¡Hola! He de decir que me cuesta terriblemente definir los sentimientos de Dimitri, siempre tan serio, y mucho más desde el punto de vista de Rose. Desde que empecé la saga me quedé con ganas de ver algún momento en el que Dimitri perdiese el control y se dejase llevar, aunque lo que le caracteriza es esa seriedad suya, hubiese estado bien que en algún momento se soltase la melena. Eso es lo que he intentado hacer en este capítulo, espero que os guste.

Vampire Academy no me pertenece.

Capítulo 3

Si había algo que nunca hubiese sido capaz de imaginarme -y eso que mi imaginación daba para mucho- era a Dimitri en mi habitación, fuera del toque de queda y tirado en mi cama, apoyado en mi almohada y leyendo uno de mis libros de formación de guardianes. Lo peor es que se debería de saber de memoria toda esa teoría sobre técnicas de protección y aun así lo leía con un interés propio de un novio a quien le acabasen de descubrir el mundo.

Casi sentí como la boca me chocaba contra el suelo mientras él estaba tan tranquilo en una postura demasiado despreocupada para un guardián en pleno turno.

- ¿Qué diablos haces aquí?

Obvié su referencia a mis cualidades para saltarme las normas, ya sabía que era buena en eso. Lo que yo quería saber era qué estaba haciendo en mi cuarto. ¿Sabía la bronca que le podría caer si alguien le pillase? Si cualquier otro guardián le buscaba y no lo encontraba... Bueno, dudo que a nadie se le ocurriese venir a por el aquí, era totalmente surrealista.

- Rose... Solo quiero hablar.

Mierda. Mierda, mierda, mierda. ¿Pero qué le pasaba a este hombre que no entendía que no quería hablar? A ver, hablar siempre me ha gustado, sobre todo cuando el tema de conversación es un buen cotilleo, pero no me apetecía absolutamente nada entrar en temas profundos a las 2 de la madrugada con él.

Me miró con aprensión, como si supiese lo que estaba pensando. Debía de tener cara de espanto, porque dejo el libro a un lado, se sentó sobre la cama en una posición mucho menos tentadora que en la que estaba y me agarró la mano para tirar de mí y hacer que me sentase con él. Cerca, demasiado cerca. ¿Es que no era capaz de controlar mis hormonas ni cuando se suponía estaba enfadada con él?

- Mira, Dimitri- intenté calmarme, aunque de lo único que tenía ganas era de echarle a patadas de mi habitación.- Estoy cansada, mañana a primera hora tenemos entrenamiento y de verdad que necesito darme una ducha. ¿No podemos aplazar esta conversación? No sé, ¿hasta dentro de unos años? ¿Meses, al menos?

Se rió. Qué extraño me resultaba. Antes esa risa me habría hecho dar saltos en mi fuero interno, ahora... Ahora era sólo una tentación más a la hora de resistirme a sus encantos.

- Puedes ducharte si quieres. Te espero aquí- ¿cómo?-. Me he saltado todas las normas al venir aquí esta noche, así que no pienso irme sin mantener una conversación contigo. No sé por qué reaccionas así... No tengo nada malo que decirte.

Sí, claro. Para él a lo mejor no era malo el rechazarme, pero para mí iba a ser horrible. Me di cuenta de que no podía luchar contra él. Me sentí igual de impotente que aquella noche en la cabaña, cuando me retuvo contra el suelo esperando a que mi ataque de locura cediese. En este caso no me estaba agarrando de ninguna manera, si no tenemos en cuenta su mano sobre la mía, pero la sensación de no poder huir era la misma.

Suspiré rindiéndome.

- Está bien. Pero primero voy a darme una ducha, la necesito de verás- esperaba que si me pasaba el suficiente tiempo bajo el agua se cansaría y se iría.- Puedes esperarme ahí si quieres.

Asintió, y por la manera en la que me miró supe que no le importaba en absoluto el tiempo que tuviese que esperar. Mierda.

Me dirigí lo más digna que pude a la ducha, cogiendo por el camino mi pijama y ropa interior y me encerré en el baño. Normalmente los dormitorios de los novicios no tenían baños, pero consideraron que las mujeres los necesitábamos más y total, para las pocas que éramos, decidieron incluirlos en nuestras habitaciones.

Me apoye contra la puerta cerrada y resoplé. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué hacía Dimitri aquí? Seguía sin entender qué era aquello tan importante de lo que tenía que hablar, tan importante que había pasado por alto todas y cada una de las normas que durante los meses anteriores me había recordado que debíamos cumplir.

