SHINRAKUGUMI
CAPITULO XI
Cuando Kagura, Shizuo y otras dos meseras más habían estabilizado la situación con las mesas de abajo, tomaron un descanso en un sofá cerca de las escaleras.
—Oigan no se les hace extraño que Tomoko no haya bajado con las ordenes de allá arriba. Fue muy cruel dejarla a ella sola todo el piso de arriba.
—No te preocupes Marine son pocas mesas las de allá arriba, me imagino que está juntando todas las ordenes —respondió Shizuo de forma tranquilizadora.
—Bueno de todas maneras voy a subir a revisar —dijo Kagura mientras se levantaba del sofá dispuesta a subir las escaleras, cuando un joven bajo a toda prisa.
—¿Quién es Rakuko? —cuestiono el joven de manera demandante.
—Soy yo —levanto la mano Kagura.
—Toma —dijo mientras entregaba un montón de papelitos —son las ordenes de allá arriba, bueno me regreso.
Esa acción dejo desconcertadas a las cuatro chicas, se supone que era Tomoko quien debió de haber bajado con eso. Observaron los papeles y vieron que todos correspondían a distintas letras y diferentes tipos de papeles, eso las asombró más.
—Marine lleva estas órdenes a la cocina mientras que nosotras subimos a ver qué pasa —indicó Shizuo.
Una vez arriba, Kagura fue quien se encargó de abrir la puerta que separaban las escaleras del área de mesas.
La imagen que las chicas se encontraron no tenía comparación, era un festival de masoquistas. Jóvenes atados por unos lados, mientras que otros estaban formados para ser azotados por la mujer que estaba sentada y esta a su vez refrescada por otros hombres a sus lados soplándole aire con unos manteles.
—Tomoko —grito la pelirroja —¿Qué es esto?
—Oh bueno, yo no sigo las ordenes de nadie, así que hice que ellos se volvieran mis fieles sirvientes y resultaron ser masoquistas de closet
—Pero en esta cafetería no ofrecemos este tipo de servicios, se supone que nosotros debemos servir al cliente no que ellos nos sirvan a nosotras —reclamo Shizuo
—Yo volvería a este lugar por la temática tan innovadora —grito uno de los hombres que estaban en la fila.
—Yo también —le siguieron otros, mientras Souko sonreía sádicamente cuando agitaba su látigo.
—Oye Tomoko ¿puedo intentarlo? —preguntó Marine acercándose a la castigadora cuando recién iba llegando al piso
—Claro, ya me duele la muñeca de tanto moverla. Ten —le entregó su preciada arma —No te preocupes que si les duele eso les gusta más.
—Deberías acabar con esta situación y disculparte con los clientes por tratarlos tan despreciablemente —reprendió Shizuo cuando la castaña se iba acercando al grupo de mujeres
—Pero mira, los clientes están felices —respondió Souko señalando a la fila de hombres que esperaba ser azotados— Si los clientes están felices con nuestro servicio no le veo el problema.
—Si es cierto Shizuo —habló Marine entre la multitud.
—Bueno, le comentaré al jefe a ver que piensa sobre esto
—Está bien Shizuo, lo apruebo —respondió el jefe entre el montón de hombres atados de manera vergonzosa
—¿Jefe? —se sorprendió Shizuo de verlo ahí en ese estado. —Bueno, visto por el reciente éxito los lunes y viernes serán con temática sadomasoquista
—Está bien —respondieron todos al unísono.
—Chicas deberíamos volver al trabajo —habló una de las meseras que había estado callada —al parecer ya están listas las ordenes de nuestros clientes de acá arriba.
—Muchas gracias por recordarnos Akari —le dijo sonriente Shizuo —Tomoko y Marine serán las encargadas de servir en el piso de arriba. Mientras que nosotras tres lo haremos con el piso de abajo.
—Si —respondieron las dos chicas.
—Vamos mis leales vasallos, deben ir por la comida para servir a los demás y a mí —habló Souko mientras le daba de látigos a dos hombres que no tardaron en obedecerla.
(...)
Después de que la locura sadomasoquista. Kagura ayudaba a Shizuo a limpiar el lugar de abajo, porque Akari tuvo que retirarse temprano y ella se había ofrecido a ayudar, para recaudar información.
—Shizuo ¿Quito el letrero de vacantes? —preguntó Kagura, ingenuamente.
—Oh no Rakuko —respondió— déjalo ahí.
—¿Segura? A pesar de que llegamos Tomoko y yo.
—Sí, es que nunca nos damos abasto en la cafetería y normalmente una que otra deja el trabajo porque no era lo que esperaba —dijo melancólicamente. —Pero creó que con ustedes aquí y todos esos clientes que vinieron hoy sean de buen augurio.
—¿Cuantos años llevas trabajando aquí Shizuo?
—Creo que más de tres años —respondió apenada, Kagura estaba asombrada, se supone que las chicas que eran contratadas en ese lugar no duraban ni una semana porque se daban a venta.
—Ya terminamos de allá arriba —dijeron Marine y Souko al unísono.
