Hola! Primero pedir disculpas por haber tardado tanto en actualizar, se me juntaron un montón de cosas, y dejé el fic un poco apartado. A partir de ahora espero de verdad poder actualizar semanalmente, pues tengo muchísimas cosas escritas y pensadas. Espero que os guste!
Vampire Academy no me pertenece.
Capítulo 6
Aún no había terminado de asumir lo que Dimitri había contado en aquella extraña reunión- interrogatorio, ni tampoco que en dos días fuésemos a partir a la Corte. Pero una chica tiene sus necesidades así que aparté de mi mente todo ese revuelo y me dirigí a la cafetería en busca de algo que comer.
Dimitri y yo nos habíamos separado al salir del despacho de la directora Kirova, no sin antes intentar arrojar algo más de luz sobre qué querrían de nosotros en la Corte. Era obvio que necesitaban la información que Dimitri podría aportar acerca de las siguientes maniobras de este extraño grupo de strigoi, porque si algo estaba claro es que se trataba de un grupo bien formado y organizado, cosa que antes del ataque a los Badica y a la Academia había resultado impensable. Según Dimitri, cuando él estaba con ellos todavía no habían elaborado ningún plan de acción, pero tenía bastante claro que lo que sea que decidiesen lo harían en la especie de cuartel que tenían montado en Rusia, así que ahí era donde entrábamos nosotros, aunque todavía no sabía muy bien cómo.
Encontré a Lissa sentada con Christian en una de las mesas más alejadas, inclinados en uno sobre el otro y hablando acaloradamente acerca de algo. Teniendo en cuenta que Adrian sí que hablaba con ellos, supuse que se lo habría contado todo.
Me acerqué al lugar donde se encontraban con una bandeja llena de comida basura: perritos, patatas fritas y un par de donuts.
- Vaya, Rose, de verdad que no sé cómo puedes comer tanta porquería y no haber sufrido ya un ataque al corazón. Debería preocuparte morir de un infarto y no a manos de un strigoi- comentó Christian con una sonrisa al verme. Nuestra relación había mejorado considerablemente, pero aún le encantaba tomarme el pelo. A decir verdad, ya casi no me molestaba. Tenía un sentido del humor bastante agradable, en realidad.
- ¿De qué estabais hablando?- ignoré su comentario porque teníamos temas más importantes entre manos.
- Oh, Adrian ha venido…- notaba que a Lissa no le hacía mucha gracia comentar el hecho de que Adrian sí se dignaba a hablar con ella, mientras yo tenía que aguantar sus estúpidas bromas. Por mucho que la información que me había dado antes de entrar en el despacho fuese importante, aún estaba muy cabreada con él.- Nos ha contado que una mujer de la Corte os ha hecho llamar a Dimitri y a ti para seguir investigando lo que pasó en Rusia. ¿Qué ha sucedido?
Al parecer Lissa no se podía enterar de todo, ni aunque Adrian sí hablase con ella.
- Quieren vernos en la Corte, a Dimitri y a mí. Al parecer están dispuestos a creer que Dimitri es de nuevo un dhampir, al menos teniendo en cuenta que si lo que dice es verdad nos enfrentamos a una amenaza aún mayor.
Les conté todo, acerca de los planes de que me desplazase allí a ayudar y de cómo aún así me dejarían graduarme. A Lissa eso no le hizo ninguna gracia, lo noté a través del vínculo, pero era demasiado poco egoísta para decirlo. Cuando llegué a la parte donde los strigoi planeaban gobernar el mundo los dos se quedaron sin habla.
- Pero eso no puede ser posible… Si los strigoi consiguen el control de la Corte, nuestras razas desaparecerán, o directamente nos convertiremos en cría de ganado.
- Aún no sé muy bien qué es lo que planean, ni siquiera Dimitri lo sabe, pero quieren que vayamos a la Corte, a una de esas reuniones sin sentido y que intentemos ayudar.
- Deberíamos luchar- la valentía de Christian me sorprendía, aunque era de esperar dada las fuertes convicciones con que lo había educado su tía.
- Más que eso, deberíamos ir a esa reunión y convencer a todos de que lo importante en este momento es que todos nos unamos- Lissa era un poco más pacífica que su novio a la hora de imponer su voluntad, pero ambos pensaban de igual manera.
