Memoria
Una sonrisa calida y sincera siempre dedicada a ella, eran su eterna compañía. Aunque siempre era rodeada de oscuridad no lograba sentir pesar, frío o soledad, sus memorias, lo único que quedaba, más fuerte que cualquier amenaza y más luminosa que cualquier manto negro.
De vez en cuando una voz le hablaba, tan calida como aquella sonrisa, como aquellos gestos. Ella escuchaba, llena de un sentimiento que tan solo podía definir como amor, no porque conociera la palabra o lo que significaba, sino porque era lo único que venía a su mente. Lo conocía, sí, a través de sus recuerdos y a la vez no, solo cuando la voz se acallaba y pasaba a nada más que otro fragmento, a otra memoria, solo entonces lo conocía, lo entendía.
Desapercibida por todos menos él. ¿Cuántas veces escucho una disculpa sin saber por qué la voz le pedía perdón? Solo comprendía cuando la voz se acallaba y recordaba aquella fatídica noche. ¿Cuántas veces escucho palabras llena de afecto sin saber su significado solo hasta que cesaban? Porque solo cuando el silencio reinaba y él pasaba a ser un recuerdo ella era capaz de descifrar sus gestos.
Pero no necesitaba memoria para saber que era. Tan solo una evocación nacida de amor, el objeto de afecto hace mucho tiempo ido, arrebatado a la sonrisa muchos años atrás. A veces la voz parecía darse cuenta también, pero solo una vez que había ascendido donde habitaba, tan solo una vez había muerto en sus manos realmente se dio cuenta de lo que pasaba. Tal vez siempre lo supo, tan solo nunca quiso aceptarlo, tal vez jamás había querido negarla.
Aquella horrible primera vez que había asesinado a la sonrisa con sus propias manos. Incapaz de reconocerlo y responder a sus llamados, no lo reconoció, como jamás lo hacía con cualquier cosa, hasta que se convertía en una recuerdo, solo cuando no le quedaba nada más que rememorar, siempre incapaz de disfrutar el ahora y eternamente encerrada en el pasado.
En la oscuridad el hombre la esperaba, sorprendido cuando ella ataco sin piedad, aturdido cuando no respondió a sus plegarias, destrozado cuando arranco aquel corazón incapaz de odiarla. Lloró desconsoladamente y solo cuando todo había pasado, comprendió lo que había echo, solo cuando el había vuelto entendió lo que había hecho.
Él que en su soledad poseía el poder de crear dio vida al más preciado de los recuerdos, ella que como una imagen pasada se había convertido en un ser que tan solo en él hallaba el consuelo.
La expresión de amor más grande de un hombre, un hombre incapaz de salvarla a ella antes o después de ser nada más que una memoria.
NA: Si quieres amor tienes a Maxwell y Charlie, si quieres angustia tienes a Maxwell y a Charlie.
