Vampire Academy no me pertenece.
Capítulo 8.
Joder, joder, joder. ¿Alberta lo sabía? ¿Por qué no nos había delatado? Si hubiese llegado tan solo unos minutos antes… intenté sacarme de la mente la imagen de alguien pillándonos mientras Dimitri tenía la mano dentro de mis bragas. No podía pensar en eso, ahora no.
El despacho de la reina Tatiana estaba exactamente igual que la última vez que lo vi. Dimitri y yo esperábamos sentados a que alguien llegase y nos contase de que iba aquello, la instructora Alberta, que por cierto no tenía ni idea de que se encontraba también en la Corte, tampoco sabía nada, solo que nos habían mandado llamar.
Miré a Dimitri, todo el rastro de la lujuria y el amor que antes había en sus ojos se había desvanecido, convirtiéndose en su estoica pose de guardián. Pero me sonrió, dejando ver que todo lo que me había dicho seguía ahí, que nos encontrábamos en el mismo punto que antes.
- ¿Cómo demonios sabía Alberta…?- no terminé la frase, no era necesario.
- Alberta es mucho más observadora de lo que tú crees, Rose. Además, tuvimos una conversación hace unos meses… antes del ataque. Básicamente me dijo que me mantuviese apartado de ti si no quería ver como toda mi trayectoria para guardián se iba al traste. Creo que lo sabe desde hace bastante tiempo, pero no ha dicho nada. No lo entiendo, pero me alegro.
No me dio tiempo a preguntar más, porque la reina entró en la sala. Dimitri y yo nos levantamos a la vez, hicimos una reverencia y esperamos a que la reina se sentase antes de hacerlo nosotros. Malditas mierdas políticas.
- Señorita Hathaway, guardián Belikov. Es un placer teneros aquí. Al parecer, han causado mucho revuelo estos últimos días.
A pesar de que seguramente era una fachada, y que me iba a arrepentir de lo que estaba a punto de decir, la reina Tatiana parecía… sincera. No es que de repente me cayese bien, odiaba a esa tía, pero parecía decir de verdad que se alegraba de tenernos allí. Aunque solo fuses por sus motivaciones políticas. Tal vez ya se había olvidado de la última vez que nos habíamos visto.
- Gracias- dije. No sabía qué mas decir. En realidad no tenía ni idea de qué quería la reina, esto de no saber qué pasaba estaba empezando a irritarme. Me gustaba estar al tanto de las cosas pero, desde que había vuelto de Rusia parecía que iba un paso por detrás del mundo. Muchas cosas estaban sucediendo y yo era siempre la última en enterarme.
- Estáis aquí por una razón, como sabéis. Creo que la señorita Alison ya os puso al tanto. Los strigoi están intentando derrocar a la Corte. Sabíamos que algo iba mal tras el ataque de la Academia hace unos meses, nunca habíamos visto a tantos de ellos trabajar juntos, pero desconocíamos el motivo. ¿Querían matarnos, como siempre? ¿Dar un golpe de efecto para hacernos ver que ni en los sitios donde nosotros creíamos que estábamos a salvo lo estamos? Gracias a las declaraciones de Belikov, y a usted, Hathaway, por traerlo de vuelta y a nuestro bando, creo que hemos conseguido adelantarnos a sus planes.
La revolución strigoi era algo que todos esperábamos que pasase, aunque en el fondo rezábamos para que no. Gente de confianza, guardianes y otros moroi, llevan años trabajando en diferentes modos de luchar contra los strigoi, aparte de las estacas, pero con vosotros tenemos una oportunidad real –hizo una pausa.- Necesitamos que os infiltréis en Rusia. Sois los únicos que han visto de primera mano lo que los strigoi planean hacer, y tenéis contactos. Necesitamos alguien allí que nos pueda pasar información para detener la terrible guerra que se nos viene encima. Y sois los únicos capacitados para ello. Si nos permitimos entrar en lucha con los strigoi morirá mucha gente, moroi y dhampir, nuestras Academias dejarán de ser seguras, la clase política se alzará y provocará daños irreparables en la sociedad. Sois los únicos que podéis ponerle remedio y adelantarse a lo que está por venir.
No sé qué me sorprendía más, si el hecho de que quisiesen infiltrarnos a Dimitri y a mí con los strigoi, o que Tatiana me mirase a la cara y me dijeses que estaba capacitada para ello. Ninguna de las dos cosas tenía sentido, hace unos meses solo era una dhampir indisciplinada que acabaría convirtiéndose en puta de sangre. ¿Por qué tenían que ver ahora todo mi potencial?
