Capítulo 17
Todo tiene un lado bueno
La mina del lápiz resbalaba por el papel de forma precisa, dibujando las lineas en el sitio correcto. Su mirada se mantenía fija en los trazos que realizaba, con la cabeza ligeramente agachada y con los mechones cayendo por el lado derecho de su rostro, mientras que los izquierdos se mantenían sujetos tras la oreja para no estorbar. De vez en cuando usaba sus labios como sujeción para el lápiz mientras se recolocaba el pelo detrás de la otra oreja, pero después haberlo intentado durante tres veces decidió rendirse y que dejar que cayera.
Salir al jardín para dibujar había sido al final una brillante idea, a pesar de que hiciera un poco de frío la brisa era agradable, cosa que agradeció, ya que llevaba toda una semana lloviendo como si la Tierra se fuese a inundar de nuevo. Pero lo peor era por las noches, cuando el viento soplaba con tanta fuerza que hacia aullar a los cristales de las ventanas, imitando el llanto de un espíritu. A Amy se le ponían los pelos de la nuca de punta y se despertaba cada poco rato por cualquier ruido, también, por si fuera poco, cada vez que caían los rayos se veía a través de la ventana las sombras de las ramas, como en las películas de miedo, y sin exagerar.
Ahora el sol, sin embargo, brillaba con intensidad en el cielo despejado, sin ninguna nube cerca para retener un poco de su calidez, por ello el suave caminar de viento venía con aires fríos.
Al terminar de dibujar cerró el bloc y lo dejó a su lado para poder estirarse a gusto y tumbarse en el césped verde. Al fin estaba entrando en su estación preferida, la primavera. Las flores empiezan a ponerse los vestidos de colores más bonitos y lanzan deliciosos aromas para que la gente que pase por su lado se detenga a observar su belleza que había sido retenida en invierno. Aun así, faltaba algo. Por las mañanas no había discusiones en el comedor, y las clases eran tranquilas, no había altercados y todo estaba en perfecta calma. Tanta calma que era incomoda. Ella se había acostumbrado en el tiempo que vivió en el orfanato a despertarse y ver movimiento en la sala del comedor al bajar para desayunar, también a los partidos de fútbol por la tarde, aunque no quisiera. Ahora nada de eso ocurría y los días se volvieron extremadamente aburridos, siempre era lo mismo; Levantarse, comer, trabajar, asearse y dormir. No había nada que modificase esa rutina y pensar que siempre sería así hacía que se agobiara un poco.
Sobre las dos y media de la tarde volvió a entrar en el edificio, dejó su libreta de dibujo en el escritorio de su habitación y bajó al comedor para echar una mano para poner la mesa. Las cocineras se lo agradecieron y en menos de quince minutos todas las mesas del lujoso salón estuvieron servidas, con los manteles sin ninguna arruga y cada cubierto bien situado. Después Lilliana avisó a todos los huérfanos y se sentaron obedientes en las mesas. Amy sirvió, junto con tres mujeres más, la comida, y después se apartó con un plato pequeño hacia la mesa donde estaban los demás profesores.
No solía sentarse con ellos porque Matt le invitaba a sentarse con él y Mello, pero tampoco era tan malo ir con la gente adulta. Las conversaciones son animadas, hablan de trabajo, de cuando eran niños, de como crecen sus hijos, sobrinos o nietos, y de vez en cuando sale al aire un comentario picante que provoca algunas risas, sin embargo en Amy un ligero sonrojo y una sonrisa nerviosa. El profesor de literatura, el señor Hill, es el único que carraspea para detener la conversación si se vuelve muy incomoda para que Britt pueda soportarlo y todos se callan despacio mientras ahogan las últimas risas.
—La temperatura del agua me parecía algo caliente, pero igual para la niña no lo era, así que la metí despacio y le pregunté si el agua estaba buena ¿Saben que hizo? ¡Dio un sorbo!—Contó divertida la cocinera jefe sobre su hija pequeña, cuando todos los niños se hubieron marchado, a los profesores que se quedaron a echarle una mano a recoger—Y mi marido va y dice "Igual está un poco sosa ¿no, cariño?"
—Pues ayer mi nieto vino corriendo hacia mi y me dijo todo emocionado "abu, abu, ya soy un hombre, ¡Mate una mosca yo solito!" Mi hija y yo estuvimos riéndonos toda la tarde—Comentó contento el profesor de literatura.—¿Tiene usted una anécdota divertida, señorita Britt?