Aún así, dudaba que fuesen a dejar a dos alumnos asistir a ese tipo de reunión. Ya era extraño que me fuesen a dejar a mí. No tuvimos tiempo de seguir discutiendo porque de repente Dimitri apareció y se sentó con nosotros.
- Rose, tenemos que irnos- saludó con un leve asentimiento a mis acompañantes.
- ¿Cómo? Pero, ¿no se supone que teníamos dos días?
Negó con la cabeza.
- Al parecer a Alison le ha parecido tan interesante y reveladora nuestra conversación que ha decidido que partamos hoy mismo. En unas pocas horas saldrá el avión, poco antes del amanecer.
No entendía nada de aquello, pero obedientemente me levanté de la mesa y me fui con él, dejando a Lissa y a Christian un poco colgados. Más tarde iría a verlos para despedirme.
- ¿Qué crees que se va a hablar en ese reunión? ¿Cómo podemos ser nosotros de ayuda allí? No es que la logística se me dé muy bien, la verdad.
- Creo que no son planes logísticos lo que tienen preparado para nosotros, la verdad.
Le miré de forma interrogante. Sacudió la cabeza en ese movimiento tan propio de él que significa "más tarde" y me acompañó a la puerta de mi habitación.
- Haz la maleta, no sé cuánto tiempo estaremos allí pero me da la sensación de que vas a necesitar algo más que esa ropa de deporte.
Asentí y entré en mi cuarto.
Un par de horas después tenía la maleta preparada y estaba sentada en la cama, esperando alguna noticia de cuándo partiríamos. Como Dimitri ni nadie había venido a avisarme, decidí salir a dar una vuelta. Ahora que Lissa había salido de clase podría encontrarla y despedirme.
Pero ella me había encontrado antes a mí, ni siquiera me había molestado por comprobar el vínculo porque me sabía su horario de memoria, así que al salir de mi habitación me estampé literalmente contra ella.
- Liss- dije.- ¿Qué haces aquí?
Noté emoción en ella, pero no sabía por qué.
- ¡Christian y yo vamos con vosotros!
- ¿Qué? ¿Cómo lo habéis conseguido?
Lissa se mostró tímida, e inmediatamente entendí por qué.
- Adrian.
Asintió.
- Lo encontramos poco después de que os marchaseis y nos contó que volvería a la Corte esta noche, en el mismo avión que vosotros, creo que por eso han adelantado vuestro viaje. Tras convencer un poco a los pilotos y a los guardianes, nos han dejado acompañaros.
- ¿Con convencer quieres decir hacer uso de un poco de coerción?
Se sonrojó.
- Un poco…- me miró.- Es importante que estemos allí, Rose, yo sé cómo sanar con el espíritu, puedo ayudar. Y Christian puede hacer ver a los otros moroi lo importante que es que estemos unidos en esto. A la reina le ha parecido buena idea cuando se ha enterado.
- ¿Tatiana lo sabe?
En cierto modo resultaba obvio, pero no dejaba de sorprenderme que estuviese tan al tanto de todo lo que pasaba.
Decidí no darle más importancia al asunto, a fin de cuentas me apetecía que Lissa estuviese conmigo, quizás podríamos volver a escaquearnos un par de horas y pasar por el balneario. Con ese pensamiento en mente mi humor mejoró.
Embarcamos en el jet privado poco tiempo después. En un principio pensé en sentarme con Lissa, pero me dijo que había descubierto cosas nuevas sobre el espíritu y que quería aprovechar para comentarlas con Adrian durante el viaje, Christian- cómo no- se sentó con ellos, a pesar de que considerase la conversación aburrida. Aún no era capaz de entender esos celos tan irracionales a que Lissa pasase tiempo con Adrian.
Decidí sentarme sola un par de filas de asientos por delante, pegada a la ventana. Me acomodé y cerré los ojos, esperando poder dormir un poco y compensar la falta de sueño de la noche anterior. Estaba a punto de quedarme dormida cuando sentí que alguien se sentaba a mi lado.
Alcé la vista para ver a Dimitri.
- Tranquila, sigue durmiendo. Si lo prefieres puedo cambiarme de sitio.
Me desperecé y le contesté:
- No, no te preocupes- bostecé.
Sonrió. Una de esas sonrisas que tanto me gustaban.
- Estás cansada, Rose, y es por mi culpa- frunció el ceño.- Duerme un poco, te avisaré cuando estemos llegando.
Poco después, o al menos eso me pareció a mí, Dimitri me tocó suavemente el hombro.