- Tati… Su Majestad- me corregí en el último momento.- No lo entiendo. Nunca ha pensado que fuese importante, siempre estaba metiéndose conmigo y menospreciándome. ¿Por qué ahora soy tan relevante? Quiero decir, ni siquiera he terminado mi formación como guardiana. Nada de esto tiene sentido. Puede que haya hecho un par de amigos en Rusia, pero quien tiene la información es Dimitri, como ya he dicho, yo solo me fui a la caza loca del strigoi.
Me sonrió, la maldita reina me sonrió.
- Nunca he estado… de acuerdo con sus métodos, Rose. Pero si hay algo en lo que me he equivocado y debo reconocer es que es usted mejor guardiana que la mayoría de los que tenemos en nómina. Su ímpetu puede parecer un problema a simple vista, pero la valentía que lo acompaña es algo que no todos los guardianes tienen. Es su determinación lo que ha hecho que nos podamos poner un paso por delante de los strigoi, y creo que nunca le estaré lo suficientemente agradecida por eso.
Estaba a punto de tocar el suelo con la barbilla de lo abierta que tenía la boca. Habían abducido a la reina, sí, eso tenía que ser.
- Su Majestad, con todo el respeto, pero no creo que Rose esté preparada para algo así. Aún es joven. Puede que haya visto muchos horrores y se haya enfrentado a cosas que la mayoría no puede ni imaginar, pero no puede dejar de olvidar su edad. Ni siquiera es una guardiana oficialmente- agradecía que Dimitri me defendiese, en parte tenía razón, no sabía si estaba preparada. Pero estaba claro que no era algo a lo que me pudiese negar, a juzgar por la expresión de la reina.
- Guardián Belikov, ¿acaso cree que dos meses más en la Academia y una estúpida prueba con profesores disfrazados de strigoi van a hacer de Rose una guardiana mejor de lo que ya es?- flipante. Estaba flipando.- Sé que se preocupa por ella, y también sé que probablemente lo hace más de lo que debería dada la relación que deben de mantener- mierda, ¿es que todo el mundo lo sabía ya? ¿es que acaso llevaba grabado en la frente "me he tirado al increíble dios ruso"?- pero, teniendo en cuenta la situación eso es lo que menos me preocupa en este momento, aunque puede que debiésemos haber hecho más caso a Victor en su momento- esto último parece que lo dijo para sí misma más que para nosotros.
Lo que quiero decir es: Rose ya es una guardiana, independientemente de que haya superado o no las últimas pruebas, está preparada más que muchos guardianes en su primer año. Con todo lo que ha vivido, me gustaría proponer que se ahorrase esa parte, está perfectamente cualificada para tener la marca de la promesa hoy mismo. Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas, no estoy dispuesta a perder a una de las mejores guardianes que he conocido para que pase dos meses más en la Academia haciendo el tonto con sus profesores disfrazados, en vez de ayudar en esta grave crisis, como sé que puede hacer.
Guau. ¿Estaba Tatiana sugiriendo que me nombrasen guardiana hoy mismo?
- Si ella está de acuerdo- asentí torpemente y dejé que continuase hablando-, podrían partir hoy mismo a Rusia. Hay un jet privado esperándolos. Será un viaje con varias escalas, pero lo ideal es que se encuentren allí mañana por la noche como muy tarde. Se les ha preparado una base de operaciones, así como un piso franco. Además, estarán en contacto con guardianes de la zona que les proporcionarán todo lo que necesiten. No habrá nada que no podamos hacer por ustedes, salvo lo imposible. No puedo daros más detalles por el momento, pues hasta yo desconozco el alcance que pueden llegar a tomar las cosas. Solo quiero advertirles: si aceptan este trabajo, una vez termine, solo habrá dos maneras de regresar, como héroes o en ataúd.
"Al menos es franca" pensé. Miré a Dimitri. Miré a la reina. Volví a mirar a Dimitri y después me miré las manos. ¿Infiltrarme? ¿Entre los strigoi? ¿Qué se suponía que íbamos a hacer, pintarnos la cara de blanco y ponernos colmillos postizos? Tenía que reconocer que la idea resultaba atractiva, más por el hecho de Dimitri y yo, en Rusia, solos, en un piso donde solo el calor de nuestros cuerpos podía calentarnos. Pero dejando aparte mi mente calenturienta, no estaba segura de si era capaz de hacer frente a ello. ¿Estaba preparada? Un solo vistazo de nuevo a Dimitri me dejó ver que en sus ojos brillaba la confianza, el amor. Creía en mí. Eso fue lo que me hizo pronunciar las siguientes palabras, aunque puede que después me arrepintiese:
- ¿Cuándo salimos?- en ese momento no sabía dónde demonios me había metido.
