¡Hola! Al haber modificado el final del cuarto libro y como consecuencia todo lo que viene a continuación en el quinto, hay muchas cosas que tienen que ser explicadas, pero hacerlo todo de golpe me parecía muy cargado, así que como en el capítulo anterior irse incluyendo flashback de ese estilo que ayuden a entender qué es lo que pasó antes. Espero que no os resulte confuso, a mí parecer así se mantiene más la intriga y los momentos importantes se revelan en la situación adecuada. Por supuesto, estoy abierta a todo tipo de críticas y sugerencias. Espero que os guste.
Vampire Academy no me pertenece.
Capítulo 4
Se quedó callado. ¿Después de lo pesado que se había puesto con eso de hablar ahora cogía y se quedaba callado? Pude ver la duda en sus ojos, algo a lo que no estaba acostumbrada. La única vez que lo había visto dudar terminó siendo convertido en strigoi.
- Venga, camarada- dije intentando bromear.- No te irás a quedar ahora mudo, ¿no? ¿Qué era lo que querías hablar?
Suspiró.
- Solo quería decirte que para mí, a pesar de haber pasado por lo que he pasado, no había cambiado nada en relación a esa noche en la cabaña. Pero después de lo que me has contado comprendo que hayas querido mantenerte alejada de mí- su rostro se contrajo.- Nunca quise hacerte tanto daño, Rose. Si de verdad hubiese alguna manera en la que pudiera cambiar todo lo que he hecho lo haría, pero lo único que sí puedo hacer es alejarme de ti.
Te mentiría si te dijese que no necesito tiempo para pensar en todo lo que ha pasado, y que retomar nuestra relación ahora es buena idea. No lo es. Simplemente quiero que sepas que, si cuando te gradúes y te conviertas en la guardiana oficial de Lissa, cuando ya no haya ningún impedimento para que estemos juntos, si en ese momento vuelves a querer estar conmigo, me lo digas. No quiero ser un lastre, y si prefieres que a partir de ahora nuestra relación sea estrictamente profesional, así será. Pero si en algún momento te ves capaz de perdonarme y volver a amarme, voy a estar más que dispuesto a aceptarte como si nada hubiese pasado.
Vale, ahora era yo la que se quedaba sin habla. Estaba totalmente en blanco, intentando asimilar todo lo que me había dicho, Dimitri desnudando su alma al completo. Ver para creer. No era capaz de decir nada, me sentía totalmente idiota. ¿Me quería? ¿Seguía queriendo estar conmigo? Esa no era la conversación que yo había temido tanto. En mi mente más bien él me gritaba y me decía que había sido una estúpida y una niñata por ir en su busca y abandonar mi responsabilidad, que así había demostrado que no era una persona adulta y que él no quería estar con alguien así.
Normalmente mis suposiciones terminaban siendo ciertas. ¿Por qué demonios no lo habían podido ser ahora? Ojalá el vínculo no fuese unidireccional, porque de verdad que en estos momentos necesitaba que Lissa me ayudase a salir de aquel problema. Todo lo que a mí se me ocurría decir tenía que ver con súplicas para que olvidase lo que acababa de decir, que pensaba que me iba a rechazar y por eso me hacía la dura. Pero Rose Hathaway nunca suplica.
Seguramente por eso me sentí tan mal después de lo que dije.
- ¿Y todo este tiempo has estado ignorándome aun sintiendo lo mismo? Joder, hubiese sido tan fácil como dar una señal. Algo. Pensaba que no me querías, que no querías tener nada que ver conmigo. Por tu actitud cualquiera diría que de verdad te sigo interesando. Dimitri, joder, ¿sabes la cantidad de distintas conversaciones contigo he tenido en mente esta última semana? En todas ellas me decía que ya no me amabas, que no tendría que haber ido a por ti porque tu amor por ti ya no existía.
- Roza…- besó mi frente.- Me alegra saber que todavía te sientes así respecto a mí, pero de verás creo que haríamos bien en mantener las distancias y tomarnos un tiempo para pensar, al menos tú. Eres joven, eso no es malo, pero tiendes a tomar decisiones impulsivamente y eso a la larga no te beneficia.
Bufé. Bufé tan fuerte que hice que se sobresaltase. Já, había sorprendido a Dimitri. A esta nueva y extraña pero rematadamente más sincera faceta de Dimitri.
- No quiero tiempo. Te quiero a ti, siempre te he querido. Al ver que los strigoi te habían convertido sentí que una parte de mi corazón se iba contigo, y no ha estado completo hasta hoy, cuando me has dicho que todavía me quieres. No quiero esperar, ni pensar, solo te quiero a ti. No me he estado congelando el culo en Siberia durante casi dos meses para que ahora me vengas con esos rollos zen sobre la vida y sobre tomarme tiempo para pensar. He tenido mucho tiempo para pensar en ti, en que estabas muerto y en que probablemente no conseguiría salvarte. Y todo en lo que era capaz de pensar era en que ojalá todo esto hubiese sido un sueño y pudiese despertar y estar de nuevo a tu lado.
