Capítulo 18

Chispita

Amy miró hastiada el paisaje que se alzaba a través de la ventana. El invierno empezaba a remitir en su avance y la primavera, a hacer tímidas apariciones. Aún continuaba la temperatura baja, pero poco a poco iba subiendo.

Llevaba ya un tiempo en Japón, colaborando en tareas pequeñas con el grupo de investigación, el suficiente para adaptarse a su nuevo trabajo. Watari seguía enfermo, incluso más grave. Gripe mezclado con la edad y el estrés, decía Lilliana, para tranquilizar a la muchacha cuando preguntaba. También se lo decía a L, cuando lo veía con la mirada perdida en el salva-pantallas del ordenador, y siempre sorprendía a Amy ver como a L se le iluminaban ligeramente esos grandes luceros oscuros de su cara.

El anciano se encontraba ahora en Londres, muy lejos de Kantō, de Japón, de Kira… y allí se quedaría hasta que se recuperase por completo, cosa, que parecía llevar bastante tiempo.

El trabajo de Amy consistía en recoger los dulces de la tienda, encargarse de organizar las mudanzas de hotel a hotel y vigilar a los niños por la noche, cuidando siempre de que no se enteren de su presencia. Y así lo hizo, todo con una seriedad y una eficiencia impropia de ella. Si fallo, los niños podrían resultar heridos se decía siempre que trabajaba. No se preocupaba tanto por L ni el grupo—porque eran adultos— aunque obviamente los admiraba. En especial a Soichiro. No hablaba mucho con él, porque le intimidaba ese porte tan firme y robusto que tenía a pesar de la edad, pero cada vez que lo escuchaba hablar, quedaba prendida de sus palabras, de su ideal de justicia. Le parecía un hombre bueno, así que siempre estaba pendiente de que no le faltase nada. Del resto no tenía mucho que decir, solo congeniaba con uno que era más o menos de su edad y con el que compartía algún que otro comentario. Con los demás, solo meras formalidades, aunque en ocasiones se permitía el lujo de dejar caer alguna broma para animarlos cuando los veía algo decaídos.

Lilliana entró en la habitación de la joven y al verla todavía en pijama arrugó un poco su frente.

—Amy Britt, ¿Son estas horas de andar todavía con esa ropa?—Amy se giró al oírla y con cansancio se frotó los ojos.

—No, lo siento, se me pasó la hora.— Se fue a su cuarto y se cambió enseguida. Aunque no fuese a trabajar, a Lilliana no le gustaba que estuviese tan desaliñada y aunque Amy no comprendía el por qué, dado que nadie la iba a ver en ese estado, obedecía siempre sus órdenes. Cuando la mujer la vio vestida, asintió contenta y le recolocó la camisa.

—Ahora estás mucho mejor, donde va a parar.—La muchacha sonrió. A veces le recordaba mucho a su madre.—Por cierto ¿Podrías cambiarme la guardia? La espalda me está tirando mucho…

—Así que tu empeño en que me vista cuando estoy en mi habitación es por si algún día te viene bien hacer un cambio ¿eh?—Dijo sonriendo divertida. Lilliana correspondió su sonrisa con otra y asintió.—¿Pero los niños están allí?

—No, no. Están en otra habitación. Solo están L y Matsuda.

—Oh, bien.—Estiró su cuerpo un poco, para despertarlo y se recolocó bien el pelo y se fue a la suite de al lado. El pasillo era de parqué oscuro con una gran alfombra granate por encima, que en su humilde opinión, quedaba fatal. Pero bueno, el hotel era un hotel para ricos, ¿Qué iba a saber ella de un hotel de ricos si formaba parte de la plebe?

Dentro de la suite de L todo estaba desordenado, a pesar de haberlo recogido la noche pasada. Al principio eso le molestaba de sobremanera, pero luego fue acostumbrándose. Decirle algo a L sobre el orden era como hablarle a una pared, no solo inútil, si no que al terminar, te dabas cuenta de que estabas loca por haberlo intentado. Matsuda se giró al escuchar que alguien acababa de entrar.

