Eve dirigía sus pasos hacia su habitación, cruzó los pasillos infinitos hasta llegar a las escaleras caprichosas que le llevaron a la puerta de su estancia. Ese pequeño paseo le recordó sus años en el colegio de magia... unos recuerdos que no le gustaban precisamente.

De muy pequeña, Eve, fue internada en una escuela de magia en Francia. Desde hacía muy poco tiempo, no recordaba mucho de su infancia, ni siquiera de sus padres. Por lo que siempre le habían dicho, su padre, abandonó a su madre antes que ella naciera, y su madre, murió al ser ella una criatura. Su tutela quedo a cargo de una mujer, la cual le enseño todo lo que sabía en referente a la magia. Esa mujer, era directora de la escuela de magia donde posteriormente fue internada. Allí, vivió hasta ser mayor de edad, protegida por la tutela de la directora pero presionada por el mismo motivo, con la ansiedad, siempre, de ser la mejor en todo y demostrar que no era una privilegiada por ser quién era. Desde hacía medio año, las cosas habían empezado a cambiar, su sueños le revelaban recuerdos de su infancia, de su madre y de su padre… que hasta aquel entonces ella no conocía ni su existencia. El miedo empezaba a recorrerle el cuerpo y comenzaba a darse cuenta de que su vida cada vez peligraba más.

Empezó a pensar como había llegado a Hogwarts y aun no estaba convencida si era buena idea haberlo hecho. ¿Hasta qué punto podía confiar en Dumbledore? En ese momento le vino en mente la conversación que habían mantenido un par de meses atrás…

– Que se le ofrece señorita… – dijo Dumbledore, extendiendo la mano a la atractiva mujer que tenía enfrente.

– Riddle, Eve Riddle– dijo ella rápidamente extendiendo la mano.

Al hombre se le helo la sangre, Riddle dijo por sus adentros… debe de ser mera coincidencia, pensó el viejo.

– Director...– empezó hablar la señorita sin parar atención a las reflexiones del viejo– Lo que le vengo a contar no es nada fácil para mí y, a decir verdad, aun no sé si debo hacerlo, pero creo… tengo la sensación que… usted puede aclarecer mi situación y ayudarme. Hace un mes que murió mi tutora, la señora Alice Grey, y dejo esto en su testamento. Es para usted.– la mujer mostró y entregó una carta al director que le miraba extrañado.

Sr. Dumbledore,

Soy Alice Grey, directora de la Escuela de Magia y Hechicería Avignon, de Francia. No he tenido el placer de conocerle y me temo que ya es demasiado tarde. Lo que le cuento en esta carta es de vital importancia para usted y para todo el mundo mágico.

Esta carta, como ya misma dispuse en mi testamento, ha sido entregada a usted por la señorita Riddle, es de mí suponer que su apellido le resultara familiar, efectivamente esta en lo cierto. Ella es la única familiar viva de aquel que fue su alumno hace largos años, Tom Riddle. La señorita Riddle esta instruida eficientemente en el mundo de la magia, pues yo misma la instruí sabiendo que llegaría el día que ella seria de vital importancia, es una gran hechicera, y por suerte de todos, nadie conoce de su real existencia excepto usted. La lejanía y la falta de conocimiento de su existencia por parte de Aquel Que No Debe Ser Nombrado la ha mantenido a salvo durante muchos años, pero el mal que siento que ahora se propaga, no juega a su favor. Hace unos meses que la señorita Riddle ha empezado a tener visiones, a recordar cosas de su pasado, que le han hecho darse cuenta de quién es y del peligro que corre si su padre la descubriera. Si, Lord Voldemort, es su padre. Entre Tom Riddle y ella hay una conexión que juega a nuestro favor para poder evitar que la maldad se propague en nuestro mundo.
Así pues le pido, por favor, que la proteja… y le ayude a continuar en el buen camino y poder así terminar con su padre. Ella conoce toda la historia, sabe de la existencia del Señor Potter y de todo lo que pasó, pues eso es lo que ve ella continuamente en sus sueños y visiones. Según parece, su mente está estrechamente conectada con la de su padre, sin que él sepa de ella. Espero que no le confíe el secreto a nadie hasta que sea estrictamente necesario.

Atentamente.

Alice Grey

Al terminar la carta el director fijo su mirada a la mujer. Ella bajo la mirada, se podía ver la culpa en su rostro al igual que el miedo y la preocupación.

– Señorita Riddle– dijo acto seguido Dumbledore– Entiendo su rostro de preocupación pero no comparto su mirada de culpa, usted no es él, lo puedo notar solo con su presencia. Creo que pasara una larga temporada en Hogwarts, señorita…. A partir de hoy, Señorita Sanders.

