Un nuevo día amanecía en Hogwarts, hoy el anual torneo de Quidditch daba su inicio con el primer partido del año, Slytherin contra Gryffindor, los alumnos esperaban con ansias el acontecimiento. Harry se preparaba para el encuentro junto con Ron y Hermione en el gran comedor, comentaba que no le gustaba el juego sucio de los Slytherin.
– ¿Asustado Potter?– dijo una voz que provenía de detrás de ellos. Draco Malfoy, el nuevo cazador de Slytherin, le miraba con desprecio.
– Más quisieras.– contestó él de igual forma.
– Sabes Potter, gozamos de nuevo equipamiento, no tenéis nada que hacer frente a nosotros. Mi padre encargo la nueva Nimbus 3000, empezad a temblar….
– Cuando aprenderás a despegarte de tu padre, Malfoy, hasta la profesora Sanders se fijo en eso. –dijo Ron recordando el momento.
– Esa sangre sucia aprenderá hoy quien es mi padre. – dijo el amenazante.
A Eve le habían hablado mucho de los famosos torneos de Quidditch de la escuela, y creía que sería una buena forma de no pensar en nada de lo ocurrido los últimos dos días si fuera a presenciar el encuentro. Sintiéndose cansada por no haber dormido prácticamente nada, saco fuerzas y se dirigió hacia el estadio. Justo bajo la grada de profesores se encontró a la señorita McGonagall.
– Buenos días querida, vienes a presenciar el encuentro… Ven, siéntate aquí, será emocionante.– dijo la profesora de transformaciones frotándose las manos.
– Oh, gracias Minerva- dijo Eve medio contagiada con la emoción de la otra profesora.
En ese instante un hombre, de blanco y liso cabello, hizo su aparición.
– Señorita McGonagall.– dijo con educación. Un placer verla de nuevo.
– Buenos días señor Malfoy.– contestó la profesora con una amabilidad fingida.
El hombre se quedo de pie frente a Eve, la miraba con un deje de malicia y curiosidad.
– Señorita…– dijo para favorecer el contacto.
– Sanders, Eve Sanders.– dijo ella de forma seca.
– Malfoy, Lucius Malfoy.-dijo él con superioridad.
– Un placer.– añadió Eve con un cierto sarcasmo…
– Sin dudarlo el placer es mío. Sabe profesora, me han hablado mucho de usted…– añadió Lucius con malicia.
– Deduzco que su hijo, si… soy su profesora en estudio de…
– Estudios Muggles. –dijo el hombre con asco. –Si lo sé, estoy al corriente de todo, de todo, ¿comprende?– añadió el hombre con tono enfurecido.
– Si, veo que comparte muchas cosas con su hijo, incluyendo su imp…– al instante le vino a la cabeza el consejo de Snape y antes de que la palabra Impertinencia saliera de su boca dijo cambiando a un tono más suave de voz…– impresionante color de ojos.
Era lo único que se le había ocurrido a Eve, como se puede ser más arrogante, pensaba ella, estaba indignada y creía que no sería capaz de guardarse otra evasiva.
– Gracias, son herencia familiar, y hablando de esto… ¿De dónde es usted? No había escuchado su apellido en estas zonas. Sanders… –dijo Lucius malpensando de la mujer.
– Lucius! No pierdas mas el tiempo con la señorita Sanders.–dijo Snape bajando la voz y acercándose más a él para continuar la frase. – No vale la pena, se lo garantizo.– añadió.
– Severus.– dijo Malfoy a modo de saludo.
– Vamos, sentémonos y disfrutemos el partido.– añadió Snape.
– Por supuesto, ahora vengo, voy a dar ánimos a mi hijo, primero.– dijo Lucius.
Mientras Snape se dirigía a su a siento, situado detrás de Eve, fijo la mirada en ella la cual no había dejado de observarlo. En cierto modo, ella, le agradecía que le hubiera sacado de encima al impertinente señor Malfoy, aún así, era evidente que después de lo de ayer no pensaba darle las gracias de palabra. Eve medio asintió con la cabeza, de forma casi imperceptible, y fijo la vista en el terreno de juego.
Snape fue capaz de percibir el gesto de la mujer y sin devolverlo se sentó en su asiento. Sin premeditación miró hacia abajo y vio a Lucius hablando con su hijo, visualizando la boca del chico consiguió entender lo que le decía… - no creo que así Potter aguante más de dos minutos encima de su escoba. El partido está ganado.
Al visualizar esas palabras, el profesor se inclino hacia delante, casi hasta rozar la oreja de Eve, la cual se puso en alerta.
– Señorita Sanders.– le susurró él.
– Que es lo que…– intentó decir Eve mientras iba a girarse para, supuestamente, escuchar uno de los comentarios sarcásticos del profesor.
– Shhht, esté atenta a Potter, yo no voy a poder hacerlo.– dijo con sequedad para luego volver a reclinarse hacia tras apoyando la espalda al respaldo.
Eve se quedo muda, que quería decir con eso, la verdad era que ese hombre era todo misterio. Siguiendo su consejo no le quitaba el ojo de encima al muchacho que, por lo que había podido escuchar era un gran cazador y en verdad se veía hábil encima de la escoba.
Lucius subió a la grada y se sentó al lado de Snape.
– Creo que este va a ser un gran partido.– comentó Malfoy.
– ¡Que empiece el partido! – pronunció el director soltando Snitch Dorada des de los asientos principales.
Las otras bolas salieron de la caja, el partido empezó bien para los Gryffindor, que solo en un abrir y cerrar de ojos se habían llevado ya 10 puntos.
Harry volaba a toda velocidad detrás de la Snitch, cuando una de las Bludgers subió en dirección a él, rozándole el brazo. La bola giró, parecía que le seguía, y por lo que estaba comprobando era incapaz de librarse de ella.
