La luz del día empezaba a filtrarse por la ventana, Eve, se despertó de golpe, sobresaltada, angustiada, y mantuvo esta sensación todo la mañana. Sin embargo, las dos primeras clases transcurrieron con total normalidad. Empezaba a sentirse toda una auténtica profesora, los alumnos, en general, la respetaban y les gustaba su forma de dar clase. Eso, por ella, era todo un logro. Intentaba mediante el trabajo olvidar por unos momentos quien era y todo lo que aquello suponía, y evidentemente con mucho esfuerzo evitaba pensar en el raro suceso indescriptible de la noche anterior con el profesor Snape. La siguiente clase era con los alumnos de sexto año, esperaba no repetir la experiencia de ayer, pero suponía que Malfoy estaría calladito y deseaba que Harry no se hubiera percatado de nada en la anterior clase.

– Buenos días, sacad vuestros libros, página seis.– dijo ella mientras se acomodaba en su asiento. Empiece a leer señorita… ¿Granger?

– Si profesora.– asintió la chica.

Hermione empezó a leer, el escrito trataba de la naturaleza de las personas, Muggles, mágicos, mestizos,… terminado de leer el texto y después de haber realizado un par de ejercicios sobre el tema Harry levanto la mano, con mirada curiosa.

– Si señor Potter?– dijo Eve levantando la cabeza.

– Es usted hija de Muggles profesora?– preguntó Harry

Eve se sorprendió, por la cara del chico, esa pregunta no era mera curiosidad, algo le rondaba a Harry por la cabeza, cosa que la hizo, instintivamente, poner-se a la defensiva.

– No creo que esto sea de su incumbencia, señor Potter.– dijo ella secamente fingiendo una cara de sorpresa e intentando quitar hierro al asunto.

– Lo siento profesora, no pretendía ofenderla, era mera curiosidad– dijo el chico sorprendido por la respuesta de la profesora.

– No contesta porque es una sangre sucia– susurró Malfoy a su compañero de pupitre haciendo cara de asco.

– Acaso no comprendió ayer que no tolerare este comportamiento en clase, señor Malfoy?– dijo ella clavándole la mirada al chico. Quien va a mandarme esta vez para que me dé una reprimenda, porque no creo que quiera volver a pedírselo al profesor Snape.- dijo ella secamente.

– Mi padre se va a enterar de ello, ¡esto no lo dude! – amenazó el chico.

– Perfecto, puede levantarse y salir por la puerta… no olvide comentárselo a su padre.– dijo ella alzando el brazo y invitándolo forzadamente a salir de su clase.

Sin Malfoy en el aula, la clase continuo con normalidad, pero a Harry cada vez se le hacía más extraña esa profesora, a la que claramente había algo que le resultaba familiar, o tal vez muy próximo. Estaba decidió a vigilarla de cerca.

Justo al terminar la clase, Eve Riddle se dirigió al despacho de Dumbledore, después de lo sucedió con la cicatriz de Harry, el chico empezaba a sospechar algo raro en ella y decidió contárselo al director.

– Hola señorita Riddle, ¿ocurre algo?– preguntó Dumbledore

– No sé si será importante pero después de lo ocurrido ayer, creo que es mejor que se lo comente. Harry pregunto sobre mi proveniencia, la verdad es que me confundió más su cara al momento de realizar la pregunta que la frase en sí. Creo que nota algo raro en mi, y más después del dolor de cabeza compartido ayer en clase.

– Harry es un buen chico, con demasiada intuición, pero no es un peligro para usted, dejémoslo al margen de momento. Evítelo lo más que pueda.

– Muy bien, señor.– dijo ella.

– Por cierto Eve, que tal fue tú clase de oclumancia con Severus– dijo el hombre un poco preocupado, recordando las mutuas miradas de odio entre ellos.

– Prefiero no recordarlo...– dijo Eve sin pensar y automáticamente arrepintiéndose.

– No hagas caso a su carácter, Eve, puedes aprender mucho con él.– dijo el viejo medio disculpándolo.

– Pero Albus, él es un Mortífago, que hace que usted confíe tanto en él– pregunto ella curiosa.

– Querida, las personas van más allá de sus actos pasados, no puedo contarle más.- dicho esto el director acompañó a la mujer a la puerta. Eve pensó que algo tenía que haber detrás de esa capa de frialdad y mal humor para que un hombre como Dumbledore le tuviera absoluta confianza.

