SHINRAKUGUMI

CAPÍTULO VIII

Al parecer Souko ya había terminado de amenazar sádicamente a sus compañeras cuando la entrenadora regreso.

—¿Disfrutaron su tiempo de receso? Espero que lo hayan ocupado para descansar.

—Sii —respondieron todas las presentes, Okita intercambiaba miradas amenazantes con las chicas que tuvo un pequeño disgusto.

—Bueno, empezaremos a blandir la espada. ¿Quiénes ya tienen experiencia con la espada? —De las treinta presentes solo seis alzaron la mano, entre ellas Souko, Kuriko y Tsuna —. Bueno entre ustedes seis van a practicar estocadas. Mientras que con las principiantes practicaremos postura y esas cosas. ¡Andando!

El entrenamiento fue algo agotador, pero nada que ella no pudiera soportar, después de tener más de 12 años entrenando en el Shinsengumi, ese entrenamiento fue como un juego de niños.

Estaba recostada en su cama, viendo el techo, era aburrida la vida sin intentar matar a Hijikata o salir a la acción, este sería un mes muy aburrido. Reviso su reloj por quinceava vez desde que se había acostado, marcaban las 6:49 pm. Lleva horas esperando para la hora de la cena sin nada que hacer, porque la capitana dejo salir temprano a quienes ya sabían el arte de la espada.

Se levantó de su cama sin ningún ánimo, y fue avanzando hacia la puerta para ir al comedor. Camino lo más lento posible. Al momento de estar ahí, cogió una charola y se dirigió a escoger sus alimentos. Escogió la mesa más vacía y ahí se sentó. Apenas iba a tomar un poco de arroz, cuando una oleada de chicas la rodeo.

—Okita-senpai —gritaron las féminas.

—¿Me podría enseñar el arte de la espada? —pregunto una.

—Claro que no te enseñará a ti, estas llenas de bolas, le enseñara a alguien que también pertenezca a la hermandad de planas. —Le contesto otra.

En menos de lo que a Souko le hubiera gustado, se había armado una pelea entre el bando bolas y la hermandad plana, la pelea hubiera pasado de ser a un simple intercambio de palabras a golpes de no ser que fue interrumpida por alguien.

—Chicas, por si no saben el comedor se dividen por escuadrones a la hora de cenar, comer y desayunar. En cualquier otro evento se puede convivir con las chicas de los demás escuadrones —dijo la capitana Tsukuyo

—Así es, a la hora de la comida deben guardar orden y disciplina. —exclamo la capitana de negra cabellera y un parche.

—Pero capitana, Okita chan se ha de sentir sola en su escuadrón porque no tiene a nadie —comento una mientras sostenía el brazo de la aludida.

—Chicas a sus lugares, no se los vamos a repetir —exclamaron las cuatro capitanas al unísono mientras sacaban sus armas. Ante tal acción las chicas salieron corriendo despavoridas a las mesas correspondientes de su escuadrón.

—Lo siento por el mal comportamiento de mis subordinadas —exclamo la capitana de rubia cabellera.

—No debes porque disculparte Tsukki. —Una voz interrumpio la perfecta formación de las cuatro capitanas. —Ver la cara con las que se fueron corriendo no tiene precio.

—Kagura —dijeron las cuatro sorprendidas.

—¿Ya concluiste tu misión? —preguntó Otae con un claro tono maternal en su voz.

—Sí, fue pan comido —respondió mientras se sobaba el puente de su nariz exclamando superioridad. —Pero aquí no es momento para hablar de eso.

—Está bien Kagura, nos retiramos a comer en compañía de nuestro escuadrón. —Al finalizar la oración cada una iba caminando hacia su lugar correspondiente.

—Pensé que al no tener escuadrón no te mandaban a misiones, pensé que solo eras un vil bulto. —Ni bien Kagura se sentaba enfrente de ella, cuando le empezó a comentar eso.

—Pues sí, tengo misiones. La organización se mantiene gracias al cumplimiento de ellas, pues cuando la tarea ha sido realizada satisfactoriamente, nos pagan. Ahorita las capitanas están haciéndolas de lado, debido al nuevo ingreso de fuerzas, y tienen que hacer el entrenamiento y papeleo correspondientes

—O sea ¿Qué van a estar un mes debilitadas?

