Eve continuaba ausente, la conversación entre los dos hombres había transcurrido como si ella no estuviera presente. Pero una frase, de camino a las mazmorras, no dejaba de repetirse en su cabeza. "Voldemort no conoce su existencia y no debe conocerla. Y si lo supiera, házmelo saber tan rápido como sea posible… házmelo saber..." De repente lo vio todo claro, Snape era... fue entonces cuando estirando de su brazo pudo verle la marca tenebrosa. Efectivamente, era Mortífago.
– Todos tenemos un pasado y nuestros secretos, señorita RIDDLE–. dijo medio molesto el profesor al darse cuenta de donde fijaba la mirada la mujer. – Pero sus secretos…– dijo entrando en su pequeño despacho. –No van a salir de este despacho sin que yo les eche un vistazo antes.– concluyó el hombre.
La mujer miraba atentamente al profesor Snape, mientras este, moviéndose delicadamente por esa pequeña habitación, sacaba de un estuche su varita. Estaba aterrada, confiaba plenamente en Dumbledore, pero no podía entender el motivo que hacía a este confiar en Snape. Era un Mortífago, llevaba la marca en su brazo y claramente sentía desprecio hacia ella. La situación la incomodaba, y esa falta falsa seguridad que había logrado hacer salir de sus casillas a Snape ahora le había abandonado. El hombre que tenía enfrente, que le desmoronaba el mundo tan teniéndolo al lado, en aquel momento, la miraba fijamente…
– Muy bien señorita Riddle, rece porqué su padre aun no sepa de su existencia.
– ¿Qué va hacer?– dijo Eve en tono preocupado.
- Entrar en su mente. -dijo lentamente y disfrutando de cada palabra al pronunciarla, seguidamente continuó... - Su bondadoso padre invadía la mente de sus víctimas creándoles visiones y llegando a torturarlas hasta la locura, para después…-dijo haciendo un silencio y observando como el rostro de la mujer era de auténtico terror.- Matarlas. Bien usado, señorita Riddle, el poder la oclumancia podrá ayudarla a mantener la mente a salvo de intromisiones ajenas, siendo usted la única que la controle. En la primera lección, intentare penetrar en su mente y usted… deberá impedirlo. Prepárese.
– Pero…–protesto Eve.
– ¡Legeremens!.– pronunció el profesor al mismo tiempo que hacia un hábil movimiento con su varita.
Miles de imágenes empezaron a brotar por la mente de Eve sin ser capaz de controlarlas… la escuela, Alice, recuerdos borrosos de su infancia, sus compañeros, recuerdos buenos, malos, recuerdos muy íntimos, recuerdos demasiado íntimos... Al fin paro…
– Nos ponemos sentimentales señorita Riddle?– dijo Snape con una sonrisa fría y calculada
– ¡Esto es personal!– protestó enfurecida Eve…
– No para mí. ¡Legeremens!
Las imágenes volvían a brotar sin descanso por su mente…. La muerte de su tutora, la carta, Dumbledore, Hogwarts, Harry Potter, Snape…
– Bien señorita Riddle, ahora ya sé todo lo que quería saber de usted.– dijo el hombre acercándose lentamente y quedándose solo a unos centímetros de ella.
Eve lo miro desafiante, se sentía desnuda delante de él, conocía todos su secretos, conocía el motivo por el cual estaba en Hogwarts pero, en el fondo, eso le aliviaba. Parecía que el profesor le estaba brindando una tregua antes de volver a pronunciar el encantamiento, pero esta vez, de demasiado cerca, le seguía mirando con esos ojos negros que cada vez le resultaban más irresistibles. Pensó que le gustaría poder hacer lo mismo con él, acceder a su mente, por mucho que intentaba evitarlo ese hombre le fascinaba.
El no podía desviar la mirada de esa mujer, no encontraba la razón por la cual ella le provocaba esa inquietud, esa necesidad de estar siempre ala defensiva, ahora la conocía mejor que nadie, y también sabía que podía confiar en ella, pero incluso así no permitiría que ella le llegara a conocer jamás.
El silencio reganaba en la habitación, los dos estaban inmóviles, mirándose fijamente, sin decir nada, sin hacer nada. Ella respiraba agitadamente, con la boca entreabierta, la situación de tenerle tan cerca le ponía aun más nerviosa e inquieta pero era incapaz de hacer nada contra ello, en el fondo sin motivo aparente, le estaba bien. Poco a poco, sin darse cuenta, él bajo la mirada, quedando esta fija en los labios humedecidos de ella… en ese mismo instante un escalofrío recorrió el cuerpo de ambos, no llegaron a rozarse… ya que Snape, rápidamente, se separo de ella y dando a entender que no le daba la menor importancia, le dijo secamente:
– Si no quiere que le vuelva a leer sus pensamientos tendrá que hacerlo mejor la próxima vez, señorita Riddle. Le espero mañana a las cinco.
Sin decir nada Eve se dirigió lentamente hacia la puerta. En su mente no era capaz de entender que era lo que había sucedió durante ese minuto de silencio. Cerró la puerta del despacho y continúo andando hacia su habitación inmersa en sus pensamientos. Solo con el recuerdo de la proximidad se estremecía, pero en su mente no dejaba de repetirse lo mucho que llegaba a odiar a ese hombre, que por desgracia, la conocía tan bien. Le empezaron a venir a la mente la infinidad de insultos, evidentemente sutiles e ingeniosos, que le hubiera podido brindar en ese minuto de silencio, pero era demasiado tarde, no tenía la mínima intención de volver, y seguía sin comprender el porqué de su silencio y el porqué de las irrefrenables ganas de acercarse a sus labios y besarlo. Por suerte, no paso, se dijo así misma, su hubiera sucedido, sería incapaz de explicárselo.
El profesor Snape seguía de pie, quieto en su habitación, aun siendo un gran oclumante era incapaz de borrar una imagen de su cabeza… esos labios entreabiertos humedecidos por donde transcurría la agitada respiración de esa mujer. Que había sucedió en ese pequeño instante, porque no pudo controlarse, porque sus ojos traicioneros se habían puesto en sus labios…. Sabía que era capaz de controlar todas las emociones, lo había hecho infinidad de veces, en situaciones mucho más comprometedoras que esa… Pero ese acto reflejo no podía provenir de su mente, él la controlaba, que sucedía entonces… después de un instante consiguió enterrarlo en sus recuerdos más profundos, esos que su capa de frialdad mantenía a salvo. Se dijo a si mismo que no había sucedido nada, solo un momento de debilidad, todo la curiosidad e inquietud que le despertaba esa mujer había desaparecido al entrar en su mente y ver sus más íntimos recuerdos, ella ya no tenía secretos para él y el interés hacia ella pronto desaparecería. Con esa última reflexión se dirigió a la puerta que daba a su habitación, se tumbo en su cama intentando conciliar el sueño, ese sueño ligero, a veces casi imperceptible que le mantenía siempre en alerta.