Eran casi las cinco de la tarde, y irremediablemente su corazón empezó a acelerase, ese hombre la ponía enferma, estaba decidida a plantarle cara, esta vez no podría con ella y esperaba también que no pudiera con su mente. No tenía claro hasta qué punto el dichoso hechizo Legeremens era capaz de averiguar en sus pensamientos, pero esperaba que no hiciera hincapié en las sensación que tubo la pasada noche. Iba a besarlo, pensaba ella con algo a medio camino entre el odio y el deseo. Con un acto de valor y decisión llamo a su puerta.

– Pase– dijo una voz seca al otro lado de la puerta.

La cara fría del hombre esa tarde parecía más molesta quela noche anterior, cosa que puso más a la defensiva a Eve automáticamente.

– Creí que supo entender mi comentario de ayer, profesora– dijo el hombre molesto.

– ¿Disculpe?– dijo ella sin entender a cuál de ellos se refería.

– Le estoy hablando de Draco Malfoy, no juegue con fuego señorita, se lo advertí.– continuó él.

– Su queridísimo alumno tubo la insensatez de faltarme al respeto, y eso, como usted comprenderá, no se lo consiento a nadie. –dijo ella lentamente con una voz fría, como si pretendiera imitarlo.

– Mi queridísimo alumno, como usted le llama, es hijo de uno de los amigos de su bondadoso padre, y actualmente la tiene al punto de mira. Aléjese de Malfoy, por su bien.– dijo él con convicción.

– Acepto su consejo– dijo ella sabiendo que había perdido su primer duelo con él.

– Espero que este preparada señorita Riddle. Legeremens!– pronunció el hombre con su impecable movimiento de varita.

La verdad era que no, no estaba preparada, ni concentrada, es mas estaba aterrorizada, por su mente empezó a brotar todo lo que le había sucedió durante el día, la pregunta de Harry, la expulsión de Malfoy, la conversación con Dumbledore,… pero Eve hacia un tremendo esfuerzo para evitar pensar en él y parecía que estaba funcionando.

– Bien señorita, estoy notado un pequeño progreso, pero debo decirle que mis asuntos con Dumbledore no son de su incumbencia. A ver pues… que es lo que está escondiendo. ¡Legeremens!.

Lo odiaba, lo odiaba a él y a su insufrible superioridad, y aun odiaba mas el verse desnuda de mente delante de él, intentaba concentrarse pero esta vez le estaba costando horrores, de golpe una imagen, que no pudo controlar, le vino a la cabeza, por suerte solo la imagen, sus ojos, esos ojos que la hacían temblar, pero aun no sabía exactamente si de miedo o de deseo…

– Tanto me teme señorita Riddle.– dijo él con una media sonrisa de satisfacción. El miedo, si es eso exactamente lo que vi, no es un buen aliado a la oclumancia. En una situación bajo presión el miedo puede hacerle perder completamente el control de su mente… le hare una demostración.

El hombre clavo sus ojos en ella con una mirada que prácticamente podía matarla, Eve retrocedió hasta que la pared le impidió el paso. Él lentamente se acerco, sin desviar la mirada, quedándose a unos pocos centímetros de ella, extendió una mano y le rodeo el cuello manteniendo, con la otra mano, la varita en alto apuntando hacia ella… En ese instante solo una cosa le paso por la cabeza a Eve, otra vez no, pensó.

– Ahora mismo señorita Riddle, con solo dos palabras podría matarla– dijo el maliciosamente.

El corazón de Eve empezó a acelerarse, al igual que su respiración, ahora lo veía claro, no era miedo lo que Snape le proporcionaba con esa cercanía, era deseo y excitación, era incapaz de controlarlo y no podía comprender que era lo que su corazón veía en ese hombre que su mente era incapaz de ver.

¡Legeremens!– pronunció al instante Snape, pensando que el miedo que ella sentía delante de él la hacía completamente vulnerable.

Eve cerró los ojos, estaba indefensa y nada pudo impedir que su mente ignorase el irresistible deseo que sentía, se le estremecía el cuerpo, sus mejillas adquirían un ligero color rojizo, notaba la sangre hinchar sus labios ligeramente entreabierto que dejaban pasar su respiración entrecortada, le temblaban las piernas y su corazón latía precipitadamente…

Solo fueron quince segundos, pero fue suficiente, todas esas sensaciones quedaron desnudas delante de él. Estaban los dos en silencio, uno delante del otro, sin atreverse a moverse, sin atreverse a decir nada. Fue él, entonces, desconcertado y sin querer comprender lo que le parecía haber visto, quien bajo su varita, aún en alto, retiro su mano del cuello de ella y se hizo a un lado.

– Por hoy es más que suficiente.– dijo él intentando conservar su capa de frialdad.