—Ah, eres tú, Sparklet—Amy soltó una sonrisa forzada. L había dicho que ya que se quedaban, sería necesario que tuviesen un nombre falso. No estaba dispuesto a que nadie de la Wammy's House muriese, por muy pequeña que fuese su labor, así que era primordial alejarlas del alcance de Kira tanto como fuese necesario mientras trabajaban. A Lilliana le llamó Fawn, cervatillo en inglés, debido la fragilidad que aparentaba, pero la elegancia con la que se movía y realizaba sus acciones. Amy hubiese preferido escoger ella su nombre falso, pero L no le dejó y la bautizó como "Chispita". No le explicó el motivo y le dijo que no podría cambiárselo. Ni siquiera le dio tiempo, la presentó así al resto del grupo y como veía tonto discutir por algo como eso, se dejó llamar Sparklet…por muy poco que le gustase.

—Buenos días—Saludó.—¿Has dormido esta noche, Matsuda?

—No, no.—Negó—He estado ayudando a L.

—Maravilloso, a ver si pronto se resuelve todo esto…—Suspiró y miró por la ventana—Sigue haciendo frío ¿no?

—Un poco, si—Sonrió Matsuda—Pero van a bajar dentro de poco. Ya sabes, estamos entrando en primavera.—La muchacha asintió. Lo estaba deseando, no le gustaba nada el frío.

—Bueno, ¿Necesitáis algo?

—Que vayas a entregar unos documentos—Dijo L. Amy tiritó. La sola idea de salir fuera con el frío que hacía tuviese mucho sueño, pero obviamente, no podría negarse. Así que asintió y se acercó a L. Él la miró fijamente sin moverse.

—¿Y los documentos que tengo que entregar?—Dijo ella, confusa, tras unos minutos de silencio analizándose mutuamente. L meneó la cabeza y cogió una especie de envase marrón claro, para sorpresa de Amy, con los papeles ordenados en su interior. Se lo dio y ella miró la etiqueta del envoltorio, que decía para quien estaba dirigido. Al leerlo, no pudo evitar sorprenderse.

—¿Quién va a la universidad?—Miró a L con incredulidad.

—Sospecho que Kira puede estar en esa universidad—Dijo, simple y llanamente el gran detective. Amy sintió que el corazón dentro de su pecho se le cerraba por la preocupación.

—¿Y…qué? ¿Quién va a ir allí? Es una locura, si Kira está allí es peligrosísimo—No quería pensar en lo que podría ocurrirle al que tuviese que ir.

—Voy a ir yo y no va a pasar nada—Miró a la muchacha, pensando que quizás simplemente le preocupaba que fuese uno de los niños quien tuviese que hacerlo, sin embargo, le sorprendió que la extraña mueca de desolación en su cara al conocer la noticia no se hubiese convertido en una de alivio. Daba la sensación de que la muchacha había visto un fantasma.—No va a pasar nada—Repitió, confundido, creyendo que así quizás se le relajaría la expresión. Pero no fue así.

—Iré a entregar esto.—Amy se alejó de la silla en la que L se encontraba sentado con su peculiar postura, sintiendo como el corazón le latía muy despacio, de forma pesada y acompañado de una ligera molestia. Carraspeó, no entendiendo todavía como podía sentir tanta pesadez sobre sus hombros y miró a Matsuda con una sonrisa cansada al ver que le miraba con la misma preocupación con la que ella había mirado a L.—No tardaré en volver—Añadió antes de salir por la puerta.


L aún seguía sólo en la habitación. Como hacía ya tiempo que habían retirado las cámaras de las casas de los sospechosos, tampoco era necesario que se quedasen allí, pero sí que les aconsejó que se quedaran en la comisaría, al menos uno, por si ocurría algo. Aunque desde luego, no era probable. Fue por eso que se sorprendió cuando se abrió la puerta de su suite, porque estaba solo y nadie debía haberla abierto.

—Siento molestarte—Dijo una vocecilla suave, la de una joven. Él la reconoció enseguida, era la de Amy, no la de Lilliana.—Acerté, no estás dormido—Dijo después de un rato, antes de carraspear.

