pasar por su mente, organizando y moviendo todo lo que fuera posible.

—Alto, alto —siseó Regulus cruzando sus brazos y mirando a los dos con seriedad—. Ni pienses que te dejaré empezar una empresa sin haber terminado el colegio.

—Industria —corrigió el nombrado mirando a su padre—, y no pensaba dejar la escuela, ¿sabes cuántos contactos podría conseguir ahí? Más fácil cuando tengo a los grandiosos Draco Malfoy y Theodore Nott a mi favor...

—Y con la ayuda de Roosevelt sería más fácil armar una compañía —comentó el Señor Oscuro.

—Pero...

—Regulus, deja a nuestro hijo cumplir sus metas —regañó Sirius—, prefiero que ande construyendo imperios económicos que estar comprándole túnicas cada fin de semana porque las otras están inservibles por la sangre.

Armus levantó la mano señalando al merodeador frente a él, dándole la razón a su padre, quien se batía en una batalla visual con su hermano, quien hacia la discusión difícil.

Regulus Black era una persona demasiado terca y testaruda, pero siempre ponía delante de sí a las personas que amaba. Suspiró con resignación antes de volver su mirada al novio de su hijo, sin dejar de mostrar su firme mirada.

—Con la condición de que seré subdirector de Black's Industry.

—¡Eh! Black's Industry es mío —reprochó el menor—, pero sí, serás el subdirector del gran imperio industrial...

—¿Y yo? —cuestionó Sirius frunciendo el ceño.

—Tú... serás el encargado de hacer las mejores fiestas —comentó Armus alegre.

Sirius pareció conforme con la respuesta y sonrió asintiendo, como si estuviera aceptando de una vez el cargo. Armus rió ante eso.

—Y la escuela...

—Regresaré mañana si te urge tanto —interrumpió el ojiverde encongiéndose de hombros—, creo que me tendré que preparar para todas las preguntas que me podría hacer el rubio...

—Vuelvo contigo...

—No, tú tienes que empezar la empresa, así será más rápida la expansión —aconsejó mirando a su pareja—. Tú sólo muévete como sabes moverte y tendrás al mundo a tus pies, sigo sin saber cómo es que elegiste matar a personas en vez de ir directamente a lo político...

—Eso pensaba hacer, pero el anciano de Dumbledore siempre ponía un obstáculo en el camino, era realmente estresante todo ese asunto —respondió el mayor sin darle importancia—. Algunas veces deber tomar caminos diferentes a los que pensabas para poder llegar a tus metas, ¿lo sabes?

—Ñep, ñep, no te justifiques —regañó Armus haciendo un puchero—, tú no puedes vivir sin matar a alguien.

—Puede ser... —Regulus miró a Tom, casi logrando matarlo con la mirada— Era broma —comentó con rapidez levantando sus manos en paz—, ya no pienso matar a alguien... Encontré algo más vicioso que ver los ojos opacos de las personas —ronroneó mirando a su novio con cariño, casi picardía.

El menor de los Black le devolvió la mirada con la misma intensidad, ignorando el hecho de que Regulus parecía querer mandarle un Avada a Riddle, cosa que no se puedo hacer gracias a Sirius, quien le quitó la varita de las manos.

—¿Se puede saber qué es? —preguntó sonriendo coqueto. Tom le correspondió el gesto acercándose un poco más al contrario, eliminando algo de espacio entre su oreja y sus labios.

—¡Basta! ¡Aléjate de mi bebé, pedazo de pedófilo! —gritó Regulus parándose de su lugar, dispuesto a arrojarse al temible Señor Oscuro.

—¿Todavía hay pastel de chocolate? —preguntó Remus entrando a la cocina con el cabello completamente desordenado y la huella de su almohada plasmada en su mejilla— O tal vez un muffin...

—El pastel es más grande, Rems —comentó Armus—, y tiene más chocolate y crema de avellanas —complementó señalando arriba del refrigerador—. Lo escondí ahí para que papá Reg no se lo comiera todo...

—Eres un santo, Orión —gimió el adulto poniéndose en puntintas para poder ver dicho postre y, después de mover su varita para bajarlo, lo dejó en la mesa.

