SHINRAKUGUMI

CAPITULO XVIII


.


—¿Tama?, ¿Tama? —Era lo que vagamente sus oídos captaban, sabía que se encontraba a salvo, lo último que recordaba era que estaba siendo cargada por un oficial de uniforme negro después de la explosión con el cuartel.

—Kagura sama —fue lo primero que gritó al abrir sus ojos y las otras dos personas que se encontraban presentes solo la voltearon a verle sorprendidos.

—Tama, me alegro que estés bien —expresó el anciano de baja estatura, mientras se levantaba para encararla. —Me sorprendió que este joven te trajera, —señaló a la otra persona presente en el lugar.

—¿Se conocen? —ladeo un poco su cabeza, es que su movilidad estaba siendo limitada a una camilla que se encontraba en vertical y su cuerpo estaba fijo en ella con correas.

—Es el mejor inventor del país, ¿Quién no lo conocería? —Respondió —, además de que también ha trabajado para el Shinsengumi. Se supone que era un terrorista peligroso buscado, ya que fue por la cabeza del Shogun, pero de la nada su historial criminal fue borrado

—Sí, he trabajado para ellos para hacerle unas mejoras al cuartel. ¿Cómo es que ustedes se conocen? —Interrogó confuso —Se supone que tú estabas con la policía de esa niña y que aceptaban solamente mujeres, que por eso me hacían trabajar en la oscuridad de la noche.

Ambos solo desviaron la mirada y es que el pasado no era algo grato de recordar, si en él había traición y desilusión.

—Está bien no me digan. —Capto el mensaje de sus miradas —, pero este muchacho hizo bien en traerte acá, estabas algo desgastada de batería, un tiempo más y habrías perdido información. Ya repuse tus extremidades perdidas, también aproveche para incluirte unas mejoras. No te preocupes nadie vio nada de la información clasificada del Shinrakugumi, sé que eres tú quien controla todo el cuarte además de que almacenas toda la información tanto de las misiones como de sus miembros.

—Gracias por todo Gengai sama, pero ¿podría liberarme? —solicitaba amablemente la robot mientras señalaba las cosas que le restringían movilidad.

—Lo siento Tama, pero tú batería no está cien por ciento cargada, además de que acabo de hacer modificaciones a tu cuerpo debes de esperar por lo menos dos horas —respondió con tranquilidad.

—Pero debemos aprovechar el tiempo al máximo, —era la primera vez que se veía a Tama perder los estribos ya que ella siempre fue de carácter calmo, pero esto solo indicaba lo importante que eran para ella —, en el tiempo que estamos perdiendo no sabemos que le podría pasar a Kagura sama y las demás.

—Tranquilízate un poco Tama, este chico ya me puso al día con los acontecimientos, y claro que iremos a rescatar a esas chicas, pero primero ocupamos que tú estés bien, además de que él también debe descansar. Okita no lucia heridas se pero si presentaba signos de fatiga —. Ambos deben de estar bien, porque si no eso se convertiría en una misión suicida.

—Está bien Gengai sama —respondió la robot para después cerrar los ojos.

—Es raro que ella vaya en contra de lo que le ordenan, pero solo es señal de lo importante que son esas chicas para ella. ¿En realidad estas interesado en ayudarlas? No son contrincantes —cuestionaba el anciano al joven que se encontraba sentado en el suelo.

—Digamos que son importantes para mí, en especial una persona, y sé que rescatando a sus subordinados y a ella pueden compensar un poco el daño que le he hecho. Si no es mucha molestia, me gustaría descansar —exclamó mientras sacaba su antifaz rojo y se acostaba en el piso.

—Adelante, tú también lo necesitas. Me alegra que esa mocosa tenga gente en quien confiar después de la perdida de aquellos dos revoltoso —comentó con algo de nostalgia.

.

.

.

Una vez que ambos habían descansado lo suficiente, la androide estaba trabajando en una computadora para manipular mejor la información contenida en ella.

—Chico creo que será mejor que te cambies —comentaba el hombre mientras extendía para él una muda de ropa.

—¿Qué tiene de malo mi vestimenta? —cuestionaba algo sorprendido.

—Ese es el uniforme del Shinsengumi, si dices que a ustedes no los atacaron y solo fueron por las chicas, si te ven rescatándolas con ese uniforme tomaran represalias contra ellos.

—Gengai sama tiene razón, lo más recomendable sería un cambio de ropas, y esperar que no le reconozcan, después de todo usted es una figura pública.

—Está bien ya entendí, pero no tienen otra cosa que no sea ese yukata viejo y mal oliente —dijo mientras señalaba la vestimenta en tonos blancos y azules.

—De mi parte es lo único que tengo que te podría quedar. Me lo dejaron empeñado por una compostura a una motoneta pero el dueño nunca regreso.

—Creo que yo tengo unas vestimentas que son comunes de los Yato.

—¿Yato? ¿Los Yato tienen algo así como uniforme?

—No creerás que las vestimentas de Kagura sama son por algun en particular, ¿o sí?

—Con que se trataba de vestimenta típica de su clan —comento como si hubiera sido iluminado su mundo.

—Estas ropas son del hermano de Kagura, yo digo que si te quedan tienen la misma complexión, además podríamos vendarle el rostro y añadirle un paraguas, ¿cree que pueda pelear con uno en vez de una espada? —dijo Tama mientras le daba un conjunto de ropas, vendas y una sombrilla morada.

—Puede ser, pero no aseguro nada, de todas formas llevare mi espada en mi cintura —dijo mientras tomaba lo que le estaban dando y fue a cambiarse en la parte de atrás del laboratorio.

—Me sorprende que a pesar de ser un hibrido, su piel conserve su resistencia al sol —comentó cuando veía regresar al joven con las vestimentas chinas, la parte de arriba negra y los pantalones grises.

—¿Él es un hibrido? ¿Cuándo Kagura empezó a experimentar con hombres? ¿Cómo es que no sabía yo de este gran avance? —cuestionaba sorprendido.

—Lo dimos por muerto, por eso no le dijimos nada Gengai sama, además de que no es un hibrido 100%, la transferencia fue cancelada en el 93% —Lo último lo murmuro solo para que el anciano pudiera oírlo. —Señor Okita, ¿no se va a vendar la cara?

—Lo hare cuando estemos próximos, y bueno los primeros meses mi piel se ponía roja cuando salía al sol, pero después de un tiempo se fue acostumbrando, además de que un doctor del Shinsengumi me recomendó un ungüento con plantas medicinales.

—Oh ya veo, luego me lo puede enseñar.

—Aja.

—Bueno vámonos, ya tengo la ubicación de donde tienen encerradas a las chicas, solo espero que Kagura este también con ellas.

—¿Cómo conseguiste la ubicación tan rápido? —cuestionaba sorprendido.

—Todas las chicas que se han sometido a la iniciación se les coloca un chip, así como el que tú tenias, y este rastrea su ubicación y movimientos, al parecer no ha habido ninguna baja.

—Ah ya recordé —exclamó Gengai como si el conocimiento hubiera venido a él —. Hace tiempo un chico del Shinsengumi buscando un virus que te cambiaba de sexo. No me digas que fuiste tú quien lo utilizo y aprovecho colarse en el Shinrakugumi —cuestionaba con una sonrisa en sus labios —, y al momento de la hibridación el virus perdió su efecto, eso suena algo interesante que experimentar. Chico si sobrevives me gustaría hacer unos experimentos contigo.

—No —respondieron ambos.

—Solo era una petición de este anciano —dijo mientras la sonrisa de su rostro de borraba.

—Gengai sama ya nos tenemos que ir —exclamó con tristeza la androide.

—Gracias por todo viejo Gengai.

—Mucha suerte y éxito, espero que regresen con vida —los despidió con una sonrisa, en eso Tama regreso y le dio un abrazo, el cual el anciano le correspondió. —Buen viaje.

.

.

.

—¿Segura que es ahí? —cuestionaba el joven, y es que la ubicación de donde aseguraba la robot que tenían a las mujeres del Shinrakugumi era algo parecido a una fabrica, pero en la parte interna de un bosque. Dieron con ese lugar ya qué la robot traía integrado un GPS y la motocicleta que le fue dada a Sougo por Katsura era muy útil en realida.

—Segura, mis las ondas que generan los chips las ciento más fuerte ya que estamos próximos al lugar.

—¿Puedes ver cuantos enemigos hay próximos? —Ambos se encontraban ocultos en unos arbustos a una distancia segura.

—Gengai sama me integro visión de rayos x, así que sí. Y también puedo distinguir a que raza pertenecen.

—Podrías informarme a que nos enfrentamos —solicitaba amablemente.

—Al parecer hay un grupo de Yatos, unos treinta además no hay señales de que se trate del hermano de Kagura así que no hay problema. La misma cantidad hay de samuráis, y al parecer tres pertenecientes al Tendoushuu.

—Parece que no escatimaron en gastos de seguridad. ¿En qué parte del edificio se encuentran presas?

—En un sótano muy subterráneo, y al parecer también hay más Yato resguardándolas.

—¿Cuál es la mejor vía para el rescate? La mejor sería la que esté más cerca a las celdas para que así las chicas que vaya liberando me puedan ayudar con el combate. Aunque mi pregunta es ¿Por qué no han escapado? Tienen la fuerza suficiente para aniquilar un escuadrón por si solas. ¿No logras apreciar si su cuerpo contiene algún tipo de virus que restrinja su fuerza?

—Al parecer no, creo que lo único que tienen es miedo. Cuando el miedo se consume de uno nos hace actuar de manera miserable, además de que si se enteraron que su comandante y capitanas fueron retenidas, su moral como luchadoras esta por los suelos —comentaba lastimosamente Tama.

—Pues eso está a punto de cambiar —exclamó Sougo poniéndose de pie mientras se vendaba el rostro dejando descubiertos sus ojos y su nariz, oculto su espada en el paraguas que le fue dado y lo ato a su cintura —. Ocupo que te quedes atrás de mí.

—Pero yo también puedo luchar

—Sí, pero te necesito a salvo para que rescates a las chicas mientras yo estoy peleando y que su moral vuelva a subir para que tengan ánimos de luchar.

—Está bien. Hay que dirigirnos a esa parte en la construcción, con un golpe sería suficiente para romper la pared y lograr entrar. Entonces otro golpe en el piso para logra llegar al sótano, además que ese lugar es el de con menos seguridad en todo el edificio —dijo mientras señalaba una esquina del edificio, algo lejos, pero con la oscuridad de la noche no serían descubiertos.

—La idea de destruir cosas me fascina —exclamo mientras corría, con una velocidad impresionante, inclusive para Tama.

En cuestión de segundos los muros que habían sido indicados por Tama momentos atrás estaban reducidos a polvo.

Al parecer su entrada fue algo escandalosa ya que todas las unidades de seguridad se dirigieron hacia donde ellos se encontraban.

—Ve liberando la mayoría que puedas, yo me encargare de las molestias.

—Parece que nos encontramos con un conejito perdido —exclamó el que estaba hasta en frente que por sus vestimentas dejaba en claro que era un Yato.

—Yo no me he perdido, solo me vi atraído por el olor de una pelea —exclamó con una sonrisa para después abatir a los diez primeros con un solo movimiento de su paraguas.

—Vaya con que de eso es capaz un hombre hibrido, además de que él ya era conocido como el mejor espadachín antes de la iniciación —murmuro sorprendida Tama solo para ella.

—¡Tama! —exclamaron asombradas las mujeres en las celdas al percatarse que la robot rompía los barrotes que las retenían.

—No es tiempo para explicaciones, se las daré todo a su debido tiempo, quiero que unas me ayuden a liberar a las demás y otras ayuden a nuestro aliado a luchar contra quienes nos retienen aquí.

—¡Entendido!

Así fue como el grupo de mujeres fueras de las celdas fue creciendo y el número de cuerpos sin vida era proporcional.