Paré para tomar aire y pude ver cómo los sentimientos se debatían en su interior. Estaba siendo totalmente sincero conmigo. No estaba tratando de poner un muro entre nosotros, ni de dejar que su autocontrol se impusiese, me miraba de una forma que crei que podía verle el alma. Por eso no discutí lo que me dijo.
- Tómate tu tiempo, Rose. Gradúate, consigue tu puesto como guardiana de Lissa, yo rechazaré mi puesto como segundo guardián tal y como te dije. Te hice una promesa, nunca te dejaré sola. Vas a poder contar conmigo para todo lo que quieras, y espero que sigas confiando en mí lo suficiente para hacerlo. Pero, por favor, necesito que me perdones totalmente y que te replantees seriamente si quieres tener una relación conmigo. No solo tengo enemigos entre los strigoi, con mi vuelta también los tendré en el mundo moroi, sigo siendo un misterio para ellos. Y aunque no puedan mantenerme encerrado porque está totalmente claro que soy un dhampir, eso no significa que sientan simpatía hacia mí. Arriesgas mucho por estar conmigo.
Quería gritarle que era un estúpido, que me daba igual lo que pensasen, que quería estar con él. Pero en parte tenía razón. Si quería graduarme y convertirme en la guardiana de Lissa tenía que terminar lo poco que me quedaba de curso sin causar problemas, ya había creado demasiados problemas, y por mucho que fuese la mejor novicia de mi promoción, no bastaría para que me pusiesen al servicio de la última de los Dragomir. Y tener una relación con mi mentor ex strigoi no era la mejor de las maneras de pasar desapercibida.
Asentí. No porque de verdad pensase que necesitaba tiempo para aclarar lo que sentía por él, sino porque mi futuro en estos momentos era más importante que el poder darnos un revolcón de vez en cuando. Necesitaba graduarme sin causar problemas y ser asignada la guardiana de Lissa, cuando eso sucediese, entonces hablaríamos de nuestra relación.
- Está bien. Pero que sepas que esto no lo hago porque necesite pensar, sino por Lissa. Yo no necesito tener claros mis sentimientos por ti porque no han cambiado nunca, pero ella sí que me necesita a mí una vez terminemos las clases y vaya a la Universidad. Esto lo hago exclusivamente por ella.
Me regaló una sonrisa torcida. Dios, cómo me gustaban.
- Ten los motivos que quieras, pero creo que esto será bueno para ambos.
- ¿Amigos, entonces?
- Amigos.
Lo abracé. Joder, era imposible tener un amigo al que tocabas y todas tus hormonas te gritaban que le arrancases la ropa. Al final esto iba a resultar más divertido de lo que yo esperaba en un principio.
A la mañana siguiente me desperté cansada. A pesar de que Dimitri se había ido tras nuestro breve pero intenso y rematadamente caliente abrazo, yo no había conseguido dormir hasta al menos dos horas después. Lo que me dejaba con… 4 horas de sueño. Vale, era un dhampir, pero una chica tiene que dormir para mantenerse guapa. Y precisamente aquella mañana estaba de todo menos guapa. Tenía ojeras, mi pelo parecía un nido de gorriones recién destruido y tenía las mejillas enrojecidas como si me hubiese pasado toda la mañana llorando.
Decidí que no tenía remedio y me recogí el pelo en un moño alto- como sabía que a Dimitri le gustaba- me lavé la cara, me cepillé los dientes y me enfundé en mi ropa de deporte. Para compensar la cara de zombie que llevaba, elegí algo quizás demasiado marcado para llevar a unas prácticas de combate, pero cómodo al fin y al cabo. Mallas negras, camiseta de tirantes blanca ajustada y mis deportivas de siempre. Debía comprarme unas nuevas, a estas estaban a punto de catalogarlas como "las zapatillas que sobrevivieron". Pero eran mis nike favoritas, eran un regalo de Lissa mientras estuvimos fuera de la Academia, de cuando nos apuntamos a esas fallidas clases de spinning.
Me dirigí a la carrera al gimnasio, aun con todo lo que había pasado no podía evitar la emoción que sentía antes de una práctica con Dimitri, sabiendo que iba a estar una hora con él, sudando, con más contacto corporal del normal y pudiendo admirar su escultural trasero marcado por esos pantalones de chándal que solía llevar. A ver, que sí, que estaba enamorada de Dimitri porque era fuerte, protector, paciente, tierno y todas esas cualidades que tenía él, pero joder, hay que estar muy ciega para no ver que está buenísimo. No es ser superficial, es ser realista. Y yo que había contemplado y estudiado a fondo ese cuerpo, era totalmente consciente de que podía causar verdaderos estragos en una mujer.
