Capitulo 14-Son una molestia

Día uno.

Recogió todo su extenso cabello castaño en una coleta y se dispuso a tirarse en el sofá, cerrar los ojos y dormir. Era lo único que podría hacer en todo el día, no tenía otra cosa mejor para hacer... Mello seguía dormido en su habitación, Matt estaba con ella, se levantó hace apenas unos minutos, y no hacía otra cosa que no fuera prestar atención a su maquinita. Near, por otro lado, no se sabía si estaba despierto o si estaba dormido, pues no había salido de su habitación para nada, tampoco había hecho ningún ruido que mostrara signos de vida.

Tumbada en el cómodo sofá de la carísima suite del impresionante hotel en el que L los había registrado, se quedó mirando al techo, y no se le ocurrió nada más divertido que ponerse a contar las baldosas, pero por hacerlo más interesante, por si el hecho de contar baldosas no fuera aburrido ya, decidió contarlas en francés.

"une, deux, trois..." empezó a contar con calma, no había problema, no se olvidó de ese maldito idioma que suspendió dos veces durante su vida de estudios en el instituto. En cierto modo eso le molestaba, no era capaz de recordarlo durante aquella época, sin embargo ahora, podía hablarlo sin problemas, ya que durante los primeros días en japón, los que pasó antes de todo lo ocurrido con su familia, conoció a un agradable canadiense que también estaba de erasmus por aquí. Mack, así se llamaba. Ese chico tenía el pelo rubio oscuro, casi marrón, un poco largo, aunque no sobrepasaba los hombros y unos ojos comunes, color castaño, pero eran muy brillantes y atrayentes. Aún se acuerda de la ropa con la que el conoció, una sudadera roja, unos pantalones vaqueros y unos tenis blancos. Se movía a los sitios con recelo, parecía tímido y callado, pero en realidad era todo lo contrario, y tan solo se comportaba así por el hecho de estar en un sitio diferente a el suyo.

Amy le conoció, y entabló una amistad casi instantánea con él cuando a este se le cayó la cartera por los pasillos de la salida del aeropuerto. Al ser los dos nuevos en ese nuevo país, Japón, no se separaron, incluso resultó que fueron a la misma residencia.

Durante el tiempo que ambos practicaban la escritura japonesa ya que a la hora de escribirlo se le complicaba la cosa, solían hablar en japonés, para adaptarse mejor, sin embargo, a Mack le hacía gracia las mordidas en la lengua que se llevaba Amy cuando balbuceaba el francés, por lo que lo hablaba muy a menudo para fastidiarla un poco y ver la cara de tonta que se le quedaba.

Sonrió involuntariamente al recordarlo, era un chico amable, hablaba con calma y era un poco lento de movimiento, pero rápido de mente. La última vez que se llamaron fue el día anterior a la muerte de toda su familia. Mack le había llamado más veces, días después de la tragedia, dos o tres días después, mas Amy estaba deprimida y no quería hablar con nadie, así que cuando le llamó por cuarta vez le dijo que no quería hablar, que estaba pasando un momento difícil y que mejor no la molestara. Mack obedeció.

¡eso es! Podía llamarle ahora, explicarle el por qué de su contestación hace unos meses y pedirle perdón.

Se levantó con un enérgico salto y corrió hacia una de sus bolsas, cogió el teléfono móvil y marcó el número de su amigo de la forma más rápida que le permitían sus dedos.

El Pi pi pi del teléfono le ponía nerviosa, ya casi no podía esperar a escuchar la voz tranquila de ese chico.

—¿si? ¿Am* eres tú?—Era sin duda la voz de Mack, y parecía contento de recibir la llamada.—¡wow! No me puedo creer que me hayas llamado, ya te echaba de menos ¿Qué te ha ocurrido en todo este tiempo? Me has tenido muuuuy preocupado.—Ahora su tono de voz era acusador, y claramente buscaba una respuesta convincente.

—Solo quería disculparme por lo que te dije hace unos meses—Dijo riendo nerviosa mientras empezaba a rizarse un mechón de la coleta.—Pero la culpa es tuya también por no llamar una semana o o cuatro días después.

—Es que pensé que sería mejor que llamaras tú, pero no lo hiciste hasta ahora...No estarás metidas en cosas raras ¿verdad?

—¡claro que no! Lo que pasó es que mi vida dio muchísimos giros.

—Entiendo... por cierto ¿Estás en Japón?

—Si, vine hace unos días ¿y tú?

—Si, aun estoy aquí, pero mañana me marcho a Canadá para ver a mi familia, por lo que me vino genial que me llamaras, así puedo invitarte a venir conmigo, estoy a tiempo de pedir otro billete más, sería divertido que conocieras a mi familia, les hablé de ti y les pareciste simpática.

—¿En serio? ¡siempre quise ver Canadá! Pero...—El estómago de Amy empezó a doler en tan solo pensar que tenía que rechazar su oferta.—Como mucho, puedo ir a despedirme, espera, igual si suplico puedo pasar este día contigo...si tengo suerte—Añadió al final de mala gana, mirando a la pared que separaba las habitaciones de L de la suya con cierto odio.

—Dicho de esa forma parece que estás atrapada en algún sitio ¿seguro que estás bien?

—Sip, perfectamente ¿Por qué no iba a estarlo?

—Bueno... en ese caso, me gustaría pasar mi último día aquí contigo, y tal vez, cuando puedas, te llevaré conmigo a Canadá.—La castaña se soltó la coleta del pelo y caminó hacia el cuarto de baño, cerrando la puerta detrás de ella. Con una sola mano sacó de uno de los cajones del mueble un cepillo para el pelo, empezó a pasárselo por la cabeza, dejando el teléfono en manos libres para seguir hablando.

Matt, fuera del baño, curioso por la charla que tenía su profesora con el extraño, apagó su consola, se acercó un poco a la puerta y escuchó.

—¿En serio? Me encantaría. Es más, quiero acabar con todo de una vez e irme contigo.

Arqueó una ceja algo confuso, por suerte el móvil estaba lo suficiente alto como para poder escuchar lo que decía la otra persona.

—¿Y por qué no lo haces? Me acuerdo cuanto tiraste los deberes de la academia al suelo y decías "a la mierda los estudios, yo me hago power ranger"

—Pero los recogí después ¿o no? Porque era mi responsabilidad, y al igual que antes, igual ahora...

—Bueno, como quieras, ¿donde estás? Te paso a recoger. Dime una hora.

—Aún tengo que suplicar.

—En ese caso llámame cuando hayas suplicado, estaré esperando.

—Voy ahora mismo. Hasta luego—Y se dispuso a colgar, pero...

—Oye—La voz de Mack se entrecortaba un poco—Realmente te eché de menos.

Y después si colgó.

Matt se alejó de la puerta y volvió a su sitio. Cuando la castaña salió del baño tenía el cabello ondulado, y una trenza gruesa que pasaba por su hombro, también sus mejillas completamente encendidas, y sus ojos centelleaban, se veía muy feliz, sonreía con tanta fuerza que incluso parecía que su boca fuera a salirle de la cara de lo mucho que la ensanchaba. Ella, cargando con toda su alegría, fue hacia la maleta y escogió un conjunto que llevar, a Matt le extrañó. Nunca antes la había visto tan centrada para escoger atuendo, sin embargo, le gustó el resultado que obtuvo la elección de ropa de su profesora. Realmente era la primera vez que la veía tan guapa, jamás había pensado que la ropa podría hacer ver tan distinta a una persona.

Britt, en vez de llevar unos pantalones largos, llevaba una falda gris suave y corta, que le daban un aire femenino y le hacen ver como una de esas niñitas de las películas de amor que necesitan ser salvadas una y otra vez. En vez de una sudadera que le quedaba como dos tallas mas grandes se había puesto un una camisa de mangas largas, un chaleco por encima, negro que le quedaba bastante bien. Sus piernas tenían por encima unas medias transparentes, para defenderla aunque sea un poco del frío. En sus pies llevaba unas botas peludas, como las de esa niña del avión.

Mello se levantó justo cuando ella estaba llamando a Watari, por un teléfono que L les dio para que avisaran a el anciano cuando tuvieran la necesidad de algo, ya sea salir fuera o comida. El niño de cabellera dorada se sentó en el sofá, al lado de su amigo, sin dejar de mirar a su profesora, algo enfadado, porque era ella la que siempre le decía que se abrigara, que fuera hacia frió, pero ahora, en pleno invierno, ella tenía la cara de salir en falda corta y con solo un chaleco para aguantar su temperatura. Vale, puede que hoy no hiciera mucho frío, pero aun así le molestaba.

—Pues voy en seguida—Dijo ella y colgó el teléfono. Se giró hacia los dos que tenía detrás—¡Buenos días!

—¿Qué demonios haces así vestida?—Le reprochó Mello—Abrígate más.

—Je ne veux pas.—Le contestó divertida echando la lengua—au revoir—y salió por la puerta, esquivando un cojín que Mello le había lanzado directamente a la cara. Al salir cerró de forma suave y estiró su pierna para llamar a pequeñas patadas a la de L. Watari le había dicho que ahora que aun no había nadie en la suite del detective podría preguntarle si podía salir a dar una vuelta.

L había puesto la condición de que únicamente podían salir con Watari vigilandolos, pero ella quería ir sola, quería estar sola con su amigo, se lo había dicho a Watari, y este, que respetaba un poco más que L la intimidad de las personas, ante las súplicas de Amy, le dijo que le preguntara a L.

Se arregló un poco el cabello y dejó de sonreír cuando L le abrió la puerta. Parecía tener mal genio, o tal vez... tal vez el ya era así. Se acarició las mangas y buscó el aire necesario para expulsar las palabras, pero antes de poder soltarlas...

—¿No tienes frío así vestida?

—¿Qué? ¿Por qué debería tener frió?—Durante unos segundos se quedó en blanco, pero después su cabeza volvió a funcionar—Ese no es el tema, verás, hoy es el último día que tengo para pasar con un viejo amigo antes de que se vaya y me preguntaba si...

—¿Si lo puedes pasar con el?—Dedujo enseguida el gran detective. Amy se relajó, suspiró y asintió con la cabeza.—No veo por que no, dale tiempo a Watari para que venga e irá cont...

—Esa es la cuestión—Le interrumpió algo cortada. Por el tono de voz que se le había quedado parecía una niña ¿Por qué su cuerpo reaccionaba así? Insegura, con la mente completamente en blanco y teniendo como prioridad en su campo de visión esos ojos grises tan oscuros, con una pupila tan dilatada como un gato para ver en la oscuridad.—Es un amigo muy especial y quiero ir sola.

—¿Tu novio?, entiendo...

—No, ¿no? ¡no! No, solo es un amigo, pero es muy importante para mí...no sé si entiendes.

—Sin vigilancia no vas a ningún lado.—Dijo sin más.—Además, estoy ocupado, y de todas formas, Watari tendrá mejores cosas que hacer que vigilar a una niña salir con un chico.

—¡¿Qué?—L intentó cerrarle la puerta en las narices, y poner punto y final a la conversación, pero ella metió su pie en medio y evitó eso.—O-oye, esto es muy importante, solo es un día, y ma-mañana al aeropuerto, no es más...¡para, que me haces daño!

—Saca tu pie.

—Abre la puerta.

—Estoy en una situación algo tensa, ¿Te importa dejarme trabajar?

—Esto también es tenso para mi.—llevó sus manos hacia el borde de la puerta y empezó a hacer fuerza. Ryuzaki se sorprendió de la energía que ella tenía, no era lo que aparentaba, desde luego que no, pero aun así esa resistencia no era nada si L usaba todo su potencial, mas prefería no usarlo para no dañar los dedos delicados de la chica, pues se ganaba la vida con ellos dando clase en la Wammy's House.—O-oye, dijiste que estabas ocupado ¡déjame ayudarte!

L dejó de hacer fuerza en seguida, la puerta se abrió de golpe, Amy calló hacia delante y L se giró para no resultar dañado, siendo al final que Britt se golpeó de morros contra el suelo. Cuando se levantó se frotó la nariz y miró con cierto odio a el pálido hombre.

—¿Qué has dicho?—Preguntó L.

—No creo que pueda hacer mucho, pero ¿Qué tal si hago los recados que quieras durante toda la semana que me quede aquí? A cambio solo tienes que darme solo dos días de libertad...aunque con un día y cuatro horas me conformo ¿Por favor?

—No creo que ayudes mucho, según he visto eres bastante torpe—Amy sonrió con amabilidad a pesar de ese comentario, sintiendo como la vena de su frente se hinchaba. Mello podía llamarle torpe, burra o incluso drogada, porque a veces, cuando dibujaba se concentraba tanto que parecía abandonar el mundo terrenal, dándole un aire de persona, como diría Matt ''que acaba de chutarse algo'', pero L no, simplemente no se lo permitía.

—...Oh por dios, tan solo déjame ir, no voy a escapar, te lo juro, ¡oh!, ya sé—Apartó su pelo del cuello, agachó un poco su camisa y llevó sus manos a la nuca, se sacó con mucho cuidado un colgante, de cadena de plata, con un medallón en forma de corazón en el medio, plateado brillante, tan limpio que seguramente lo había limpiado hace poco. Amy extendió sus manos hacia L—este es un colgante de mi madre, primero fue de mi tatarabuela, después de mi bisabuela, mi abuela, mi madre y ahora mio, te lo dejaré mientras estoy fuera, soy incapaz de separarme de él, así que mientras lo tengas tu, de alguna manera estaré atada a ti, seré incapaz de escapar.—L dudó un momento de cogerlo o no, tan solo se quedó mirando. Cuando se dio cuenta, Amy aguantaba la risa, tenía una cara realmente estúpida, con los mofletes hinchados y sos ojos entrecerrados.

