Vampire Academy no me pertenece.

Capítulo 9.

Apenas hablé durante el resto de la reunión. Dimitri y los otros dos guardianes quedaron en reunirse a la mañana siguiente- es decir, al atardecer- en nuestro piso franco, para terminar de traernos toda la información y una serie de "juguetitos"- al menos así los llamó el tal Marco-. Yo estaba demasiado sobresaturada por todo lo que había descubierto como para que aquello me llamase la atención, y ni siquiera fui consciente de que nuestros dos amigos se iban hasta que Dimitri me tocó el hombro y levanté la vista para ver dos sillas vacías en frente de mí.

Parecía que habían pasado un par de horas, el club estaba más lleno y la gente debía estar más borracha, pues bailaban mucho más que antes. Quizás era cosa mía, que necesitaba inhibirme un rato después de lo que había escuchado.

- ¿Cómo es posible?- susurré a Dimitri.- Esto no puede ser verdad. Se supone que las cosas no son así- volvía a actuar como hacía unos meses, cuando me enteré de que los humanos trabajan con strigoi en aquella excursión que hicimos Dimitri y yo poco antes de las Navidades y habíamos descubierto que los strigoi estaban utilizando a los humanos para romper las defensas.

Dimitri me miró con comprensión y pasó un brazo alrededor de mis hombros, acortando la distancia que había entre nosotros. Él siempre estaba ahí para consolarme, daba igual lo fuerte que tuviese que ser o lo mal que estuviese mi actitud, sobre todo teniendo en cuenta que había sido enviada aquí con una misión de verdad, tenía que actuar como una guardiana de verdad, pero él nunca me dejaba derrumbarme.

- Las cosas están cambiando. Hemos pasado demasiado tiempo limitándonos a huir de los strigoi, y ellos lo saben. No les hemos prestado atención, pensando que nosotros éramos más inteligentes que ellos, y nos la han devuelto. Quizás si hubiésemos emprendido una actitud más agresiva, yendo a por ellos en vez de dejar que nos diesen caza, no se habrían fortalecido así. Pero ha sido mucho tiempo el que los hemos ignorado y se han aprovechado de la ventaja.

Me reí.

- Acabas de sonar como Tasha. Es algo que ella diría.

Dimitri rió también y me abrazó más fuerte, su olor me rodeaba y era muy agradable la sensación de que, aunque el mundo se estuviese yendo prácticamente a la mierda, él iba a estar allí para mí.

- ¿Quieres bailar?

Lo miré sorprendida.

- ¿Bailar? ¿Ahora? ¿Juntos?- debía de sonar como una idiota pero es que de verdad que no pensaba que ese fuese el momento idóneo para bailar. Aunque en realidad me moría de ganas de pasar un poco de tiempo como una persona normal. Me mordí el labio y Dimitri se percató de lo quería. Me cogió de la mano, me levantó y me guió a la pista de baile.

De pronto nos encontramos entre aquel mar de cuerpos que bailaban al ritmo de una música que no conocía, pero fui capaz de seguir el ritmo con rapidez. Dimitri se pegó más a mí y se movió conmigo y, por un momento, pude disfrutar de un poco de normalidad. Una vez desterré de mi mente todo lo que nos habían contado Katerina y Marco fui totalmente consciente de lo cerca que estaba Dimitri de mí. Parecía que mi mente no era capaz de concentrarse en dos cosas, o pensaba en el desastre que estaba por venir o pensaba en él.

No sé cuánto tiempo pasamos así, pegados el uno al otro sin hablar, solo mirándonos, pero era totalmente consciente de que las cosas estaban empezando a subir de temperatura, sobre todo cuando Dimitri me pegó aún más a él y empezó a mover su cadera contra la mía. Quién iba a decir que también sabía bailar. Estaba descubriendo muchas cosas que no sabía de él, y la verdad era que me gustaba. Le sonreí, contenta de poder estar ahí con él a pesar de las razones y de lo complicado de nuestra relación. Me devolvió la sonrisa- aquello se estaba volviendo muy común- y bajo sus labios a mi oído, provocándome un escalofrío.