—Bueno—Comenzó a decir ella, mientras continuaba barriendo las migas del suelo de pan—No sé si es divertida, pero cuando mi hermano y yo eramos pequeños mi padre nos preguntó que queríamos ser de mayores. Yo emocionada dije que pintora y Taylor levantó la mano rápido como el rayo "¡Y yo pintoro!".
Unas débiles risillas se hicieron oír cuando la vieron representar a su hermano. Tenía las dos rodillas juntas, con una mano sujetaba la escoba y el otro brazo estaba extendido en el aire, con los cinco dedos separados los uno de los otros y en su rostro una sonrisa entusiasta, con sus orbes azules iluminados. Volvió a su postura normal y siguió barriendo mientras las historias salían cada vez más divertidas que las anteriores.
—Amy, cielo—La llamó Lilliana, que había entrado sigilosa como una sombra al comedor, algunos de los que estaban ayudando se giraron para ver quien era, pero después continuaron limpiando—Roger quiere verte.
—¿Es grave?—Murmuró algo asustada. Cuando volvió, el anciano Roger Ruvie le riñó durante bastante tiempo e incluso dijo que su negligencia en cualquier otro lugar podría haberle costado el trabajo, de hecho, debía de haberla echado en el momento en el que volvió por haber arriesgado así a los sucesores, pero poco a poco se fue calmando y le dio una última oportunidad. Habían pasado ya algunos meses de eso, pero no quería estar con él, se sentía incomoda.
—No, tranquila—La tranquilizó con una sonrisa mientras se alisaba despacio la falda que le llegaba a las rodillas.—Será solo un momento.
Dejó la escoba apoyada en la pared y acompañada por la mujer fue caminando hacia el despacho del director. Sus ojos se paraban en los cuadros de los pasillos y en el cielo que se veía a través de las ventanas abiertas. Cuando llegaron petó a la puerta y entró despacio. Pensó que Lilliana se iría, pero entró también y cerró la puerta antes de colocarse al lado de la muchacha.
Roger estaba sentado en la silla, ligeramente encorvado y leyendo unos papeles. Las ventanas tenían las cortinas echadas, pero al ser blancas dejaban pasar una tenue luz, al cabo de un rato dejó los documentos en la mesa y las invitó a sentarse. Le obedecieron.
Amy apretó nerviosa su camisa y la retorció disimuladamente entre sus dedos, mientras se centraba en un punto invisible al lado de la ventana, esperando a que el anciano rompiera el silencio.
—Señorita Britt—Dijo al fin. Ella se puso recta de golpe, lo que provocó que su espalda chocara violentamente contra el respaldo de la silla. Aguantó el dolor mordiéndose ligeramente el labio por dentro.—La señora Cullen, Lilliana, como la conoce, ha sido elegida para realizar un trabajo de gran importancia.—Sus ojos grises se levantaron por encima de sus gafas redondas. Su expresión era neutral—Pero cree que no será capaz de realizarlo sola. Me ha pedido que la deje elegir un ayudante y la ha escogido a usted. Mi confianza en usted no está restaurada, pero la señora me asegura que no tengo de que preocuparme, así que he decido poner un poco de mi parte. Irá con ella, pero esta vez ha de comportarse. No se preocupe por su empleo, tenemos alguien que la remplazará mientras no esté aquí—Se levantó de la silla y llevó sus brazos a la espalda.
—¿Qué trabajo de gran importancia es con el que debo ayudar?—Preguntó con una voz tan débil y baja que pareció que solo salía aire de entre sus labios.
—Es una sustitución. Salen mañana temprano, por favor prepárese y haga que me sienta orgulloso de que sea un miembro de nuestro orfanato—Dicho esto les indicó que podían irse. Amy quería preguntar más, ya que prácticamente no le ha dicho nada, pero Lilliana la agarró con cuidado del brazo y la llevó hacia fuera.
—Mete la mayor parte de tu ropa en una maleta—Le apartó un mechón que caía entre sus dos ojos y lo colocó tras su oreja, un gesto muy maternal al que Amy se había acostumbrado.
—¿Pero a donde vamos? ¿De qué sustitución se trata? No tengo ni idea de lo que hay que hacer, solo de que me marcho a no sé donde—Protestó de forma calmada y educada.