—Yo quiero —chilló Regulus frunciendo el ceño con un adorable puchero en sus labios.

—No, tú te comiste el otro completo —regañó el castaño—. Lo había comprado para que durará una semana, era de 42 rebanadas aproximadamente...

—Pero estaba muy bueno...

—Pues éste también —interrumpió—, y tú no te lo comerás.

—Pero lo hizo Kreacher, mi elfo doméstico...

—Lo hizo para mí —se metió Armus.

—Pero sigue sin ser tu elfo...

—Lo va a hacer algún día —Regulus abrió la boca para debatir—, y no me hagas negarle hacerte algún tipo de postre cuando eso ocurra.

—Desgraciados —gruñó.

—¿Alguien va a querer? —preguntó el hombre lobo partiendo el pastel con la varita— Armus querrá, es por ley. Regulus está castigado y Sirius no comerá sólo para no hacer sentir mal a su noviecito... ¿Tú querrás, Tom?

El nombrado lo miró con curiosidad.

—¿Cómo sabías que era yo?

—Tu olor, nunca engañarás a un licántropo —contestó guiñándole un ojo—, ¿querrás sí o no?

El mayor asintió luchando para no dejar salir la sonrisa que se estaba formando en sus labios.

—Por favor —contestó mirando sus manos, que no tardaron de ser recogidas por su pareja, quien le sonreía con cariño. ¿Cuántas veces ves al Señor Oscuro pidiendo algo "por favor"?

Tantas veces había querido que Tom fuera un poco más educado y tantas otras veces nunca funcionó. Tal parecía que Remus podía penetrar hasta el corazón más terco.

Negó con la cabeza.

Remus siempre había sido demasiado especial.

—Y... ¿de qué me perdí? —preguntó el ojicafé sentándose a un lado de Armus, acariciando el cabello de éste con adoración— Lo último que supe fue que Armus estaba encerrado en su habitación sin querer salir.

El nombrado se sonrojó ante eso y empezó a murmurar cosas inteligibles, causando ternura a las cuatro personas que le acompañan.

—Sirius me dio un consejo...

—Merlín, no me digas que le hiciste caso... —Armus se mordió el labio inferior—: ¡Sirius! ¿Qué consejo le diste a Armus?

—¡No hice nada malo! —se defendió el patriarca de los Black levantando su manos en inocencia.

—De hecho, Sirius me dijo que fuera a hablar con Tom para aclarar todo —dijo el menor sin dejar que su sonrojo se desvaneciera.

Remus levantó una de su cejas y comió un pedazo de su rebanada sin dejar de mirar fijamente a su mejor amigo, quien no sabía cómo actuar en un momento como ése, dejando como opción esconderse ligeramente detrás de su novio.

—Creo que ya eres todo un hombre, Sirius —decidió decir sonriendo—. Casi puedo creer que puedes llegar a ser buen padre.

El nombrado estalló en una sonrisa brillante y se arrojó hacia Remus, sin importar que tuviera una mesa en medio del camino. Armus fue el primero en reaccionar y agarró el pastel antes de que la mesa se cayera ante el empujón.

—¡Sirius! —gritó sorprendido el Remus, recibiéndolo con los brazos abiertos de puro instinto. Sirius simplemente se convirtió en su forma animaga y le empezó a lamer toda la cara con alegría— ¡Mi rebanada! —chilló a mitad de un lloriqueo al ver como los platos se encontraban rotos en el suelo, dejando manchas de pastel por todo el lugar.

—¡Salvé el pastel! —informó el menor levantando sus manos para que lo viera y no matara a su padre, o peor, que no se pusiera a llorar.

Los ojos castaños se centraron en las manos del menor y sonrió satisfecho antes de empezar a acariciar con la misma estima que recibía de su amigo, quien sólo ladró contento al sentir la mano del licántropo acariciar detrás de su oreja.

Armus sólo rió feliz ante eso, viendo como Regulus hacía nuevamente un puchero y se unía a los mimos de Remus, contentando más al animago.