Ya que he estado un poco bastante desaparecida, subo este otro capítulo casi de seguido. Espero que os guste!

Vampire Academy no me pertenece.

Capítulo 7

Ya era la segunda vez que Dimitri estaba donde no debía estar, saltándose normas que no se debía saltar, y haciendo que mi corazón hiciese cosas que no debía hacer.

- ¿Ha pasado algo?- quizás solo venía por asuntos de guardián, pero la sonrisa en su cara, tan pícara y extraña en él, me hacía sospechar.

- No. Solo quería saber si te apetecía dar una vuelta por los jardines de la Corte, casi todo el mundo está durmiendo ya, y pensaba que podríamos sacar un poco de tiempo a solas.

Ni aunque me hubiese encontrado de frente con un strigoi con cuernos estaría tan sorprendida como lo estaba ahora. Dimitri se inclinó un poco, mirando dentro de la habitación.

- Hola, princesa- saludó-.

Me giré para ver la reacción de Lissa, tenía la boca tan abierta por la sorpresa como yo.

- Ve, Rose, puedo apañármelas yo sola para terminar de deshacer las maletas- su mirada prometía que, una vez volviese, pensaba acosarme hasta que le contase todo lo que había pasado.

Cerré la puerta tras de mí y me encaré a Dimitri.

- ¿Quiero saber de qué va todo esto? ¿Ha pasado algo que no podías decir delante de ella?

Dimitri negó con la cabeza.

- ¿Es que no me puede apetecer pasar un rato a solas contigo?

Pues no, pensé. Seguía sin acostumbrarme a este Dimitri tan extraño. Y sobre todo seguía sin acostumbrarme a que Lissa fuese absolutamente consciente de todo y prácticamente me lanzase hacia él. Caminamos en silencio durante un rato, a través de los diferentes pasillos de los dormitorios de la Corte, hasta salir a unos jardines que daban a la parte trasera del edificio. El sol ya había salido, pero seguía sin hacer calor, y a mí se me había olvidado coger una maldita chaqueta. ¿A qué me recordaría esto?

- Tienes frio- me dijo con reproche- has vuelto a olvidar coger algo de abrigo, como la vez esa que te pillé escaqueándote en mitad de la noche. Deberías ser un poco más precavida.

Al parecer hasta pensábamos lo mismo ya. Qué movida. No tenía ni la más remota idea de qué era lo que Dimitri quería trayéndome aquí, así que le pregunté. Yo siempre tan directa.

- ¿Qué hacemos aquí, camarada?

Debió de ver algo en el tono de mi voz, porque se paró, me miró de frente y me agarro suavemente los hombros, acercándome más a él.

- Sé que no debería… no después de todo lo que te dije la otra noche. Pero no puedo mantenerme alejado de ti- confesó.- En realidad tampoco quiero. Sé que te dije que te esperaría, pero pensaba que no sentías lo mismo, que no podías, perdonarme. Ahora que sé lo que sientes es mucho más complicado no hacer esto- deslizó sus dedos por mi pelo, de esa manera que tanto me gustaba y tanto había echado de menos.- o esto…- me rozó las mejillas con esas manos expertas y callosas que tanto me gustaban.- o esto…- sentí como se acercaba a mí, nuestros labios apenas a dos centímetros de distancia. Mi corazón empezó a acelerarse por la cercanía. Quería que me besara. Al cuerno con todo lo que habíamos acordado. Quería que me besase y me quitase la ropa en ese mismo momento. Daba igual la nieve, estar a plena luz del día. Quería sentirlo.

Sus labios apenas se posaron sobre los míos, pero un escalofrío sacudió mi espina dorsal. A la mierda el autocontrol. Lo rodeé con mis brazos y profundicé el beso, viendo el momento exacto en el que él también perdió el control. Sus manos bajaron a mis caderas y me apretaron contra él a la vez que abría la boca y su lengua comenzaba a moverse. Madre del amor hermoso. Se me había olvidado lo que era un beso de Dimitri. Tenía que ser un experto en todo.

Casi sin darme cuenta, me encontraba presionada contra una pared -¿cómo demonios había llegado ahí?- y sus manos recorrían todo mi cuerpo. Creo que jadeé- patético- y me pegué más contra él en un intento de sentirlo más cerca. Sus manos, sus increíbles manos estaban en todas partes a la vez, pero al mismo tiempo lejos, impedidas por la camiseta térmica que llevaba. Susurraba mi nombre durante los pocos segundos que sus labios se despegaban de los míos. Me di cuenta de que la cosa se estaba saliendo un poco de control cuando una de sus manos se colocó directamente en la curvatura de mi pecho, muy suavemente, casi pidiendo permiso, pero estaba ahí.

Debería haber sido yo la voz del autocontrol, quien le dijese que parase, que nos podían ver, pero había echado demasiado de menos eso como para cortarlo ahora, cuando por fin parecía que estábamos en la misma sintonía. Al ver que no lo frenaba, Dimitri continuó su exploración. Era consciente de que cada vez jadeaba más fuerte, pero me daba igual. Quería tenerlo así, junto a mí, disfrutando de aquello que nos habíamos privado hacer durante tanto tiempo.

Me sobresalté cuando sentí que su mano se dirigía mucho, mucho más abajo, a la vez que su boca se deslizaba suavemente por mi cuello.