– Tienes problemas Potter.– gritó Malfoy avanzándolo con una sonrisa en la cara.
Harry subió lo mas que pudo hasta perder de vista a la bola, pensando que lo había conseguido decido bajar a toda velocidad para avanzar a Malfoy y hacerse con la pequeña bolita. Justo cuando alcanzaba su mayor velocidad de bajada la Bludger apareció obligando a saltar a Harry de su escoba para evitar el brutal impacto y precipitándolo a toda velocidad hacia el suelo.
– ¡Wingardium leviosa!– pronunció Eve al ver al chico a pocos centímetros del suelo, haciéndolo quedar suspendido en el aire para bajarlo suavemente.
La bola de Quidditch continuó en picado en dirección a Harry, Eve aún tensa y recordando lo que le había dicho Snape pronunció...
– ¡Reducto!
El hechizo desintegro la Bludger loca automáticamente. Un silencio se hizo en la grada, si no hubiera sido por la rapidez de esa mujer, que era como si lo estuviera esperando, Harry hubiera podido salir muy perjudicado de esa situación. La que suponían que era una bola en mal estado había sido hecha pedazos y sustituida por otra, así pues, el partido podía continuar como si nada hubiera pasado.
– ¡Accio escoba!– gritó Harry.
Seguidamente se subió a la escoba y se lanzo rápidamente a buscar la bolita que tanto ansiaba.
– Excelentes reflejos señorita Sanders.– dijo Lucius Malfoy con cierta rabia.
– Gracias, supongo.– dijo ella sin ni siquiera mirarlo.
Snape observó atentamente al señor Malfoy, sabía perfectamente que la conspiración con su hijo no era solo por vencer el partido, posiblemente la idea de que Harry quedara fuera de combate unos días o bien para siempre les había pasado por su cabeza. Ahora solo faltaba conocer el motivo. Si Voldemort estaba detrás de todo esto, haber hecho actuar a la señorita Sanders no había sido la mejor idea, pero ya era demasiado tarde para lamentarse.
Finalmente terminó el partido, Gryffindor ganó a los 40 minutos, cuando Harry alcanzo la Snitch Dorada que le hizo ganar 150 puntos para su equipo.
– ¡Harry!– gritó Hermione colgándose del cuello del muchacho. –¿Te duele?– continuó la chica mirando el golpe que tenía en el brazo causado por la bola.
– No, no es nada. Creo que voy a tener que darle las gracias a la profesora Sanders, si no hubiera sido por ella…–dijo él un poco asustado.
– Crees que ha sido intencionado, verdad– preguntó la muchacha.
– Si, y Malfoy está detrás de esto.– afirmó con seguridad el chico.
Eve, paso por delante de los muchachos de camino al castillo.
– Profesora Sanders!– gritó Harry al verla.
– Buen partido, señor Potter.- dijo ella.
– Solo quería darle las gracias, si no hubiera sido por usted… –dijo el chico.
– No ha sido nada, me alegro que estés bien.
Eve siguió su camino, dentro de media hora empezaba la única clase del día y quería prepararse. Su rápido encuentro con Harry la tranquilizó, no solo por ver que estaba bien sino también porque el muchacho dejaría de preguntarse sobre ella. Aún así, salvándolo, se había puesto los Malfoy aún más en su contra. Empezó, entonces, a preguntarse el porqué de la reacción de Snape, era sabido que odiaba a Potter hasta la medula, entonces, porque pedirle a ella que le salvara, y porque no lo pudo hacer él. Sin llegar a ninguna conclusión, continuo pensando que ese hombre ocultaba mucho más de lo que se podía imaginar y eso no jugaba a su favor si lo que pretendía precisamente era quitárselo de la cabeza.
Snape se dirigía al despacho del director, debía de informarle de lo sucedió y, si era conveniente, poner en alerta a la señorita Riddle. Convenía, por supuesto, tener vigilado de cerca al maldito Potter, su curiosidad en caso que llegara a pensar que no había sido un accidente, le podía traer problemas. Llegó a la entrada, pronunció la contraseña y subió por las escaleras hasta el despacho del director.
– Buenas tardes Severus.– dijo el viejo.– Emocionante partido, verdad, suerte que Harry salió ileso, una Bludger defectuosa puede dejarte en la enfermería varios días.
– Eso es lo que pretendían, Albus. Lucius está detrás de esto, lo vi hablando con Draco, yo mismo puse en alerta a la señorita Riddle. Y no debí hacerlo, ahora la tiene al punto de mira.– dijo un tanto preocupado.
– Preocupado por la señorita Riddle, Severus.– dijo el director con una media sonrisa y algo de sorpresa.
– No olvide de quién estamos hablando, Albus.– dijo Snape intentando mostrar desconfianza de la mujer. – Me temo que pronto sentiré la llamada de la marca tenebrosa, están tramando algo y debemos estar preparados. El chico no dejara pasar este incidente por alto, es igual de terco que su padre –dijo Snape con asco.– Y creo que ahora mismo es lo que están esperando.
– Espero que tengamos pronto resultados en oclumancia con la señorita Riddle. Ella puede ser nuestro as en la manga, Severus. Informaré al resto de profesores y mantendremos ocupado el chico. Si ocurre algo, avísame al momento.
– Si señor.– dijo Snape secamente.
– Por lo que a la señorita Riddle respeta, creo que debería informarla de hasta qué punto usted está metido en esto, Severus. No quiero que la desconfianza la ponga en peligro.– aconsejó el viejo.
– La señorita Riddle sabe lo que tiene que saber, y recuerde mantenerlo en secreto, debe su palabra.– dijo Snape con tono amenazante.