—Eres un maldito sádico. —Fueron las últimas palabras del amanto que acababa de ser apuñalado por un paraguas morado.

—Me lo dicen siempre —respondió con una sonrisa que helaba tanto enemigos y aliados.

—Esa sonrisa, ese parasol morado y esa forma tan sádica de pelear. No cabe duda que se trata del capitán del séptimo escuadrón del Harusame, Kamui —expresó con miedo uno de los Yatos —. Dicen que si te enfrentas a él nunca saldrás con vida.

—Oh había escuchado rumores que la dirigente de la fuerza del Shinrakugumi era la hermanita de él, pero nunca pensé que le importaran tanto los vínculos familiares. —comentó un recién llegado que portaba las vestimentas típicas del Tendoushuu.

—Así que después de todo ustedes son quien están detrás de todo esto —dijo molesto Sougo, haciendo que las mujeres que le secundaban en lucha se pusieran tensas y agarraran con más fuerzas sus armas.

—Sí, estamos interesados en como lograron hibridar dos razas que son tan parecidas pero opuestas a la vez —se reía como desquiciado, ni bien había disfrutado esa risa, cuando una lluvia de kunais cayó sobre él.

—Las mujeres de por sí son de temer, ahora imagínense con entrenamiento policial —exclamaba Sougo.

—Señor Okita, me han informado las chicas que las capitanas ni la comandante se encuentran aquí, que escucharon algo que estaban en el último piso de la construcción. —Y es que ese lugar no solo contaba con sótano, también tenía cinco pisos. —Además por lo que me he percatado solo samuráis las resguardan.

—Samuráis, mi especialidad. Creo que les puedo dejar todo aquí a ustedes. —Observaba la lucha que las chicas estaban llevando a cabo y es que las chicas hibridas no tenían nada que envidiar de los Yatos puros. Ellos que solo se basaban en artes marciales y su fiel sombrilla, no eran oponentes para las mujeres que sabían hacer ataques grupales y manejar una variedad de armas. —Iré para arriba.

—Señor Okita con cuidado, iremos detrás de usted cuando hayamos terminado de limpiar aquí —respondió Tama mientras sacaba una escoba plegable y se unía a la batalla.

—Definitivamente no es buena idea hacerse enemigos de ellas.

.

.

.

El de castaños cabellos ya se encontraba en el cuarto piso y en ninguno de los anteriores hubo señas de que enemigos le aguardaran. Eso solo hizo que estuviera más alerta.

Abrió la puerta del quinto nivel y lo primero que se encontró fue a las capitanas encadenadas de pies y brazos. Lo primero que hizo para intentar liberarlas fue darle un golpe con su paraguas pero no hubo reacción, entonces se alejó un poco más y empezó a dispararles y nada.

—Los de su raza son tan predecibles, se basan en su fuerza bruta y en sus amados protectores solares que se quedan sin opciones si se les quita esas posibilidades —versó un samurái que indicaba ser el líder de los veintinueve restantes.

—Y me imagino que ustedes están especialidades en combates contra ellos —respondió Sougo mientras inspeccionaba el lugar. Pero igual que ellos, si se preparan para algo y resulta no ser así se quedan sin opciones. —Después de eso la sombrilla que tenía en su mano cayó al piso y en menos de un minuto todas las cadenas fueron rotas.

—Bastardo, es la primera vez que veo uno de los tuyos manejar una espada. —Ignoro olímpicamente a su adversario para dirigir su atención a las mujeres ahí presentes, que cuando se sintieron libres abrieron los ojos.

—¿Quién eres? —preguntaron sorprendidas.

—Un aliado, así que no se preocupen —respondió con una voz calma.

—Tenemos que terminar con ellos rápido para encontrar a su comandante lo más pronto posible —dijo mientras fijaba su mirada en sus enemigos que poco a poco los iban rodeando.

—Kagura no se encuentra aquí —murmuro la capitana de castaños cabellos.

—¿Qué?

—Se la llevaron, ella va a ser juzgada por alterar el ADN humano —gritó con desesperación la de vestimentas ninja. Después de eso todas bajaron la mirada.