—¿Qué pasa?—Preguntó él sin cambiar la expresión de su rostro.

—Esta escena sale en muchas películas bobaliconas de tortolitos—Dijo mientras reía.

—¿Y que tiene de gracioso eso?

—Que te odio.

—Eres muy sincera por lo que se ve.

—Soy incapaz de mentir desde que tengo cuatro años a no ser que sea algo importante.—Y se golpeó el pecho orgullosa.

—Pues a pesar de que me odias, estás comportándote muy diferente de las otras veces que te topaste conmigo.

—Eso era porque antes estaba confusa, no digo que ahora no lo esté, pero en estos momentos tengo más felicidad rondando por mi interior que incertidumbre.

—No, si se te nota.—Dijo a desgana.

—¿entonces? ¿puedo ir? Por favor.

—...—L se le quedó mirando. Realmente se sentían las ganas que tenía de que le diera una respuesta positiva a su petición, incluso parecía que sus pupilas se dilataron un poco, y sus mejillas se sonrojaron, preparándose para dar un pequeño llanto dramático típico de las películas o series de humor. "¿realmente es adulta?" Se preguntó Ryuzaki a sí mismo. El cuerpo de la chica apenas parecía ser superior de los veinte años, y según le había dicho Watari,su hermano mayor le llevaba un año, y tenía diecinueve cuando murió, por lo que posiblemente ella tuviera dieciocho. El aire que la envolvía irradiaba juventud y ganas de conocer.

—La respuesta es...—Volvió a insistir ella mientras imitaba el sonido de unos tambores, esa banda sonora que se usa en los momentos de tensión en algunos concursos. Ryuzaki le miró algo extrañado. El colgante bailaba en el viento al ser sacudido, y creaba un suave sonido, el de un cascabel.

—Venga, vale, pero vuelve a las siete, como muy tarde...—tenía que deshacerse de ella ya mismo para poder trabajar, el tiempo era oro, y en estos momentos Kira, el famoso asesino, podía estar cubriendo pistas que le conducieran a él, así que era vital que ella dejara de molestarle. Ryuzaki levantó de nuevo la vista y vio esos ojitos azules brillantes, reflejando todos sus sentimientos en ese iris tan claro, del color del cielo. La sonrisa de Britt cambió de golpe, reforzando la felicidad reflejada en su mirar, las piernas blancas y casi desnudas temblaron y sus brazos se extendieron por completo,saltó hacia delante y abrazó a L.

—...¿Escuchaste algo sobre el espacio personal?—Comentó L algo malhumorado, no le gustaba que la gente se acercara tanto a él, y menos una completa desconocida.

—P-perdón—Dijo separándose de él de forma rápida—Es que me emocioné—Se relajó durante unos segundos, intentando hacer que su sonrisa se esfumara, pero volvió al cabo de un rato.—En serio gracias—Le dio el colgante a L, se despidió y corrió hacia el hall del hotel mientras marcaba el teléfono de Mack. Iba dando saltitos y casi parecía que bailaba, dio varios giros antes de llegar al ascensor, y mientras que este aparato no subía se dedicó a silbar una canción y saludar a cualquier persona que pasara por su lado. Ryuzaki lanzó un suspiro, metió el colgante en su bolsillo y se adentró de nuevo en su habitación.

—Que molestia son esos cuatro—Dijo mientras se sentaba en su silla y devoraba uno de los dulces que watari le había comprado.


perdón por no haber subido nada antes, pero es que con lo exámenes, los intentos de dibujar mejor, los ataques sorpresa de Inglaterra (Hetalia) y Alois (Kuroshitsuji II) se me iba la inspiración de golpe, y si aún por ende tengo poca, que se esfume la que tengo ya es demasiado.

Sé que este capítulo está mal relatado y tal, pero como ya dije antes estoy de examenes y no pienso con claridad. Y por las faltas que seguramente tendrá pues bien... se me estropeó el autocorrector por lo que no me puedo fijar bien. Perdonar por favor esta parte tan desastrosa, lo compensaré con los siguientes.

Gracias por vuestra atención y perdón de nuevo.