Abrí el grifo, y mientras esperaba a que el agua saliese caliente me desnudé. Dios, cómo necesitaba ahora mismo una buena dosis de agua caliente.

Me metí en la ducha y me tomé más tiempo del necesario en lavarme el pelo, enjabonarme, darme mascarilla. Puede que no tuviese tiempo para el maquillaje y esas cosas, pero me gustaba tener una piel y un pelo perfecto. Cuando me di cuenta de que no podía seguir arrasando el momento, salí a regañadientes del agua y me pasé una toalla por el cuerpo. Adoraba la humedad que quedaba en el baño al salir de la ducha, hacía que el calor se conservase y no se me pusiese la piel de gallina a causa del frío clima de Montana incluso en el comienzo de la primavera.

Me enfundé unas mallas negras ajustadas de entrenamiento que había jubilado y una camiseta sencilla de tirantes y me puse delante del espejo. Tenía los ojos brillantes, no tanto por las lágrimas sino por los nervios. Unté la mano en crema hidratante y me la eché por la cara. Me cepillé el pelo y me lo sequé, dando forma con los dedos a mis rizos naturales. Ya que iba a tener que afrontar esta conversación con Dimitri, al menos que me pillase estando guapa.

Llegado el momento, salí del cuarto de baño. Bueno, al menos Dimitri mantenía esa capacidad de guardián de estar en la misma postura durante horas sin inmutarse. Había vuelto a tumbarse, verlo recostado con esa tranquilidad me resultaba extraño. Se le veía... Despreocupado, como si hubiese abandonado nuestra anterior relación mentor- alumna y yo fuese solo una amiga más a la que estaba esperando. Levantó la vista y me sonrió.

- Por fin. Estaba empezando a pensar que hablas huido por la ventana del baño.

Mierda. ¿Cómo no se me había ocurrido? ¿Dónde estaban los buenos planes de fuga cuando me hacían falta?

- Eh... No- dije. Me senté a su lado, al tiempo que el se incorporaba para quedar sentado frente a mí.

- Rose, yo... Lo siento.

Oh, vaya. Aquello me pillaba totalmente por sorpresa.

- ¿Lo sientes? ¿Por qué exactamente? ¿Por prometerme que estaríamos juntos y luego dejarte caer en combate? ¿Por evitarme todos estos días después de lo que pasé por ti y ahora pretender que me apetezca ha lar contigo? ¿Por cómo me trataste siendo strigoi?- se estremeció.- En realidad, eso no fue culpa tuya, no eras tú mismo. Pero la verdad es que sí que agradecería que si después de todo vas a mandarme a la mierda hubieses esperado al menos a mañana.

Estaba enfadada. Realmente enfadada. Quería gritarle que no era justo, que después de todo lo que habíamos pasado, después de lo que yo había pasado, no podía terminar las cosas así. Aunque terminar algo que no ha empezado no debía ser demasiado difícil.

- ¿Tienes idea de cómo me sentí cuando vida que te cogían? Cuando Mason me dijo que te habían convertido en strigoi. Lo dejé todo para ir a por ti, para matarte, porque sé que era lo que tú hubieses querido. Me recorrí Rusia buscándote, tuve que darle a tu familia la noticia de que habías muerto, tuve que aguantar tu funeral, torturar strigoi para poder encontrarte. Y sobre todo tuve que asumir que si mis esperanzas en salvarte no eran ciertas al clavarte esa estaca morirías. Y créeme cuando te digo que hubiese sido mucho mejor no haber sabido eso en el caso de que no hubiese funcionado, porque me habría destrozado por completo.

No sé en qué momento empecé a llorar. Pero Dimitri me limpió las lágrimas con la yema de los dedos y me atrajo hacia sí, acunando mi rostro contra su pecho. Así, en esa postura, era fácil imaginar que los últimos meses no habían pasado. Que nos encontrábamos de nuevo en la cabaña, después de haber hecho el amor, acariciándonos el uno al otro sin más preocupación que el que a alguien se le ocurriese aparecer por allí.

No pude evitar que los recuerdos se echasen encima de mí. Aquella última noche con Dimitri como strigoi...