—¿Ustedes? ¿O sus hombres? —interrogó Shizuo de manera dominante. Ellas solo se voltearon a ver en complicidad. —No deberían tratar así a los hombres; pero bueno. Chicas aquí está su paga. —Les entrego dinero en un sobre amarillo. —Gracias por su arduo trabajo nos vemos mañana. Ya se pueden retirar.
—Hasta luego. —Se despidieron Kagura y Souko al mismo tiempo y ambas emprendieron camino de regreso al cuartel.
Una vez que habían llegado, Otose las recibió con un formulario que debían llenar, al parecer eso se hace cada vez que regresan del mundo exterior, también entregaron el dinero que habían ganado el día de hoy pues luego sería depositado en sus tarjetas.
Después del papeleo correspondiente ambas chicas subieron al ascensor que las llevaría a su habitación. Pero Kagura había apretado el botón 4, si Souko recordaba bien era ahí donde estaba la robot a cargo de la información del Shinrakugumi.
—Voy a ir a ver a Tama por información, ya que algo se me hizo muy extraño con el lugar —dijo Kagura.
—Voy contigo —expresó de forma demandante.
—Pero...
—Pero nada, yo también soy parte de esta misión.
—Está bien.
Ambas chicas caminaron por el oscuro pasillo, pues no queda mucho tiempo antes del toque de queda.
—Tama ¿estás aquí? —pregunto Kagura al momento en el que entró al cuarto de máquinas.
—Dígame Kagura, ¿que se le ofrece? —contesto servicialmente.
—Tengo una misión de infiltración porque según es un punto de recolección de mujeres, pero tengo mis dudas sobre ello.
—Oh cierto, es sobre el Maid Café, ¿no? —Kagura asintió con la cabeza —. Vengan para acá. —Tama encendió su pantalla y mostró un mapa —. Ven este mapa, el círculo azul es donde han estado ocurriendo con frecuencia la desaparición de mujeres, y casualmente la cafetería está en el centro. Hay tantas posibilidades de que sea el lugar de recolección y cambio, como de que no lo sea, solo es una suposición para estar en el ojo del huracán.
—Oh ya veo — se metió a la plática Souko —. No sólo hay que estar alerta en la cafetería si no en todos los alrededores.
—Así es señorita Okita —le dio la razón Tama.
—Muchas gracias por proporcionarnos información —agradeció Kagura
—Si muchas gracias —le siguió Souko.
—Recuerden que ese es mi deber aquí, nos vemos luego, deberían volver que ya pronto es el toque de queda. —Les recomendó el robot femenino.
—Gracias, hasta luego —se despidieron ambas chicas y emprendieron camino a su correspondiente habitación.
—Mañana no llegues tarde —amenazo Souko a su superior.
—Lo intentaré —respondió la pelirroja en señal de despedida
(...)
Las chicas estuvieron trabajando en el Maid Café durante cuatro días. Las trataban muy bien, incluso recolectaron información de las chicas que trabajaban ahí y todas tenían más de tres meses laborando.
Souko y Kagura siguieron investigando por los alrededores en sus momentos libres. Cosa que no les proporcionaba mucha información ya que la gente de ese lugar era demasiado callada y la población de mujeres solo se reducía a ancianas y sus compañeras.
Un jueves mientras que tres trabajadoras del Maid Café estaban descansando sentadas en un sofá, las otras dos de ellas fueron por sushi para todos y su jefe hacia corte de caja. Souko y Kagura platicaban cómodamente con sus superiores.
—Shizuo eres muy buena como entrenadora de trabajadoras —la alagó Kagura. —Yo nunca había trabajado en este tipo de lugares y con tu apoyo se me ha hecho muy fácil.
—Me alegro por ti Rakuko, también desde que ustedes llegaron las ventas aquí han aumentado, pensábamos en cerrar el lugar ya que la situación aquí ha estado muy mal.
Las policías en cubiertas se voltearon a ver en complicidad, era la oportunidad perfecta para sacar información correspondiente al secuestro de mujeres.
—¿Qué es lo que ha pasado? Noto que la población de mujeres es casi nula por estos lares —dijo inocentemente Kagura.
—Es que últimamente hay recolección de mujeres porque quieren llevárselas para su venta en otros planetas. Nuestro jefe nos quiere mucho y nos protege pagando una cuota a los piratas espaciales para que no nos secuestren.
—Shizuo esa información no deberías andarla divulgando —reprendió su jefe, Kagura y Souko cambiaron su forma de ver a ese hombre.
—Pero ellas deben estar alertadas en dado caso —dijo Shizuo en su defensa, él solo sonrió, después de eso las chicas le correspondieron la sonrisa.
—¡AYUDA! —Llego gritando Akari irrumpiendo la tranquilidad del lugar.
—¿Qué pasó? —preguntaron todos
—Veníamos caminado para acá cuando unos amantos nos rodearon. Pero uno reconoció los uniformes del lugar y me dijeron que le diera un recado a Soo.
—¿Cuál es ese recado? —preguntó Soo alterado.
