Música
El sonido de flautas, una trompeta, un violín, entre otros instrumentos llamó su atención. Sin que nadie se percatase se acerco a las diversas fuentes de luz y en cada una conciertos distintos eran tocados; algunos eran alegres, otros entusiastas, otros sonaban algo cansados, algunos eran hasta furiosos.
Cerró sus ojos, disfrutando de la música. Se sentía bien, la noche era su momento favorito del día, era cuando podía salir y escuchar la música, aunque también podía seguir las melodías a la cuevas, raramente los encontraba por allí.
Había pasado mucho tiempo, ya no sabía cuanto, había perdido la cuenta de los años que pasó vagando sin rumbo, sola. Hasta que un día el primer sonido llegó, la trompeta era uno de sus favoritos, él primero en parecer y en hacerle compañía.
Amaba la sinfonías que se desplegaban en las noches, todas vivas, todas distintas. Algunos instrumentos a veces tocaban solos y a veces se juntaban para formar desde pequeños a grandes conciertos.
En una fogata en especifico escucho a la trompeta y al armonio, sus dos predilectos. Se sentó con gusto a escuchar la melodía, un concierto poco habitual de aquella noche. Ambos instrumentos solían tocar juntos, pero su música solía ser más fuerte y errática. Las notas calmadas y suaves no eran algo desagradable y con jubilo se sentó a escuchar, solo a escuchar.
Cuando los instrumentos terminaron su sonata fue en busca de otro. Se sentó y escucho, una hermosa sinfonía de vientos y cuerdas. Entonces la luz se apagó y con ellas el concierto sin terminar.
Sola, perdida, una vez más en la oscuridad.
Frenéticamente busco los instrumentos, trató de volverlos a la vida, en su lugar quedó solo con los restos de lo que acaba de destruir.