—Bueno, de primera instancia no sé dónde podría encontrase esa bestia china, pero la encontraremos. Así que primero ocupamos salir de aquí.

—Hasta crees —gritó el que inició la conversación momentos atrás para después bajar una palanca próxima a él y del techo empezó a caer humo morado.

El humo era un virus especial para quitarle sus capacidades de lucha a los Yato, pero posteriormente el brazo que utilizo para accionarlo ya no lo sentía.

—Lamento informarte, pero eso solo sirve para Yatos puros o para híbridos que se dejan llevar por la fuerza que la sangre les proporciona. En cambio alguien que siempre ha sido fuerte, no depende de eso. —Después de terminar su palabrería la cabeza del líder rodo por los suelos, justo en el momento que la concentración del humo bajo, tanto que ya era posible ver otra vez.

—Jefe —gritaron preocupados los samuráis restantes.

—Ese chico tiene razón —exclamó la de rubios cabellos mientras se ponía de pie y sacaba las dos wakizashi de su estuche en su espalda.

—Tienes razón chico, es hora de luchar —gritó la del traje rosa, mientras arrancaba un palo de una estructura de madera.

—¡A la carga! —gritaron todos al unísono, para ir a pelear contra los enemigos restantes.

En menos de diez minutos todos los cuerpos de los enemigos yacían en el suelo ya sin vida.

—Tienes un buen dominio de la espada muchacho —alago la del parche en el ojo.

—Gracias.

—Me recuerdas a un enfrentamiento que tuve hace mucho, que si no fuera porque detuvieron el encuentro, hubiera perdido mi dignidad como capitana.

—Oh. —Solo respondió eso porque sabía a quién se referían.

—Sí, tu forma de pelear me recuerda a alguien, pero no logro descifrar a quien —comento mientras intentaba recordar la capitana de la fuerza monstruosa.

—Otae sama, Kyuubei sama, Ayame sama, Tsukuyo sama, me alegro que se encuentren con vida —exclamo feliz la robot mientras corría a abrazar a las chicas. —Pero ¿Y Kagura sama? —pregunto melancólica, mientras todas las mujeres le secundaban la mirada.

—No se encuentra aquí pero iremos a rescatarla —respondió el samurái vestido de Yato

—Oh con que fuiste tú quien organizo todo, Gracias Tama. —Agradeció la del kimono negro, intentando cambiar el ambiente.

—Gracias Tama —le secundaron las demás presentes y las chicas que fueron liberadas al principio, mientras le hacían una reverencia.

—Pero eso también se lo debemos al señor aquí presente —expreso mientras agarraba del brazo al joven para traerlo junto de ella —. Es gracias a su valentía y fuerza que pude llegar hasta aquí.

—¿Y quién es él Tama? —interrogó la azabaches cabellos. Y los comentarios no se hicieron esperar por parte de las subordinadas.

—Escuche que era el hermano de Kagura sama —murmuro alguien desde el fondo.

—Si yo también escuche eso —le secundo.

—¿Estas bien con revelar tu identidad? —cuestionó Tama mientras volteaba a verlo, pues el vendaje mantenía su rostro oculto.

—No le veo sentido ocultarlo, después de todo. —respondió mientras poco a poco dejaba al descubierto su cabeza. Lo primero en revelar fue su castaño cabello, luego prestaron atención a sus ojos rubís, para cuando el joven se había quitado todo el vendaje las mujeres se quedaron sin habla, era un rostro tan familiar pero distante a la vez.

—Él es el señor Okita Sougo —lo presento Tama.

—¿Okita? —cuestionaron las capitanas asombradas.

—Sí, ese es mi apellido —afirmo Sougo.

—Yo te conozco —exclamó una chica al fondo, de cabellos castaños claros. Que el rápido reconoció como la hija de Matsudairia —. Eres el vicecomandante del Shinsengumi, sueles salir con papi en la televisión.

—Si es cierto yo lo he visto —secundo otra.

—¿A qué se debe el honor que otra fuerza policial se interese en nuestro rescate? —interrogo ásperamente Tsukuyo.