—Te quitamos a una de tus chicas hasta que nos pagues lo que corresponde de este mes, para que aprendas a no atrasarte —dijo Akari el recado tal cual se lo habían dictado.
—¡NO! —grito alterado el jefe del establecimiento mientras daba un golpe en la pared más próxima —. Solo me atrase un día, un día. —Shizuo fue a su apoyo.
Mientras que Kagura y Souko de voltearon a ver.
—Señor Soo, ¿nos podría indicar donde se reúne con los piratas del Harusame para pagar su cuota?—pregunto Kagura con la total calma
—¿Para qué quieres que te lleve ahí? —preguntó Soo preocupado.
—Nosotras somos miembros activos del Shinrakugumi y estamos en una misión de infiltración —respondió Souko. —Necesitamos que coopere con nosotras para expulsar al Harusame de esta zona.
Los tres presentes quedaron impactados ante la noticia.
—Está bien —respondió Soo. —Porque ya no quiero seguir perdiendo chicas, por favor sálvenlas
—Haremos lo que esté a nuestro alcance —dijo Kagura.
—Ok, en marcha. Shizuo y Akari les encargó el lugar —exclamo su jefe.
—Shizuo, Akari también solicitamos que resguarden a todas las mujeres que pasen pos la calle para su seguridad y tampoco salgan ustedes —alertó Kagura.
—Entendido —respondieron ambas chicas
Soo y las oficiales del Shinrakugumi salieron corriendo para ir al lugar de reunión con el Harusame.
—Señor Soo ¿estamos próximos? —pregunto Kagura
—Sí, nada más falta darla la vuelta en ese lugar y en el que está junto es el establecimiento donde llevo mi cuota.
—Muchas gracias por su cooperación, por favor regrese al cafetería. Debe estar resguardando su seguridad y apóyenos aquí a fuera no sabemos qué acciones podrían tomar.
—Pero ¿estarán bien ustedes solas? —pregunto preocupado Soo.
—No se preocupe —dijeron ambas chicas al unísono.
Las chicas del Shinrakugumi siguieron las indicaciones que Soo les había proporcionado. El lugar era como un café tradicional pero este estaba atendido por Amanto, en su ventana tenían un anuncio de solicitar personal, cosa que al verlo ambas se voltearon a ver en cómplices y entraron al lugar.
—Buenas tardes—dijo Souko con una voz tierna y animada.
—Buenas tardes —le respondió un Amanto humanoide de piel verde sin prestarle la suficiente atención.
—Venimos de parte del señor Soo.
—Oh —dejo lo que estaba haciendo que era contar el dinero de la caja registradora.
—Dijo que ya no piensa seguir pagando la cuota. —Al decir esto el Amanto se puso furico, que si pudiera desintegrar con la mirada ya las chicas no estuvieran ahí —. Por eso nos mandó a nosotras para cubrir su deuda y perdonarle la vida a él.
—Así que nos gustaría ser sus trabajadoras —dijo Souko coquetamente.
—Oye —el Amanto que estaba platicando con las chicas le dio un golpe a unos de sus compañeros que estaba dormitado abajo del mostrador.
—¿Qué? —se levantó molesto el Amanto que este era tipo ave y plumas rojas.
—¿Qué tal las ves? Que quieren trabajar con nosotras —informo a su compañero, este solo sonrió y las observaba.
—Están muy bonitas, en especial tú —dijo mientras tocaba la piel de Kagura. —Con ese tono podría pensar que eres del clan sanguinario Yato.
—Oh señor como podría pensar eso, mi fuerza es nula —dijo Kagura mientras sonreía. —Además tengo entendido que los Yatos son muy sensibles a los rayos del sol, y mire el clima de allá fuera no hay ninguna nube, el sol está a todo su esplendor.
—Tienes razón, además no traes ninguna extraña sombrilla contigo —exclamó mientras de tocaba su barbilla, Kagura agradecía haber dejado su peculiar sombrilla morada en la cafetería. —Están aprobadas por mí, pero deben pasar el visto bueno del gerente así que permítanme guiarlas a su oficina.
—Es muy amable —respondió Kagura
El Amanto emplumado guio a las chicas a través del lugar y después de subir las escaleras les abrió una puerta donde en su interior se veía como una oficina glamurosa ejecutiva.
—Por favor pónganse cómodas en un rato las atiende el gerente —se despidió el Amanto antes de cerrar la puerta.
—Souko prepárate para el peor de los casos— ordenó Kagura.
—Siempre estoy lista para este tipo de situaciones —sonreía la chica de mira carmín, mentiría si dijera que no estaba feliz por la situación con la adrenalina al máximo y estando a la expectativa
Pasaba el tiempo y nadie llegaba, ya habían dejado su pose de pelea y se pusieron a observar el lugar, pero no hallaron nada fuera de lo normal
Después de diez minutos que habían estado ahí, empezó a desprenderse un gas rosa por las rejillas de ventilación.
—No lo respires, es un somnífero —indicó Kagura. Pero ya era demasiado tarde, Souko yacía en el suelo dormida con los ojos cerrados y poco a poco ella también fue cayendo.