—Por ahora eso es lo único que necesitas saber—Se despidió y se puso en marcha por los pasillos. Sabía que era tontería perseguirla y suplicarle una y otra vez a que le contara que pasaba, pues no se lo diría, así que un poco malhumorada por tanto secretismo fue a su habitación, sacó una maleta grande de debajo de la cama y la abrió encima de esta. Ahora mismo no le apetecía buscar nada de ropa y seleccionarla, aun así lo hizo. Le gustaría negarse a esa sustitución, pero quizás si lo hacía perdería su empleo, y como no pudo terminar sus estudios en la universidad debido al accidente del incendio, tendría que buscar un trabajo nuevo en el posiblemente no se sienta a gusto y vender uno de sus riñones y pulmones para poder pagar una casa.
Lanzó un suspiro que demostraba lo molesta que estaba y continuo llenando la maleta.
Sobre las ocho y media ya estaban ambas en el avión, sentadas y cada una a lo suyo. Amy miraba por la ventana con la cabeza apoyada en su mano, y Lilliana permanecía al igual que siempre con la espalda perfectamente recta y las manos descansando en su regazo. Tenía los ojos cerrados y una sonrisa cálida. Muchas veces se preguntaba en que pensaba para mantener siempre la misma expresión, pero nunca se atrevía a preguntarle, sería ser demasiado cotilla.
No hubo problemas con el despegue y como las nubes no habían decidido volver el vuelo fue tranquilo. El tiempo pasaba muy lento, tan lento que casi parecía que los segundos se detenían y se negaban a avanzar.
—¿Y adonde vamos?—Volvió a preguntar, ya que se había quedado dormida mientras esperaban y no escuchó ni vio a donde iban.
—Lo sabrás dentro de poco, no tengas prisa y relájate.—Con su voz dulce puso punto final a la conversación.
Apoyó su cabeza en el respaldo del asiento y cerró los ojos. Si no le iba a decir nada más era tontería intentar mantener los ojos abiertos para mirar el paisaje que iban dejando atrás.
Lilliana, cuando vio que la castaña se quedó dormida se sacó despacio el abrigo y la tapó con cuidado con él.
El avión aterrizó cuando el manto negro de la noche daba sus primeras pinceladas en el cielo, oscureciéndolo cada vez más. Bajaron rápido, recogieron las maletas y se encaminaron. Bien, por lo menos ya sabía en donde estaban, en Japón, ahora lo que ocurría era que tenía una intuición demasiado fuerte que cuando la seguía le llevaba a una idea que era mejor desechar. Lilliana seguía caminando, sujetaba la maleta con sus dos manos y caminaba con tranquilidad. Ella sin embargo sujetaba la suya con una mano y miraba al cuello de la mujer con una mueca de preocupación. Quizás todo eran imaginaciones suyas, no podían venir aquí para algo que tenga que ver con eso ¿No?. Aceleró un poco más el paso al darse cuenta de que se estaba quedando atrás.
Fueron hacia un hotel que estaba bastante lejos, no cogieron ningún taxi, así que cuando llegaron al hall, Amy se sentó en uno de los cómodos sillones de espera y se acarició los gemelos de forma disimulada por encima de la ropa, también lanzó algunos bostezos antes de que Lilliana volviera y le indicase que tenían que subir arriba. Se levantó y miró bien el hotel por dentro antes de subir al ascensor. Tenía aspecto de ser bastante caro, así que sus suposiciones se hicieron más grandes y se moldearon en forma de una respuesta. Una respuesta que le producía dolor de estómago y pesadez de hombros.
Cuando el ascensor de detuvo, dos plantas antes de llegar a la más alta, salieron rápido y fueron hacia la habitación ciento cuarenta y dos. La mujer llamó a la puerta mientras que Amy se movía sobre sus pies con nerviosismo. Les abrió un hombre de edad avanzada, con un traje elegante. Era Watari, pero parecía diferente. Sus ojos estaban hinchados, su nariz roja y de vez en cuando temblaba. Cuando intentó saludarlas en vez de una palabra salió un potente estornudo seguido de varios tosidos. Estaba enfermo, posiblemente de catarro o gripe. ¿Era esta la sustitución?.
—No parece que haya mejorado, señor—Lilliana le tomó la temperatura de la frente con la mano—Tiene fiebre ¿Como es que está de pie en este estado?—Watari se sonó con un pañuelo de bolsillo.
—Ryûzaki está ocupado revisando unos datos y no quería que se molestara.—Sus "m" se torcían y daban la sensación de que estuviese pronunciando una "b". Se echó a un lado para dejarlas pasar.
—Bueno, ahora túmbese en la cama y relájese, que estas señoritas se van a encargar de que todo marche sobre ruedas—Y se apartó para que viera a Amy, que dio un ligero respingo y sintió ganas de esconderse detrás de una lámpara.
