Joy

Wickerbottom, Wes y Woodie se sentaron cerca de su fuego, que grande, vivo, audaz y salvaje iluminaba la noche y alejaba a la oscuridad y lo que fuera que en sus tinieblas rondaba.

Sabía que los demás la observaban, algunos reservados ante su gozo, otros entendiendo su júbilo. Le agradecía a Woodie por la madera, esta noche el hermoso fuego era grande gracias a él. En cuanto a los demás, Wickerbottom había venido a pedirle un poco de carbón y Wes simplemente había estado en las cercanías.

El fuego carraspeo y aunque no era necesario, agrego otro tronco para alimentarlo. Tendría suficiente madera para al menos una semana incluso si derochaba un poco esta noche.

Se sentó y observó. Wes y Woodie descansaban a una distancia "confortable" del fuego, mientras que Wickerbottom simplemente leía sus libros. En las palabras de su amiga, el fuego era "una combustión agradable", palabras elegantes para algo que era mucho más que eso.

Ella observó el fuego, contenta, alegre, regocijada ante la gran llama, ante su calor abrazador y los colores brillantes y fuertes, vivos en lo que podía deleitarse. El fuego era el único lujo que este mundo no lograba quitarle.

Al final de cuentas, podía afirmar completa y francamente, que la noche es su periodo favorito del día, pues es el momento donde el fuego es el protagonista y todos le dedican la atención que merece. Con sus manos jugo con su encendedor, encendiéndolo, observandolo, independiente de que no lo necesitara. Entre más fuego, mejor.

Era en estos momentos en que la sonrisa no dejaba su rostro y el júbilo era insuperable.