- Espero que no hayas olvidado la promesa que te hice ayer- susurró.

No, no lo había olvidado. Y al parecer mi cuerpo tampoco por la manera que tuvo de reaccionar a él. Deseaba todas esas cosas con Dimitri, pero me di cuenta de que, en realidad, me sentía más insegura de lo que me había sentido nunca. Era totalmente absurdo, ya me había acostado con él, me había visto desnuda y sé a la perfección que no tengo un cuerpo del que avergonzarme. Y también sé que él me desearía de cualquier manera. Pero es que había pasado demasiado tiempo. ¿Y si no sabía lo que hacía? Era una situación muy diferente a la de la cabaña, donde la pasión nos había consumido, no habíamos tenido casi otra opción que sucumbir a ella. Esta vez era todo más premeditado. Dimitri me miraba pidiéndome permiso, totalmente consciente de lo que pasaba por mi mente en aquellos momentos.

- No tienes que decir que sí hoy, Rose- la sinceridad teñía sus palabras.- Sé que tienes muchas cosas en la cabeza y que todo ha pasado muy rápido. Pero no puedo evitar mirarte, saborearte y no pensar en todas las cosas maravillosas que quiero hacerte. Lo que has hecho por mí es más de lo que voy a poder darte nunca, y solo quiero pasar el resto de mi vida adorándote.

Lo miré. Y me di cuenta de que era la primera vez que lo miraba de verdad desde que había vuelto. Antes no había podido dejar de pensar en todo lo que nos había sucedido, en todo lo que habíamos tenido que luchar para llegar ahí y en todo lo que podía pasar. Por primera vez en mucho tiempo lo miré y me di cuenta de que su amor por mí no había cambiado. Era obvio que los meses que había pasado convertido en strigoi no se iban a borrar así como así, pero después de mucho tiempo volví a ver aquella mirada que vi la noche de la cabaña, la simple mirada de un hombre que ama a una mujer. Y la promesa de que no iba a dejar que nada nos separase.

Algo- por fin- hizo click dentro de mí. Había pasado meses enamorada de él pensando que nunca podría tenerle, luego unas horas pensando que podríamos hacer que funcionase pero sin saber muy bien cómo, después lo perdí y pensé que jamás lo volvería a recuperar y, cuando contra todo pronóstico lo hice, me había centrado en los horrores del proceso en vez de darme cuenta de que estaba de nuevo conmigo y esta vez nada iba a separarnos.

Dimitri debió de ver el cambio en mí, porque de pronto bajó sus manos hasta mis caderas y me dijo al oído:

- Vámonos de aquí.

El camino de vuelta al piso fue rápido. Apenas hablamos, salvo para concretar algunos puntos sobre la reunión del día siguiente y, sobre todo, para muchas promesas sucias de Dimitri que solo volver a pensar en ellas me sonrojaba. ¿Desde cuándo me sonrojaba yo?

Teniendo en cuenta que todavía era temprano para el horario vampírico allí en la Academia, le dije a Dimitri que quería comprobar cómo estaba Lissa, e intentar comunicarme con ella. Aquello lo pilló por sorpresa.

- ¿Comunicarte? Pensaba que el vínculo iba solo en una dirección- comentó mientras se quitaba el guardapolvo y lo colgaba en unos de los percheros de madera oscura que había al lado de la puerta principal del pequeño piso.

- En realidad, sí, funciona en una sola dirección. Pero cuando estuve con Mark y Oksana no solo aprendí que podía traerte de vuelta, me enseñaron muchas cosas que desconocía acerca de la conexión. No he tenido demasiado tiempo para pensar en ello con todo lo que ha pasado, pero me dijo que, si era capaz de adentrarme lo suficiente dentro de la mente de Lissa, se supone que también debería ser capaz de mandarle algún mensaje. Ella no puede sentirme a mí de la manera en que yo la siento a ella, pero puedo colar algún pensamiento en su mente y establecer alguna especie de conexión.

