¡Hola de nuevo! Tengo unos cuantos capítulos ya escritos, así que no tardaré mucho en ir actualizando, cada dos días o así. Espero poder publicar al menos un capítulo a la semana cuando me quede sin capítulos escritos, seguramente será el domingo, pero ya veré a ver cómo se me da.

Vampire Academy no me pertenece.

Capítulo 2

Comprobé de nuevo que Lissa estaba despierta, me había estado esperando. Me dirigí casi corriendo a su edificio y, con cuidado de que no me viese el moroi que vigilaba la entrada a su residencia, me colé por los pasillos hasta llegar a su habitación. Ni siquiera me molesté en llamar a la puerta, sabía que estaba esperándome sentada en la cama, mientras jugaba con una de las pulseras que le colgaban de la muñeca en señal de nerviosismo.

- Rose - cerré la puerta detrás de mí al tiempo que le dedicaba una débil sonrisa- ¿Qué ha pasado? Tienes cara de haber visto un fantasma- la miré con furia-. Lo siento, quizás no ha sido una buena elección de palabras...- noté su miedo través del vínculo- ¿No te habrá vuelto a pasar, no?

Ay, Lissa... Si tú supieras.

- No tiene nada que ver con eso, tiene que ver con que la zorra de Kirova pretende seguir haciéndole estúpidas pruebas e interrogatorios a Dimitri. Y encima esta vez también va a participar nuestra querida clase real.

No me había dado cuenta de lo enfadada que estaba con todo esto hasta que las palabras salieron de mi boca. No era justo, Dimitri era inocente, no tenía ni idea de lo que le había pasado y mucho menos iba a poder ayudar a sacar información acerca de este nuevo poder del espíritu porque él solo podía describir cómo su condición había cambiado. Nada de magia, ni de hechizos, ni de cosas de esas raras que hacen los moroi. No sabía nada.

- Pero…- Lissa sonó cauta. Estaba tan disgustada como yo, pero también percibí que le preocupaba que fuesen a usarla a ella como conejillo de indias en este nuevo tipo de poder- ¿Por qué no hablas con Oksana? Quizás ella podría venir y ayudar… quiero decir, a entender lo que ha pasado. Dimitri no va a poder revelar demasiada información, y de todas maneras tampoco creo que sea bueno para él seguir reviviendo esos recuerdos… ¿Tú no sabes nada?

Gruñí.

- Lissa, ya te lo he dicho, lo único que sé es que esa mujer le puso las manos encima a la estaca, entró en trance como cinco segundos y después me dijo que si atravesaba con eso a un strogoi volvería a su condición anterior- estaba portándome como una verdadera perra con Lissa, pero después de la casi conversación que había mantenido con Dimitri apenas unos minutos antes y todo el estrés acumulado por la situación, no podía evitar que mis palabras sonasen tan punzantes.- Ni siquiera sabía que fuese a funcionar, yo fui a Rusia con intención de matarlo, me aferré con fuerza a esa opción sabiendo que si no funcionaba lo terminaría asesinando. No es que me diese por preguntar demasiado cuando estaba a punto de quitarle la no- vida al hombre al que amo.

Lissa me miró con compasión. Podía sentir a través del vínculo que estaba de acuerdo conmigo, pero quería preguntarme otras cosas más… personales. Simplemente se estaba conteniendo porque pensaba que no era un buen momento.

- Dispara- le dije.

- ¿Cómo?

- Oh, vamos, Liss. Sé lo que estas pensando, estás deseando acribillarme a preguntas sobre qué ha pasado entre Dimitri y yo estos días. Te lo resumiré en una palabra: nada. No ha pasado nada. Ni antes, ni después. Nada. Parece ser que me evita…- me callé, en realidad no me había estado evitando, había intentado hablar esa noche pero yo me había negado. Me sentí estúpida.

Si había algo de lo que no me apetecía hablar ahora era de mi inexistente vida amorosa. Pero sabía que Lissa estaba todavía dolida por haberle ocultado mis sentimientos por Dimitri durante tanto tiempo, así que me abrí, sorprendida de lo bien que me sentó contarle a alguien todo lo que me había estado atormentando estos días.