—¿Qué haces aquí?

—Es solo qué… ¿De verdad vas a ir a la universidad?—La chica ya había cerrado la puerta y se había sentado con cuidado en uno de los sillones. Estaba vestida con ropa de trabajo, informal y algo despeinada, por lo que seguramente ya había terminado de organizar la siguiente mudanza, o quizás, se estaba tomando un pequeño rato libre para despejar la cabeza. Lo más probable sería lo primero. L se giró hacia ella.

—Sí, para asegurarme de una cosa.

—Vi que Light Yagami estaba en la lista de los estudiantes que se presentan al examen—Murmuró ella. L la miró fijamente y mordió la uña de su dedo gordo. Luego se levantó de la silla y quedó de pie, encorvado, sin acercarse demasiado. No le pareció normal esa observación, no al menos en Amy, mujer a la que tenía por despistada en este tipo de asuntos. Luego recordó el gran empeño que derrochó estos últimos meses en su labor y llegó a la conclusión de que no era tan extraño.—Sigues sin creerte que sea inocente ¿verdad?—L asintió, sin decir aún ninguna palabra.

La habitación quedó en silencio durante unos minutos, en los que ambos se analizaron. Amy llevaba un jersey de lana blanco, de aspecto cálido y de cuello alto. Un pantalón vaquero, azul y pitillo, que se le ajustaba al cuerpo, combinado con unas botas marrones que no eran demasiado elegantes. Su extenso cabello castaño, del color del chocolate derretido y con el mismo brillo y aroma, estaba completamente recogido en un moño de bailarina, aunque algunos mechones se escapaban de la goma y bailaban alrededor de su sien. L, como siempre, su camisa blanca y sus pantalones vaqueros. Su pelo negro, completamente despeinado le tapaba ligeramente el ojo derecho, pero no se lo apartaba puesto que no le molestaba demasiado.

Por alguna extraña razón, Amy es incapaz de apartar sus ojos de los de L, tan oscuros e imponentes. No era la primera vez que le pasaba, pero si la primera que lo dejaba estar y no se esforzaba por apartar la mirada. A pesar de querer negarlo, era consciente de que estaba preocupada por el destino de L, ya no solo por cómo podría afectar a sus pequeños sucesores, sino por él. Solo de pensar que quizás por un mero descuido Kira sea capaz de matarlo hace que de nuevo el corazón, dentro de su pecho, palpite dolorosamente.

Meses antes no le hubiese importado, ahora sin embargo, después de haber entablado algunas conversaciones, tal vez le había cogido un poco de cariño. Solo un poco.

La muchacha se levantó despacio del mullido asiento y fue hacia la salida. Abrió la puerta y se preparó para salir.

—Por favor, ten mucho cuidado…—Dijo antes de abandonar la sala. L volvió a estar solo, pero no le importaría nada que la chica se hubiese quedado un poco más. El silencio, con ella, le resultaba extrañamente cómodo, a diferencia de los meses anteriores.

Hablando con Amy y observándola, vio que era una pequeña luz, capaz de apartar la oscuridad del caso de Kira de los miembros que formaban la investigación contra él con algunas bromas sutiles, con pequeños comentarios absurdos que maldicen a Kira cuando se piensa que nadie la está escuchando, con la atención y mimo con la que se ocupa de que tengan todo en orden…Aunque al principio no lo pareciese, Amy Britt se había convertido en la chispita de esperanza y ánimo que evitaba que sucumbiesen al cansancio y a la desesperación por la falta de pruebas y posibilidades.

Quien iba a pensar que terminaría por cogerle…cariño.


¿Me odiáis por tardar tanto? Yo también me odio por eso.

Siento mucho haceros esperar así. La inspiración se va por la ventana cuando llegan los estudios...Pero como ya dije anteriormente no pienso dejar esta historia sin terminar. Ahora que empiezo a controlar un poco más los horarios de estudios tengo varios proyectos en mente. Igual subo otro fic distinto pronto.

Espero que me perdonéis por esta enooorme tardanza, procuraré que no pase lo mismo con el siguiente capítulo.

¡Besazos!