- Quieres contarle lo que está pasando- comprendió.

- Sí. Sé que no debería, pero no quiero que esté a ciegas. Necesita saber lo que está pasando y contárselo a los demás. Tienen que estar preparados por si sucede cualquier cosa, y sé que podemos confiar en ellos.

- No estaba reprochándotelo, Roza- el apodo me hizo sonreír.- Me parece bien que quieras tener a Lissa al tanto, y sé que Chirstian, Eddie, Adrian y los demás no se irán de la lengua. Te daré un momento a solas.

Dicho esto desapareció del pequeño salón y me quedé sola. Me tumbé en el sofá, cerré los ojos y relajé los músculos mientras la familiar sensación de entrar en la mente de Lissa me rodeaba.

Se encontraba en una de las salas de ocio de la Academia y, para mi suerte, el grupo al completo estaba con ella. Eddie se encontraba ligeramente más apartado, con aspecto de guardián intentando controlar todo lo que pasaba, mientras ella y Christian estaban sentados en uno de los grandes sillones que llenaban la estancia. Me sorprendió ver allí a Adrian, después de que me dijese que iba a volver a la Corte, pero la conversación que tenía me lo aclaró todo.

- Mi tía abuela me ha prometido que nadie va a experimentar conmigo, que se supone que estoy a salvo aquí- al parecer acababa de llegar, pues para el resto esta información también era nueva.

Una punzada de culpabilidad sacudió a Lissa. En realidad, ella sí había dejado que experimentaran con ella. Había estado trabajando con algunos profesores cómo encantar una estaca, aunque de momento no había habido resultados.

Intenté contactar con ella. Sentía como si tuviese un gran muro delante de mí y tuviese que atravesarlo. Intenté con todas mis fuerzas hacerlo, pronunciando su nombre una y otra vez. "Lissa, Lissa, Lissa".

- ¿Rose?- dijo ella en voz alta. Los demás la miraron extrañados, sin entender muy bien a qué venía eso.

- Rose está bien, Liss- dijo Christian mientras le palmeaba la pierna.

- No, no, no es eso- le corrigió mi amiga mientras una emoción de júbilo la embargaba.- Creo que está intentando ponerse en contacto conmigo.

"Lissa, escúchame, no creo que tenga mucho tiempo. Esto es difícil de narices".

- Mierda- susurró mientras la sentía fruncir el ceño.

"¿Eres tú, Rose? ¿Cómo lo has hecho?".

"No tengo tiempo para entrar en detalles. Lissa. Estoy poniendo todo mi empeño en esto pero no sé cuánto voy a aguantar. Hay algo que tú y los demás debéis saber".

Le conté atropelladamente todo lo que sabía, desde el plan de los strigoi hasta su colaboración con los moroi. Me sentí un poco culpable al notar que un ánimo oscuro se instalaba en ella, pero tenía que empezar a tratar a Lissa como una niña grande si no quería que le pasase nada.

"Díselo a los demás. Estad atentos. Intentaré comunicarme contigo en cuanto pueda, pero tenéis que estar alerta".

Antes de que pudiese decir nada más, aunque solo fuese una breve despedida, me salí. Me goteaba sudor por la frente del esfuerzo y al principio me costó enfocar el techo de ese horrible color crema al que estaba mirando.

Gruñí y me incorporé, para darme cuenta de que Dimitri me miraba al otro lado de la cocina americana mientras sacaba una serie de envoltorios de una gran bolsa marrón de papel.

- ¿Lo has conseguido?- me preguntó.

- Sí- me froté la nuca, sentía una fuerte presión en la cabeza debido al esfuerzo mental.- Ha sido rápido, no me ha dado tiempo a decirle mucho pero al menos lo importante ya lo sabe. Va a decírselo a los demás y van a mantenerse alerta.