- Dimitri…- susurré. O más bien supliqué. A esas alturas estaba tan cachonda que me traía sin cuidado.

Me miró, sus ojos marrones llenos de deseo.

- ¿Quieres que pare?- preguntó, a la vez que se movía con delicadeza por encima de mis pantalones. El suave roce me arrancó un gemido, todo lo que fui capaz de decir, así que lo interpretó como una señal de permiso. Y vaya si quería permiso. Casi al instante desabrochó el botón de los vaqueros con una sola mano- joder, tenía que aprender a hacer yo también aquello- e introdujo sus dedos hábilmente por el elástico de mis bragas. Gemimos a la vez, aunque estoy segura de que yo soné más como un animal gruñendo.

- Eres tan hermosa… tan suave, tan valiente, tan llena de vida. Eres mi perdición, Roza- susurró en mi oído.- No quiero pasar un día más fingiendo que no quiero tenerte así para siempre.

No podía hablar, tan solo era capaz de retorcerme de placer entre sus brazos mientras él seguía haciendo que mi cuerpo temblase. En un momento dado, me penetró con los dedos a la vez que con su pulgar trazaba círculos en mi clítoris. Dejé de pensar, en una parte muy profunda de mi mente sabía que debería pararle, que como alguien nos pillase íbamos a meternos en un buen lío. Pero solo era capaz de concentrarme en sus manos sobre mí, en todo él sobre mí. El orgasmo me sacudió con tanta fuerza que tuve que agarrarme a sus hombros para no caerme y enterrar la cara en su pecho para no gritar. Joder, había olvidado lo que era. Dado que solo había mantenido una sola y única relación sexual en mi vida, y que había sido con Dimitri antes de su aventura strogoi, todavía este tema seguía siendo un desconocido para mí, aunque estaba claro que para él no, vaya si estaba claro.

Conseguí recobrar la respiración y lo miré a los ojos. Una nube de deseo empañaba ese color café.

- Eso ha sido… increíble.

Soltó una carcajada suave.

- Nada de esto habría pasado si no hubieses estado tan jodidamente provocativa en el gimnasio. Llevo pensando en hacerte esto desde que me besaste- un brillo pícaro al que no estaba para nada acostumbrado sacudió sus facciones.- Y tengo ganas de hacerte mucho más… Si esto te ha parecido increíble espera a que te tenga desnuda en mi cama, la cantidad de cosas que quiero hacerte. Quiero oírte gritar mi nombre una y otra vez mientras hago que te corras.

Algo se retorció dentro de mí, placenteramente, claro, un ansia que no sabía que podía sentir. La promesa estaba escrita en sus ojos y, de todas las increíbles respuestas que podría haberle dado, me sonrojé y dije:

- ¿Ah, sí?

Dios. Era patética. Se rió, esta vez más fuerte, pero el deseo todavía podía verse en sus ojos.

- Nunca pensé que podría dejarte sin palabras, Roza. Y mucho menos conseguir que te sonrojases. Estás preciosa después del orgasmo, casi se me había olvidado cómo era sentirte así debajo de mí.

- Y yo nunca pensé que me gustaría este nuevo Dimitri aún más que el anterior.

Arqueó la ceja de aquella manera tan chula.

- ¿Nuevo Dimitri?

Mierda, había hablado en voz alta. Tenía que empezar a controlar eso. El rubor continuó extendiéndose por mis mejillas. Esto empezaba a ser realmente molesto.

- Sí- conseguí encontrar mi voz.- Quiero decir, siempre has sido tan serio y tan… controlado. Me costaba apenas sacarte una sonrisa. Ahora es diferente, como si realmente fueses tú.

- Siempre he sido yo mismo contigo, Rose. Nuca he intentado mostrar algo que no era verdad. Pero sí, tienes razón. Me he cansado de fingir. Después de todo lo que ha pasado, por lo que hemos pasado, me da igual que la gente lo sepa, que nos miren, que me arrebaten mi puesto como guardián. Como ya te dije una vez, hay algo sin lo que no puedo vivir, y eres tú. No quiero estar un segundo más fingiendo que no eres lo más importante que tengo, lo único que de verdad no me puedo permitir perder. Te quiero, Roza, nada va a cambiar nunca eso.

Se me hinchó el corazón con una sensación cálida que había pensado que nunca más volvería a sentir. Me quería, le quería. ¿Qué había de malo en eso? Un millón de cosas se me pasaron por la cabeza, cosas en las que prefería no pensar. Habíamos sufrido demasiado y, aunque ambos teníamos que cerrar heridas después de aquello, sabía que sería mejor si lo hacíamos juntos. De nada servía mentirnos el uno al otro diciéndonos que era mejor mantener las distancias. Lo que menos quería yo en esos momentos era distancia, más aún cuando, al moverme, noté el bulto que seguía habiendo en sus pantalones.

- Yo también te quiero, Dimitri. Estoy harta de mentir, de engañarme a mí misma.

Estoy segura de que si hubiésemos continuado, habríamos terminado en su cama, desnudos, con él haciéndome todas esas cosas que había prometido hacerme y que yo me moría de ganas porque me hiciese, pero una voz nos interrumpió.

- Deberíais ser un poco más cuidadosos- la guardiana Alberta nos sonrío con complicidad, la hizo parecer más joven.- La reina quiere veros.