Llevaba corriendo por lo menos media hora, con el tobillo palpitándome de dolor, huyendo del hombre al que amaba. Necesitaba una oportunidad para pillarlo desprevenido y clavarle la estaca, pero… ¿Y si no funcionaba? ¿Y si lo único que hacía era matarlo? En realidad esa había sido mi intención desde un principio, aunque las nuevas esperanzas depositadas en aquella estaca hechizada con el espíritu me hacían pensar que, si no conseguía salvarle, moriría de dolor justo después de él.

Agarré con fuerza la fría plata y me escondí detrás de un árbol. Sabía que él podía olerme y escucharme, pero en ese bosque sería difícil averiguar justo en qué lugar me encontraba.

- Rose… Te huelo. Sé que estás cerca, no puedes huir de mí. Al menos no por mucho tiempo. Te encontraré, estaremos juntos para toda la eternidad.

Ahogué un grito, no esperaba sentir su voz tan cerca, pensaba que le había sacado algo más de ventaja.

Corrí. Forcejeamos. Traté de huir de él. Incluso utilicé el truco de los fantasmas, aunque al final me costase controlarlo. Pero nada pudo evitar que terminásemos encima de ese puente, cara a cara, en la batalla más dura de mi vida. Tenía claro que en el caso de que el hechizo del espíritu no funcionase, lo mataría. Dimitri dejaría de existir, como strigoi y com dhampir. La simple idea me rompía el corazón.

- Dimitri… Yo… Te amo. Siempre te amaré- me tenía agarrada por el brazo donde sostenía la estaca, con una fuerza que bien podría haberme roto un hueso si estuviese concentrada en el dolor físico. Necesitaba decirle esas palabras, por si algo fallaba, por si las cosas salían mal. Necesitaba que supiese que todo esto lo había hecho por él, por su alma, por sus deseos y por sus creencias. Que había abandonado a mi mejor amiga solo para poder darle muerte como una vez el me dijo que quería.

La duda por mi declaración fue suficiente para sentir que su agarre flaqueaba. Con la velocidad del elemento sorpresa y sabiendo que no tendría más que unos pocos segundos, lancé la estaca al aire, la cogí con la otra mano y antes de que se diese cuenta siquiera de lo que hacía se la clavé en el corazón.

No sé quién de los dos gritó más en ese momento, si él por el dolor y la sorpresa o yo por las consecuencias de lo que acaba de hacer.

No dejó de mirarme ni un segundo mientras la vida en sus ojos se apagaba. Me miraba y me miraba, y no hacía nada más.

- Roza…

Exhaló su último aliento.

Lo que sucedió a continuación no lo recuerdo bien. Sólo sé que estaba en estado de shock cuando lo vi levantarse hacia mí, con los débiles rayos del amanecer acariciando su pelo, con cara de derrota y lágrimas corriendo por sus mejillas. Sus ojos marrones, oscuros, sin rastro del rojo del strigoi mirándome fijamente.

- Roza… ¿Por qué no me lo habías contado?

¿Contarle? ¿El qué? Ay, Dios, no habría hablado en voz alta, ¿verdad? Negué con la cabeza porque no podía dejar de llorar. Reacción estúpida e impropia en mí, pero no era capaz de pronunciar ni una frase seguida sin que un sollozo sacudiese mi cuerpo.

- Gracias- dijo-. No merezco que nadie haga por mí la mitad de lo que tú has hecho, y creo que no te había dado todavía las gracias desde que volví.

- De nada, supongo. No es como si me quedase alguna opción. En el caso de que no hubiese habido salvación para ti, sabía perfectamente que no sería capaz de seguir adelante si pensaba que estabas vagando por la noche como un monstruo.

Me miró con ternura, una ternura que llevaba meses sin ver en sus ojos y, quizás, también amor. No dudaba que Dimitri me siguiese queriendo, era obvio que lo hacía, pero no sabía si podríamos volver a los términos en los que quedamos antes del ataque.

No sé de dónde saqué el valor para preguntar, pero igualmente lo hice, teniendo clara su respuesta y sabiendo que mañana me sentiría muchísimo peor que ahora. En parte me recordó a nuestro primer entrenamiento, mejor terminar de machacar mi cuerpo, total, al día siguiente no iba a ser capaz de andar de todas maneras. Qué irónico que fuese él en este momento quien estuviese a punto de romperme el corazón, cuando apenas una semana antes yo era quien intentaba salvar el suyo.

- Antes me dijiste que querías hablar de lo que pasó antes de que comenzase el ataque a la Academia, de lo que tú y yo habíamos hablado- cogí aire.- ¿Qué querías decirme?