—No dura tanto, solo es una semana, además de que las entrenadoras se van rolando a la hora de entrenar, y en esos días las otras se van de misiones, las cuales suelen no suelen ser de mucha dificultad.

—Oh ya veo, o sea que será un mes muy aburrido para mí —respondió Souko con desanimo en su voz.

—¿Cómo te fue en tu entrenamiento? —pregunto en lo que ambas se levantaban a tomar sus alimentos.

—Pues algo aburrido —respondio con su mismo desanimo.

—Oh ya veo, nada que no sepas —la contagio de su estado de animo. Una vez que ya tenían sus alimentos en su charola caminaron a su mesa. —¡Ya sé! —gritó haciendo que todas las presentes la voltearan a ver. —Si te va bien en esta semana, sacas buenas calificaciones yo hablare con la comandante de que te asigne alguna misión al terminar esta semana de entrenamiento —dijo con un tono solo audible para su interlocutora.

—Ya veo. —Souko dejo de comer e intercambiaba miradas con su superior. —Espero que no sea pura palabrería y me dejes vestida y alborotada.

—No hago una promesa si no puedo cumplirla, lo más importante sería que haya misiones disponibles.

De ahí en fuera ninguna de las dos volvió a intercambiar palabras. Terminaron sus alimentos en silencio y se despidieron con un simple movimiento de manos. Después de eso Souko se dirigió a los baños comunitarios, pues había sido un día de arduo entrenamiento y su cuerpo suplicaba ser tocada por el agua para ser refrescada.

Una vez con su cuerpo limpio, se dirigió a su habitación, ya era buena hora para dormir y después del intercambio de palabras con su infantil superior se motivó, pues a partir de mañana debería esforzarse un poco más a lo habitual si quería formar parte de una misión.

(…)

En otra parte lejos de los dormitorios y después del toque de queda, la silueta femenina encapuchada se encontraba en el cuarto de máquinas.

—Tama —grito cuando se encontraba en el centro del lugar.

—Se le ofrece algo comandante —dijo saliendo de las sombras un robot con características femeninas.

—¿Ya investigaste a la prodigio de esta generación como te lo ordene?

—Por supuesto comandante —se dirigió a un teclado que se encontraba enfrente, tecleaba unos cuantos códigos y un monitor del tamaño de la pared se encendió. En él se podían apreciar las siguientes letras.

Okita Souko

Edad: Desconocida

Nacionalidad: Desconocida

Fecha de nacimiento: Desconocida

Estudios: Desconocidos.

La comandante se sorprendió a los datos que la maquina le proporcionaba.

—A mí también me agarro por sorpresa este hecho, así que decidí investigar a partir de su apellido.

—A ver, ¿Qué descubriste?

Okita

Descendientes de los que se tiene registro:

Okita Mitsuba: Finado

Okita Souko: Capitán de la primera división del Shinsengumi.

—¿Ambos son hermanos?

—Así parece, y de sus padres no hay registros porque ya murieron.

—¿Hay más información de ese tal Okita Sougo?

—Si.

Okita Sougo

Edad: 18 años

Fecha de nacimiento: Julio 8

Estudio: Entrenamiento en el doujo Buushu

Ocupación: Capitán de la primera división del Shinsengumi.

—Comandante, ¿esto no se le hace muy sospechoso?

—Si, algo.

En lo que ambas intercambiaban miradas una alarma empezó a sonar y un cuadro negro se empezó a apoderar de la pantalla.

—¿Qué es eso? —pregunto la comandante alarmada, tomando su fiel arma en forma de sombrilla.

—Como no aparecían registros mediante palabras, puse a otra máquina a buscarla mediante una foto suya en las cámaras que hay por la ciudad. Y al parecer ya fue encontrada.

—¡Muéstrame!

—Al parecer las cámaras la captaron hace unos meses, aquí se puede ver comiendo un helado caminando tranquilamente por las calles, otra es más reciente caminando en dirección hacia acá a lado de un uniformado del Shinsengumi, mientras caminaban muy melosos.

—No es sospechoso que sienta atracción por el sexo opuesto, no se han de tener señales de ella debido a que vivía en un pueblo lejos de aquí.

—¿Esta segura de eso comandante? ¿No será mejor tenerla vigilada?

—Por el momento creeré en la palabra de ella, a la primera señal que dé de ser un espía enemigo no tendré piedad de ella. — Fue lo último que dijo antes de abandonar la habitación.