– Gracias director…– dijo ella con voz temblorosa.

Los gritos de los estudiantes hiendo hacia sus habitaciones la hicieron salir de sus pensamientos, había pasado casi media hora, salió de su habitación y se dirigió hasta el despacho del director Dumbledore. Se paró en la puerta, y antes de poder pronunciar la contraseña una voz la interrumpió…

– Buenas noches señorita Sanders– dijo el profesor Snape clavándole la mirada otra vez.

– Bue..nas noches.. prof… - la mujer no termino la frase, como si proviniera de esos ojos negros una extraña punzada de dolor apareció en su cabeza casi sin dejarle mantenerse en pie.

– ¿Se encuentra bien profesora?– dijo el hombre con cara de asombro y al mismo tiempo desconfianza.

– Si…. No es nada... no ha sido nada…– dijo ella mirándolo un poco asustada.

– No confío en usted señorita Sanders, no sé el real motivo de su estancia en Howards, pero espero descubrirlo pronto.– dijo él lentamente y sin apartar la mirada de la mujer.

– Creo que esconde más cosas usted que yo, profesor Snape.– dijo la mujer, tragando saliva y mostrando una falsa seguridad que no sabía exactamente de donde había salido.

El profesor Snape levanto una ceja, y desviando lentamente su mirada de ella continuó su camino desapareciendo en la oscuridad de los pasadizos. La mirada de seguridad de la mujer se desvaneció en seguida, convirtiéndose en inquietud… ¿qué había sucedido?. Había tenido visiones, también sueños, pero nunca dolor. Lo que no tenía claro era si ese dolor estaba relacionado con el profesor Snape. Decidió, por ahora, no dar más vueltas al tema ya que el director le esperaba y no quería ser impuntual. Tras haber tomado aire y tranquilizarse un poco, decidió pronunciar la contraseña para acceder al despacho de Dumbledore.

En el interior del despacho, Albus Dumbledore estaba ensimismado en sus pensamientos. Des de la llegada de la señorita Riddle se sentía un poco mas aliviado, no todo recaería en el muchacho, ella era una pizca de esperanza, evidentemente no para él, pues sabía que no le quedaba mucho tiempo, sino para Harry y para terminar con Voldemort de una vez por todas. Los pasos de la señorita Riddle le hicieron volver a la realidad.

– Buenas noches señorita R… Sanders.– dijo él. ¿Cómo ha ido el primer contacto con alumnos y profesores?

– Bien, gracias director.– dijo ella sin pensar.

– La veo un tanto inquieta… ¿se encuentra bien? ¿Ha sucedido algo?– dijo el hombre con cara preocupada.

Se hizo un silencio. Eve recordaba su reciente encuentro con Snape. No sabía si debía de mencionarlo, pero decidió que no… era precipitarse, debía de ver primero como avanzaba esa situación. La mirada de aquel hombre despertaba algo en ella, algo escondía, y ella estaba decidida a saber qué era.

– No… no señor todo bien. Solo estoy un tanto cansada y nerviosa, supongo. Las clases empiezan mañana y no sé si estoy preparada para ello.

– No se preocupe Eve, usted esta mas que preparada para dar clases, ha vivido toda su vida en una escuela de magia.- dijo el hombre con voy tranquilizadora.

– Gracias Albus.

– Por cierto…. De momento el plan va según lo dicho, nadie debe saber quién es ni porque realmente está aquí. Sepa, que aquí estará protegida, si llegara a saberse la verdad, confió en todos y cada uno de los profesores de esta casa. Dado la cercanía a su padre, si las visiones y sueños aumentan o sucede algo que nos alarme, actuaremos. Avísame si eso ocurre.

– Si señor– dijo ella titubeando.

– Pues hasta mañana señorita Sanders, que pase una buena noche.

– Igualmente director– dijo ella mientras se dirigía hasta la puerta.

– Otra cosa señorita– la interrumpió Dumbledore.

– Si– dijo ella.

– Confió profundamente en el profesor Snape, no deje que le intimide…– dijo el viejo con media sonrisa en la cara.

Quizás sí, la intimidaba, si solo era eso estaba segura de ponerle remedio. Pero el porqué de esa sensación que le brindaba le rondaba por la mente. Aun así, no podía confiar en él, ni mucho menos, sabiendo además, que la falta de confianza era mutua. Decidió pues, dejar el tema a un lado e ir a descansar para recuperar fuerzas para el largo día que le esperaba mañana.