Escuela
Wilson camino por los pasillos de la escuela, las clases habían terminado hace un par de horas, pero él se había quedado con el permiso de su profesor en uno de los laboratorios para experimentar. Le encantaba la química, sospechaba que su preferencia por la materia se podía atribuir al interés del director por la misma, porque el laboratorio poseía una gran cantidad de reactivos para diversas experiencias empíricas, por lo que no solo aprendía del tema, también tenía la oportunidad de poner su nuevo conocimiento en práctica y él con todo el gusto del mundo aprovechaba de realizar tantas actividades como se le permitieran.
Dobló a la izquierda al alcanzar el siguiente pasillo, al ir saliendo de la escuela vio en el patio a unos cuantos niños practicar deportes mientras los profesores les daban instrucciones. Ignoro a sus compañeros y docente, continuo caminado hasta alcanzar los dormitorios y subió hasta su habitación. Era uno de los pocos estudiantes con un cuarto propio y aunque sabía que la razón de ello era que ningún otro alumno estaba dispuesto a compartir habitación con él, no le molestaba, era gracias a ello que podía estudiar con tranquilidad.
Dejó su mochila a los pies de la cama y con el mismo cansancio se dejó caer sobre ella. Cerró los ojos mientras sonreía levemente. Le encantaba el internado, no solo podía usar todo su tiempo en aprender nuevos conocimientos, sino que podía hacerlo en calma y sin tener que soportar a su familia. En este lugar no había madres que lo despreciaran, ni padres que lo encontraran una molestia y tampoco hermanos que le hicieran la vida imposible. Nadie se metía con sus libros ni sus cuadernos, nadie rompía sus notas ni los pocos instrumentos que consiguiera. No le importaba lo que sus compañeros pensarán y agradecía a los profesores que le enseñaban sin reparos.
Le encantaba la escuela, lo que la institución implicaba y representaba, le encantaba aprender y amaba la ciencia. Eran estos aspectos de su vida, todas cosas carente de humanidad, la que le daban una sensación de bienestar. Ninguna lo juzgaban, ni actuaban en su contra, que fueran cosas o conceptos ayudaba bastante en ese aspecto y él estaba más que dispuesto a crecer en un hombre que pudiera contribuir a todo como solo un científico sería capaz. El conocimiento era una de las pocas cosa que podías dar sin que se acabaran, pues cuando regalas conocimiento este simplemente se multiplica y nadie lo pierde, era una frase que había leído hace tiempo.
Se sentó sobre cama, de su mochila saco uno de sus cuadernos y comenzó a estudiar los temas para mañana. Amaba la escuela, lamentablemente en unas semanas más llegaría el verano y con él, por alguna incomprensible norma social tendría que volver a casa. Prefería estar rodeado de libros y reactivos antes que los de su propia especie.