- Despierta, Roza. Ya hemos llegado.
Miré por la ventana y no pude evitar volver a sorprenderme por lo que veía, aunque ya hubiese estado allí. Después del aterrizaje nos condujeron a nuestras habitaciones, la reunión sería al día siguiente, pues estaba comenzando a amanecer.
Lissa y yo compartíamos habitación. En realidad en la Corte había habitaciones de sobra para cada una, pero la posibilidad de pasar unos días con ella, lejos de todo el rollo de la Academia, me iba a sentar bien. Incluso podríamos hacer una fiesta de pijamas. Me reía ante la idea mientras deshacía la maleta, todo lleno de ropa aburrida salvo un par de vestidos que Lissa me había recomendado llevarme por si teníamos que asistir a alguna clase de evento.
- Bueno, ¿qué tal todo con Dimitri? Os vi bastante relajados antes en el avión, ¿habéis hablado ya?
Me sobresalté, pues no estaba prestándole la menor atención.
- Sí. Anoche se presentó en mi habitación- Lissa abrió mucho los ojos-. Ya, yo también me quedé flipando. Estaba ahí tumbado, y estuvo esperando mientras me duchaba y todo. La verdad es que fue muy raro.
- Creo que nunca podré imaginar a Dimitri así, tan… normal. Siempre tiene alrededor de sí ese aura de dureza, de contención. A veces ni siquiera parece que sea una persona real, ¿sabes?
- Sí, sé a lo que te refieres. Pero desde que ha vuelto está… Diferente. Supongo que tendrá que ver con todo ese rollo de haber vuelto a la vida cuando pensaba que estaba condenado, es como que ya no se controla como antes.
Lissa me miró de una forma extraña.
- Cuando hablas de él tu aura se ilumina- me sorprendí.- Siempre tiende a tener esa oscuridad, pero cuando estás con él o hablas de él parece que entra un poco más de luz. Lo mismo le pasa a la suya. De por sí ahora es dorada, supongo que será por lo que le pasó, pero aún así estando juntos es como que vuestras auras se buscan.
- Eso sí que es raro…
Lissa se rió.
- Bueno, tampoco me hagas mucho caso, solo estoy empezando con este rollo de leer auras y la verdad es que creo que no se me da demasiado bien- se calló unos segundos-. Así que, ¿quieres hablar de la charla que tuvisteis?
- Sí y no- no podía contarle a Lissa que, de nuevo, lo que me impedía estar con él era ella, por mucho que a mí no me importase sacrificarme, sabía que ella se sentiría mal-. Me dijo que todavía me quería, que para él no había cambiado nada después de aquella noche antes de la batalla. Me dijo que estaba dispuesto a esperarme, como si fuese yo la que pensase de diferente manera con respecto a él. Me dijo que estaba dispuesto a esperarme hasta que me aclarase, que entendía que me había hecho daño y que lo sentía, pero que para él, las cosas seguían siendo igual.
- Pero… eso es bueno, ¿no? Quiero decir, es lo querías que pasase, que nada hubiese cambiado.
Asentí.
- Sí, Liss, claro que era lo que quería, pero… No quiero ponerle las cosas más difíciles, ¿sabes? Prácticamente ahora está siendo todo el día investigado, podría ponerle en más de un aprieto, teniendo en cuenta que aún después de todo seguimos siendo profesor y alumna. Le va a ser difícil recobrarse de lo que ha pasado, que la gente vuelva a confiar en él, no quiero interponerme en eso.
- Entiendo lo que dices, pero… ¿no hay ninguna manera? Podrías llevarlo en secreto, como pensabais hacer, hay demasiados problemas ahora mismo como para que alguien se preocupe de que, después de graduarte, te hayas liado con un profesor. Nadie le prestará atención a eso.
Sopesé lo que decía, y sí, tenía razón. Había demasiados problemas ahora, pero aparte del hecho de que quería seguir siendo guardiana de Lissa y tenía que centrarme en ello, lo que había dicho también era verdad, no quería ponerle las cosas más difíciles a Dimitri por el momento. No nos dio tiempo a hablar más, pues alguien llamó ligeramente a la puerta. Supuse que sería Christian, buscando un rato a solas con su novia, así que abrí sin molestarme en mirar.
Un enorme dios ruso me miraba a los ojos con una sonrisa torcida al otro lado de la puerta.