—Espera Tsukuyo no lo trates tan mal —intentó calmar la de peinado de cola de caballo, mientras se posicionaba enfrente de él y lo miraba a los ojos.

—Bueno es hora de ir saliendo, que me imagino que el transporte debe de esperar por nosotros —comentó Tama, mientras empujaba a Sougo lejos del murmullo de las mujeres.

Una vez fuera de la edificación una nave ya las esperaba.

—Vamos suban, no tenemos todo el tiempo. Debemos salir de aquí antes de que el Tendoushuu se entere de que nos robamos sus conejillos de indias —expresaba un hombre de larga cabellera negra en la puerta de la nave, que poco a poco fue abordada por las mujeres que fueron rescatadas.

—¿En qué momento? —preguntó sorprendido Sougo.

—Desde que salimos del laboratorio de Gengai sama, no pensaste que nos regresaríamos caminando, ¿o sí? —respondió la robot.

—Bueno, no había pensado en el transporte en realidad.

—¿En qué piensas tanto Otae? —pregunto la de cabellos lilas.

—Siento que conozco a él de algún otro lado pero no recuerdo donde —respondió. El grupo de mujeres iba caminado en la parte de atrás de la multitud y enfrente iban sus rescatadores, Tama y aquel joven misterioso.

—Yo igual, pero no logro ubicarlo —comentó la de la cicatriz.

—Okita Sougo, Okita Sougo —repetía la del parche —, ¿Okita Souko?

Al escuchar eso, los seis se detuvieron, las capitanas, la robot y el rescatista misterioso. Este solo volteo a verlas con resignación.

—¿Souko? —le secundaron las capitanas restantes.


.


N/A: Regrese antes de lo esperado, benditos puentes (Aquí en México se le llama así cuando se junta el fin de semana con días sin clases y pues apenas mañana entro a clases :V).

Decidí dejarlo ahí para meterle misterio. ¿Qué creen que hagan las capitanas al descubrir su identidad?:O

Bueno procederé a responder los reviews :3

I love Okikagu aquí está la continuación ;3, espero la disfrutes.

AI tsukiyomi Me alegro que el Okikagu te haga gritar como fangirl, ese es el chiste de los fanfics :3, aunque en este cap brillo por su ausencia, puede que en el siguiente haya un poco más, presentado en preocupación de Sougo 7u7. Y pues ya no te preocupes por Tama, aquí se ve claramente que esta sana y salva :3

hitorikitefa8 Espero que este cap sea igual de emocionante e interesante :D, al terminar tu lectura ahí me dices que te pareció ;)

Tem Este cap está más lleno de acción que el pasado —creo—, Bueno la aparición de Zura se debe a que él es el aliado que le presto a Kagura la nave, no sé si te hayas percatado que en capitulo anteriores Kagura menciono eso, además de que la relación con él se hizo más fuerte después de la muerte de Gintoki porque en cierta forma se sentía culpable de quitarle a su "tutor", así que el teóricamente se convirtió en su aliado, por eso ya no hacia ataques terroristas xD. Y en cuanto al trasmisor, me imagino, tendré que pensar en algo, tal vez otra tipografía ahí veré para mejorar ese aspecto.

Obvio Sougo es un Tsundere que no aceptaría sus sentimientos tan abiertamente, aunque en este capítulo dice que también lo hace para compensarle un poco el daño que le hizo, se refiere a mentirle y dejarla sin vicecomandante, y sí a mí también me gusta presentar a un Sougo más serio, que se preocupa, pero que no deja de ser un sensual y sádico luchador *3*

A mí también me dolió destruir el cuartel, pero era necesario para la trama, quieren erradicarlas por ser sumamente geniales, envidia del Tendoushuu. Y pues sí los malos nunca cumplen lo que prometen, putos :v

Pues ya salvo a las capitanas, falta la misión más importante salvar a la waifu.

Saludos :3

Bueno me despido, espero hayan disfrutado la historia :3

Nos leemos luego. Anímense a comentar así conozco a quienes me leen y su opinión :D


.


GRACIAS POR LEER