Apenas tuve tiempo de despedirme de Lissa. Le conté atropelladamente todo lo que había pasado, obviando el tema de Dimitri y su mano en unas zonas muy vergonzosas como para contarlo, y me despedí de ella apresuradamente prometiéndole que estaríamos en contacto. Después, dos guardianes que no conocía nos acompañaron a la zona de aeropuerto, donde nos montamos en el jet y viajamos durante casi un día entero. Tras una serie de escalas en lugares de los que ni siquiera me preocupé, terminamos en un pequeño piso de San Petesburgo con dos habitaciones, un pequeño salón y cocina americana.
- Vaya, no se han molestado mucho, eh. Ya podrían habernos metido en, no sé, alguna especia de mansión con baños con jacuzzi y cosas así- seguía molesta por no haber podido ir al balneario con Lissa, y las pequeñas cabezadas que me había ido echando durante el viaje hacían que mi humor estuviese muy irritable.
Dimitri sonrió. Lo hacía mucho últimamente. Me gustaba.
- En realidad, yo creo que está bastante bien. Además, se supone que hemos venido a trabajar, no de vacaciones, Rose- dijo, perdiendo la sonrisa.
De repente todo el peso de lo que estaba sucediendo me golpeó. No solo el hecho de que iba a estar quién sabe cuánto tiempo compartiendo piso con Dimitri, que ya de por sí era algo problemático, sino el hecho de que estábamos ahí para infiltrarnos entre los strigoi, que ahora resulta que querían hacerse con el mando de la Corte Real Moroi. Cada vez que lo pensaba me imaginaba a un rey strigoi con cuernos que tenía como mascota un perro de tres cabezas. Absurdo, lo sé, pero no se puede hacer nada cuando la imaginación te va por libre.
- ¿Cómo demonios vamos a empezar siquiera? No tenemos ni idea de nada, vale que sepamos más que la mayoría, pero eso no hace que de repente seamos capaces de infiltrarnos entre ellos, de saber qué planean y detenerlos como si nada. Son strigoi, sabemos que trabajan con humanos, y a saber qué más han estado haciendo.
Empecé a agobiarme.
- Tranquila, Rose- menos mal que Dimitri estaba allí.- Tenemos tiempo para pensar en todo esto, mañana nos reuniremos con los guardianes asignados a este caso. Ellos ya llevan un tiempo investigando a los diferentes grupos de strigoi de la zona, cosa que nosotros no. Una vez tengamos su información, junto con nuestros contactos, tendremos algo por lo que empezar. Lo ideal es que sigamos respetando el horario moroi, pues de noche es el único momento en el que vamos a encontrar algo de movimiento entre los strigoi.
Asentí, eso tenía sentido.
- Tenemos que ir a esta dirección poco antes de que anochezca- me entregó un papel con una dirección que no me sonaba absolutamente de nada, así que le presté poca atención.- Deberíamos descansar un poco, apenas quedan 6 horas para que anochezca.
- ¿No deberíamos dormir por turnos?
Sonaba estúpido, ya que era de día, pero no sabía hasta que punto estábamos jugando al borde del peligro.
- No es necesario. Han dispuesto una serie de guardianes alrededor del edificio, y en los pisos contiguos. Se supone que aquí estamos a salvo, nadie nos conoce y nadie sabe lo que somos. Es algo así como nuestro fuerte de seguridad personal.
Reí ante aquello. Era extraño estar en un lugar lejos de la Academia y no tener que preocuparme por ser atacada, pero también era bastante agradable la sensación de seguridad. Aunque podría ser falsa, el perro de tres cabezas podría tirar la puerta abajo.
- Está bien. Entonces, voy a ir a darme una ducha, me siento asquerosa después del viaje. ¿Alguna preferencia por las habitaciones?- ambas eran exactamente iguales: una cama en la que cabían de sobra dos personas y me hacía tener muchos pensamientos impuros, una pequeña mesita de noche, un armario empotrado a la pared y una ventana. Las paredes estaban pintadas de un soso tono crema, al igual que el resto de la casa.
- La única preferencia que tengo es que ojalá hubiese solo una habitación.
Después de ducharme, con agua más bien fría para calmar todo el calor que Dimitri había despertado en mí con esa estúpida frase, vestirme, dormir un poco y arreglarme para salir, ambos nos encontrábamos en un pequeño club a las afueras de la ciudad. Sabía que Dimitri también se había duchado y afeitado, porque cuando montamos en el coche el olor a su jabón lo había inundado todo, y me había costado mucho no lanzarme encima de él. Joder, ¿qué le pasaba a mis hormonas? ¿Strigoi? Vale, podía con ello. ¿Dimitri y yo en el mismo coche? Me hacía hiperventilar. Algo estaba mal conmigo si mis prioridades eran tan simples.