Ella respirando aun agitadamente, trago saliva e intento recuperar una calma que le permitiera recobrarse. Giro la cabeza hacia dónde estaba el hombre, le clavo una mirada, esta vez de odio, y sin decir nada se dirigió hacia la puerta. Cerró con un golpe seco.

Mil pensamientos emergieron en la cabeza del hombre que ahora estaba solo en su despacho. No podía evitar que lo que pudo notar, en aquellos breves segundos en la mente de la mujer, le hiciera, por unos instantes, sentirse bien. En cuanto a la reacción de Eve, él no quería ir más allá, se quedo en ese pensamiento, ella ha tenido un momento de debilidad, bajo presión el cuerpo responde con sus instintos más básicos, no puede ser nada más. De hecho le vino a la cabeza la misma reacción que tuvo el mismo ayer con ella. Y así, con una rara sensación de alivio se centro en continuar con su trabajo.

Eve llegó a su habitación, no quería pensar, su mente le daba vueltas a todo sin poder evitarlo pero no lograba descifrar todo lo que sentía. Era odio, era deseo, eran ambas cosas a la vez y lo que era peor, él lo sabía, desconocía hasta que punto, pero lo sabía. En un par de horas era la cena, dudaba en ir, pero creía que la mejor forma de bajar la tensión era con indiferencia a lo ocurrido. Ahora, lo único que necesitaba era un baño e intentar relajarse al máximo para entonces.

El comedor estaba repleto de alumnos, los profesores iban llegando para ocupar sus sitios y empezar a deleitarse con la magnífica cena bien merecida. Eve se sentó en su sitio habitual, maldiciendo el hecho de que Snape cuando llegara se sentaría a su lado. Y así sucedió. Con nervios Eve esperaba la reacción de Severus al verla, no quería ser la causante de una cena incomoda.

– Buenas noches.– dijo el profesor dirigiéndose a todos los comensales de la mesa.

– Buenas noches.– dijo ella tímidamente.

Al instante llegó el director, este se sentó y siguiendo el protocolo empezaron a cenar, hablando de meras banalidades, y comentando que tal había terminado el día. Con la mayor inocencia y aprovechando que los demás profesores discutían sobre los alumnos de primer año, Dumbledore se dirigió al profesor Snape y indirectamente a Eve.

– Por cierto Severus, como avanzan los progresos de la señorita Sanders en oclumancia?

– Creo que la señorita Sanders arde en deseos de asistir a mis clases, corríjame si me equivoco profesora– respondió el con ironía y mirando hacia Eve para esperar su confirmación.

Eve que en ese momento se servía un vaso de agua no pudo evitar que le temblaran las manos y vertiera el contenido de la jarra donde no debía. Acto seguido se giro hacia el profesor, que le había brindado ese oportuno comentario, con una mirada que dejaba entrever un odio desproporcionado. Touché! Pensó ella.

– Veo que la señorita Sanders no opina lo mismo Severus.– dijo el viejo con una sonrisa entendiendo que la frase del profesor quería decir todo lo contrario.

– La verdad, no me está resultando nada fácil la oclumancia– dijo ella intentando disimular su tensión.

– No crea, señorita, su resistencia es buena, solo falta trabajarla un poco más bajo presión.– dijo Snape enfatizando en la última palabra. Aun así, creo que aprenderá rápido. -añadió.

En ese mismo instante Eve entendió lo divertida que era esa situación para él, la tenía a su merced y eso no se lo podía permitir. Lo que fuese que le atraía a él, deseo, morbo o a saber… no podía hacerla vulnerable de esa forma, no permitiría que él jugara con ella y menos sin ella poder jugar con él en igualdad de condiciones. Estaba decidida a devolvérsela.

La cena terminó, al igual que los alumnos lo habían hecho minutos antes, los profesores se dirigieron a sus respectivas habitaciones.

– Señorita Sanders.– dijo el profesor Snape intentando desconcertar aun más a la mujer.

– Si…– dijo ella ya esperando un comentario sutil

– Al irse antes tan rápido de mi despacho, olvide decirle que la espero mañana a las nueve.– dijo en su habitual tono frio de voz.

– Se divierte con esto, verdad Severus.– dijo ella maliciosamente.

– Profesor Snape… y si, no tenga la menor duda.– dijo él a modo de despido.

Eve se dirigió a su habitación, cada vez mas lograba menos comprensión de sí misma, en que estaba pensando. Que le atraía tanto de él, por mucho que lo intentaba no conseguía sacárselo de la cabeza y si no lograba hacerlo, este juego tonto, que parecía haber empezado, podría llegar a terminar muy mal.