Entré en el gimnasio todavía deleitándome en los músculos de mi dios ruso particular cuando la realidad me golpeó al verlo sentado, con su aburrida novela del Oeste. Algunas cosas no cambiarán nunca.
- Eh, Dimitri. ¿Todavía soñando con ser un rebelde vaquero?
Levantó la vista y me sonrió.
- No sueño con ser un vaquero, Rose. Creo recordar que lo que te dije exactamente fue que me atraía el hecho de que no tuviesen normas, no que quisiese calzarme unas botas, un sombrero e ir por el mundo montado a caballo.
- Sí, sí, lo que tú digas. En el fondo sé que el más profundo de tus secretos es que tienes escondido en algún lugar el disfraz perfecto de pistolero del Oeste.
Media hora después no me estaba riendo tanto. El problema de mi relación con Dimitri no era solo la tensión romántica, sino que nos conocíamos perfectamente en el combate. Cierto que ya no tenía la fuerza de un strigoi, pero seguía siendo mortal. Me pateó el trasero tres veces antes de que consiguiese derribarlo yo a él.
-. Mierda, Dimitri. Esto no es justo, soy capaz de matarte pero no puedo contigo en una práctica de gimnasio. Le estás poniendo ganas, eh.
Para mi sorpresa, soltó una carcajada. El sonido de su risa era una maravilla.
- El problema no soy yo, Rose, eres tú. Deja de mirarme tanto y concéntrate en acabar conmigo. Cualquiera diría que quieres reproducirme en formato estatua y te tienes que aprender cada una de las partes de mi cuerpo. Céntrate.
Eso último me lo dijo enfadado. Sí, más me valía conseguir algo de concentración, porque de verdad que estaba haciendo un pésimo trabajo.
- Pero… ¿Y si quiero mirarte qué pasa? ¿No puedo?
Le lancé mi mirada más provocativa, esa que tenía guardada solo para ocasiones especiales, la mayoría de las veces si quería conseguir algo. Aproveché su sorpresa y salté contra él. Quizás le plaqué con más fuerza de la debida, porque terminamos los dos en el suelo, yo a horcajadas sobre él y él agarrándome la cintura. Le di con la estaca de prácticas en el pecho.
- Punto para Rose.
- .Eso es jugar sucio. Pero he de reconocer que si consigues cautivar a un strigoi con esa mirada puedes usarlo como técnica habitual. Es realmente efectiva.
- Já, al parecer el maestro termina aprendiendo de la alumna.
Mi momento de gloria terminó cuando aprovechó mi distracción y me dio la vuelta, quedando él sobre mí.
- Un consejo, no te regodees en tus fascinantes habilidades hasta que compruebes que estás totalmente fuera de peligro.
La clase fue divertida. Sentía que parte de esa seriedad existente entre nosotros se había evaporado, y aunque ambos nos seguíamos tomando muy en serio estas prácticas- excepto cuando yo le miraba el culo y él me regañaba- eran algo más amistosas de lo que solían ser antes.
Al terminar, me dio una especie de semiabrazo extraño, supongo que como símbolo de nuestra recién renovada amistad. El problema fue que cuando ambos nos separamos nos dirigimos a la misma dirección, y terminamos cayendo justo uno encima del otro- yo encima de él, me gusta tener el control incluso cuando me caigo- y empezamos a reír.
- No me lo puedo creer, hemos sobrevivido a un autentico ejército de strigoi, pero no podemos hacerle frente a un abrazo. Somos patéticos, camarada- me dolía la tripa de tanto reírme.
Entonces algo cambió. Ambos dejamos de reír y nos miramos fijamente, como si nunca antes nos hubiésemos visto de verdad. Nuestros sentimientos estaban claros, era nuestra conciencia la que nos prohibía actuar. Desde esa distancia podía oler su desodorante mezclado con el sudor, esa fragancia que siempre me había encantado, de nuevo, conmigo. Aprecié cada brillo de su pelo, sus ojos, como la barba comenzaba a asomar y cubría débilmente su rostro, dejando unos labios absolutamente besables. Supe que él hacía lo mismo conmigo, me arrepentí al instante de no haberme dado aunque fuese un poco de corrector para cubrir las ojeras con las que había despertado apenas dos horas antes.
- ¿Sabes? No creo que sea muy sensato presentarte al resto de las prácticas con esa ropa. Podrías… causar verdaderas distracciones- su voz sonó ronca, con deseo. Un deseo que inmediatamente me encendió.
- Bueno, yo solo quiero distraer a una persona.
Y lo besé. Y tan pronto como lo besé su autocontrol se impuso y me separó, aunque durante unos pocos segundos me devolvió el beso.
- Roza… ya lo hemos hablado.
No me dio tiempo a discutir, de repente la puerta del gimnasio se abrió y apareció Alberta. Menos mal que Dimitri tenía algo de control sobre sus propios impulsos, a saber de qué guisa nos podrían haber encontrado.
- Belikov, Hathaway, la directora Kirova quiere veros en su despacho inmediatamente.