Era consciente de que Dimitri estaba tan afectado como yo, por la manera en la que inspiraba hondo y me miraba cuando creía que no me daba cuenta, y eso lo hacía todo mucho peor. Me había recogido el pelo como a él le gustaba y, a pesar de que no podía vestir el uniforme de guardián, me había puesto unos vaqueros elásticos ajustados que sabía que me hacían un culo de muerte y un jersey rojo quizás demasiado escotado, pero oye, se suponía que íbamos a un club donde la gente estaría de fiesta y bien vestida, no quería desentonar.
Habíamos llegado pronto a la reunión, por lo que pedimos un par de copas y nos sentamos en la mesa más alejada de todas, intentando no llamar la atención. La gente se movía en la pequeña pista improvisada al ritmo de una música que retumbaba a través de los altavoces. Parecían pasarlo bien. Por una sola vez, me gustaría formar parte de aquel grupo, personas que no tenían ni idea de lo que se les podría venir encima, que solo se preocupaban por cosas simples y que podían divertirse sin tener que estar constantemente mirando a sus espaldas. Vimos a dos guardianes acercarse a nosotros y me distraje de lo que estaba pensando, un hombre y una mujer que debían de ser solo algo mayores que Dimitri, y se sentaron en nuestra mesa, haciéndole un gesto al camarero para que se acercase a tomarles nota.
- Dos vodkas. Y otra ronda de lo que sea que estén bebiendo ellos- el camarero se alejó.
La mujer nos sonrió, tenía un pelo rubio y unos ojos azules que llamaban la atención, al igual que su compañero, parecían sacados de una revista de modelos. Ambos iban vestidos de negro, respetando el estatus de guardián pero sin querer llamar la atención.
- Soy Katerina- se presentó la mujer- y él es Marco.
Dimitri y yo nos presentamos y, tras un breve apretón de manos, llegaron las bebidas.
- Vamos a ser vuestros contactos en la zona, no los únicos pero sí los únicos con los que os reuniréis. De momento esto es lo que sabemos- sacó una carpeta y la abrió. Adiós a la formalidad, era hora de trabajar.- Hay tres grupos de strigoi que parecen estar trabajando juntos, uno de ellos es el liderado por tu antigua instructora, Dimitri. Todas las noches se reúnen en un sótano próximo a esta zona.
Dejó caer sobre la mesa varias fotos de los strigoi. Un escalofrío me recorrió la espalda al ver a Galina, pero intenté desterrar de mi mente aquellos momentos pasados en la finca, no era momento de ponerse ñoña.
- Sabemos que han estado trabajando con humanos, lo cual no es una novedad- nos miró a Dimitri y a mí.- Pero sí hay algo nuevo que sospechamos y que podría dificultar las cosas. Creemos que están trabajando con moroi. No sabemos si son voluntarios o están siendo sometidos a coerción, pero hemos visto a alguno junto a este grupo y entrando en el sótano donde se reúnen.
Algo frío me recorrió la espalda. ¿Trabajar con moroi? ¿Los strigoi? Eso no era posible.
- Pero…- no me salían las palabras. El simple hecho de que un moroi estuviese dispuesto a trabajar con un grupo de strigoi me daba naúseas. Miré a Dimitri, y por la expresión de sus ojos supe que para él no era algo nuevo.
- Era algo que sabía, pero…- se quedó pensativo un momento, como si estuviese reviviendo aquellos días en los que no había sido más que un caparazón sin voluntad.- No quise decir nada, al menos no allí, en la Corte o delante de Alison. Los moroi necesitan bases sobres las que mantenerse de pie, creencias. Nunca hubiesen creído que algunos de los suyos trabajasen con los strigoi, hubiese cundido el pánico, y ahora mismo es lo que menos necesitamos si no queremos ponérselo más fácil a los strigoi- hizo una pausa durante la cual los dos guardianes y yo lo miramos fijamente, a ellos no parecía pillarles por sorpresa, pero yo estaba flipando a unos niveles que no sabía si directamente todo esto era un sueño y yo seguía durmiendo en mi cama de la Academia.- Los strigoi trabajan con moroi. Y ellos están accediendo voluntariamente. Hay algunos que creen que la reina está perdiendo poder, y los strigoi les han metido en la cabeza la idea de que solo ellos pueden llevar a la nación moroi a lo más alto. Como siempre, se trata de una cuestión política.