Le hablé acerca de la conversación que Dimitri había intentado mantener conmigo unos minutos antes, de cómo Adrian me había dejado de dirigir la palabra cuando, a pesar de haberle dicho que le daría una oportunidad al volver, había vuelto colgada del brazo de mi guardián favorito y sin ninguna intención de tener algo romántico con él. De cómo me sentía cuando recordaba todos los horrores que Dimitri me había hecho pasar durante mi secuestro, los mordiscos, las palabras frías, la confusión porque parecía él y al a vez no.

Al final, terminé llorando, tumbada en la cama apoyada en las piernas de Lissa, mientras me acariciaba el pelo y me deja desahogarme. Qué irónico. ¿Quién diría que era yo la que en unos meses se ocuparía de ella?

- Deberías hablar con él- sentenció.

- ¿Cómo? ¿Es que no has escuchado nada de lo que te he dicho?- me incorporé y me limpie las lágrimas con el puño de la sudadera.- No quiero que me rechace, Liss, no podría soportarlo. No he pasado lo que he pasado por él para que, ahora que por fin lo he recuperado aún pensando que lo había perdido para siempre, volvamos a la situación en la que estábamos antes del ataque strigoi. No podría soportarlo. El perderlo por segunda vez.

- A lo mejor no lo pierdes- dijo con calma.- A lo mejor solo ha estaba un poco distante por miedo, porque puede pensar que después de todo lo que ha pasado tú ya no estás interesada en él. Es posible que simplemente esté asustado y tenga el mismo miedo al rechazo que tienes tú. Y después de haberle cortado así esta noche… no creo que tenga muchas esperanzas en que las cosas entre vosotros dos puedan funcionar.

Me quedé helada. ¿Dimitri sintiendo miedo? ¿Pero era posible algo así? Al recapacitar las palabras que me había dicho Lissa me di cuenta de que era posible que tuviese razón, pero… Seguía sin cuadrarme la imagen de un Dimitri asustado. Y mucho menos por que lo rechazase, mis sentimientos por él estaban más que claros.

- No lo sé, Liss, es algo en lo que no quiero pensar por el momento. Sé que debería hablar con él, pero me asusta. Encima tenemos que aguantar todo ese rollo de la estaca encanta por el espíritu y el poder que tiene en manos de una bendecida por la sombra como yo. No creo que sea el mejor momento para solucionar problemas de tipo amoroso con Dimitri, no con todo lo que se nos viene encima. Todavía no terminan de creerse que me fui a matar strigoi a lo suicida y que, por casualidad, me encontré con él y lo traje de vuelta. Creen que hay algo más.

- Obviamente esa historia no se sostiene por ninguna parte, pero mientras no sospechen de la implicación amorosa entre vosotros, creo que no se preocuparán demasiado por esa parte. Y más teniendo en cuenta que tú hiciste un par de amigos dhampir dispuestos a ayudarte en tu misión de matanza a la no- muerte.

Me reí ante aquello. Sí, había hecho algunos amigos durante mi viaje. Bien me valdrían para secundar mi coartada… A no ser que hablasen de los interrogatorios a los que habíamos sometido a los strigoi preguntando por Dimitri. Definitivamente tendría que hablar con ellos para que mantuviesen esa parte de la historia oculta, por si acaso a alguien se le ocurría preguntar alguna vez.

Lissa bostezó. Miré el reloj y me asombré al darme cuenta de que llevábamos hablando más de dos horas.

- Tengo que irme, Lissa. Si ya es difícil colarse tras el toque de queda, imagínate dos horas después del toque de queda. Nos vemos mañana en el desayuno.

Me dio un pequeño abrazo y salí a hurtadillas de su dormitorio.

No sé si se debía a mis inmejorables cualidades para saltarme las normas sin que me pillasen o a que aquella noche había poca seguridad, pero conseguí llegar a mi dormitorio en un tiempo record sin que ningún guardián se percatase de mi presencia. O eso pensaba.

Cerré la puerta de mi habitación con una sonrisa triunfal, la cual se me borró por completo cuando vi que no estaba sola. Había alguien más en mi cuarto. Alguien a quien jamás se me hubiese ocurrido encontrar allí, y menos a esas horas de la noche.

- Veo que tus dotes para eludir las normas siguen siendo igual de fascinantes a pesar de haber estado dos meses fuera.

Sonreí tímidamente.

- Hey, camarada. ¿Qué diablos haces aquí?