—La señorita Britt, me acuerdo de ella—Y dio una ligera sonrisa que hizo que la chica se calmara. Después volvió a mirar a Lilliana—¿Seguro que podréis con todo?
—Si. No se preocupe.—Se viró hacia Amy—Siéntate en ese sillón, voy a hablar con Watari para que me ponga al día.
Asintió despacio y obedeció. Durante unos minutos estuvo sentada mirando hacia la alfombra. En su cabeza solo había una pregunta ¿Donde están los niños? Era por ahora lo primero que quería saber. Ya le daba igual que tendría que hacer para sustituir a Watari, solo quería saber si estaban bien.
Esta suite era enorme, nunca antes había visto alguna igual. Tenía dos plantas y enormes ventanas, sin embargo estaban todas las persianas echadas y la luz era la artificial de las lamparas del techo. Los colores que más abundaban eran el negro y blanco. Las escaleras tenían un pasamanos muy brillante y seguramente frío. El sillón en el que estaba sentada era de cuero negro y estaba pegado a la pared, al lado de una estantería y una pequeña lampara de pie. Los libros que descansaban en los bloques de la estantería parecían antiguos y todos eran bastante gruesos. Estiró su brazo y cogió uno de ellos. Lo depositó suavemente en su regazo y acarició la portada con cuidado, como si tuviera miedo de romperlo. Era de tapa dura, con el aspecto que tenían los de antaño, de color marrón oscuro y con lineas plateadas ligeramente ennegrecidas que dibujaban un dragón delgado, con las alas abiertas, retorcido de tal modo que daba la sensación de intentar igualar la forma de la letra "S". No había titulo, así que quizás la forma del dragón fuera el título. Acarició las esquinas del documento y dudó un momento antes de abrirlo, pero no le dio tiempo, Lilliana posó su mano fina en el hombro de la muchacha para llamarle la atención.
—Ya tengo todo lo que tenemos que hacer, por ahora no es mucho, así que puedo hacerlo sola.
—No, quiero ayudarte—Dijo mientras dejaba el libro de donde lo había cogido.—¿Qué puedo hacer?
—Bueno, pues por ahora solo recoge los envases de dulces de arriba y yo voy a preparar unos papeles.
—Claro—Se levantó despacio y caminó hacia la escalera.
—Si están dormidos, procura no despertarlos ¿si?
—¿A quienes?
—A todos.
Subió al piso de arriba y se asomó a una de las puertas despacio, era una habitación de una cama matrimonial con varios ordenadores, cables unos al lado de otros sin liarse y varios papeles en el suelo, alguno de ellos como Lilliana había dicho eran de dulces, pero otros eran informes que seguramente ya no sirvieran para nada, aun así optó por recoger solo la basura y no esos folios por si metía la pata. Se acercó un poco a la puerta que había en el fondo del cuarto para buscar algo en lo que meter la basura y vio que entre las sabanas de la cama asomaba una cabeza de rostro pálido. Unos mechones rubios se arrastraban por el colchón como serpientes doradas. Sonrió al verlo y sintió que quizás estar aquí no fuese tan malo. El niño estaba profundamente domirdo, así que le tapó mejor con la manta, ya que de tanto moverse la había arrastrado hacia el lado izquierdo y se alejó para seguir con lo que tenía que hacer.
Buaaaaah, Cuanto tiempo ¿no?
Siento no haber actualizado antes, pero tuve un montonazo de problemas con los que obviamente no había contado:
* Recuperación en Septiembre.
* Problemas con las notas. (se me dan mal las ciencias y he sido tan lista que me he metido por ellas...¡Viva mi inteligencia, si señor wiiii~!)
* Muerte de un familiar.
* Un niño que no me cae demasiado bien se viene a vivir a mi casa.
* Semana de exámenes.
* Falta de inspiración.
Pero he conseguido superar todo eso y subir un nuevo capítulo. (Aunque me de la sensación de que es solo relleno...) Y no os preocupéis (los que me leen y les gusta este fic, obviamente) que no me olvido de que tengo esta historia aquí, esperando a que se termine. Quizás tarde en actualizar, pero juro por dios que no me moriré sin acabar este fic. (Melodramatic power!)
Así que de nuevo, siento haberme retrasado tanto (por cuatro meses, aproximado muy aproximado, no hace un año...)
¡Un beso muy grande a todos por tener tanta paciencia! w
PD: No tengo mucho tiempo para escribir, así que no me dio tiempo a revisar, si el fic tiene algunos fallos no se preocupen, voy a revisarlo el martes para eliminar los ultimos fallos.