Asintió y de pronto me di cuenta de lo que contenía la bolsa a la que apenas le había prestado atención. El olor de las hamburguesas con queso y las patatas fritas me hizo la boca agua.

- ¿Has salido a comprar eso?- estaba segura de que los ojos me brillaban de adoración mientras miraba las hamburguesas, no me había dado cuenta de que tenía tanta hambre, pero de pronto mi estómago rugió y la boca se me hizo agua.

- Pensaba que tendrías hambre- dijo riendo mientras se sentaba conmigo en el sofá de cara a la pequeña mesita que teníamos delante. Colocó la comida en dos platos y me pasó un par de servilletas.

- Eres el mejor- suspiré mientras le hincaba el diente a mi hamburguesa.

- Creo que no es la primera vez que me dices eso.

Sonreí y comimos mientras charlábamos. Fue una conversación superficial, sobre todo centrada en cosas prácticas: quién iba a poner la lavadora, dónde íbamos a ir a comprar comida- pues aunque me encantaría no creo que a mi cuerpo le hiciese mucha gracia alimentarse a base de hamburguesas y patatas fritas-. Una vez terminamos recogimos todo, tiramos los envoltorios a la basura y entramos en una dinámica de frotar enjuagar los platos que me hizo sentir totalmente normal por un momento.

Cuando recogimos todo nos tumbamos relajados en el sofá con las piernas entrelazadas y le conté algunas de las cosas que Oksana me había enseñado.

- Al parecer, no solo puedo comunicarme con Lissa, sino que también puedo meterme en su cuerpo. Suena a rollo posesión, lo sé- dije mientras me miraba con una ceja levantada.- Pero podría estar bien si necesita algo de ayuda y yo no puedo estar cerca, ya sabes, Lissa no sabe pegar puñetazos.

Ambos nos reímos ante la imagen de la princesa Dragomir arreando puñetazos.

- Hay muchas cosas sobre el vínculo que todavía desconocéis. Por ejemplo, lo que me has contado sobre los objetos encantados con el espíritu que te ayudan a mantener la oscuridad apartada. Sé que tu primer impulso es preocuparte por ella, pero no estaría mal que también te encargases de ti por el camino. No quiero volver a verte como aquella noche, Rose, tienes que preocuparte también por ti misma.

Asentí con un poco de vergüenza, en realidad siempre me había importado una mierda lo que pasase mientras Lissa estuviese bien, pero estaba aprendiendo a lidiar con el hecho de que, si a mí me pasaba algo, no podría protegerla, así que no estaba de más asegurar también mi cordura por el camino.

- Lo llevo mucho mejor- le confesé.- El anillo que me dio Oksana me ayuda.

Dimitri se relajó ante aquello, confiando totalmente en mis palabras. Y de pronto, cambió de tema.

- Quiero ver a mi familia- soltó. Y creo que le vi avergonzarse un poco.- Sé que no debería estar preocupándome por eso, pero de verdad que no quiero que piensen que sigo muerto. No sé si alguien les ha dado la noticia, pero de todas formas me gustaría mucho ir y agradecerles lo que hicieron por ti.

Lo miré con ternura y le agarré la mano.

- Iremos, en cuanto podamos.

Me sonrió con agradecimiento y se inclinó sobre mí para darme un suave eso en la mejilla, pero no se detuvo ahí, giró hasta mis labios y me besó con suavidad, apenas un roce, pero que consiguió calentar cada partícula de mi cuerpo.

El aire cambió entre nosotros, volviéndose más denso. De repente era totalmente consciente de cada parte de Dimitri que me tocaba, creando fuego allí donde nuestros cuerpos se tocaban.

Con otro suave roce de sus labios contra los míos, se apartó un poco y enredó mi mirada en la suya.

- Vámonos a la cama, Roza.