Hunt

Observó a su presa, inocente e ignorante de su futuro. No era el oponente más digno que pudiera pedir, pero por el momento sería suficiente hasta la próxima batalla. Se acerco con cuidado, no queriendo espantar a la pequeña criatura. Incluso si no era una batalla digna para probar sus habilidades, la necesidad apremiaba y bajo ninguna circunstancia caería sino en batalla. Con agilidad se abalanzo sobre los pequeños conejos con cuernos y con destreza atrapó tres criaturas de un solo intento, ni su lanza ni un escudo le fueron necesarios, solo el trabajo de sus expertas y fuertes manos.

Los espíritus de sus presas se alzaron al Valhala y ella los despidió con el honor que merecían tras caer ante un guerrero formidable como ella. Ya en la noche estableció un fuego y tomo la primera de las carnes ya cocinadas para comenzar el pequeño festín. Esta era la vida digna de una vikinga, caza tras caza, pelea tras pelea, terminando un festín en la noche para a penas saliera el sol continuar con su travesía. Él frío comenzaba a sentirse en el aire y ahora solo le falta explorar el norte de la gran isla, donde sospechaba podría encontrar una manada gran manada de Beefalos. Ellos serían un oponente mucho más digno, con suficiente coraje no solo para enfrentarse a ella, sino también para admitirse a ellos mismo que solo no lograrían vencerla. Sí, aquellos animales habían mostrado su valor y unidad en más de una ocasión, venciendo toda clase de criaturas, desde árboles caminantes a pequeños perros molestos.

Tomó sus cosas y con una antorcha se movió por la oscuridad , la verdadera casería empezaría con ayuda de los Dioses en la mañana, pero mientras tanto ella seguiría adelante, se detuvo en sus pasos y sonrío, no podía dejarle todo el trabajo a los Dioses. Fueron tan solo unos pasos en la oscuridad cuando vio el fruto de sus acciones y la bondad de aquellos más poderosos que ella, frente a ella estaba una otorgada una. A sus pies encontró el típico suelo perteneciente a la sabana y un poco más al norte escucho a los adormilados animales que sin temor eran capaz de descasar en la siniestra oscuridad, sin temor a que las cortinas fueran cerradas frentes a ellos.

Creo una fogata, pequeña pero lo suficiente para durar lo que quedaba de noche y descansó, en la mañana lucharía nuevamente usando las fuerza que sus antiguas presas le habían entregado. Sobra decir que la pelea no fue fácil, pero al final salio victoriosa y con renovadas fuerzas. Tomo las grandes cantidades de carne, piel y unos pocos cuernos para continuar con su eterna casería.


NA: Me gusta jugar con Wigfrid C: